Resignación

Érase una vez, en un pueblo en la nada, había un niño llamado Resignación.
Vivía en una época de guerras y bombardeos, siempre viendo la violencia desde la ventana de su hogar.
Él ya estaba acostumbrado, desde que nació ese pueblo vivía en esa triste situación que no parecía tener un final próximo.
El pequeño sufría mucho, muchas veces decidido a no comer, no salir de su casa, incluso de no dormir para no seguir sufriendo como hasta ahora.
Cada día él era capaz de ver el cielo gris por culpa de la contaminación y las bombas. Desde su ventana, también era capaz de ver a la gente sufriendo y muriendo en las calles, mostrando cada día la tragedia que vivía el pueblo día a día por la guerra de unos pocos.
La madre de Resignación, una buena mujer, desde el comienzo de la guerra siempre servía a los demás refugiando a heridos en casa, ayudándolos y curándolos. Por esto, el niño, estaba acostumbrado a ver la muerte de cerca, ya que veía como en su propia casa, la gente dejaba de resistir la situación.
Un día de esos, en los que el niño sufría demasiado, escondido bajo la mesa, llorando alto para no oír su entorno, un herido de guerra le llamó con una extraña suavidad, preguntándole el motivo de sus lágrimas. El pequeño, de manera cruda, no titubeó al contestar que estaba harto, que no quería vivir si esta iba a ser su vida. El herido, se mostró sorprendido de las palabras de Resignación – ¿y qué has hecho tú para cambiar esta situación? – ¿Qué hemos hecho para cambiarla, eh?
El chico lo miró, petrificado, examinando palabra por palabra las preguntas, y es que era verdad, desde que él nació, solo fue capaz de ver a la gente huyendo, sufriendo y resignados a vivir en guerras que no eran suyas, nada más.

Alluka

Aquest article ha estat publicat en Categoria 1, General, Prosa en castellà. Afegeix a les adreces d'interès l'enllaç permanent.

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà Els camps necessaris estan marcats amb *