Lunes, 12 de enero

Análisis de los capítulos 9, 20 y 21

. Capítulo IX– D. Quijote perdona la vida al vizcaíno a cambio de una promesa (Pág. 84)

. Capítulo XX (XVI)- Episodio conocido como la aventura de los batanes- Supuesto peligro (Pág. 132- Pasaje que da respuesta a l ejercicio 2)//  La escena incentiva en el protagonista el deseo de aventura y el recuerdo de una retahíla de personajes de las leyendas caballerescas (Pág. 133). Sancho percibe todos esos ruidos con temor y precaución (riesgo/ prudencia y cobardía)_ Sancho “encanta” a Rocinante (Pág. 135)

– Pág. 136/137- Las “necesidades ” de Sancho.- Pasaje claramente cómico.

– Pág. 139- Descubrimiento del origen del ruido/ Burla del escudero/ Sancho parodia el discurso de Don Quijote al descubrir la causa del estruendo.

– D. Quijote propone mantener cierta distancia entre señor y escudero- Pág. 140/141// Sancho le pregunta sobre el salario de los escuderos// Sancho le promete que de ahora en adelante será absolutamente respetuoso con él.

. Capítulo XXI (XVII)- – De nuevo, D. Quijote distorsiona la realidad al confundir una vacía de barbero con el famoso “yelmo de Mambrino”- Pág. 142/143/ 144// D. Quijote justifica la forma del yelmo- Pág. 146(inicio)

– Sancho propone servir a algún emperador para poder obtener una remuneración y para que las aventuras vividas puedan pasar a la posteridad.- Respuesta de D. Quijote que  traza un perfecto esquema de la trama más común de los libros de caballerías. a partir de la pág. 148).

. Capítulo XXII (XVIII)-Conocida popularmente como la aventura de los galeotes- Pág. 154/155- Sancho identifica inmediatamente a los criminales// D. Quijote (pág. 155) decide liberarlos aplicando uno de los principios fundamentales del cabalero andante: socorrer a los miserables. Don Quijote aplica incorrectamente el principio de la justicia y de la libertad al liberar a seres socialmente peligrosos y, que luego, al apedrear a DQ y a S. podrán de manifiesto la vileza de su condición.- Los condenados van exponiendo la causa de su condición a través de un diálogo ingenioso en el que el autor hace uso de juegos de palabras y voces características de germanía (jerga)// EPISODIO QUE ES UN REFLEJO DE LA REALIDAD SOCIAL DEL MOMENTO

– Pág. 159- Excelente retrato de Ginés de Pasamonte, autor de sus propias memorias/ Alusión al Lazarillo en la pág. 161

– Pág. 162-Ruego de D. Quijote para que los galeotes sean liberados (respuesta a la pregunta 4)// Liberación violenta.

-Pág. 164- Petición de D. Quijote a los liberados- Contrapropuesta de Ginés que enoja al caballero- Final violento

* El episodio de los galeotes es uno de los capítulos más importantes del Quijote de 1605. Con él termina el grupo compacto de aventuras anteriores a la entrada en Sierra Morena.

 

 

 

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Navidad

GUÍA DE LECTURA

. Capítulo 8

1. ¿Por qué causa risa y burla el discurso que don Quijote endilga a la señora del coche: “La vuestra hermosura, señora mía,…”?

2. Al final del capítulo, se alude a la cuestión del autor de la obra. Explica el sentido de este pasaje.

. Capítulo 9

1. ¿Qué prueba evidente nos da Cervantes- mediante un hábil recursos novelesco- de que la obra no es suya y que, por tanto, no la conoce?

. Capítulo 10

1. ¿Qué es un batán?

2. A pesar de la capacidad de Don Quijote de alterar la realidad, Cervantes, con gran habilidad, contribuye a crear una atmósfera de inquietud previa a la escena. Explica cómo lo consigue. ¿Qué reacción provoca en Don Quijote y en Sancho?

Capítulo 21

1. ¿Qué son un yelmo y una bacía?

2. Don Quijote ofrece un resumen de la historia clásica de una novela de aventuras. Destaca los ingredientes principales.

Capítulo 22

1. ¿Qué eran los galeotes?

2. ¿Por qué no entiende don Quijote las razones que los presos le dan de su cautiverio?

3. En este capítulo, don Quijote entra en violento conflicto con el poder y la justicia. ¿Qué concepto tiene el hidalgo de esta? ¿Qué razones aduce para liberar a los presos?

Capítulo 25

1. En el discurso de don Quijote que comienza:” Mira, Sancho, por el mismo que denantes juraste, te juro…”se plantea uno de los temas que más trascendencia ha tenido a la hora de interpretar la verdadera naturaleza del héroe cervantino, y del propio Cervantes también. Destaca la frase clave donde aparece esta idea.

2. ¿Qué tipo de amor representa Dulcinea para don Quijote? ¿Sobre qué modelos está construida esta figura? ¿Qué opina Sancho sobre ello?

Capítulo 31

1. El  primer diálogo entre don Quijote y Sancho, a propósito de Dulcinea, plantea la dualidad de visiones de ambos personajes. De ahí surge la comicidad que predomina en esta primera parte. Resume los aspectos en que difieren amo y escudero con respecto a la imagen y actitudes de Dulcinea.

2. ¿Cómo reacciona don Quijote ante las crudas realidades que Sancho explica?

Capítulo 44

1. La reaparición del episodio del barbero y del yelmo de Mambrino sirven a Cervantes para insistir en la evolución de la actitud de Sancho. ¿Qué motivo esgrime ante el barbero cuando este le reclama lo suyo?

 

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Viernes, 19 de diciembre

PRIMERA PARTE

 PRÓLOGO

CAPÍTULO 1. Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo don Quijote de la Mancha.

CAPÍTULO 7. De la segunda salida de nuestro buen caballero don Quijote de la Mancha.

CAPÍTULO 8. Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación.

CAPÍTULO 9. Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla que el gallardo vizcaíno y el valiente manchego tuvieron.

CAPÍTULO 20. De la jamás vista ni oída aventura que con más poco peligro fue acabada de famoso caballero en el mundo como la que acabó el valeroso don Quijote de la Mancha.

CAPÍTULO 21. Que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de Mambrino, con otras cosas sucedidas a nuestro invencible caballero.

CAPÍTULO 22. De la libertad que dio don Quijote a muchos desdichados que mal de su grado los llevaban donde no quisieran ir.

CAPÍTULO 25. Que trata de las estrañas cosas que en Sierra Morena sucedieron al valiente caballero de la Mancha, y de la imitación que hizo a la penitencia de Beltenebros.

CAPÍTULO 31. De los sabrosos razonamientos que pasaron entre don Quijote y Sancho Panza, su escudero, con otros sucesos.

CAPÍTULO 44. Donde se prosiguen los inauditos sucesos de la venta.

Prólogo

La gran originalidad de este prólogo estriba en que gran parte de él trata del prólogo mismo, o sea, de las dudas que asaltan a Cervantes al ponerse a escribir esta pieza preliminar de su novela, que juzga imprescindible. Pero como no quiere caer en las vulgaridades de otros prólogos, nos habla de sí mismo y de la conversación, sin duda imaginaria, que mantuvo con un amigo suyo sobre cómo lo enfocaría y lo redactaría. Todo ello le da pie para atacar con frecuencia a Lope de Vega, escritor que entonces se hallaba en la cumbre de la gloria al paso que Cervantes llevaba una vida desdichada, había fracasado ante el público en el teatro, y hacía veinte años que no había aparecido un libro suyo. Era costumbre que los autores de los libros pidieran a escritores de fama o a personas encumbradas poesías laudatorias para poner al principio del libro. Cervantes satiriza cómicamente tal costumbre insertando, a continuación del prólogo, una serie de poesías burlescas firmadas por fabulosos personajes, de los mismos libros de caballeráis que se propone parodiar.

Asunto del prólogo

El autor quiere presentar el libro al lector como el más hermoso, pero piensa que él no es lo suficientemente bueno como para haber creado un buen libro. Nos dice que la mayor dificultad de la obra es el prólogo en el que no sabe qué poner.

Lo compara con un padre que tiene un hijo feo y no le ve sus faltas, de ahí que él lo exalte pero dejando una posibilidad de crítica del lector, aunque él se considera “padrastro”, por eso le pide al lector que exprese libremente lo que piensa sobre él.

También dice que no debería escribir el prólogo y se lo hace saber a un amigo suyo, que entró en su casa cuando él estaba escribiéndolo. Le dice que tiene miedo de cómo va a reaccionar el público ante su obra, y que en el prólogo no aparecen sentencias de los clásicos ni sonetos de autores importantes de la época, ni alusiones a la Divina Providencia, ni anotaciones al final del libro, ya que se sentía satisfecho con lo que había realizado.

El amigo se sorprende, ya que considera a Cervantes como una persona discreta en sus actuaciones y muy prudente, y posteriormente, también se asombra de que halle en esto una dificultad teniendo fácil solución. Le aconseja que él mismo escriba los sonetos y los firme con un pseudónimo, que escriba sentencias en latín en los márgenes y que nombre a Horacio, que acuda al Evangelio y a las Sagradas Escrituras. Y al final del libro, hacer anotaciones referentes al gigante Golías o Goliat, a nombres de ríos como el Tajo, a historias de ladrones, a temas amorosos como Fonseca “Del amor de Dios”, etc. En fin, el amigo se ofrece a hacer todas estas cosas en el libro.

Después de decir todo esto cae en la cuenta que este libro no necesita de todo esto porque va en contra de los libros de caballerías, es diferente a todos los demás libros de la época. Sólo tiene que procurar que con sus palabras, el libro entretenga, divierta, produzca admiración y alabanza. En definitiva, que acabe con los libros de caballería.

Al terminar su amigo de hablar, Cervantes reflexiona y le convencen sus razones. Termina presentando al lector a Don Quijote de la Mancha y a su escudero Sancho Panza, alegrándose, y realizándolo de forma clara y concisa, quitándose de todo el artificio estilístico y lingüístico de los demás prólogos de libros, porque, al fin y al cabo, este no era un libro como los demás.

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Martes, 3 de octubre

. GARCILASO DE LA VEGA. VIDA Y OBRA

Garcilaso de la Vega representa el ideal de cortesano del Renacimiento ya que supo aunar el ejercicio de las armas y el cultivo de las letras.

Garcilaso de la Vega y Guzmán (Toledo 1499 – Niza 1536) fue un poeta y militar español del Siglo de Oro, considerado uno de los escritores en español más grandes de la historia. Pertenecía a una noble familia castellana, fue el tercer hijo (segundo varón) de los siete que tuvieron Pedro Suárez de Figueroa y doña Sancha de Guzmán.

Quedó huérfano de padre y se educó esmeradamente en la Corte, donde conoció
en 1519 a su gran amigo, el caballero JuanBoscán. En 1520 entró en la corte del rey Carlos I de España como su servidor. En los años siguientes luchó en la Guerra de las Comunidades de Castilla y fue herido en la acción de Olías del Rey; también participó
en el cerco a su ciudad natal (1522); a finales de ese mismo año se embarcó, en compañía
de Juan BoscánPedro Álvarez de Toledo y Zúñiga, futuro virrey de Nápoles, en una expedición de socorro que quiso (y no pudo) evitar la caída de Rodas en poder de los turcos.

En 1526, con motivo de las bodas de Carlos I con Isabel de Portugal, acompañó a la Corte en un viaje por varias ciudades españolas y se enamoró platónicamente de una dama portuguesa de la reina, Isabel Freyre.

En 1530 Garcilaso se desplazó con Carlos I a Bolonia, donde éste fue coronado. Permaneció allí un año, hasta que, debido a una cuestión personal mantenida en secreto, fue desterrado a la isla de Schut, en el Danubio, y después a Nápoles, donde residió a partir de entonces. Herido de muerte en combate, durante el asalto de la fortaleza de Muy, en Provenza, Garcilaso fue trasladado a Niza, donde murió.

Su obra

Garcilaso empezó su carrera literaria imitando la poesía de cancionero en versos tan ingeniosos como convencionales y fríos. En cambio, provocó una auténtica revolución cuando decidió aclimatar al castellano el estilo y la métrica propios de la poesía italiana. Garcilaso se sumó rápidamente a la propuesta de su amigo Juan Boscán de adaptar el endecasílabo italiano a la métrica castellana, tarea que llevó acabo con mejores resultados, puesto que adoptó un castellano más apto para la acentuación italiana y la expresión de los nuevos contenidos poéticos, de tono neoplatónico, propios de la poética italiana renacentista. Garcilaso no sólo convirtió el endecasílabo en verso predilecto de la lírica española, sino que puso de moda el soneto, consolidó la imitación de los poetas grecolatinos, abrió la lírica de su tiempo al retrato de la naturaleza e instauró una nueva sensibilidad que fue imitada por cientos de jóvenes. Su mayor logro fue encontrar un modo de expresar los sentimientos que no sonaba grandilocuento y artificioso sino sincero y natural, pues se basaba en el uso de palabras comunes y en un tono íntimo y cercano, que en lugar de exagerar la tristeza al modo de los poetas del cancionero, destilaba una dulce melancolía y una serena añoranza que sigue conmoviendo a los lectores de hoy.

Muchas de sus composiciones reflejan la pasión de Garcilaso por la dama portuguesa Isabel Freyre, a quien el poeta conoció en la corte en 1526 y cuya muerte, en 1533, le afectó profundamente. Los 40 sonetos y las 3 églogas que escribió se mueven dentro del dilema entre la pasión y la razón que caracteriza la poesía petrarquista y en ellos el autor recurre, como el mismo Petrarca, al paisaje natural como correlato de sus sentimientos, mientras que las imágenes de que se sirve y el tipo de léxico empleado dejan traslucir la influencia de Ausias March. Escribió también cinco canciones, dos elegías, una elegía a Boscán y tres odas latinas, inspiradas en la poesía horaciana y virgiliana.

Su escasa obra conservada, escrita entre 1526 y 1535, fue publicada póstumamente junto con la de Boscán, en Barcelona, bajo el título de Las obras de Boscán con algunas de Garcilaso de la Vega (1543), libro que inauguró el Renacimiento literario en las letras hispánicas. Sin embargo, es probable que antes hubiera escrito poesía de corte tradicional, y que fuese ya un poeta conocido.

Bibliografía

http://www.garcilaso.org/

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/g/garcilaso.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Garcilaso_de_la_Vega

Poesía española, Clásicos hispánicos, Vicens Vives

AAVV, Literatura I, Ecir

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Viernes, 31 de mayo

Las respectivas familias de los protagonistas: semejanzas y diferencias. (Los Borrero y los Roda)

La familia Borrero le proporciona al lector un excelente contrapunto con respecto a los Roda, puesto que, aun residiendo en la misma ciudad, ambas familias proceden de ambientes completamente distintos: la comodidad económica de los Roda se opone a las miserias de los Borrero, la estructura tradicional de la familia de Sol contrasta sobremanera con el hogar roto en que han crecido Daniel y sus dos hermanos, y las relaciones entre los miembros de uno y otro clan son bastante diferentes entre sí. Pablo, el mayor de los hermanos Borrero, se ha sentido siempre muy unido a su padre, un humilde profesor al que su mujer abandonó al considerar que la vida que le ofrecía no era suficiente para ella. Pero el joven no siente lo mismo por sus dos hermanos menores, más bien les guarda cierto resentimiento y los desprecia. Cristian, por su parte, se ha visto obligado a aceptar una vida que en realidad iba destinada a Pablo, de ahí que se sienta como si, sin siquiera haberlo pedido, estuviera continuamente en deuda con su hermano mayor. Daniel, el más joven de los tres, está algo más apegado a Cristian que a Pablo, pero tan solo debido a que cree que el desprecio que ambos sienten hacia el mayor de los hermanos los une de alguna manera. La familia de Sol experimenta grandes cambios, el más importante de todos ellos, sin lugar a dudas, es el de la muerte de Luis Roda, su padre, a manos de unos «hombres» (p. 40) que se presentan a buscarlo en su casa en mitad de la noche. Para Sol, la muerte de su padre supone un punto de inflexión en su vida, toma conciencia de que «algo irremediable había sucedido que trastornaba el curso de su vida. Un mundo había concluido» (p. 42). A pesar de ello, continúa paralizada, «quieta, como golpeada» (p. 42). En cambio, su hermano parece vivir la muerte de Luis Roda como una liberación que le permite centrarse en lo que realmente le interesa («Algo había en su mirada que denotaba cierta satisfacción por el rumbo que su existencia iba tomando. Por alguna razón, había momentos en que Eduardo casi parecía feliz. Hasta entonces su vida fue como a rastras de algo, forzada. Ahora, por vez primera, parecía hacer lo que más le agradaba» Son años difíciles para la familia de Sol, aunque le parece que su soledad se puede compartir; por más que la guerra destruya su mundo, es posible resistir si se cuenta con el apoyo o la complicidad de otras personas, solas como ella. De alguna manera, es un canto a la amistad, al amor, a la fraternidad, ideales de la adolescencia, en contraposición a la familia, que simboliza la infancia. Por encima de su condición social, por las Ramblas deambulan unos adolescentes desconcertados de toda laya una muchacha de la burguesía catalana y unos obreros que militan en las Juventudes Socialistas. El hecho de tener que compartir la vivienda con otros refugiados y la dura experiencia del hambre propician entre ellos una especial camaradería, e incluso una afectiva relación sentimental.

Sentido del término “luciérnagas” aplicado a los protagonistas

Ana María Matute juega con un lector al que le costará entender e interpretar el título. Por esa razón, el término luciérnagas aparece solamente cuatro veces, y en fragmentos muy próximos al final de la obra. Estos son los párrafos donde aparece el término luciérnagas y que nos ayudará a interpretar el significado global de la palabra:

Dos animales anónimos, sin méritos ni heroicidad alguna, dos criaturas, esas que ella vio en el campo al borde de los caminos. Unos, arrastrándose sobre la tierra, otros intentando volar, golpeándose contra las paredes, con la cabeza encendida. Luciérnagas, barcos errantes en la noche. Apenas le conozco, pero cuánto sé ya de nosotros dos, no de él, de nosotros dos. Las copas de cristal, entre sus dedos, retenían aún el temblor brillante. Parecía —pensó— contener entre las manos una galaxia distinta.”
“Apenas hacía un momento, le dijo que eran dos astros perdidos en el espacio, pero ahora, de nuevo él era sólo un hombre un hombre oscuro, agobiado. Criaturas errantes, dando tumbos, chocando contra los muros, la cabeza encendida y murmuró: luciérnagas.”
“Cayendo, cayendo siempre sin chocar, siquiera, sin estrellarse, en un final. Cayendo en el vértigo, tras una parpadeante esperanza. Luciérnagas —recordaba—, pobres luciérnagas.”
Vemos pues, que el primero y el segundo párrafo se utiliza para igualar a Cristián y a Sol con las luciérnagas; y el tercero se utiliza para definir a los hijos de la compañera de prisión de Sol que son asesinados brutalmente.

Simbología con el insecto desde una perspectiva científica dentro de la novela

En primer lugar  hay que comprender el mundo que muestra Matute en su novela. Un mundo que no tiene solución, y en él, no se siente orgullosa de pertenecer a la especie humana. Entre las miserias de los adultos, aparecen los niños, que no las entienden, y son para Matute breves luciérnagas que brillan en la noche, son la única esperanza que queda, porque se tienen a sí mismos. Están unidos por el sutil hilo plateado de la adolescencia, por la incomprensión compartida, por el mismo apesadumbrado sentir, embutidos en los trajes adultos del mundo cruel y asesino que sus padres les han creado.
Partiendo de esta comparación e igualación de los niños con las luciérnagas se puede continuar analizando las características que estos insectos tienen en los personajes de la obra. Primero deberíamos destacar que las luciérnagas, cuando son larvas, sufren unas ansias terribles de comer y crecer. Estas ansias son visibles también en prácticamente todos los personajes de la novela, y sobre todo lo vemos en la figura de Sol que sufre durante mucho tiempo haciendo colas en busca de un trozo de pan con el que poder alimentarse y alimentar a su familia.
Otra característica de las luciérnagas son sus enormes ojos, y su increíble capacidad de observación. Rasgo que aparece en el personaje de Sol, que también tiene una gran destreza a la hora de observar y analizar todo lo que le rodea.
Cristián y Sol son dos personajes que vagan desorientados, que se buscan (la luciérnaga hembra espera a que el macho la encuentre), que se completan pero que sobreviven en un mundo inmenso lleno de dificultades e impedimentos.
Todos estos seres, niños indefensos, desolados, mujeres, pobres, todos aquellos que viven desolados por la guerra son las luciérnagas de Matute, pero en especial lo son los protagonistas de la obra. Cristián y Sol

Simbología del insecto en el sentido global de la obra

Se pueden obtener dos conclusiones respecto al sentido global y estético de la luciérnaga en la obra.
En primer lugar, es importante mencionar que la luciérnaga hembra es mucho más grande que la luciérnaga macho. Esto se puede traducir como la importancia de la mujer que le da Matute a la obra. Una mujer florero, que como la luciérnaga, tiene dos funciones, producir hijos y cuidar de ellos.
Finalmente hay un elemento muy importante y por el cual las luciérnagas destacan en el mundo de los insectos: la luz que producen. Curiosamente el nombre de la protagonista también destaca por su luz, Sol. Esta importancia de la luminosidad hace referencia al elemento esperanzador entre toda la oscuridad, a que, pese vivir en un ambiente pésimo, desolado, a causa de la guerra, siempre existe un elemento esperanzador, un elemento que contrasta y en el que se vuelca toda la ilusión de los protagonistas.

 

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Lunes, 6 de mayo

El escenario urbano

Luciérnagas está ambientada en Barcelona y transcurre entre el verano de 1935 y el 26 de enero de 1939. En ella se describe con gran exactitud la metamorfosis del espacio urbano en el que habitan sus personajes.

La evolución psicológica que experimenta Sol se solapa con la honda transformación que sufre la ciudad. Ana María Matute se vale de imágenes y vivencias propias para trazar una visión alucinante de Barcelona, la cual se encuentra sumida en el caos, en el hambre, la miseria, y teñida de sangre y venganzas. Los sucesos bélicos irrumpen en los escenarios urbanos más característicos de la ciudad tales como Pedralbes, el Ensanche, la calle Muntaner, la plaza de la Universidad, el barrio gótico, la Vía Layetana, la Barceloneta, las laderas del Tibidabo, etc., los cuales forman parte de la memoria de la autora. A su vez, también truncan la infancia feliz de la protagonista.,
En la primera parte de la novela, la Barcelona roja se despliega ante la mirada inocente y atónita de Sol, que no llega a entender el significado de la palabra revolución y sus graves consecuencias. Durante su formación académica en el internado de Saint-Paul, Sol vive aislada del mundo, imaginando una ciudad muy distinta de la real:

“Dentro del pupitre había formado, con cuadernos y libros una ciudad maravillosamente complicada. Pero ella nada sabía de las ciudades, ni siquiera conocía aquella en que había nacido. Qué difícil de imaginar, entonces, que era posible reducir a escombros parte de una ciudad, en unas horas”.

La fuerza que emanan algunos espacios es muy potente, e incluso en algunos momentos estos acaban acaparando la importancia del personaje. La personificación y la metonimia son dos recursos muy empleados por la autora para calificar ese espacio urbano que se va transformando irremediablemente ante los ojos de la protagonista. La ciudad se encuentra despojada, herida y apagada, tal y como se encuentran sus habitantes:

“Pasó el tiempo. Día tras día, la ciudad fue apagándose. Un nuevo aspecto, sucio y miserable, se descubría ante los ojos de Eduardo. Una ciudad despojada, herida. Las tiendas pequeñas, vacías, los almacenes cerrados, los hombres en el frente. Ya no se veían desfilar puño en alto a las mujeres vestidas de soldado…Una sombra triste, húmeda, iba cubriendo la ciudad”.

Durante el tiempo en el que los dos hermanos, Eduardo y Sol, se encuentran deambulando por la ciudad, ambos viven dos experiencias críticas que marcan un antes y un después en la visión inocente de la joven. En primer lugar, la visita a la buhardilla de Daniel, situada en una calle oscura que desemboca en el Paseo de Colón. Este suceso supone para Sol eldescubrimiento de otra ciudad hasta entonces desconocida y con otras formas de vida. También puede palpar de forma más directa la miseria, la enfermedad y la muerte. Las descripciones casi cinematográficas que lleva a cabo la autora, avanzan desde la panorámica exterior a la del mísero cuartucho donde yaceDaniel:

“La calle era angosta, sin luz, y desembocaba en el Paseo de Colón. Eduardo reconoció el salobre del mar frío y mohoso, y lo aspiró con incierta melancolía. Los muros de las casas, altos y sombríos, deslizaban el cielo sobre sus cabezas, como un río negro”.

La segunda experiencia es la visita a las barracas-refugio situadas en las afueras de la ciudad, lugar donde se reúne Eduardo con sus amigos:

“La llevó ciudad arriba, hacia el Tibidabo. A medida que se acercaban a la montaña, la ciudad, tras ellos, parecía huir rosadamente, dulcemente, como si no existiera la guerra”.

En esta escena, se refleja la absoluta simbiosis entre el espacio y Eduardo. Este vive en condiciones infrahumanas en un espacio miserable totalmente al margen de la ciudad. La descripción de este espacio marginal como un paisaje polvoriento y calcinado es muy gráfica:

“Nunca antes pisó aquellos parajes. La hierba aparecía rapada y seca, y la tierra polvorienta, muy pisoteada. La silueta de las montañas despedía una extraña luminosidad lechosa. Muchos de los árboles fueron talados para hacer leña […] La barraca era pequeña y frágil, construida con ladrillos viejos, latas oxidadas y cañas”.

Al pie de dichas barracas se encuentra la ciudad, que al igual que sus habitantes se va degradando por la guerra:

“La ciudad era ahora una ciudad distinta. Por las calles, antes limpias, se amontonaba la basura. Las gentes iban mal vestidas […] Los edificios que creyó seguros, inconmovibles, parecían llenarse de un temblor irreal, fantástico. En los balcones, grandes carteles y banderas, hombres con fusiles y ametralladoras. Por las calles, hombres vestidos con mono azul o con el torso desnudo, con rojos pañuelos al cuello desfilaban puño en alto. Camiones y coches, abarrotados de hombres y mujeres, huían vertiginosamente. Los bares, los teatros, los restaurantes, tampoco eran los mismos. Turbas de gentes desarrapadas los invadían…”

En todas las descripciones el juego metonímico es constante. La ciudad vive al compás de los protagonistas:

“En la calle, la ciudad ya estaba despierta. Gente desconocida iba a sus quehaceres…Veía sus rostros ateridos de frío, sus ojos preocupados. Sol recordó el tiempo en que creía en un mundo peligroso, pero no temido, como ahora, con las ciudades rotas, sucias, hambrientas, con innumerables seres inclinados al suelo para recoger desperdicios”.

Y en este desdoblado paisaje urbano surgen nuevos espacios, como el comedor del auxilio social al que acude Sol. Este nuevo espacio de supervivencia es un símbolo de la imparable transformación urbana. Ya no queda nada de aquella ciudad soñada y construida por Sol durante su estancia en el internado.
En la segunda parte de la novela, la visión de la ciudad de Barcelona, ya sumida en plena guerra, se presenta de forma apocalíptica. Las descripciones se vuelven totalmente sensoriales y reproducen con gran veracidad las sensaciones que experimentan los personajes:

“Cerca de las doce llegaron a la calle en que vivía Daniel, en una parte de la ciudad desconocida para Sol. Los altos muros de las casas se alzaban opacos y llenos de silencio. El olor del mar se adhería a ellos con un regusto de podredumbre. Le pareció que en el cielo, en el estrecho y largo cielo aprisionado, había un timbre lúgubre, como un presagio. Subieron la escalera en silencio. En lo alto había una claridad lechosa, más intensa cuanto más se acercaban a ella”.

Como único elemento confortable en medio de tanta miseria, se encuentra el calor humilde que produce el brasero de la casa de los Borrero, cuyas cenizas avivan en la imaginación de Sol el recuerdo de una ciudad ideal como las de antes de la guerra:

“-Es una ciudad, como las de antes […] Sí, era una ciudad grande, de noche, iluminada […] Sol acercó una mano abierta al resplandor de aquella imaginaria ciudad, que se encendía y se apagaba continuamente […] Si ese lugar no existía, era necesario crearlo, ser de los que amasan una época que no tuviese nada que ver con las ciudades encendidas ni con las ciudades que se esconden en la noche”.

Con el regreso de Sol a su casa, tras convivir un tiempo con Cristián en la torre de Sarrià, se ve de nuevo la ciudad como un escenario de la vida presente, y a su vez, de la memoria pasada. La protagonista se siente inevitablemente ligada a aquellos espacios ya que siempre yacerán en su recuerdo:

“La Plaza de Cataluña, barrida por un viento que levantaba nubes de polvo, aparecía solitaria, como desnuda. Tiempo atrás, recordaba, en el centro había un monumento al soldado desconocido, en cartón piedra…. Mientras caminaba hacia su casa, se notaba tremendamente ajena a todo y, al propio tiempo, condenada a cuanto la rodeaba”.

En el mes de enero de 1939, se produce la toma de la ciudad por parte de las tropas del general Yagüe. Una ciudad extenuada y moribunda cedía finalmente ante el cerco de los continuos bombardeos. En el ambiente urbano late la confrontación entre las diferentes expectativas de los dos bandos contendientes:

“La ciudad se revolvía como en un último estertor, las gentes huían presurosas ante el avance del ejército de Franco, y en las calles se palpaba la pena y la angustia, mal veladas […]. Franco avanzaba, avanzaba, y Sol lo supo por el clima miedoso, por un lado, y lleno de esperanzas por el otro, que se advertía en el corazón de la ciudad”.

Por último, sólo queda la visión final de la ciudad sometida, silenciosa y vencida. Sol en una última imagen contempla una ciudad totalmente desierta y destruida por los bombardeos sistemáticos e insistentes:

“Los aviones volaban cada vez más bajos […] En las calles grises, abandonadas bajo el débil sol de invierno, los golpes tenían un eco blando y la brutalidad parecía atenuada por el silencio”.

 

PERSONAJES SOL Y CRISTIÁN EN LUCIÉRNAGAS

 

Los años de la protagonista en el internado fueron «largos y casi inútiles», motivo por el que cuando, a los dieciséis, abandona Saint-Paul, los considera «ignorantes».

Se nos explica en qué ha consistido la educación de la joven y se introduce la idea de que, al cabo de aquellos nueve años, seguía sintiéndose insatisfecha y curiosa. El hecho de que las monjas no satisfagan las dudas y las preguntas de Sol nos hace pensar en un tipo de educación demasiado restrictiva y tradicional, que no estimula ni la curiosidad ni la inteligencia de las alumnas y que no las prepara para valerse por sí mismas en el día a día, sino para limitarse a un ámbito doméstico y depender de otras personas en lo demás.
Se trata también de una educación elitista, se observa cuando se nos habla de los niños «desharrapados» de los que procuran apartar a Sol, pero también de las distinciones que se hacen con las niñas de “la otra casa”.
Para Sol, el hecho de poder relacionarse con una persona ajena a ese mundo, como Ramón Boloix, supone una gran novedad y una cierta liberación, puesto que le permite enfrentarse a sus dudas y miedos. Aun así, esa primera relación que la joven considera sincera e inocente termina por ser «destruida de un modo sencillo y decisivo» por su abuela, quizá la persona del entorno de Sol que más claramente encarna el ideal de educación represiva que se le está imponiendo a la muchacha.

Estallido de la guerra

Sol, que apenas comprende el porqué de la guerra en la que de repente se ha visto inmersa, compara el alboroto que la revolución provoca en las calles con la fiesta del carnaval que de niña tuvo que contemplar. El miedo de la muchacha se acrecienta, ya que «Ahora, esas gentes que no debían mirarse, prohibidas, invadían de nuevo la ciudad>

Muerte de su padre

La familia de Sol experimenta grandes cambios en esta etapa, pero el más importante de todos ellos, sin lugar a dudas, es el de la muerte de Luis Roda, su padre, a manos de unos «hombres» que se presentan a buscarlo en su casa en mitad de la noche. Para Sol, la muerte de su padre supone un punto de inflexión en su vida, toma conciencia de que «algo irremediable había sucedido que trastornaba el curso de su vida. Un mundo había concluido». A pesar de ello,continúa paralizada, «quieta, como golpeada».

Reencuentro con Eduardo

Aun y residiendo en la misma ciudad, ambas familias proceden de ambientes completamente distintos: la comodidad económica de los Roda se opone a las miserias de los Borrero, la estructura tradicional de la familia de Sol contrasta sobremanera con el hogar roto en que han crecido Daniel y sus dos hermanos.
Cristián, por su parte, se ha visto obligado a aceptar una vida que en realidad iba destinada a Pablo, de ahí que se sienta como si, sin siquiera haberlo pedido, estuviera continuamente en deuda con su hermano mayor.
Entre Sol y Cristián se establece una relación basada en la identificación mutua a pesar de la gran cantidad de diferencias que los separan. Así lo demuestran citas como: «Ellos no se divertían. No sabrían nunca divertirse, quizá tampoco podría ya interesarles» o «Aquella mirada límpida le parecía insoportable y dulce a un tiempo.
La guerra en la que se han visto envueltos sin remedio, el dolor y la muerte que los rodean, los han convertido en seres que experimentan emociones casi idénticas («ahora, estaban desesperadamente cerca, sacudidos por la misma angustia de no poder vivir).
Sol se siente abrumada ante la enormidad y lo absurdo de las muertes que la guerra está provocando. A pesar de que Chano insinúa que Eduardo, su hermano, podría estar muerto, la joven no es capaz de reaccionar: «Un vacío, una súbita incredulidad la invadía por momentos, un enorme frío ganaba sus brazos, su pecho su corazón. […] Y el vacío iba abriéndose a su alrededor, un vacío que la alejaba más y más de los seres y de las cosas […]. Nada podía arrancarle un sollozo, como a Chano».
Para la protagonista de Luciérnagas los soldados son individuos que padecen las consecuencias de la guerra tanto como ella o como Cristián, personas que sufren el hambre, la muerte y la desolación como todas las demás.
Sol y Cristián quieren sobrevivir, quieren luchar, y saben que juntos podrían llegar a conseguirlo. Esa sensación supone para ellos un hito vital, de ahí la necesidad de fijarla en el tiempo. Se refiere al hecho de que Cristián debería estar en el frente combatiendo y, sin embargo, ha conseguido mantenerse oculto en su casa para evitarlo. Cristián tiene claro que no quiere morir; para él no hay ideología que justifique la barbarie de una guerra.
Cristián y Sol se ven obligados a abandonar la casa porque los hombres del SIM (Servicio de Información Militar) quieren «hacerse cargo» de ella. Además, los detienen y se los llevan presos.
Caótico y absurdo, como lo ha sido toda la guerra (¿qué guerra no lo es?), lo que ocurre en los últimos segundos de la vida de Cristián (y también de la pareja) es inesperado y fulminante para el lector. Un francotirador, escondido en un “hotelito rosado” que los muchachos habían dejado atrás, dispara dos balas a Cristián, balas que la voz del narrador acaba de comparar a “gritos sin eco” y que son vividas así mismo por Sol: “el cuerpo de Cristián cayó vertiente abajo, con un grito” y “La bala fue también un grito bronco en ella”. Tal es la identificación de un personaje con el otro, que el lector puede creer entender que la segunda bala ha impactado (físicamente) en Sol; sin embargo, el hecho de que, tras este segundo disparo, el narrador diga que “El cuerpo de Cristián se paró en seco, sacudido” nos hace pensar que hay una única víctima… directa, porque, “en aquel hombre, que caía, rodando hacia la carretera, Sol sintió su propia vida, destruida”.
Por si todo lo leído no ha dejado suficientemente clara la absurda y gratuita barbarie de la guerra, Ana M. Matute cierra su obra con este inesperado mazazo de realidad: no, en la vida no hay finales felices al estilo de las azucaradas películas de Hollywood o de las versiones de cuentos a lo Walt Disney que tanto disgustan a la autora de Luciérnagas.
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Jueves, 2 de mayo

. La narrativa española en la década de los 50 (fotocopia)

. Otros materiales interesantes:

1)Matute recupera “Luciérnagas’, una novela de niños marcados por la guerra (El País, 27 Oct 1993)

Ana María Matute (Barcelona, 1926), autora de Primera memoria (Premio Nadal 1959) y de otras novelas de éxito, acaba de someterse a una experiencia singular. A sus 67 años ha decidido recuperar en Ediciones Destino una de sus primeras novelas, Luciérnagas, más de 40 años después de haberla publicado por primera vez, con otro título y destrozada por la censura. “La novela” dice, “trata de unos niños marcados por la guerra”.

“No es que haya vuelto a escribir la novela”, aclara Ana María Matute con una sonrisa. ‘Lo que pasa es que esta misma novela chocó hasta tres veces con la censura y quedó destrozada, hasta el punto que ni aparece en mis obras completas. Hace unos años les conté de qué iba a mis sobrinos, que tienen entre 28 y 30 años, y les interesó mucho. Decidí volver a publicarla, pero recuperando el manuscrito original”.Al publicar de nuevo la novela, Matute ha viajado en el tiempo para recordar los años terribles de la guerra y los cielos grises de la posguerra. “Volver a este libro”, señala, “me ha hecho recuperar la mentalidad y los sentimientos de entonces, de una época marcada por la brutalidad de la guerra, porque el libro es de la guerra. Los protagonistas son varios adolescentes que no saben por qué se están matando sus hermanos mayores y que no comprenden por qué tienen ellos que recibir las consecuencias. No es una novela política, sino que es humana, de jóvenes que no comprenden que han hecho ellos para merecer esto”.

“Nunca he escrito una novela de la guerra”, reflexiona Matute con una sonrisa amarga, “pero la guerra se ha metido en todos mis libros”. Insiste, a continuación, que, además de los muchachos destrozados,Luciérnagas tiene un protagonista destacado, la ciudad de Barcelona.

‘La ciudad es otro personaje”, explica. “Esa Barcelona hundida, machacada y hambrienta, esa ciudad de color de aluminio mojado un poco fosforescente. Esa ciudad de cielos grises, de gente que hacía cola para comprar el pan, de tu hermano que te llamaba para mostrarte unos cuerpos tirados en un solar. Eran muertos, claro… Y eso viniendo de un mundo que no era el nuestro, de una educación burguesa. Aprendimos mucho durante la guerra, demasiado”.

“Algunos me han dicho que es un libro desesperado”, comenta. “Sí, hay una desesperación, hay un clima de juventud desesperada y cabreada”.

Ana María Matute, que estuvo durante un largo período sin escribir “a causa de una depresión”, trabaja ahora en una nueva novela, Paraísos inhabitados, de la que prefiere no dar detalles. “Nunca cuento nada”, dice, “porque se estropea. Si ya se estropea cuando lo escribes, imagínate si encima lo cuento”.

 

 

2) Luciérnagas (“Los ojos de Hipatia”)

La historia de esta obra, Luciérnagas, es una vida de censura, de reliquia y, para algunos, de olvido. De censura, porque a pesar de ser escrita en 1949, no se publicó, hasta 1955 bajo el título En esta tierra tras ser revisada y mutilada por la censura franquista; de reliquia porque no siempre ha sido fácil encontrarla en las librerías, y de olvido, porque tras agotarse la edición de 1993 era casi una quimera encontrar esta obra, como ocurre con las primeras obras de Matute.

Tras el franquismo, En esta tierra se publicó por la editorial Destino en 1993 bajo el título Luciérnagas, contando con la revisión de la misma Matute para devolver a la obra aquellos fragmentos robados por la censura.  Tras esta edición de 1993, la novela no volvió a ver la luz hasta una posterior edición en 2011 gracias a Austral, y BackList, convirtiéndose ésta en la única que podrán encontrar en las librerías.

Matute gracias a una prosa sutil, lejos de cargar las tintas contra republicanos o nacionales, describe el dolor y la locura que la guerra provoca en quienes vivieron aquellos años tan cruentos, de hambre, de dura pobreza, de violencia y de miedos, ya fuese directa o indirectamente. La obra narra, a través de un grupo de jóvenes, de una forma realista aquellos sentimientos que vivieron durante la Guerra Civil en la Barcelona de 1936.   Gracias a los ojos de la protagonista, Soledad, quien pierde a sus seres más queridos durante la guerra, transmite al lector su forma de entender y vivir los acontecimientos que truncaron toda la vida de un país.  Sol, de Soledad, en los primeros años de guerra pierde a su padre, vive la decadencia de su familia, tanto económica como sentimental, la “huida” de su hermano Eduardo, quien decide irse de casa, y la depresión de su madre. Ante todas estas circunstancias y a aquellas más que deberá enfrentarse, Sol, una muchacha de  15 años, frágil y delicada, deberá madurar durante la guerra y despojarse de la niña que es. Será en este contexto cuando entre tanta oscuridad brillen unas pequeñas lucecitas, gracias a un amor, intenso y denso, que devolverán a nuestra protagonista a la vida. A través de ese amor, en un mundo donde aparentemente ya no existe, Soledad comprenderá qué es la vida y que a pesar del dolor por qué merece la pena vivirla y saborearla.

Luciérnagas, al igual que muchas otras obras de Matute, es un retrato, una perfecta radiografía, de los sentimientos que vivieron miles y miles de españoles durante la guerra civil. Bajo un sello indiscutible, con un estilo propio que caracteriza  su obra, Luciérnagas nos habla de la inocencia interrumpida, del dolor y la derrota, para tornarse a pesar de todos los sufrimientos en una oda a la vida. De ahí, y porque es una de las mejores novelas que tratan el tema de la guerra civil, desde la curiosa mirada de Hipatia les recomendamos que no dejen escapar tan magnífica lectura, que sencillamente, se resumimos como brillante e impresionante.

Además, indicarles que el prólogo está escrito por Esther Tusquets, quien como muy bien indica, a través de esta obra, de la misma protagonista, Sol, podemos encontrar a la propia Ana María Matute, quien al igual que Soledad también vivió la guerra, y con once años pasó de una realidad llena de cuentos y fabulas a otra más cruenta donde descubrió que los hombres también pueden matar.

 

3) Luciérnagas (“El Blog de la Biblioteca del IES El Brocense”)

Luciérnagas es una de las primeras novelas de Ana Mª Matute y resume los avatares de la narrativa española de posguerra: ambientada en Barcelona durante la Guerra Civil, fue finalista del premio Nadal en 1949,  pero no se publicó hasta 1955, muy censurada, bajo el título Ésta es mi tierra. La versión completa, ya titulada Luciérnagas,  la publica Destino en 1993, revisada por la autora. Descatalogada, se volvió a editar  en 2010 (BackList) con prólogo de Esther Tusquets .
Los protagonistas de la historia son, como en otras novelas de la autora, adolescentes que pierden la inocencia porque deben enfrentarse  de forma  brusca y dolorosa a la vida adulta. Son “los niños asombrados” de Ana Mª Matute, obligados a entender los sinsentidos que los rodean.
En esta ocasión, son dos hermanos, Sol y Eduardo, quienes ven cómo su mundo de comodidades se viene abajo  con el estallido de la Guerra Givil.  La novela, que se desarrolla en una Barcelona acosada y bombardeada, relata cómo  una familia de la burguesía sufre la violencia, primero de unos y luego de otros. No se trata, sin embargo, de una novela sobre la Guerra Civil española, podría ser cualquier guerra. Las razones que han llevado a los dos bandos a enfrentarse no le interesan a la autora;  le importan el dolor y el sufrimiento de esos jóvenes y sus amigos, que intentan sobrevivir   a pesar que su vida ha sido destruida por la guerra y el salvajismo de una sociedad enferma de odio.
Pero, a pesar de la barbarie, aún  queda la esperanza: Luciérnagas es, sobre todo, una novela de amor.  La protagonista, Sol  (Soledad)  se ve obligada a madurar;  descubre  que con el apoyo de otras personas, solas como ella, es más fácil resistir. Y es entonces cuando conoce el amor,  intenso y desbordante  de vida en medio de la muerte y la destrucción. 
Dice Esther Tusquets sobre Ana Mª Matute y la novela que recomendamos: «En Luciérnagas, se confirma todo su talento narrativo, aparecen todos los elementos básicos de su universo literario y de su posición ante el mundo.»

 

4) Luciérnagas (www.autorasenlasombra.com)

En las miserias de los adultos, los niños que no las entienden son breves luciérnagas que brillan quedamente en la noche, son la única esperanza que queda, porque se tienen a sí mismos.

«La lectura de Luciérnagas no nos aporta información sobre nuestra guerra civil ni emite argumentos a favor de una opción política determinada —tal vez no exista la literatura de género, pero esta novela, además de figurar entre las buenas, sólo pudo escribirla una mujer—, nos cuenta como mucho las vivencias de una muchachita retraída y extraña, silenciosa y apasionada, una hija de familia (imposible no ver en ella semejanzas con la autora), en la turbamulta desenfrenada y delirante de una guerra fratricida, donde aprenderá entre otras cosas el amor (Luciérnagas es una peculiar y hermosa historia de amor total, capaz de transportar a personas de origen social radicalmente distinto e irreconciliable a un mundo en que los dos pasan a ser uno).»
—Del prólogo de Esther Tusquets

5) Luciérnagas (www.llegirencasdincendi.es)

No porque Ana María Matute haya ganado el premio Cervantes voy a decir lo que sigue, aunque probablemente haya quien me tache de exagerado: Luciérnagas es, para mí, una de las mejores novelas sobre la Guerra Civil que se han publicado en España hasta la fecha (y eso que ha llovido mucho). Aparecida originalmente en 1955, ahora la editorial BackList la recupera para el bien de los lectores y de la literatura española (ya que andaba descatalogada desde 1993).

Luciérnagas se centra en uno de los temas preferidos de Matute: la pérdida de la inocencia y la irrupción de los adolescentes en un mundo de adultos amenazado por circunstancias extremas, como es el caso de la Guerra Civil. En esta ocasión, los protagonistas son dos hermanos jóvenes, Sol y Eduardo, que justo al acabar la escuela, ven cómo su mundo de comodidades se viene abajo. La novela, que se desarrolla en Barcelona, es absolutamente coherente con la cronología de sucesos que tuvieron lugar entre 1936 y 1939 (y queda alejada de cualquier adoctrinamiento), ya que relata cómo una familia de clase media-alta sufre el salvajismo, primero de unos y luego de otros.

Luciérnagas, título que hace referencia a pequeños seres vivos que parece que vagan desorientados, gira sobre todo en torno a Sol, una muchacha tímida, sin demasiadas amistades, que de repente tiene que comportarse como una mujer fuerte. Esta Sol nos recuerda, inevitablemente (y como apunta Esther Tusquets en el prólogo), a la propia Ana María Matute: a la autora, la guerra la llevó, con once años, a enfrentarse a una realidad que desconocía: pasó de los juegos de niños a saber que el hombre podía asesinar. “La simulación de la vida confortable -que decía ella en una entrevista-, la de los reyes magos, cambió, la vida era otra cosa”. Esa transición no se nos presenta en la novela de una forma claramente explícita, sino más bien alusiva.

A medida que vamos avanzando en la lectura, el dolor y la derrota están más presentes en la novela, aunque eso no quiere decir que la autora vaya a lo fácil, sino que es gracias a una prosa desbordante, que el lector se deja llevar al mundo complejo de cada uno de estos personajes. Ana María Matute no se limita a la descripción de escenas, sino que las construye gracias también al simbolismo que dota a cada una de las situaciones que leemos. No ha sido el Cervantes lo que me ha hecho reencontrarme con la mejor Matute, sino estas Luciérnagas, que vuelven a la palestra para recordarnos el valor que siempre ha tenido la literatura. Impresionante.

 



 

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Jueves, 11 de abril

Temas

Pero, a partir de esa figura real, la obra cobra unas dimensiones que trascienden ampliamente la anécdota del fracaso y la muerte de un escritor mediocre. La obra va a convertirse en una parábola trágica y grotesca de la imposibilidad de vivir en una España deforme, injusta, opresiva, absurda; una España donde, según Valle, no caben la pureza, la honestidad ni el arte noble.
La peregrinación de Max Estrella es “un viaje al fondo de la noche”. Max desciende a los abismos de la ignominia, de la injusticia, de las miserias de toda índole. Y no sabemos si lo que lo mata es el frío, el hambre, el alcohol, o su corazón cansado, o si el dolor por el espectáculo que le rodea.
(Varios críticos han coincido en ver en la obra un “descenso a los infiernos”, parodia de la Divina Comedia. En su “peregrinación infernal”, Max va acompañado por don Latino, como Dante iba acompañado por el poeta “latino” Virgilio. En la escena XI exclama: “Latino, sácame de este círculo infernal”. Y luego afirma: “Nuestra vida es un círculo dantesco.” Pero, en todo caso, el infierno de Dante se ha trasladado a Madrid.

En la obra podemos encontrarnos con dos temas que van indisolublemente unidos:

a. El problema del individuo.-Sin duda, uno de los puntos de atención de Valle en su obra es la reflexión sobre la “condición humana”. Esta reflexión la lleva a cabo de dos maneras:
§ Por un lado, centrándose en Max, que aparece caracterizado como un héroe que se enfrenta a un destino trágico que le llevará a la muerte.

§ Por otro lado, aparece la figura de Latino, representando al hombre sin moral, al hombre que es capaz de sobrevivir, incluso, en los infiernos.

b. El problema de la sociedad.- Pero a partir de los individuos concretos que protagonizan la obra, Valle nos ofrecerá en Luces de Bohemia una amarga reflexión sobre la sociedad española de su tiempo:
“España es una deformación grotesca de la civilización europea” (Escena XII)


La crítica social de Valle no se dirige contra individuos, clases o colectivos concretos, sino que es una queja total contra toda la vida nacional. En la obra aparecen criticados y esperpentizados grupos sociales de distinta índole: el mundo artístico bohemio absurdo e inútil (los modernistas), los políticos corruptos (el ministro), los policías brutales, las agrupaciones paramilitares, los periodistas al servicio del poder, los poetas fracasados, la burguesía (los comerciantes), las prostitutas y los borrachos. En definitiva, la España que aparece en la obra es una multitud que vive como puede, hundida en la miseria moral y económica:

“En España el mérito no se premia; se premia el robo y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo” (Escena XIV)


En este panorama social tan terrible hay algunos personajes que destacan por su humanidad y por su heroísmo en el vivir: Max (en algunos momentos), la familia de Max, la madre del niño muerto y el anarquista catalán.

Los personajes (ver fotocopia)

En Luces de Bohemia aparecen más de cincuenta personajes a los que Valle-Inclán describió de la siguiente manera:
“Son enanos o patizambos que juegan una tragedia”

Estos personajes proceden de todas las clases sociales, culturales o morales, pero todos ellos presentan dos rasgos comunes:
§Según Alonso Zamora Vicente todos tienen en común el hecho de “participar en el mismo desfile de gentes sin suerte, sin alientos ni futuro”.
§La gran mayoría de estos personajes son presentados por Valle de forma esperpéntica, aplicándoles las técnicas de deformación que hemos visto ya. Sin embargo, unos pocos escapan a la caracterización deformada para adquirir una importante talla humana (la familia de Max, el preso, la madre del niño muerto).

Max Estrella

Valle construye a su protagonista dotándole de una gran complejidad, hasta el punto de ser, a veces, contradictorio. Algunas de las características que definen al personaje son:
§Noble grandeza.- Así lo describe en algunas acotaciones (escena I –p. 42-, escena II –p. 50- ). Esta grandeza viene apoyada por su ceguera (poeta ciego al igual que Homero), ya que el autor nos lo presenta con la capacidad de “ver” lo que los videntes no pueden ver.


§Comparación con Cristo.- Max Estrella sufre en sus carnes un día de “pasión”, al igual que Cristo:
·Es sometido durante toda la obra a un constante expolio de sus pertenencias.
·En la escena IX realiza un brindis con Rubén Darío y Latino que puede recordar a la Última Cena.
·En la escena XIII un clavo del ataúd araña su sien como si fuera una corona de espinas.


§Conciencia crítica ante la injusticia social y solidaridad con los humildes y oprimidos (escenas VI y XI). Este es un aspecto muy contradictorio de su personalidad. Podría decirse que se produce una cierta evolución ideológica a lo largo de la obra.
·Inicialmente solo aparece preocupado por su situación personal (escena II). Más adelante formula su mala conciencia por su despreocupación social (escena IV).

·Los encuentros con el preso (escena VI) y con el niño muerto (escena XI) le obligan a darse cuenta de la realidad.

· Pese a esa toma de conciencia, vuelve a mostrar su cara más egoísta al aceptar el dinero del ministro que luego se gastará en champán, a pesar de saber que su mujer e hija pasan hambre.

§Aunque hayamos hablado antes de una cierta evolución ideológica, lo que realmente define al personaje es la contradicción, la desconexión entre lo que piensa y lo que hace:

·Critica la corrupción política, pero acepta una pensión vitalicia de su amigo el ministro.

· Se compadece del dolor de la madre del niño muerto, pero se acaba convirtiendo en verdugo de su mujer y su hija.

§ Sistemática degradación en el transcurso de su vida dramatizada:

·Estafa de Zaratustra.

· Engaño de Latino.

· Encarcelamiento.

· Venta de su dignidad al ministro.

· Robo de la cartera por Latino.

Incluso después de la muerte, el autor sigue despojándolo de su dignidad:

· Su muerte es confundida con una borrachera (escena XII).

· Después, su muerte es confundida con una catalepsia (escena XIII).


Latino de Hispalis

Es el personaje más esperpéntico de toda la obra.  Cínico, parásito, desleal y canalla, apenas hay en él un resto de dignidad. Es el bohemio golfo que se arrima, como un perro, al bohemio heroico, al que no duda en adular, burlar y rober. Es Claudinita quien lanza sobre él la más dura acusación: “¡Este hombre es el asesino de papá” (XIII).

Según Zamora Vicente, algunos datos biográficos de Alejandro Sawa son usados por Valle para
construir este personaje, de manera que constituya la “otra cara de la moneda”.


Latino es la cara oscura de Max, el punto de vista anclado en la realidad mezquina y miserable de la España del momento.


El personaje colectivo

El resto de los personajes podríamos tratarlos como un colectivo con el que pretende reflejarnos el panorama social de la España de su época. En ese personaje colectivo podemos hacer una serie de grupos, según el tratamiento que reciban del autor:


§
Las víctimas.- Están tratados con gran ternura y comprensión. A veces los sitúa al nivel de héroes trágicos.

§ Personajes en los que se mezcla la ternura y la sátira (las prostitutas, los modernistas, los borrachos., sepultureros, don Filiberto, etc…).- Son gentes humildes y vulgares, víctimas de la miseria social y moral de la época, pero no intentan salir de ella y la aceptan con resignación. No son luchadores.
§ Los degradados.- Son los más criticados por el autor: el ministro, Zaratrusta, los representantes de la policía, la política y el capital.
Luces de bohemia está ,pues, protagonizada por toda una colectividad, y con esta elección del personaje colectivo, Valle- Inclán entronca con una tradición literaria preocupada por lo social: Quevedo, el Lazarillo, el Quijote, Baroja…
La magistral caracterización de los personajes (directa en las acotaciones, indirectas en los diálogos) utiliza una variada gama de recursos literarios (descripciones zoomórficas, personificaciones, metonimias, metáforas, sinestesias…), dotando a las figuras de una plasticidad cercana al expresionismo.
Importante es también su nominación. “Máximo Estrella” es el esplendor superlativo de la fama (“Estrella Resplandeciente” le llama don Latino en la escena IX), rebajada por la desgracia que evidencia su apodo, “Mala Estrella”; “don Latino de Hispalis” muestra su vacua pedantería ya desde el nombre, que es, además alusión a su papel de Virgilio en este esperpento dantesco. Los motes de algunos personajes del lumpen muestran la ironía del autor- “la Marquesa del Tango”, “el rey de Portugal”-. Notable es el empleo de diminutivos con valor de sátira aplicados a los representantes del poder oficial:  capitán “Pitito”, “Serafín el bonito”, “Dieguito”. En otros casos, tras el apelativo esperpéntico se alude a personajes reales. tras “Zaratustra” está el librero Pueyo, por ejemplo.
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Lunes, 8 de abril

d) Ciclo esperpéntico– Está integrado por Luces de bohemia (1920), Los cuernos de don Friolera (1921), La galas del difunto (1926) y La hija del capitán (1927). Estas tres últimas fueron publicadas en 1930, en un solo volumen, bajo el título de “Martes de carnaval”.

Luces de bohemia es la primera obra a la que su autor da el nombre de “esperpento”, palabra sacada del habla popular para designar lo ridículo, extravagante y grotesco.  Pero el esperpento es, más que un género o una forma dramática, una nueva estética y una nueva visión del mundo. El propio dramaturgo expuso, de modo fragmentario, una teoría del esperpento. Leamos sus palabras en el acto XII:

Es el protagonista quien habla. Parte de esta afirmación: “Nuestra tragedia no es una tragedia”. La tragedia es un género demasiado noble para el panorama que le rodea: “España es una deformación grotesca de la civilización europea.” Por eso, “el sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada”. Y así, de la imposibilidad de la tragedia surge el esperpento. El carácter de esa estética deformante la ilustrarán los espejos cóncavos que decoraban la fachada de un comercio en la llamada calle del Gato ( en realidad, de Juan Álvarez Gato), en Madrid:”El esperpento lo ha inventado Goya. Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato.El callejón del Gato Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el esperpento…Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.” (L. de bohemia, esc. XII).

Espejo cóncavo del callejón

En una entrevista realizada en 1928, el autor declara:

“Comenzaré por decirle a usted que creo que hay tres modos de ver el mundo artística o estéticamente: de rodillas, en pie o levantado en el aire…(Esta última) es mirar el mundo desde un plano superior y considerar a los personajes de la trama como seres inferiores al autor, con un punto de ironía. Los dioses se convierten en personajes de sainete.Ésta es una manera muy española, manera de demiurgo, que no se cree en modo alguno hecho del mismo barro que sus muñecos. Quevedo tiene esa manera. Cervantes también…También es la manera de Goya. Y esta consideración es la que me movió a dar un cambio en mi literatura y a escribir los esperpentos, el género literraio que yo bautizo con el nombre de esperpento”. (ABC, 7-XII- 1928)

El esperpento deforma y distorsiona la imagen que tenemos de la realidad con el objeto de mostrarnos su verdadero rostro: la grotesca y absurda vida española contemporánea. La deformación, el descoyuntamiento de personajes, espacios y acciones a través de un lenguaje peculiarísimo, que aúna el registro más populachero con la elaboración metafórica audaz, producen en el espectador risa, horror y perplejidad a un tiempo; esta risa, la mayor parte de las veces, no es sino un atenuante del horror para hacernos más soportable la pesadilla esperpéntica.

La técnica del esperpento no es, por otra parte, totalmente nueva, está ya implícita en obras anteriores de Valle-Inclán, y entronca con una vasta tradición de lo grotesco en la literatura y el arte: Quevedo y Goya, pero también el Guernica de Picasso; el cine de Buñuel, y algunos movimientos estéticos, como el expresionismo alemán, el dadaísmo francés, el futurismo italiano, las novelas de Kafka o el teatro del absurdo. Una tradición, pues, universal.

"El grito" de E. Munch

 

Luces de bohemia: estudio de la obra

Luces de bohemia apareció por primera vez en 1920 en la revista España; de 1924 es la primera edición en forma de libro, con numerosas correcciones e interpolaciones, entre las que destacan tres nuevas escenas: II, VI y XI.

La obra escenifica el viaje nocturno, verdadero descenso a los infiernos, de Max Estrella, “andaluz hiperbólico, poeta de odas y madrigales” (I). El héroe parte de su “guardillón” (“Bastardillos, esquina a San Cosme”) y, tras recorrer diversos lugares madrileños (una librería, una taberna, un calabozo, un café modernista, diversas calles), siempre guiado por don Latino de Híspalis, regresa a la puerta de su casa, como un nuevo Ulises, para morir.

En este viaje a través de la noche, muchos han entrevisto una parodia de la Divina Comedia dantesca (“Latino, sácame de este círculo infernal”, “Nuestra vida es un círculo dantesco”; XI).

También la crítica ha señalado en el escritor Alejandro Sawa al modelo indudable de Max Estrella. Sawa fue un poeta y prosista andaluz que residió en Francia (donde se casó y tuvo una hija); durante su estancia en España frecuentó los ambientes bohemios del Modernismo, trabando amistad con Rubén Darío y el propio Valle-Inclán. Murió en 1909, ciego, loco y pobre. Sawa inspiró también a Baroja el personaje de Villasús en El árbol de la ciencia. Algunos datos biográficos de Sawa han pasado también a don Latino, auténtica contrafigura del protagonista.

 

 

 

 

 

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Jueves, 4 de abril

Ramón del Valle-Inclán, Luces de bohemia (contenidos PAU)
La estética de Valle-Inclán: de lo bello a lo feo, de lo sublime a lo grotesco y a lo deforme. Parodia de la decadencia histórica, social, moral e intelectual de la España de la época. Teoría del esperpento. La figura trágica de Max Estrella. Función de los personajes secundarios y simbolismo de sus nombres. Tiempo y espacios de la obra.

El teatro español anterior a 1936

Conviene recordar las particulares circunstancias que en toda época rodean al género teatral. Como espectáculo pesan sobre él unos condicionamientos comerciales muy fuertes. De ahí que, al iniciarse el S. XX, la escena española se reparte, de manera desigual, entre una dramaturgia oficial e inmovilista, que goza de la aceptación del público burgués que frecuenta y financia los teatros, y otra de carácter innovador, casi exclusivamente representada en círculos minoritarios.

Dentro del teatro que triunfa comercialmente se han señalado tres corrientes: el teatro poético, el teatro cómico y la comedia burguesa.

Frente al anterior surgen figuras que intentan, de acuerdo con el teatro que se hace en Europa, renovar la escena española. Miguel de Unamuno y, sobre todo, García Lorca y Ramón María del Valle-Inclán serán los tres autores que, pese a que sus obras tampoco han estado presentes con la asiduidad que su valor exige, conseguirán crear unas formas dramáticas que sirvan de adecuado vehículo estético a la problemática contemporánea.

Ramón Mª del Valle-Inclán. Vida y personalidad

Biografía

Ramón María Valle Peña (nombre real) nació en Villanueva de Arosa (Pontevedra) en 1866. Inició estudios de Derecho en Santiago, pero, antes de acabar la carrera, su inquietud aventurera le impulsó a marcharse a Méjico (1892). En 1893 regresó a España, frecuentando los ambientes bohemios, las tertulias y los cafés del Madrid de finales de siglo; en una de estas tertulias se produjo el altercado a raíz del cual perdió un brazo.

Su fama va creciendo, tanto por su arte como por multitud de anécdotas de su vida excéntrica. En 1907 se casa con la actriz Josefina Blanco ( se separa de ella en 1933). En 1916 está como corresponsal de guerra en el frente francés y se declara aliadófilo. Ese mismo año, se crea para él una cátedra de Estética en la Escuela de Bellas Artes de Madrid, pero Valle se aburre y la deja. Su dedicación a la literatura es absoluta y no le detienen las privaciones que sufre con su familia.

Más adelante participó en las protestas contra la Dictadura del general Primo de Rivera (fue encarcelado en 1929) y, al proclamarse al Segunda República, en 1931, fue nombrado miembro del Consejo Nacional de Cultura y, posteriormente, director de la Academia Española en Roma. En 1935, aquejado de cáncer, regresa a Santiago de Compostela donde muere en enero de 1936, poco antes de comenzar la guerra civil

Las tierras de Méjico, su Galicia natal y el Madrid bohemio serán los tres enclaves geográficos y ambientales de su obra literaria.

Personalidad e ideología

La figura humana y literaria de don Ramón María del Valle-Inclán posee un perfil originalísimo. Su aspecto físico (manco, con largas barbas de chivo, melenas, lentes quevedescos y capa española) era inconfundible. Fue Valle, en palabras de Ramón Gómez de la serna, “la mejor máscara a pie que cruzó la calle de Alcalá”. También su vida fue una suma de excentricidades y actitudes sorprendentes, siempre en rebeldía contra la banal mediocridad. Tras “ese disfraz” se oculta, de un lado, un violento inconformismo y , por otra parte, una entrega rigurosa a su trabajo de escritor en permanente persecución de nuevas formas.

La evolución ideológica del autor es inversa a la mayoría de los escritores de la Generación del 98. Por sus orígenes y sensibilidad, se mostró desde un principio declaradamente antiburgués. Su aversión a la civilización burguesa, que considera mecanizada y fea, y su repulsa del liberalismo, le llevan a ensalzar los viejos valores de aquella sociedad rural arcaizante en la que se había formado. Y así, hacia 1910, se declara “carlista por estética”.

A partir de 1915, dará un giro radical: se sigue oponiendo a lo mismo, pero ya no desde un tradicionalismo o conservadurismo idílico, sino desde posiciones revolucionarias. Sus declaraciones en este sentido se hacen más frecuentes desde 1920 (fecha de publicación de Luces de bohemis). Se enfrentó de modo viruelnto con la Dictadura de primo de Rivera. En 1933 ingresa en el partido Comunita, aunque, por otra parte, también existen testimonios de cierta admiración suya hacia Mussolini.

Producción literaria

Obra no dramática

Valle fue novelista, poeta y dramaturgo, y en muchos casos resulñta difícil trazar una línea divisoria entre los géneros que cultiva. Dos rasgos fundamentales podrían señalarse como característicos de toda su obra:uno, la ruptura total con la estética realista burguesa, y otro, una marcada y consciente teatralidad. En todos los géneros se observa una singular evolución, paralela al cambio ideológico señalado anteriormente: de un Modernismo elegante y nostálgico a una literatura crítica, basada en una feroz distorsión de la realidad.

Entre sus obras narrativas señalaremos el ciclo de las Sonatas (1902-1905) y Flor de santidad (1904), cimas de la prosa modernista; la trilogía La guerra carlista (1908-1909) y, sobre todo, Tirano Banderas (1926) y un nuevo ciclo de novela histórica muy personal titulado genéricamente “El ruedo ibérico” (1926-1936), que dejó incompleto al morir.

Cultivó también el ensayo estético en La lámpara maravillosa (1916) y el reportaje en La media noche (1917), defensa de la causa aliada en la primera contienda mundial, así como la poesía (Claves líricas, 1930).

La obra dramática de Valle-Inclán

Su producción dramática es, como señala Ruiz Ramón, “una de las más extraordinarias aventuras del teatro europeo contemporáneo”.

Entre las distintas clasificaciones que del teatro de Valle se ha hecho, la más interesante es la que agrupa sus obras en ciclos:

a) Ciclo modernista– Estas obras iniciales están basadas en un esteticismo decadente al margen de la realidad. Destacamos entre otras:

Cenizas (1899), reelaborada en 1908 bajo el título El yermo de las almas; El marqués de Bradomín (1906); los dos poemas dramáticos en prosa “Tragedia de ensueño” (1903) y “Comedia de ensueño” (1905), incluidos en Jardín umbrío; Cuento de abril (1910) y Voces de gesta (1911).

b) Ciclo mítico– Partiendo de una Galicia real, de su paisaje y sus gentes, Valle-Inclán construye una imagen del hombre y del mundo que no es histórica sino mítica e intemporal. Nos presenta un universo casi primigenio en el que fuerzas elementales, como el mal, la irracionalidad, la violencia y, sobre todo, “la avaricia, la lujuria y la muerte”, rigen la existencia y el destino de los protagonistas: hidalgos arcaicos, mendigos, seres tarados, marginados y violentos.

Destacamos “Comedias bárbaras”, trilogía formada por Águila de blasón (1907), Romance de lobos (1908) y Cara de plata (1922); El embrujado (1913) y Divinas palabras (1920).

c) Ciclo de la farsa– El autor plasma aquí un espacio escénico situado en un S. XVIII versallesco, también ahistórico y tamizado por el modernismo. De algún modo se preanuncia el “esperpento” que va a presidir las siguientes obras.


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