Category Archives: Lecturas

Rikki-tikki-tavi

Este es el nombre de un cuento de Rudyard Kipling que vamos a leer. Su protagonista es una mangosta (para saber más sobre ellas y entender mejor el cuento pulsa AQUÍ).

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Ahora ya puedes leer el cuento pulsando AQUÍ.

Actividades para después de la lectura:

¿Qué peligros amenazaban a los humanos?

¿Qué hace Rikki-tikki-tavi para ayudar a los humanos?

Entra en ESTA PÁGINA y averigua alguna cosa sobre el autor Rudyard Kipling:

¿Cuándo y dónde nació?

¿Cómo fue su infancia?

¿Cuál es su obra más conocida?

¿Qué premio muy importante le otorgaron en 1907?

Una novela para el verano

Aquí tenéis algunos títulos de novelas actuales. Todas ellas son muy buenas. Ahora es cuestión de que encontréis alguna que también os guste a cada uno de vosotros/as. A ver si hay suerte…

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Romanticismo, Manuel Longares, Ed. Alfaguara

Tanto había oído hablar José Luis Arce de la salud del Caudillo en la tertulia de Balmoral que no tomó en serio su enfermedad definitiva. Por eso, cuando supo que le operaban de urgencia en un quirófano de campaña no acudió a sublevar los cuarteles, como Javo Chicheri, ni imitó a Fela del Monte que ante la consternación del apoderado Chaves, del cajero Irurzun y de otros ejecutivos del banco en el que tenía la cuenta, retiró el capital y las joyas y los escondió en la carbonera de su casa donde el padre Altuna dijo misa durante la guerra civil.

—No me robarán los rogelios —gritaba Fela en el salón taurino del Wellington.

Si quieres seguir leyendo el principio, pincha aquí. Si quieres leer una crítica, pincha aquí.

Carreteras secundarias, Ignacio Martínez de Pisón, Anagrama, 255 págs.

carreteras-secundarias-pison.gifUn adolescente y su padre viajan por la España de 1974. El coche, un Citroën Tiburón, es lo único que poseen. Su vida es una continua mudanza, pero todos los apartamentos por los que pasan tienen al menos una cosa en común: el estar situados en urbanizaciones costeras, desoladas e inhóspitas en los meses de temporada baja. Bien pronto, sin embargo, tendrán que alejarse del mar y eso impondrá a sus vidas un radical cambio de rumbo.

Al día siguiente volví a faltar al colegio. Supongo que sería un martes o un jueves, que eran los días en que Estrella no me llevaba en el Tiburón. Los martes y los jueves me levantaba a la hora debida, desayunaba cualquier cosa en la cocina y luego me echaba a correr hacia la parada del autobús. Lo normal, sin embargo, era que me detuviera a medio camino y me sentara en la arena a mirar el mar.

Soldados de Salamina, Javier Cercas,  Tusquets, 209 págs.

soldados-de-salamina.jpgFue en el verano de 1994, hace ahora más de seis años, cuando oí hablar por primera vez del fusilamiento de Rafael Sánchez-Mazas. Tres cosas acababan de ocurrirme por entonces: la primera es que mi padre había muerto; la segunda es que mi mujer me había abandonado; la tercera es que yo había abandonado mi carrera de escritor. Miento. La verdad es que, de esas tres cosas, las dos primeras son exactas, exactísimas; no así la tercera. En realidad, mi carrera de escritor no había acabado de arrancar nunca, así que difícilmente podía abandonarla.

Puedes continuar leyendo el comienzo en este enlace, en el que también encontrarás una sinopsis y algunas opiniones de la prensa.

Las perlas peregrinas, Manuel de Lope, Espasa, 372 págs.

perlas-peregrinas.jpgUna visita inesperada El día 3 de agosto, poco antes de cerrar el bufete por vacaciones, aparecieron varias cucarachas en el despacho de Alfredo Kauffman, prestigioso abogado y uno de los más solicitados asesores jurídicos de la ciudad. Una cucaracha fue vista atajando hacia un rincón para encontrar refugio en una hendidura del entarimado. Dos cucarachas más fueron descubiertas fornicando en la papelera. Una cuarta cucaracha alzó desafiante las antenas en la caja fuerte sin que se supiera cómo había logrado introducirse allí. Aquella tarde Kauffman había acudido al despacho a recoger unos papeles y contratar a una empresa que actuara sin complejos para aplicar a las cucarachas la solución final.


 
Aquí encontrarás la continuación del primer capítulo, y en este enlace algunos comentarios sobre esta obra.

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 El lápiz del carpintero, Manuel Rivas, Santillana, 189 págs.

    En la cárcel de Santiago de Compostela, en plena Guerra Civil, un pintor dibuja el Pórtico de la Gloria con un lápiz de carpintero, reflejando los rostros.. y aún más, la desesperación de sus compañeros de presidio. Un guardián, su futuro asesino, lo observa todo. A partir de esta escena, el “lápiz” de Manuel Riva hilvana una historia donde el amor logra vencer a desesperanza.

Está arriba, en la galería, escuchando a los mirlos.  Carlos Sousa, el periodista, dijo gracias cuando ella lo invitó a pasar con el gesto de una sonrisa. Sí, gracias, pensó mientras subía la escalera, a la puerta de cada casa debería haber dos ojos como ésos.  Sentado en una silla de mimbre, junto a una mesa camilla, con la mano posada en el libro abierto como quien hace suya y mediata una página brillante, el doctor Da Barca miraba hacia el jardín, envuelto en un aura de luz invernal.
La estampa sería apacible si no fuera por la mascarilla de oxígeno. El tubo que lo unía a la bombona pendía sobre las flores blancas de las plantas de azalea. A Sousa la escena le pareció de una inquietante y cómica melancolía.
Cuando se dio cuenta de la visita, alertado por el crujir de las tablas del suelo de la sala, el doctor Da Barca se levantó y se quitó la mascarilla con una sorprendente agilidad, como si fuese el mando de una consola infantil. Era alto y ancho de hombros, y mantenía alzados los brazos en arco. Parecía que su función más natural era la del abrazo.
Sousa se quedó perplejo. Iba con la idea de que se trataba de visitar a un agonizante. 

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La sombra del viento, Carlos Ruiz Zafón, Planeta

El Cementerio de los Libros Olvidados 

Todavía recuerdo aquel amanecer en que mi padre me llevó por primera vez a visitar el Cementerio de los Libros Olvidados. Desgranaban los primeros días del verano de 1945 y caminábamos por las calles de una Barcelona atrapada bajo cielos de ceniza y un sol de vapor que se derramaba sobre
la Rambla de Santa Mónica en una guirnalda de cobre líquido.

—Daniel, lo que vas a ver hoy no se lo puedes contar a nadie —advirtió mi padre—. Ni a tu amigo Tomás. A nadie.

—¿Ni siquiera a mamá? —inquirí yo, a media voz. Mi padre suspiró, amparado en aquella sonrisa triste que le perseguía como una sombra por la vida.—Claro que sí —respondió cabizbajo—. Con ella no tenemos secretos. A ella puedes contárselo todo.

Poco después de la guerra civil, un brote de cólera se había llevado a mi madre. La enterramos en Montjuïc el día de mi cuarto cumpleaños. Sólo recuerdo que llovió todo  el día y toda la noche, y que cuando le pregunté a mi padre si el cielo lloraba le faltó la voz para responderme. Seis años después, la ausencia de mi madre era para mí todavía un espejismo, un silencio a gritos que aún no había aprendido a acallar con palabras.

Aquí tienes la web oficial de este libro de gran éxito; si entras, verás que es una web muy completa. Desde ella podrás leer los capítulos 1 y 2.