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Bautizo químico

iupacEn esta Semana de la Ciencia en que nuestro centro se halla inmerso, nada más oportuno para hermanar dos ciencias tan dispares como la química y la lingüística que la noticia de que, durante estos días, la IUPAC (Unión Internacional de Química Pura y Aplicada) está finalizando el proceso de revisión de las propuestas de nombres para los elementos químicos de número atómico 113, 115, 117 y 118. En inglés, los nombres propuestos son nihonium, moscovium, tennessine y oganesson. De ser estos los sancionados, como parece ser, ¿cuáles deberán ser sus respectivas traducciones al castellano?

Según defiende la Fundéu (Fundación del Español Urgente), organismo patrocinado por la agencia de noticias Efe y el BBVA, y asesorada por la RAE, los elementos nihonium moscovium podrían adaptarse como nihonio y moscovio, respectivamente, según la norma general de dar la terminación en –io, de modo similar a laurencio. En cambio, las adaptaciones para tennessine y oganesson suponen casos especiales de adaptación.

En el primer caso la grafía más cercana por calco sería tenesino. No obstante, así como en inglés el sufijo –ine corresponde a los elementos del grupo de los halógenos (chlorine, astatine, iodine…), en español tal correspondencia se efectúa con la terminación -o (cloro, astato, ástato, yodo), por lo que el nombre más adecuado para este elemento habría de ser teneso o téneso .

En el segundo caso, el del elemento oganesson, el calco resultante debería implicar un cambio en la tonicidad de la palabra, pues lo más acertado sería llamarlo oganesón, voz aguda con el sufijo –ón, como corresponde a los gases nobles (neón, xenón…).

Asimismo, la IUPAC sancionará los símbolos correspondientes que serán, respectivamente, Nh, Mc, Ts y Og (recuérdese que los símbolos, contrariamente a lo que sucede con las abreviaturas, no rematan su escritura con un punto).

Por último, cabe destacar que los cuatro nombres propuestos son epónimos. En concreto, tres se originan en topónimos: Tenesse, estado norteamericano; Moscú, capital rusa; y Nihon, ‘Japón’ en la lengua propia de ese país. El cuarto elemento se origina en un antropónimo y recuerda al físico ruso Yuri Oganessian.