Había una vez un …

Había una vez tres hermanos que se fueron a vivir en un rascacielos en la ciudad de Manhattan. Los tres estaban muy felices de poder vivir en uno de los mejores lugares de aquí.
-Que bien que después de tododa nuestra vida juntos podamos vivir tan cerca! –Dijo el hermano pequeño-
-Bueno si… pero con migo no contéis cada día para ir hacer cositas cursis, eh! – añadió el hermano grande-
-Bueno bueno no estropeemos este momento de mudanza, tengamos la fiesta en paz. –dijo el hermano mediano
Cuando se instalaron cada uno en su piso, uno sobre el otro pero diferentes plantas, vieron que todo era muy nuevo excepto la puerta de entrada.
-Que malas estas puertas, dios mío! Voy a tener que cambiarlas… Uff… que faena. –dijo el hermano pequeño
El hermano mayor como no le gustaba nada trabajar decidió dejarla como estaba, él mediano que era un poco más trabajador hizo una pequeña chapuza y el pequeño que era el más trabajador de todos, decidió cambiar la puerta entera. Sus hermanos se burlaban de él y le decían que era una tontería, que era perder el dinero ya que nadie entraría en sus pisos.
-Eres un tonto porque cambias la puerta es una pérdida de tiempo –dijo el hermano mayor burlándose-.
-Tu como siempre riéndote de todo, no? Cuando te entren a robar sí que me voy a reí. –dijo el pequeño con toda seguridad en sí mismo-
-Por favor no os peléis tan pronto, sabéis que no me gusta que lo hagáis…
-CALLATE!! Pesado! Déjanos en paz si no te gusta vete! –dijeron lo otros dos enfadados-
El hermano mediano se fue sin decir ni mu, estaba resignado.
Un día los tres hermanos pasaron el día juntos visitando la nueva ciudad, centros comerciales, tiendas de muebles…
-Mira esa tienda de ropa moderna vayamos verla.
Los tres hermanos fueron a ver la ropa se probaron 3 conjuntos cada uno.
-Mirad me queda bien esta camisa con estos piratas? –Dijo el pequeño-
Pasaron de él como si nada.
Cuando se hizo de noche volvieron los tres juntos a sus respectivas casas y cómo vivían en los pisos más altos del edificio, cogían juntos el ascensor. Primero llegaba el hermano mayor, luego el mediano y finalmente el pequeño.
-Uf… que tarde la de hoy!! –Dijo el mediano-
-Bueno si ha sido divertido pero como os decía, no contéis mucho mas con migo yo voy hacer mi vida como quiera.
-Eres un borde! –Dijo el pequeño-
El hermano mayor salió del ascensor ignorando lo que dijo. Pero mientras el hermano mayor iba hacía su piso vio algo extraño en aquel pasillo, la puerta de casa estaba medio abierta, entonces muy asustado envió un WhatsApp a su hermano mediano explicándole que vigilara por que algo raro pasaba en aquel rascacielos. El hermano mediano cuando leyó el mensaje ya había bajado del ascensor y se dirigía a casa y a él le pasó exactamente igual que su hermano pero en lugar de estar medio abierta estaba llena de golpes entonces en ese mismo momento su hermano mayor muy cansado de subir las escaleras que separaba las plantas, llamó a su hermano que estaba paralizado ante su puerta que no entraba, sin saber que hacer los dos hermanos enviaron otro WhatsApp al hermano pequeño advirtiendo lo que pasaba pero cuando el hermano pequeño recibió el mensaje él ya estaba sentado en su sofá y sin ningún problema. Los dos hermanos cuando subieron para ver cómo estaba y no lo vieron en el pasillo se asustaron mucho, llamaron a la puerta, pero él salió muy tranquilo. Los dos hermanos muy nerviosos entraron de prisa en su piso y les explicaron lo que había sucedido.
-Hemos llegado a nuestra casa y nos hemos encontrado las puertas abierta y… y… -dijo el mayor-
El mediano lo interrumpió y dijo:
-La mía estaba llena de golpes no me atrevido a entrar estoy muy asustado.
Mientras el hermano pequeño escuchaba lo que le contaba se le escapó la risa y los dos hermanos un poco enfurecidos le decían que no tenía gracia. Entonces fue cuando alguien llamó a la puerta y los dos hermanos se pusieron muy nerviosos, el mediano con mucho miedo le grito a su hermano pequeño que no abriera la puerta, que era el ladrón. Pero cuando abrió vio que era un señor que no tenía pinta de ladrón, era el carpintero.
-Aquí tiene la factura de las dos puertas, son 150 euros. –Dijo el carpintero-
Entonces los dos hermanos sorprendidos le preguntaron que quería decir todo aquello.
-Yo solo quería daros una sorpresa pero el carpintero no lo hico a tiempo, y en vez de dar un sorpresa os he dado un susto de mucha gracia. Ahahahahahahahaha!! – Riéndose con mucha burla-
A partir de aquí los tres hermanos vivieron felices en casa nuevas y las puertas en perfectas condiciones.

Marta Gómez
Andrea Ramos
Magda El Ammari

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