RUSOS, Rutherfurd E.

El mundo no vale nada sin amor.[…] La vida es en sí misma amor; la muerte es la falta de amor.

El amor ahuyenta el miedo.

Ella estaba acostumbtada a los frecuentes arrebatos de mal humor de su padre, en los que se mostraba taciturno y ceñudo.[…] Boris tenía unas alteraciones de humor distintas. Cuando estaba abatido, se iba solo al lado de la estufa o la ventana, y si ella le preguntaba qué le pasaba, respondía sólo con una débil sonrisa. Cada vez que intentaba describir para sí misma esa clase de comportamiento, se le ocurría sólo una cosa: “Es como si estuviera esperando”

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