El niño que deseaba ser pequeño

El niño de la plaza de la Alameda, siempre sentado en el escalón de la peluquería, esperaba, a su pesar, a que su madre finalizase la jornada en el establecimiento. Al principio, el niño de la plaza de la Alameda se aburría y todo le parecía vano y vacío. Se fijaba en el panadero, que cobraba a todas aquellas señoras impacientes que hacían cola para comprar el pan recién hecho. O veía como los señores trajeados marchaban apresurados y, a su paso, el sonido de sus zapatos de charol resonaba en el silencio de aquellas mañanas.

Llegó un día en el cual el niño de la plaza de la Alameda se cansó de esa perfecta monotonía y deseó hacerse pequeño y desaparecer de la vista de todos aquellos adultos. Así pues, el niño de la plaza de la Alameda empezó a empequeñecerse: primero la cabeza, luego la mano izquierda, una pierna… y por último, la nariz.
Lo primero que vio fue una hormiga, para él, gigantesca, que lo olisqueaba con sus antenas. Enseguida, divisó, a lo lejos, todas sus compañeras que traían reservas en forma de migas de pan recién hecho que caían del paso de las señoras de la panadería.
Se volvió asombrado y descubrió a una amapola despertándose empapada por el rocío de la mañana que no parecía molestarle, todo al contrario, se la veía feliz.
Un poco más abajo, unas arañas aprovechaban el tronco de la amapola para poner la mesa y desayunar. Qué sencillez tan armónica. El niño de la plaza de la Alameda no quería volver a hacerse grande, pero escuchaba como su madre lo llamaba y volvió a su tamaño natural.

Durante los próximos días, el niño de la plaza de la Alameda se siguió empequeñeciendo y aprendiendo de la simplicidad de las cosas pequeñas. Porque, de ese modo, las cosas simples como las migas de pan para las hormigas, el rocío para la amapola o la telaraña para las arañas se convertían en las cosas más importantes.
Asimismo, el niño de la plaza de la Alameda aprendió que los adultos, siempre tan abstraídos y preocupados, no ven que podrían ser un poco más felices si se fijaran en disfrutar de las pequeñas cosas que construyen su perfecta monotonía.
Así fue, pues, como el niño de la plaza de la Alameda se hizo mayor haciéndose pequeño.

La plaza de la Alameda

Publicat dins de Categoria 1, General, Prosa en castellà | Deixa un comentari

El nuevo amanecer de Piedrallana

Un trueno quebró el silencio de aquella oscura noche. Beltrán miró a su alrededor. Ya nada quedaba del apacible lugar en el que se había criado. Las lúgubres calles permanecían vacías bajo la sombra de las casas, muchas de ellas en ruinas. Todo cuanto lo rodeaba no era más que los despojos de una sociedad caída y olvidada con el paso del tiempo. El mero hecho de estar allí le producía escalofríos. Un sentimiento de culpa todavía lo acechaba.

Todo empezó veinte años atrás, en los inicios del 1283, cuando la época venidera se mostraba como una era de esplendor y prosperidad. Por aquel entonces, Beltrán recién cumplía los trece años. Era mediodía, y las campanadas de la iglesia del pueblo de Piedrallana anunciaban las doce a la vez que él entraba. Como de costumbre, el sacerdote comenzó con su sermón rutinario, gesticulando exageradamente para intentar captar el interés del público. Pero eran pocos los que le atendían, y Beltrán se había percatado de ello hacía tiempo. De hecho, la monotonía del orador conseguía que su mente se desviara hacia cualquier detalle de la sala, por más insignificante que fuera. A veces, se fijaba en las imponentes vidrieras y contaba los numerosos fragmentos que las formaban. Otras, escuchaba disimuladamente las charlas que mantenían, en susurros, los demás moradores.

No obstante, aquel día había algo distinto. Tres clérigos se habían amontonado en uno de los banquillos y discutían acaloradamente. Pese a que trataban de pasar desapercibidos, su comportamiento resultaba demasiado extravagante, cosa que atrajo las miradas curiosas de algunos de los asistentes. Cuando se dieron cuenta, se apresuraron a trasladar su conversación a una esquina de la estancia, ignorando la presencia de Beltrán, sentado en frente suyo. Y él, aburrido de la ceremonia, siguió con suma atención los motivos de sus preocupaciones. Pero cuanto más oía, más deseaba no haber oído. Los clérigos estaban planeando una traición contra don Telmo, señor de sus tierras. Según lo que decían, contaban con el apoyo de don Osorio, gobernante del pueblo vecino, lo cual le sorprendió, dado que ambos dirigentes habían conseguido un período de paz de más de una década.

Una vez hubo terminado la misa, Beltrán no supo qué hacer. Contemplaba la posibilidad de contarlo, pero ¿a quién iba a acudir? Si la iglesia estaba implicada, solo le quedaba la opción de comunicarlo directamente a la corte. Sin embargo, su familia, campesina, no contaba con un buen estatus social, por lo que dudaba que nadie les tomara en serio. Más aún cuando la única prueba que podía dar era su palabra. Las afirmaciones banales de un crío que podía estar confundido. Fue por eso que decidió callar, y dejar lo que tuviera que pasar en manos del destino. Pero no tardaría en comprender que aquello había sido un gran error.

Tres días más tarde, cuando el sol se fundía con el horizonte, un descomunal ejército irrumpió en Piedrallana. Al frente, don Osorio, montado en un potente corcel negro, dio la orden de devastar el pueblo. La infantería arremetió contra los lugareños, sin tan siquiera darles una mínima oportunidad de defenderse. Beltrán, horrorizado ante la desolación que se cernía sobre su pueblo, echó a correr hacia el frondoso bosque que lo bordeaba, obligándose a abandonar a sus familiares, amigos y conocidos que habían quedado inmersos en el caos. Llegó al límite de la aldea mientras una flecha pasaba silbando junto a su oreja, dándole el tiempo justo para ver como las llamas consumían lo que antaño había sido un lugar glorioso.

—¿Qué hacemos, señor? —Sumido en sus pensamientos, la voz de sus hombres le resultaba lejana. Se volvió hacia ellos.
—Acamparemos aquí esta noche —ordenó—. Mañana comenzaremos con la reconstrucción. Y no nos detendremos hasta que Piedrallana recupere toda su grandeza.

Hog Rider

Publicat dins de Categoria 1, General, Prosa en castellà | Deixa un comentari

13 x 18 cm

13 x 18 cm

Et miro,
mentre em somrius
deixant entreveure una rialla,
que em fa pensar en els motius
pels quals ara l’apatia t’abraça.

Et miro,

i recordo els grans somnis
que et feien bullir l’ambició,
d’aquells dies grisos
que pintaves de viu color.

Et miro,

i em costa pensar que pateixes,
que tens la pena clavada al pit,
i la por que aquesta angoixa
no et deixi mai més dormir

I deixo de mirar-te
perquè la cara d’aquesta nena,
en aquesta fotografia impresa
ja no reconeixo com a meva.

Kodak

Publicat dins de Categoria 1, General, Poesia en català | Deixa un comentari

El diluvi de la teva absència

El diluvi de la teva absència

No vull que siguis un record trist de diumenge,
ennuegar-me en la nostàlgia del teu buit
i no poder-la evocar enlloc,
i vessa dins el meu pit on encara vius.

Desitjaria congelar-la perquè romangui amb mi,

encara que pesi i m’angoixi,
i faci més fredes les nits d’abril
que escalfàvem amb moixaines i tendresa.

Tornaràs a ser esperada primavera,
esdevindràs flors verdes del meu petit jardí
que regaré amb l’enyor desfet del destí
quan la pena i la terra s’apoderin per fi de mi.

Prou condemna per una vida
aquest deliri de l’estiu que podríem ser,
cada diumenge, cada abril i cada primavera
sempre diluvien memòries inexistents.

Aixopluc

Publicat dins de Categoria 1, General, Poesia en català | Deixa un comentari

Paracetamol para el corazón

Paracetamol para el corazón

Quemó las flores de tu cemento,
luego se arrodilló, en la cabeza el tormento,
y es cuando se van,
que viene lo más incierto.

Aún subrayo los versos,
que tú y yo proclamamos nuestros,
y nos reímos entre besos,
inocentes, creyendo ser eternos.

Preferiría pedir lo siento,
aunque me cueste, no te miento,
preferiría romper el espacio-tiempo,
y dejar de existir en un recuerdo.

Quemó las flores del suelo,
y se prendió la hierba,
ardió sin control
igual que arde en el alma
y para eso no hay solución

Mania

Publicat dins de Categoria 1, General, Poesia en castellà | Deixa un comentari

Sigo buscándote

Sigo buscándote
Sigo buscándote
Incluso después de tanto tiempo
Lo sigo intentando

Y me dicen que pare de buscarte
Que no vas a volver
Que ha pasado mucho tiempo
Que no hay vuelta atrás
Que ceda ya y acepte dicha realidad

Pero me rehúso a creerlo
No confío en sus palabras
Me niego a hacerlo

Porque en lo que sí confío
Es en que algún día
Nuestros caminos se cruzarán
Y nos volveremos a encontrar

Kia Aldrin

Publicat dins de Categoria 1, General, Poesia en castellà | Deixa un comentari

Amistad

AMISTAD
Que bueno es tener amigos,
te acompañan en tu vida
y son los mejores abrigos
para el viaje de ida
Pero ten cuidado
en no confundir compañero y amigo
porque uno viene dado
y el otro se lo ha ganado
A veces es muy duro descubrir
que te has confundido

al darte cuenta de que cuando más los necesitas

se han escondido
La amistad es como el amor
que no siempre perdura
ya sea por rencor o desamor
abriéndote una herida que no cura
Tener buenos amigos es un gran tesoro,

pero cuidado,
que no todas las piezas son de oro.

Pollancre

Publicat dins de Categoria 1, General, Poesia en castellà | Deixa un comentari