Sant Jordi confinado

Imagen de StockSnap en Pixabay

Pasado mañana es el día de Sant Jordi, que, como sabéis, es también el día del libro, de las rosas y del amor. Este año, habremos de conmemorarlo de manera distinta, sin duda; pero que no podamos pasear bajo el sol entre los tenderetes de unas librerías y unas floristerías que no habrán de estar no significa que hayamos de renunciar ni a la lectura ni, por supuesto, al amor. Ni siquiera hemos de renunciar a regalar un libro o una rosa a nuestro ser amado; solo hemos de decidir la forma en que lo haremos. Por ejemplo, yo, desde la querencia que os profeso, os regalo este libro de G. A. Bécquer, en el que se encuentra esta celebérrima Rima XXXVIII:

Los suspiros son aire, y van al aire.
Las lágrimas son agua, y van al mar.
Dime, mujer: cuando el amor se olvida,
¿Sabes tú adónde va?

Internet está bien nutrido de libros digitales en distintos formatos de lectura y de audio. Podemos regalar un libro digital comprado en una librería virtual, podemos regalar un libro de dominio público enlazado o descargado gratuitamente o, incluso, podemos empezar a escribir en un documento de texto el nuestro y compartir con nuestro ser amado su primer poema o sus primeros renglones junto al grueso de páginas electrónicas aún en blanco, todavía por escribir…

En cuanto a las rosas, si no podemos hacer llegar la frescura de aquella que ha sido cortada del rosal, regalemos una que hayamos diseñado, construido, moldeado, dibujado… con amor. El sentimiento hará que nuestra mayor o menor habilidad sea lo de menos. Yo os propongo esta que enlazo aquí o, aquí.

De hecho, por no renunciar, es posible que ni siquiera tengamos que hacerlo a las dedicatorias de los libros que compremos. En este enlace, podréis descargaros las dedicatorias de muchos de los autores que hubiésemos encontrado a pie de calle si el confinamiento no nos lo hubiese impedido.

Y como dirían nuestras encantadoras excompañeras del Rincón Lírico, «Guardad cada pétalo de la rosa que os regalen en el libro que os den y, sobre todo, en el corazón que vosotros entregáis». Poco importará entonces que la rosa sea natural, de papel o pura metáfora emocional.

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