En un tren

jeff baronne

[Foto: Jeff Baronee]

¡No se conocen de nada! Él se ha dormido y su mano ha ido a parar a la pierna de ella; la pobre chica es tan tímida que ni se atreve a moverse. Poco antes se había fijado en él pero ahora preferiría no haberlo visto siquiera. Verónica trabaja en una fábrica y no sabe cómo hará para bajarse ―solo le faltan dos paradas ―si él sigue ahí con la mano sobre su pierna. El chico se ha subido al tren temprano, cerca de Vic. Pronto llegará a Barcelona; no está acostumbrado a madrugar tanto, pero su hermana, a la que no ve desde hace dos años, llega hoy a la ciudad y ha ido a buscarla a la estación de Sants. Quién sabe, quizá se despierte a tiempo de ver a la hermosa joven que tiene delante, quizá se presenten, se den sus teléfonos y quién sabe, tal vez, lleguen a conocerse mejor.

Rosa María, GS

Pasó en un tren, texto narrativo de extensión libre.

13 thoughts on “En un tren”

  1. Karen sonríe cuando se imagina cómo reaccionará Yeray … ¨¡Creo que me dará un gran abrazo con muchos besos! ¨ ¨Quizás me invite a una cena a la luz de las velas…¨ ¨Oh… no me puedo esperar para decírselo! ¨Yeray se despierta. ¨¿Ya, llegamos? ¨ ¨Sí, pronto, es la próxima parada. ¨ Karen lo mira y se ve el amor en sus ojos. ¨¿Qué pasa? ¡Estoy muy nervioso! ¨ ¨Quiero decirte algo importante. ¨¨¿Sí? Qué misteriosa… ¨
    El tren llega y se bajan. Cinco minutos de silencio, ambos no dicen nada.
    ¨ ¿Quieres decirme algo? ¨ Yeray le pregunta a Karen finalmente.¨Emmmm… sí, ¡Muchas gracias por invitarme a este viaje y por cuidarme anoche! La verdad es que he estado enamorado de ti desde era una niña…¨ Para su sorpresa, Yeray no se ve emocionado como ella y no la abraza. ¨Lo siento Karen, siempre te he considerado como mi hermana menor… Te invité a este viaje precisamente para decirte que me he enamorado de una chica en el trabajo. Quería decírtelo a ti primero porque eres mi mejor amiga…¨ Yeray mira a los ojos de Karen culpabilidad en su cara. ¨¡Idiota! ¡Solo tu mejor amiga! ¨ Karen lo abofetea y se va.
    Yeray no siente dolor en su cara sino en su corazón. ¨ ¿Por qué me siento tan mal? ¡Demonios! ¿Qué es el amor? ¨

  2. Pasaban unos minutos de las cinco de la mañana de sábado en la estación de tren de Shinjuku. Como siempre el primer tren del día ya estaba allí, puntual. Y la gente, principalmente habituales de la noche, borrachos, cansados y pasando frío, esperaban en el andén la apertura de las puertas. ¡Qué interesante es coger un tren a esas horas del día!, no te puedes aburrir mirando a los humanos derrotados, hechos polvo, tras una larga noche, pensaba. De repente se abrieron las puertas, y la gente corrió hacia los asientos como desesperados. Yo también, me senté al lado de las puertas, así que podría mirar todo el espectáculo. Frente a mí, se sentaba una chica guapísima y elegante; iba tan cansada que no podía mantener sus piernas cerradas y sus ojos abiertos. Se podía ver todo lo que había bajo aquel vestido corto, tanto que el hombre espeluznante que estaba sentado junto a mí, la miraba fijamente y aunque ella notaba esa mirada, se quedó dormida como un bebé. A su lado, había un chico joven que ya dormía apoyado en el hombro de una pobre chica tan educada que a pesar de no conocerlo de nada se mantenía inmóvil para no despertarlo. Cuando las puertas estaban a punto de cerrarse, una pareja saltó al interior del vagón. Eran obviamente turistas: se abrazaban, se tocaban y se besaban apasionadamente en un país donde las personas ni siquiera abrazan a sus propios padres. Acababa de pensar en esto cuando de repente una mujer mayor se levantó enfadada y mirando a la pareja les gritó en japonés descortés: “Esto es Japón, no podéis hacer esto, ¡basta!” El tren se quedó en silencio, pero la pareja no paró, ni siquiera se apercibieron de ella. Es interesante, pensaba, las contradicciones del ser humano y de algunas culturas. Aquí en Japón, es común que cuando algún hombre viola a mujeres jóvenes nadie hable o haga algo contra el violador. Pero si uno expresa sus sentimientos hacia otra persona en público, está muy mal visto. Me fijé en el nombre de la estación donde el tren estaba parando y me di cuenta de que todavía faltaban treinta minutos para llegar al trabajo. ¿Qué pasará después?, sonreí…

  3. Él venía de su trabajo, yo venía de fiesta. Se sentó al lado mío y al cabo de cinco minutos me preguntó cómo llegar a un lugar. Me di cuenta de que él iba el tren equivocado. Le explique qué tren debía coger y me dijo que llevaba poco tiempo viviendo en Barcelona, que era de Valencia. Que por trabajo se había venido. Llegamos a la parada de tren donde él tenía que bajarse pero no lo hizo. Le recordé que era aquella donde tenía que coger el otro tren para que lo llevase a su destino y sonrió. Me contestó que todo era un pretexto para poder hablar conmigo, que cuando me vio decidió ir detrás de mí. Continuamos hablando y al llegar a mi destino, me despedí de él pensando que propondría intercambiar números de teléfono, pero no lo hizo. En un instante, al ver que él no lo hacía, tuve la intención de pedírselo. Me preguntó por qué no lo haría, si fue capaz de ir tras de mí e incluso tomar el tren equivocado para luego no volvernos a ver nunca más.

  4. EN UN TREN

    Todo sucedió al subir al tren que hacía el trayecto de Estación se Sants a Torredembarra. Observé que una cría de corta edad se subía por primera vez; empezó a sonreír, a celebrar con alegría lo que veía en el vagón. Empezó a preguntar por todo; si la ventana, los mandos de los asientos, las cortinas, la televisión. Los padres le daban explicaciones y la cría, que era un nervio, a la vez que preguntaba no paraba quieta en el asiento y salía al pasillo, mirándolo todo con la alegría que transmitía. El tren se puso en marcha y la niña, al notar el movimiento, gritó: “Se está moviendo el tren.“ No paró de preguntar en todo el trayecto a sus padres; en la entrada a los túneles del Garraf, sobre el paisaje que se ve desde el tren, las calas y la playa… todo era mágico para la niña. Para mí el trayecto se me hizo corto, observando a la cría en su primer viaje de tren. Se me hizo ameno debido la felicidad de esa niña. Siempre recordaré ese viaje.

  5. Él venía de fiesta, ella iba a trabajar. Sus miradas se cruzaron y el chico decidió sentarse frente a ella. El cansancio de una larga noche le venció y después de unas cuantas miradas y sonrisas cae rendido; no se da cuenta, pero su mano va a parar a la pierna de la chica, provocando en ella un escalofrío que eriza hasta el último vello de su cuerpo. Ella se da cuenta de que es algo inusual y él simplemente es preso de su sueño y cansancio. La chica se tiene que bajar del tren pero antes escribirá una nota con su número de teléfono y su nombre. Cuando él despierta y ve la nota, se percata de que no todo ha sido un sueño.

  6. Te miro, me miras y hablamos en silencio, no somos capaces de mantenernos la mirada.
    Mi timidez anula mis ganas de hablarte…
    No es prepotencia, háblame, lo estoy deseando.
    ¿Serás tú?
    En la sala lo primero que hago es mirar si estás; es probable que pienses que no me interesas, me muestro indiferente.
    Mi atención aparentemente está en el móvil.
    ¿Quién eres?
    Es martes, así que llevarás la camiseta de tirantes blanca que me da licencia para fantasear con tu cuerpo.
    ¿De dónde vienes?
    Aunque tú no lo sepas, me es más cómodo ir a las seis pero es que a las cinco ya estas tú… Si después me sobra tiempo leeré algo en alguna cafetería próxima al trabajo.
    ¿Cuáles son tus proyectos?
    ¿A dónde quieres llegar?
    Y un día, en el vestuario, desnudos, te pregunto si he olvidado mi ropa interior en el banco en el que estabas.
    Sonriéndote…
    Y sonriendo me dices que no.
    ¿A qué esperas ? Está claro, invítame a tomar café, estoy deseando conocerte.
    Quizás algún día tome la iniciativa, quizás mañana me digas que te gustaría conocerme o quizás piense al lado de otro lo que contigo pudo ser…

  7. Karen y Yeray, dos amigos de la infancia, vuelven de un concierto en el Palau de Sant Jordi de Barcelona. Como consecuencia del horario de los trenes tuvieron que pasar la noche acurrucados en un banco al lado de la estación. El chico le dijo que podía dormir tranquila en sus brazos. Ella ruborizada asintió con la cabeza y cerró los ojos para adentrarse en un dulce sueño.
    Los dos están agotados. Yeray se ha quedado dormido en el viaje de vuelta por pasarse la noche en vela para evitar que los robasen. Inconscientemente, posa su mano en la pierna de ella pensando que siguen en aquel frío banco. Karen se queda pensativa por haber pasado la noche en brazos del hombre de quién ha estado enamorada desde niña. En el transcurso del viaje se plantea confesarle su amor. Y de ahí, una nueva historia de amor comienza en un tren.

  8. Al borde del andén y con la mirada perdida, espera la llegada del próximo tren. No pretende subir a él, solo quiere que este llegue y se la lleve. En su mente solo hay un pensamiento, una obsesión que la lleva a estar triste, a llorar y llorar. Ella solo quiere que todo acabe…
    Repentinamente aparece el vigilante de la estación, quien acercándose a ella con prudencia y serenidad le pregunta si se encuentra bien y si puede ayudarla. Ella gira su cara hacia la voz que le habla. Es entonces cuando los dos cruzan sus miradas y entre ellos surge un magnetismo. Una mezcla de confianza, entusiasmo y total bienestar. Seducidos mutuamente comienzan a charlar. A medida que la conversación avanza va aumentando en ella su ilusión, su esperanza, sus ganas de vivir. Él se siente muy feliz y piensa que acaba de conocer a alguien especial.
    El tren llega, para y se va.
    Juntos permanecen dialogando en el andén. Una sonrisa se dibuja en sus rostros.

  9. Parecía agitado y mientras caminaba iba desenrollando la elegante bufanda azul turquesa que llevaba al cuello. Para cuando me quise dar cuenta, estaba mirándolo embelesada. Y no era para menos. Supongo que él se dio cuenta porque sonrió y me dirigió a mí: ”¡Qué calor hace en este tren!”, mientras se quitaba la chaqueta. Finalmente se sentó frente a mí, dejó su mochila a mi lado y volvió a sonreír. “Hoy casi pierdo el tren. Soy Hugo. Y tú eres…”, me dijo. Y así empezó todo, en aquel tren de cercanías.

  10. Diana Blake viaja en aquel tren; la psicóloga y colaboradora del FBI tenía fobia al avión y cierto apego a los trenes. Puede que la razón sea su crianza en una población pequeña cercana al Misisipí, donde la única distracción era ver pasar aquellas máquinas humeantes sobre las vías una y otra vez.
    Quería aprovechar el trayecto para repasar el informe que su jefe le había hecho llegar un par de días atrás: se trataba de un nuevo caso del que los periódicos ya se habían hecho eco. En la ciudad adonde se dirigía, Denver, se vivía un brote de histeria colectiva debido a los aterradores y brutales asesinatos cometidos en las inmediaciones de las vías férreas y a bordo de trenes de largo recorrido. Según la investigación iniciada, la mayoría de cadáveres han sido descubiertos cerca de Elitch Gardens. “Ironías de la vida” —pensó Diana. Ella misma viajaba en un tren de largo recorrido, pero estaba preparada para cualquier ataque, pues llevaba su arma reglamentaria y la de repuesto; en los trenes, nunca se sabe.

  11. Transcurridos diez minutos a bordo del último tren que realiza el trayecto entre Gerona y Barcelona, se podían escuchar unas pequeñas vibraciones de las cuerdas de una guitarra, lo que me impedía seguir concentrado en mi lectura. Quince minutos más tarde ya se podía escuchar una melodía, y apenas unos segundos después, resonaban las voces de tres chicos que canturreaban canciones que todos recordamos; me animé a tararearlas y dejar mi lectura sin apenas darme cuenta. A pesar de que a mí su espontaneidad me alegró el viaje, había pasajeros que se quejaron a regañadientes, porque más que una canción lo que oían les parecía un ruido molesto. Yo creo que se trata de personas que viven en un mundo serio y oscuro, y que su amargura no les permite sentir el placer de escuchar música.

  12. Ocurre a la vez: se abre la puerta que comunica los vagones y aparece el revisor. Va caminando pidiendo el billete a los viajeros hasta que llega donde están ellos; ella le entrega el tique y después el revisor despierta al chico, que se queda paralizado y balbucea: “No hay billete”. El revisor lo mira, le pide el carné de identidad y empieza a preparar la multa. Justo antes de entregarle su documentación, el tren se para en una estación perdida en medio el bosque; el chico ni se lo piensa, se levanta y huye fuera del tren. “¡Qué suerte!” piensa el chico, aunque no sabe dónde está.

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