Senna, la pirata de Alba Dea

Senna se levantó más tarde de lo que estaba acostumbrada, miró su escritorio y vió unas bolitas de arroz preparadas con una nota escrita rápidamente al lado del plato. Con cuidado, pilló la nota de la mesita y empezó a leerla: era una nota de Sett, estaba preocupado por ella porqué durante los días de entrenamiento, no comía debidamente y le asustaba que en algún momento, llegara a colapsar. En ese instante, Senna apretó la carta contra su pecho. Estaba totalmente enamorada de él, pero nunca se atrevió a decírselo y la carta le reconfortó sobre manera. Sett no solía ser tan atento y esa consideración, le hizo notar mariposas en el estómago. Una vez comidas las bolitas, se sintió revitalizada y salió corriendo de los camarotes.
Fuera, en el castillo de proa, estaba Sett entrenando juntamente con Lum y Wayne. Lum solía manejarse perfectamente con la espada, siendo la mejor de la marinería, Sett era el capitán y solía usar una alabarda, con la que una vez llegó a matar a cien enemigos él solo, sin la ayuda de su tripulación y Wayne, bueno…, Wayne era un caso perdido; no sabía ni cómo pillar el mango de la espada y solía hacerse daño en la muñeca, por los malos y bruscos gestos que hacía. Eso sí, su especialidad era la cocina, hacía los mejores estofados de toda la comarca y los habitantes de Alba Dea acudían a su taberna, para degustar y elogiar su comida. Pero un día llegaron los Zased del sur y desde los mares de Naparí, empezaron una guerra que no terminaría hasta dentro de seis años. El pueblo de Alba Dea
tuvieron que formar un ejército de piratas improvisado, para defender sus mares, el comercio y al pueblo de la guerra, haciendo que muchos locales se cerraran para entregarse a la causa; y eso hizo Wayne, convertirse en el cocinero de “Los Piratas de Alba Dea”.
Sett se quedó mirando detenidamente a Senna, y con tono enternecedor, le preguntó si se quería unir al entrenamiento. Senna no se lo pensó ni dos segundos, cogió el arco y empezó a hacer diana en unos barriles vacíos que tenían en el barco.
Al cabo de un rato, Lum y Wayne empezaron a estar cansados y dejaron solos a Sett y Senna en sus respectivos entrenamientos. Cuando él se dió cuenta de que los chicos se habían ido a sus habitaciones, Sett se acercó a Senna para ayudarla un poco con el arco, ya que era la segunda vez que entrenaba con él. Con un suave toque, puso su mano en el hombro izquierdo de Senna y la otra mano agarrando el arco, pillándola totalmente por sorpresa que, gracias a su ayuda, consiguió acertar en la diana más de siete flechas seguidas. Senna se lo quedó mirando detenidamente con ojos de asombro y los labios entreabiertos. Sett no podía evitar fijarse en su esbelta y alta figura, en su corto pelo blanco y sus ojos oceánicos haciendo que, con un sutil toque, le rozara los labios con su pulgar. Era la primera vez que Senna lo veía tan entregado a ella, haciendo que se sonrojara y evitase mirarlo directamente, pero con un rápido gesto, él le cogió las mejillas con las dos manos y la besó apasionadamente. Los dos se dejaron llevar por ese dulce momento quedándose sin aliento, seguidamente se miraron el uno al otro sin decir una palabra y se fundieron en un abrazo reconfortante. Pero de golpe y porrazo, Lum fue en dirección a donde estaban Sett y Senna, y les advirtió que se acercaba un barco de los Zased en su sentido. Se sobresaltaron y prepararon el armamento para hacerles frente, juntamente con las otras flotas de su bando.
Cuando se encontraron cara a cara con la flota de los Zased, no se lo pensaron ni un momento y empezaron a combatir. Lum y Sett se colaron en sus flotas para combatir cuerpo a cuerpo y, desde la distancia, Senna lanzaba flechas para defenderlos.
En el lado de los Zased, había un chico con pelo blanco y ojos azules. Él se quedó muy sorprendido al ver a Senna y les marcó alto al fuego a sus flotas, cruzó decidido por el tablón para llegar directamente a la atenta mirada de Senna. Con un gesto, el chico le besó la mano y le dijo: “Tandem inveni te, Alba Dea.” (por fin la hemos encontrado, Diosa Blanca).
Sett había escuchado de la leyenda de Alba Dea y es que se decía que una diosa se perdió en esas tierras buscando a su amado pero, sin éxito alguno. Al no encontrarlo, se entristeció tanto que de las lágrimas que salieron de sus mejillas, nacieron los mares de Naparí, donde en ese instante se estaba marcando la gran batalla. Pero, ¿por qué el chico había nombrado a Senna por ese nombre?
Al escuchar esas palabras del elegante chico, Senna quedó paralizada, ¿qué sabía el joven de la chica de pelo blanco y con apacible mirar?

Minerva Stones

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