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Ada(m/n)ismo

adamismo

Esta semana los bachilleres de primer curso han tenido que vérselas con el diccionario en línea. Lo que parecía que iba a ser un simple ejercicio de consulta, en realidad tenía su intríngulis. El ejercicio en cuestión consistía en exponer cuál es la diferencia de significado existente, según el DRAE, entre los términos parónimos adamismo y adanismo.

La respuesta exacta es aquella que señala a la acepción segunda de adanismo, esto es, la que hace referencia a la práctica del desnudismo, como exclusiva de esta voz, mientras que el resto de acepciones de ambas expresiones son de uso compartido o indiscriminado.

Las tres preguntas surgidas del EDL

european-languages-number-of-speakersHoy, durante una de las clases de 1.º de bachillerato, al hablar acerca del Día Europeo de las Lenguas, se me ha ocurrido preguntar si alguien sabía cuál es la palabra más larga del castellano (traducida, también lo es del catalán). Siempre hay quien se lanza al celebérrimo, aunque poco productivo comunicacionalmente, supercalifragilísticoespialidoso, el cual, claro está, no puede darse enteramente como acierto. Nadie ha apostado, sin embargo, por otro palabro hiperbólicamente polisílabo: hipopotomonstrosesquipedaliofobia. Y digo “sin embargo” porque son muchos los alumnos de esta promoción que en algún momento de sus vidas escolares recientes me la han oído decir a mí durante algún paréntesis jocoso.

En fin, que comentario tras comentario, esta mañana he acabado por formular tres preguntas que se están convirtiendo, mientras yo voy poniendo negro sobre blanco, en los primeros deberes TIC del curso. Allá van:

  1. ¿Cuál es la palabra más larga del castellano?
  2. ¿Cuál es la palabra más larga de las lenguas europeas?
  3. ¿Por qué es poco menos que imposible que el castellano posea la palabra más larga de las lenguas europeas?
(Los datos del mapa no están debidamente actualizados)

Nuestra palabra del año

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En las postrimerías del año, la Fundéu (Fundación del Español Urgente), organismo patrocinado por la agencia de noticias Efe y el BBVA, y asesorada por la RAE, elige, de entre sus más de 200 recomendaciones lingüísticas anuales, la palabra del año en España. En 2013, por ejemplo, la palabra escogida fue escrache; en, 2014, el calco por adaptación selfi; y el año pasado, la aún vigente (y candente) refugiado.

Por su parte, el diccionario Oxford hace lo propio en el Reino Unido. Y lo hace antes, de modo que ya tenemos la palabra del año 2016 en inglés: post-truth ‘posverdad’. El término es relativo a aquellas «circunstancias en las que los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones y las creencias personales». De hecho, acontecimientos tan recientes como el brexit o el advenimiento inminente de Trump a la presidencia de los EE. UU., en los que, sin duda, la posverdad se ha revelado y seguirá revelándose tan crudamente, han jugado un papel importante en la elección de esta palabra.

Os invito, apreciados alumnos, a que propongáis y justifiquéis, en forma de comentario a esta entrada,  cuál podría ser, según vuestro parecer, la palabra del 2016 en español.

Bautizo químico

iupacEn esta Semana de la Ciencia en que nuestro centro se halla inmerso, nada más oportuno para hermanar dos ciencias tan dispares como la química y la lingüística que la noticia de que, durante estos días, la IUPAC (Unión Internacional de Química Pura y Aplicada) está finalizando el proceso de revisión de las propuestas de nombres para los elementos químicos de número atómico 113, 115, 117 y 118. En inglés, los nombres propuestos son nihonium, moscovium, tennessine y oganesson. De ser estos los sancionados, como parece ser, ¿cuáles deberán ser sus respectivas traducciones al castellano?

Según defiende la Fundéu (Fundación del Español Urgente), organismo patrocinado por la agencia de noticias Efe y el BBVA, y asesorada por la RAE, los elementos nihonium moscovium podrían adaptarse como nihonio y moscovio, respectivamente, según la norma general de dar la terminación en –io, de modo similar a laurencio. En cambio, las adaptaciones para tennessine y oganesson suponen casos especiales de adaptación.

En el primer caso la grafía más cercana por calco sería tenesino. No obstante, así como en inglés el sufijo –ine corresponde a los elementos del grupo de los halógenos (chlorine, astatine, iodine…), en español tal correspondencia se efectúa con la terminación -o (cloro, astato, ástato, yodo), por lo que el nombre más adecuado para este elemento habría de ser teneso o téneso .

En el segundo caso, el del elemento oganesson, el calco resultante debería implicar un cambio en la tonicidad de la palabra, pues lo más acertado sería llamarlo oganesón, voz aguda con el sufijo –ón, como corresponde a los gases nobles (neón, xenón…).

Asimismo, la IUPAC sancionará los símbolos correspondientes que serán, respectivamente, Nh, Mc, Ts y Og (recuérdese que los símbolos, contrariamente a lo que sucede con las abreviaturas, no rematan su escritura con un punto).

Por último, cabe destacar que los cuatro nombres propuestos son epónimos. En concreto, tres se originan en topónimos: Tenesse, estado norteamericano; Moscú, capital rusa; y Nihon, ‘Japón’ en la lengua propia de ese país. El cuarto elemento se origina en un antropónimo y recuerda al físico ruso Yuri Oganessian.