Monthly Archives: febrero 2016

Haikus

Haikus

En esta entrada, transcribo algunos de los haikus (o haikús) compuestos por los alumnos de 3.º de ESO. Además de deleitaros con su lectura, podéis ejercitar vuestro conocimiento de esta manifestación de la lírica japonesa tradicional comprobando la métrica heptasilábica de los tres versos, la presencia o ausencia de kigos

  • Buscando la luz / cerca del horizonte / descubriste el sol.           Celeste Cañete.
  • En esta playa / de arena color miel, / puedo ver tu tez.               Laura Fernández.
  • En el cielo oscuro, / entre tantas estrellas, / me mira la luna.    Anna Fernández.
  • De no estar tú, / demasiado enorme / sería esta cama.               Karan Pal.                   (variante sobre un original de Kobayashi Issa)
  • Soledad amada, / duerme en mi interior, / dame tu calor.          Carlos Poza
  • ¿Y si el alba / se apaga cuando / ya anochece?                              M.ª José Escot
  • ¿Es el viento / o es este caracol / y el tiempo?                               David Iniesta   
  • Las amapolas / que viven en mí solo / son tus recuerdos.           David Iniesta

Centenario rubeniano

Centenario rubenianoHoy se conmemora el centenario del fallecimiento del poeta nicaragüense Félix Rubén García Sarmiento, afamado para la posteridad literaria como Rubén Darío y también como Príncipe de las letras castellanas.

De la musique avant toute chose, ‘ante todo, la música’, tal es el lema que inspira la dilatada obra rubeniana. Y, si tenemos en cuenta que la primordial diferencia entre prosa y verso reside en el menor o mayor ritmo del lenguaje, respectivamente, habremos de concluir que la polifónica sonoridad de los versos de este Príncipe revolucionaron la métrica castellana y contribuyeron definitivamente a su potencial musicalidad.

A continuación, podéis leer la famosa “Sonatina”, escrita en 1895, y dejaros llevar por la sonora harmonía de sus rítmicos versos:

SONATINA

La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave de oro;
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y, vestido de rojo, piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa acaso en el príncipe del Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar,
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte;
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real,
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa está pálida.)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
(La princesa está pálida. La princesa está triste.)
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

«Calla, calla, princesa, —dice el hada madrina—
en caballo con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte ,
a encenderte los labios con su beso de amor».

Centenario rubeniano (Sonatina)