HISTERIA

La mujer pasaba horas mirando aquella pared. Aquella pared estaba vestida por un tapiz amarillento. Aquel tapiz amarillento fue comprado por su esposo cuando viajó a la India. Su marido no sabía lo que ocurría con aquel tapiz , pero su mujer era completamente consciente de lo que le ocurría al tapiz.

Mientras hacía las tareas del limpieza por la casa, se detuvo por un instante en medio del silencio reinante en el lujoso comedor principal. Detrás del sofá estaba el tapiz que su marido importó cuando hizo un viaje de negocios a India. Escuchó un golpe procedente de la pared y se giró súbitamente con una mano en el pecho. Ladeó la cabeza escudriñando el tapiz de formas amarillentas y exóticas. Una forma, como una protuberancia en el papel, se formó en el tapiz. Se acercó vacilante al tapiz. Pensó que era su imaginación, una deformación visual encima del tapiz amarillento. Al tocarlo pudo notar cómo la forma se movía más y más, así que soltó una sonrisa y continuó hipnotizada mirando el tapiz. Pasó el día entero mirándolo, como si un espectáculo de magia se tratara.

Al final su marido llegó al hogar y la vio concentrada en el tapiz amarillento. Le preguntó que qué hacía a esas horas de la noche. La trató de mover para llevarla a la cama, pero ésta trató de zafarse, gritó como una poseída para que la soltara.

A partir de entonces enloqueció, nadie supo cómo fue, solamente oían cómo la mujer decía que tuvo una gran revelación. Claro, nadie ve cosas así, es de locos.

Así que la llevaron a un centro psiquiátrico, donde pasó el resto de su vida en un continuo enloquecimiento. mientras el tapiz de formas amarillentas y exóticas esperaba su próxima víctima.

Gabriel Iurian

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TRABAJO FALLIDO

Era martes, como uno cualquiera, o eso pensaba yo. Andrea y yo salíamos juntas del colegio y caminábamos hasta llegar a la oficina de su madre. Allí jugábamos hasta las 7:00 de la tarde, y ese día decidimos cambiar de juego.

Se nos ocurrió jugar a las peluqueras. Juntas llegamos a la conclusión de que si le cortábamos el pelo a las muñecas no les volvería a crecer; pero a nosotras en cambio sí. Cogimos una basura y dos tijeras; decididas dimos comienzo a nuestro cambio de “look”. Andrea empezó a cortar mechones de su pelo de todos lados, y yo, en cambio, corté los de mi flequillo. Cuando nuestras madres nos vieron, nos llevaron rápidamente a la peluquería y allí hicieron lo que pudieron. Durante mucho tiempo, Andrea tuvo que llevar trenzas y yo una diadema, para disimular los destrozos que nosotras mismas nos hicimos. La lección estaba más que aprendida, Andrea y yo nacimos para dedicarnos a otro oficio. Habrá que buscarse otro trabajo.

Erin Sánchez Romero 1.2

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UNA HISTORIA DE TERROR

“Un día más, el reloj sonó. Había llegado el día que tanto había esperado, un día de invierno en el que el sol se escondía y en el que un grupo de amigos vendrían a casa. Nos esperaba una noche espectacular e inolvidable.

Después de comer y hacer las tareas con mamá, empezaron a llegar mis amigos, a los que tenía preparada una sorpresa. Minutos más tarde de la llegada de Pol, Javier y Eduardo, les comuniqué la sorpresa con la máxima alegría posible; aunque, a primera vista, no les llegó a agradar. Mi idea era ir a dormir a un bosque del cual existían diferentes leyendas de terror, por lo que me parecía curioso y misterioso visitarlo. El bosque se caracterizaba por tener un aire húmedo, la bruna de la luna iluminando sin límite alguno y, de fondo, un sonido sosegado e intrigante de los animales que adornaba la melodía que se podía escuchar. Afortunadamente, tenía el permiso de mis padres, por lo que el plan iba viento en popa. Había llegado el momento de empezar la noche.

A medida que esta avanzaba, había menos tranquilidad en el ambiente, que era cada vez más terrorífico. Por este motivo estaba desasosegado y despavorido, aunque, a pesar de todo, me apetecía dar una vuelta. Ninguno de mis amigos me quiso acompañar ya que estaban atemorizados. La tormenta era inminente, por lo que decidí regresar al campamento que habíamos montado. Era medianoche.

Al llegar no vi a ninguno de mis amigos. Habían desaparecido misteriosamente. Desconocía dónde estaban y si les había sucedido algo, hasta que, de repente, un rayo iluminó todo el bosque y fijé la mirada en un árbol en el que pude apreciar unas letras que decían que yo también moriría esa noche.”

Tal y como las letras dictaban, Jack murió esa noche. Tendría que haber hecho caso a sus amigos. Efectivamente, ese bosque estaba encantado, y toda persona que diera un paso a medianoche moriría en él, por lo que, desde ese día, nadie volvió a pisarlo. La muerte de los cuatro jóvenes sigue siendo una incógnita sin despejar.

Dani Doncel, 1A

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SOMBRA

Era de noche. Una noche oscura y espeluznante. Un horizonte impenetrable dada su sorprendente densidad por la niebla. Me hallaba en paradero desconocido caminando por una carretera solitaria, una larga y solitaria carretera la cual desconocía por completo. Comencé a preguntarme la razón por la cual estaba en aquel lugar, preguntándome la hora, e incluso a darme conversación a mí misma para hacer la situación algo más amena. Resultaba extraño, pero aquel silencio era un tanto incómodo, ni mis nerviosos titubeos lograron apaciguar un poco el ambiente. Caminaba hacia adelante esperando encontrar algún haz de luz que me diera esperanzas para seguir deambulando sin rumbo, pero de repente vi algo. A simple vista parecía una silueta de hombre adulto y robusto, aunque los trazos eran confusos dado que se me nublaba la vista por la humedad. Mi temor aumentaba crecientemente a medida que avanzaba y aquella silueta me copiaba el paso. Podría ser alguien perdido, o simplemente un inocente espejismo. La incertidumbre comenzó a abrumarme y aceleré el paso inconscientemente, notaba como se me humedecía la nuca y noté una ligera gota de sudor nervioso en la sien. No sabía cuánto llevaba andando, calculé diez minutos, pero aquella silueta no se cansaba, y de repente se paró, y entró en un coche oculto en las sombras. Mi cuerpo se relajó y expulsé todo el aire que retenían mis pulmones sin darme cuenta. Cuando daba todo por perdido vislumbré aquel pequeño bar a las afueras y fui decidida hacia la puerta, convencida de que me atendería un amable señor con pelo grisáceo, pero muy a mi pesar ese lugar estaba inquietantemente vacío. El olor a putrefacción me echó para atrás y salí corriendo colocándome de nuevo en aquella, ya conocida, carretera. Escuché un rumor, cada vez más fuerte, venia de detrás de mí. Cuando tuve el valor de voltearme y ver de dónde provenía aquel ruido visualicé aterrada el mismo coche que había visto anteriormente, donde se hallaba aquella sombra que tanto me perturbaba. Cada vez iba más rápido en mi dirección, era tanta la velocidad que incluso se podía ver el humo que provocaba la fricción de las ruedas contra el áspero suelo. Cada vez más y más cerca, mi paso cada vez más y más rápido, sin salida, sin escapatoria. Todo terminó con un golpe del parachoques en mis rodillas provocando la rotura irreversible de estas y dejándome inconsciente.

Han pasado trece años, y yo me hallo empapada en el umbral de mi casa llamando débilmente a la puerta protegiendo mi barriga en época de gestación y con un tremendo alivio después de haber escapado de aquella pesadilla, de haber escapado de aquella sombra y por fin ser libre.

Noelia López Llanos 1A

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LA PSICOFONÍA

Patricia era una adolescente a la cual le fascinaba el mundo fantasmal, a pesar de no haber sufrido nunca una experiencia paranormal.

Una noche, después de haber estado leyendo sobre el tema, quiso grabar una psicofonía con su hermano. Así pues, grabaron dos minutos del más absoluto silencio. Patricia rebobinó el casete y subió el volumen al máximo; al minuto de la grabación empezaron a escuchar una voz de hombre y, a la vez, de mujer. Pero pronto el sonido cambió, se parecía al sollozo de un animal. Los hermanos enmudecieron, presas del pánico, y decidieron no volver a hacer nada como aquello jamás.

Esa misma noche, Patricia no podía dormir puesto que eran las tantas y ella continuaba despierta. De repente, notó como la parte de debajo de su colchón se hundía. Pequeñas patas comenzaron a trepar por su cuerpo hasta la altura del pecho. Ella no quería moverse ni respirar por puro miedo, sabía que tenía algo encima, un peso muerto que le presionaba. Cerró los ojos, deseando que todo aquello fuese un sueño y, de repente, el peso desapareció.

Al día siguiente, Patricia supo que el gato del vecino había fallecido.

Anna de la Torre 4.1

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MIS AFICIONES

Las aficiones son actividades cuyo entretenimiento está en el interior de cada persona, es decir, las llevamos a cabo por interés propio o amor.

Muchas veces me he preguntado qué cosas son las que me entretienen, es decir, cuáles son mis verdaderas aficiones. En muchas ocasiones nos encontramos ante actividades que nos pueden entretener, pero que dependiendo de las circunstancias en las que tienen lugar pueden dejar de ser  entretenidas.

Una de mis aficiones favoritas es estar con mi familia, ya que son las personas que están para lo bueno y lo malo, los que nunca fallan, los que te ayudan a superar todo tipo de obstáculos. Por otra parte, una de mis aficiones más especiales es escuchar música cuando estoy agobiado o desanimado, ya que desconecto de todo lo que me rodea.

Paralelamente, el deporte siempre ha sido algo esencial en mi vida. Cuando dispongo de tiempo libre es lo primero que me viene a la mente. Sinceramente no puedo estar más de acuerdo cuando dicen que practicar deporte es una de las actividades más positivas.

Pienso que el deporte favorece la relajación, es decir, me ayuda a liberar todo tipo de tensión y nervios que a menudo acumulo entre semana. No siempre descansar ha de estar relacionado con tardes de sofá. Por otra parte, en ocasiones me abre los ojos, ya que me doy cuenta de que todo esfuerzo tiene su recompensa. No todo es inmediato y fácil de conseguir.

Para concluir, una afición que he descubierto recientemente es la lectura, ya que me convierte en una persona más libre, puesto que me introduce en un mundo exterior al que vivo diariamente, me distrae y, finalmente, despierta en mí nuevas aficiones e intereses.

Dani Doncel 1A

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LA CASA MISTERIOSA

En un lugar no muy lejos de aquí, hay una casa abandonada de la que se explican historias escalofriantes. Se cuenta que si traspasas el lumbral de su puerta, se te hiela la sangre.

Marcos era el “chulillo” del grupo y siempre se iba “pavoneando” de su valentía. No tardó mucho en reunir a sus “colegas” y proponerles hacer una sesión de espiritismo allí.

Cuando llegaron parecía que la casa los invitase a entrar, estaba todo oscuro y lleno de hierbajos. Marcos fue el primero en entrar, había un silencio sepulcral. Todos se miraron pero fue él el que se colocó delante de un espejo. Y con voz alta y clara empezó: “Verónica”, Verónica”; y así hasta nueve veces.

Fue entonces cuando el silencio se rompió con un grito desgarrador y del espejo salieron unas garras ensangrentadas. Cogieron a Marcos por el cuello, y se lo llevaron con ellas.

-¡Marcos, Marcos!- gritaron todos al unísono.

Pero todo fue inútil. Y ya nada se supo de él.

Irene Olivenza, 1.3

Publicat dins de 1º ESO | 31 comentaris

Terror en la noche

Era de noche, estaba esperando que llegase el autobús, eso si llegaba. Comenzaba a perder la esperanza de que llegara a aquel lugar remoto.

Cada vez el viento era más frío y la noche más espesa. La luna realzaba de esplendor y no había nada más terrorífico que mirar si había algo a lo lejos, extrañas y horripilantes siluetas se formaban con las ramas de los viejos árboles.

No pasaba nadie, ni un coche, ni una moto… solo silencio. Un silencio que me ponía los pelos de punta. Cada vez tenía más miedo, cada vez estaba más asustado. Poco a poco me invadió el pánico… una silueta, claramente humana, se me acercaba…

Me levanté y eché a correr hasta que no me quedó un suspiro. Miré atrás y esa silueta era más nítida pero no estaba sola, decenas de ellas me seguían. No quise mirar atrás, solo me encerré en casa y esperé a que amaneciera un nuevo día.

Biel Serena Riba 3.1

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Cuenta una leyenda…

Cuenta una leyenda que hace muchos, pero muchos años, en lo más alto de la montaña más alta, vivía un pastor con su familia, el cual tenía una hija de incalculable belleza. Un día, cuando el príncipe de ese país estaba de cacería por esas montañas, se encontró con dicha doncella y se enamoró perdidamente. Su afán por conseguirla le llevó a hacer sacrificar a la familia de la joven doncella y a todos sus animales, creyendo que dejándola sola y en la más mísera pobreza no le quedaría más remedio que acudir a él para que la ayudase. Pero viendo el príncipe que está no accedía a sus intenciones, la fue a buscar, se la llevó a la fuerza y la encerró en la torre más alta.

Esta, al no poder resistir tal condena, se quitó la vida delante de él, no sin antes mandarle una maldición: “LA PRIMERA NOCHE DE LUNA LLENA SE CONVERTIRÁ EN EL MONSTRUO QUE DE VERDAD ES”, y vagaría por las montañas nevadas huyendo de todo ser humano, por el resto de los siglos.   Hoy, todavía hay gente que dice haberlo visto, incluso hay quien le ha puesto nombre: YETI, EL HOMBRE DE LAS NIEVES.

Aina Carrillo Miranda, 4.3

Publicat dins de 4º ESO | 6 comentaris

Entrevista a Isabel Sánchez

“Nos daban de comer los soldados”

Isabel Sánchez Bernal tiene 88 años. Tiene dos hijas y tres nietos. Ha vivido en Carrión de los Céspedes (Sevilla) y ahora vive en Vilanova hace más de 58 años. Y cuenta su vida como una película.

¿Cómo recuerdas tu infancia?

Muy dura, y todo a causa de la guerra. Yo no tenía ropa, me vestía con trapos y andaba descalza. Tampoco teníamos casa, teníamos una choza de paja y en una habitación dormíamos mis cinco hermanos varones y yo la única hembra, en unas camas hechas también de paja.

¿Cómo hacíais tú ,tus hermanos y tus padres para comer?

Buff… De muchas maneras. Mira, íbamos a pedir casa por casa un cachito de pan. Mi madre robaba por la noche gallinas y de los huevos que sacaban  los vendía y los cambiaba por sardinas, porque le salía más a cuenta. A mis hermanos y a mí nos daban de comer rancho los soldados y comíamos al lado de ellos sentados en el suelo.

Al no haber tantos juguetes como hoy en día ¿Cómo te entretenías?

Pues yo jugaba con mis hermanos en la choza o en la calle. Pero yo al ser una niña me gustaban las muñecas y como no podía comprármelas pues me las hacía yo. Cogía un ladrillo y con un carboncillo le pintaba el pelo, la cara y después le enredaba un trapo y esa era mi muñeca.

¿Explícame la imagen o las imágenes más duras vividas en la guerra?

No me quiero ni acordar, vi como querían matar a mi padre por ser de izquierdas, lo estaban apuntando con escopetas. Pero la gente se puso en contra y entonces él pudo escapar, más o menos. Y otra también, era cuando llegaban los militares, rapaban a las mujeres y las paseaban por el pueblo para así dejarlas en ridículo.

¿Cuál fue tu primer trabajo?

Empecé a trabajar muy chica, con siete u ocho años. Limpiaba las casas  y cuidaba a una abuela que estaba enferma. Y no cobraba como hoy en día, me daban un platito de comida a cambio.

¿Cuándo tu vida empezó a ser más tranquila?

Cuando la guerra estaba llegando a su fin y ya todo estaba más calmado al menos en mi pueblo, cerca de Sevilla.

Explícame tu primer noviazgo.

A Isaías lo conocí en mi pueblo con unos quince años, muy jovencita, empezamos a hablar mucho tiempo y le decía ‘si te portas bien seguimos y si no te vas fuera’ (ríe). Y estuvimos 15 años de novios hasta que me casé.

Tienes alguna anécdota sobre tu boda.

Sí, mi boda acudió todo mi pueblo, Carrión. Y no me casé de blanco ni de largo, todo lo contrario fui vestida de corto y de color doradillo.

¿Tuviste una luna de miel?

No exactamente, emigré para Igualada al siguiente día de casarme y el viaje duró como unos dos días hasta llegar a aquí (Igualada).

¿Cómo fue tu nueva vida?

Muy bien, nos fuimos a una pensión mi marido y yo y al cabo de un tiempo nos pusimos a trabajar él en curtidos y yo sirviendo en la casa de unos señores ricos. Alquilamos una casita en el barrio de la Paz que vivíamos: mis hermanos, mis padres y después, cuando nacieron, mis hijas.

¿Cómo es tu vida ahora?

Como la de cualquier viejo, viviendo abajo de mi hija, con muchas dolencias. Pero una vida muy buena.

Alba Semedo Fernández 4.1

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