José Gautier Benítez, La barca

José Gautier Benítez en el seu poema La barca  fa referència a l’oda 1,14 d’Horaci, la nau com a al·legoria de l’estat.

La aurora lucia tranquila en Oriente,
la luz inundaba los montes y valles,
las flores abrían los pétalos leves
y a Dios saludaban trinando las aves.

Solté mi barquilla, y al centro del río

de un golpe de remo lancéla contento;
¡marino errabundo, pensaba aquel día
hallar el ansiado magnifico puerto!

Un blanco fantasma se sienta en la caña
y el rumbo dirige, mirándome fijo,
y yo, desde el banco, le vía temblando
de horror y de angustia, de miedo y de frío.

Al fin me resuelvo. ¿Quién eres?, pregunto.
Con voz cavernosa responde el espectro:
“Yo soy el eterno patrón de las barcas
que al río se lanzan en busca de puerto”.

Seguimos bajando la rauda corriente,
yo a entrambas orillas mirando con ansia,
que en una y en otra, del sol a los rayos,
castillos, jardines y bosques se alzaban.

Ya frente al primero, la barca se vía,
bizarros galanes y lindas doncellas,
asidos del brazo, diciéndose amores,
cruzaban el bosque, jardín y pradera.

Algunos en gruta de mirto y jazmines
buscaban la sombra y el grato misterio,
trayendo a la barca del aire las ondas,
ahogados suspiros, rumores de besos.

Volvíme al fantasma, que frío, inmutable,
miraba impasible tan dulces escenas,
y al fin le pregunto con voz anhelosa:
“¿Arrojo aquí el ancla?” Respóndeme: “Rema”.

Bajé la cabeza, y un triste suspiro
salió de mi pecho, pensando en que alegre
pasara mi vida por grutas y valles
con una de aquellas hermosas mujeres.

Y sigo remando y el sol ascendía,
el agua imploraba mi labio sediento
y espléndida plaza veíase cerca
que alegre llenaba frenético un pueblo.

El remo abandono, y en medio la turba
a algunos contemplo ceñidos del laura,
tañendo sin pena la citara blanda
y dando a los aires su férvido canto.

Mis ojos despiden torrentes de lumbre,
la sangre a mi rostro de pronto se agolpa
y digo al fantasma con voz en que vibra
la fuerza de un alma que el triunfo ambiciona:

“También, coma ellos, yo tengo mi canto;
también, coma ellos, yo tengo una lira;
un mundo, cual ellos, yo siento en mi alma;
tal vez, coma a ellos, coronas me ciñan.

¡Qué hermoso es el triunfo! ¡Qué bella es la gloria!
¡Cuán luce en las sienes la noble diadema
que el Bardo conquista luchando constante!
¿Arrojo aquí el ancla?” Respóndeme: “Rema”.

Al pecho, agitada, mi alma inclinóse
y amargas y ardientes corrieron mis lágrimas
cual plomo fundido quemando mi pecho,
dejándome inmenso dolor en el alma.

El sol a Occidente, con marcha tranquila
llevaba el tesoro de luz y colores;
la tarde llegaba; mi brazo rendido,
las ondas apenas hería del golpe.

Un último y grande castillo se alza,
aún brilla en el cielo la luz del ocaso
y el rayo postrero bordaba las nubes
con franjas de plata, de fuego y topacio.

Al pie del castillo, soberbios magnates
cobraban tributos de pueblos y villas,
y el oro rodaba, cual corre en las playas
al soplo del viento la arena amarilla.

“Ni amores ni gloria”-, pensé con tristeza-;
pues oro tengamos, poder y fortuna,
que el mundo se humilla delante del oro
y el oro es el amo de estúpidas turbas”.

“Por fin- a la blanca fantasma le digo-,
un último puerto, ¿lo ves?, ya nos queda:
entrambas orillas desiertas contemplo.
¿Arrojo aquí el ancla?” Respóndeme:”(Rema”

Y sigo remando, y el golpe inseguro
movía con lento vaivén la barquilla;
la noche avanzaba, la tierra y el cielo
crepúsculo vago, medroso, envolvía.

Allá, tras la cumbre lejana del monte,
la luna cual globo brillante se alza,
y finge su rayo, jugando en la espuma,
encajes y blondas de azul y de plata.

Se extingue del río la rauda corriente,
perdiéndose en ancho, tranquilo remanso,
y ya a la barquilla faltábale fondo,
a veces la arena la quilla rozando.

De pronto la luna, rasgando las nubes,
alumbra una extraña ciudad en la orilla,
y cruces y verjas, cipreses y sauces
formaban las calles de tumbas sombrías.

Hirsuto el cabello, la faz descompuesta,
le digo al fantasma con voz temerosa:
“Aquí no es posible que el puerto busquemos
al centro del río volvamos la proa.

Mi brazo conserva su fuerza y empuje,
el último aliento gastemos remando,
¡y míreme lejos del cuadro sombrío
que forman las tumbas, cipreses y osarios!”

Con triste sonrisa que aterra y fascina,
me toma una mano la horrible fantasma,
y “Aqueste es el puerto -me dijo—-;
llegamos; el remo abandona y arroja tu ancla”.

José Gautier Benítez, La barca

Argumenta per què fa referència a la nau com a al·legoria de l’estat.

Elisa Moya
2n Batx C
Llatí

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Comentaris: 4

  1. caparros.lourdes 30 març 2014 - 14:32 Contesta

    Salve!

    En aquest poema es pot veure clarament que fa referencia a la nau, però no trobo l’al·legoria amb l’estat.

    Vale

  2. irina 1 abril 2014 - 9:57 Contesta

    Salve!

    Jo crec que aquest poema parla d’una nau que és conduida per un barquer i la porta cap el port, el paral·lelisme de la nau com a estat el trobaríem en que la nau, igual que l’estat està perduda, i si és conduida bé arriba a port sana, sinó s’enfonsa (oda 1,14 d’Horaci).

    Per altre banda, jo crec que parla del barquer Caront, doncs al final del poema (“Mi brazo conserva su fuerza y empuje, el último aliento gastemos remando, ¡y míreme lejos del cuadro sombrío que forman las tumbas, cipreses y osarios!”), el barquer porta els morts a través del llac Estix fins a les portes d’Hades. A més parla dels xipresos, que són els arbres que simbolitzen la mort.

  3. Andrea Balart 1 abril 2014 - 10:18 Contesta

    Salve!

    En el poema “La barca” de José Gautier Benitez trobem el motiu literari d’Horaci de la nau com a alegoria de l’Estat.

    Trobem aquest motiu en la segona estrofa:

    Solté mi barquilla, y al centro del río
    de un golpe de remo lancéla contento;
    ¡marino errabundo, pensaba aquel día
    hallar el ansiado magnifico puerto!

    Parla del barquer Caront que condueix als morts a través del llac Estix fins al món dels morts on hi ha Hades. Sabem que parla de Caront ja que parla d’un barquer que rema per un llac i que arriba a un castell i perquè ens parla d’una fantasma pàlida que l’acompanya (segurament un esperit). A més ens parla dels xipresos, els arbres de la mort.

    L’alegoria la trobem ja que ens parla de la nau igual que Horaci que va a ala deriva però el barquer que la condueix sap com conduir-la i arribar al port (els polítics que governen bé salven l’Estat).

    Vale!

  4. Xènia Serra 2 abril 2014 - 10:47 Contesta

    Aquest poema de José Gautier Benítez “La Barca” es refereix a la Oda 1,14 d’Horaci. Aquest poema el podem relacionar en que com en el d’Horaci, la nau està perduda, però que el barquer sap com conduir-la cap al port. Això ho podem relacionar amb l’estat ja que un governant és bo quan sap conduir els ciutadans per un bon camí.

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