Lunes, 8 de abril

d) Ciclo esperpéntico– Está integrado por Luces de bohemia (1920), Los cuernos de don Friolera (1921), La galas del difunto (1926) y La hija del capitán (1927). Estas tres últimas fueron publicadas en 1930, en un solo volumen, bajo el título de “Martes de carnaval”.

Luces de bohemia es la primera obra a la que su autor da el nombre de “esperpento”, palabra sacada del habla popular para designar lo ridículo, extravagante y grotesco.  Pero el esperpento es, más que un género o una forma dramática, una nueva estética y una nueva visión del mundo. El propio dramaturgo expuso, de modo fragmentario, una teoría del esperpento. Leamos sus palabras en el acto XII:

Es el protagonista quien habla. Parte de esta afirmación: “Nuestra tragedia no es una tragedia”. La tragedia es un género demasiado noble para el panorama que le rodea: “España es una deformación grotesca de la civilización europea.” Por eso, “el sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada”. Y así, de la imposibilidad de la tragedia surge el esperpento. El carácter de esa estética deformante la ilustrarán los espejos cóncavos que decoraban la fachada de un comercio en la llamada calle del Gato ( en realidad, de Juan Álvarez Gato), en Madrid:”El esperpento lo ha inventado Goya. Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato.El callejón del Gato Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el esperpento…Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.” (L. de bohemia, esc. XII).

Espejo cóncavo del callejón

En una entrevista realizada en 1928, el autor declara:

“Comenzaré por decirle a usted que creo que hay tres modos de ver el mundo artística o estéticamente: de rodillas, en pie o levantado en el aire…(Esta última) es mirar el mundo desde un plano superior y considerar a los personajes de la trama como seres inferiores al autor, con un punto de ironía. Los dioses se convierten en personajes de sainete.Ésta es una manera muy española, manera de demiurgo, que no se cree en modo alguno hecho del mismo barro que sus muñecos. Quevedo tiene esa manera. Cervantes también…También es la manera de Goya. Y esta consideración es la que me movió a dar un cambio en mi literatura y a escribir los esperpentos, el género literraio que yo bautizo con el nombre de esperpento”. (ABC, 7-XII- 1928)

El esperpento deforma y distorsiona la imagen que tenemos de la realidad con el objeto de mostrarnos su verdadero rostro: la grotesca y absurda vida española contemporánea. La deformación, el descoyuntamiento de personajes, espacios y acciones a través de un lenguaje peculiarísimo, que aúna el registro más populachero con la elaboración metafórica audaz, producen en el espectador risa, horror y perplejidad a un tiempo; esta risa, la mayor parte de las veces, no es sino un atenuante del horror para hacernos más soportable la pesadilla esperpéntica.

La técnica del esperpento no es, por otra parte, totalmente nueva, está ya implícita en obras anteriores de Valle-Inclán, y entronca con una vasta tradición de lo grotesco en la literatura y el arte: Quevedo y Goya, pero también el Guernica de Picasso; el cine de Buñuel, y algunos movimientos estéticos, como el expresionismo alemán, el dadaísmo francés, el futurismo italiano, las novelas de Kafka o el teatro del absurdo. Una tradición, pues, universal.

"El grito" de E. Munch

 

Luces de bohemia: estudio de la obra

Luces de bohemia apareció por primera vez en 1920 en la revista España; de 1924 es la primera edición en forma de libro, con numerosas correcciones e interpolaciones, entre las que destacan tres nuevas escenas: II, VI y XI.

La obra escenifica el viaje nocturno, verdadero descenso a los infiernos, de Max Estrella, “andaluz hiperbólico, poeta de odas y madrigales” (I). El héroe parte de su “guardillón” (“Bastardillos, esquina a San Cosme”) y, tras recorrer diversos lugares madrileños (una librería, una taberna, un calabozo, un café modernista, diversas calles), siempre guiado por don Latino de Híspalis, regresa a la puerta de su casa, como un nuevo Ulises, para morir.

En este viaje a través de la noche, muchos han entrevisto una parodia de la Divina Comedia dantesca (“Latino, sácame de este círculo infernal”, “Nuestra vida es un círculo dantesco”; XI).

También la crítica ha señalado en el escritor Alejandro Sawa al modelo indudable de Max Estrella. Sawa fue un poeta y prosista andaluz que residió en Francia (donde se casó y tuvo una hija); durante su estancia en España frecuentó los ambientes bohemios del Modernismo, trabando amistad con Rubén Darío y el propio Valle-Inclán. Murió en 1909, ciego, loco y pobre. Sawa inspiró también a Baroja el personaje de Villasús en El árbol de la ciencia. Algunos datos biográficos de Sawa han pasado también a don Latino, auténtica contrafigura del protagonista.

 

 

 

 

 

Quant a ROSA MARIA POY RODA

Profesora de Literatura castellana (INS Priorat)
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