Lo que (no) vi

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 [Foto de autor desconocido]

Fue en cinco minutos, quizás menos, en tres. El mes pasado, a mediados. La llamaré Ella, porque no supe su nombre, porque no me recordaba a nadie. Yo soy Luca y llevo seis meses pegado a la ventana de este nuevo apartamento, medicado y en paro, con mucho tiempo por delante. Sobre las ocho es cuando llegaba a su casa, y su salón y mi vida se iluminaban. Últimamente no venía sola: siempre con el mismo chico, rozando las nueve. Aquel día, me acuerdo, ella se movía deprisa por el salón, aparecía y desaparecía, a veces saltaba saltitos de cría. ¿Contenta? ¿Nerviosa? Vi solo las deportivas del chico, un modelo retro de Nike que me llamó la atención. Y luego, mucho tiempo nada. Solo el suelo claro y oscuro que reflejaba las imágenes del televisor y la luz de un pasillo al fondo, o de un cuarto pequeño fuera de mi alcance. De hecho, a ella ya no la vería nunca más. Ni salir, ni entrar. Algo me perdí. Algo que debió pasar y no vi. Quizás un beso y un abrazo, quizás un golpe seco, un disparo. ¿En qué me entretuve? Ahora es a él a quien veo. Llega solo, siempre un poco antes de las diez. No ha traído a nadie al piso hasta hoy, que yo sepa. Yo vi que saltaba, iba y venía, quizás contenta o asustada, y ya no la vi más.

Historias que se inventan al mirar por la ventana, extensión libre.

3 thoughts on “Lo que (no) vi”

  1. Mi único paisaje desde que me torcí el tobillo jugando a fútbol es el chalet de mis vecinos. Hoy, parece ser un día especial en el que van y vuelven con regalos. En el vecindario siempre han sido una familia envidiada. Desde la ventana se ven papeles de todos los colores y solo veo un trozo de la mesa donde hay refrescos y cervezas. No me distraigo más, sigo jugando a la videoconsola un rato antes de que venga mi madre con la cena y no me vea estudiar. Más tarde, escucho música de fondo. Parecen gritos o llantos, pero creo que están jugando al karaoke, de borrachera. Esta noche tampoco me dejarán dormir. De repente aparece un mensaje en la pantalla: dentro de un minuto se me agota la batería. Desesperado y con ayuda de la silla del ordenador busco el cargador. Por fin lo he encontrado. Entonces, lo enchufo y sigo jugando. Qué raro, pienso.¿Y este silencio? Vuelvo la vista hacia la ventana y parece ser que están reunidos en círculo. Y después van de un lado para otro sin parar, como si estuvieran corriendo. Seguro que están jugando a juegos divertidos. A la mañana siguiente mi madre me despierta con el desayuno. Me lo sirve en la cama y a su vez hablando consigo misma, como siempre, acaba diciendo que una vecina le ha contado que la mujer y los hijos de la casa de al lado se han ido a pasar las vacaciones a Suiza con unos parientes y que han dejando al marido y al hermano solos. El resto son comentarios despectivos hacia la mujer. Nunca le cayó bien. Cada vez que se cruzaban, ella bajaba la mirada y se iba corriendo. Al contrario que su marido, siempre con palabras amables que describían lo feliz que era desde que se había casado por segunda vez. Ante sus palabras me quedé asombrado y mientras observo la fría casa, pienso: “¿Qué me habré perdido? ¿Qué es lo que no vi a través de esas paredes? Y tan felices que parecían.

  2. Endereza sus medias con el gesto rápido de la prisa
    no acaban de subir rectas esta mañana.

    El vaho del espejo esconde su rostro
    solo perfila el rojo del carmín
    lo demás pura niebla

    Sigue la costura de las medias molestando
    hoy se resisten
    y sigue la prisa apremiando el reloj

    Se enfría el café en la cocina, es posible que quede olvidado
    luego por la noche, agua chirri

    Desde mi espejo alcanzo a ver la calle también
    la luz del alba
    madruga la ciudad,

    No queda mucho para que salga de su portal
    descienda la empinada calle,
    y doble la esquina que me la arrebata todas las mañanas

    La misma esquina que me la devuelve
    en la oscuridad de la noche
    Esperaré atento, esperaré quieto, quieta el alma
    como todos los días
    esperaré.

  3. Me alojaba en el ático de un “bed & breakfast” en el Distrito de los Lagos, en Inglaterra. Es una región famosa por sus paisajes pastoriles y decidí, sin pensarlo demasiado, viajar allí y disfrutar de un merecido descanso. Soy novelista, y aunque no he tenido un éxito grandísimo ni he conseguido el premio Nobel, sería justo decir que mis obras son bastante conocidas. ¿Y por qué una pausa? Por el bloqueo mental del escritor. Todos los días me pegaba al escritorio e intentaba producir algo, cualquier cosa, pero no funcionaba. Era terrible. Era como tener varias voces en tu cabeza, cada una diciendo algo, pero no se entiende nada, a causa de la espesa niebla y los ruidos.

    No había reservado alojamiento. Me gusta la sorpresa. Al llegar a la estación, pregunté en una oficina de turismo. Después de unas llamadas, la agradable señora me consiguió un ático. La ventana de la habitación proporcionaba una vista fantástica al lago. Me apoyé en ella y traté de absorber todos los colores, los olores y los sonidos. Vi un barco que ofrecía una cena de crucero. Pude oír charlas y risas en el viento, pero no pude identificar palabras.

    Estaba anocheciendo. Salí a cenar y cuando volví, estaba completamente oscuro. Me cambié de ropa y me metí en la cama. Y entonces, me di cuenta de que había una ventana en el techo. Podía ver las estrellas tan claras. Cada una tenía una tamaño y una fuerza. Me pregunté por qué no sentía lo mismo que cuando empecé a escribir, llena de ganas y energía para hacer lo que me gustaba… Cada vez que conseguía un éxito, el miedo de fallar crecía. Quizá porque soy Capricornio. A veces me enfadaba con mis padres, pero pobrecitos ellos, no tenían culpa de que naciera bajo este horóscopo. O tal vez, no debería sentirme mal ni siquiera culpable. Como las luces de las estrellas, todo cambia. La única cosa que se puede hacer es aceptar las cosas tal y como surgen, no luchar contra ellas. Di las buenas noches a las estrellas. Me quedé dormida con el deseo de sentirme mejor el día siguiente.

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