Margarita

Al comenzar la unidad siete con la lectura que nos proponía nuestro libro de texto las profesoras de castellano de primero de ESO nos llevamos una agradable sorpresa: nuestros alumnos no solo no torcieron el gesto al encontrarse con una selección de tres poemas, sino que abordaron su lectura con entusiasmo: todos tenían ganas de leer en voz alta; escucharon con atención nuestras indicaciones sobre cómo hacerlo para sacar el máximo partido a la sonoridad de los textos; mostraron curiosidad sobre sus autores y disfrutaron de ir buscando y encontrándoles un sentido.

En vista de esta inesperada predisposición a la poesía, la semana les propusimos un clásico: el poema que Rubén Darío dedicó a Margarita Debayle. No dejéis de releer este hermoso cuento que nos anima a todos a salir al encuentro de nuestros sueños y disfrutad también de la preciosa versión animada que os adjuntamos.

MARGARITA from HAMPA STUDIO on Vimeo.

Margarita, está linda la mar

y el viento

lleva esencia sutil de azahar;

yo siento

en el alma una alondra cantar;

tu acento:

Margarita, te voy a contar

un cuento:

Este era un rey que tenía

un palacio de diamantes,

una tienda hecha del día

y un rebaño de elefantes,

un kiosco de malaquita,

un gran manto de tisú,

y una gentil princesita,

tan bonita,

Margarita,

tan bonita como tú.

Una tarde, la princesa

vio una estrella aparecer;

la princesa era traviesa

y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla

decorar un prendedor,

con un verso, una perla,

una pluma, y una flor.

Las princesas primorosas

se parecen mucho a ti:

cortan lirios, cortan rosas,

cortan astros, son así.

Pues se fue la niña bella,

bajo el cielo y sobre el mar,

a cortar la blanca estrella

que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba,

por la luna y más allá;

más lo malo es que ella iba

sin permiso del papá.

Cuando estuvo ya de vuelta

de los parques del Señor,

se miraba toda envuelta

en un dulce resplandor.

Y el rey dijo: —«¿Qué te has hecho?

te he buscado y no te hallé;

y ¿qué tienes en el pecho

que encendido se te ve?».

La princesa no mentía,

Y así, dijo la verdad:

—«Fui a cortar la estrella mía

a la azul inmensidad».

Y el rey clama: —«¿No te he dicho

que el azul no hay que tocar?.

¡Qué locura! ¡Qué capricho!…

El Señor se va a enojar».

Y ella dice: —«No hubo intento;

yo me fui no sé por qué.

Por las olas por el viento

fui a la estrella y la corté».

Y el papá dice enojado:

—«Un castigo has de tener:

vuelve al cielo y lo robado

vas ahora a devolver».

La princesa se entristece

por su dulce flor de luz,

cuando entonces aparece

sonriendo el Buen Jesús.

Y así dice: —«En mis campiñas

esa rosa le ofrecí;

son mis flores de las niñas

que al soñar piensan en mí».

Viste el rey ropas brillantes,

y luego hace desfilar

cuatrocientos elefantes

a la orilla de la mar.

La princesita está bella,

pues ya tiene el prendedor

en que lucen, con la estrella,

verso, perla, pluma y flor.

Margarita, está linda la mar,

y el viento

lleva esencia sutil de azahar:

tu aliento.

Ya que lejos de mí vas a estar,

guarda, niña, un gentil pensamiento

al que un día te quiso contar

un cuento.

Rubén Darío

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