Monthly Archives: febrero 2010

Refranero multilingüe.

Refranero multilingüe

Transcribo aquí la entrada de Matías Nicolás, un colega del instituto Juan Ramón Jiménez, en Moguer. Espero que la herramienta lingüística de que nos informa despierte vuestra curiosidad y satisfaga vuestro posible interés. Os he creado un enlace permanente en la sección de diccionarios de la sidebar.

Refranero multilingüe, creado por el Centro Virtual Cervantes

El Refranero multilingüe contiene una selección de paremias españolas populares, principalmente refranes y frases proverbiales, con su correspondencia en varias lenguas (alemán, catalán, francés, gallego, griego antiguo, griego moderno, inglés, italiano, portugués, ruso y vasco).

Cómo utilizarlo:

  1. Una vez en la página se pulsa en BÚSQUEDA (columna de la derecha).
  2. En el cuadro de búsqueda se anota una palabra clave, por ejemplo “vino” y se pulsa el botón BUSCAR.
  3. Aparece una lista con 22 refranes que contienen la palabra “vino”. Elegimos, por ejemplo el primero, “Al pan, pan, y al vino, vino”. Pulsamos en la palabra “Ficha”, para acceder a la ficha del refrán.
  4. Aparece la ficha con la información acerca del refrán, su significado y sus variantes en español. Y en la parte superior 11 casilleros con las iniciales de cada idioma. Si pulsamos en FR, nos lleva a la explicación y traducción en francés: “Appeler un chat un chat”; si pulsamos en EN nos lleva a la traducción al inglés: “To call a spade a spade”.

‘Amarrazón’ o los fantasmas lexicográficos.

fantasma

Que las clases de lengua son un rollo para muchos alumnos es una evidencia; díganmelo a mí, que soy el profe que las imparte —o que las sufre, según se enfoque—.

No obstante, los fantasmas lexicográficos a que se refiere el título de este artículo nada tienen que ver con la perspectiva del alumno de secundaria, por bien que éste pueda pensar en el miedo al suspenso en una asignatura que no le va, o en lo evanescente de unas explicaciones que no consigue aprender y, pon ende, mucho menos aprehender.

Hace un tiempo recibí, por gentileza de la Fundación Duques de Soria, la invitación a un seminario de lengua española acerca de ‘La morfología en la confección de un diccionario histórico’, invitación a la que mi ya oxidada preparación filológica me obligó a renunciar (pero retengamos el lamento, que no viene al caso). Ojeado el folleto, entre las ponencias y coloquios, llamó mi atención el tema de una mesa redonda: ‘¿Hay fantasmas lexicográficos? ¿Qué hacer con ellos?’

Siempre ando a vueltas con mi desmemoria, de modo que he sido tardo en reconocer a estos viejos fantasmas, descubiertos en los años fronterizos entre mi última mocedad y mi primera edad adulta, mientras preparaba para el proyecto PROLOPE de la UAB la edición crítica de El Duque de Viseo, de Lope de Vega. Al cotejar distintas ediciones de la obra para fijar definitivamente el texto, recuerdo haber hallado una inadecuación en la lectura de dos variantes textuales: dehessas gamenosas y dehesas amenosas. La primera, correcta; la segunda, espuria. El Fénix se refería con la expresión a aquellas tierras de pasto abundantes en gamones, por tanto gamenosas, según correcta sufijación -pese a que el adjetivo no figure en el DRAE-. Lo curioso es que el adjetivo amenoso no existía en castellano antes de la errata -tipográfica, a todas luces- de la obra de Lope. La Academia lo incluyó en su diccionario en 1770 basándose en la autoridad del Príncipe de los Ingenios y definiéndolo como ‘lo mismo que ameno’; todo un hápax, pues, por aquel entonces -ignoro si aun con posterioridad-. El error se corrigió, como tantos otros, en la edición del DRAE de 1992, la cual recoge en gran parte el resultado de la labor lexicográfica de limpieza de fantasmas que el DHLE -ahora ya NDHLE-, tan en cierne aún, hizo durante la década de los 80.

Así, tal y como puede colegirse de esta experiencia, los fantasmas lexicográficos no son sino palabras cuya vida se limita única y exclusivamente a las páginas del diccionario que las incluyó erróneamente entre el elenco de términos del idioma. Como agudamente apuntara Landau, las palabras fantasma son equiparables a las dolencias iatrogénicas, esto es, alteraciones del estado del paciente producidas por el médico.

Por deformación profesional y por inclinación ilustrada, entiendo que un ejemplo pueda aclarar mejor el entendimiento. Véase a continuación uno de los aducidos por Pedro Álvarez de Miranda en un estupendo artículo publicado por la Biblioteca Miguel de Cervantes:

Todos los diccionarios, tanto académicos como extraacadémicos, han registrado hasta ayer mismo un sustantivo, amarrazón, que definen como «conjunto de amarras» (así, por ejemplo, en Academia 1984). La cosa se remonta al Diccionario de Autoridades, que en 1726 incluyó el siguiente artículo: “AMARRAZÓN. s. f. Término náutico. Las cuerdas, cables y gúmenas con que se atan, afirman y asseguran las embarcaciones en los Puertos. Lat. Funes. Rudentes. CERV. Quix. tom. 1, cap. 46. Y cortar la amarrazón con que este barco está atado”. Un desgraciado cúmulo de errores se cebó en este artículo. Por lo pronto, en el capítulo 46 de la Primera Parte del Quijote no hay ni rastro de ese texto. Donde sí está -y luego veremos la explicación del error- es en el capítulo 29 de la Segunda Parte. El pasaje pertenece a la aventura del barco encantado, y reza así en la edición príncipe de 1615: “-Ya están atados -replicó Sancho-. ¿Qué hemos de hazer aora?- ¿Qué? -respondió don Quijote-. Santiguarnos y levar ferro; quiero dezir, embarcarnos y cortar la amarra con que este barco está atado.”(fº 111vº) […] El caso es que, en efecto, en la edición madrileña del Quijote de ese año, lo mismo que en otra de 1714, se lee en la página 146 de la Segunda Parte (y ahí, en ese número 146, está la explicación del gazapo, o lapsus, «tom. 1, cap. 46»): «y cortar la amarraçon con que este barco está atado». Estamos, más que ante una errata común, ante una cadena de erratas, ante una fatídica bola de nieve provocada primero, en 1655, por un error accidental y más tarde, en 1706, por el intento de otro impresor de arreglar, añadiendo otra preposición “con”, un texto que quedaba cojo. He aquí la serie de lecturas, partiendo de la edición príncipe:

Madrid, 1615, 111vº: ‘y cortar la amarra con que este barco está atado’.
Madrid, 1655, 245b: ‘y cortar la amarraçon que este barco está atado’.

Madrid, 1706, 146b: ‘y cortar la amarraçon con que este barco está atado’.

Madrid, 1723, 146b: ‘y cortar la amarrazon con que este barco está atado’.

El hecho de que en la edición de 1723 la palabra esté ya escrita con -z- no es sino la culminación de la errata, pero no implica necesariamente que fuera esa la edición manejada, pues, como se sabe, la eliminación de la ç fue una de las primeras decisiones ortográficas que tomó la Academia.

En fin, la Academia hizo caer en la trampa hasta a los especialistas, pues tanto el excelente Diccionario marítimo español (1831) como otros diccionarios posteriores de términos náuticos acogieron la palabra entre sus páginas. Ni siquiera (y esto es más grave) el primer y truncado Diccionario Histórico de la Academia detectó en 1933 el error. Solo el DHLE lo hizo, en 1984, gracias a lo cual amarrazón ya no consta en la edición vigesimoprimera del diccionario común, publicada en 1992. 

El Príncipe de la Niebla (3º ESO).

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Queridos alumnos de 3º ESO:

Éstas que aquí os transcribo son las cuestiones referentes a la lectura de la novela de Carlos Ruiz Zafón. El viernes, 5 de marzo, finalizará el plazo de entrega. Recordad asimismo que, en el último parcial del trimestre, posiblemente incluya una o dos preguntas acerca de la obra.

Dejad un comentario en esta entrada como señal de conformidad. Gracias. 🙂

  1. En la nota del autor, éste habla de literatura juvenil. ¿A qué se refiere? ¿Qué características tiene esta literatura? ¿Qué pretendía el autor con esta novela?¿Qué tipo de narrador tiene la novela?
  2. ¿Cual es, para Max, el primer síntoma de que pasan cosas extrañas en el pueblo?
  3. La tragedia de 1936 de los Fleischmann coincide con otra en España. ¿Cuáles son estas dos tragedias?
  4. ¿Qué cambios en el payaso advierte el protagonista?
  5. La historia del buque aparece en el cap.4 por primera vez. Explica esta primera versión y las posteriores modificaciones, así como la incidencia que tienen en la vida de Roland. ¿Crees que el nombre del buque tiene un significado especial? ¿Lo tiene la fecha de su hundimiento?
  6. Elabora una lista de las cosas extrañas que percibe o que les suceden a los tres hermanos y a Roland a lo largo de la novela.
  7. ¿Qué obsesión tiene el abuelo de Roland?
  8. Explica la teoría de Víctor Kray sobre los períodos en que se divide la vida de un hombre. ¿Estás de acuerdo con esta teoría?
  9. ¿Qué descubre Max sobre Jacob Fleischmann al visionar las películas caseras de la familia?
  10. ¿Cuál es el final de Roland? ¿Por qué crees que ése es su destino?
  11. Valoración personal.
  12. Vocabulario (entre paréntesis, el número de página): quinqué (14), hollín (17), acerada (19), cluecas (47), socarrona (50), aledañas (53), plomiza (54), bravata (109), apático (137), plausible (139), lance (149), cizaña (165),