Mi escritorio ahora

Andrea Mazati

[Ilustración Andrea Mazati]

Ahora en mi escritorio reina el caos; aunque no sé si alguna vez existió el orden o la escasez. Una mesa vieja donde el flexo es apenas un objeto decorativo, pues la luz del ordenador me resulta casi siempre suficiente, y casi que me he acostumbrado a trabajar en esa penumbra que a otros ojos resulta sospechosa. Me fijo en un ridículo y enano sillón de tacto gel que debería funcionar como reposo del móvil y que no sé por qué no lo  saco de aquí. Me lo compró mi hermanita, para un amigo invisible. Tengo papeles por todas partes: una etiqueta de carhartt de una chaqueta que perdí en una fiesta, un posavasos que robé en Nochevieja y que me gusta porque huele a cerveza, viejos justificantes de pago, notas de cuaderno con anotaciones que ya no sirven…Tengo pocos rotuladores o bolígrafos; los pierdo todos y acabo cogiéndoselos a mi padre, en la habitación de al lado. Veo clips y un imán de clips horrible pero que es regalo de una tía mía a la que echo en falta; una funda de gafas de óptica universitaria, vacía, unos auriculares rojos que a veces me pongo, un pendrive sin capucha, mi  cartera, las llaves. Un cuadrito con una foto tuya con Mónica. A veces paso semanas sin sentarme aquí, en esta mesa pequeña. Cojo el ordenador y me tiro en la cama, o me voy al comedor, a la galería. A veces a la biblioteca. Cuando encuentre un curro me compro una nueva, de esas de Ikea grandísimas.

Tu mesa de trabajo y algún detalle con alma. Descripción de extensión libre.

17 thoughts on “Mi escritorio ahora”

  1. En estos momentos mi escritorio se parece a un campo de batalla, todo el espacio esta ocupado por papeles, libros, dosieres…¡toda una maravilla! Aunque pueda parecer mentira, dentro de este alboroto todavía puedo mantener un orden que me permita encontrar y localizar lo que necesito: es toda una experiencia y también un reto. Muchas veces, cuando entro en la habitación, me acuerdo de la cantidad de ocasiones en las que he reñido a mi hijo diciéndole que su habitación parecía una leonera; no quiero ni pensar lo que parece esta. Por este motivo cierro la puerta, no fuera caso que a él pudiera alarmarle la anarquía reinante.

  2. Recién alquilado mi estudio, en la ciudad de Amsterdam, tuve que amueblarlo porque el curso empezaba la semana siguiente. Así que me puse manos a la obra. Como los medios económicos no eran precisamente abundantes, empecé a comparar precios en los almacenes. Adquirí un par de caballetes y un tablero que harían mesa de escritorio en uno de los almacenes, en el que me parecía más barato. Como silla, utilicé la única que había en la cocina. Una vez montada la mesa, tenía una pata que cojeaba, y oír el triquiteo del escritorio me ponía nerviosa. Con un par de cartones lo solucioné. De cajonera puse un par de cajas de cartón; como cubilete puse un frasco de Nocilla y allí coloqué boligrafos, lápices, gomas… Realmente, no era el escritorio que tenía en casa de mis padres, pero no estaba nada mal.

  3. El escritorio de una persona es un mundo privado, separado del resto. Suele tener un orden desordenado, gracias al cual uno sabe dónde y cómo tiene sus pertenencias. La persona que tenga un estudio (¡qué suerte!) no tiene problemas; pero ¿qué haces cuando por la configuración de la casa te tienes que poner a estudiar en el comedor? Ahí tenemos el problema: la mesa del comedor con el ordenador, papeles y bolis; la mesa auxiliar toda abierta y ¡no digo yo como está! Todo, o sea papeles, bolis, lápices y libros por todos lados. En vez del comedor no sé lo que parece … ¡Ah!, pero que conste que es un desorden ordenado real: todo puesto en sus cajas , y en el mueble los libros o apuntes ordenados de cada materia para que el estudio sea más fácil. Cuando uno tiene una edad y por cuestiones de trabajo tiene que estudiar, todo esto que parece un revuelo no lo es tanto; es más, vuelves un poco a tu ya olvidada juventud y parece que el tiempo ha retrocedido a tu favor …En fin, ¡divino escritorio! Estés donde estés, eres único.

  4. Mi lugar de concentración, relajación e inspiración. Mi escritorio tiene una cosa extraña que nada más sentarme en él se me cambian todos los pensamiento, como si de una energía se tratase que hace que me adentre en mi mundo. Está ordenado, muy ordenado, no soporto el desorden y lo tengo todo metido en cajas y botes, estanterías y bandejas, con la mejor organización posible. Me encanta mi escritorio, sobre todo por la relajación que me da tener sobre él una especie de altar de mis cosas preferidas. En la mesa, puedo encontrar toda variedad de bolígrafos (soy fanática), rotuladores, folios blancos y de color, calculadora, celo, bloc de notas, grapadora y cómo no, mi querida agenda. Mi agenda es otro tema, no puedo vivir sin ella: necesito tener todo bajo control, todo el día organizado y planeado, todo previsto. Otra de mis manías es tener mi cajetillas de tabaco y mi café sobre la mesa; es un vicio malo pero es inevitable y jamás me falta. Por último, no puedo olvidarme de mi ordenador, sin duda, el arma perfecta de mi escritorio, y no por redes sociales o internet, sino por escribir. Adoro plasmar cómo me ha ido el día, sobre mis metas, sobre todo lo que pienso. Es un placer escribir sobre teclas, pero en muchas ocasiones vuelvo al método de toda la vida y escribo sobre papel.

  5. Mi escritorio es un mundo de sorpresas. Hojas por todos lados, que no se sabe si son apuntes o esbozos creados del aburrimiento; etiquetas de ropa de moda; algún que otro libro de clase escondido bajo una novela de Jane Austin; todo tipo de material para escribir, aunque hay que adivinar qué funciona y qué no… Y eso solo en lo superficial de mi escritorio: si te adentras en los cajones todo va más allá: cuadernos completados de primaria; muchos estuches con papelitos escritos de cuando hablábamos en clase mediante mensajes, libretas con garabatos o apuntes de algunas clases… La verdad que mi escritorio es una caja donde no sabes qué te puedes encontrar, pero es difícil deshacerse de las cosas, ya que todas están allí por algo. Sentarse en mi escritorio es volver a parte de mi pasado, recordar antiguos momentos y risas vividas, aunque a veces eso es un inconveniente ya que me distraigo de estudiar cuando me siento allí. Algún día tendré que tirar cosas, pero hasta que ya no pueda ni trabajar en él lo dejaré como está.

  6. De los escritorios que tuve, recuerdo que ninguno tenía tantas funciones como el que tengo ahora. En este prácticamente hago mi vida. Me sirve como mesa: en él desayuno, como y ceno entre libros, papeles, lapiceros y demás utensilios de papelería como carpetas, dosieres, diccionarios y atlas en los que Yugoslavia todavía era un país. Allí paso la mayor parte del tiempo navegando con mi ordenador, buscando respuestas. En ocasiones se convierte en un home cinema, e incluso a veces le doy uso de dormitorio. Sobre todo cuando dejo caer mi cuerpo y mi rostro encima del teclado del ordenador y despierto a media mañana en mi escritorio multifunción. ¿Para qué quiero tener más? Esto es una ganga, dirían algunos. La verdad es que las personas mantienen y adaptan sus hábitos allá donde vayan, pues no son los objetos los que nos definen o muestran quiénes somos.

  7. ¡¡ El orden de tu orden me jode!!
    me jode porque controlas sobre mi todo

    El todo que gira y, sin rumbo
    se acerca y me jode de nuevo

    ¡De nuevo no me gusta!
    voy a darle un tortazo
    a este orden de tu orden

    ¡¡y voy a desordenarlo todo!!
    ¿te atreves, ahora, a besarme?

  8. Mi escritorio es el primero en darme los buenos días, quien me hace compañía mientras tomo mi primer café. Él,siempre acompañando por el polvo, el desorden y objetos que no se han movido de su sitio desde el día en que fueron colocados ahí. En el centro, el monitor de mi ordenador y un teclado, con las letras casi borradas, que tengo que apartar cada vez que necesito algo de espacio. Hay un cubilete que heredé del despacho que tenía mi padre; su función es más de guardarreliquias que de lapicero, como un candado cerrado sin su llave o una vieja tarjeta de un gimnasio al que iba hace unos años. Al lado, una impresora con la luz en stand by siempre preparada, un cenicero suvenir con forma de lagarto que me trajo mi hermano de un viaje que hizo a México dos años atrás.
    Ya hace mucho tiempo que mi escritorio me acompaña y él es testigo del paso de los años conmigo; no solo es un escritorio, sino un compañero de trabajo, entretenimiento y fatigas.

  9. MI escritorio: comenzaré diciendo que, durante mi adolescencia, jamás tuve uno. Al ser una familia numerosa de cinco hermanos donde solo entraba en casa el sueldo de mi padre, no era posible tal privilegio. Los deberes del colegio se hacían en la mesa del comedor. Hoy en día, por fin tengo un escritorio que forma parte del mobiliario de mi habitación y, paradojas de la vida, mi habitación estáen casa de mi madre. El armazón del escritorio consiste en un tablero cuadrado de medidas discretas que se apoya en unas patas y que acoge, bajo el sobre, un mueble auxiliar de tres cajones. Me considero una persona ordenada y por lo tanto, solo tengo encima lo necesario para trabajar. Allí está mi portátil de color negro, marca Sony y la verdad es que, a parte de su gran utilidad, me hace mucha compañía; una lámpara realmente bonita y que proporciona una buena y potente luz; una lata de cerveza convertida en lapicero, donde están recogidos mis bolígrafos favoritos; unos altavoces pequeños de color verde, utilizados pocas veces: solo cuando escucho música clásica. Tengo además una foto de mis hijos de cuando eran más pequeños y un cargador de mi móvil. En el mueble auxiliar, los tres cajones están llenos de correspondencia, folios, fotos, más lápices y bolígrafos y seguro que de algún recuerdo importante para mí, pero que no tengo a la vista.
    Te doy las gracias, escritorio, por compartir conmigo las pocas horas de que dispongo para ti. ¡Ya sabes que te cuido mucho!

  10. Tengo que describir cómo está mi escitorio ahora. Reflexionando sobre el tema, me he dado cuenta de que nunca he tenido uno. Imagino que a los jóvenes de hoy les puede sonar extraño, pues hasta mis hijos han contado con uno propio en su habitación. No quiero ni pensar qué habría pasado si hubieran tenido que compartirlo.
    Por circunstancias de la vida, cuando era niña, compartía habitación con mi hermana y los deberes los hacía en el comedor o en la cocina, siempre en el lado contrario donde se encontrara mi hermano, aunque para ser sincera, diré que él hacía poca tarea. Ahora que me he visto obligada a estudiar, he tenido que improvisar un escritorio. En la mesa de mi comendor, en lugar de un tapete bonito, un camino con un jarrón o un adorno, tengo mi ordenador. A mi derecha cuento con una mesa auxiliar, donde guardo los clips, la calculadora, colores, rotuladores, bolígrafos…todo un arsenal saqueado de la habitación de mi hija, que se desenvuelve por Abacus como por los grandes almacenes. Al lado, sobre una silla, tengo dosieres, apuntes, libretas…
    No es tan importante tener un escritorio como disponer de unlugar tranquilo donde realizar las tareas con comodidad.

  11. Mi pequeño mundo, mi estudio, mi escritorio…
    Cuando compré mi piso, me hacía mucha ilusión planear cómo iba a distribuirlo, a decorarlo y a convertirlo en un lugar acogedor. Tuve bastante claro desde el principio de qué manera iba a ser cada estancia…excepto una: ¡mi estudio!, el lugar en el que iba a pasar muchos momentos; por ese motivo, el escritorio debía ser la pieza principal del mismo. Mi escritorio es el centro de mi pequeño mundo. Cuando me siento frente a él, estoy acompañado de recuerdos y también de cosas útiles para el presente. Mi confortable estudio está situado en una habitación pequeña, cuadrada y soleada, y rodeado de estanterías que acogen libros, discos de vinilo, mapas y trofeos deportivos. Lo acompañan también fotos de familia colgadas en las paredes e incluso un maillot de ciclismo -enmarcado- dedicado por mis corredores durante mi etapa de seleccionador catalán. Mi escritorio es una mesa de color blanco, barata, sencilla…pero que tiene el orgullo de ser sueca. El dia que la monté, perdí el complejo de manazas que tenía. Es una mesa entrañable y al mismo tiempo funcional, no es muy grande pero en ella trabajo a gusto. Allí tengo mi ordenador, mis cuadernos de notas, mis útiles de oficina y un espacio que hace de cajón de sastre en el que se puede encontrar casi de todo. Debajo del escritorio hay un pequeño armario en el cual guardo toda la documentación de la casa. Como contraste a la sencillez del escritorio, le he puesto de compañera una preciosa silla Luis XV -fue un capricho- en la que me siento como un rey. Paso muchos momentos en el escritorio, haciendo los deberes del cole, buscando información en Google y en algún que otro rato, navegando por Facebook. Para mí, el escritorio y su entorno, son una parte muy importante de mi casa y me hacen la vida un poco más feliz.

  12. Me encanta mi escritorio, es el lugar donde pongo más objetos: tengo bolígrafos, papeles, reglas, etc. Sobre él tengo una pantalla de ordenador que siempre está apagada, pero a mí me da igual porque la utilizo cuando me conviene. En cambio, tengo una linterna que siempre está encendida; cuando se le acaban las pilas, las cambio y la dejo encendida de nuevo. Es una costumbre que he cogido. Tengo todo tipo de cables en mi escritorio, para que cuando necesite uno de ellos, no tenga que buscarlo. Debo reconocer que mi escritorio es un caos porque jamás lo ordeno, no me gusta tenerlo cuadriculado o pulcro, sé que no le daría el mismo aprecio. Casi me olvido de decir que mi objeto favorito que siempre está ahí es un pequeño altavoz de color azul que me regaló mi mejor amigo. Le tengo mucho cariño, jamás lo quito ni lo muevo de lugar. Es más, necesito verlo todos los días para que nunca olvide quién me lo regaló y por qué.

  13. A veces me preguntó cómo me sentiría yo en un cuarto en penumbra, sentado en una silla frente a un ordenador.¿Muy solo? ¡No!La verdad es que jamás podría sentirme así. En mi escritorio ideal tengo libros que me hablan, me colman de informaciones sobre cosas que no sé, hacia mi derecha hay un cubilete donde guardo los bolígrafos, y entre ellos, mi favorito: uno de color azul, de punta fina que plasma mis ideas, mis pensamientos, tomando notas y escribiendo palabras en mis cuadernos. A mi izquierda está el portátil, cuyo fondo de pantalla es una foto de un ser querido; en él guardo también mis trabajos y a través deél me comunico con mis amigos y mi familia. Mi escritorio es el lugar donde me desahogo estudiando, leyendo o escribiendo. Es el lugar más relajante, donde siento verdadera tranquilidad y relajación física y mental. Sinceramente, no está nada mal soñar con un escritorio así.

  14. En mi escritorio ahora mismo reina un orden discreto, bajo de todas esas montañas de papeles y a saber qué más. Es un espacio en el que yo y solamente yo, sé dónde se encuentra cada cosa (o por lo menos eso quiero pensar). Cuenta con su mesita para poder escribir, para acoger a mi pequeño portátil marca HP, de color rosa y con rayas lilas y blancas casi borradas por el paso del tiempo. Ese espacio está lleno de libretas y un cubilete negro con centenares de lápices sin punta (nos pasa a todos, ¿verdad?). Después hay un pequeño cajoncito repleto de papeles arrancados de diferentes libretas y de bolis más viejos que yo. Encima de la mesa, en la parte derecha, tengo un tablero metálico provisto de imanes en el cual solo hay fotos y dibujitos de niña, cuando quizás debería haber otras cosas, lo sé, pero… ya me entienden. En la parte izquierda tengo dos estanterías donde se encuentran dos minipeluches, uno es un corderito y el otro un reno; los dos vigilan, desde cada extremo, que ningún objeto cobre vida y escape al ver tal desorden. Para acabar, seguro os estáis preguntando:”Y esta chica…¿dónde se sienta?” Pues diré que a veces tengo silla y a veces no, me explico: cuando no tengo silla es debido a que está ocupada aguantando toda una montaña de ropa que no me animo a guardar en el armario.

  15. Ahora mismo en mi escritorio reina la paz y la armonía, todo está en perfecto estado, bastante diferente de lo que es mi vida ahora mismo. El ordenador tiene su ratón al lado, sobre una alfombrilla con un buen reposamuñecas; los bolígrafos y lápices están todos en el lapicero, los papeles bien clasificados y guardados en su archivador de sobremesa. Los libros, como si de un ejército se tratara, están todos bien uniformados por un protector y uno detrás del otro. Y no podía faltar mi figura de Sheldon Copper, ese loco físico teórico que tantas carcajadas me provoca y a quien me quedo mirando cuando la mente muda a blanco, como si alguna respuesta fuera a darme.

  16. Mi escritorio es el lugar donde tengo mi pequeño rincón privado y donde tengo sensación de tranquilidad; allí siento esos momentos de privacidad donde dejo ir la mente más allá de mis pensamientos. Es mi primer escritorio y como antes no lo he podido tener, lo mimo y cuido como un juguete nuevo que te regalan cuando eres crío. Me gusta tenerlo ordenado. Acoge mi cubo portabolígrafos, que es uno de mis favoritos con su emblema de Bultaco y que me trae muchos recuerdos de juventud, como el circuito de Montjuic y las carreras de 24 horas. Tengo un portadocumentos donde se ordenan los temarios, folios, carpetas o apuntes. Cómo no, el calendario para anotar las tareas de todos los días qué hacer o visitar; si hay algo que no se me puede olvidar, lo remarco en el día del mes con color fluorescente. El teléfono es otro elemento de mi escritorio que siempre suena en el momento más inoportuno, cuando estoy realizando alguna tarea. En mi escritorio, no paso todo el tiempo que verdaderamente me gustaría.

  17. Cuando vivía en Berlín, mi escritorio siempre era un desastre total: lleno de pinturas, cuadernos de dibujo, fotos y recuerdos, no se podía utilizar y tampoco era un espacio útil para trabajar. Ahora que vivo con mi novio – a él le gusta más el orden – las cosas han cambiado. Me esmero más y mi escritorio está mejor. Solo hay un ordenador portátil, dos altavoces, un espejo, un par de bolígrafos y gafas. Pero poco a poco, inevitablemente, mis cosas conquistan el espacio. Veo un cordel con el cual he atado un cartel que cuelga en el balcón, mis tijeras y algunas gomas del pelo. Lo que más destaca de mi escritorio es un experimento nuestro: un invernadero con tomateras pequeñas. Lo hicimos artesanalmente con una botella de plástico y conseguimos las semillas de un tomate. Ahora están creciendo las tomateras, aquí, en mi escritorio, ahora.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *