. La narrativa española en la década de los 50 (fotocopia)
. Otros materiales interesantes:
1)Matute recupera “Luciérnagas’, una novela de niños marcados por la guerra (El País, 27 Oct 1993)
Ana María Matute (Barcelona, 1926), autora de Primera memoria (Premio Nadal 1959) y de otras novelas de éxito, acaba de someterse a una experiencia singular. A sus 67 años ha decidido recuperar en Ediciones Destino una de sus primeras novelas, Luciérnagas, más de 40 años después de haberla publicado por primera vez, con otro título y destrozada por la censura. “La novela” dice, “trata de unos niños marcados por la guerra”.
“No es que haya vuelto a escribir la novela”, aclara Ana María Matute con una sonrisa. ‘Lo que pasa es que esta misma novela chocó hasta tres veces con la censura y quedó destrozada, hasta el punto que ni aparece en mis obras completas. Hace unos años les conté de qué iba a mis sobrinos, que tienen entre 28 y 30 años, y les interesó mucho. Decidí volver a publicarla, pero recuperando el manuscrito original”.Al publicar de nuevo la novela, Matute ha viajado en el tiempo para recordar los años terribles de la guerra y los cielos grises de la posguerra. “Volver a este libro”, señala, “me ha hecho recuperar la mentalidad y los sentimientos de entonces, de una época marcada por la brutalidad de la guerra, porque el libro es de la guerra. Los protagonistas son varios adolescentes que no saben por qué se están matando sus hermanos mayores y que no comprenden por qué tienen ellos que recibir las consecuencias. No es una novela política, sino que es humana, de jóvenes que no comprenden que han hecho ellos para merecer esto”.
“Nunca he escrito una novela de la guerra”, reflexiona Matute con una sonrisa amarga, “pero la guerra se ha metido en todos mis libros”. Insiste, a continuación, que, además de los muchachos destrozados,Luciérnagas tiene un protagonista destacado, la ciudad de Barcelona.
‘La ciudad es otro personaje”, explica. “Esa Barcelona hundida, machacada y hambrienta, esa ciudad de color de aluminio mojado un poco fosforescente. Esa ciudad de cielos grises, de gente que hacía cola para comprar el pan, de tu hermano que te llamaba para mostrarte unos cuerpos tirados en un solar. Eran muertos, claro… Y eso viniendo de un mundo que no era el nuestro, de una educación burguesa. Aprendimos mucho durante la guerra, demasiado”.
“Algunos me han dicho que es un libro desesperado”, comenta. “Sí, hay una desesperación, hay un clima de juventud desesperada y cabreada”.
Ana María Matute, que estuvo durante un largo período sin escribir “a causa de una depresión”, trabaja ahora en una nueva novela, Paraísos inhabitados, de la que prefiere no dar detalles. “Nunca cuento nada”, dice, “porque se estropea. Si ya se estropea cuando lo escribes, imagínate si encima lo cuento”.
2) Luciérnagas (“Los ojos de Hipatia”)
La historia de esta obra, Luciérnagas, es una vida de censura, de reliquia y, para algunos, de olvido. De censura, porque a pesar de ser escrita en 1949, no se publicó, hasta 1955 bajo el título En esta tierra tras ser revisada y mutilada por la censura franquista; de reliquia porque no siempre ha sido fácil encontrarla en las librerías, y de olvido, porque tras agotarse la edición de 1993 era casi una quimera encontrar esta obra, como ocurre con las primeras obras de Matute.

Tras el franquismo, En esta tierra se publicó por la editorial Destino en 1993 bajo el título Luciérnagas, contando con la revisión de la misma Matute para devolver a la obra aquellos fragmentos robados por la censura. Tras esta edición de 1993, la novela no volvió a ver la luz hasta una posterior edición en 2011 gracias a Austral, y BackList, convirtiéndose ésta en la única que podrán encontrar en las librerías.
Matute gracias a una prosa sutil, lejos de cargar las tintas contra republicanos o nacionales, describe el dolor y la locura que la guerra provoca en quienes vivieron aquellos años tan cruentos, de hambre, de dura pobreza, de violencia y de miedos, ya fuese directa o indirectamente. La obra narra, a través de un grupo de jóvenes, de una forma realista aquellos sentimientos que vivieron durante la Guerra Civil en la Barcelona de 1936. Gracias a los ojos de la protagonista, Soledad, quien pierde a sus seres más queridos durante la guerra, transmite al lector su forma de entender y vivir los acontecimientos que truncaron toda la vida de un país. Sol, de Soledad, en los primeros años de guerra pierde a su padre, vive la decadencia de su familia, tanto económica como sentimental, la “huida” de su hermano Eduardo, quien decide irse de casa, y la depresión de su madre. Ante todas estas circunstancias y a aquellas más que deberá enfrentarse, Sol, una muchacha de 15 años, frágil y delicada, deberá madurar durante la guerra y despojarse de la niña que es. Será en este contexto cuando entre tanta oscuridad brillen unas pequeñas lucecitas, gracias a un amor, intenso y denso, que devolverán a nuestra protagonista a la vida. A través de ese amor, en un mundo donde aparentemente ya no existe, Soledad comprenderá qué es la vida y que a pesar del dolor por qué merece la pena vivirla y saborearla.
Luciérnagas, al igual que muchas otras obras de Matute, es un retrato, una perfecta radiografía, de los sentimientos que vivieron miles y miles de españoles durante la guerra civil. Bajo un sello indiscutible, con un estilo propio que caracteriza su obra, Luciérnagas nos habla de la inocencia interrumpida, del dolor y la derrota, para tornarse a pesar de todos los sufrimientos en una oda a la vida. De ahí, y porque es una de las mejores novelas que tratan el tema de la guerra civil, desde la curiosa mirada de Hipatia les recomendamos que no dejen escapar tan magnífica lectura, que sencillamente, se resumimos como brillante e impresionante.
Además, indicarles que el prólogo está escrito por Esther Tusquets, quien como muy bien indica, a través de esta obra, de la misma protagonista, Sol, podemos encontrar a la propia Ana María Matute, quien al igual que Soledad también vivió la guerra, y con once años pasó de una realidad llena de cuentos y fabulas a otra más cruenta donde descubrió que los hombres también pueden matar.
3) Luciérnagas (“El Blog de la Biblioteca del IES El Brocense”)
Luciérnagas es una de las primeras novelas de Ana Mª Matute y resume los avatares de la narrativa española de posguerra: ambientada en Barcelona durante la Guerra Civil, fue finalista del premio Nadal en 1949, pero no se publicó hasta 1955, muy censurada, bajo el título Ésta es mi tierra. La versión completa, ya titulada Luciérnagas, la publica Destino en 1993, revisada por la autora. Descatalogada, se volvió a editar en 2010 (BackList) con prólogo de Esther Tusquets .
Los protagonistas de la historia son, como en otras novelas de la autora, adolescentes que pierden la inocencia porque deben enfrentarse de forma brusca y dolorosa a la vida adulta. Son “los niños asombrados” de Ana Mª Matute, obligados a entender los sinsentidos que los rodean.
En esta ocasión, son dos hermanos, Sol y Eduardo, quienes ven cómo su mundo de comodidades se viene abajo con el estallido de la Guerra Givil. La novela, que se desarrolla en una Barcelona acosada y bombardeada, relata cómo una familia de la burguesía sufre la violencia, primero de unos y luego de otros. No se trata, sin embargo, de una novela sobre la Guerra Civil española, podría ser cualquier guerra. Las razones que han llevado a los dos bandos a enfrentarse no le interesan a la autora; le importan el dolor y el sufrimiento de esos jóvenes y sus amigos, que intentan sobrevivir a pesar que su vida ha sido destruida por la guerra y el salvajismo de una sociedad enferma de odio.
Pero, a pesar de la barbarie, aún queda la esperanza: Luciérnagas es, sobre todo, una novela de amor. La protagonista, Sol (Soledad) se ve obligada a madurar; descubre que con el apoyo de otras personas, solas como ella, es más fácil resistir. Y es entonces cuando conoce el amor, intenso y desbordante de vida en medio de la muerte y la destrucción.
Dice Esther Tusquets sobre Ana Mª Matute y la novela que recomendamos: «En Luciérnagas, se confirma todo su talento narrativo, aparecen todos los elementos básicos de su universo literario y de su posición ante el mundo.»
4) Luciérnagas (www.autorasenlasombra.com)
En las miserias de los adultos, los niños que no las entienden son breves luciérnagas que brillan quedamente en la noche, son la única esperanza que queda, porque se tienen a sí mismos.
«La lectura de Luciérnagas no nos aporta información sobre nuestra guerra civil ni emite argumentos a favor de una opción política determinada —tal vez no exista la literatura de género, pero esta novela, además de figurar entre las buenas, sólo pudo escribirla una mujer—, nos cuenta como mucho las vivencias de una muchachita retraída y extraña, silenciosa y apasionada, una hija de familia (imposible no ver en ella semejanzas con la autora), en la turbamulta desenfrenada y delirante de una guerra fratricida, donde aprenderá entre otras cosas el amor (Luciérnagas es una peculiar y hermosa historia de amor total, capaz de transportar a personas de origen social radicalmente distinto e irreconciliable a un mundo en que los dos pasan a ser uno).»
—Del prólogo de Esther Tusquets
5) Luciérnagas (www.llegirencasdincendi.es)
No porque Ana María Matute haya ganado el premio Cervantes voy a decir lo que sigue, aunque probablemente haya quien me tache de exagerado: Luciérnagas es, para mí, una de las mejores novelas sobre la Guerra Civil que se han publicado en España hasta la fecha (y eso que ha llovido mucho). Aparecida originalmente en 1955, ahora la editorial BackList la recupera para el bien de los lectores y de la literatura española (ya que andaba descatalogada desde 1993).
Luciérnagas se centra en uno de los temas preferidos de Matute: la pérdida de la inocencia y la irrupción de los adolescentes en un mundo de adultos amenazado por circunstancias extremas, como es el caso de la Guerra Civil. En esta ocasión, los protagonistas son dos hermanos jóvenes, Sol y Eduardo, que justo al acabar la escuela, ven cómo su mundo de comodidades se viene abajo. La novela, que se desarrolla en Barcelona, es absolutamente coherente con la cronología de sucesos que tuvieron lugar entre 1936 y 1939 (y queda alejada de cualquier adoctrinamiento), ya que relata cómo una familia de clase media-alta sufre el salvajismo, primero de unos y luego de otros.
Luciérnagas, título que hace referencia a pequeños seres vivos que parece que vagan desorientados, gira sobre todo en torno a Sol, una muchacha tímida, sin demasiadas amistades, que de repente tiene que comportarse como una mujer fuerte. Esta Sol nos recuerda, inevitablemente (y como apunta Esther Tusquets en el prólogo), a la propia Ana María Matute: a la autora, la guerra la llevó, con once años, a enfrentarse a una realidad que desconocía: pasó de los juegos de niños a saber que el hombre podía asesinar. “La simulación de la vida confortable -que decía ella en una entrevista-, la de los reyes magos, cambió, la vida era otra cosa”. Esa transición no se nos presenta en la novela de una forma claramente explícita, sino más bien alusiva.
A medida que vamos avanzando en la lectura, el dolor y la derrota están más presentes en la novela, aunque eso no quiere decir que la autora vaya a lo fácil, sino que es gracias a una prosa desbordante, que el lector se deja llevar al mundo complejo de cada uno de estos personajes. Ana María Matute no se limita a la descripción de escenas, sino que las construye gracias también al simbolismo que dota a cada una de las situaciones que leemos. No ha sido el Cervantes lo que me ha hecho reencontrarme con la mejor Matute, sino estas Luciérnagas, que vuelven a la palestra para recordarnos el valor que siempre ha tenido la literatura. Impresionante.