2ª parte del Quijote (resumen de los capítulos)
PRÓLOGO- ROSA
CAPÍTULO 3. Del ridículo razonamiento que pasó entre don Quijote, Sancho Panza y el bachiller Sansón Carrasco. (12) ESTHER
CAPÍTULO 10. Donde se cuenta la industria que Sancho tuvo para encantar a la señora Dulcinea, y de otros sucesos tan ridículos como verdaderos. (13) CÈLIA
CAPÍTULO 23. De las admirables cosas que el estremado don Quijote contó que había visto en la profunda cueva de Montesinos, cuya imposibilidad y grandeza hace que se tenga esta aventura por apócrifa. (15) MARIA ??????
CAPÍTULO 29. De la famosa aventura del barco encantado. (10) ALBA
CAPÍTULO 41. De la venida de Clavileño, con el fin desta dilatada aventura. (15) ÀNGELA
CAPÍTULO 48. De lo que le sucedió a don Quijote con doña Rodríguez, la dueña de la duquesa, con otros acontecimientos dignos de escritura y de memoria eterna. (12) ANNA ?????
CAPÍTULO 62. Que trata de la aventura de la cabeza encantada, con otras niñerías que no pueden dejar de contarse. (17) ESTER/ CÈLIA ?????
CAPÍTULO 64. Que trata de la aventura que más pesadumbre dio a don Quijote de cuantas hasta entonces le habían sucedido. (6) MARIA
CAPÍTULO 73. De los agüeros que tuvo don Quijote al entrar de su aldea, con otros sucesos que adornan y acreditan esta grande historia. (7) ALBA ????
CAPÍTULO 74. De cómo don Quijote cayó malo, y del testamento que hizo, y su muerte.- (10) ÀNGELA/ ANNA???
Prólogo (Rosa)
Inicia Cervantes su prólogo, diciéndole al lector que probablemente espere expresiones de rabia y vituperios contra el autor del segundo don Quijote, pero él no va a caer en esa tentación, porque “los agravios despiertan la cólera en los más humildes pechos, en el mío ha de padecer excepción esta regla”…”castíguele su pecado, con su pan se lo coma y allá se lo halla” ( Estas tres frases significan lo mismo: “allá él, él sabrá lo que hace” )
Se queja de que el autor lo mote de viejo, manco y envidioso. Respecto a lo primero contesta “como si hubiese sido en mi mano detener el tiempo”. ..”hase de advertir que no se escribe con las canas, sino con el entendimiento, el cual suele mejorarse con los años”. Tocante a lo segundo, que su manquedad no ha nacido en una taberna, sino “en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros”. Referente a lo tercero, “de dos envidias que hay, yo sólo conozco sino a la santa, a la noble y bien intencionada”
Dice que no se siente agraviado por ese autor, pues comprende que a veces el demonio puede hacerle creer a un hombre que puede escribir un libro con el que ganar fama y dinero. Para ilustrarlo le cuenta dos cuentos de locos.
Uno cogía un perro y con un canuto, lo inflaba, preguntándoles después a los circunstantes: “¿Pensarán vuestras mercedes ahora que es poco trabajo hinchar un perro?. ¿Pensará vuestra merced ahora que es poco trabajo hacer un libro?.
El otro lanzaba piedras sobre los perros, en una de las ocasiones lo vio el dueño de uno y cogiendo una vara, no le dejó al loco un hueso sano, diciéndole “¿No vistes cruel que era podenco mi perro?. Desde ese momento, el loco cuando veía un perro, decía “Éste es podenco, ¡guarda!”. De la misma manera, cree Cervantes que le puede ocurrir a ese autor, que no descargue más su ingenio en libros, pues le salen malos y “más duros que las peñas”.
Por último, respecto a que con su falso Quijote le va a quitar ganancias en las ventas, le dice que no le importa, pues tiene la protección del Conde de Lemos y la caridad del ilustrísimo de Toledo; a estos dos príncipes les está agradecido por su ayuda, pues “la honra puédela tener el pobre, pero no el vicioso; la pobreza puede anublar a la nobleza, pero no escurecerla del todo; pero como la virtud dé alguna luz de sí, aunque sea por los inconvenientes y resquicios de la estrecheza, viene a ser estimada de los altos y nobles espíritus, y, por consiguiente, favorecida. Continúa diciendo que la segunda parte que le da al lector es cortada del mismo artífice y del mismo paño que la primera.”. Dado que “la abundancia de las cosas, aunque sean buenas, hace que no se estimen, y la carestía, aun de las malas, se estima en algo” quiere presentar un Quijote “dilatado” y finalmente muerto y sepultado, para que ninguno se atreva a levantarle nuevos testimonios.
Comentario
El año 1614, nueve años después de la aparición de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, se publicó con pie de imprenta de Tarragona el Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Contiene su tercera salida y es la quinta parte de sus aventuras. Está compuesta por el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de la villa de Tordesillas.”
Ya desde el inicio, en el mismo prólogo, utiliza el autor una serie de expresiones viles contra Cervantes. Su abyección llega a tal, que pretende denigrar tanto la inmortal obra, como a su autor, Cervantes: a) Trata la historia de don Quijote “Como casi una comedia”; b) Lo trata de manco “…y digo mano, pues confiesa de sí que tiene solo una”; c) Viejo “ Y pues Miguel de Cervantes es ya de viejo como el castillo de San Cervantes”; d) Deslenguado: “tiene más lengua que manos”.
Dicho lo anterior, lo acusa de ofender a dos personas: a quien escribe el prólogo y “particularmente a quien tan justamente celebran las naciones más extranjeras”, en clara alusión a Lope de Vega.
Por último lo acusa de envidioso, pero lo exculpa en lo yerros dado que “el haberse escrito entre los de una cárcel; y así no pudo dejar de salir tiznada de ellos, ni salir menos que quejosa, murmuradora, impaciente y colérica, cual lo están los encarcelados”.
Como vemos, el anónimo autor, desea iniciar una guerra con Cervantes. Este contesta desde la serenidad, pero con humor y fina ironía a los insultos e injurias (viejo, manco, murmurador y envidioso) que contra él había dirigido Avellaneda.
Es probable que Cervantes conociera quién era el autor del falso Quijote, pero no lo quiso decir para no darle celebridad. “El duelo verbal, como apunta Avalle Arce, entre los dos autores, termina con un Avellaneda despachurrado. Cervantes lo inicia desde la ecuanimidad, utilizando la figura de la preterición, -que consiste en aparentar que se quiere omitir lo que se está diciendo-. Su saña se expresa a través de un nublado de dos chistosos cuentos de locos (Avalle Arce). Con el primer cuento, de acuerdo con Clemencín, parece que Cervantes quiso indicar que Avellaneda “no hizo más que llenar un libro de futilidades y viento, como el loco del perro”.
Las draconianas expresiones de Avellaneda pretendían ajar la inmortal obra y a su autor, pero la palabra cervantina va tejiendo una dialéctica, desde la ecuanimidad, que terminan con los dislates del apócrifo autor.
(Publicado por José González Molina)
Capitulo III (Ester)
Don Quijote está esperando al bachiller Sansón Carrasco de quien espera la crítica de su libro tal y como le había dicho Sancho.
Don Quijote comenta que nunca se han escrito hazañas de escuderos y caballeros grandilocuentes, magníficos y verdaderos. Con esto se consoló, pero le vino a la mente que el autor de la obra era moro, Cide Hamete Benengeli, y que de los moros nunca podía esperarse ninguna verdad. Finalmente llegó el bachiller Sansón y se arrodilló frente a don Quijote diciéndole que era uno de los caballeros andantes más famosos que habría en todo el mundo y que su historia la contaba un moro y era sabio. Don Quijote quedó sorprendido de las afirmaciones del bachiller que este mismo le contó que están impresos más de doce mil libros de su historia.
El caballero preguntó al bachiller qué hazañas se contaban en esta historia y este le respondió que muchas (la aventura de los molinos, la libertad de los galeotes…). Sancho también preguntó si en el libro también hablan de él y el bachiller le respondió que era el segundo personaje más importante de la historia. Sansón Carrasco también comentó que en la historia aparecía una historia intercalada, “El curioso impertinente”.
El bachiller, don Quijote y Sancho mantienen un diálogo y después don Quijote invita a Sansón a comer, este acepta siempre que sea buena comida.
Capítulo X (Cèlia)
Don Quijote envía a Sancho para hablar con Dulcinea del Toboso y le ordena que se fije en la reacción y en los gestos de ésta ya que son la señal más clara de sus sentimientos.
Al irse Sancho se sienta al pie de un árbol, allí donde su amo no pueda verle y empieza un diálogo con él mismo reflexionando sobre qué hacer. Decide quedarse hasta tarde para que don Quijote piense que le ha dado tiempo de ir y volver. Al atardecer ve pasar a tres labradoras y corre a avisar a su amo de que ha llegado la misma Dulcinea del Toboso.
El caballero teme que su escudero le esté engañando pero Sancho se adelanta y se arrodilla ante las tres aldeanas; el caballero se arrodilla también y empieza a alabarla. Las aldeanas piden paso y después de caerse aquella que figuraba ser Dulcinea del Toboso, escapan corriendo.
Entonces empieza un diálogo entre don Quijote y Sancho sobre el encantamiento de su amada, que privaron al caballero de ver la belleza de esta. Finalmente siguen su camino hacia Zaragoza.
Capítulo XXIX (Alba)
Don Quijote y Sancho Panza llegan a la orilla del río Ebro, contemplan la majestuosidad del agua, aunque Don Quijote sigue pensativo por las palabras respecto a la cueva de Montesinos del mono del maese Pedro, el cual le había dicho que “parte de aquellas cosas eran verdad y parte mentira”.
Siguiendo con la contemplación del lugar, Don Quijote vio una barca sin remos a la orilla del río atada al tronco de un árbol. Mandó a Sancho atar a Rocinante y a su rocín a un árbol para así poder emprender una nueva aventura con la barca (la locura de Don Quijote le hacía ver un barco). Esta vez, sería salvar a una doncella o un caballero en apuros, ya que entre caballeros deben ayudarse. Sancho contestó a su amo que le seguiría a donde él fuera pero a regañadientes mientras ataba a las bestias en el árbol.
Ya encima de la embarcación, Don Quijote mandó cortar “la amarra” del barco para así poder emprender, por fin, tal esperada aventura.
Sancho al ver que la barcaza se alejaba de la orilla y que las bestias añoraban su ausencia, se echó a llorar, en parte también, por el miedo. Don Quijote le consoló y para desviar su atención le empezó a hablar sobre los astros y cuántas millas habían recorrido El delirio de Don Quijote estaba presente en todo momento ya que hablaba de haber cruzado el Ecuador. Sancho hace uso de su cordura para contestarle a Don Quijote, diciéndole que prácticamente no se han separado de la orilla y que puede ver perfectamente donde se encuentran los animales.
Don Quijote hizo caso omiso a las palabras de Sancho y le dijo que al no entender nada de astrología no podía entender la verdad de sus mismas palabras.
Más adelante, encontraron molinos de agua donde algunos trabajadores molían trigo, pero Don Quijote le dijo a su criado que aquello era una ciudad o un castillo donde se encontraba alguien en peligro, pero Sancho le dijo que no, que eran molinos de agua, pero como de costumbre, Don Quijote hizo caso de lo que sus ojos le mostraban. Los molineros que vieron como la barca se acercaba a las violentas aguas de las ruedas de los molinos, salieron con palos y llenos de harina para desviarlos de su camino.
Don Quijote amenazó a los molineros de liberar a la persona que tenían presa en “la ciudad o castillo” ya que había llegado el gran Don Quijote de la Mancha. Aquellos que no entendieron nada de lo que había dicho, pararon la embarcación mientras Sancho rezaba al cielo para que le librase del peligro que le acechaba. Los molineros volcaron la barca y salvaron a Don Quijote de morir ahogado en el río a causa del peso de sus armas.
Llegaron los pescadores, amos de la barcaza que había sido destruida por las ruedas del molino, y le pidieron a Don Quijote que pagara la barca. Este contestó que lo haría de buen grado si liberaban a la persona que se encontraba presa.
Capítulo XLI (Àngela)
Este capítulo trata sobre la “broma” que le gastaron a don Quijote y a Sancho los duques. Los engañan diciéndoles que unas damas están encantadas y a causa del encantamiento les salen barbas, y para evitar esto don Quijote y su escudero, Sancho, deben subir a un caballo de madera (Clavileño) para ir a ver a Malambruno.
Sancho primero se niega a ir a lomos de este caballo tan especial, pero al final lo convence el duque argumentando que cuando vuelva la ínsula aún estará allí, que no se va a mover.
Después del simulado vuelo, Sancho y don Quijote ven que están en el mismo lugar de antes, pero hay una lanza y un pergamino donde explica que han salido victoriosos de la aventura y han desencantado a las doncellas.
La duquesa aún tiene ganas de reírse de Sancho, así que le pregunta por el viaje que han realizado, a lo que Sancho responde inventándose una fantasiosa historia sobre cómo es el mundo desde arriba.
Capítulo LXII (Ester?/ Cèlia)
Don Antonio quiere burlarse de don Quijote y Sancho y se encierra con estos y les enseña una cabeza de bronce que, según él ha sido fabricada por un encantador y tiene la capacidad de responder a todo lo que se le pregunte. El caballero pregunta sobre si fue real aquello que ocurrió en la cueva de Montesinos y, una vez obtiene la respuesta ,añade que no quiere saber nada más, evitando que la cabeza le hable del desencantamiento de Dulcinea del Toboso. Sancho Panza pregunta si volverá a ser gobernador y pregunta también por su familia. Esta le responde que será gobernador de su casa y dejara de servir de escudero.
Aparece entonces la figura de Cervantes citando a Cide Hamete Benengeli y se nos relata todo el mecanismo utilizado para que la cabeza de bronce diese sus respuestas al caballero y escudero: la cabeza comunicaba con un aposento del piso inferior y el sobrino de don Antonio respondía a las preguntas. Este mecanismo fue utilizado por don Antonio durante diez y doce días por toda la ciudad hasta que intervino la Inquisición, mas para Sancho y Quijote quedó como un hecho mágico.
El capítulo acaba con la visita del caballero a una imprenta de Barcelona en la que encuentra una edición del Quijote de Avellaneda y aprovecha para mostrar su despecho
La mujer de don Antonio Moreno estaba muy contenta de ver a Ana Félix en su casa, ya que era muy bella y la gente del pueblo la adoraba.
Don Quijote le comenta a don Antonio que no habrían de haber dado libertad a don Gregorio porque no era bueno y que sería mejor que lo pusiesen a él en Berbería que él lo sacaría. Igual que hizo Gaiferos a Melisendra.
Sancho le dice que no es tan fácil porque hay la mar en medio, pero don Quijote le contesta que siempre hay remedio menos en la muerte, y que llevando el barco a la marina se pueden embarcar en él. Sancho no lo tenía nada claro.
Partió el renegado al cabo de dos días en un barco y al cabo de dos más partieron las galeras a Levante, y le dijeron al visorrey que le informaran sobre la libertad de don Gregorio.
Un día, estando don Quijote en la playa, vio a un caballero, el de la Blanca Luna y lo retó, diciendo que su dama es la más hermosa del mundo.
Le dice al caballero que si afirma que lo que dice es cierto no lo matará, pero si lo niega se retirará durante un año y dejará de ser caballero. Si por el contrario lo vence, quedarán todas sus cosas a su disposición.
El caballero le contesta que Dulcinea no es una dama bella y dice que no miente pero que no dice lo cierto. Acepta su desafío.
El visorrey preguntó por qué luchaban y los caballeros respondieron que por amor y belleza. Empezó la batalla.
El caballero de la Blanca Luna tira a Don Quijote por los suelos, pero este, aturdido no paraba de decir que Dulcinea del Toboso era la mujer más hermosa del mundo y que quería que le quitara la vida porque había perdido su honra.
El caballero de la Blanca Luna dice que viva Dulcinea, y hace que se retire don Quijote un año hacia sus tierras.
Sancho se preocupa por el estado de su señor y el visorrey y don Antonio van detrás del caballero de la Blanca Luna para ver quién es en realidad.
Capítulo LXXIV (Àngela)
Don Quijote recupera la cordura y cae enfermo. Después de hacer testamento, muere cristianamente en su casa. Con este final, Cervantes se asegura de que nadie pueda volver a escribir historias de don Quijote y deja cerrada la novela.