¡Grata sorpresa!

premio

Entramos en pleno periodo vacional con una grata noticia.

Pensábamos que la presentación en el concurso para Jóvenes Escritores de Poesía y Relato Corto de Baeza (Granada) no había tenido éxito. ¡Pero no ha sido así! Ayer recibí un email de Irene Figueras en el que me explicaba que había recibido por correo ordinario en su casa un certificado reconociéndola como FINALISTA en el concurso de relato corto.

Mi felicitación personal, Irene. Aquí va tu texto. Si queréis dejarle algún comentario, hacedlo al final de la entrada.

 

 

IRENE FIGUERES: RETROSPECCIÓN

 Aún recuerdo aquel día. El día en el que empezó todo, o en el que terminó mi vida.

Tenía trece años y una adolescencia difícil. Huérfano de padre y de madre con paradero desconocido, vivía con mi abuela viuda en una casa que parecía esconder, como un tesoro bajo sus muros, todos los recuerdos de su familia y de su adolescencia; de cuando era feliz de verdad.

18 de octubre de 1974; nunca me hartaré de repetir esta fecha fatídica en mi calendario vital. Es curiosa la manera egoísta que tiene nuestro cerebro de recordar los datos más irrelevantes y absurdos, y se divierte viendo como nos matan los remordimientos y las culpas en intentar inútilmente crear una imagen de un ser querido que, con el paso de los años, se confunde y se desvanece como los cálidos rayos de sol en una fría e inhóspita jornada de invierno.

 Ese día estaba en el colegio, como de habitual, observando a través del cristal las sorprendentes nubes acariciando la superficie del cielo con todo su esplendor azul celeste intenso. Mientras tanto, el maestro de lengua española nos ofrecía desde lo alto de la tarima una lección magistral sobre los pronombres personales. Ir a la escuela no había sido nunca fruto de mi devoción, pero me fascinaba la lectura.

No me encontraba demasiado bien. Y ocurrió: primero fue un leve mareo, que se fue intensificando hasta que se me nubló la vista, los oídos me pitaban, las piernas no aguantaban mi cuerpo, las extremidades no respondían a mis impulsos; mi corazón dejó de latir y mis ojos, huérfanos de luz, dejaron de parpadear. Los cinco sentidos se iban desvaneciendo, como si la vida se me escabullera de entre las manos y fluyera, espectralmente, de manera siniestra y ofuscada, como un haz de luz frívola y tenue, alejada de la humanidad. No puedo recordar nada más de lo que ocurrió acto seguido.

De camino al hospital más cercano, caí en un profundo y depresivo sueño. Nunca antes había experimentado una sensación tal, y espero no volver a sentirla. Me encontraba andando por un largo e infinito túnel, sin ningún rastro de luz a través del cual guiarme. Avanzaba a la deriva por un mar opresivo e inquietante. De pronto, de la lejanía, unos murmullos. Unos susurros de personas, inaccesibles, pero existentes. Parecía una discusión, en la que destacaba una voz masculina, potente sin embargo bonita, segura y sin vacilaciones. Mas no había receptor ninguno, o parecía no haberlo; nadie respondía a las súplicas del hombre. Estaba curioso por saber de dónde salían esas quejas, quién era el dueño de ese lamento, de esa música melancólica.

Avancé, sin rumbo, por un espacio ilimitado. Allí, el tiempo no tenía mesura, las horas eran plomo; los horarios, humo. Anduve sin cesar, siguiendo el extraño en un mundo que cada vez era más y más próximo. Me encontraba a gusto entre tanto silencio. Un lugar donde poder reflexionar sin influencias externas, donde poner tus ideas en orden y pensar en la vida y el futuro, viviendo el presente eterno.

Nunca llegué a reunirme con esa voz. Era muy persuasiva, pero letal. Desde el primer instante me enamoré perdidamente de ella. Era un amor imposible, platónico. Ahora lo encuentro absurdo; el primer amor siempre es absurdo. Y desapareció sin más, repentinamente. Me dejó en medio de la nada, solo de nuevo, e intrigado por saber a quién pertenecía esa melodía.

Ahora, cuando lo pienso, logro adivinar la respuesta. Era la voz cálida de mi difunto padre. Una parte de mi inconsciente lo mantenía vivo y lo despertó justo cuando más lo necesitaba. Al morir él, mi mundo empequeñeció. No sabía dónde esconderme para que no me vieran llorar, las horas se me hacían interminables, las paredes de la casa ahogaban mi corazón… hasta que un día, sin aviso previo, esa sensación desapareció. Latente queda su recuerdo, pese a ser un desconocido que se cruzó en mi vida para enseñarme a sobrevivir. Y del mismo modo en el que apareció, se fue, silenciosamente, sin decirme apenas nada, ni un adiós, dejándome un hueco en lo más profundo del alma, un incomprensible vacío.

Seguía en aquel espacio incierto. Tenía miedo de moverme. El más mínimo movimiento paralizaba mis pensamientos y los manipulaba a su antojo. Aunque la oscuridad que me envolvía se había vuelto menos densa, la sensación de infinito y de miedo no desaparecía. Temía seguir adelante y equivocarme otra vez. No quería volver a caer en el mismo error de siempre. ¡Esta vez no!

En ese ambiente tenebroso y con unos pensamientos adversos, decidí aferrarme a la vida y buscar una grieta en ese túnel asfixiante.

Al poco rato de reemprender mi expedición personal, percibí una presencia. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Se me erizó el vello de los brazos, tal cual sucede cuando en invierno al salir de la ducha tu espalda desnuda nota la corriente gélida y tus plantas de los pies, la frialdad de los azulejos. Me di la vuelta, pero no vi a nadie. Al regresar a mi posición inicial, delante de mí se erigía una silueta opaca. Se me cortó la respiración, oía los latidos de mi corazón, notaba el flujo sanguíneo en la yugular, me olvidé de respirar por unos segundos, pero me di cuenta de que no podía verme. Cerré los ojos, me di un tiempo para relajarme mínimamente y desear que se hubiera ido. Pero seguía allí, impasible. La analicé minuciosamente: era una mujer joven, aunque de juventud marchita, como la de una rosa olvidada en un jarrón. No podía verle la cara, pero en el ambiente pesaba su tristeza y su culpa. Por un instante, me recordó a mi madre.

Me acordaba vagamente de ella: su olor y el suave tacto de sus manos de seda acariciándome la mejilla dulcemente, mientras me mecía lentamente en sus cálidos brazos de madre.

Mi abuela, cuando tuve ansias de conocer a mi madre, sólo supo decirme que no era una buena idea ir a su encuentro. Esa mujer nos había hecho mucho daño huyendo en busca de nueva fortuna después de la muerte de mi padre.

Mis sentimientos hacia ella eran contradictorios: rabia y dolor por haber sido tan cobarde, y comprensión por querer dejar de sufrir por aquello a quien tanto amaba. De nuevo, ahora, esos profundos pensamientos atravesaban mi mente de manera hiriente. Más que nunca me sentía estúpido por haberle guardado tanto rencor.

La misteriosa silueta se fue alejando, y con ella el sentimiento de culpa que pesaba en mi interior. Esta vez no me hundí por la pérdida, sino que comprendí que el camino que había tomado era el más adecuado para mí y para ella. La separación era dolorosa, pero necesaria.

Después de eso, la oscuridad se disipó con la luz de un nublado día de invierno, pero aún no vislumbraba ninguna posible salida. Seguí andando a hurtadillas por esa dimensión en la que empezaba a sentirme más y más a gusto, hasta que me encontré inesperadamente con un espejo de cuerpo entero que reflejaba mi propio ser.

Hacía tiempo que no me contemplaba en un espejo. En casa de la abuela sólo había uno, y era muy pequeño. Ella se miraba todas las mañanas para no olvidarse de su propio rostro; en cambio, yo me limitaba a darle una ojeada rápida para ver si todo seguía en su lugar.

Esta vez me inspeccioné lentamente, fijándome en todos los detalles, las curvas, los ángulos de mi anatomía, y me sobrecogí al no reconocer a esa persona que me acompañaba todas las mañanas de mi vida; había cambiado, se había convertido en un adulto de verdad. Ese chico, el del otro lado, me cautivó. Era lo que siempre había deseado ser, la armadura que día a día había ido forjando. Por fin veía los resultados de mis esfuerzos.

Fue luego cuando comprendí el porqué de mi misterioso viaje al mundo paralelo: una experiencia catártica que me ayudaría a limpiar mi consciencia y abrir los cajones más ocultos y dolorosos de mi subconsciente, aquellos que me impedían crecer y madurar como persona.

Mi propia imagen fue quien me tendió la mano para regresar a casa. Respondí instintivamente a su petición, atravesé el espejo conmigo mismo y me conduje por un dulce, blanco y cálido túnel, casi divino, hasta la camilla que me trasladaba al hospital.

A partir de ese día, olvidado en mi memoria, mi filosofía de vida cambió radicalmente: los días son una sucesión de progresos y la vida una oportunidad para aprovecharlos. No se debe dejar ninguna ocasión para ser feliz.

El verano ya está aquí…

… pero no nos vamos a olvidar de todo lo aprendido durante el curso ni del ritmo de trabajo conseguido. La propuesta para estos 3 mesos de verano es: LEER

Aquí van tres libros de lectura. Tenéis que escoger uno y aportar comentarios sobre los personajes, frases célebres, situaciones interesantes, reflexiones personales sobre los temas tratados… similar a lo que hicimos con la wiki de “Historia de una escalera”.

Las propuestas son:

bestiasLA CIUDAD DE LAS BESTIAS

 

 

 

tenedorUN HOMBRE CON UN TENEDOR

EN UNA TIERRA DE SOPAS

 

 

 

cometasCOMETAS EN EL CIELO

A concurso… pero sin éxito

Lamentablemente, dos de los tres alumnos de 3º de ESO que participaron en el concurso literario de relato corto para jóvenes escritores de la localidad de Baza (Granada) no han obtenido ningún premio. No obstante, aquí va mi reconocimiento para sus magníficas redacciones. papel

 

 

 

 

ISAAC DE PALAU: LAS DOS CARAS

El agradable sonido de los árboles, las suaves brumas matinales y los delicados rayos del sol matutino filtrándose por las ramificaciones esmeraldas de los árboles ejemplificaban la armonía y el equilibrio perfecto de la Naturaleza. En el verde camino del bosque deambulaban dos hombres. Se detuvieron al lado del manantial, cuyas agradables y cálidas aguas procedían del corazón de la Tierra. Las hojas de los árboles se lanzaban lentamente al agua, antes de nadar un par de brazas y hundirse en el cristal acuoso. La conversación fluía igual que el agua, pero quizás era lo único que nublaba el luminoso paraje. Eco se dejó caer en el verde mantel de hierba y sumergió los pies en el agua. En su cara se describía una arqueada curva de felicidad. Dirigió unas palabras a su amigo, que no parecía sentirse invadido por la calma y belleza del lugar.

         ¿Qué te parece este lugar, mi buen amigo? ¡No me digas que no es maravilloso! Escucha el canturreo del agua. Fíjate en los árboles. ¡Observa a tu alrededor!

Ecnol estaba sentado sobre una roca, no muy lejos de Eco. Emitió un ruido de indiferencia al comentario de su amigo, y no dijo nada más. Eco insistió. ¡Cómo podía su amigo manifestarse indiferente ante tal milagro de la Naturaleza!

         Mira a tu alrededor, amigo, y dime. ¿Qué ves?

         Imperfección, amigo. Nada más que imperfección.

         ¿Imperfección? ¿Existe acaso algo más perfecto, precioso y mágico que esto?

         Nada de esto es… mágico. ¡Ni mucho menos perfecto! –afirmó taxativamente Ecnol.

Ecnol, sonriendo, invitó a su amigo a seguirle. Desapareció en el interior de una grieta localizada entre un montón de rocas repletas de salpicaduras de musgo y líquenes.

Tras mucho descender, Eco pisó una superficie dura y lisa, metálica, al mismo tiempo que la grieta se ensanchaba. El ambiente era frío y oscuro. Al final se veía una puerta de madera; Ecnol la abrió con una llave que escondía en su bolsillo y se internó en el umbral. La sala era enorme y llena de engranajes, ruedas con dientes que encajaban milimétricamente las unas con las otras. Al fondo de todo, un gran reloj.

         ¿Qué es este lugar? -preguntó Eco.

         ¡Esto, amigo, es perfección! –Ecnol abrió los brazos en señal de admiración.

         Yo sólo veo engranajes…

         ¡Exacto! Engranajes. El mejor ejemplo de la perfección de la máquina. Cada elemento se une con los otros en un ciclo perfecto. Así se consigue que el gran reloj marque la hora exacta. ¡Exacta! No se permite ningún fallo, nada que no esté en su lugar. Un pequeño fallo en un simple elemento y… –mientras empuja una pequeña rueda que interrumpe el movimiento de la máquina- … se para.

         Mi bosque también funciona como este mecanismo, en cierto modo.

         ¡En cierto modo! No se permite un “cierto modo”. ¡Tiene que ser “sí” o “no”! Es inexacto y…

         ¡Déjame terminar! El bosque lleva mucho tiempo funcionando de un modo todavía más perfecto. Si falla un elemento, todo el mecanismo se transforma para sustituirlo. ¿Puede hacer eso tu “mecanismo perfecto”? No. Necesita la misma pieza para volver a funcionar. No es nada sin uno de sus elementos… perfectos.

Dicho esto, siguió avanzando entre los mecanismos hasta una puerta que había debajo el reloj, y desapareció tras ella. Ecnol también.

La bella luz del sol vespertino saludó nuevamente a Eco en cuando emergió del agujero que se escondía entre las raíces de un árbol seco. Ahora se encontraban en un llano infinito, salpicado de pequeñas dunas, además de algún árbol solitario y un estrecho riachuelo en la lejanía. Ecnol salió unos segundos después. Se quedó impresionado ante la puesta de sol, pero tenía intención de continuar la conversación pendiente.

         ¿Tienen tus mecanismos algo tan mágico e impresionante como una puesta de sol?

Ecnol sonrió. Otra vez la palabra “mágico”. Inexacta, imperfecta, sin lugar a dudas. Al comprender algo tan sencillo como el movimiento elíptico de la Tierra alrededor del Sol, uno puede darse cuenta de que aquello no es mágico.

         No tiene nada de mágico, Eco. Sólo es una puesta de sol.

         ¿Pero no te fascina su belleza? ¡El sol es algo asombroso! Da vida a las plantas, a los animales… ¡es la base del mecanismo que es el bosque! Al esconderse, el bosque muere para resucitar a la mañana siguiente, cuando brota un nuevo orbe solar. ¡El bosque siente el sol! Forma parte de él, los dos están unidos.

         Tu bosque se guía por una pauta instintiva, y por tanto imperfecta –precisó Ecnol mientras negaba con la cabeza-. Siempre se va a comportar igual, ¡ni se cuestiona el porqué! Pero la máquina… es diferente. Su pauta es más racional, puede pensar y adaptarse voluntariamente a cualquier tipo de cambio. ¡El comportamiento racional es algo que convierte a la máquina en perfecta!

Eco no estaba en absoluto de acuerdo. El bosque se había adaptado al sol y a las dificultades. Había sufrido cambios infinitos. No era algo puramente irracional.

         ¿Puede tu bosque adaptarse a un entorno de manera voluntaria? No –continuó Ecnol-. Tu bosque se adapta a las circunstancias por necesidad y sin pensar. Por instinto, irracionalmente. La máquina podría planificar la mejor manera de adaptarse a algo, modificar su “mecanismo” y así ser eficiente en un entorno específico. Para eso, sin embargo, se necesitaría un mecanismo más complicado aún que el reloj que hemos visto… ¡más perfecto!

         Tu mecanismo es imperfecto, tu mismo me has demostrado que si hay un simple fallo… –se vio interrumpido por Ecnol, que avanzó hacia él dando un salto.

         ¡Exacto! Aquí es donde quería llegar. Es ese fallo lo que nos conduce a mejorar. Si el mecanismo falla, es que no es perfecto, y por tanto debe cambiarse. Eco… en el mundo hay muchísimos mecanismos que no se estropean. El reloj puede que no sea perfecto en su totalidad. Pero ha dado paso a mecanismos cada vez mejores… que a la vez han ayudado a mejorar los otros mecanismos más primitivos. ¡Así se alcanza la perfección! -dijo Ecnol mientras levantaba las manos hacia arriba.

Eco. Ofendido y molesto, optó por irse por los llanos infinitos, mientras las últimas luces del día se despedían. Ecnol, satisfecho por su creída victoria, siguió sus ensombrecidos pasos.

El terreno se iba transformando sobre la marcha. El suelo estaba cubierto de placas metálicas, además de enormes piezas cúbicas desperdigadas, unidas por miles de cables de color negro. Al fondo de todo el panorama, se percibía el movimiento de unos enormes seres que iban cambiando los cables de sitio. Los dos amigos se detuvieron. Eco se encaró con el otro.

         ¿Esto también forma parte de tus máquinas?

         En efecto.

         Éste lugar es espantoso –afirmó Eco echando una ojeada a su alrededor-. Al menos mi bosque emite su propia música, el precioso arte que mora en las ramas…

         Pero, ¿es que no lo oyes? La melodía de la información que circula por estos cables… esto es belleza. Un ser tan perfecto como la máquina comprende que aquello que debe ser denominado “bello”, puede ir sin duda más allá de lo que es puramente visual. ¡La belleza está en la complejidad de la máquina!

         ¡Mucho más complejo es el bosque! Algo que la “máquina” quiere imitar, ¡sin éxito alguno! Todo tu mundo de mecanismos, relojes, conexiones… ¡todo es una imitación de la complejidad y efectividad del bosque!

Ecnol se acercó a su amigo, con una pose amenazadora. La conversación adquiría un tono cada vez más crispado.

         ¡Mentira! ¿Puede tu bosque almacenar tanta información, asimilarla y comprenderla? Sin duda que no. Tu bosque es ciego, ¡al igual que tú! Los dos estáis igualmente cegados de no ver a la máquina como algo superior.

         ¡Mira a tu alrededor, Ecnol! ¿Están esos cables vivos? ¿Pueden sentir, emocionarse,  componer una hermosa canción? ¡No, claro! Todo esto está muerto. Es insensible. Quizás has dotado de inteligencia a un trozo de metal; sin embargo, le falta esa chispa misteriosa… mágica. La Vida… ¡el bosque!

Ecnol cerró la boca, con fuerza. Apretó sus puños, y en un arrebato de ira desconectó uno de los cables del suelo.

         ¡La vida no es en absoluto nada mágico! Es algo imperfecto. La máquina lo sabe, es algo lógico. ¡Es por eso que no hay ningún mecanismo vivo! ¿De qué te sirve la vida si la puedes perder? Y con ella tu existencia. Si la máquina se estropea, es fácilmente reparable. No hay ningún mecanismo con vida, ¡mas no la necesitaría! Todo tu bosque no sólo es imperfecto… ¡Es patético!

Eco estalló. ¿Qué se había creído ese miserable de Ecnol? Le dio un empujón, y su amigo cayó al suelo. Con una voz casi inaudible le preguntó qué hacía, pero no hubo respuesta. Eco se acercó a uno de los cubos y empezó a destrozar el cableado.

         ¡Mira tu “perfecta máquina”! -gritaba- No resiste ni un pequeño tirón. ¿Y dices que mi bosque es patético? ¡Por favor!

         ¡Al menos, yo no destrozo tu bosque!

Entonces, Ecnol se incorporó de un salto. Dio un empujón a Eco, en un intento desesperado de apartarle del cableado. Los dos rodaron por el suelo metalizado, llevándose consigo algunos cables desafortunados que se separaban de los cubos y escampando por el aire una lluvia de chispas azules y anaranjadas. Al final, se pararon a escasos metros del borde de uno de aquellos hexaedros gigantes. Eco se incorporó con dificultad. Le dolía todo el cuerpo, así que no fue fácil. A su lado, Ecnol luchaba por ponerse de pie. No estaba mucho mejor. Eco esquivó su mirada, y habló.

         Nos equivocamos. Sí. Da igual que intentemos identificarnos con el bosque, o la máquina, para disimular nuestra presente imperfección.

Ecnol clavó sus ojos en la lejanía. El sol estaba saliendo. Nunca se había fijado que su color anaranjado fuera tan precioso.

         Tienes razón, Eco. Somos imperfectos. Para empezar… ¡No sabemos defender ni nuestras posturas sin pelearnos! Pero ahora hemos aprendido la lección. Deberíamos incluso conocer más de nuestros propios mundos, y así llegar a ser…

         …perfectos –terminó Eco.

         …humanos –rectificó Ecnol-. Ser perfecto es algo imposible.

Eco se levantó. El panorama del metal bañado por la luz del sol le impresionó. El bosque no relucía de ese modo.

         Vamos -dijo al fin Eco-, muéstrame las maravillas de la máquina. Sus mecanismos exactos, numéricos… el flujo de la información, la precisión del reloj… -calló un momento-. Después, yo te mostraré todo el bosque, desde el manantial, al pie de la montaña, hasta el acantilado, junto al gran mar.

         Solo así podremos comprender la magnificencia de las cosas -reflexionó el otro.

 

ELSA CANO: ISLAS EN EL TIEMPO

Cuando abrí los ojos hace seis años, mi madre no estaba. La busqué y nunca encontré su cadáver, así que he llegado a la conclusión que, si sigue viva, debe estar en otra isla.

Cuando todas las centrales nucleares del planeta explotaron al mismo tiempo, la Tierra se desmembró en islas. En total 135. Todo el mundo se sumergió en un profundo sueño, pero nadie murió. Aún hoy día cuesta creer lo que ocurrió después. La sorpresa, el miedo y lo ilógico de la situación se refleja todavía en nuestros rostros.

Paulatinamente fuimos recuperando el orden de las cosas y decidimos levantar los pilares de una nueva civilización. Pasados dos años, algunos valientes, o idiotas, según prefieras nombrarlos, se embarcaron en un esperanzador viaje en busca de supervivientes. Y, por sorpresa suya, encontraron muchos. Descubrieron la diversidad de islas que abundaban en el planeta y se sorprendieron por un hecho insólito: cada una de ellas vivía en su propia época. Entre todas había un desfase temporal importante; era como viajar en una máquina del tiempo.   

Mi nombre es Azalea. Tengo 18 años recién cumplidos y he decidido poner fin a lo que la fortuna pronosticó sin mi consentimiento: la separación de mi madre. Para viajar en barco necesito un permiso especial, que por supuesto no tengo, por eso voy a hacer uso de mi nuevo don. Ahora mismo estoy sobrevolando el mar. Mi cuerpo ya no es lo que era debido a los gases químicos que emanaron de las centrales después de la explosión. La razón humana no puede, o más bien no quiere, comprender que algunas cosas son inexplicables. Es por ello que debo mantenerlo en secreto. De descubrirse, mi vida estaría en peligro. Y no puedo permitirlo: ¡soy diferente y me encanta!

Me dirijo a la isla más cercana a mi hogar, la 1890. Las islas están clasificadas por el año en el que viven; la mía es la 2025. Ninguna nube corrompe el azul del cielo. Tengo ganas de llegar, así que hago batir mis alas con más fuerza y permito que el viento alce todavía más mis cabellos cortos de un castaño otoñal. Estamos en verano, así que agradezco sentir el aire en mi piel morena.

Como es habitual, me encamino hacia la montaña más alta y escondida de la isla; no puedo permitirme el lujo de que alguien me descubra. Poso mis pies en el suelo decorado de hierba esperanza con pequeños toques florales rosados. De la bolsa que me acompaña extraigo un incómodo corsé verde oscuro, con una falda y camisa a juego. Si quiero moverme con libertad por la ciudad tengo que ir discretamente vestida; unos tejanos y una camiseta amarilla llamarían mucho la atención. Una vez disfrazada aparco la mochila de la ropa en un hueco al lado de un árbol y con la sola compañía de los pájaros retomo el camino hacia la gran ciudad.

Delante de mí descansa 1890, repleta de calles lúgubres al anochecer y de gente vistiendo de negro, pese al calor asfixiante del verano. Desde pequeña que la Historia me ha fascinado, y poder ahora presenciar la vida de las épocas pasadas desde primera fila es un regalo hecho realidad; con el añadido de que pasas desapercibido. Nadie te conoce, estás en el anonimato. ¿Quién no ha querido alguna vez escapar y no ser reconocido?

Del lejano reloj que preside el valle se oyen tocar las cinco. Llegaré tarde a mi cita.

Alcanzado mi destino, me percato de que todavía no han llegado, y decido matar el  tiempo contemplando un escaparate de juguetes. Mis ojos verdes se reflejan en el cristal sucio de la tienda, y para mi sorpresa se encuentran con los grandes ojos color cielo de Iris.

 

        Iris –sonrío al tiempo que me doy la vuelta.

Como era de esperar, mi amiga va vestida espectacularmente preciosa. Es de aquellas personas que se pongan lo que se pongan están siempre guapas. Pues así es Iris, da vida a un simple vestido beige apagado con un pequeño sombrero de copa posado sobre sus largos cabellos dorados. Me regala una sonrisa que ilumina su rostro de porcelana. Pero la emoción de verla queda disipada al evidenciar que él no la acompaña.

 

        Tenía ganas de verte –digo sinceramente– ¿Y tu hermano?

         Estará al caer –dice Iris. Y sí, literalmente cae de la escalera que se encuentra al lado de la puerta de entrada a la tienda. Doy un respingo pero Iris ni se inmuta, acostumbrada a las acciones poco corrientes de su hermano gemelo, Tom. Se levanta y con un intento que pronto quedará en fracaso se expulsa del traje negro el polvo que se niega a despegarse.

          ¡Ya estoy aquí! –saluda enérgicamente mirándome con los mismos ojos que su hermana. Tiene una sonrisa pegajosa y se le marcan los hoyuelos.

Iris nos sugiere ir a una cafetería. Los gemelos son conocidos míos desde el día en que pisé por primera vez las calles de esta isla en busca de mi madre, hace ya unos cuantos años. Se ofrecieron a ayudarme y me vi obligada a explicarles lo de mi don. Sorprendentemente me aceptaron tal y como era, sin proferir queja alguna.  

 

         Chicos, ¿por qué me habéis llamado? – inicio la conversación. Tom, que en este momento está jugueteando con el pañuelo de la mesa, fija sus ojos en mí y lentamente se le dibuja una sonrisa en el rostro. Su mirada esquiva con facilidad los mechones del flequillo dorado. Me sonrojo, cosa que no soporto.

          Gracias a mi padre –James Watson, un prestigioso inspector de policía y detective reconocido por la ciudad– hemos encontrado una pista sobre el paradero de tu madre.

 

Me olvido de respirar por un instante. Tantos años detrás de su pista, tantos años viviendo con la única esperanza de volver a verla, tantos años sumergida en la soledad… Mi boca enmudece sin mi consentimiento, el corazón pasa de una pulsación por segundo a cinco por segundo… Al ver que no reacciono, Iris continúa ofreciéndome más detalles sobre la apreciada noticia. Frunce el ceño y hace un mohín al no acordarse del nombre de la isla. Tom la ayuda; es la 2356. Mi madre figura en la lista de los “grandes” de esa isla.

 

         ¡En marcha! –continúa Tom con evidenciada emoción. Todo lo que sea salir de su rutinaria realidad le atrae– ¡No hay tiempo que perder! Cogeremos el velero de mi padre. Tenemos el permiso y el mapa que nos conducirá hasta allí. ¿Te apuntas?

 

Y ya nos ves: Iris sonriendo, yo mirándole con los ojos abiertos de par en par, y él de pie con los brazos abiertos a la espera de mi respuesta.

 

         ¡Sí! –grito mientras me levanto.

 

Tom se acerca y me envuelve en un abrazo. Antes de que me dé cuenta, estoy sonriendo y disfrutando de su calidez con los ojos cerrados.

Decidimos todo en pocos minutos. Zarparemos a la mañana siguiente. Ya en la habitación de Iris, que goza de unos fantásticos muebles con matices azulados, me revela que Tom hace meses que planea toda esta aventura. Me ruborizo al oírlo y me acuesto feliz.

 

Cuando el sol se despierta, izamos velas a todo estribor. El viento es favorable. Vestimos ropa de mi época, nos resulta mucho más cómoda a todos. Iris luce con toda elegancia un vestido azul marino y Tom deja al descubierto su torso desnudo. El viaje dura todo el día, pero el viento en la cara y la melodía de las sonrisas de mis amigos me renuevan la energía. Al anochecer, entrevemos las costas de 2356. Ancoramos en una pequeña cala, y con los nervios surfeando en nuestra venas nos lanzamos a la acción.

 

La ciudad, tal y como imaginaba, está bañada de colores inimaginables, de edificios que sorprendentemente no llegan al cielo, de los coches volando… Es el futuro tal y como lo teníamos proyectado en nuestra mente. Pero tenemos que centrarnos. El plan es ir a la sede central de la ciudad y preguntar por Ana, mi madre. Parece una misión fácil.

Una vez dentro, una especie de robot con forma de mujer nos atiende. Pregunto por ella, y por sorprendente que parezca nos dice que nos recibirá en un par de minutos. Mí corazón estalla. Nunca había imaginado que el reencuentro sería posible.

La voz robótica de la secretaria me da permiso para poder volver a ser feliz. Se abre la puerta y allí está mi madre, sentada en una silla con la mirada perdida en un papel en blanco.

 

         ¿Mamá…? –pregunto temerosamente mientras las lágrimas saladas bañan mi rostro.

         ¡Azalea! –levanta la mirada sorprendida. Algo la impulsa a alzarse para fundirse conmigo en un abrazo, pero se reprime-. Hija, tienes que irte. Si te ven aquí te matarán –afirma asustada-. Cuando hubo la explosión, no te encontré. La ciudad empezó a crecer hasta el día de hoy. Entré en el gobierno y ahora soy una de los “grandes” –su rostro empieza a ensombrecerse–. Juré al jefe de todo esto que le serviría hasta el fin de mis días si permitía observarte cada semana. Existen unos dispositivos en el espacio que pueden captar a cualquier persona. Gracias a ellos no me he perdido nada de tu infancia ni adolescencia. Pero ahora debes volar y marcharte de aquí lo más lejos y antes posible. Vuela, Lea, vuela.  

 

El sonido ensordecedor de una sirena inunda toda la habitación. Los ojos de mi madre me dan a entender que me han descubierto. Corro hacia la ventana. Mis compañeros gritan que me esperarán en el barco. Salto. La ventana se rompe y miles de cristales se clavan en mi piel. Aparco el dolor y hago nacer, una vez más, mis alas. Tengo que huir.

 

De todo un poco

Ya estamos llegando a la recta final del curso y es por esto que en nuestra última expresión escrita vas a poder hacer lo que te plazca. Eso sí, a partir de una de las fotografías que encuentras en el enlace que tienes a continuación.

La idea es que escribas un texto. Podrás elegir entre:

Texto narrativo (extensión máxima 3 páginas)

Texto descriptivo (extensión mínima 20 líneas)

Texto teatral (extensión máxima 5 páginas)

Texto poético, un soneto de 14 versos

Texto argumentativo (extensión mínima 1 página)

 

Pero además, como es el punto final y me tienes que demostrar todo lo aprendido en el curso, tendrán que aparecer obligatoriamente:

– Pasivas y perífrasis verbales

– Uso de conectores y frases subordinadas

– Párrafos bien marcados y conectados entre sí

– Léxico de registro elevado y adecuado a la tipología textual

– Y…. una metáfora o comparación y una pregunta retórica

ADELANTE!

PAISATGES

Sant Jordi 2010

Haikus y prosa poética sobre ROSA, AMOR, LIBRO Y DRAGÓN para el concurso de la biblioteca.

Aquí tenéis las bases del concurso.

¿Animaros a participar!

Diada de Sant Jordicartell-2010web2

23 d’abril de 2010

CONCURS LITERARI

HAIKUS I PROSA POÈTICA

(ENGUANY EL TEMA ÉS: LLIBRE, ROSA, DRAC I AMOR)

Els professors de llengua us donaran pautes de com elaborar els textos

1. Podran participar tots els alumnes de l’IES Josep Brugulat de Banyoles.

2. Els treballs presentats hauran de ser haikus o prosa poètica, i en qualsevol de les quatre llengües que s’estudien a l’IES: català, castellà, anglès o francès. Els treballs han d’anar acompanyats d’una il·lustració o fotografia inèdita.

3. Es podran presentar un màxim de dos textos per autor, que hauran de ser inèdits i no haver estat premiats ni publicats anteriorment.

4. S’haurà de lliurar un sol document amb text i imatge, que només pot ocupar una cara. En el document hi haurà de constar el pseudònim de l’alumne/a per tal de mantenir l’anonimat. El nom de l’arxiu haurà de ser el nom de l’alumne/a i el curs.

5. El lliurament d’haikus i prosa poètica es farà a través del moodle del centre: www.iesbrugulat.net/moodle. Per accedir-hi haureu d’estar registrats i clicar a Projectes > Biblioteca. Al final de la pàgina trobareu el Concurs Literari “Haikus i prosa poètica”, on podreu penjar els textos. També es pot lliurar en format paper als professors de llengua responsables del curs.

6. El termini de presentació acaba el dilluns 19 d’abril de 2010.

7. La comissió de la Biblioteca es reserva el dret de fer una selecció del material presentat.

8. El premis seran escollits per votació dels professors durant la Diada de Sant Jordi i seran dotats amb:

Premi (1r cicle ESO): Val regal de 50€ per la llibreria Abacus.

Premi (2n cicle ESO): Val regal de 50€ per la llibreria Abacus.

Premi (Batxillerat): Val regal de 50€  per la llibreria Abacus.

Instrucciones al detalle

Estos días hemos dictado fragmentos de obras de JULIO CORTÁZAR en los cuales el escritor detallaba muy minuciosamente cómo hacer algo: subir a una escalera, sacarse un conejo de la garganta… juliocortazar3

 

Lee el texto completo de Instrucciones para subir una escalera. A continuación, piensa en una acción cotidiana (vestirse, cambiar de canal, comer, ducharse, tomar el autobús…) e intenta describirla lo más detalladamente posible y utilizando un vocabulario elevado y figurado.

Recuerda que para que un texto sea correcto debe cumplir con las tres propiedades textuales estudiadas. En cuanto a la cohesión se refiere, consulta el documento sobre conectores que tienes en el moodle.

Uno, dos, tres… ¡ACCIÓN!

Esta vez nos toca tratar el género cinematográfico. claqueta

Tal y como hicimos con la novela, tendrás que inventarte un guión cinematográfico para una película y luego hacer una crítica. Por tanto, esta vez el borrador no va a ser una lluvia de ideas, sino un guión.

PASOS A SEGUIR:

1. Ve al moodle. Entra en el ejercicio 10.2. “Carteleras”. Aquí vas a encontrar las imágenes de algunas películas. En ellas hay información sobre los actores principales, el director, si ha recibido algún premio… A partir de lo visto, y sin saber el verdadero hilo argumental de la película, invéntate un guión.

2. Redacta de manera breve, a modo de esquema, los principales puntos de interés del guión cinematográfico: lugar donde ocurre, tiempo en el que se sitúa, personajes principales y relación que mantienen, hecho desencadenante de la historia, punto climático y desenlace (positivo o negativo).

3. Una vez queda claro el argumento de la película, ahora es el momento de redactar la crítica cinematográfica, tal como hemos visto en los ejemplos de clase. Los puntos a tratar van a ser los siguientes:

– Argumento, indicar solamente las ideas principales, sin nombrar el final.

Aspectos positivos y aspectos negativos, en lo que se refiere a decorado, acción, efectos especiales…

Recomendación para el público.

En la piel del escritor

En el moodle, exactamente en el ejercicio 10.2, vas a encontrar imágenes que corresponden a portadas de libros en castellano.

Ponte en la piel del escritor y haz una sinopsis del libro, explicando los personajes, las líneas generales del argumento y ofrenciendo alguna pista para “enganchar” al posible lector.

Las sinopsis son breves pero impactantes, en pocas palabras tienes que ser capaz de atraer la atención de la persona que tiene el libro en sus manos. Tiene que comprarlo y leerlo. Para conseguirlo, recuerda que tienes que usar el léxico adecuado y saber conectar bien las frases.

Aquí tienes un ejemplo de sinopsis: un best seller que está arrasando en todo el mundo.

larssonLos hombres que no amaban a las mujeres (Stieg Larsson)

Hace más de treinta años Harriet desapareció de su mansión en una remota isla del norte de Suecia. Ahora su anciano y millonario tío está dispuesto a todo para saber qué sucedió con ella. Para ello cuenta con una atípica pareja de detectives: Mikael Blomkvist, periodista de investigación conocido por haber sacado a la luz múltiples escándalos a través de los artículos publicados en su revista Millenium, y Lisbeth Salander, joven inteligente y esquiva, de una delgadez casi anoréxica, tatuada, con un punto gótico, con una patología psicótica, que tiene buenas razones para desconfiar de los hombres. Ambos se adentrarán en los oscuros secretos de una poderosa familia y en una trama en la que salen a la luz crimen y castigo, pasión y culpa, perversiones sexuales, trampas financieras… y una tierna y frágil historia de amor entre la pareja más memorable de la literatura criminal.

Opinando sobre…

Los textos periodísticos son un buen medio de comunicación, tanto de noticias de interés variado, como de entrevistas con celebridades o artículos de opinión para dejar ver al mundo cuál es tu manera de ver o entender las cosas.

La propuesta de esta semana es precisamente ésta, que opinéis sobre un tema bastante controvertido del que todo el mundo piensa, o cree,  ser capaz de opinar: la televisión y su influencia. 

Por tanto, os propongo escribir un artículo de opinión que lleve por título la siguiente frase extraída de la entrevista con Mark Abley: “La televisión es el gas venenoso cultural”

Consejos para poder cumplir con vuestro objetivo, transmitir adecuadamente vuestra opinión al respecto:

– Hacer una lluvia de ideas

– Pensar bien cómo vais a estructurar la información

– Separar la información por párrafos

– Usar ideas coherentes y previamente bien pensadas

– Poner especial atención en la presentación ortográfica.

Y finalmente… ESCRIBIR