Vet aquí una vegada

Podria començar la narració dient; vet aquí que una vegada hi havia una nena afortunada amb una vida plena de felicitat, malgrat això, seria mentida. Aquesta història no és un conte de fades, ni molt menys un conte amb un final feliç. No tot pot ser perfecte i això és un clar exemple.

Tot comença en una petita casa, on només ressalten les baralles i amb elles els forts crits que ressonen per tot l’interior d’aquell lloc. Una nena petita, prima i amb la pell blavosa de tantes marques que li van deixar, es trobava arraconada en una cantonada de la seva habitació amb temor, com feia cada tarda després d’arribar de l’escola.

La seva mare, la causant de tot el mal d’aquella llar, no hi havia un sol dia que no discutís amb el seu marit. Hi havia insults, amenaces, fins i tot pallisses, de part dels dos. Ara bé, no creieu que únicament era amb ell, aquesta noia havia de suportar també la fúria i anys de ràbia que tenia guardat aquesta senyora al seu cor.

El seu refugi era aquell racó, en el qual es posava a llegir o dibuixar per distreure’s d’aquell ambient tenebrós; tot i així, la seva mare la buscava per donar-li uns quants regals i no dels bons. Ella havia de sortir, sinó la cosa anava a pitjor. Es preparava psicològicament per enfrontar aquella lluita que mai guanyaria.

Acostumada a aquelles sensacions que tenia quan la mà li fregava la pell, intentava pensar en altres coses. De totes maneres, quan acabava de rebre aquelles “lliçons”, no podia evitar plorar i de sentir l’escalfor dels llocs on la seva pell es posava vermella i de vegades lila.

Estava cansada, farta de sentir-se inútil i dèbil per les cruels paraules que li deia la seva mare. Solament podia plorar sense forces, ja que totes les llàgrimes estaven en aquell lloc de la tortura. Mai sabrem la causa de l’enuig que li encegava els ulls, però la cosa no acabava aquí, pel fet que un dia maleït, el pare se’n va anar, abatut d’aquella situació i va deixar la pobra menor en mans d’aquella cruel persona. La dona cada cop era més ferotge, semblava un monstre! Aquesta ruptura li va costar car, tant per ella com per la seva filla, qui cada vegada estava més trencada per dintre.

Quan arribava a la porta de la seva casa després del col·legi, es quedava parada uns segons amb una gran basarda i el cor quasi sortint per la seva boca. Sabia què passaria en el moment que entrés pel portal, vivia amb una por constant. A la seva escola no tenia a ningú amb qui poder comptar, estava absolutament sola, carregant amb un pes molt dur per a ella.

Podria dir que ho va poder solucionar, que la seva mare va entrar en raó i que viurien felices menjant perdius. No obstant, ja he advertit que aquesta no és una història com totes les altres amb un bon final. Així que, desafortunadament, aquesta nena es va adonar que no era pas feliç, que la seva vida no era una bona vida, havia d’expirar aquesta aflicció. Decidida a no tornar a patir, va tancar els seus ullets per no tornar-los a obrir.

Killua

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Resignación

Érase una vez, en un pueblo en la nada, había un niño llamado Resignación.
Vivía en una época de guerras y bombardeos, siempre viendo la violencia desde la ventana de su hogar.
Él ya estaba acostumbrado, desde que nació ese pueblo vivía en esa triste situación que no parecía tener un final próximo.
El pequeño sufría mucho, muchas veces decidido a no comer, no salir de su casa, incluso de no dormir para no seguir sufriendo como hasta ahora.
Cada día él era capaz de ver el cielo gris por culpa de la contaminación y las bombas. Desde su ventana, también era capaz de ver a la gente sufriendo y muriendo en las calles, mostrando cada día la tragedia que vivía el pueblo día a día por la guerra de unos pocos.
La madre de Resignación, una buena mujer, desde el comienzo de la guerra siempre servía a los demás refugiando a heridos en casa, ayudándolos y curándolos. Por esto, el niño, estaba acostumbrado a ver la muerte de cerca, ya que veía como en su propia casa, la gente dejaba de resistir la situación.
Un día de esos, en los que el niño sufría demasiado, escondido bajo la mesa, llorando alto para no oír su entorno, un herido de guerra le llamó con una extraña suavidad, preguntándole el motivo de sus lágrimas. El pequeño, de manera cruda, no titubeó al contestar que estaba harto, que no quería vivir si esta iba a ser su vida. El herido, se mostró sorprendido de las palabras de Resignación – ¿y qué has hecho tú para cambiar esta situación? – ¿Qué hemos hecho para cambiarla, eh?
El chico lo miró, petrificado, examinando palabra por palabra las preguntas, y es que era verdad, desde que él nació, solo fue capaz de ver a la gente huyendo, sufriendo y resignados a vivir en guerras que no eran suyas, nada más.

Alluka

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Una rosa por un libro

Érase una vez… No, no. Esta historia no comenzará así, al contrario comenzará mucho mejor como por ejemplo con una chica y un chico.

Está historia empieza con una chica llamada Sabrina, una chica muy torpe pero buena persona que solo piensa en libros y en ayudar a los demás. Pero un día como otro día normal tropezó con el cordón de su zapato y el batido que llevaba en sus manos salió disparado hacia el chico que tenía delante, el cuál estaba de espaldas. El chico era ese típico chico raro y deprimido que no hablaba con nadie y el que nadie hablaba con él, ese chico se llama Milos.
Milos se giró después de notar que le cayó un batido encima de la cabeza, se giró con ganas de pegar a la persona que le había lanzado el batido pero al ver a Sabrina sintió un sentimiento que nunca había sentido. Milos decidió ir a ayudar a Sabrina, la cuál se había caído y estaba llorando porque se había hecho daño en la rodilla hasta cierto punto de haberse hecho sangre.

Milos: Estas bien? – tranquilo pero un poco preocupado –
Sabrina: Si, no es nada… y lo siento mucho por lo del batido – triste –
Milos: No te preocupes, pero te llevare a la enfermería
Sabrina: No hace falt… – interrumpida –
Milos: Pero tu rodilla está sangrando y no quieres que se te infecte, ¿no?
Sabrina: Pues no, la verdad es que no, creo que sí iré a la enfermería pero puedo ir yo sola.
Milos: No, yo te acompaño y no se discute más. – siendo un poco frío –
Sabrina: okay, y gracias.

Van hasta la enfermería…

Cuando llegan Milos le pidió a la enfermera que si podía mirar a su amiga, que se había caído y se había hecho daño en la rodilla. La enfermera actuó de inmediato y le miró la herida a Sabrina, lo que le sorprendió a Sabrina fue que el chico al que acababa de conocer le había llamado amiga cuando ni se conocían.

Al salir de la enfermería Sabrina le preguntó a Milos porque le había dicho a la enfermera que ella era su amiga cuando ni se conocían. A lo que Milos respondió…

Milos: La verdad es que me has caido bien y me gustaría que fuéramos amigos.
Sabrina: ¿Enserio quieres ser mi amigo?
Milos: Pues si, ¿Que nadie te ha dicho de ser su amigo nunca?
Sabrina: Pues no la verdad.
Milos: Pues ya somos dos – ambos se ríen –
Sabrina: ¿Bueno entonces amigos?
Milos: Pues claro que sí, yo me llamo Milos, ¿y tú?
Sabrina: un placer conocerte Milos, yo me llamo Sabrina.
Milos: un placer conocerte Sabrina.
Sabrina: creo que deberíamos ir a clase, ¿a que clase vas?
Milos: yo voy a tu misma clase, no te habrás dado cuenta porque siempre me siento al final.
Sabrina: wow, ¡¿enserio?!. Puede ser yo me siento delante. ¿Y si te sientas a mi lado?
Milos: ¿Adelante? No creo que me sienta muy agusto en ese lugar. – Tímido –
Sabrina: No te pasará nada.
Milos: Bueno… ¿Una cosa, que hora es?
Sabrina: Pues… La una y media. ¡Ay no, vamos a llegar tarde!
Ambos se pusieron a correr hasta llegar a clase, de casualidad el profesor no había llegado. Se sentaron por la zona del medio para que Milos estuviera agusto y para sentarse juntos.

Continuarà…

Jkookie

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Último recuerdo

Aquel día de invierno, lóbrego y gélido, tan difícil de olvidar y el que haría que ningún día fuese igual. Era una mañana cualquiera, silenciosa como todas las demás; sin embargo, algo distinto estaba por suceder.

Me desperté por unos sollozos que provenían del salón y eso me produjo una amarga sensación, que se volvió más sólida al ver las expresiones de mi hermana al hablar por el teléfono. No sabía con quién estaba hablando, así que esperé hasta que fuera a colgar. Me quedé observándola y las palabras que soltó después de ello, me arrebataron el aliento.

– Él… ya no está.- Su voz sonaba quebrada y débil.
– ¿Quién?- No pude evitar preguntar, a pesar de que ya sabía a qué se refería, pero no podía o no quería admitirlo. Sentía que si lo aceptaba se hacía real pese a que ya lo fuera.

No obtuve respuesta de su parte, ya que se fue llorando sin cesar hacia su habitación.
Sentí un terrible temor, era cierto, ya no iba a estar más. Me senté en el suelo del salón
haciéndome un ovillo, intentando asimilar la situación, sin embargo, no encontraba cómo
encarar todos los sentimientos que mi mente me estaba proporcionando.

Hacía ya tres meses que a mi hermano le habían detectado un cáncer en la pierna. Era un gran jugador de fútbol y una tarde, en un partido, se llevó un golpe justamente en el lugar donde estaba instalado ese pequeño monstruo. No le dio tanta importancia, hasta que ya llevaba más de una semana con ese insoportable dolor.

Mi madre extrañada y preocupada le llevó al hospital, nunca imaginamos lo que el médico nos iba a comunicar. Después de haberle hecho algunos exámenes, con cierta pena nos comentó sobre el tumor y nos explicó los tratamientos que iba a recibir a continuación. Por ese motivo lo tuvieron que internar en ese edificio, para poder tratar la enfermedad.

Íbamos a visitarlo casi cada día. Al principio no me preocupaba, lo veía bien, con una sonrisa, hablando con ánimos. Después cada vez fue peor, se le caían las cejas, el cabello, ya no sonreía, y parecía cada vez más cansado, sin fuerzas. No podía retener mis lágrimas, tenía miedo. A pesar de eso, intentaba no hacerlo delante de él, ya que si lo hacía, me decía:

– No quiero verte llorar. Sonríe, tienes una gran sonrisa. Y tienes que saber que, cuando no esté, siempre te cuidaré y te acompañaré.

No quería aceptar que se iba a ir, pero las esperanzas de que eso no sucediera eran escasas. Duró un tiempo más así. Para intentar que no siguiera evolucionando la enfermedad, le tuvieron que amputar la pierna, cosa que me rompió por dentro. Su sueño de ser futbolista poco a poco se iba apagando.

El tiempo no estaba a nuestro favor, cada vez era más horrible. El tumor hizo metástasis y no había muchas oportunidades de que pudiera salir de eso. Entonces mi hermana recibió esa llamada, esa devastadora llamada. Era mi madre, le estaba comunicando lo sucedido, como la muerte nos había arrebatado a nuestro ángel de diecisiete años.

La casa estaba vacía sin él. Los primeros días fueron los peores, quería ir a contarle de las cosas que me pasaban y luego me acordaba de que él ya no estaba. Era tan duro cargar con esa tortura diariamente, tan fuerte que ni siquiera quería levantarme más. Así que intenté no hacerlo, cerrar mis ojos hasta llegar al ocaso para que todo dejara de molestar, y así poder ir junto a él.

Killua

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Intruso

Cumple con estas cuatro palabras… “No confíes en nadie”. No dejes que pensamientos intrusos te invadan, no impidas la bondad. – Pensé con firmeza.

– Mira que te lo decía muy a menudo, sin embargo, no me hiciste caso.
Tal vez te acuerdes de cómo nos tratábamos, la confianza y el sentimiento entre los dos. Debería haber seguido así hasta hoy mismo, pero todo cambió. – Digo en voz alta mientras dejo caer una rosa que sostenía en las manos.

– Sabes, pocas veces he sentido lo que tú me has ayudado a experimentar. Tener las emociones a flor de piel. Aguantarme las ganas de abrazarte y decirte todo lo que eres para mí. Oler tu perfume placentero, que despierta aquellas cosquillas satisfactorias. Ese cabello platino de anuncio del que muchas veces te frustras porque no logras acomodar como quieres. El calor y la serenidad que transmite nuestra conexión. Todo y, de verdad, absolutamente todo lo que está relacionado contigo me pone la piel de gallina, ni te lo imaginas.
Me acuerdo como te sentabas en ese bar cerca de casa. Pierna derecha encima de la izquierda, sin olvidar los brazos en la falda y el cuello medio encogido para no destacar mucho. Así de pautado es mi amor. Para mí… Eras tú.

Hace relativamente poco que nos vimos, pues con todo lo que me pasó y el rato que estuve en… Bueno, el caso es que ya estamos de vuelta y sigues igual. De hecho, nunca dejé de pensar en ti. Lo que ocurrió es pasado, aunque puede que sigas un poco enfadada; y lo entiendo, me pasé. Pero hablemos de cómo has estado tú. Yo no tengo mucho que contar después de… Mejor cambiemos de tema, ¿no?, que por tus caras noto que no te gusta mucho hablar de ello.

Hoy, que por fin he conseguido el valor y la valentía de volver a ti, ¿no me dices nada? Vaya… Creía que lo habíamos superado. Pero como quieras… tampoco volveré, yo ya no estoy para tus tonterías, y menos cuando ni me respondes, ¿me entiendes? Venga… Pues nada, me dan igual tus caprichos y tú, en general… En mi vida vuelvo a confiar en alguien tan ingenuo como tú… que no me deja disfrutar de mis propios antojos y manías.

En fin… Ya te dejo descansar en paz, que no quiero molestarte y dejemos enterrado esto.   –Declaro mis pensamientos irritado.

Dobby

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HISTORIA DE AMOR EN BINALONG BAY

Hace un tiempo, había un pueblo lejano de Australia llamado Binalong Bay. Era muy hermoso y tranquilo gracias a sus habitantes. Un día, por una de las carreteras del pueblo apareció un BMW x5 de color blanco. Todos los habitantes de la ciudad se quedaron sorprendidos, ya que la única persona que tenía tanto dinero para comprarse ese tipo de coche era Juan Francisco, un anciano de unos 68 años, sin hijos. Por esa razón pensaron que era una persona solitaria, que no solía recibir visitas, o al menos eso lo pensaban todos, al ver al coche acercarse a la colina, donde vivía este anciano, se quedaron sorprendidos. Doña Florencia, una señora de 57 años, siguió al coche, para averiguar quién era la persona que conducía. Cuando el BMW se estacionó delante de la casa, el anciano salió. A Doña Florencia le pareció extraño ver a una joven de unos 24 años salir del vehículo. Doña Florencia se quedó asombrada al ver lo bonita que era. Cuando la escuchó hablar con Juan Francisco se acercó más a ellos, escondiéndose detrás de un arbusto. Juan Francisco y la desconocida empezaron a hablar.

Juan Francisco: Hola, ¿qué tal Sofía?
Sofía: Hola tío, bien, ¿y tú?
Juan Francisco: Muy bien, ¿que hace mi sobrina por mi casa?
Sofía: He venido a visitarte, tio.
Juan Francisco: Pasa, que hace frío aquí.

Cuando entraron dentro, Doña Florencia salió de los arbustos, no podía creer lo que había visto. Rápidamente, fue al pueblo para explicarles a todos lo sucedido. Al cabo de media hora toda la población ya sabía lo que había pasado, y quien era esa joven tan hermosa.
Al llegar, tocaron el timbre de Juan Francisco. Unos segundos más tarde él abrió la puerta. El vio que todo el pueblo estaba delante de su puerta , él ya sabía por qué venían, y dijo:
-Querido pueblo, ya se para qué han venido ustedes a tocar mi puerta. Pero os tengo que avisar de que mi sobrina ya está prometida con alguien de este pueblo, en breve se casarán.
Doña Florencia: Si es así, ¿por qué no está con ella en estos momentos?
Juan Francisco: ¿Así que fue usted quien le contó a todos los habitantes el chisme?
Sofía: No pasa nada tío, si quieren saber quien es mi prometido, se lo diré, es Matías.
Doña Florencia: Eso es imposible, ¡su familia es la más pobre de este pueblo!
Sofía: Eso a mí no me importa, hace unos años vine a este pueblo para ver a mi tío. Y vine
con un coche viejo de una de mis amigas, me perdí por las calles de este pueblo, y el único que fue amable y me ayudó fue el. Los demás decidisteis no ayudar a una pobre visitante que venía de visita a ver a su tío.
Doña Florencia: Yo no sabía que usted era la sobrina de Juan Francisco, o si no mi comportamiento hubiese sido muy distinto a usted, Sofía.
Sofía: No porque haya nacido de una familia adinerada, eso signifique que me tengan que
tratar bien. Sino que deberían tratar bien a cualquier visitante que venga a este hermoso pueblo.
Doña Florencia: ¿Pero por qué decidiste casarte con Matías?
Juan Francisco: Yo mismo estoy agradecido con Matías por haber ayudado a mi sobrina cuando estaba perdida, fue el único de este pueblo que la ayudó y respeto su decisión de casarse con él, porque Matías es una persona muy honesta y respetable.
Sofía: Y por eso he vuelto a este pueblo, para venir a buscar a mi tío, mi prometido y su familia y llevarlos a vivir a mi casa de Nueva York. Si me disculpa seguiremos recogiendo todas las pertenencias de la casa, buenas tardes.
Sofía entró con su tío en la casa. Al cabo de unas horas vino una furgoneta de mudanzas.

Después de terminar de vaciar la casa, fueron a la casa de Matías, para recoger sus cosas. Cada movimiento que hacía esa familia, el pueblo lo observaba atentamente y con cara de disgusto ya que nadie consiguió lo que quería. Cuando estuvo todo listo, se despidieron del
pueblo y se dirigieron al aeropuerto más cercano. Allí les esperaba un avión privado que les llevaría a Nueva York. Al cabo de 10 minutos el avión despegó, dejando atrás ese hermoso pueblo y a sus habitantes.

Rosa Roja

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Senna, la pirata de Alba Dea

Senna se levantó más tarde de lo que estaba acostumbrada, miró su escritorio y vió unas bolitas de arroz preparadas con una nota escrita rápidamente al lado del plato. Con cuidado, pilló la nota de la mesita y empezó a leerla: era una nota de Sett, estaba preocupado por ella porqué durante los días de entrenamiento, no comía debidamente y le asustaba que en algún momento, llegara a colapsar. En ese instante, Senna apretó la carta contra su pecho. Estaba totalmente enamorada de él, pero nunca se atrevió a decírselo y la carta le reconfortó sobre manera. Sett no solía ser tan atento y esa consideración, le hizo notar mariposas en el estómago. Una vez comidas las bolitas, se sintió revitalizada y salió corriendo de los camarotes.
Fuera, en el castillo de proa, estaba Sett entrenando juntamente con Lum y Wayne. Lum solía manejarse perfectamente con la espada, siendo la mejor de la marinería, Sett era el capitán y solía usar una alabarda, con la que una vez llegó a matar a cien enemigos él solo, sin la ayuda de su tripulación y Wayne, bueno…, Wayne era un caso perdido; no sabía ni cómo pillar el mango de la espada y solía hacerse daño en la muñeca, por los malos y bruscos gestos que hacía. Eso sí, su especialidad era la cocina, hacía los mejores estofados de toda la comarca y los habitantes de Alba Dea acudían a su taberna, para degustar y elogiar su comida. Pero un día llegaron los Zased del sur y desde los mares de Naparí, empezaron una guerra que no terminaría hasta dentro de seis años. El pueblo de Alba Dea
tuvieron que formar un ejército de piratas improvisado, para defender sus mares, el comercio y al pueblo de la guerra, haciendo que muchos locales se cerraran para entregarse a la causa; y eso hizo Wayne, convertirse en el cocinero de “Los Piratas de Alba Dea”.
Sett se quedó mirando detenidamente a Senna, y con tono enternecedor, le preguntó si se quería unir al entrenamiento. Senna no se lo pensó ni dos segundos, cogió el arco y empezó a hacer diana en unos barriles vacíos que tenían en el barco.
Al cabo de un rato, Lum y Wayne empezaron a estar cansados y dejaron solos a Sett y Senna en sus respectivos entrenamientos. Cuando él se dió cuenta de que los chicos se habían ido a sus habitaciones, Sett se acercó a Senna para ayudarla un poco con el arco, ya que era la segunda vez que entrenaba con él. Con un suave toque, puso su mano en el hombro izquierdo de Senna y la otra mano agarrando el arco, pillándola totalmente por sorpresa que, gracias a su ayuda, consiguió acertar en la diana más de siete flechas seguidas. Senna se lo quedó mirando detenidamente con ojos de asombro y los labios entreabiertos. Sett no podía evitar fijarse en su esbelta y alta figura, en su corto pelo blanco y sus ojos oceánicos haciendo que, con un sutil toque, le rozara los labios con su pulgar. Era la primera vez que Senna lo veía tan entregado a ella, haciendo que se sonrojara y evitase mirarlo directamente, pero con un rápido gesto, él le cogió las mejillas con las dos manos y la besó apasionadamente. Los dos se dejaron llevar por ese dulce momento quedándose sin aliento, seguidamente se miraron el uno al otro sin decir una palabra y se fundieron en un abrazo reconfortante. Pero de golpe y porrazo, Lum fue en dirección a donde estaban Sett y Senna, y les advirtió que se acercaba un barco de los Zased en su sentido. Se sobresaltaron y prepararon el armamento para hacerles frente, juntamente con las otras flotas de su bando.
Cuando se encontraron cara a cara con la flota de los Zased, no se lo pensaron ni un momento y empezaron a combatir. Lum y Sett se colaron en sus flotas para combatir cuerpo a cuerpo y, desde la distancia, Senna lanzaba flechas para defenderlos.
En el lado de los Zased, había un chico con pelo blanco y ojos azules. Él se quedó muy sorprendido al ver a Senna y les marcó alto al fuego a sus flotas, cruzó decidido por el tablón para llegar directamente a la atenta mirada de Senna. Con un gesto, el chico le besó la mano y le dijo: “Tandem inveni te, Alba Dea.” (por fin la hemos encontrado, Diosa Blanca).
Sett había escuchado de la leyenda de Alba Dea y es que se decía que una diosa se perdió en esas tierras buscando a su amado pero, sin éxito alguno. Al no encontrarlo, se entristeció tanto que de las lágrimas que salieron de sus mejillas, nacieron los mares de Naparí, donde en ese instante se estaba marcando la gran batalla. Pero, ¿por qué el chico había nombrado a Senna por ese nombre?
Al escuchar esas palabras del elegante chico, Senna quedó paralizada, ¿qué sabía el joven de la chica de pelo blanco y con apacible mirar?

Minerva Stones

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SLAVA UKRAINI

El conflicto en el que todo el mundo habla
Putin tirando bombas, destruyendo todo, tabla por tabla.

Bebés que nacen sin médicos,
niños y niñas con sus abuelos.

Nadie gana cuando hay gente perdiendo sus vidas
soldados y soldadas haciendo sus últimas despedidas.
gente huyendo y dejando todo lo que tienen atrás,

para tener la paz una vez más.

coronavirus enseñó al mundo a mantenerse unido,
desgraciadamente Ucrania fue el escogido,

¿Cómo es que aún tenemos líderes como Putin?
Que no sabe que violencia no es la respuesta,
yo estando lejos, sin ser ucraniano que aún se manifiesta.
estamos en 2022 como estamos tan atrás,
fuerza Ucrania que seguro ganarás.
España comparado con Rusia puede ser mini
pero hasta la muerte todos diremos, SLAVA UKRAINI.

KOONER

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QUIÉN PUDIERA

Ya no tengo fuerzas para combatir,
siento dolor y no estuve contigo.
Desapareció aquello que me hacías sentir
y la fuerza de tu mirada se ha convertido en un castigo.

Los ojos con los que me miras
no eran los que veía yo.
Eras las tiritas de mis heridas,
esas que nadie más me dió.

Eras las luces de mi mundo,
eras la ayuda para evitar la migraña.
De nuevo he caído en un miedo profundo,
un miedo que me acompaña.

Quién pudiera,
quién pudiera sanar esta pena.
Quién pudiera,

quién pudiera evitar esta condena.

– Iglesias

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Otro escrito de amor

Este es otro escrito de amor,

un amor distante como los pétalos de un cerezo.

¿Un amor bien cuidado?
marchitado.
Un cerezo torcido,
en una pendiente atado.
Los pétalos sólo caen en una dirección.
Se disuelven tras la sigilosa brisa.
Un cerezo en otoño,
un cerezo al fin sin flores.
Y todo el mundo sabe,

que poco a poco se consumirá esa belleza aparente.

Cuando el frío infernal lo congele,
cuando las ramas se desprendan,
el cerezo morirá.
Y la ilusión permanente,
rápidamente se esfumará.

Kite

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