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Barcelona y el Quijote

El pasado tres de febrero los alumnos de 1º Bachillerato, acompañados por los profesores Ignaci Yebra, Sergi Gascón y Felisa Pérez, recorrieron algunos de los lugares por donde, al final de la 2ª parte, anduvo Don Quijote.

Paseando por entre las calles del Barri Gòtic, el callejón dedicado a Perot lo Lladre, visitando la casa de Cervantes o imaginando en la Barceloneta el duelo final entre el caballero de la Blanca Luna y Don Quijote, nos embriagamos del espítitu quijotesco , aquél que viene a decir que el Ideal es el motor que nos hace vivir.

El profesor Yebra leyó algunos fragmentos de la inmortal obra de Cervantes, el segundo libro más traducido en el mundo, después de la Biblia.

Felisa Pérez

Sense títol

Se escucha la suave brisa de la tarde que entra ondeando las cortinas de una habitación. Si se escucha bien se puede escuchar la historia de dos adolescentes que lucharon por su amor.

-¿Te acuerdas de cómo empezó esto?
– Siempre lo recordaré, fue aquella tarde que coincidimos en aquella discoteca.
– Sí, esa tarde que te vi por primera vez. Recuerdo que me atrajo a ti esa forma de bailar que tenias, y que si no llega a ser por mis amigos, ahora tú y yo no estaríamos a solas en esta habitación.
– Fue bonito ese día. Tú estabas en medio de la pista, abriéndote paso hacia el podium, donde estábamos mis amigas y yo. Nunca llegué a imaginar que te abrías el paso entre la gente por mí.
– La verdad es que me fijé en ti cuando estábamos en la cola para pagar, una luz radiante que caía en tu bella melena y que reflejaba unos diminutos destellos en tu piel morena. Me quedé embobado, y mis amigos empezaron a incitarme, a que fuese a por ti, a decirte algo, da igual lo que fuese. Lo que importaba era recibir una palabra de tu boca. Levanté la mirada una vez para volver a verte y ya no estabas.
Cuando mis amigos y yo entramos, ellos solo buscaban diversión, yo simplemente, buscaba tu cara entre la diversidad de la gente, perdido entre la multitud y el sonido de la música en medio de la pista, levanté la mirada y te vi.
– Te acercabas con gran apresuro hacía mi grupo, se apagaron las luces un momento y te perdí de vista. Miraba de lado a lado buscándote, fue en vano. De repente noté un brazo cogiéndome del brazo, me giré y ahí estabas tú. Con esa carita de niño bueno, y en voz baja me preguntaste si podía ir a un lugar donde la gente no estaba, que la música no se escuchaba tan fuerte.
– Tenía tanto miedo en el cuerpo a que me dijeses que no…
– Pero no fue así.
– Suerte de eso. Fuimos al rincón y con voz débil te pregunté cómo te llamabas y me sonreíste. Me cogiste de la mano y me llevaste fuera, todo estaba vacío, notaba que mi corazón se aceleraba cada vez más y más.
– Me interesaba estar tranquila, quería saber más de ti, que había detrás de esa carita angelical que tenías y sigues teniendo… Notaba una presión en mi pecho, un nerviosismo que jamás tuve.
– Cuando estuve seguro de mí mismo, que ya la conversación rompió el hielo, me atreví a preguntar cuál era tu teléfono, de dónde eras, si hacías algo al día siguiente.
– Era tal la atracción que causabas que te dije de quedar en frente de aquella discoteca.
Pasé la noche entera despierta, esperando con gran inquietud que llegase la hora para volver a verte.
– A mí, me pasó más o menos lo mismo. Al llegar el día siguiente no pude esperar a la hora. Llegué 30 minutos antes y el tiempo se hacía eterno.
Solo me calmé un poco cuando vi que te acercabas mientras cruzabas la calle y tu pelo ondeaba en el aire.
– Fue tenerte delante y no me pude resistir, necesitaba besarte, abrazarte. Me perdí en tus brazos mientras me besabas tan dulcemente que se me pasó el tiempo volando. Miré por una vez el reloj y llegaba a casa ya una hora tarde.
– Necesitaba tenerte más tiempo a mi lado y decidí acompañarte a casa. La gente que nos veía nos miraba por la calle hasta que estalló de la boca de alguien, que nos observaba, tu nombre. No sabía que pasaba, pero de una forma u otra aparecieron tus padres diciendo que yo no era el chico adecuado para ti. A pesar de ello yo quería estar a tu lado. Luchar por ti.
– Me dijeron que no te volviese a ver y desobedecí. Te volví a ver, eras esa droga que aún me tiene enganchada. Se percataron de ello y me castigaron, pero tu tan terco como siempre buscabas la forma de verme, te escapaste y me escapé contigo. No pensé en las consecuencias, me daban igual, sólo quería estar a tu lado. Lo necesitaba igual que lo necesito ahora.
– Es todo tan difícil… ¿No hay ninguna forma de que me acepte tu gente?
– No lo sé… Pero ahora será más difícil después de todo lo que hemos hecho.
– ¡Está en nuestro derecho querernos! No nos pueden obligar a dejar de querernos simplemente por que tú eres de barrios altos y yo de los barrios del extrarradio. Sólo por verme me juzgan, no saben cómo soy. Sólo tú me conoces.
– Ya… pero han pasado ya varios días y lo único que saben es que estoy contigo por aquella nota que dejamos en mi casa el día en que nos fuimos.
– Mañana les llamamos y decimos que volvemos, ¿De acuerdo?

Se hizo un silencio sepulcral. Silencio irrumpido en la habitación por una voz débil y rota. Ese silencio que hace perfecto ese atardecer. Que hace perfecta esa imagen que en los últimos momentos de luz, todo sea adornado por un color rojo pasión tintando así los malos momentos del día…

-¿No crees qué esto ha pasado demasiado rápido?
– Un poco, pero… no sé si ha sido un error nuestro o es que se ha de acabar.
– Un poco de las dos cosas, ¿…No?
– Supongo, no hemos aprovechado del todo el tiempo que hemos tenido. Hemos discutido, hemos sonreído, llorado… Se puede decir que hemos hecho infinidad de cosas, pero muchas no las hemos valorado y las perdimos por el camino.
– Ya cariño, pero no lo mires así, ¿Estás seguro de que lo hemos perdido, o simplemente lo hemos reservado?
– Todo puede ser, pero poco a poco falta menos, ambos sabemos que esto va acabar de un momento a otro…
– ¡Shh! ¡Calla, no pienses en eso! Solo… deja que pase, no nos preocupemos de eso, aprovechemos lo que tenemos ahora ya que dentro de poco no lo tendremos.
– Lo siento… Tienes razón. Bah, dejemos este tema.
¿En qué piensas?
– No sé… en qué hacer cuando no estés a mi lado.
– Eh, niña, ¿En qué habíamos quedado? Pero al fin y al cabo… Es verdad, yo no consigo desviar el pensamiento de ese tema. No soy nada sin ti, te necesito.
– Sabes de sobras que yo también.
– Los dos sabemos todo y no sabemos nada. Somos todo el uno con el otro y cuando no estemos juntos…
– ¡Seguiremos siendo todo!, ¿de acuerdo? Físicamente lo más seguro será que no estemos juntos, pero qué es de todo el tiempo que hemos vivido juntos, qué es de todo aquello que hemos sentido, hecho… ¿Qué es del camino que hemos construido?…
– Mi niña… Por favor, no llores. No hagas más duro de lo que es este momento para ambos. Sé que físicamente no estaremos uno al lado del otro, pero seguiré escuchándote, seguiré a tu lado a pesar de que tú no me veas.
– Gracias.
– ¿Porqué? No tienes que darme las gracias por nada. Hago esto por que quiero. Al fin y al cabo lo estoy haciendo por que yo también lo necesito. Por que ahora me estoy dando cuenta de que la vida se acaba si tú no estás a mi vera. Que fuiste ese segundo que tenia frente a mi y no lo podía alcanzar; lo escuchaba, lo notaba, me esforzaba por alcanzarlo, pero era en vano y ahora que lo he atrapado… No lo voy a dejar escapar, que me vaya la vida en ello, es igual. La vida no es vida si tú no estás aquí.
– Mi niño, por favor, ahora calla. Nos basta con una simple mirada, dame por última vez la sonrisa de aquel primer día, ese beso tan apasionado, ese abrazo y ese susurro. Nos sobran las palabras.
Acércate a mí, pega tu cuerpo junto al mío. Quiero volver a notar tu aliento en mi cuello, y escuchar ese te quiero tan dulce que sólo tú sabes decir, ese te quiero que me pone la piel de punta, que hace que me recorra un escalofrío por mi cuerpo.
– Vida mía, el tiempo apura. Shh, aprovechemos ahora que nadie nos observa. Bésame como si fuese la última vez.
– Es que será la última vez…
– No estés tan segura, todavía podemos hablarlo y que me acepten, si hemos pasado casi una semana solos tú y yo fuera de nuestras casas y estás bien, te he sabido cuidar. ¿No crees que me pueden aceptar?
– Sí, al fin y al cabo has demostrado que me quieres y yo a ti.
– Sólo dime que vas a estar de ahora en adelante siempre a mi lado.
-Te lo prometo.
¿No es precioso este momento?
–Es precioso por que puedo ver tu rostro, iluminado por un diminuto claro de luna que entra por la ventana iluminando esta habitación oscura.

Vuelve a crearse un silencio sepulcral. De fondo podemos escuchar un sollozo…

– Jamás me abandones.
– Sabes de sobras que no lo haré.

Adrias Hortas
Guanyador premis Sant Jordi, prosa en castellà, segon cicle

Voy a olvidarte

Yo sigo pensando que
debo olvidarte al fin,
que esto parece un cuento
de amor tal vez junto a ti.
Pero me pregunto,
si esto ha llegado hasta aquí,
entonces me respondo a mí
que esto no es así.

Voy a olvidarte y darte
todo eso que no importa
lo menos para mí.
Porque lo único que quiero
es dejar de pensar en ti.

Yo sigo contando

las horas que pasan
si tú no estás aquí.
Cada minuto es una
eternidad si no estás conmigo.
Pero si te enteras
todo acaba para mí,
serás un creído
como ya todos los demás.
Voy a olvidarte y darte
todo eso que no importa
lo menos para mí.
Porque lo único que quiero
es dejar de pensar en ti.

Marta del Río
Guanyadora premis Sant Jordi, poesia en castellà

Viaje sin retorno

Megan iba caminando por el campo, pensativa, y a la vez muy triste.

Megan era una chica de unos dieciséis años y ya había vivido demasiadas experiencias, todas ellas, muy dolorosas.

Hacía años que ella y toda su familia recibía amenazas, y no vivían en paz.

Megan fue a coger algo de alimentos y cuando volvió… Su familia había estado asesinada por aquellos hombres, más bien los bandidos de las montañas.

Megan caminaba sin destino… Y sin parar de llorar.

Hacía días que no comía y estaba más muerta que viva, cuando por fin llegó al pueblo, para pedir ayuda.

Cuando abrió los ojos estaba en una cama muy blanda, y muy cómoda.

Oyó que detrás de la puerta hablaban dos personas, por lo visto uno era el doctor del pueblo y le decía a aquella mujer que Megan estaba bien físicamente, pero mentalmente estaba muy mal.

En ese mismo momento una mujer abrió la puerta y le preguntó cómo estaba. Megan le contestó que estaba bien, pero no sabía dónde se encontraba.

Resulta que estaba en la habitación de invitados del palacio de ese pueblo, y que Peter, el príncipe del palacio la había encontrado desmayada en el suelo y se la había traído hasta aquí.

La chica, sin entender casi nada, esa misma noche cogió una espada del castillo y se fugó.

No se dio cuenta que la estaban siguiendo, y cuando paró ya en medio del bosque para respirar se giró y allí había un chico.

El chico, muy majestuoso, se presentó. Dijo que se llamaba Peter y que tenía dieciocho años y que vivía en una casa del pueblo, le dijo que no debería haberse fugado del castillo estando en ese estado…

Megan le preguntó cómo lo sabía, el chico le contestó que en el pueblo no se hablaba de otra cosa.

Megan le contó su historia y su plan de ir a matar a los bandidos de las montañas para hacer venganza.

Peter le dijo que era una estupidez, pero cualquiera le cambiaba la idea.

Pasaron la noche juntos, y la mañana siguiente fueron en camino a las montañas. Hasta que llegasen a las montañas había un gran camino, unos cuantos días más o menos.

En ese período de tiempo se enamoraron locamente. Vivían el uno para el otro. Una tarde, cuando iban escalando las montañas cayó una tormenta y se refugiaron en una cueva. Ahí Megan empezó a llorar, por todo lo que había perdido. Peter, desesperado porque no podía soportar ver a Megan tan triste, la abrazó bien fuerte y le dijo:

  • – Megan, desde el primer momento que te vi, supe que eras especial, y que ahora te amo locamente y nunca me separaré de ti, pero te lo suplico, deja de llorar, esta tortura es imposible de soportar…

Se besaron y durmieron abrazados toda la noche.

Por la mañana, se despertaron tal y como se habían dormido y retomaron el camino. Ya por fin, al anochecer, encontraron la cueva y Peter y Megan vieron que eran cinco bandidos. Megan dijo que atacarían por la noche, Peter le dijo que ni de coña. Ella se enfadó con el por qué no la dejaría entrar. Peter se vio obligado a contarle la verdad.

Megan, siento haberte engañado pero es que si te hubiera dicho que era el príncipe te irías sin mí, ya que yo podría llamar a la guardia del pueblo, quería protegerte y llegar a quererte como te quiero para que tú fueras mi esposa cuando te despertaras, si querías, mi padre va a venir mañana por la mañana para cogerlos, no te tienes que preocupar de nada. Te he dejado acercarte demasiado al peligro, pensaba que no llegaríamos tan fácilmente y que te rendirías, pero por lo visto, todo al contrario. Y me alegro de haberte acompañado porque lo que siento por ti no lo he sentido por ninguna otra chica. Venga, vámonos a casa.

Megan, toda enfadada, le gritó:

  • – ¡No!

Él le dijo que tanto si le gustaba como no, dormirían esa noche en una cueva de por ahí y se marcharían, ya que él no estaba dispuesto a correr ningún peligro con ella. Fueron a una cueva y él le hizo prometer que no se iría. Ella lo prometió, pero esa misma noche se fue.

Cuando Peter despertó, ella no estaba a su lado, y fue corriendo a la cueva de los bandidos. Allí había su padre y todos sus sldados, y habían detenido a los bandidos, pero el médico del pueblo estaba allí. Él se preguntó por qué, ya que la opción esa de que Megan…

Fue corriendo hacia allí y estaba ella, tumbada en el suelo con una espada clavada en la barriga. Megan abrió los ojos mientras Peter lloraba y tuvieron una pequeña conversación:

  • – Peter, siento haberte mentido, pero quería vengar la muerte de mis padres.
  • – Lo sé, mi vida, ahora sé fuerte para ponerte bien, ¿vale?
  • – Vale, pero quiero que sepas que te quiero mucho.
  • – Y yo también te quiero, eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

Ella cerró los ojos, feliz, y ya no despertó jamás.

Peter, destrozado, por la noche fue a su tumba y, junto a ella, se clavó la espada en el corazón, ya que sin ella él no era nada.

Judith Pérez Román
Guanyadora premis de Sant Jordi, prosa en castellà

Zapatero a tus zapatos

Al fin salí de mi casa
después de un mes en la cama.
Varicela y malestar
y no poder descansar.
Y por fin la calle pisé,
pero algo raro noté:

El amable zapatero
estaba de camarero.
El agradable pescador
tejiendo en el comedor.
La divertida dentista
haciendo de artista.
El cariñoso profesor
era un diestro labrador.
El lindo gato ladraba
y el perrito maullaba.

Pero, ¿qué estaba pasando?
Se estaban desmadrando:
Los malos eran buenos,
los buenos eran malos
Los desgraciados eran felices,
los felices desgraciados.
Los pobres eran ricos,
y los ricos eran pobres.

Desesperada grité
Y así fue como lo solucioné:
¡ZAPATERO, A TUS ZAPATOS
PESCADERO, A TU PESCADO
DENTISTA A TUS DIENTES
PROFESOR A TUS ALUMNOS
GATITO A TU MAULLIDO
Y PERRITO A TU LADRIDO!

De inmediato, tras haberlo dicho,
fue cómo la picada mágica de un bicho
Todo volvió a la normalidad
y también vino la felicidad
Tanto a los felices
como a los infelices.

Helena Hosta Cuy
Guanyadora premis Sant Jordi, poesia en castellà

Cría cuervos y te sacarán los ojos

A menudo se oyen historias de gente que ha criado jabalíes, perros abandonados, serpientes e incluso monos, pero… ¿lobos? ¿Se ha oído hablar alguna vez de gente que ha criado lobos? Yo personalmente no lo he oído nunca, pero Juan y Pedro sí que criaron uno aunque tuviera consecuencias desagradables.

Juan es un niño de pueblo hijo de granjeros, y a veces hace cosas locas sin darse cuenta. Como ya tiene 12 años, su padre le enseña a hacer labores de campo, y ese día le tocaba sacar a pastar a las ovejas. Mientras paseaba por el campo, se encontró una bolita gris con patas, orejas y rabo, que resultó ser una cría de lobo que se había perdido. Pensó que siendo tan pequeño no tendría instinto asesino e incluso lo podría criar. Lo cogió en brazos y decidió llevárselo a casa. Cuando se lo enseñó a su padre, este se dio un susto de muerte, y le dijo a Juan que no quería ni oír hablar de lobos. Juan, muy enfadado con su padre porque quería cuidarlo, se fue a buscar una solución. Optó por ir a casa de su amigo Pedro, que era huérfano y tenía 20 años. Pensó que como vivía solo no le importaría tener compañía. Pedro y Juan decidieron que se quedaría en el establo, en el que no había animales, y que Juan lo visitaría diariamente.

El lobo creció feliz y sin problemas, ya que lo alimentaban y lo cuidaban bien, pero se le veía muy solo. Como que no lo podían llevar con otros lobos, decidieron que Juan se lo llevaría al campo de vez en cuando. El lobo se lo pasaba muy bien e incluso hacía de perro pastor.

Un día Juan se durmió en el campo y el lobo se alejó un poco. Se encontró con otros lobos y, asustado, volvió con Juan. Los lobos lo siguieron y llegaron a donde estaban las ovejas. Se las fueron comiendo una a una y el lobo, al darse cuenta de que era como ellos, también se las comía. Los lobos se fueron agotados y el lobo de Juan continuó comiéndoselas. Cuando Juan se despertó, se encontró al lobo comiendo, y pensó que únicamente él se las comió. Por suerte no se comió a Juan que, muy asustado, se fue a casa, y el lobo se incorporó a la jauría de lobos.

El refrán de cría cuervos y te sacarán los ojos es ideal para esta historia, ya que Juan y Pedro criaron con todo su amor al lobo y este, junto con otros lobos, se comieron a todas las ovejas.

Victor GArcía García
Guanyador premis Sant Jordi Castellà

Sortida a Cotlliure i Elna amb els alumnes de primer de batxillerat

El passat dia 12 de maig, vam fer un homenatge a Antonio Machado coincidint amb el 70è aniversari de la seva mort a Cotlliure, el 22 de febrer de 1939, on havia estat generosament acollit després de compartir el destí dels més de 400000 exiliats que van travessar la frontera els primers mesos de aquell any quan Catalunya queia en poder de les tropes franquistes.

Ante la tumba de Antonio Machado

Se alza el orgullo de mi casta ardiente,
Y grito mi alma de mi ser ferviente,
Teniendo delante el dolor pensado.

Tú, buscador de voces tan amado;
Tú , pensador poeta que no miente;
Tú, la palabra ya tiempo que ya siente;
Tú, que escuchaste voces del pasado.

Haz que busquemos la eterna belleza;
Haz que creamos en lo misterioso;
Haz que luchemos por la digna vida.

Que tu nombre destierre la pereza;
Que tu pluma nos muestre lo famoso;
Reanimando tu España tan perdida.

Ignacio de Yebra