Lunes, 2 de marzo

El estilo romántico

La libertad justifica el rechazo de las convenciones estéticas tradicionales. El estilo romántico se caracteriza por el empleo de recursos efectistas (por ejemplo, abundancia de adjetivos sensoriales), por la incorporación de un vocabulario de las emociones y del misterio. Desaparece la armonía y el equilibrio del Neoclasicismo para dar paso a un estilo violento y dinámico, que se concreta, en la poesía en características como la polimetría (diferentes metros en la misma obra;véase “La canción del pirata”) o la invención de estrofas.

El teatro romántico

Durante el Romanticismo el teatro y la poesía fueron los géneros literarios por excelencia. El género teatral dominante fue el drama. El drama romántico se define por una serie de rasgos:

  1. eliminación de las tres unidades clásicas (lugar, tiempo y acción).01 F. Soler Rovirosa, Don Juan Tenorio, de J. Zorrilla. Teatre 02 F. Soler Rovirosa, Don Juan Tenorio, de J. Zorrilla. Tea (1)
  2. empleo del verso (+ polimetría) o la mezcla del verso y la prosa.
  3. mezcla de lo trágico y lo cómico, lo popular y lo aristocrático…
  4. introducción de grandes efectos escénicos.
  5. preferencia por los temas históricos (especialmente, ambientados en la Edad Media) o legendarios, caballerescos.
  6. tono general vibrante. Abundan las escenas violentas,duelos, suicidios, muertes, ambientes sepulcrales.

El estreno de Don Álvaro o la fuerza del sino del Duque de Rivas, en 1835, abrió definitivamente las puertas de los teatros al Romanticismo; sin embargo, la obra que obtuvo mayor éxito fue Don Juan Tenorio, de José Zorrilla, en 1844.

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Orientaciones PAU

Fuentes de la obra. Temas principales. Polimetría. Espacios simbólicos. La ruptura de

las reglas neoclásicas. La evolución de don Juan desde el burlador inicial hasta el

temeroso de Dios del final: un héroe romántico muy peculiar. La renuncia a Dios.

Evolución de doña Inés, cuyo amor divino se sitúa por encima del humano, del engaño,

del abandono, de la traición y de la muerte. La salvación de Inés, vinculada al

arrepentimiento y redención de don Juan: la predestinación por solidaridad religiosa. La

renuncia de don Juan al infierno implica la renuncia a su misma condición.

 

José Zorrilla (1817-1893)

 Biografía

José Zorrilla y Moral nació en Valladolid el 21 de febrero de 1817. Era hijo de un magistrado de la Audiencia, un hombre intransigente, que nunca llegó a comprender el carácter libre e impulsivo de nuestro autor, ni su dedicación a las letras, en vez de a las leyes, como hubiera deseado. Su padre, de ideología absolutista, desempeñó diversos cargos políticos y administrativos (entre ellos el de Superintendente general de policía) en Valladolid, Burgos, Sevilla y Madrid durante el reinado de Fernando VII; en estas ciudades pasó Zorrilla sus primeros años y escribió sus primeros versos.

A la muerte de Fernando VII (1833), el padre de Zorrilla fue desterrado de Madrid por el gobierno liberal y se instaló en Lerma con la protección de Francisco Vallejo. Envió a su hijo a Toledo para que estudiara Leyes, pero el muchacho se dedicaba más a las lecturas románticas (Victor Hugo, Alejandro Dumas,Espronceda…), a pasear por la ciudad y a pintar rincones toledanos, que a los textos jurídicos, por lo que su padre lo sacó de Toledo y lo mandó tutelado a Valladolid. Las aficiones de Zorrilla no cambiaron y su padre recibió una carta de los tutores en la que le decían que su hijo era un holgazán, que andaba por las noches por los cementerios como un vampiro y que se dejaba crecer el pelo como un cosaco. Fue enviado a casa, pero aprovechando una parada en el camino, se escapó (apenas tenía 19 años), se montó en un burro y llegó hasta Madrid, donde se refugió disfrazado para no ser reconocido por los enviados de su padre, quien jamás le perdonó ni lahuida del hogar ni el abandono de los estudios.

En Madrid, su suerte iba a cambiar inesperadamente: el 13 de febrero de 1837 Mariano José de Larra se pega un tiro en la cabeza. Ante su cadáver, Zorrilla lee unos emocionados versos que le supondrán la amistad con escritores ya famosos (García Gutiérrez, Hartzenbusch y Espronceda, su “ídolo”), así como su participación en diversas publicaciones.

En 1839 se casó con Florentina O’Reilly, guapa viuda, dieciséis años mayor que él, con la que tuvo una hija, fallecida con poca edad. Los celos de su mujer y las aventuras del poeta hicieron tan insoportable el matrimonio que Zorrilla se fue a París, Bruselas, Londres y, finalmente, a Méjico, donde vivió cerca de doce años (de 1854 a 1866), gracias a la hospitalidad de personas que lo admiraban (Zorrilla se había hecho muy popular casi desde el mismo estreno de su Don Juan Tenorio en 1844) y a su amistad con el emperador Maximiliano, quien lo nombró cronista del reino y director del proyectado Teatro Nacional.

Regresó a España en 1866 -donde fue acogido con enorme entusiasmo, muestra de la popularidad de que gozaba- y en 1869 contrajo segundas nupcias con Juana Pacheco (su primera mujer había fallecido en 1865); con su nueva esposa, treinta y dos años más joven que él, pasó los últimos años de su vida, en los que para aliviar su penuria económica, trató de conseguir del gobierno una subvención.

Don Juan Valera lo envió como archivero a Roma, donde permaneció desde 1871 hasta 1876, año de su regreso a España. Ingresó en la Real Academia Española en 1885, fue coronado en Granada (1889) como poeta nacional, y pasó sus últimos años dando lecturas poéticas por provincias. Murió en Madrid el 23 de enero de 1893 y tuvo el entierro multitudinario que siempre acompaña a los personajes populares.

 Obra

La obra literaria de Zorrilla es muy extensa y abarca, además del teatro, los tres géneros principales : dramática, lírica y narrativa.

Más de treinta obras avalan la producción teatral de Zorrilla, la mayor parte de ellas escritas entre 1839 y 1849. Sus obras reflejan temas y situaciones de épocas pasadas, al estilo del teatro del Siglo de Oro (Lope, Calderón, Tirso…), que conocía perfectamente. Las obras más significativas son El zapatero y el rey (basada en la figura del rey don Pedro), El puñal del godo (sobre el rey don Rodrigo y el conde don Julián), Don Juan Tenorio y Traidor, inconfeso y mártir (basado en la leyenda del pastelero que suplantó al rey de Portugal, don Sebastián, desaparecido en la batalla deAlcazarquivir).

Entre 1837 y 1840 Zorrilla publicó ocho volúmenes de poesía, lo que muestra el incansable ritmo creador en su juventud. Entre los poemas líricos -cuyos temas principales son la religión popular y la patria legendaria- destacan “Toledo”, “La Virgen al pie de la cruz” y “Granada”.

Pero lo más característico de Zorrilla es su poesía narrativa, las leyendas, inspiradas bien en fuentes históricas, como “La leyenda del Cid”, bien en fuentes tradicionales religiosas, como “A buen juez, mejor testigo” (el Cristo de la Vega es testigo de un compromiso amoroso que el galán se niega a reconocer), y “Margarita la tornera” (una monja, seducida por un galán, abandona el convento y al regresar, arrepentida, descubre que la Virgen ha ocupado su puesto y nadie ha notado su ausencia); junto a estas leyendas de tema religioso escribió otras de temas profanos sobre asuntos de amor y aventuras, entre las que destaca “El capitán Montoya” (el galán seductor contempla su propio entierro y se arrepiente de su comportamiento). Estas dos últimas leyendas fueron consideradas por Zorrilla como embriones de su Don Juan Tenorio.

También merece reseñarse su obra Recuerdos del tiempo viejo, libro de memorias en el que recuerda su juventud, sus relaciones con otros poetas y donde refleja su opinión sobre algunas obras, entre otras Don Juan Tenorio.

Materiales elaborados a partir de http://roble.pntic.mec.es/msanto1/lengua/2romanti.htm y

http://www.materialesdelengua.org/LITERATURA/index_literatura.ht

 

Don Juan Tenorio (1844)

Don Juan Tenorio es la obra del teatro español más representada en todos los tiempos. Se estrenó en Madrid el día 28 de marzo de 1844 y, desde entonces, se suele poner en escena cada año, en torno al Día de Difuntos, sea en teatros comerciales a cargo de actores profesionales, o en salas diversas y con actores aficionados. Tanta fue (y es) la popularidad de esta obra, que el nombre del protagonista ha pasado al léxico español como nombre común. Y así decimos de alguien que es un donjuán, de la misma manera que podemos decir que es un quijote, un lazarillo o una celestina.

Argumento

(El autor: un calavera entre calaveras. Si lees la dedicatoria del libro, observarás que Zorrilla dedica el Tenorio a su amigo Francisco Luis de Vallejo. Paco Vallejo -alcalde de Lerma (Burgos) en 1835- era un joven apuesto, ingenioso y seductor, “uno de los calaveras de buen tono de aquella edad de calaveras… un Don Juan de la clase media”, según afirma Zorrilla en su libro de memorias Recuerdos del tiempo viejo.

calavera: hombre libertino, mujeriego.)

Don Juan Tenorio y don Luis Mejía se dan cita en una hostería de Sevilla para comprobar el resultado de la apuesta que hicieron hace justamente un año: quién sería capaz de seducir a más mujeres y de matar a más hombres. Gana don Juan, pero la insolencia de los dos libertinos les lleva a una nueva apuesta: la seducción de dos nuevas mujeres, una novicia-doña Inés- y la prometida de don Luis -doña Ana de Pantoja-. Don Juan, con la ayuda de Brígida, entra en el convento, rapta a doña Inés y, seguidamente, seduce a doña Ana. El comendador don Gonzalo de Ulloa, padre de doña Inés, y don Luis Mejía llegan a la casa de don Juan dispuestos a vengarse, pero don Juan -tras jurar al comendador el amor que siente por doña Inés y ser rechazado por éste-  mata a ambos y huye de la ciudad por el Guadalquivir.

Cinco años después, don Juan regresa a Sevilla, pero donde estaba su palacio encuentra ahora el panteón de sus propias víctimas, entre ellas doña Inés. Don Juan invita a cenar a la estatua del comendador, que corresponde a la invitación y anuncia la condena al infierno para el burlador: pero don Juan se arrepiente en el último instante de su vida y consigue la salvación de su alma por mediación de doña Inés.

Una obra por encargo

Cuenta Zorrilla en su libro de memorias Recuerdos del tiempo viejo que empezó a escribir Don Juan Tenorio una noche en que no podía conciliar el sueño. Era febrero del año 1844, había regresado a Madrid el famoso actor Carlos Latorre y necesitaba con urgencia una nueva obra par representar. A Zorrilla le correspondía proporcionársela por contrato, antes que los teatros cerraran en el mes de abril. No había pensado ningún tema, pero alguien le sugirió que preparara una nueva versión de El burlador de Sevilla, así que, tomando como referencia la obra de Tirso y también la de Zamora (que con el título No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague era la que por entonces se representaba), “me obligué yo a escribir en veinte días un Don Juan de mi confección. Tan ignorante como atrevido, la emprendí yo con aquel magnífico argumento, sin conocer ni Le festin de Pierre, de Molière, el precioso libreto del abate Da Ponte , ni nada, en fin, de lo que en Alemania, Francia e Italia había escrito sobre la inmensa idea del libertinaje sacrílego personificado en un hombre: don Juan. Sin darme, pues, cuenta del arrojo a que me iba a lanzar ni de la empresa que iba a acometer; (…) fiado solo en mi intuición de poeta y en mi facultad de versificar, empecé mi Don Juan en una noche de insomnio.”

Los apuros económinos de Zorrilla eran tales que no le quedaba otro remedio que escribir mucho y deprisa para poder subsistir en la corte madrileña. Por su obra cobró 4.200 reales de vellón, a cambio de ceder al editor Manuel Delgado todos los derechos de impresión y representación de la obra en los teatros. Es cierto que el precio estipulado se correspondía con lo que se pagaba en aquella época, pero el éxito posterior del Tenorio llevaría a nuestro autor a lamentar por siempre la firma de un contrato que no le reconocía derechoa anuales, en tanto que empresarios, editores y actores se beneficiaban de su obra cada temporada.

 

 El mito de Don Juan  (fuentes o modelos literarios)

Aunque hoy asociamos la figura de Don Juan al Tenorio de Zorrilla, los orígenes del burlador se pueden rastrear en la literatura y en la sociedad. La venida de los muertos al mundo de los vivos, por ejemplo, forma parte de un conjunto de supersticiones populares arraigadas desde antiguo, y muertos que se aparecen encontramos en alguna obra de Lope, Mira de Amescua y Vélez de Guevara, autores leídos por Zorrilla.

En la tradición oral de los romances se recogen también leyendas sobre jóvenes que abusan de mujeres y convidan a muertos o calaveras, como el siguiente:

Pa misa diba un galán / caminito de la iglesia, / no diba por oír misa / ni pa estar atento a ella, / que diba por ver las damas / las que van guapas y frescas. / En el medio del camino / encontró una calavera, / mirárala muy mirada / y un gran puntapié le diera…

El galán invita a cenar a la calavera y ésta acepta el reto presentándose en su casa. La calavera le devuelve la invitación y le ofrece cenar en la iglesia y pasar la noche en su sepultura, pero el galán invoca a Dios y por ello se salva, como confirma la calavera:

Si no fuera porque hay Dios / y al nombre de Dios apelas, / y por ese relicario / que sobre tu pecho cuelga, / aquí habrías de entrar vivo / quisieras o no quisieras.

Fue Tirso de Molina quien inmortalizó nombre y ciudad para su personaje:

REY. ¿Tenéis hijos?

DON GONZALO. Gran señor, / una hija hermosa y bella, /…

REY. Pues yo os la quiero casar / de mi mano.

DON GONZALO. Como sea / tu gusto, digo, señor, / que yo lo aceto por ella. / Pero, ¿quién es el esposo? /

REY. Aunque no está en esta tierra / es de Sevilla, y se llama / don Juan Tenorio. (El Burlador de Sevilla, jornada I)

Tirso de Molina (fray Gabriel Téllez) escribió El Burlador de Sevilla y convidado de piedra hacia 1620 -aunque la obra se imprimió por primera vez en 1630- con la intención de lanzar un mensaje moral sobre la  salvación cristiana, que tanto preocupaba a la España del siglo XVII (la de la Contrarreforma tras el Concilio de Trento, en 1563).

Argumento de El Burlador: En el palacio del rey de Nápoles, don Juan engaña a Isabela haciéndose pasar por Octavio. Huye de Italia y llega a Tarragona, donde burla a Tisbea. El rey intenta desagraviar a Octavio ofreciéndole la mano de doña Ana, pero ésta está enamorada del marqués de la Mota. Don Juan suplanta al marqués, seduce a doña Ana y mata en la huida al comendador Ulloa, padre de la mujer burlada. Más tarde, don Juan engaña a la pastora Aminta el mismo día en que iba a casarse con Batricio, su prometido. Todos los personajes engañados se dirigen al rey para reclamar justicia, pero las burlas de don Juan han de tener un castigo divino: su condena al infierno ante la estatua del Comendador y convidado de piedra.

Comparada esta obra de Tirso con la de Zorrilla, observamos dos diferencias esenciales:

-El primer gran cambio notable en el Don Juan Tenorio de Zorrilla es la pérdida del gracioso.

– El don Juan de Zorrilla sólo aparece en escena con una mujer, (la seducción de doña Ana de Pantoja no se presencia, sino que se deduce) y no con cuatro como el de Tirso de Molina.

-Un aspecto novedoso y muy llamativo en el Don Juan Tenorio es el de la introducción de lo fantástico en el drama. Cierto es que también en El Burlador encontramos un final fantástico, sin embargo, no es tal como el de Zorrilla, que es ya apoteósico. Los estudiosos han señalado  la estrecha relación del Don Juan Tenorio con las comedias de magia de esos años.

(La comedia de magia es un subgénero teatral muy exitoso en el S. XVII que utiliza efectos mágicos, maravillosos y espectaculares, haciendo intervenir a personajes imaginarios dotados de poderes sobrenaturales (hadasdemonios, elementos naturales, criaturas mitológicas, etc.) Se trata de un teatro de imaginación concebido expresamente para la diversión del público, cuyo gusto buscan seguir los autores; de ahí que conociera un enorme éxito popular, al mismo tiempo que suscitó las diatribas de los preceptistas neoclásicos).

– La aparición del convidado de piedra (la estatua de don Gonzalo) sirve para la condena en Tirso; en Zorrilla, la estatua de don Gonzalo pretende imponer el castigo, pero la de doña Inés consigue el arrepentimiento del pecador en el último instante y su salvación. El Dios justiciero de Tirso ha dado paso al Dios clemente y misericordioso de Zorrilla. Como vemos cada Don Juan es hijo de su tiempo: el burlador de Tirso se condena, porque para el dramaturgo barroco, la salvación sólo se consigue con una vida de fe, no de pecado: no hay salvación posible para quienes -como su don Juan- desprecian la gracia de Dios y su misericordia; en cambio, el don Juan romántico de Zorrilla alcanza la salvación por el amor de doña Inés. El mismo Zorrilla era consciente de que en la conversión de su don Juan, por la intercesión de doña Inés, radicaba la originalidad de su obra, y así lo dejó escrito en el capítulo XVIII de sus Recuerdos del tiempo viejo.

Queda claro, pues, que Zorrilla no creó a Don Juan, sino que se basó para dar vida a su personaje en leyendas populares y en obras como El Burlador de Sevilla (1630), de Tirso, y No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague o el convidado de piedra (1714), de Antonio de Zamora. Zorrilla conocía bien estas obras, a cuya representación debió asistir más de una vez, y de ellas toma el esquema básico del mito: un hombre apuesto y mujeriego, unas mujeres engañadas, un muerto a quien se convida a cenar y de quien se recibe mutua invitación, y un plazo que está próximo a finalizar.

Probablemente también conocía otras obras extranjeras sobre este tema, porque Don Juan es un mito legendario extendido por todas partes: Moliére (Don Juan, 1664), Mozart (ópera Don Giovanni, 1787, con libreto de Da Ponte), Lord Byron (Don Juan, 1824), Mérimée (Las ánimas del purgatorio, 1834), A. Dumas (Don Juan de Marana, 1839) y, por supuesto, El estudiante de Salamanca (1840) de Espronceda. El propio Zorrilla había escrito antes del Tenorio algunas obras en las que aparece ya la figura del seductor: Vivir loco y morir más (1837), El capitán Montoya (“es de las armas la joya/ y de las hembras imán”) y Margarita la tornera (1840), lo que demuestra que el tema del burlador rondaba su mente antes de decidirse a realizar la refundición del drama de Tirso y sustituir en los escenarios el de Zamora, como fue su propósito.

 

( Don Juan después de Zorrilla:La revisión del mito no decrece tras el Romanticismo y la popularidad del Tenorio zorrillesco se ha mostrado en la ingente cantidad de parodias que se han generado y la presencia del tema en la obra de directores de cine como Ingmar Bergman o pintores como Salvador Dalí, por ejemplo. Intelectuales y escritores como Valle-Inclán, Azorín, Miguel de Unamuno, Bernard Shaw, Guillaume Apollinaire o José Saramago, entre muchos otros, han seguido encontrando en don Juan motivo para sus obras motivo de inspiración, perpetuando así su vigencia como un mito de proyección universal.)

La estructura de la obra. Espacio y tiempo

La primera parte del Tenorio se dispone en cuatro actos (vv. 1-2639) y la segunda, en tres (vv. 2640-3815). Ambas suceden respectivamente en una noche, separadas por un lapso de cinco años. Este espacio de tiempo era dramáticamente necesario para dar verosimilitud al cambio de escenario (sobre el antiguo palacio de don Diego Tenorio se ha construido un cementerio con estatuas) y para dejar constancia de que don Juan ha cambiado de actitud: ha servido valerosamente al Emperador y aún ama a doña Inés.

La primera parte cambia continuamente de acción y de escenario y transcurre en un tiempo demasiado concentrado (que el propio Zorrilla criticó en sus Recuerdos...): las ocho dan en la hostería (v. 194), las nueve en el convento (v. 1432), las diez en la calle de doña Ana (v. 1433), las doce pasadas en la quinta de don Juan (v. 2320). Tanto movimiento sitúa esta parte próxima a las comedias de capa y espada del teatro clásico.

La segunda parte, por el contrario, tiene el ritmo pausado que marcan un reloj de arena (v. 3692), el doblar de las campanas (v. 3709) y el canto de los salmos (v. 3714), y solo dos escenarios: el panteón de los Tenorio y el comedor de don Juan. La reflexión sustituye a la acción y el drama se acerca a la moralidad de los autos sacramentales.

Zorrilla ha construido su obra sobre una estructura dual: dos partes, dos mujeres seducidas (doña Inés y doña Ana), dos burladores (don Juan y don Luis), dos padres (don Gonzalo y don Diego), dos rivales que piden venganza (don Gonzalo y don Luis), dos amigos (Centellas y Avellaneda), dos criadas alcahuetas (Brígida y Lucía), dos sombras que se disputan el alma de don Juan (la de doña Inés y la de don Gonzalo), dos caras del mismo hombre: un don Juan dispuesto para la vida, otro don Juan preparado para la muerte; una actitud para la condena, otra para la salvación.

Personajes

Don Juan: el personaje protagonista es un joven seductor, hijo de buena familia, que utiliza fortuna y prestigio para su propio placer. Su poder radica en la seducción de su discurso. Es jugador, pendenciero (vv. 1-4), rechaza los valores sociales establecidos (honor, matrimonio, religión, autoridad paterna…) y se comporta como un ser diabólico (vv. 501-510), un lucifer. Pero conoce a doña Inés y se enamora repentinamente. Ella va a cambiar la manera de ser del burlador, que pasa de ser fuego abrasador en el que cae la novicia apenas recibe su carta, a llama purificada por el amor de doña Inés. A partir de este momento, don Juan no será ya el seductor de antes, sino el seducido, una figura romántica que, paradójicamente, sepulta al rebelde héroe romántico.

Doña Inés es el personaje clave de la obra: “quien no tiene carácter, quien tiene defectos enormes, quien mancha mi obra es don Juan; quien la sostiene, quien la aquilata, la ilumina y la da relieve es doña Inés; yo tengo orgullo en ser el creador de doña Inés y pena por no haber sabido crear a don Juan”, dice el autor en sus Recuerdos. Joven cándida y buena, nada de amores sabe, pues “vivido en el claustro habéis/casi desde que nacisteis” (vv. 1438- 1440). Se enamora de don Juan casi por hechizo, y poco a poco el fuego amoroso la lleva hasta una pasión arrebatadora (“yo voy a ti/como va sorbido al mar ese río”, vv. 2251 y ss.). Don Juan la abandona y doña Inés muere, pero ella ha apostado con Dios la salvación de los dos o su condena; doña Inés es la esencia del amor cristiano, un ángel de amor capaz de sacrificarse por la salvación del libertino. Intermediaria entre el cielo y la tierra, representa el triunfo absoluto del amor frente al honor familiar, la venganza y la muerte.

Don Luis Mejía es el contrincante de Tenorio, con quien rivaliza en burlas y calaveradas (véase el paralelismo en el relato de las fechorías de ambos:  1ª,I,XII). Él es el provocador de la nueva apuesta, la que conlleva el rapto de la novicia y la seducción de su propia prometida.

El comendador don Gonzalo de Ulloa, padre de doña Inés, representa el poder y la moral que don Juan rechaza. Preocupado antes por su honra que por su hija (v. 1837), irrespetuoso con la abadesa, a quien insulta (v. 1908), su pecado consiste en desentenderse de la salvación de don Juan (vv. 2554-2555). Si Tirso utiliza a este personaje como ejecutor del castigo divino, Zorrilla lo condena por su actitud anticristiana. La estatua del Comendador (2ª parte) es la encargada de arrastrar a don Juan a las puertas del infierno, pero don Juan se salva gracias a la mediación angelical de doña Inés.

Centellas es capitán al servicio del Emperador y debe su nombre a la rapidez con que maneja su espada. Zorrilla le reserva la gloria de ser el que mate a  de don Juan.

Otros personajes tienen un papel secundario:

Don Diego Tenorio representa la figura tradicional del padre aristócrata y severo (“¡que un hombre de mi linaje/descienda a tan ruin mansión!”, vv. 243- 244). En su enfrentamiento con su hijo pueden descubrirse ecos de las discrepancias de Zorrilla con su padre.

Brígida, aya de doña Inés, es el polo opuesto de ella y complemento necesario de don Juan. Siguiendo la tradición de trotaconventos y celestinas, vende amores, facilita la reunión de los amantes y, en consecuencia, la seducción de la novicia.

Ciutti tiene sus antecedentes literarios en la figura del “gracioso” del teatro del Siglo de Oro, pero fue un personaje real: un camarero del Café del Turco, situado en la calle Sierpes de Sevilla.

Lucía representa la criada infiel y materialista que por dinero vende a su señora, doña Ana de Pantoja.

Buttarelli era una persona real: un hostelero de la calle del Carmen, en Madrid, famoso por las chuletas y los tortellini que preparaba.

El resto de personajes – Pascual, Avellaneda, la abadesa, etc.- quedan trazados muy superficialmente; doña Ana de Pantoja, por ejemplo, sólo aparece en dos rápidas escenas del acto II y su encuentro con don Juan se sobrentiende. Ello demuestra que el interés de Zorrilla estaba en la caracterización de don Juan y doña Inés, y en la evolución psicológica de ambos personajes.

 

POLIMETRIA

Un drama con muchos versos. Una de las características más importantes de la obra es el uso de un verso sonoro, pegadizo, no exento de ripios, que facilitó desde el primer momento la popularidad del Tenorio ( y las numerosas parodias que de él se han hecho). La mayor parte de los 3.815 versos son octosílabos, que dan a la obra un ritmo vivo y ágil frente al carácter reflexivo del endecasílabo utilizado en el soliloquio de don Juan (vv. 3600-3643). Redondillas para la conversación común, romances y quintillas para los relatos, décimas para los diálogos amorosos (p.e. la famosa ‘escena del sofá’), octavillas, ovillejos y cuartetos conforman el drama más clásico de la literatura española. 79.- Busca un ejemplo de cada una de estas estrofas y cópialas en tu cuaderno. El esquema métrico del Tenorio es el siguiente: Primera parte. -Acto I: vv.1-72: redondillas, 73-102: quintillas, 103-254: redondillas, 255-380: romance, 381-440: redondillas, 441-695: quintillas, 696-835: redondillas. -Acto II: vv.836-1119: redondillas, 1120-1121: versos sueltos, 1122-1141: redondillas, 1142-1201: ovillejos, 1202-1249: redondillas, 1250-1345: octavillas, 1346-1365: redondillas, 1366-1425: ovillejos, 1426-1433: redondillas. -Acto III: vv.1434-1547: romance, 1548-1647: redondillas, 1648-1655: octavillas, 1656-1659: redondilla, 1660-1675: octavillas, 1676-1679: redondilla, 1680-1687: octavilla, 1688-1691: redondilla, 1692-1707: octavillas, 1708-1711: redondilla, 1712-1719: octavilla, 1720-1723: redondilla, 1724-1731: octavilla, 1732-1771: redondillas, 1772-1777: sextilla, 1778-1797: quintillas, 1798-1909: redondillas. -Acto IV: vv.1910-2025: romance, 2026-2173: redondillas, 2174-2223: décimas, 2224-2447: redondillas, 2448-2563: romance, 2564-2639: redondillas. Segunda parte. -Acto I: vv.2640-2923: redondillas, 2924-3113: décimas, 3114-3217: redondillas, 3218-3227: quintillas. -Acto II: vv.3228-3491: redondillas, 3492-3511: décimas, 3512-3599: redondillas. -Acto III: vv.3600-3643: cuartetos endecasílabos, 3644-3727: redondillas, 3728- 3737: quintillas, 3738-3765: redondillas, 3766-3815: décimas.

+ “Introducción” de Joan Estruch Tobella (Ed.La Galera)

Quant a ROSA MARIA POY RODA

Profesora de Literatura castellana (INS Priorat)
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