Aquellas pesadillas

Aquellos días me sentía rara, como si alguien me estuviera observando, pensé que eran mis imaginaciones pero eso no me ayudó mucho. Y últimamente tenía sueños muy raros donde una serpiente llevaba una cacerola en la cabeza para no tener frío,  que me hablaba, unos conejos con corbatas que llevaba calcetines de colores, mariquitas que caminaban dando saltitos y que tenían sombreros negros en sus cabecitas y bufandas rosas en el cuello, caballos pequeños hechos de madera que volaban por ahí, y un payaso que me gustó mucho, con un sombrero muy original, la cara blanca, una nariz redonda y roja acompañada con una sonrisa… eran sueños raros que me pasaban cuando cumplía años, era como si tuviera dos vidas, la real y la fantástica, pero la fantástica era tan real que no sé si se contaba de una sola pesadilla. Hasta que paré de soñar a eso a los 10.

El día llegó, mi día de cumpleaños de los 16. Era un día como cualquier, pero no había estado nada mal. En la fiesta asistieron muchos convidados, habían unos que ni si quiera los conocía. Estábamos todos fuera de la casa en el jardín enorme que tenía. De pronto vi a esta mariquita, con sombrero y bufada. Me extrañé y ella empezó a correr, yo toda aún más extrañada la empecé a perseguir. Me llevó en una casa que era preciosa, pasé por una puerta y, como si entré en otro mundo. Como si volviese a soñar las pesadillas, los mismos caballos, los conejos con corbata que esta vez estaban locos, las mariquitas… y vi una oruga muy especial que llevaba un traje y fumaba. Todo era muy pero que muy extraño, pensé que era otra de esas pesadillas y que estaba soñando pero cuando me pellizqué no había pasado nada, me pinché con una aguja pero tampoco funciono, y entonces entendí que todo era real. Todas aquellas pesadillas vividas antes también eran realidades, tenía dos mundos. Y de pronto sentí una voz detrás de mí, me giré gritando y empecé a correr hacia la puerta.

Quería irme de aquel sitio y no recordarme de nada, pero el único inconveniente era que la puerta de aquel nuevo mundo estaba cerrada. Y toda asustada pensé que no podría volver nunca a la realidad, empecé a romper la puerta pero aquella puerta era mágica porque la rompía y ella se volvía a rehacerse. ¿Qué haría yo ahora?

 

Tania Poberezhna 2nC

 

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