Gusanos

gusanos

de un fotógrafo anónimo

Sí que es verdad que me dio un poco de asco retirar los gusanitos del fondo de la alacena, pero todo es tan normal que visualicé ese mismo espacio reluciente, impoluto, aromatizado, y me olvidé de ello. Para qué contarlo. Pero no me gustó nada encontrarme uno de ellos en el fondo del bolsillo del pantalón limpio. ¡Joder! La habitación está en la otra punta del piso. Como quien ve crecer una peca y no se la mira así me tomé esa sorpresa. Sí que es verdad que recordé durante varias horas aquel cosquilleo blanduzco en mis dedos. Pensé que era el cuero del llavero y no. Eso sí, ahora abro y cierro el armario de la cocina unas cuantas veces al día: nada. Pero una cosa, dime, ¿no es posible no que alguien metiera un gusano idéntico en un sobre de mi buzón? Y que al abrirlo no hubiera nada, solo el vacío y el pobre asqueroso animal muerto, ¿verdad que no? Tío, tranquilo, tío. Anteayer, ¿por qué cayó uno al suelo de la bañera mientras me duchaba? ¿Acaso alguien pretende asustarme? Es verdad que estoy a punto de contárselo a mi hermano, es quien escucha impasible mis conclusiones sobre el mundo. Quedaremos en un bar del barrio, y hablaremos. No empezaré por lo del armario, haré que la conversación fluya, me quejaré de la limpieza y tal… Eso sí, espero que no me pase lo que me está pasando ahora. Ahora mismo, mientras escribo, ha caído uno muy cerca del teclado y se mueve, se retuerce. Tío, tranquilo, tío. Puedo cerrar la boca, apretar los dientes, mantener la respiración, cerrar los ojos. Es igual y ya van tres: tío, tío… están saliéndome por detrás, vienen de atrás, no sé de dónde. Tí…, t…

Relato con gusano (o con más de uno). Extensión libre.

En el tanatorio

 

baas

[BAAS Arquitectura, Tanatorio en León]

Mi abuelo fue un bromista. A nadie le gustaban sus bromas. Era un día muy lluvioso, pero acudimos todos al sepelio, ya que era uno de los requisitos para recibir la parte de la herencia. Durante las palabras del cura, desde el móvil de mi primo suena constantemente “El exorcista”. Yo me río y mi madre me da una colleja. Más tarde, mientras todos observábamos cómo bajaban el féretro, y a causa de la lluvia, a los trabajadores se les escapó de las manos la cuerda mojada que sostenían y el ataúd se soltó y el impacto contra el fondo ocasionó un tremendo ruido. Nos asomamos y pudimos ver que el cuerpo del abuelo había quedado fuera, a la altura de la cintura. Tras unos momentos de terror, empezó a sonar la música de “Psicosis”. En ese momento, un estremecedor trueno rompió el silencio y sobresaltados, los presentes huimos en estampida. Al día siguiente supimos que esta había sido la última voluntad del abuelo.

Patricia García, GS

Redacta un pequeño texto en el que describas una vivencia personal en un tanatorio o en un entierro. Si quieres, como en el modelo, puedes inventar un argumento.

Mi cuadro favorito

ABS

David Hockney es uno de los mitos vivos de la pintura pop. Británico de nacimiento, se traslada pronto a California, donde enseguida se siente identificado con la luz, la cultura y el paisaje urbano de la región. “A bigger splash” es posiblemente su obra más conocida, y –aunque la sencillez de la composición pudiese hacer creer lo contrario- más valientes en cuanto a la dificultad de plasmar en una composición de tal tamaño un evento de vida tan corta como un zambullido. El propio Hockney lo explicó así: “Me llevó dos semanas pintar un evento que dura dos segundos”.

“A bigger splash” nos traslada a un tranquilo día soleado en California, con un soberbio manejo de la luz que parece hacer recomendable ver la pintura con unas buenas gafas de sol. Hockney nos sitúa al borde de una piscina, en medio de una serena composición conseguida mediante líneas únicamente horizontales y verticales, a excepción de la diagonal formada por el trampolín. El artista ha captado el momento exacto en el que un personaje, al que ya no podemos ver, se ha lanzado al agua, formando un gran splash que rompe momentáneamente la calma casi sagrada de la escena. Casi podemos escuchar el exuberante sonido del chapuzón mientras la suave y fresca brisa marina corre por nuestra espalda.                                                                                                       Texto: G. Fernández

Tu cuadro favorito y por qué siempre lo ha sido. Extensión libre. 

Viaje de invierno

Daniel Moth

[Foto: Daniel Moth]

Tengo pocos y buenos amigos, pero muy especiales. En octubre de 2014, llevaba dos meses viviendo en Barcelona y ya los echaba en falta. Una gran amiga que tengo en  Italia había celebrado su cumpleaños hacía poco y sus hermanos, también amigos, estaban haciendo un viaje por Europa. Eran los inicios del invierno y decidimos encontrarnos todos en Estambul y así celebrar el cumpleaños perdido de Roberta.

Reservamos habitaciones en el mismo hotel y poco a poco, nos iríamos reuniendo. Cuando yo llegué, Roberta estaba durmiendo; al despertar, salimos a tomar unas cervezas mientras llegaban los dos hermanos, y así hacíamos tiempo para la cena. Después de unas horas, muchas birras y chupitos de vodka, Juliana y Vitao llegaron al hotel. ¡Estábamos tan contentos! Salimos a cenar, la ciudad se cubría con un poco de nieve y después de tanto beber no sentíamos frío. Yo, como siempre, había bebido demasiado, y al final de la noche, estaba muerto. Al día siguiente, nos levantamos temprano y fuimos a desayunar. Yo me encontraba muy mal, no podía ni caminar por la calle debido a la resaca de la noche anterior. Ellos propusieron tomar el autobús turístico que, para mí, resultaría fatal.

Al poco de subir al autobús, yo sentí ganas de vomitar. Tras treinta minutos de subidas y bajadas por la ciudad, le pedí al conductor que me dejara bajar. No podía más. Vomité en la calle, me fui al hotel a dormir y al final, me perdí todas las visitas que habíamos programado para ese día.

L.M.

Un viaje con nieve y anécdotas, extensión libre.

Sangre y noviembre

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[Foto: HannahJoe7, en Pixabay]

Con cada latido mi fin está más cerca, pero ya no me importa. Mientras espero a que la vida me abandone y la sangre tiña de rojo el agua, parece increíble que solo pueda pensar en lo irónico que resulta morir desangrado. Desde el primer momento la sangre ha nutrido mi cuerpo y no ha dejado de cumplir su cometido: mantenerme con vida. Ahora, mientras veo cómo escapa por mis venas buscando el exterior, siento que la vida se me escapa con ella. Es duro reconocer que al acercarse la muerte, puedas ver cómo tu esencia, lo que definía tu nombre y teñía tu piel, se aleja de ti llevándose todo a su paso. En cierto modo, es lo que dice la gente: ‘’Cuando estás cerca de morir, ves pasar la vida ante tus ojos’’. Qué gracioso me resulta comprobar que una frase tan manida ocultaba una verdad tan agónica. Pero el tiempo de pensar se agota y el cansancio se hace dueño de mi voluntad. No se me ocurre un final apropiado para esta historia; mejor así: la muerte será como la vida misma. Incertidumbre.

Roberto de Celys, exGS

Es noviembre, el momento de los relatos con sangre. Extensión libre.

Tu calor y tu frío

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foto: autor en búsqueda

Nos prometimos largas noches de lectura frente al fuego -tú decías desnudos y bajo mantas de largo pelo y yo pensaba dónde- y siestas sin fin bajo el sol, y sin nada. Pero a mediados de marzo el calor ya te agobiaba bajo las sábanas y yo me despertaba aterido, temblando. Pasó el verano y aguantamos con risas esas discordancias térmicas; en octubre exigiste un edredón menos fino -no sugeriste, exigiste- porque el frío leve de medianoche te desvelaba. Más adelante, me convenciste con el aire condicionado -yo nunca lo había tenido- y tenía que subirlo un par de grados a escondidas, cuando no estabas. Pero nuestro amor seguía creciendo. Un día soñé que acabábamos aún jóvenes durmiendo en camas de noventa separadas por una triste mesita con lámpara. Y busqué modernos muebles cama nórdicos por si nos pasaba. Y ya una noche me dijiste que por favor me alejara, que no podías dormir si te tocaba, que me querías tanto y tanto. Ahora viajamos con una ventana abierta y la otra subida con rabia, sin aire y con aire, son así tus peleas con el climatizador bizona. Al final te quiero tanto que no sé si sudo o lloro, si es hielo o lágrima lo que está cayendo.

Desavenencias térmicas, extensión libre.

Turistas de verdad (añoranza)

Madrid - Royal Palace tourists
Madrid – Royal Palace tourists

[photos.com]

Ya no quedan turistas; lo que vemos por las calles son simples paseantes, ciudadanos de una inmensa ciudad que se estira, que se expande por encima de los límites. Aquel que tú ves como turista, que a duras penas identificas -por su mirada cauta, porque anda deprisa o porque compra fruta ya cortada y envasada – es posible que haya tomado un vuelo de bajo coste mientras tú aún dormías y se marchará rumbo a casa antes de que tú hayas preparado tu cena. No lleva peso, ni muda de recambio. Tampoco ha comprado moneda, no lleva guía. Se confunde ese turista de hoy con nuestro compañero de la facultad, con nuestra vecina del ático, con el primo pesado de las bodas. A veces te ofrecerías, amable, a indicarle un atajo, una mejor vista, pero su iPhone sabe mucho más de lo que sabes tú y tu ciudad, en definitiva, no es tan distinta de la suya. Tampoco verá en ti una simpatía que necesite: lo que ve desde fuera y solo por fuera ya le basta, y quizás tu cercanía le intimida o le asusta. Ellos ni siquiera visten de turista. En este mundo nuestro tan esnob ya todos nos creemos viajeros -faltaría más- y nos aterra que nos confundan con aquellas gentes tan lejanas, tan ruidosas y tan felices que traían aires nuevos,  extraños raros y vistosos como ellos solos. Sí, quizá desentonaban, o eran prepotentes o vestían imposibles. Pero yo los añoro, como tantas otras cosas.

Tus impresiones sobre el turismo, en unas 75 palabras.

Invéntame

invéntame

[Fotógrafa: Daniela Benedetti]

No la conocemos; de hecho, ha aparecido casualmente gracias a un motor de búsqueda. Ignoramos si esta foto es reciente, o fue tomada años atrás, cuando le llegó al artista la inspiración y el personaje pasó y posó. ¿Cuál es su nombre? ¿Cómo le va? Vemos su rostro, la luz que la envuelve, ese instante entre mil que finalmente se escogió para el retrato; ahí la ropa, casual o no. Inventa una vida para ella, una trayectoria, tropiezos. Observa detenidamente la foto -pero detente- y déjate llevar: revélanos quién es, qué papel juega esta persona en tu fantasía.

Retrato-ficciónen tercera persona.

Larga vida

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[Imagen: Shania McDonagh]

La cocina de una abuela esconde tesoros que darían para una tesis sociológica. Los hijos le regalan a la abuela cafeteras eléctricas, cubos de basura con apartado de reciclaje o una Thermomix, pero la abuela se resiste a tirar lo viejo. En cuanto los hijos salen por la puerta, ella le pone un pañito de ganchillo a los nuevos aparatos para que no cojan polvo y vuelve a usar los viejos. La abuela recicla en el sentido literal de la palabra. No tira nada. Las bolsas del supermercado hacen las veces de bolsas de basura. Los botes de cristal se usan para meter conservas. La abuela está feliz porque ha descubierto que cuando se le acaba el litro de leche corta el cartón de tetrabrik por el centro y en una mitad mete la ración de comida que le ha sobrado y la otra mitad hace efectos de tapadera. Ya no tiene ni que manchar los tupperware. La cocina de una abuela parece un bazar. Hay cables que recorren el espacio de un lado a otro porque la instalación eléctrica es vieja. En una repisa, se amontonan todas las sorpresas de roscón que han ido apareciendo desde que nacieron sus nietos; parejitas de novios que adornaron tartas nupciales; palilleros de barro de algún restaurante o esos pollos de cerámica que se regalan en los bautizos. A los botes nuevos de cristal que le regaló su hija hay que sumarles los antiguos de latón del Cola Cao. De unas perchitas diminutas de la pared cuelgan: la bolsa del pan; una bolsa de plástico del Mercadona en donde guarda pan duro para rallar; el dispositivo que la comunica en el caso de que sienta un desvanecimiento con el servicio de urgencias de “mayores”; el móvil; unos paños de cocina que solo son de adorno y dos calendarios, el de 2011 y el de 2002, que no tiró en su día y hasta hoy.

Elvira Lindo

Tu abuelo, tu abuela. Pero no los de película: los tuyos, los reales, los de verdad. [Extensión libre]