QUIÉN PUDIERA

Ya no tengo fuerzas para combatir,
siento dolor y no estuve contigo.
Desapareció aquello que me hacías sentir
y la fuerza de tu mirada se ha convertido en un castigo.

Los ojos con los que me miras
no eran los que veía yo.
Eras las tiritas de mis heridas,
esas que nadie más me dió.

Eras las luces de mi mundo,
eras la ayuda para evitar la migraña.
De nuevo he caído en un miedo profundo,
un miedo que me acompaña.

Quién pudiera,
quién pudiera sanar esta pena.
Quién pudiera,

quién pudiera evitar esta condena.

– Iglesias

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