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Cadáver exquisito

El otro día, en la clase de 4.º A3, los alumnos  dieron a luz un cadavre exquis. Un cadáver exquisito sano e improvisado que nació del ingenio y la sensibilidad de estos estudiantes metidos por un momento, durante una tibia mañana preprimaveral, a hacedores de versos por “contagio mental”.

Hay quien dijo que un cadáver exquisito tiene la facultad de revelar la realidad inconsciente del grupo que lo ha creado, en concreto los aspectos no verbalizados de la angustia y el deseo de sus miembros, en relación con el posicionamiento afectivo dentro del mismo.  Hay también quien observó que el juego funciona como un barómetro de los contagios intelectuales dentro del círculo de creadores.  No sé hasta qué punto los siguientes versos muestran la permeabilidad afectiva de cuantos en este han participado ni hasta qué punto es reconocible la autoría individual de cada uno de ellos.  Sí sé que se obró con entusiasmo y conjuntamente y que es, por tanto, su “poema al alimón” —como Lorca y Neruda gustaban llamar a estas juguetonas composiciones literarias—.

Como el prístino verso surrealista decía: Le cadavre exquis boira le vin nouveau. Bon appétit y helo aquí:

La muerte es el final de la vida
vive el día a día y no el mañana del ayer
la vida es un misterio para todos
y no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy
son más bellos los sueños de los locos que los del hombre sabio
saber es vivir
vivir es no pensar, actuar
qué importa que me engañes si luego me sonríes
soñar es vivir tu cuento
porque aunque la vida parezca de miel es amarga
el cielo es azul
perdida en este mar de pensamientos
amarillo el sol
dibujando estrellas de un negro cielo
con mi tutú en lo alto del cielo
tu aura sin color

Hasta siempre y para siempre, Ayala.

Francisco Ayala

“Soy un cómico que lleva años esperando a que se baje el telón, pero no termina de bajarse”. Hace apenas un par de años, Francisco Ayala se refería con estas palabras a su longevidad, cuyo telón, al fin, ha bajado este 3 de noviembre, apenas superada la hora meridiana.

103 años, como l’àvia Pepeta. Pero l’àvia, cuyo físico envidian los robles, ha ido perdiendo de su memoria lugares y personas (a algunas ni siquiera las ha llegado a incorporar nunca). En cambio, al insigne escritor ha sido el cuerpo el que no le ha resistido, pues, de cabeza, seguía lúcido como siempre.

“La literatura es lo esencial”, dijo una cien veces Francisco Ayala. Hoy, recordándolo, pienso en aquella célebre cita de El Principito, de Saint-Exupéry: “Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos”. Y se me aviene un silogismo: lo esencial es invisible para los ojos y sólo se puede ver bien con el corazón; lo esencial es la literatura; ergo, hemos de saber leer con el corazón.

¡Qué bien se explica el disgusto por la lectura que cunde por las aulas, entre adolescentes!

Hasta siempre, Ayala.

Ayala, para siempre.