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Ni una más

Lo había conocido una tibia tarde de otoño, a la hora mágica en que el sol doraba, malheridas en los árboles o muertas en las aceras, las hojas caducas de los plataneros del vecindario. Se enamoró enseguida de sus ojos de hombre y su boca de hombre, de sus pies de hombre y sus manos de hombre. Luego vendrían la mirada y los susurros, el andar y las caricias, y ese cuidado exquisito que él iba a poner en todo lo que fuese destinado a ella.

Siete otoños habían acontecido desde entonces. Y siete inviernos, siete primaveras y seis veranos. Y algunas discusiones. Y algunas manos alzadas también. Resultaba difícil ahora saber en qué estación de qué año se alzó la primera antes de caer con violencia y lacerar su rostro asustado. «Con lo que yo te quiero», dijo aquella primera vez y las que la sucedieron.

«Con lo que yo te quiero», le había oído decir también ahora, mientras notaba cómo le faltaba el aire, cómo se comprimían sus carótidas y se aplastaba su tráquea bajo la presión animal de aquellas manos, las mismas de las que ella se había enamorado una vez, durante cierto otoño de hojas muertas en las aceras.

Hojas muertas, de Gonzalo Montesierra

… «Y dejó de escribir» (versiones de un microrrelato)

... «Y dejó de escribir». MICRORRELATOSUna belleza que nadie podrá palpar

VERSIÓN PRIMERA (original de Liana):

 ➡ Érase un escritor de literatura fantástica cuyo objetivo era demostrar y explicar la belleza intangible.

Éste, un día lluvioso, vio la luz, y no es que saliera el sol, ni que se preparara el escritor para ir con Dios, sino que la vio a ella, tan bella y reluciente cual ángel bajando del cielo. Tanta fue la admiración por la muchacha, que se enamoró de ella, pero no por su belleza externa, sino por la interna, esa belleza intangible que la hacía especial, única…

El escritor, enamorado, dejó de escribir aventuras fantásticas pues, a su lado, tenía a la mayor de todas, y gracias a ella no le hacía falta viajar muy lejos para vivir fantasías.

VERSIONES SEGUNDA Y TERCERA (originales de Tania):

 ➡ Dejó de escribir fantasía cuando su mente sólo podía imaginarla a ella.

➡ Para qué imaginar mundos nuevos, si este es perfecto junto a ella.

VERSIÓN CUARTA (original de Laia):

➡ ¿Por qué?  Porque, al verte, supe que eras tú mi única razón.  Ya no hace falta imaginarte,  porque te tengo.  Te miro,  te huelo,  te siento… Eres mía. Qué loco seria imaginar otro mundo sin tus caricias, sin tus besos, sin tus susurros.  Insólito sería imaginar algo más perfecto que un mundo sin ti, si eres tú un mundo perfecto para mí.

 VERSIÓN QUINTA (original de Khadija):

 ➡ Leía en el periódico: “El famoso escritor de fantasía Castle deja de escribir”. Cerré los ojos e imaginé que no podía ser por otra cosa que no fuese que su afición le llevara a fantasear un mundo sin ella.

 VERSIÓN SEXTA (original de Matías):

 ➡ Era el primer atardecer de agosto y Antonio, como cada día, fue a dar un paseo por el parque que más cerca estaba de su casa, aprovechando el viaje para comprar el periódico deportivo que a su padre le gustaba leer por las noches. Un hombre con una vida monótona pero agradable, como él, no se imaginaba lo que le esperaba en unos instantes.

Una chica joven, con su llamativa bicicleta, tropezó con un banco de aquel parque. Antonio, preocupado, fue velozmente a socorrerla y, al ver su rostro, no deseó nada más desde aquel momento. Era de repente, lo que más necesitaba y sin quererlo, Antonio, se había enamorado perdidamente de ella.

 VERSIÓN SÉPTIMA (original de Pooja):

 ➡ Era un viernes muy tranquilo, muy normal, otro más. Necesitaba salir fuera, necesitaba relajarme. Pero nunca tuve la idea de que, al salir fuera, perdería la cosa que más he estado amando, que es escribir, escribir y escribir y conseguiría el amor de mi vida, a mi amada.

Taller de microrrelatos variables

microrrelatos

Microrrelatos de Cristina:

  1. Estás en casa, es de noche y apagas la última luz. Qué extraño, de pronto todo desaparece.
  2. Hoy, después de comer, he retirado el mantel, he lavado todos los platos y un día estaré muerto.
  3. Los niños entraron a su casa y destrozaron las jaulas, el padre había encontrado los cuerpos muertos y los había enterrado en el jardín. Los pájaros no regresaron nunca.
Microrrelatos de Álvaro:
  1. Yo digo, tú dices, él dice, nosotros decimos, vosotros decíais…
  2. No soy Abril porque todo comenzó en mayo…
  3. Alzó el cuchillo con ira, se inclinó sobre él, y…

Microrrelatos de Dimitri:

  1. Cuando terminó, el público permanecía callado. «Pero ¿cómo lo hizo?», preguntó una chica.
  2. Un día, un hombre se levantó como siempre, comió, fue al trabajo y, haciendo cosas en la fábrica, se preguntó a sí mismo: «¿Por qué hago esto?  Soy pobre, mi vida es un desastre. ¿Por qué no la cambio?»  Al siguiente día, por la mañana, abandonó su pueblo y fue a un bosque muy lejos, donde finalmente se quedó, feliz porque era libre, descansaba cuando quería y comía cuando quería. De modo que se quedó allí para siempre.
  3. ¡¡Zzzzzzzzchoou!! Y de repente, el árbol cayó sobre la casa. —¡Ups! —dijo el leñador.
  4. Es lunes. Un chico despierta con muy mal humor y piensa que tendrá que ir toda la semana a la escuela; abre la ventana y ve ¡nieve! —¡No podré ir!

Microrrelato de Adrià:

  1. Está uno en el laboratorio y ¡puf!

Microrrelato de Álex:

  1. Un hombre tenía que morir para subir al cielo. Se suicidó y, cuando hubo subido, se cayó por un agujero.

Microrrelato de Goldy

  1. Un chico que se llama Elías le estaba contando a su amigo un secreto que nadie de su familia sabía. Y ese secreto era que él había robado en una tienda y, justo en ese momento, ve que su hermano le ha escuchado y va corriendo a la habitación de su madre. Y va el chico y le dice a su madre: —Mama, ¿sabes qué? —¿Qué? —Elías está comiendo chocolate después de que tú le dijeras que no. Elías, asustado, ríe.

Microrrelato de Sebastian

  1. Había un chico que tenía los dientes tan blancos y era tan guapo que cualquier chica que lo veía se desmayaba. Jamás llegó a casarse.

Cincuentenario chocolatero

charlie-y-la-fabrica-de-chocolateEs posible que ya hayas leído esta maravillosa novela, escrita por Roald Dahl en 1964, es decir, hace ahora cincuenta años. Si aún no lo has hecho, te recomiendo que lo hagas; es una lectura de la que se disfruta, seguro. Y, cuando la tengas leída y reposada, te recomiendo también que veas la versión cinematográfica de la historia. O versiones, pues son dos las películas existentes: una, de 1971, dirigida por Mel Stuart y protagonizada por  el inefable Gene Wilder en el papel de Willy Wonka; y otra, más reciente, de 2005, dirigida por Tim Burton y protagonizada por Johnny Depp.

Por esta razón volvieron las moscas

Por esta razón volvieron las moscas

En el santoral, el 29 de octubre se halla consagrado a san Narciso, patrón de la ciudad de Gerona. Y la creencia popular dicta que, en este su día, el santo se lleva a todas las moscas que quedan.

A continuación, podéis leer esta original leyenda de Alexandra Petrescu (3A3), la cual viene a dar explicación de por qué, en realidad, después del día de ayer, todavía sigue habiendo moscas que sobrevuelan nuestras cabezas:

En Gerona, vivía una familia que tenía dos hijos. Al más pequeño no le gustaba mucho jugar con sus juguetes, pero le apasionaba salir a cazar moscas y jugar con ellas sin hacerles ningún mal. Cuando se enteró de que San Narciso se las estaba llevando todas, pensó en hablar con él para poder volver a cazarlas y no dejar de jugar con ellas jamás. El trato que decidieron San Narciso y el pequeño fue que el santo le iría guardando, en una casita de un bosque, algunas moscas; pero, poco a poco, para que así ninguno de los ciudadanos se enterara. Además, el pequeño ya tendría cuidado de que nadie le descubriera.

Todos los días iba a jugar con ellas, disfrutando de cada momento, hasta que un día vio que era demasiado tarde y debía regresar a casa. Con rapidez, salió de la casa dejando la puerta entreabierta. A la mañana siguiente, toda Gerona estaba llena de moscas. Y hoy en día el pequeño ya no puede hacer nada para volver a encerrarlas.

Microrrelatos (1A2)

Este pasado Sant Jordi, se convocó un concurso de microrrelatos en los cuales debía figurar la expresión “En aquel momento, decidió que, cuando volviese a verlo/la, le sonreiría”. Muchos sois quienes redactasteis vuestro microrrelato como ejercicio de clase, pero que, con posterioridad, no lo presentasteis a concurso. Como quiera que la mayoría son de una calidad destacable, he querido seleccionar algunos para mostrarlos aquí. Son estas tres excelentes joyitas literarias:

Ella era simpática, guapa, amable; era la chica perfecta. Él no la conocía, pero estaba fascinado. Un día, chocaron; a la chica, se le cayeron los libros; los dos juntos los recogieron. En aquel momento, decidió que, cuando volviese a verla, le sonreiría. (Guillem Sánchez).

Y él sintió que, sin ella, sus abrazos estaban vacíos; que, sin ella, sus ojos no tenían qué mirar. En aquel momento, decidió que, cuando volviese a verla, le sonreiría. (María Rodríguez).

Él decidió que, cuando volviese a verla, le sonreiría; pero no se atrevió. (Laia Ramos).

“El robo de mi herencia”, por María Rodríguez (1A2)

El otro día, en clase de lengua castellana, todos los alumnos se convirtieron por unos momentos en Dashiell Hammett, Agatha Christie o Raymond Chandler. Cada cual redactó su propia historia acerca de un robo. Esta que a continuación puede leerse es la de María. Con ella, la autora trata de dejar claro que  la violencia nunca puede ser la solución.

«Me han robado 2.000.000 €. Tengo que recuperar lo que me han robado porque era toda la herencia que poseía.

Tenía un sospechoso. ¿Podría haber sido mi cruel hermano? Él estaba muy celoso, ya que yo me llevaba más parte de la herencia. Seguí a mi hermano a todas partes, siempre tenía un disfraz puesto (de policía, de cocinero…); pero un día mi hermano se mudó y, como no tenía confianza con él, no supe dónde estaba, así que le perdí la pista. No obstante, gracias a mi sobrino, con el que sí tenía mucha confianza ya que hablábamos a escondidas de mi hermano, supe donde vivía.
Llegó el día de enfrentarme a mi hermano. Nos batimos en duelo con una pistola cada uno. Mi hermano, muy astuto, intentaba despistarme; pero no pudo. Después de dos horas de combate, lo maté y pude recuperar los 2.000.000 €. Sin embargo, su mujer, envidiosa de que me llevase los 2.000.000 €, me disparó y me mató».

Un cuento para Snoopy, por Guillem Sánchez (1A2)

Tras haber leído en clase la tira cómica, ignorábamos si en la biblioteca existía algún volumen que contuviese una historia con una línea argumental como la que  Charly solicita y Snoopy desea. De modo que nos hemos puesto manos al boli para escribir una historia que pueda complacer a estos simpáticos personajes. Esta que a continuación sigue es la que firma Guillem Sánchez:

«Érase una vez una bella princesa que leía cuentos sobre sapos que se convertían en príncipes con besos de princesas. La princesa se sentía muy sola y quería casarse con un hermoso príncipe.

Un buen día, un sapo se coló en su habitación, y ella, fascinada por los cuentos que tanto había leído, lo besó. Entonces, el sapo se convirtió en un príncipe; pero la pobre princesa se convirtió en un gran perro de blanca melena. El príncipe le contó a la princesa que un malvado brujo, al cual él mismo mandó a la cárcel, le había lanzado esa maldición, y que no se podía curar. La princesa poco a poco se fue adaptando y se acabó convirtiendo en la mascota más querida del castillo. Pero, un día, la princesa se miró en uno de los múltiples espejos que había en el enrome castillo y dijo:

—¡Ay, espejito, espejito, cómo me gustaría volver a ser la misma de antes…!

Y, de repente, su deseo se cumplió. La princesa fue corriendo a contárselo al príncipe, al cual amaba; pero, para su sorpresa, este estaba pidiendo matrimonio a una bella princesa del norte. Entonces, la princesa regresó llorando a su habitación y dio tal portazo que se quedó encerrada. Y dicen que aún sigue allí, llorando por el dolor de su amor perdido».

La historia posee un desenlace ciertamente triste; pero, aun así,  suponemos que a Charly y a Snoopy les gustará muchísimo.