Lunes, 16 de noviembre

TEXTO ORIGINAL DEL QUIJOTE

CERVANTES Y LA LEYENDA DEL QUIJOTE

ILUSTRADORES DEL QUIJOTE

1. Miguel de Cervantes Saavedra, un perfil biográfico

1.1. De la cuna al cautiverio

Nacido en 1547, en Alcalá de Henares. Cuarto de los siete hijos de un médico cirujano, que mantuvo con dificultades la familia, con la que tuvo que trasladarse a Valladolid, donde Miguel inició su formación académica, que culminó en Madrid, en el colegio de Juan López de Hoyos, de la mano del cual Cervantes publicó sus primeros versos, un erasmista que, sin duda, influyó fuertemente en su pupilo: las críticas que se lanzan a la riqueza y a los que abusan de su poder, junto con la defensa de la libertad individual, que encontramos en el Quijote son algunas de las señales del erasmismo del mismo Cervantes.

Durante el verano de 1569, Cervantes huye a Italia,acusado de herir a un hombre, seguramente en un duelo. En Roma, sirve durante un tiempo al cardenal Acquaviva y, en 1570, se enrola como soldado. En octubre de 1571, en la batalla de Lepanto, Miguel entró en combate a pesar de estar con fiebres y recibió dos heridas, una en el pecho y otra en la mano izquierda, que no impidieron que, una vez curado (la mano quedó algo anquilosada), participase en otras acciones militares y sirviera como soldado de guarnición en varias ciudades italianas.

La estancia en Italia dio a Cervantes la oportunidad de conocer ciudades como Roma, Milán, Florencia y Venecia, que florecían entonces en el cenit de su esplendor renacentista, y que dejaron honda huella en el escritor.

En setiembre de 1575, Cervantes se embarcó con su hermano Rodrigo, también soldado, para viajar de Nápoles a la península Ibérica. Llevaba cartas de recomendación con las que pretendía ser ascendido a oficial del ejército. Cuando bajeles turcos apresaron la galera y se llevaron cautivos a Argel a los dos hermanos, las cartas de recomendación se convirtieron en comprometedoras, ya que los turcos pensaron que estaban ante un rehén de elevada condición y que, por tanto, de él podrían conseguir un elevado rescate. En el caso de Miguel, el rescate se demoró cinco años, tiempo que se le hizo insufrible, de manera que protagonizó audaces intentos de fuga que fueron frustrados. La libertad le llegó en setiembre de 1580, después que unos frailes trinitarios pagaran su rescate. Hay huella de esta experiencia en dos piezas teatrales: El trato de Argel y Los baños de Argel, así como en la historia del cautivo que interpoló en la primera parte del Quijote.

1.2. Dificultades para rehacer su vida

El rescate de los hermanos mermó la menguada hacienda de los Cervantes hasta el endeudamiento. Miguel, falto de recursos, marchó al encuentro de la corte de Felipe II, de la que consiguió algo de dinero; sin embargo, intentó infructuosamente marchar a Amèrica. Por ese tiempo (1582), ya había comenzado a redactar La Galatea y mantenía relaciones con Ana Villafranca, mujer casada con quien reconoció tener una hija, Isabel de Saavedra. A pesar de ello, en 1584, contrajo matrimonio con Catalina de Salazar, una joven de 19 años, hija de una familia principal, aunque no rica.

Entre 1587 y 1600, Cervantes se estableció en Sevilla con el cargo real de comisario de abastos, que le llevó a recorrer gran parte de Andalucía como cobrador de impuestos y requisando cereales y aceite para proveer las galeras de la Armada Invencible. Era un oficio ingrato y lleno de incidentes que le puso en contacto con una variopinta gama de tipos humanos, que irá recordando y retratando en el Quijote y otras obras: venteros y campesinos, pícaros y titiriteros, curas de aldea y delincuentes, etc. Su segundo intento de marchar a América quedó también frustrado. Continuando con su oficio de recaudador de impuestos, fue encarcelado por un corregidor de Écija en 1592, acusado de vender una partida de trigo sin autorización. La apelación fue rápida y se le puso de inmediato en libertad. En 1594, obtuvo la comisión de cobrador de alcabalas (tributo que gravaba las ventas de productos) y otros impuestos atrasados en el Reino de Granada. El banco donde iba depositando el dinero quebró, y, ante la imposibilidad de presentar en efectivo lo cobrado, fue encarcelado de nuevo, esta vez durante tres meses en la cárcel de Sevilla. Corría el año 1597 y de esta segunda experiencia carcelaria nació el Quijote. De la desilusión, del cansancio y la amargura de este hombre acosado por el infortunio surgió la mayor reflexión que haya hecho un hombre sobre su tiempo: el Quijote.La cárcel de Sevilla, además, lo puso en contacto con el hampa local, gente sin ley que describió con extraordinaria maestría en la novela ejemplar Rinconete y Cortadillo y en el episodio de los galeotes del Quijote.

Entre Lepanto y la Armada Invencible, de 1571 a 1588, pasaron diecisiete años, que son los del progresivo desengaño de Cervantes, quien despertó del sueño heroico para darse amargamente de bruces con la realidad.

1.3. Los años de la vejez y la muerte

“Este que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y esos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; este digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha […] llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlo Quinto, de felice memoria“. (Prólogo a Novelas ejemplares)

 

Así sería el retrato de Miguel de Cervantes en 1603, cuando, casi sesentón, se estableció en Valladolid con su mujer, sus hermanas y su hija Isabel.

La noche del 27 de junio de 1605, fue herido de muerte frente a la casa de Cervantes un caballero. Se detuvo e interrogó a toda la familia, y aunque el auto del proceso demuestra que no tuvo nada que ver con el suceso, sí se puso en duda la moralidad de la casa del escritor.

A partir de 1606, siempre tras la corte, Cervantes fijó su residencia en Madrid, donde comenzó su etapa de fecundidad editora, facilitada por el éxito de la primera parte del Quijote. Hasta entonces solo había publicado algunos poemas circunstanciales, La Galatea (1585) y algunas obras estrenadas entre 1582 y 1587, que no obtuvieron el éxito deseado. En los diez años que van desde 1606 hasta su muerte, Cervantes vio aparecer el resto de su obra; fue en esta etapa de madurez, cuando nuestro autor conoció el éxito y la fama, con sus correspondientes envidias y elogios. Por ejemplo, es notoria la mutua animadversión entre él y Lope de Vega, no disimulada ni por uno ni por otro.

Cuando murió, hacia el 23 de abril de 1616, hacía pocos días que había terminado la dedicatoria de su última obra, Los trabajos de Persiles y Sigismunda.

A la luz de lo comentado el día anterior, podemos concluir que la biografía de Miguel de Cervantes es la propia de un personaje antiheroico– de ahí, el claro paralelismo entre el escritor y su máxima creación, el hidalgo Alonso Quijano-. Resulta también evidente la correspondencia entre su trayectoria vital y la situación del país: su vida transcurre a caballo entre dos periodos histórica e ideológicamente antitéticos.

La locura de don Quijote como asunto narrativo corría el riesgo de convertirse en una payasada, si no se le daba una aspiración superior, y ello Cervantes lo solucionó magníficamente con la creación de Dulcinea del Toboso, la genial figura cervantina que llena todo el Quijote sin asomarse realmente ni a una sola página. “Dios sabe si hay Dulcinea o no en el mundo, si es fantástica, o no es fantástica” (II, 32), afirma en cierta ocasión don Quijote. Él creó su mito, porque

Aldonza Lorenzo le valía para ello, mito originariamente literario (caballeresco y pastoril), pero de

tal suerte se introdujo en su corazón, alimentado por la fantasía y el ensueño, que real y

verdaderamente se enamoró de su propia criatura. Es ello uno de los síntomas de su locura, pero

también algo tan sentido y tan elevado que adquiere una validez total.

Loco entreverado, solo desatina cuando se refiere a su manía, y es perfectamente cuerdo en las demás circunstancias. La relación entre su paranoia y la realidad va evolucionando en el transcurso de la novela, en tres fases principales:

1. En la Mancha no ocurre absolutamente nada: todo es normal, vulgar, cotidiano, Rutinario; y don Quijote lo sublima al estilo caballeresco: los molinos serán gigantes; los rebaños, ejércitos.

2. En Aragón, donde está el palacio de los duques,

la realidad sigue siendo igual y el ambiente

continúa no apropiado a las aventuras; pero el

ingenio de los que rodean a don Quijote lo

transforma engañosamente en un mundo

caballeresco y fantástico.

3. En Cataluña, las aventuras de veras, tan

buscadas antes, se han ofrecido a don Quijote. Y el

lector advierte con tristeza que mientras don

Quijote estuvo entre los bandoleros su figura se

eclipsó ante la gallardía y la viril eficacia de Roque

Guinart, y que en cuanto se halló metido en una

batalla naval, su voz se calló, su ademán quedó

inmóvil y no cometió ninguna de sus locuras, ahora

que la suerte le brindaba la ocasión auténtica para

demostrar el esfuerzo de su valeroso brazo.

En cuanto aparece la aventura desaparece don

Quijote, por la sencilla razón de que don Quijote es una falsedad; que no es ni caballero, ni fuerte, e

incluso su Dulcinea es una moza que se llama Aldonza Lorenzo. Ante el Mediterráneo, en las arenas

de la playa de Barcelona, don Quijote será vencido por un bachiller manchego también disfrazado

de caballero. Todo ello es triste, muy triste, porque el lector ha cobrado un afecto extraordinario por

este don Quijote, bueno, inteligente, simpático, honrado, pero a quien su chifladura ha convertido

en un arcaísmo viviente, que solo tiene validez ante lo imaginado o lo fingido y que se desmorona

ante la realidad.

8

3.3. Composición, tipos y estilo del Quijote

La primera parte del Quijote ofrece una notable diferencia con la segunda. En aquella la

acción principal y fundamental, o sea las aventuras de don Quijote, se ve cortada y suspendida por

otros relatos intercalados en el texto, totalmente desvinculados del protagonista y su historia. En la

segunda parte, en cambio, las intercalaciones desaparecen, y amo y escudero van siempre juntos, y

cuando llega un momento en que deben separarse, Cervantes dedica alternativamente un capítulo al

uno y al otro, con frases de enlace al final de cada uno de ellos.

El Quijote, cuya acción se expone en riguroso orden cronológico, es una singular novela que

se va haciendo ante el lector. Cervantes está siempre a nuestro lado, y nos comunica sus problemas

de novelista, sus dudas sobre la perfección o eficacia de lo que va escribiendo, y gracias a la ficción

de Cide Hamete Benengeli -en principio parodia de un recurso común en los libros de caballerías-,

la narración se compone y se comenta ante nuestros ojos.

Con una audacia originalísima,

Cervantes en persona se asoma a las

páginas de su libro cuando se le agotan

los documentos de los archivos de la

Mancha y, posteriormente, encuentra el

presunto original árabe. Pero no solo

Cervantes aparece en el Quijote, sino

el Quijote mismo: la primera parte de

la novela es un elemento novelesco de

la segunda, e incluso el bachiller

Sansón Carrasco nos da la primera

bibliografía de la novela: “el día de

hoy están mpresos más de doce mil

libros de la tal historia; si no, dígalo

Portugal, Barcelona y Valencia, donde

se han impreso; y aun hay fama que se está imprimiendo en Amberes, y a mí se me trasluce que no

ha de haber nación ni lengua donde no se traduzga” (II, 3). Cervantes irá incluso más lejos cuando

haga que un personaje creado por Avellaneda aparezca como personaje del Quijote verdadero (II,

72), para desmentir al falsario continuador.

Los mismos descuidos de Cervantes, como el del famoso robo del rucio, son elementos de la

novela, pues se discute sobre ellos, se justifican y se achacan al impresor: ¡en el Quijote se habla

hasta del mismo impresor que lo imprimió! Realidad y fantasía, imaginación y certeza, libro,

impresor, lectores y seres imaginarios (incluso uno real) se entremezclan tan acertadamente, que

ello contribuye de un modo muy eficaz a hacer del Quijote un libro singular que alcanza plenamente

el mayor objetivo de todo novelista: convencernos de que lo que estamos leyendo es verdad.

El abigarrado mundo que ofrece la novela presenta una enorme variedad de tipos y

personajes. Los más importantes son, claro está, Dulcinea, don Quijote y Sancho. Este último,

genial creación cervantna, es un ejemplo típico de personaje que se va haciendo y perfilando a lo

largo del relato, no solo porque el escritor lo perfecciona y lo matiza, sino también porque el

contacto con don Quijote hace que experimente una clara evolución.

Cuando Sancho entra en la novela, es un “hombre de bien -si es que este título se puede dar

al que es pobre-, pero de muy poca sal en la mollera” (I, 7). Pero poco a poco este tonto empieza a

hablar y a discurrir, y con las tonterías va entreverando agudezas, y tardará bastante en empedrar

sus discursos con refranes, lo que se convertirá en una de las más características peculiaridades de

su conversación, siempre amena y divertida. Ya no tiene “poca sal en la mollera” cuando es capaz

de inventar su entrevista con Aldonza Lorenzo, en la primera parte; en la segunda, ya ha asimilado

con tanta sagacidad la locura de su amo, que es capaz de urdir la farsa de que las tres aldeanas son

9

Dulcinea y dos de sus doncellas y de convencer a don Quijote de ello.

Sigue a don Quijote, a cambio de palizas,

pedradas, manteamientos y mil desdichas, en

parte porque le profesa un auténtico cariño y en

parte engolosinado con la promesa de ser rico y

poderoso. Cuando los duques hagan efectivos sus

sueños y se vea gobernador de la ínsula Barataria,

emergerán en él todo el ingenio popular, las ideas

más elementales de justicia y buen gobierno.

Cervantes se vale de Sancho gobernador para

satirizar, con muy buen humor, a los malos

gobernantes, que por muy sabios y encumbrados

que sean no llegan a la suela del zapato de este

humilde campesino analfabeto puesto a regir y a

mandar.

Cuando en la ínsula Barataria Sancho deje enterradas sus ambiciones, a pesar del fracaso,

está ya tan imbuido del espíritu de aventura de don Quijote, que continuará siguiéndolo fielmente,

ahora sin aspirar a recompensas desmesuradas y con el agravante de tener que azotarse para

desencantar a Dulcinea.

Don Quijote y Sancho son personajes literarios que carecen de tradición precedente.

Nacieron con Cervantes, quien los creó con su imaginación y sin recogerlos de anteriores prototipos

ni inspirarse en modelos literarios ni folklóricos ya conocidos. Por eso nos resistimos a ver en don

Quijote y en Sancho símbolos -el “idealismo” y el “materialismo” tan cacareados-, porque son algo

mucho más importante: dos hombres con ambiciones, problemas, luchas y un gran corazón.

Únicamente Dulcinea podría haber sido infundida por Cervantes de cierta categoría simbólica, ya

que ella, precisamente, en oposición a don Quijote y Sancho, está en la línea de la tradición

medieval de la dama lejana que inspira el amor “de oídas”.

La variedad de asuntos y personajes que se mezclan en la primera parte del libro hace que el

estilo narrativo y dialogado de esta no sea lo uniforme que es en la segunda. Hay en ambas partes

un estilo perfectamente acomodado a la trama principal de la novela; pero, como esta es, en su

propósito inicial, una parodia de los libros de caballerías, una sutil capa de ironía envuelve todo el

asunto, desde el principio hasta el final, de manera que da la impresión de que la obra está escrita en

falsete. Las mismas rúbricas de los capítulos revelan este matiz: “Alta ventura y rica ganancia del

yelmo de Mambrino” (I, 21), “Donde se cuenta lo que en él se verá” (II, 9), “Capítulo setenta: Que

sigue al sesenta y nueve, y trata de cosas no escusadas para la claridad desta historia” (II, 70).

En la ironía de la prosa del Quijote, el aspecto que más fácilmente puede escapar al lector

moderno es el del humorismo producido a base de los arcaísmos. Sería el caso de “non fuyades”,

“fecho”, “la vuestra fermosura”, “fasta”, “cautivo” (por “desdichado”). Lo curioso es que esta

dicción arcaica se pega a otros personajes de la obra, a veces a Sancho, a doña Rodríguez, e incluso

al mismo Cervantes, quien, ironizando como siempre, emplea arcaísmos en algunos momentos de

prosa narrativa. Conviene advertir que, aunque no desaparecen del todo, los arcaísmos menguan

mucho en la segunda parte de la novela.

En la primera parte del Quijote hay pasajes de estilo propio de la novela pastoril, como es

el episodio de Marcela y Grisóstomo; cuando los dos protagonistas se planteen hacerse pastores,

Cervantes apunta un tipo de sátira de la novela pastoril similar al aplicado a los libros de caballerías.

En algunos momentos de la primera parte, aflora el estilo propio de la novela picaresca, tan

en boga en aquel tiempo y que Cervantes rozó en el Rinconete y Cortadillo y en el Coloquio de los

perros. Ello se da principalmente en el capítulo dedicado a la aventura de los galeotes (I, 22).

La historia del Cautivo, también en la primera parte, cae en cierto modo dentro de la boga de

narraciones moriscas.

10

Los discursos que pronuncia don Quijote en varias ocasiones son excelentes muestras de

estilo oratorio, aunque siempre hay que ir con sumo cuidado y no interpretar en serio lo que puede

ser ironía cervantina.

Las cartas que se intercalan en el Quijote ofrecen aspectos muy variados: la auténtica

misiva amorosa, en el caso de la de Luscinda a Cardenio (I, 27); la parodia de la epístola amorosa, o

sea la carta que don Quijote escribe a Dulcinea I(, 25), nuevamente parodiada y deformada cuando

Sancho la rehace de memoria (I, 26); las magníficas cartas que intercambian Sancho y Teresa

Panza, de una gracia insuperable; o la libranza pollinesca (I, 25), estupenda burla del estilo

mercantil, que tantos quebraderos de cabeza dio a Cervantes cuando era comisario en Andalucía.

El lenguaje caracteriza perfectamente a los

personajes, en un caso excelente de polifonía

lingüística que consigue dar naturalidad y verdad a los

aproximadamente doscientos personajes que conviven

en el Quijote.

El diálogo es uno de los mayores aciertos

estilísticos de la novela; diálogo a veces lento y

expresado en largos parlamentos, a veces rapídísmo y

cortado con interrupciones, enlazando preguntas y

respuestas con una técnica que parece propia del teatro.

También las descripciones van de un extremo al otro,

desde la pormenorizada, detallista y sugerente de los

pies de Dorotea (I, 28), hasta las tumultuosas y

dinámicas de pendencias y riñas, como la que provoca

Maritornes en la venta (I, 16).

El humorismo cubre todo el Quijote, hasta que

el protagonista recobra el juicio para morir poco

después, descontando las historias intercaladas o

marginales. El habla de muchos de sus tipos ya es

cómica de por sí, tanto la de los que naturalmente son

graciosos (como Sancho), la de los que se expresan mal

(el vizcaíno, por ejemplo), como la de aquellos que

sencillamente dicen tonterías (es el caso de doña

Rodríguez).

La ironía no tan solo se manifiesta en episodios o trances que ya de por sí son divertidos,

sino en breves notas gratuitas, a veces en dos palabras, que hacen recordar al lector que está leyendo

un libro de entretenimiento.

Cuando el escritor acaba su novela, tiene ya sesenta y ocho años, ha sufrido toda suerte de

penalidades, de estrecheces y de humillaciones, de las que no se ha escapado su propio hogar, y

aunque en el Quijote existe un fondo evidente de amargura y de tristeza, la forma es alegre y

risueña, chistosa y divertida, como si con estas manifestaciones humorísticas quisiera ahogar un

dolor profundo.

Extraído y adaptado de Martín de Riquer, introducción a Don Quijote de la Mancha, edit. Planeta

11

Publicat dins de Quijote | Deixa un comentari

Miércoles, 18 de noviembre// Jueves, 19

Producción literaria

Poesía 

Es curioso observar como el propio Cervantes considera que el Quijote, su obra trascendental y universal, no es otra cosa que un pasatiempo. Sin embargo le concede gran importancia a su obra poética. Por lo visto, el sueño de Cervantes hubiese sido pasar a la posteridad como un gran poeta, pero no fue así, porque su obra poética no alcanza la calidad de su narrativa. Es conocida la admiración que sentía Cervantes por Garcilaso de la Vega a quien intentaba imitar en sus poemas.

Sin embargo, Cervantes no llegó nunca a ser un gran poeta. En el Viaje al Parnaso, poema en tercetos, él mismo reconoce su fracaso:

Yo, que siempre trabajo y me desvelo
por parecer que tengo de poeta
la gracia que no quiso darme el cielo.(…)

 

Teatro 

A Cervantes  le fascinaba el teatro y siempre fue un dramaturgo frustrado. Las compañías de teatro no le compraban sus obras porque veían que eran más aburridas, lentas o clasicistas. Así, Cervantes tuvo que conformarse con contemplar el gran éxito de Lope de Vega. Nuestro autor reivindicaba un teatro más reflexivo, pero eso no le interesaba al público. No supo encontrar una fórmula dramática exitosa como la de Lope.

En 1615 publicó Ocho comedias y ocho entremeses nuevos, nunca representados:

El gallardo español
La casa de los celos
Los baños de Argel
El rufián dichoso
La gran sultana doña Catalina de Oviedo
El laberinto de amor
La entretenida
Pedro de Urdemalas
El juez de los divorcios
El rufián llamado Trampagos
La elección de los alcaldes de Daganzo
La guarda cuidadosa
El vizcaíno fingido
El retablo de las maravillas
La cueva de Salamanca
El viejo celoso

Los mayores aciertos teatrales de Cervantes se concretan en sus ocho entremeses: El juez de los divorcios, El rufián viudo llamado Trampagos, La elección de los alcaldes de Daganzo, La guarda cuidadosa, El vizcaíno fingido, El retablo de las maravillas, La cueva de Salamanca y El viejo celoso.

El entremés es una pieza teatral de carácter menor que se puso de moda a finales del siglo XVI. Los entremeses se caracterizan por su lenguaje popular, a menudo dialectal, y se solían representar en los entreactos de las comedias para dar más variedad, diversión y entretenimiento en las jornadas teatrales. Suelen ser breves cuadros de costumbres con un argumento muy sencillo.

En los entremeses de Cervantes destaca la viveza del lenguaje, la colorista vitalidad del conjunto y la espléndida recreación de sus tipos y personajes: un mundo de tramposos, vividores, rufianes y prostitutas que son herederos de la gracia de los pasos de Lope de Rueda, por quien Cervantes sentía profunda admiración.

Las novelas

Aunque actualmente consideramos como novela narraciones de largo formato, en tiempos de Cervantes no sucedía así. En Italia y en Francia las narraciones largas recibían el nombre de “roman” y “romanzo”, mientras que a las cortas se las denominaba como “nouvelle” o “novella”. Puesto que en España el término “romance” se empleaba ya para otro tipo de composiciones literarias, podemos decir que Cervantes fue el primer autor en utilizar el término “novela” para las narraciones largas. Cervantes, fue, por encima de todo, un fructífero autor de narrativa y cultivó todos los géneros de novelas- idealistas y realista-, aunque la más reconocida fue el Quijote.

Novela pastoril

La Galatea (1585) (fue su primera novela) 

Novelas ejemplares

La Gitanilla
El amante liberal
Rinconete y Cortadillo
La española inglesa
El licenciado Vidriera
La fuerza de la sangre
El celoso extremeño
La ilustre fregona
Las dos doncellas
La señora Cornelia
El casamiento engañoso
El coloquio de los perros

Novela bizantina

Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1617) (publicada póstumamente)

 

 

 

Publicat dins de Quijote | Deixa un comentari

Lunes, 23 de marzo

Orientaciones PAU

Las respectivas familias de los protagonistas: semejanzas y diferencias. Carácter de Sol y Cristián, su evolución ideológica y su condición trágica. El contexto histórico de la novela. El tremendista reflejo de la Guerra Civil. El escenario urbano. Sentido del término “luciérnagas” aplicado a los protagonistas. Posición ideológica y moral de la autora.

Ana María Matute (apuntes proporcionados por la Coordinadora PAU y que complementaremos con los apuntes de F-eines)

Por edad (nacida en 1926), Ana María Matute pertenece a la generación llamada de “los niños de la guerra” (ella la califica de “niños asombrados”), de la que también forman parte Rafael Sánchez Ferlosio, Ignacio Aldecoa, Carmen Martín Gaite o, entre otros, los hermanos Goytisolo. Sorprende, sin embargo, la precocidad de la autora a la hora de escribir y publicar. A los 17 años escribió Pequeño Teatro, que publicaría años más tarde, en 1954. Su primera obra editada fue Los Abel (1948), finalista del Premio Nadal el mismo año que Miguel Delibes lo obtuvo con La sombra del ciprés es alargada. En 1953 publica Fiesta del noroeste y en 1956 En esta tierra, novela que apareció censurada y que muchos años después, en 1994, volvió a publicar corregida con el título de Luciérnagas. De 1958 es otra de sus obras más conocidas, Los hijos muertos. En esa década de los 60 publica la trilogía Los mercaderes, que inaugura con Primera memoria (1961), uno de sus textos más conocidos y conseguidos y que resume muchas de las obsesiones literarias de la autora; de 1964 es Los soldados lloran de noche y en 1969 aparece La trampa. Las tres novelas tienen como telón de fondo las huellas de la Guerra Civil y las cicatrices que se manifestaron en una sociedad desquiciada. Hay una amortiguada crítica social y esa sensación de desamparo y pérdida tan presente en su literatura, también en sus escritos autobiográficos donde revive su infancia: A la mitad del camino (1961) y El río (1963).

 

Realismo

En aquellos años, la literatura de Ana María Matute iba por libre en el panorama literario español. Sorprende su capacidad fabuladora, inusual entonces, aunque la materia prima de sus narraciones es una realidad que intenta abordar con crudeza y, a la vez, con tonos idealistas. La dura experiencia de la Guerra Civil y de la posguerra, algunos dramas familiares, el contexto sociopolítico… agudizan su visión pesimista de la naturaleza humana, presente en toda su narrativa. Así lo ha reconocido incluso en la rueda de prensa celebrada tras conocerse el fallo del Premio Cervantes: “Desde mi primer cuento, siempre he tratado de comunicar la misma sensación de desánimo y de pérdida, porque vivir siempre es perder cosas. Soy una mujer pesimista”. Pero el realismo que frecuenta en sus primeros libros, que Santos Sanz Villanueva ha calificado de “existencialismo tremendista”, poco tiene que ver con el que practican en la década de los cincuenta y sesenta un grupo de autores, contemporáneos de Matute, que no añadió a su realismo ni el toque objetivista (realismo aparentemente aséptico), ni el propósito testimonial (político) de buena parte de sus compañeros de promoción, que en algunos casos derivó hacia el realismo social. Sin embargo, en los libros que Matute escribe durante la década del 60 sí aparece de manera más acusada este realismo traumático, especialmente amargo en su caso cuando aborda la niñez y la adolescencia, uno de los temas con los que Matute ha conseguido sus mejores páginas.

 

La fábula

Como también sucedió a los otros miembros de su generación, la década de los setenta y la posterior evolución de la vida política, social y literaria española provocó en todos ellos una profunda crisis estética, que resolvieron de diferentes maneras. En el caso de Ana María Matute, a partir de 1971, año en que publica La torre vigía, aparca las inquietudes vagamente sociales y realistas y decide dar rienda suelta, de manera más abierta y decidida, a su capacidad fabuladora, presente desde sus primeros títulos pero adormecida por el ambiente literario reinante, que rechazaba como escapistas los relatos de corte fantástico. La torre vigía supone, pues, un momento de ruptura que tendrá su consagración en 1996 con la publicación de Olvidado Rey Gudú, tras más de veinte años de sequía que coinciden con una aguda depresión de la autora. También aquí, en este tipo de literatura más idealista, aparece su visión nihilista de la existencia. Como escribe Santos Sanz Villanueva en La novela española durante el franquismo, “este heterogéneo soporte anecdótico sirve para presentar una parábola de nuestro mundo de donde sale una destructiva visión de la vida con un tono radicalmente negativo, al cual nunca hasta ahora había llegado tan en extremo la autora en su pesimista literatura”.

Los libros de relatos

Parecidos rasgos estilísticos y temáticos, también dentro de la corriente fantástica, aparecen en Aranmanoth (2000), otra novela de gran calidad literaria donde se repite la poderosa capacidad fabuladora de la autora. Su última novela publicada es Paraíso inhabitado (2008), novela que combina lo melodramático y fantástico con la narración realista en un regreso al tema de la niñez, en esta ocasión con una fórmula un tanto gastada. Poco antes de recibir el premio Cervantes se ha publicado La puerta de la luna (Destino), volumen que recoge todos los libros de relatos escritos por la autora –entre otros, Los niños tontos (1956) y Algunos muchachos (1968)- y que han ido, en su estilo e inquietudes, paralelos a su producción novelística. Por su calidad y dominio de la técnica, ocupan un destacado lugar en su obra literaria. A diferencia de otros escritores, no hay en sus relatos una rebaja estética ni la consideración del relato como un género menor. En 2000 publicó Todos mis cuentos, donde están todos los relatos escritos para niños, género en el que la autora barcelonesa ha conseguido también un excelente nivel.

Luciérnagas

Es una de las primeras novelas de Ana María Matute y fue finalista del premio Nadal en 1949, también premio de la crítica, pero no se publicó la versión autorizada hasta 1955 bajo el título Ésta es mi tierra; la versión original se publica en 1993, revisada por la autora. Para poder ser publicada sufrió drásticos recortes por la censura; pero, a pesar del celo franquista a la hora de expurgar la novela, lo cierto es que la obra no cae en la condena explícita de ningún bando concreto de la guerra. No carga las tintas contra republicanos o nacionales, ni siquiera los menciona directamente ni hace disquisiciones políticas acerca de lo sucedido. Ana María Matute afirma una y otra vez que ella se quedó en los doce años. Son los años que tiene Sol en este libro, los años que tenía cuando pasó la guerra civil por su vida. También como a Sol, no le interesa entrar en debates estériles sobre las supuestas razones que llevaron a los ciudadanos de un país a asesinar a sus vecinos, porque en lo que realmente incide la autora es en el dolor y alienación que la violencia brutal provoca en quienes la viven, directa o indirectamente. La describe con un realismo tajante, pero también con la suficiente dosis de distanciamiento para no identificarse del todo con el conflicto; describe la injusticia social, origen del mal y de la violencia, con una determinación radical. Esta novela, por lo mismo, parece la clave para encontrar la explicación a otros muchos libros suyos, no sólo los realistas, sino también los fantásticos o infantiles. Descarnada por su fiereza, sutil y tierna por el cuidado tratamiento de los pensamientos de los protagonistas, es una novela desconsolada y pesimista, pero bella y real, sin el fondo de vengan

Matute se zambulle en la miseria física y espiritual de una sociedad que acaba derramando todo ese dolor acumulado durante años en un odio ciego al otro, al objeto de la envidia, al contrincante o al vecino incómodo. Vuelve al escenario de su niñez, a su ciudad natal, asolada por los bombardeos, los asaltos y la destrucción. La protagonista de Luciérnagas es Soledad, una niña, no casualmente llamada Soledad, de familia acomodada cuyo padre es perseguido por el gobierno republicano; una niña oscura y melancólica, inadaptada en un mundo de apariencias y gestos que le resultan incomprensibles y ajenos. Ese mundo se derrumba con la llegada de la Guerra Civil, un conflicto que, tal y como es tratado en la novela, podría ser cualquiera, atemporal e impreciso. La guerra para Ana María Matute es un paisaje, un escenario trágico en el que se ven obligados a desarrollar sus vidas Sol y su hermano Eduardo, pero no la protagonista. Los otros protagonistas de la historia son adolescentes, drásticamente arrojados a la vida adulta por el estallido de la guerra civil; el hermano de Soledad, Eduardo, quien, mientras Sol vive por inercia, introvertida y seria, trata de salir adelante, de enfrentarse al vacío espiritual que le atenaza, con objetivos pragmáticos y a corto plazo, como única alternativa tangible de sentirse vivo cuando todo lo demás, amigos, familia, convencionalismos, estructuras y costumbres, se muere y esfuma a marchas forzadas; luego, una serie de niños, ladronzuelos y buscavidas, con su vida desbaratada por la guerra, que hacen lo posible para sobrevivir en una Barcelona acosada y bombardeada. Lentamente, la autora desgrana el drama personal de cada uno de los protagonistas, con sus emociones, sufrimientos y frustraciones.

Son años difíciles para la familia de Sol, aunque le parece que su soledad se puede compartir; por más que la guerra destruya su mundo, es posible resistir si se cuenta con el apoyo o la complicidad de otras personas, solas como ella. De alguna manera, es un canto a la amistad, al amor, a la fraternidad, ideales de la adolescencia, en contraposición a la familia, que simboliza la infancia. Por encima de su condición social, por las Ramblas deambulan unos adolescentes desconcertados de toda laya: una muchacha de la burguesía catalana y unos obreros que militan en las Juventudes Socialistas. El hecho de tener que compartir la vivienda con otros refugiados y la dura experiencia del hambre propician entre ellos una especial camaradería, e incluso una afectiva relación sentimental.

Matute, al margen del contexto histórico concreto, considera la adolescencia como un proceso trágico y triste, probablemente porque es el abandono definitivo de la infancia, que para muchos, incluida la autora, es la razón de existir. Por eso la obra es terriblemente triste, y no puede acabar sino en desgracia. Nos encontramos a la Matute hiperrealista, tremendista, o simplemente real (estamos hablando de unos niños durante la guerra civil española), propia de sus primeras novelas, como Los soldados lloran de noche. Y con una amargura y tristeza que abarca el libro de principio a fin. El mundo, según Matute, no tiene solución, y no se siente orgullosa de pertenecer a la especie humana. Entre las miserias de los adultos, estos niños, que no las entienden, son breves luciérnagas que brillan quedamente en la noche, son la única esperanza que queda, porque se tienen a sí mismos. Están unidos por el sutil hilo plateado de la adolescencia, por la incomprensión compartida, por el mismo apesadumbrado sentir, embutidos en los trajes adultos del mundo cruel y asesino que sus padres les han creado.

Sol se ve obligada a madurar, a abandonar su caparazón de niña durante la guerra y es en medio de esta tragedia cuando conoce un amor, intenso y denso, que viene a atarla a la vida en medio de la muerte más absoluta. Porque la búsqueda desesperada de amor, en un mundo en el que es eso precisamente lo que falta, es el hilo conductor de la novela. El amor al que aspira Sol, sin mentarlo, no es necesariamente amor romántico. Con un hermano ensimismado e impasible, y una madre temerosa y débil, la protagonista hace honor a su nombre y vaga por su propia existencia de puntillas sin entender bien cuál es la pasión que lleva a sus semejantes a matar, amar, comer y vivir como si cada instante fuera único. Es en el momento en el que llega el amor, inesperado e implacable, cuando Soledad comprende qué es la vida; por qué se la ama y se le teme y por qué razón, incluso en medio del dolor más intenso, merece la pena vivirla y saborearla

 

“Es una novela-novela, apuntando, como en todas las grandes novelas, por un lado al folletín romántico y por otro a la lírica elegía, como lo es Luciérnagas, quizá la novela más emocionalmente intensa que se ha escrito de nuestra guerra civil. Romance de frontera: revelador encuentro y desencuentro, convivencia impuesta a palo seco de dos mundos, dos culturas o inculturas –ricos y pobres-, con rotura abrupta de un promisorio idilio en el justo momento de la liberación para unos, la derrota y el exilio para otros” (Dámaso Santos)

 

Técnicas, lenguaje, temas.

Narración construida como selva de historias que confluyen en un espacio abierto e infernal, la Barcelona de la Guerra Civil. Barcelona tiende a perder sus rasgos reales y equivale a veces al bosque en la narración fantástica folclórica. La novela mantiene un difícil equilibrio entre lo histórico y lo simbólico.

Narración lineal que abarca toda la Guerra Civil. La guerra estalla al final del capítulo I y termina al final del último, con la entrada de las tropas de Yagüe en Barcelona.

Sobre el eje cronológico principal hay un juego de retrospecciones heterodiegéticas y homodiegéticas, que sirven respectivamente para construir los antecedentes del personaje y para producir la ilusión de la narración simultánea.

Narración de protagonismo conflictivo. Los personajes son, en su mayoría, adolescentes. Sol, la joven que abre y cierra la novela, ocupa un lugar destacado. Sin embargo, puntualmente asumen un papel protagonista Eduardo, Cloti, los hermanos Borrero. La narración tiende, sin embargo, a regresar a Sol (Soledad, nombre parlante que formula uno de los temas principales de la novela. Efectivamente, los personajes son “mónadas” (símbolo de las luciérnagas, de las mariposas disecadas) que puntualmente se comunican con el mundo exterior. Cada uno de ellos es el sujeto de una búsqueda, una quête, que tiene sus raíces en el cuento.

El personaje tiende a ser ambivalente desde el punto de vista moral. Personajes ambivalentes y siniestros: Boloix y Pablo, ambos detentan momentáneamente el poder y son amos de un tesoro.

Contrapunto, variaciones y dobles: Roda/Borrero; Sol/Cloti; Pablo/Cristián.

El valor del número tres: Chano, Daniel y Eduardo. Pablo, Cristián y Daniel.

El personaje femenino. Variaciones sobre el amor y la maternidad: María, Elena, la madre de Cloti, Cloti, la madre de los Borrero, Sol.

Punto de vista: narrador omnisciente que tiende a focalizar con el personaje. Predomina la narración sobre la escena.

La voz principal que enuncia tiene una clara voluntad de estilo. Prosa poética que busca un ritmo solemne, casi de plegaria: juega con el símbolo, la aliteración, los paralelismos, las enumeraciones.

 

Publicat dins de Ana Mª Matute | Etiquetat com a | Deixa un comentari

Viernes, 20 de marzo

DON JUAN TENORIO COMO DRAMA ROMÁNTICO

 

LIBERTAD CREADOR

. Rechazo de la regla de las tres unidades

.Número variable de actos (generalmente cinco)

. Mezcla de lo trágico y lo cómico

. Mezcla de la prosa y el verso

. Polimetría

 

TEMAS

. El amor trágico

. El amor como fuerza arrolladora capaz de transformar al enamorado

. Lucha por la libertad

. La fuerza del destino

. Preocupación social

 

PERSONAJES

. En conflicto con la sociedad

. Dominados por sus pasiones

. Protagonista masculino: orígenes misteriosos/ destino trágico

.Heroína romántica que suele ser una mujer bella, capaz de dar su vida por amor; con frecuencia sufre por él.

 

 

AMBIENTES

. Lúgubres, misteriosos y retirados

. Épocas pasadas

. Grandes recursos escénicos (efectismo escénico)

 

ACCIÓN TREPIDANTE Y TONO GENERAL VIBRANTE

. Abundancia de  escenas violentas, duelos, suicidios, muertes, ambientes sepulcrales.

 

ESTILO

. Altisonante, declamatorio.

 

INTENCIÓN

. Conmover al espectador (no es un teatro didáctico como en el periodo anterior)

 

 

Publicat dins de José Zorrilla | Deixa un comentari

Jueves, 19 de marzo

(Con este artículo adaptado podréis dar respuesta a varios de los epígrafes de Selectividad. En concreto:

  1. La evolución de don Juan desde el burlador inicial hasta el temeroso de Dios del final: un héroe romántico muy peculiar.
  2. La renuncia a Dios.
  3.  Evolución de doña Inés, cuyo amor divino se sitúa por encima del humano, del engaño, del abandono, de la traición y de la muerte.
  4. La salvación de Inés, vinculada al arrepentimiento y redención de don Juan: la predestinación por solidaridad religiosa.
  5. La renuncia de don Juan al infierno implica la renuncia a su misma condición.)

De la pasión al amor: la salvación o condena en Don Juan Tenorio 

Augusta Cornejo (adaptación)

Modern Language Department
Florida International University
Florida EEUU
augustacornejo@hotmail.com

Es incuestionable que, en el drama de José Zorrilla, Don Juan Tenorio, el amor salva a don Juan de ser condenado después de que el protagonista se arrepintiera de todos sus pecados. Este trabajo sugiere dos ideas alternativas con respecto al tema del amor, del arrepentimiento y de la salvación o condena de don Juan. Por un lado, plantea que lo que siente doña Inés por su amado —y viceversa— no es un tipo de amor único y estático sino, como diría Octavio Paz basándose en las ideas de Sócrates, es un amor que se desarrolla a través del drama y que cambia evolucionando en escalas. Siguiendo este simbolismo, el trabajo propone que, en el primer nivel, el sentimiento se manifiesta como amor hacia un cuerpo hermoso; en el segundo, a la hermosura misma; más tarde al alma virtuosa, y finalmente a la belleza incorpórea —ligada a lo divino— (46). Por otro lado, plantea la siguiente pregunta: hasta qué punto el amor de don Juan por doña Inés significa para él una renuncia a su propia identidad. Como vemos, luego de ser el joven calavera, conquistador y decidido, el protagonista pasa por una transformación que lo convierte en primer lugar en un hombre indeciso y temeroso, y finalmente en un fantasma aterrorizado ante la ira de Dios que ruega por la salvación de su alma.

El cambio de actitud de nuestro héroe, se presenta de una forma gradual: avanza y retrocede a través de la obra y va en función de dos ejes principales. Uno de ellos, es lo que al principio don Juan cree que siente por doña Inés —y que a lo largo de la trama se va convirtiendo en una confirmación de su amor— y el otro es aquel que está en función de la salvación o condena de nuestro protagonista. Como se puede concluir, amor y salvación son los cimientos de la obra.

Cuando el drama recién se inicia, don Juan es un perfecto burlador. En la primera parte de la obra, él se encuentra después de un año con don Luis en la Hostería de Cristófano Buttarelli, lugar donde ambos habían hecho la apuesta de causar más daño con mejor fortuna, en dicho plazo. En esta primera parte es donde el protagonista pone en evidencia su cinismo y su desenfado. En el acto I, escena XII, don Juan describe a Luis Mejía con descarada desvergüenza lo que es el amor para él:

DON LUIS. ¡Por Dios, que sois hombre extraño!
¿Cuántos días empleáis
en cada mujer que amáis? (680)

DON JUAN. Partid los días del año
entre las que ahí encontráis.
uno para enamorarlas,
otro para conseguirlas,
otro para abandonarlas,
dos para sustituirlas,
y una hora para olvidarlas. (685-90)

La frialdad de sus palabras — abandono, sustitución, olvido — su ironía y su ausencia de remordimientos, muestran al espectador que para don Juan el amor es un juego frívolo y también demuestra su infinita arrogancia. Don Juan se juega la vida con arrogancia en cada aventura en la que sólo pone empeño de conquista, más que amor.

Sin embargo, no solamente en lo que se refiere a la parte amorosa don Juan muestra esa ausencia de alma y de sentimientos sino que también se presenta en el aspecto familiar. Por ejemplo, lo vemos cuando su padre don Diego lo repudia después de haber escuchado todas las fechorías que hizo durante ese fatídico año. Don Juan, lejos de pedirle perdón o intentar justificarse, se enfrenta públicamente a él sin inmutarse “son pláticas de familia / a las que nunca hice caso” (800), concluye sin hacerle el menor caso a su progenitor ante la dramática escena. De igual forma cuando don Gonzalo, padre de doña Inés y Comendador de Calatrava, le diga que prefiere ver primero muerta a su hija, que casada con él, don Juan contestará:

Me hacéis reír, don Gonzalo;
pues venirme a provocar,
es como ir amenazar
a un león con un mal palo. (745)

En el colmo del cinismo, acto seguido y en actitud desafiante hacia don Gonzalo, don Juan apostará con don Luis a doña Inés simplemente porque es una novicia, y una novicia es el único tipo de mujer que no ha podido burlar hasta el momento. En conclusión, al final del acto primero al espectador no le quedará la menor duda de la clase de truhán que es don Juan Tenorio.

Este personaje sin escrúpulos, que divide los días del año entre sus conquistas y hace alarde de ellas, empieza a cambiar cuando Brígida, una suerte de celestina, le habla de doña Inés presentándola como una criatura divina. La novicia es mostrada como una pobre e ingenua mujer muy joven y virgen en los temas amorosos. Don Gonzalo la ha tratado toda su vida —ante la ausencia de su madre— con extremo rigor. Don Juan, que nunca antes ha visto a Inés en persona, queda prendado de la imagen que Brígida le ha hecho acerca de ella. En el segundo acto, escena IX afirma:

Tan incentiva pintura
los sentidos me enajena,
y el alma ardiente me llena
de su insensata pasión.
Empezó con una apuesta,
siguió con un devaneo,
engendró luego un deseo,
y hoy me quema el corazón. (1310)

La hermosura de doña Inés ha sido percibida por el oído y don Juan ha escuchado con atención todo lo que Brígida le ha contado sobre doña Inés. Es en este momento que la apuesta planteada con don Luis, primer móvil del romance, deja de ser relevante y de hecho no se vuelve a mencionar en el drama: ahora el principal objetivo es raptarla como consecuencia de la pasión y no por el orgullo de la palabra empeñada a don Luis. Esta sutil transformación que vemos estará asociada sin duda, a la imagen que ahora Tenorio tiene de su amada. Asistimos pues, a las primeras manifestaciones de su evolución: don Juan empieza a sentir y desear la figura de Inés sin conocerla siquiera, incentivado por las palabras de Brígida. Nunca la ha visto pero el fuego —símbolo de la pasión— está presente en su corazón a través de los sentidos. Sus palabras lo dicen todo: enajenar, arder, pasión, deseo, quemar.

Después de escuchar a Brígida y con su complicidad para raptar a doña Inés, es en la famosa escena del diván cuando las cosas se agravan y donde se evidencia el siguiente estadio : el amor al alma virtuosa. Don Juan, luego de ver y raptar a doña Inés del convento en el que se hallaba recluida, cae rendido a sus pies y califica el amor que siente como algo no terrenal y lo asocia a la clemencia de Dios que pretende salvarlo:

No es, doña Inés, Satanás
quien pone este amor en mi:
es Dios, que quiere por ti
ganarme para él quizás. (2265)

Es la primera vez que él cree que podrá salvarse y también se cree “capaz aun de la virtud” gracias al amor que siente por doña Inés (167). Es también en esta escena donde don Juan, confundido, no solamente tiene una idea erotizada de ella, sino que también ama su alma virtuosa. Don Juan ya no pretende burlarse de ella sino casarse, algo que nunca creyó pudiera ocurrir. En realidad, lo que ha sucedido es que eros se ha cruzado en una intersección momentánea con otro tipo de amor —ante la figura virginal de Inés— ya que como el propio don Juan le dice al Comendador , “lo que adoro es la virtud / don Gonzalo, en doña Inés” (175). Esa mezcla de sentimientos que siente ahora, es lo que lleva a Tenorio a realizar lo que hasta ese momento parecía imposible: postrarse de rodillas ante don Gonzalo, para rogarle que se la conceda en matrimonio:

Escucha, pues, don Gonzalo,
lo que te puede ofrecer
el audaz don Juan Tenorio
de rodillas a tus pies. (2515)

Según lo que le dice a don Gonzalo, de ello dependerá su salvación eterna. Nuevamente vemos a don Juan pensar que es posible su salvación a través del amor. Qué distinto a aquel individuo que recordamos del primer acto, donde se burla del mismo don Gonzalo cuando éste le increpa su actitud. A diferencia de entonces, hoy lo tenemos humillado y suplicando al Comendador por el amor de su hija. Sin embargo, podemos decir que el cambio que observamos, aunque importante, es parcial, porque todo dependerá de la respuesta que le dé el padre de doña Inés.

A pesar de tenerlo de rodillas a sus pies, el Comendador no cree en el arrepentimiento de don Juan, lo desprecia, lo provoca, y termina por enfrentarse con él en un duelo a muerte que acabará con la vida de don Gonzalo. Don Juan dejará de lado la esperanza de su posible salvación, y no asumirá la responsabilidad de sus propias acciones, sino que culpará a Dios en un clamor blasfemo:

Llamé al Cielo y no me oyó,
y pues sus puertas me cierra,
de mis pasos en la tierra
responda el Cielo, y no yo. (2620)

Como puede deducirse, para ser un blasfemo hay que ser un creyente, y en este caso don Juan es un creyente al que Dios le ha hecho un desplante. La respuesta de nuestro héroe ante tamaño desplante no puede ser más simple: una conveniente blasfemia “tan sólo porque su primer minuto de arrepentimiento en tan larga vida de crimen no produce, al instante, cosecha de satisfacción”. Don Juan es ahora una suerte de víctima de su pasado y de su destino y en lugar de asumir la responsabilidad de sus actos, culpa de ellos a Dios.

Pero, ¿quién es realmente esta mujer que cambia a don Juan? Quizás la respuesta esté no solamente en quién es, sino en lo que representa y en la interpretación del amor que siente doña Inés por don Juan Tenorio. Ella, huérfana de madre y criada en un convento, nunca conoció hombre alguno, “doña Inés un personaje encantador: es rica, noble, y no alardea nunca de su posición; posee juventud y belleza, pero jamás utiliza estas dotes con coquetería. Verdadero ángel inocente, no conoce la malicia ni el doblez”.  La novicia ve que su pretendiente despierta en ella un sentimiento que le es desconocido hasta entonces y que atribuye a lo sobrenatural:

Tal vez poseéis, don Juan,
un misterioso amuleto,
que a vos me atrae en secreto
como irresistible imán.
Tal vez Satán puso en vos
su vista fascinadora,
su palabra seductora,
y el amor que negó a Dios. (2235-40)

En esta parte del drama es bueno detenerse para analizar lo que realmente siente doña Inés, ya que tenemos dos sentimientos opuestos y excluyentes que se le han ido desvelando paulatinamente. Primero, Brígida le ha preparado el terreno al burlador susurrando al oído de su ama, palabras que la turban. Luego la joven e ingenua novicia, ha leído las cartas de su amado desconcertada. Finalmente, después de ser raptada y en la escena del diván arriba mencionada, se encuentra cara a cara con su raptor y es allí cuando siente deseo. Es indiscutible entonces que en la escena del diván existe una alta dosis de pasión cuando Inés le dice a don Juan:

Tu presencia me enajena,
tus palabras me alucinan,
y tus ojos me fascinan,
y tu aliento me envenena.
¡Don Juan!, ¡don Juan!, yo lo imploro
de tu hidalga compasión:
o arráncame el corazón,
o ámame, porque te adoro. (2255)

Tenemos entonces a doña Inés rendida totalmente a los pies de don Juan. Sin embargo, las cosas van demasiado lejos. Ella lo ama y le entrega su alma de una forma tan incondicional, que lo perdona cuando su amado asesina a su padre. Como ejemplo de este amor incondicional, aludimos a la escena XI, al final del cuarto acto, cuando doña Inés descubre el cadáver de su padre:

DOÑA INÉS. ¡Ay! ¿Dó estás, don Juan, que aquí
me olvidas en tal dolor?

ALGUACIL 1. Él le asesinó.

DOÑA INÉS. ¡Dios mío!,
¿Me guardabas esto más?

ALGUACIL 2. Por aquí ese Satanás
se arrojó, sin duda, al río.

ALGUACIL 1. Miradlos…, a bordo están
del bergantín calabrés.

TODOS. ¡Justicia por doña Inés!

DOÑA INÉS. Pero no contra don Juan. (Énfasis añadido) (2630-35)

Como se observa en esta escena, el amor de ella supera la barrera del dolor, del engaño, del abandono, de la traición y de la muerte. Es decir, si bien es cierto que en un momento lo que ella siente por él se mezcla con deseo y pasión, es indudable que su forma de amar y entregarse es la que al final prevalece. Quizás ella se encuentra en el mismo trance que su amado, es decir eros y el amor divino se han cruzado en un intersección momentáneamente e indefinible. Más adelante se constatará que es el sentimiento del amor divino —por sobre todos los demás sentimientos—, lo que predomina en ella.

Al empezar la segunda parte, nos enteramos que don Juan, al huir de Sevilla, ha abandonado a doña Inés, quien al poco tiempo muere de tristeza. Sin embargo, a pesar de eso, ella ofrecerá su alma al mismo Dios, a cambio de la de don Juan. Dios, en su infinita sabiduría, dejará pendiente su sentencia a la espera de que don Juan se arrepienta de sus pecados. Si él no se arrepiente a tiempo, doña Inés —por orden divina— se perderá con su amado. De esta forma la salvación de ella quedará ligada irremediablemente al arrepentimiento de don Juan, en una suerte de predestinación por solidaridad religiosa. Doña Inés está convencida que don Juan se arrepentirá de sus pecados y está dispuesta tanto de salvarse como de perderse con él. Este es un acto de amor puro, sublime y fiel, que no conoce el odio ni la venganza y que además lo hace, no pensando precisamente en tener sexo con su amado, sino en salvar su alma.

Ya se observó que don Juan cambia en el momento en que se enamora de doña Inés. Pero las implicaciones que tiene este cambio van más allá de la salvación del personaje y trascienden hasta los límites mismos del género. El don Juan que inicia la obra no es el mismo del final. Al principio el personaje es el protagonista de su género por antonomasia: el perfecto romántico, profundamente irracional y egoísta, que no piensa más que en el presente y cuyo destino parece sellado por sus acciones. Don Juan es un personaje que no piensa más que en sí mismo y que exalta las características más oscuras del ser humano, el individualismo más desgarrador. Por su parte, el don Juan del final es cauteloso y conservador. Hemos visto cómo apenas se empieza a enamorar de doña Inés, el otrora personaje romántico y altivo, comienza a sentir miedo y a despecho de sus arrestos cínicos y se torna un personaje inseguro e indeciso, lejano al don Juan de los primeros tiempos.

Finalmente hacia la última escena de la obra, en el episodio del cementerio, el cambio es total: el personaje niega por completo la principal característica del Romanticismo: la pasión por encima de la razón. Al ver la arena del reloj de su vida a punto de agotarse, y al encontrarse ante la inminencia del infierno y la condena eterna, la última decisión de don Juan es la más racional de su existencia.

Suéltala, que si es verdad
que un punto de contrición
da a un alma la salvación
de toda una eternidad,
yo, Santo Dios, creo en Ti:
si es mi maldad inaudita,
tu piedad es infinita…
¡Señor, ten piedad de mi!. (3760-65)

Con este acto, don Juan no solamente se salva, sino que salva también a doña Inés, quien tiene empeñada su alma esperando por ese “punto de contrición”.

Pero aun cuando el final de Don Juan Tenorio pretenda darnos una lección incomprensible, queda la sensación de que al negar su esencia don Juan pierde su ser y de este modo se condena a sí mismo. Es decir, ser y consecuencia es lo que se está jugando en la historia. Es indudable que la esencia de don Juan es aquella que se nos revela cuando invocamos su nombre. Nosotros no pensamos en el don Juan que doña Inés salva al pie de la sepultura, ni en aquel sumiso y temeroso personaje que se encuentra de rodillas ante el Comendador, sino en el don Juan mitológico y seductor que con tan solo una mirada podía rendir la virtud de una mujer y manchar su honra, ese don Juan que cuenta los muertos que pasaron por su espada y que se asienta en su valor.

 Pues bien, al renunciar al infierno, don Juan lo que realmente hace, es renunciar a sí mismo. ¿No es eso entonces la mayor contradicción de nuestra historia? La pregunta es si don Juan, al ser “salvado” por el amor de doña Inés en el último minuto de su vida, y vender su alma a Dios, salió ganando o perdiendo.

Publicat dins de José Zorrilla | Deixa un comentari

Lunes, 2 de marzo

El estilo romántico

La libertad justifica el rechazo de las convenciones estéticas tradicionales. El estilo romántico se caracteriza por el empleo de recursos efectistas (por ejemplo, abundancia de adjetivos sensoriales), por la incorporación de un vocabulario de las emociones y del misterio. Desaparece la armonía y el equilibrio del Neoclasicismo para dar paso a un estilo violento y dinámico, que se concreta, en la poesía en características como la polimetría (diferentes metros en la misma obra;véase “La canción del pirata”) o la invención de estrofas.

El teatro romántico

Durante el Romanticismo el teatro y la poesía fueron los géneros literarios por excelencia. El género teatral dominante fue el drama. El drama romántico se define por una serie de rasgos:

  1. eliminación de las tres unidades clásicas (lugar, tiempo y acción).01 F. Soler Rovirosa, Don Juan Tenorio, de J. Zorrilla. Teatre 02 F. Soler Rovirosa, Don Juan Tenorio, de J. Zorrilla. Tea (1)
  2. empleo del verso (+ polimetría) o la mezcla del verso y la prosa.
  3. mezcla de lo trágico y lo cómico, lo popular y lo aristocrático…
  4. introducción de grandes efectos escénicos.
  5. preferencia por los temas históricos (especialmente, ambientados en la Edad Media) o legendarios, caballerescos.
  6. tono general vibrante. Abundan las escenas violentas,duelos, suicidios, muertes, ambientes sepulcrales.

El estreno de Don Álvaro o la fuerza del sino del Duque de Rivas, en 1835, abrió definitivamente las puertas de los teatros al Romanticismo; sin embargo, la obra que obtuvo mayor éxito fue Don Juan Tenorio, de José Zorrilla, en 1844.

……………………………………………………………………………………………………………………………………

Orientaciones PAU

Fuentes de la obra. Temas principales. Polimetría. Espacios simbólicos. La ruptura de

las reglas neoclásicas. La evolución de don Juan desde el burlador inicial hasta el

temeroso de Dios del final: un héroe romántico muy peculiar. La renuncia a Dios.

Evolución de doña Inés, cuyo amor divino se sitúa por encima del humano, del engaño,

del abandono, de la traición y de la muerte. La salvación de Inés, vinculada al

arrepentimiento y redención de don Juan: la predestinación por solidaridad religiosa. La

renuncia de don Juan al infierno implica la renuncia a su misma condición.

 

José Zorrilla (1817-1893)

 Biografía

José Zorrilla y Moral nació en Valladolid el 21 de febrero de 1817. Era hijo de un magistrado de la Audiencia, un hombre intransigente, que nunca llegó a comprender el carácter libre e impulsivo de nuestro autor, ni su dedicación a las letras, en vez de a las leyes, como hubiera deseado. Su padre, de ideología absolutista, desempeñó diversos cargos políticos y administrativos (entre ellos el de Superintendente general de policía) en Valladolid, Burgos, Sevilla y Madrid durante el reinado de Fernando VII; en estas ciudades pasó Zorrilla sus primeros años y escribió sus primeros versos.

A la muerte de Fernando VII (1833), el padre de Zorrilla fue desterrado de Madrid por el gobierno liberal y se instaló en Lerma con la protección de Francisco Vallejo. Envió a su hijo a Toledo para que estudiara Leyes, pero el muchacho se dedicaba más a las lecturas románticas (Victor Hugo, Alejandro Dumas,Espronceda…), a pasear por la ciudad y a pintar rincones toledanos, que a los textos jurídicos, por lo que su padre lo sacó de Toledo y lo mandó tutelado a Valladolid. Las aficiones de Zorrilla no cambiaron y su padre recibió una carta de los tutores en la que le decían que su hijo era un holgazán, que andaba por las noches por los cementerios como un vampiro y que se dejaba crecer el pelo como un cosaco. Fue enviado a casa, pero aprovechando una parada en el camino, se escapó (apenas tenía 19 años), se montó en un burro y llegó hasta Madrid, donde se refugió disfrazado para no ser reconocido por los enviados de su padre, quien jamás le perdonó ni lahuida del hogar ni el abandono de los estudios.

En Madrid, su suerte iba a cambiar inesperadamente: el 13 de febrero de 1837 Mariano José de Larra se pega un tiro en la cabeza. Ante su cadáver, Zorrilla lee unos emocionados versos que le supondrán la amistad con escritores ya famosos (García Gutiérrez, Hartzenbusch y Espronceda, su “ídolo”), así como su participación en diversas publicaciones.

En 1839 se casó con Florentina O’Reilly, guapa viuda, dieciséis años mayor que él, con la que tuvo una hija, fallecida con poca edad. Los celos de su mujer y las aventuras del poeta hicieron tan insoportable el matrimonio que Zorrilla se fue a París, Bruselas, Londres y, finalmente, a Méjico, donde vivió cerca de doce años (de 1854 a 1866), gracias a la hospitalidad de personas que lo admiraban (Zorrilla se había hecho muy popular casi desde el mismo estreno de su Don Juan Tenorio en 1844) y a su amistad con el emperador Maximiliano, quien lo nombró cronista del reino y director del proyectado Teatro Nacional.

Regresó a España en 1866 -donde fue acogido con enorme entusiasmo, muestra de la popularidad de que gozaba- y en 1869 contrajo segundas nupcias con Juana Pacheco (su primera mujer había fallecido en 1865); con su nueva esposa, treinta y dos años más joven que él, pasó los últimos años de su vida, en los que para aliviar su penuria económica, trató de conseguir del gobierno una subvención.

Don Juan Valera lo envió como archivero a Roma, donde permaneció desde 1871 hasta 1876, año de su regreso a España. Ingresó en la Real Academia Española en 1885, fue coronado en Granada (1889) como poeta nacional, y pasó sus últimos años dando lecturas poéticas por provincias. Murió en Madrid el 23 de enero de 1893 y tuvo el entierro multitudinario que siempre acompaña a los personajes populares.

 Obra

La obra literaria de Zorrilla es muy extensa y abarca, además del teatro, los tres géneros principales : dramática, lírica y narrativa.

Más de treinta obras avalan la producción teatral de Zorrilla, la mayor parte de ellas escritas entre 1839 y 1849. Sus obras reflejan temas y situaciones de épocas pasadas, al estilo del teatro del Siglo de Oro (Lope, Calderón, Tirso…), que conocía perfectamente. Las obras más significativas son El zapatero y el rey (basada en la figura del rey don Pedro), El puñal del godo (sobre el rey don Rodrigo y el conde don Julián), Don Juan Tenorio y Traidor, inconfeso y mártir (basado en la leyenda del pastelero que suplantó al rey de Portugal, don Sebastián, desaparecido en la batalla deAlcazarquivir).

Entre 1837 y 1840 Zorrilla publicó ocho volúmenes de poesía, lo que muestra el incansable ritmo creador en su juventud. Entre los poemas líricos -cuyos temas principales son la religión popular y la patria legendaria- destacan “Toledo”, “La Virgen al pie de la cruz” y “Granada”.

Pero lo más característico de Zorrilla es su poesía narrativa, las leyendas, inspiradas bien en fuentes históricas, como “La leyenda del Cid”, bien en fuentes tradicionales religiosas, como “A buen juez, mejor testigo” (el Cristo de la Vega es testigo de un compromiso amoroso que el galán se niega a reconocer), y “Margarita la tornera” (una monja, seducida por un galán, abandona el convento y al regresar, arrepentida, descubre que la Virgen ha ocupado su puesto y nadie ha notado su ausencia); junto a estas leyendas de tema religioso escribió otras de temas profanos sobre asuntos de amor y aventuras, entre las que destaca “El capitán Montoya” (el galán seductor contempla su propio entierro y se arrepiente de su comportamiento). Estas dos últimas leyendas fueron consideradas por Zorrilla como embriones de su Don Juan Tenorio.

También merece reseñarse su obra Recuerdos del tiempo viejo, libro de memorias en el que recuerda su juventud, sus relaciones con otros poetas y donde refleja su opinión sobre algunas obras, entre otras Don Juan Tenorio.

Materiales elaborados a partir de http://roble.pntic.mec.es/msanto1/lengua/2romanti.htm y

http://www.materialesdelengua.org/LITERATURA/index_literatura.ht

 

Don Juan Tenorio (1844)

Don Juan Tenorio es la obra del teatro español más representada en todos los tiempos. Se estrenó en Madrid el día 28 de marzo de 1844 y, desde entonces, se suele poner en escena cada año, en torno al Día de Difuntos, sea en teatros comerciales a cargo de actores profesionales, o en salas diversas y con actores aficionados. Tanta fue (y es) la popularidad de esta obra, que el nombre del protagonista ha pasado al léxico español como nombre común. Y así decimos de alguien que es un donjuán, de la misma manera que podemos decir que es un quijote, un lazarillo o una celestina.

Argumento

(El autor: un calavera entre calaveras. Si lees la dedicatoria del libro, observarás que Zorrilla dedica el Tenorio a su amigo Francisco Luis de Vallejo. Paco Vallejo -alcalde de Lerma (Burgos) en 1835- era un joven apuesto, ingenioso y seductor, “uno de los calaveras de buen tono de aquella edad de calaveras… un Don Juan de la clase media”, según afirma Zorrilla en su libro de memorias Recuerdos del tiempo viejo.

calavera: hombre libertino, mujeriego.)

Don Juan Tenorio y don Luis Mejía se dan cita en una hostería de Sevilla para comprobar el resultado de la apuesta que hicieron hace justamente un año: quién sería capaz de seducir a más mujeres y de matar a más hombres. Gana don Juan, pero la insolencia de los dos libertinos les lleva a una nueva apuesta: la seducción de dos nuevas mujeres, una novicia-doña Inés- y la prometida de don Luis -doña Ana de Pantoja-. Don Juan, con la ayuda de Brígida, entra en el convento, rapta a doña Inés y, seguidamente, seduce a doña Ana. El comendador don Gonzalo de Ulloa, padre de doña Inés, y don Luis Mejía llegan a la casa de don Juan dispuestos a vengarse, pero don Juan -tras jurar al comendador el amor que siente por doña Inés y ser rechazado por éste-  mata a ambos y huye de la ciudad por el Guadalquivir.

Cinco años después, don Juan regresa a Sevilla, pero donde estaba su palacio encuentra ahora el panteón de sus propias víctimas, entre ellas doña Inés. Don Juan invita a cenar a la estatua del comendador, que corresponde a la invitación y anuncia la condena al infierno para el burlador: pero don Juan se arrepiente en el último instante de su vida y consigue la salvación de su alma por mediación de doña Inés.

Una obra por encargo

Cuenta Zorrilla en su libro de memorias Recuerdos del tiempo viejo que empezó a escribir Don Juan Tenorio una noche en que no podía conciliar el sueño. Era febrero del año 1844, había regresado a Madrid el famoso actor Carlos Latorre y necesitaba con urgencia una nueva obra par representar. A Zorrilla le correspondía proporcionársela por contrato, antes que los teatros cerraran en el mes de abril. No había pensado ningún tema, pero alguien le sugirió que preparara una nueva versión de El burlador de Sevilla, así que, tomando como referencia la obra de Tirso y también la de Zamora (que con el título No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague era la que por entonces se representaba), “me obligué yo a escribir en veinte días un Don Juan de mi confección. Tan ignorante como atrevido, la emprendí yo con aquel magnífico argumento, sin conocer ni Le festin de Pierre, de Molière, el precioso libreto del abate Da Ponte , ni nada, en fin, de lo que en Alemania, Francia e Italia había escrito sobre la inmensa idea del libertinaje sacrílego personificado en un hombre: don Juan. Sin darme, pues, cuenta del arrojo a que me iba a lanzar ni de la empresa que iba a acometer; (…) fiado solo en mi intuición de poeta y en mi facultad de versificar, empecé mi Don Juan en una noche de insomnio.”

Los apuros económinos de Zorrilla eran tales que no le quedaba otro remedio que escribir mucho y deprisa para poder subsistir en la corte madrileña. Por su obra cobró 4.200 reales de vellón, a cambio de ceder al editor Manuel Delgado todos los derechos de impresión y representación de la obra en los teatros. Es cierto que el precio estipulado se correspondía con lo que se pagaba en aquella época, pero el éxito posterior del Tenorio llevaría a nuestro autor a lamentar por siempre la firma de un contrato que no le reconocía derechoa anuales, en tanto que empresarios, editores y actores se beneficiaban de su obra cada temporada.

 

 El mito de Don Juan  (fuentes o modelos literarios)

Aunque hoy asociamos la figura de Don Juan al Tenorio de Zorrilla, los orígenes del burlador se pueden rastrear en la literatura y en la sociedad. La venida de los muertos al mundo de los vivos, por ejemplo, forma parte de un conjunto de supersticiones populares arraigadas desde antiguo, y muertos que se aparecen encontramos en alguna obra de Lope, Mira de Amescua y Vélez de Guevara, autores leídos por Zorrilla.

En la tradición oral de los romances se recogen también leyendas sobre jóvenes que abusan de mujeres y convidan a muertos o calaveras, como el siguiente:

Pa misa diba un galán / caminito de la iglesia, / no diba por oír misa / ni pa estar atento a ella, / que diba por ver las damas / las que van guapas y frescas. / En el medio del camino / encontró una calavera, / mirárala muy mirada / y un gran puntapié le diera…

El galán invita a cenar a la calavera y ésta acepta el reto presentándose en su casa. La calavera le devuelve la invitación y le ofrece cenar en la iglesia y pasar la noche en su sepultura, pero el galán invoca a Dios y por ello se salva, como confirma la calavera:

Si no fuera porque hay Dios / y al nombre de Dios apelas, / y por ese relicario / que sobre tu pecho cuelga, / aquí habrías de entrar vivo / quisieras o no quisieras.

Fue Tirso de Molina quien inmortalizó nombre y ciudad para su personaje:

REY. ¿Tenéis hijos?

DON GONZALO. Gran señor, / una hija hermosa y bella, /…

REY. Pues yo os la quiero casar / de mi mano.

DON GONZALO. Como sea / tu gusto, digo, señor, / que yo lo aceto por ella. / Pero, ¿quién es el esposo? /

REY. Aunque no está en esta tierra / es de Sevilla, y se llama / don Juan Tenorio. (El Burlador de Sevilla, jornada I)

Tirso de Molina (fray Gabriel Téllez) escribió El Burlador de Sevilla y convidado de piedra hacia 1620 -aunque la obra se imprimió por primera vez en 1630- con la intención de lanzar un mensaje moral sobre la  salvación cristiana, que tanto preocupaba a la España del siglo XVII (la de la Contrarreforma tras el Concilio de Trento, en 1563).

Argumento de El Burlador: En el palacio del rey de Nápoles, don Juan engaña a Isabela haciéndose pasar por Octavio. Huye de Italia y llega a Tarragona, donde burla a Tisbea. El rey intenta desagraviar a Octavio ofreciéndole la mano de doña Ana, pero ésta está enamorada del marqués de la Mota. Don Juan suplanta al marqués, seduce a doña Ana y mata en la huida al comendador Ulloa, padre de la mujer burlada. Más tarde, don Juan engaña a la pastora Aminta el mismo día en que iba a casarse con Batricio, su prometido. Todos los personajes engañados se dirigen al rey para reclamar justicia, pero las burlas de don Juan han de tener un castigo divino: su condena al infierno ante la estatua del Comendador y convidado de piedra.

Comparada esta obra de Tirso con la de Zorrilla, observamos dos diferencias esenciales:

-El primer gran cambio notable en el Don Juan Tenorio de Zorrilla es la pérdida del gracioso.

– El don Juan de Zorrilla sólo aparece en escena con una mujer, (la seducción de doña Ana de Pantoja no se presencia, sino que se deduce) y no con cuatro como el de Tirso de Molina.

-Un aspecto novedoso y muy llamativo en el Don Juan Tenorio es el de la introducción de lo fantástico en el drama. Cierto es que también en El Burlador encontramos un final fantástico, sin embargo, no es tal como el de Zorrilla, que es ya apoteósico. Los estudiosos han señalado  la estrecha relación del Don Juan Tenorio con las comedias de magia de esos años.

(La comedia de magia es un subgénero teatral muy exitoso en el S. XVII que utiliza efectos mágicos, maravillosos y espectaculares, haciendo intervenir a personajes imaginarios dotados de poderes sobrenaturales (hadasdemonios, elementos naturales, criaturas mitológicas, etc.) Se trata de un teatro de imaginación concebido expresamente para la diversión del público, cuyo gusto buscan seguir los autores; de ahí que conociera un enorme éxito popular, al mismo tiempo que suscitó las diatribas de los preceptistas neoclásicos).

– La aparición del convidado de piedra (la estatua de don Gonzalo) sirve para la condena en Tirso; en Zorrilla, la estatua de don Gonzalo pretende imponer el castigo, pero la de doña Inés consigue el arrepentimiento del pecador en el último instante y su salvación. El Dios justiciero de Tirso ha dado paso al Dios clemente y misericordioso de Zorrilla. Como vemos cada Don Juan es hijo de su tiempo: el burlador de Tirso se condena, porque para el dramaturgo barroco, la salvación sólo se consigue con una vida de fe, no de pecado: no hay salvación posible para quienes -como su don Juan- desprecian la gracia de Dios y su misericordia; en cambio, el don Juan romántico de Zorrilla alcanza la salvación por el amor de doña Inés. El mismo Zorrilla era consciente de que en la conversión de su don Juan, por la intercesión de doña Inés, radicaba la originalidad de su obra, y así lo dejó escrito en el capítulo XVIII de sus Recuerdos del tiempo viejo.

Queda claro, pues, que Zorrilla no creó a Don Juan, sino que se basó para dar vida a su personaje en leyendas populares y en obras como El Burlador de Sevilla (1630), de Tirso, y No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague o el convidado de piedra (1714), de Antonio de Zamora. Zorrilla conocía bien estas obras, a cuya representación debió asistir más de una vez, y de ellas toma el esquema básico del mito: un hombre apuesto y mujeriego, unas mujeres engañadas, un muerto a quien se convida a cenar y de quien se recibe mutua invitación, y un plazo que está próximo a finalizar.

Probablemente también conocía otras obras extranjeras sobre este tema, porque Don Juan es un mito legendario extendido por todas partes: Moliére (Don Juan, 1664), Mozart (ópera Don Giovanni, 1787, con libreto de Da Ponte), Lord Byron (Don Juan, 1824), Mérimée (Las ánimas del purgatorio, 1834), A. Dumas (Don Juan de Marana, 1839) y, por supuesto, El estudiante de Salamanca (1840) de Espronceda. El propio Zorrilla había escrito antes del Tenorio algunas obras en las que aparece ya la figura del seductor: Vivir loco y morir más (1837), El capitán Montoya (“es de las armas la joya/ y de las hembras imán”) y Margarita la tornera (1840), lo que demuestra que el tema del burlador rondaba su mente antes de decidirse a realizar la refundición del drama de Tirso y sustituir en los escenarios el de Zamora, como fue su propósito.

 

( Don Juan después de Zorrilla:La revisión del mito no decrece tras el Romanticismo y la popularidad del Tenorio zorrillesco se ha mostrado en la ingente cantidad de parodias que se han generado y la presencia del tema en la obra de directores de cine como Ingmar Bergman o pintores como Salvador Dalí, por ejemplo. Intelectuales y escritores como Valle-Inclán, Azorín, Miguel de Unamuno, Bernard Shaw, Guillaume Apollinaire o José Saramago, entre muchos otros, han seguido encontrando en don Juan motivo para sus obras motivo de inspiración, perpetuando así su vigencia como un mito de proyección universal.)

La estructura de la obra. Espacio y tiempo

La primera parte del Tenorio se dispone en cuatro actos (vv. 1-2639) y la segunda, en tres (vv. 2640-3815). Ambas suceden respectivamente en una noche, separadas por un lapso de cinco años. Este espacio de tiempo era dramáticamente necesario para dar verosimilitud al cambio de escenario (sobre el antiguo palacio de don Diego Tenorio se ha construido un cementerio con estatuas) y para dejar constancia de que don Juan ha cambiado de actitud: ha servido valerosamente al Emperador y aún ama a doña Inés.

La primera parte cambia continuamente de acción y de escenario y transcurre en un tiempo demasiado concentrado (que el propio Zorrilla criticó en sus Recuerdos...): las ocho dan en la hostería (v. 194), las nueve en el convento (v. 1432), las diez en la calle de doña Ana (v. 1433), las doce pasadas en la quinta de don Juan (v. 2320). Tanto movimiento sitúa esta parte próxima a las comedias de capa y espada del teatro clásico.

La segunda parte, por el contrario, tiene el ritmo pausado que marcan un reloj de arena (v. 3692), el doblar de las campanas (v. 3709) y el canto de los salmos (v. 3714), y solo dos escenarios: el panteón de los Tenorio y el comedor de don Juan. La reflexión sustituye a la acción y el drama se acerca a la moralidad de los autos sacramentales.

Zorrilla ha construido su obra sobre una estructura dual: dos partes, dos mujeres seducidas (doña Inés y doña Ana), dos burladores (don Juan y don Luis), dos padres (don Gonzalo y don Diego), dos rivales que piden venganza (don Gonzalo y don Luis), dos amigos (Centellas y Avellaneda), dos criadas alcahuetas (Brígida y Lucía), dos sombras que se disputan el alma de don Juan (la de doña Inés y la de don Gonzalo), dos caras del mismo hombre: un don Juan dispuesto para la vida, otro don Juan preparado para la muerte; una actitud para la condena, otra para la salvación.

Personajes

Don Juan: el personaje protagonista es un joven seductor, hijo de buena familia, que utiliza fortuna y prestigio para su propio placer. Su poder radica en la seducción de su discurso. Es jugador, pendenciero (vv. 1-4), rechaza los valores sociales establecidos (honor, matrimonio, religión, autoridad paterna…) y se comporta como un ser diabólico (vv. 501-510), un lucifer. Pero conoce a doña Inés y se enamora repentinamente. Ella va a cambiar la manera de ser del burlador, que pasa de ser fuego abrasador en el que cae la novicia apenas recibe su carta, a llama purificada por el amor de doña Inés. A partir de este momento, don Juan no será ya el seductor de antes, sino el seducido, una figura romántica que, paradójicamente, sepulta al rebelde héroe romántico.

Doña Inés es el personaje clave de la obra: “quien no tiene carácter, quien tiene defectos enormes, quien mancha mi obra es don Juan; quien la sostiene, quien la aquilata, la ilumina y la da relieve es doña Inés; yo tengo orgullo en ser el creador de doña Inés y pena por no haber sabido crear a don Juan”, dice el autor en sus Recuerdos. Joven cándida y buena, nada de amores sabe, pues “vivido en el claustro habéis/casi desde que nacisteis” (vv. 1438- 1440). Se enamora de don Juan casi por hechizo, y poco a poco el fuego amoroso la lleva hasta una pasión arrebatadora (“yo voy a ti/como va sorbido al mar ese río”, vv. 2251 y ss.). Don Juan la abandona y doña Inés muere, pero ella ha apostado con Dios la salvación de los dos o su condena; doña Inés es la esencia del amor cristiano, un ángel de amor capaz de sacrificarse por la salvación del libertino. Intermediaria entre el cielo y la tierra, representa el triunfo absoluto del amor frente al honor familiar, la venganza y la muerte.

Don Luis Mejía es el contrincante de Tenorio, con quien rivaliza en burlas y calaveradas (véase el paralelismo en el relato de las fechorías de ambos:  1ª,I,XII). Él es el provocador de la nueva apuesta, la que conlleva el rapto de la novicia y la seducción de su propia prometida.

El comendador don Gonzalo de Ulloa, padre de doña Inés, representa el poder y la moral que don Juan rechaza. Preocupado antes por su honra que por su hija (v. 1837), irrespetuoso con la abadesa, a quien insulta (v. 1908), su pecado consiste en desentenderse de la salvación de don Juan (vv. 2554-2555). Si Tirso utiliza a este personaje como ejecutor del castigo divino, Zorrilla lo condena por su actitud anticristiana. La estatua del Comendador (2ª parte) es la encargada de arrastrar a don Juan a las puertas del infierno, pero don Juan se salva gracias a la mediación angelical de doña Inés.

Centellas es capitán al servicio del Emperador y debe su nombre a la rapidez con que maneja su espada. Zorrilla le reserva la gloria de ser el que mate a  de don Juan.

Otros personajes tienen un papel secundario:

Don Diego Tenorio representa la figura tradicional del padre aristócrata y severo (“¡que un hombre de mi linaje/descienda a tan ruin mansión!”, vv. 243- 244). En su enfrentamiento con su hijo pueden descubrirse ecos de las discrepancias de Zorrilla con su padre.

Brígida, aya de doña Inés, es el polo opuesto de ella y complemento necesario de don Juan. Siguiendo la tradición de trotaconventos y celestinas, vende amores, facilita la reunión de los amantes y, en consecuencia, la seducción de la novicia.

Ciutti tiene sus antecedentes literarios en la figura del “gracioso” del teatro del Siglo de Oro, pero fue un personaje real: un camarero del Café del Turco, situado en la calle Sierpes de Sevilla.

Lucía representa la criada infiel y materialista que por dinero vende a su señora, doña Ana de Pantoja.

Buttarelli era una persona real: un hostelero de la calle del Carmen, en Madrid, famoso por las chuletas y los tortellini que preparaba.

El resto de personajes – Pascual, Avellaneda, la abadesa, etc.- quedan trazados muy superficialmente; doña Ana de Pantoja, por ejemplo, sólo aparece en dos rápidas escenas del acto II y su encuentro con don Juan se sobrentiende. Ello demuestra que el interés de Zorrilla estaba en la caracterización de don Juan y doña Inés, y en la evolución psicológica de ambos personajes.

 

POLIMETRIA

Un drama con muchos versos. Una de las características más importantes de la obra es el uso de un verso sonoro, pegadizo, no exento de ripios, que facilitó desde el primer momento la popularidad del Tenorio ( y las numerosas parodias que de él se han hecho). La mayor parte de los 3.815 versos son octosílabos, que dan a la obra un ritmo vivo y ágil frente al carácter reflexivo del endecasílabo utilizado en el soliloquio de don Juan (vv. 3600-3643). Redondillas para la conversación común, romances y quintillas para los relatos, décimas para los diálogos amorosos (p.e. la famosa ‘escena del sofá’), octavillas, ovillejos y cuartetos conforman el drama más clásico de la literatura española. 79.- Busca un ejemplo de cada una de estas estrofas y cópialas en tu cuaderno. El esquema métrico del Tenorio es el siguiente: Primera parte. -Acto I: vv.1-72: redondillas, 73-102: quintillas, 103-254: redondillas, 255-380: romance, 381-440: redondillas, 441-695: quintillas, 696-835: redondillas. -Acto II: vv.836-1119: redondillas, 1120-1121: versos sueltos, 1122-1141: redondillas, 1142-1201: ovillejos, 1202-1249: redondillas, 1250-1345: octavillas, 1346-1365: redondillas, 1366-1425: ovillejos, 1426-1433: redondillas. -Acto III: vv.1434-1547: romance, 1548-1647: redondillas, 1648-1655: octavillas, 1656-1659: redondilla, 1660-1675: octavillas, 1676-1679: redondilla, 1680-1687: octavilla, 1688-1691: redondilla, 1692-1707: octavillas, 1708-1711: redondilla, 1712-1719: octavilla, 1720-1723: redondilla, 1724-1731: octavilla, 1732-1771: redondillas, 1772-1777: sextilla, 1778-1797: quintillas, 1798-1909: redondillas. -Acto IV: vv.1910-2025: romance, 2026-2173: redondillas, 2174-2223: décimas, 2224-2447: redondillas, 2448-2563: romance, 2564-2639: redondillas. Segunda parte. -Acto I: vv.2640-2923: redondillas, 2924-3113: décimas, 3114-3217: redondillas, 3218-3227: quintillas. -Acto II: vv.3228-3491: redondillas, 3492-3511: décimas, 3512-3599: redondillas. -Acto III: vv.3600-3643: cuartetos endecasílabos, 3644-3727: redondillas, 3728- 3737: quintillas, 3738-3765: redondillas, 3766-3815: décimas.

+ “Introducción” de Joan Estruch Tobella (Ed.La Galera)

Publicat dins de José Zorrilla | Deixa un comentari

Jueves, 5 de febrero

Origen de la temática

La concepción de la vida como un sueño es muy antigua: tenemos referencias en el pensamiento hindú, en la mística persa, en la moral budista, así como en la tradición judeo-cristina y en la filosofía griega. Según Platón, el hombre vive en un mundo de sueños, de tinieblas, cautivo en una cueva de la que sólo podrá liberarse tendiendo hacia el Bien. Únicamente entonces el hombre desistirá de la materia y llegará a la luz. El influjo de esta concepción platónica en la obra es evidente. Segismundo vive en un principio dentro de una cárcel, de una caverna, donde permanece en la más completa oscuridad por el desconocimiento de si mismo; sólo cuando es capaz de saber quién es, consigue el triunfo, la luz.

La obra de Calderón y la llamada” comedia nueva”

En la comedia nueva se mezcla lo trágico con lo cómico; en La vida es sueño encontramos elementos trágicos (temas que se tratan, personajes nobles) y cómicos (desenlace, el gracioso, escenas ligeras). Además se nos presenta una ruptura de las tres unidades: en la obra aparecen dos espacios (mazmorra y palacio), dos acciones (Segismundo y Rosaura) y se desenvuelve durante varios días. El autor respeta la organización en actos de la obra y cada una de las partes corresponde a la división tradicional(planteamiento, nudo y desenlace). Los personajes son los siguientes: el rey (Basilio), el galán (Astolfo y Segismundo), la dama (Rosaura y Estrella), el barba (Clotaldo) y el gracioso (Clarín). En la trama de Astolfo, Rosaura y Estrella se siguen los papeles propios de la comedia nueva. En la trama de Segismundo, Calderón sobrepasa los estereotipos de la comedia nueva, ya que el protagonista que es Segismundo no es propiamente un galán porque su conflicto no es sentimental. Puesto que Basilio es la encarnación de un poder real basado en el error y la superstición, es su hijo Segismundo quien encarna al rey legítimo, el que ha de serlo por herencia y por derecho. Rosaura no es tampoco la dama ‘ligera’ de muchas comedias nuevas, sino que siguiendo el tópico de la mujer disfrazada de hombre ha de defender su honor. En cuanto al decoro, de acuerdo a la comedia nueva cada personaje debe expresarse según su condición, y en La vida es sueño los temas tratados y los personajes exigen un estilo complejo y lleno de recursos literarios por lo que no podemos hablar en ningún caso de un estilo sencillo para algunos personajes: incluso Clarín se manifiesta de una forma culta. Tampoco aparecen cancioncillas tradicionales. Calderón utiliza la polimetría para variedad y riqueza a su texto tal y como aconseja Lope y suele ajustarse al usar los romances para relatos y las décimas para las quejas, pero en otros usos es más libre.

Coincidencias y divergencias de las respectivas peripecias de Segismundo y Rosaura

La obra, como sucede con la mayor parte de las tragicomedias del S. XVII, tiene dos intrigas. La principal, que da título a la pieza, de carácter político y filosófico, centrada en Segismundo, dota a su personaje de una dimensión simbólica que le convierte en representante del hombre. Su alcance, por tanto, es muy superior a la otra pues afecta directamente al príncipe de Polonia, a su padre- el rey Basilio-, a Clotaldo- ayo del preso y consejero del rey-, y a Astolfo y Estrella- primos de nuestro héroe y sus sucesores en los derechos del trono polaco-. La intriga secundaria, de pretensiones mucho más modestas y que responde al típico planteamiento de las comedias de capa y espada, se centra en Rosaura, que llega a Polonia procedente de Moscovia para vengarse de Astolfo, que la había abandonado y deshonrado. Sin embargo, resulta que la joven es hija de Clotaldo y la enamorada de Astolfo, personajes de la otra intriga, con lo cual comenzamos a entrever las relaciones que unen a las dos tramas.

De hecho, nada más empezar la obra se unen las dos intrigas, pues Rosaura, que acaba de perder su cabalgadura y se encuentra en un país extraño, totalmente infeliz a causa de su deshonra, ve una torre, se acerca, oye los lamentos de Segismundo y descubre la existencia de un ser aún más desdichado que ella misma. A partir de este momento, el desarrollo de las dos intrigas está plenamente interrelacionado, hasta el punto de que la solución de la deshonra de Rosaura depende del triunfo de Segismundo.

Veamos de forma más detallada las semejanzas y diferencias entre estos dos personajes:

. Identidad : Segismundo no sabe quién es realmente ya que nunca se le ha desvelado su verdadera identidad ni su condición. Por esta razón vive inmerso en una ficción que le hace creerse una persona distinta a la que realmente es. //Por su parte, R. conoce parte de su historia pero no sabe quién es su padre. Este hecho hace que tampoco conozca parte de su vida, de su verdadera condición.

.Familia: S. desconoce la existencia de sus padres. ­La madre muere durante su nacimiento, su padre lo repudia y su único contacto con el mundo exterior es Clotaldo. El padre siempre ha mantenido a su hijo aislado del mundo real por miedo a que este le perjudicase por su carácter fiero e inhumano. Basilio duda entre dos opciones: dejar libre a su hijo para que le demuestre que puede ser proclamado rey, o que siga aislado del mundo exterior.  // Rosaura crece y vive junto a su madre en Moscovia. No sabe que es hija de Clotaldo. ­Cuando Rosaura es descubierta por Clotaldo dentro de la torre, este reconoce la espada que ella le entrega. Tras darse cuenta que Rosaura es su hija, Clotaldo también duda sobre la decisión que debe tomar: delatar a su hija ante el rey o bien dejarla escapar.

.Destino: Al principio las leyes del destino juegan en su contra ya que permanece encerrado en aquella torre sin poder hacer nada por cambiar su situación. Al final, consigue vencerlo y acaba proclamándose rey. //El destino está en su contra ya que pierde su honor. Finalmente consigue recuperarlo gracias a la ayuda de Segismundo.

.Libertad: Segismundo carece de libertad durante su aislamiento en la torre. Tras su transformación acaba proclamándose rey y goza de plena libertad.// Al principio Rosaura se encuentra, en cierta manera, privada de su libertad ya que tiene que esconderse tras la vestimenta y la imagen de hombre para poder resolver su agravio más fácilmente. Cuando descubre que Clotaldo es su padre y se despoja de ese “disfraz” puede actuar con más libertad y no necesita esconder su verdadera identidad.

. Carácter: Al inicio es un personaje soberbio y rebelde con una gran sed de venganza (quiere deshacerse del dolor que le produce estar allí encerrado y sin respuestas vengándose de su padre).Tras su experiencia en palacio, Segismundo escarmienta y experimenta un profundo cambio de carácter.En esa transformación tb tiene un papel determinante la presencia de Rosaura, que con su belleza impresiona a Segismundo//En este aspecto, Rosaura mantiene una mayor estabilidad a lo largo de la historia.

.Objetivo principal: S. lucha por recuperar su libertad. //R. lucha por recuperar su honor.

 

Educación y carácter de Segismundo. Perfil de Basilio

(Este apartado podría introducirse con una breve síntesis argumental)

La evolución de Segismundo a lo largo de la obra es sustancial. Partimos de un Segismundo encadenado y encerrado en un torre,  como una bestia más que como un hombre, rudimentario, animalizado y que reflexiona sobre el porqué de su condición y de su falta de libertad. Clotaldo , su ayo y preceptor, es su único vínculo con la realidad, es el que le ha instruido. En esta parte de la obra, a pesar de haber sido educado como lo que es, un príncipe, al no haber vivido en ese ambiente palaciego no sabe comportase como tal y cuando le trasladan a la corte se comporta como una fiera, lo que ayuda a su padre, el rey Basilio, a reafirmar su teoría.

(El causante de este aislamiento no es otro que su padre. De hecho, el rey Basilio es el causante principal de todos los males que acaecen en la obra ya que llevado de su vanidad intelectual interpreta mal el libro de las estrellas, como su hijo se encarga de recordarle más adelante en la obra. Esa interpretación errónea tb despojó a su reino de su legítimo heredero con lo que originó el traslado de su sobrino Astolfo desde Moscovia; por lo tanto, la deshonra de Rosaura tb. es culpa del rey. Tb. ha perjudicado a su pueblo ya que lo ha despojado de su heredero legítimo. Sin embargo, al final se salva porque finalmente se arrepiente de su actuación y renoce sus yerros.)

La segunda etapa en su vida es a partir de cuando regresa de la corte y se despierta pensando que todo ha sido un sueño; al principio se niega a creerlo, porque le ha parecido muy real, y entonces comprende la inestabilidad de la vida. Es por eso por lo que decide actuar bien ya sea en sueños o en la realidad, pero para llevar a cabo esta decisión no solo tendrá que vencer a los demás sino que lo primero que tiene que hacer es vencerse a sí mismo. Finalmente consigue esa vistoria y con ello demuestra que con voluntad se puede vencer al destino. Pero al vencerse a sí mismo también aprende a anteponer la razón de estado a sus propios impulsos, como se demuestra en la decisión de obligar a Astolfo a casarse con Rosaura para que esta recupere su honor aún estando enamorada de ella. Resumiendo, podríamos decir que la evolución de Segismundo se basa principalmente en vencer sus propios impulsos y aprender a tomar decisiones con prudencia.

Los diversos planos de la obra: metafísico, teológico, moral

Plano metafísico o filosófico

La principal cuestión tratada en la obra La vida es sueño es el poder de la estrellas a la hora de14 decidir la libertad de las personas. Esta situación no puede ser controlada por nadie, ni por el mismo Calderón, que permanece pasivo ante la influencia del cosmos en la humanidad. Ya no solo él, sino que los escolásticos también creían en un impacto indirecto de las estrellas sobre la conducta del hombre. Mediante dicho suceso, el literato apela directamente a la tradición griega, caracterizada en sus tragedias por el fuerte impacto del destino sobre las personas. Este es invencible, y de mismo modo actúa sobre Segismundo, que no parece ser uno más de todas las víctimas de los dioses. Cabe añadir, pues, que el carácter de los dioses es conocido por su severidad y tendencia al castigo mortal. De este modo, y como todo héroe de la historia occidental, para levantarse primero se tiene que haber caído. Personificando este pensamiento, el protagonista de La vida es sueño decide sobrepasar lo escrito, no caer en el mismo error que todos sus antepasados y adoptar la característica impulsada por Platón (aprovechando que se hablará del Mito de la caverna) de la templanza. Una vez controlados los impulsos, queda bien claro que el hombre es capaz de vencer a lo estipulado (las estrellas) si hace uso de su razonamiento característico. Segismundo realiza todo un proceso de gradación ascendente, convirtiéndose de un humano que vive en características animales, al claro ejemplo del humanismo. Plano teológico Calderón es católico y cree que hay vida después de la muerte. Pero el hombre puede llegar alconcepto de la vida ultraterrena solo porque sabe que hay dos vidas ya en esta de la tierra: la religiosa y la profana (ejemplificadas por los distintos personajes de su obra). Así pues, la vida para Calderón es, a su vez, sueño y muerte. El interés que tiene por este ámbito nace durante su proceso educativo, el cual tuvo una gran influencia religiosa, así que decide plantear los problemas que surgieron en su época, los más observables son el libre albedrío y la predestinación. El libre albedrío está basado en la creencia por parte de la iglesia que sostiene que los humanos tienen el poder de elegir y tomar sus propias decisiones. Esta acepción tiene distintas consideraciones dependiendo de los campos que la trabajen, pero principalmente desde las perspectivas filosóficas sobre la libertad, podemos hablar del fenómeno del determinismo, que afirma que todos los eventos son resultados inevitables de causas previas, de que todo lo que pasa tiene una razón de ser. Asimismo, Segismundo revoca esta concepción mediante el desarrollo psicológico y el crecimiento como personaje, que le transforma en alguien que vence lo determinado para convertirse en un ser totalmente libre (encarna totalmente el libre albedrío). Cabe añadir, pues, que esta es una de las razones por las cuales se asocia fuertemente el pensamiento psicoanalista de Freud con las concepciones filosóficas del sueño de Calderón, para ambos eran una forma de explicar el mundo. De modo totalmente contrastado, la predestinación es sustenada por los protestantes y se trata de una doctrina religiosa bajo la cual se discute el destino de las cosas. Se distingue15 fuertemente de los conceptos de libre albedrío, determinismo y demás variantes por su faceta religiosa, ya que el hecho de la predestinación concierne de forma directa a la decisión de Dios para gobernar la creación y su evolución. Así pues, de forma resumida, las decisiones de Dios determinan el destino de las personas. La resolución de la tragedia inicial indicaría, directamente, la posición que adopta Calderón a favor del contrarreformismo. Segismundo vence el destino impuesto por las estrellas (Dios) con su única capacidad moral y ética, ya que no dispone de estudios suficientes como para comprender la necesidad que tiene el ser humano de controlar sus reacciones y dar preponderancia a las ideas antes que los impulsos físicos (aquello que todos esperábamos después del planteamiento calderoniano que se nos ha realizado durante toda la obra). Se nos plantea sorprendente la manera como el protagonista entiende la situación y se utiliza para reivindicar el poder del ser humano. Plano moral Los planos morales pueden ser observados, principalmente, en el protagonista, Segismundo. Este, sin casi ningún tipo de estudio ni concepción sobre la moral, actúa como si se tratara del propio rey. Se aprecian situaciones muy paradójicas en el desenlace de la obra, cuando el pueblo el aclama como verdadero rey aunque su padre siga vivo, por lo tanto, no hay justificación para que Sejismundo ejerza de monarca todavía. Así pues, se podría afirmar que una de les observaciones que se puede extrapolar en la obra es la de la situación que se presenta cuando un rey actua de forma despótica. No es conveniente adentrarnos en ideales sociopolíticos, pero los ideales filosóficos de la época trataban este tipo de situaciones (fuertemente observado en grandes pensadores como Locke), es decir, entendían que no se podía vivir bajo un mandato absolutista y que si el rey actuaba con fines viles, debería ser castigado. Calderón, al ser religioso y posicionarse de forma propensa a la teoría del libre albedrío, decide dejar este pensamiento en el aire, no termina de profundizarlo (es decir, su hijo le perdona pero no se olvida del trato que le ha propiciado de manera totalmente gratuita, ya que no disponía de ningún principio lógico en el que basar sus creencias, las predicciones ya constituían un hecho del pasado). Como hemos adentrado préviamente, uno de los finales éticos que se nos deja es el de la lucha entre la pasión (Segismundo encadenado) y la prudencia (Segismundo heredero), con una moraleja bien establecida, la segunda siempre debe imponerse a la primera. Por último, los ideales calderonianos también resiguen la moral barroca, caracterizada por su gran tendencia a la reflexión sobre la vida y las situaciones que se desprenden de ella, tratan de comprender su sentido. Calderón pues, nos muestra que, más alla de si se trata de un sueño o de una realidad, la vida es efímera, el tiempo fluye y la vida huye, esas es la razón por la cual hay que actuar de forma adecuada según las situaciones, el ser humano debe ser bondadoso con los demás, sin importar el mal trato que nos hayan propiciado, incluso se podría hablar de16 las famosas segundas oportunidades cristianas

Ambigüedad del concepto de “sueño”. El concepto de sueño en la obra no hace únicamente referencia a la brevedad de la vida, además, refleja la inconsciencia que tenemos de existir, es decir, la duda de distinguir lo real de lo que es una fantasía, un sueño. En La vida es sueño se plantea la predestinación del hombre por el destino, que se define por lo pagano, por las estrellas, y como alternativa a este determinismo, se plantea un segundo camino, el libre albedrío. http://es.calameo.com/read/000978810713a89832c7a

 

Publicat dins de Calderón | Deixa un comentari

Martes, 20 de enero

Del cap. 30 al 57 se narra la estancia de dQ y s en el palacio  de los duques

En tierras de Aragón,DQ y S entran en contacto con unos nobles que han leído la 1ª parte de el Quijote y desean divertirse a su costa.De nuevo no es dQ quien distorsiona la realidad sino los demás quienes la distorsionan para que emule a a la de las novelas de caballerías.

Con delicadeza, pero a veces siendo despiadados, no reparan en dificultades para hacer creer a dQ que viven en el ambiente de los libros de caballerías. Ya no es preciso que dQ distorsione la realidad para que ocurran hechos mágicos o asombrosos. Sólo dos personas quedan al margen de la farsa: un eclesiástico, por motivos éticos y una dama de la duquesa, doña Rodríguez, prototipo de la mujer boba que no se entera y realmente cree que dQ es un caballero andante e incluso acude a él para que vengue el honor de su hija, que ha sido burlada por el hijo de un labrador rico.

Un hecho destacable de la estancia en casa de los duques (que no está en los capítulos que hay que leer) es que los duques montan una parodia en que Merlín y otros encantadores dicen que Dulcinea dejará su aspecto de labradora y recuperará el de dama si Sancho se da 3600 azotes en las posaderas, pero no por la fuerza sino por su voluntad. Este embuste creará una nueva situación en la relación entre amo y criado ya que dQ le importuna, suplica y paga para que se vaya dando azotes y eso sí aparece en algún momento de los capítulos que hay que leer.

También entre los capítulos que no hay que leer está la etapa en que dQ y Sancho se separan ya que Sancho es nombrado gobernado de una ínsula Barataria, ya que el duque quiere que dQ pueda cumplir la promesa que le ha hecho a Sancho, por eso lo envía a una aldea donde todo el mundo lo recibe como si fuera un gran señor. Allí lo hacen resolver conflictos legales y él actúa con gran sentido común y justicia.

CAPÍTULO 41. De la venida de Clavileño, con el fin desta dilatada aventura (XXVIII)

La condesa Trifaldi se presenta ante don Quijote para pedirle que vaya a la lejana isla de Candaya a desencantar a la infanta Antonomasia y a don Clavijo, convertidos por el gigante Malambruno, ella en una simia de bronce, y él en un espantoso cocodrilo. Para ir a ese remoto lugar es preciso montar en un caballo de madera, llamado Clavileño, que lleva rápidamente por los aires a las regiones más apartadas.

Nuestros protagonistas montan en Clavileño, que acaban de traer cuatro “salvajes”; les cubren los ojos con un pañuelo y, acercándoles al rostro aire producido con fuelles y estopa quemada, les hacen creer que vuelan por las regiones etéreas, hasta que hacen estallar los cohetes que el caballo de madera lleva en su interior y derriba a don Quijote y a Sancho. Allí encuentran un pergamino en el que se afirma que el caballero ha acometido con éxito su empresa.

Como vemos, tanto don Quijote como Sancho caen el engaño (“quijotización”)- Lectura de la pág. 452

CAPÍTULO 48. De lo que le sucedió a don Quijote con doña Rodríguez, la dueña de la duquesa, con otros acontecimientos dignos de escritura y de memoria eterna. (versión original)

Don  Quijote estaba una noche entristecido en su aposento, sin poder dormir, dolido por los arañazos de los gatos y pensando en cómo era perseguido por Altisidora, cuando oyó que abrían la puerta del dormitorio. Pensó de inmediato en la enamorada doncella y temió que hubiese venido a comprometer su honestidad; pero en vez de entrar Altisidora, como esperaba don Quijote, lo hizo una dueña, vestida con largas y blancas tocas, con anteojos en la cara y, llevando una vela en la mano. Don Quijote, de pie sobre la cama, empezó a santiguarse nerviosamente, porque creía que alguna bruja había entrado en su aposento. La dueña, cuando se acercaba y vio el aspecto de don Quijote, se asustó tanto que se le cayó la vela y, al intentar huir en la obscuridad, se pisó las faldas y cayó al suelo.

Creía que era un fantasma y  le conjuró a que le dijera qué quería de él, pues como tal caballero andante, su oficio se extiendía a hacer el bien hasta las ánimas del purgatorio. Se dio a conocer la dueña. Era doña Rodríguez y venía a exponerle sus cuitas y a pedirle ayuda. Don Quijote, que no se fiaba de las dueñas, le respondió que si su petición era celestinesca, él sólo estaba para Dulcinea. Al final accedió a escucharla, quedándose él acostado en su lecho, asomando sólo la cabeza; ella sentada en una silla a una enorme distancia.

Doña Rodríguez era asturiana. Su padre la trajo a Madrid y la acomodó a servir como doncella de labor en casa de una señora principal; al poco de llegar quedó huérfana. Se enamoró de un escudero de la casa. La señora, para evitar comentarios, los casó. Tuvieron una hija; al poco tiempo falleció su marido a consecuencia del trauma que le produjo el maltrato de su señora doña Casilda.

Tenía fama de buena costurera y, cuando se quedó viuda la duquesa se la trajo con ella al reino de Aragón. Su hija tenía dieciséis años, era muy bella y poseía grandes cualidades. Se había enamorado de ella el hijo de un rico labrador; le había dado palabra de ser su esposo, pero ahora no quería cumplirla. Por eso venía a pedirle ayuda. Termina destacando el valor de su hija frente a Altisidora y la duquesa; en la primera porque “no es oro todo cuanto reluce” (refr. Las apariencias engañan), pues le huele la boca; en la segunda, porque tiene llagas en las piernas.

Nada más terminar de hablar abrieron la puerta; del sobresalto, se le cayó la vela a doña Rodríguez y se quedó la habitación a obscuras. Dos manos la cogieron por la garganta y otra persona le levantó las faldas y le dio varios azotes con una chinela. A don Quijote le pellizcaron por todas las partes y le dieron mamporros. Tuvo que  defenderse a puñadas.

(En el capítulo 57) DQ y Sancho se marchan del territorio de los duques con la intención de dirigirse a Zaragoza

(Cap 59 a 61)

Al ir avanzando en su camino llegan a una venta donde oyen hablar del falso Quijote de Avellaneda. DQ se indigna, critica la obra y decide no ir hacia Zaragoza para que todo el mundo vea la falsedad de la historia que cuenta Avellaneda. Así es como decide dirigirse hacia Barcelona.

La estancia de dQ en Cataluña es muy interesante, porque se da una nueva situación. Primero dQ se inventaba aventuras, después los demás crean aventuras para él, como los duques. En Cataluña dQ encuentra aventuras reales.

Camino de Barcelona se encuentra con una pandilla de bandoleros de Roque Guinart (el histórico Perot Rocaguinarda). Con ellos conviven unos días. Son personas que amargadas de la realidad contemporánea viven marginados de la sociedad viviendo aventuras reales. que llevan implícita la muerte. Aquí aparecen las primeras muertes de la novela. Recordemos que en todas las aventuras de dQ todo se saldaba con algún trompazo, caída o herida leve.

Al poco de llegar dQ acude ante Guinard una mujer que acaba de herir mortalmente a su burlador, es la misma situación de Dorotea ante Fernando, pero esta mujer ha actuado resolutivamente, con violencia. DQ se ofrece a vengarla, pero nadie le hace caso. (Es la 1ª muerte del Quijote).Poco después en una discusión sobre el botín Guinart le abre la cabeza a uno que protesta (2ª muerte violenta)

Cervantes toma una actitud favorable ante el bandolerismo catalán, éste mantenía mucha relación con Francia y era un grave problema para los virreyes, que luchaban con poco éxito para erradicarlo.

Guinart les facilita la llegada a Barcelona y les dejan en la playa de la Barceloneta la noche de San Juan. Allí son recogidos por Antonio Moreno, un importante ciudadano, de la misma facción política que Guinart.

CAPÍTULO 62. Que trata de la aventura de la cabeza encantada, con otras niñerías que no pueden dejar de contarse. (XLII) (La primera parte del capítulo no aparece en la versión adaptada)

Un caballero barcelonés, don Antonio Moreno, los acoge con gran afecto y celebra en su casa una fiesta en honor del caballero, en la cual se exhibe a todos los asistentes una maravillosa cabeza de bronce, sostenida por un pie de jaspe, que posee la sorprendente y mágica virtud de responder atinadamente a cuanto se le pregunta. La cabezada respuestas ingeniosas o ambiguas a algunas preguntas que se le hacen.

Cervantes se apresura a aclarar que tal cabeza estab montada sobre un tubo que comunicaba con un aposento del piso inferior donde un sobrino del anfitrión daba las respuestas.  Todos los presentes, no sólo DQ y S, ignoran el artificio.

Poco después, DQ visita una imprenta lo que da pie a comentarios literarios sobre los libros que se están componiendo y estampando y a que Cervantes exponga sus opiniones sobre el arte de traducir y, sobre todo, para que ataque nuevamente al Quijote de Avellaneda.

CAPÍTULO 64. Que trata de la aventura que más pesadumbre dio a don Quijote de cuantas hasta entonces le habían sucedido.

CAPÍTULO 73. De los agüeros que tuvo don Quijote al entrar de su aldea, con otros sucesos que adornan y acreditan esta grande historia.

CAPÍTULO 74. De cómo don Quijote cayó malo, y del testamento que hizo, y su muerte.

Publicat dins de Quijote | Deixa un comentari

Jueves, 15 de enero

. Capítulo XLIV (XXVII)- Aquella mañana acertó a llegar a la venta el barbero a quien don Quijote había quitado la bacía y Sancho la albarda, el cual ante todos los asistentes reclamó ambos objetos. Don Qujote y el propio Sancho sostienen lo contrario. En el capítulo siguiente los amigos del protagonista intevienen en el pleito y , por diversión, defienden la postura del hidalgo.

Durante su estancia en una venta recuperamos al personaje del barbero de la bacía- (Pág. 240)- Arremete contra Sancho y le reclama sus pertenencias- A0parece en boca de Sancho el término “Baciyelmo”. (Pág. 242)

 

(D. Quijote es llevado de regreso a su casa en una jaula. Al final de la 1ª parte, Cervantes afirma que no ha podido encontrar más noticias sobre don Quijote, pero que en la Mancha se dice que salií de la aldea una tercera vez y fue a Zaragoza.)

Publicat dins de Quijote | Deixa un comentari

Martes, 13 de enero

. Capítulo XXV (XIX)- Penitencia del caballero que es un tópico o lugar común en las novelas de caballerías/ D. Quijote decide suspender transitoriamente su vagabundeo en busca de aventuras y permanecer un tiempo solo en Sierra Morena entregado a la penitencia y al desatino. Se trata de un constante tópico de la novela caballeresca, en la que era freceuente que el enamorado, desesperado por desdenes amorosos o por cualquier otro motivo, se retirara a la soledad de los bosques, donde no tan sólo se entregaba a la oración, ayuno y penitencia, sno tb a cierta furia demencial que le llevaba a cometer toda suerte de desatinos.

– Pág. 167- Sancho pide licencia a D. Quijote para regresar a casa ya que no soporta el voto de silencio que deben mantener/

 

– Pág. 169- Elogio del personaje de Amadís, al que D. Quijote desea imitar- D. Quijote comunica sus propósitos a Sancho- Sancho le responde, que no habiendo causa o motivo de penitencia, no fuera necesario. Obviamente la penitencia del caballero es un acto gratuito  para demostrar su amor hacia Dulcinea (Pág. 170)- Encargo de la carta

– Pág. 171- A la mención de D. Quijote por la bacía, responde Sancho cuestionando la veracidad y solidez de su vida caballeresca./ D. Quijote lo justifica haciendo referencia a la caterva de encantadores que cambian las cosas y les dan esa sensación de falsedad o irrealidad.

– Pág. 171- Se encuentra el lugar idílico para iniciar la penitencia y mostrarse como una persona ida- Pasaje representativo del estilo quijotesco.

– Pág. 173- Contraste Quijote Sancho- Sancho le propone a D. Quijote que inventará los sacrificios realizados por el caballero.

– Pág. 175/176- Amor platónico de D. Quijote hacia Dulcinea- El Caballero desvela la verdadera personalidad de la dama con la consecuente sorpresa de Sancho.

– Pág. 177- D. Quijote defiende a su amada argumentando que las amadas del resto de caballeros andantes bien podían ser fruto de su imaginación// Frecuente idealización de las damas de los poetas y de los caballeros andantes.

– Pág. 178- Carta de Don Quijote a Dulcinea, parodia de las epístolas amorosas que aparecían en el género caballeresco. (Véase el estilo arcaizante).

– Pág. 181- D. Quijote realiza algún desatino para que Sancho pueda ser testigo directo.

 

. Capítulo XXXI (XXIII)

– Don Quijote, en cuanto tiene ocasión de estar a solas con Sancho, le pregunta por su mensaje a Dulcinea. El escudero, que incumpliendo las órdenes de su amo, no ha ido para nada al Toboso, se ve obligado a inventar el viaje y la entrevista con la auténtica “Dulcinea”.- Clara contraposición de dos visiones: la idealizadora de don Quijote y la realista de Sancho.

 

Publicat dins de Quijote | Deixa un comentari