Textos sofistes

3.1 Gorgies: El poder de la paraula

“La palabra es una gran dominadora, que con un pequeñísimo y sumamente invisible cuerpo, cumple obras importantes, pues puede hacer cesar el temor y quitar los dolores, infundir la alegría e inspirar la piedad… Pues el discurso, persuadiendo al alma la conduce convencida, a tener fe en las palabras y a consentir en los hechos… La persuasión, unida a la palabra impresiona al alma como ella quiere. La misma relación tiene el poder del discurso con respecto a la disposición del alma que la disposición de los remedios respecto a la naturaleza del cuerpo.”
Gorgias, Elogio de Elena 8, 12- 1 11

3.2 Aspàsia de Milet: mestra de retòrica. Sòcrates ridiculitzava els oradors, però mostra una gran estima per Aspàsia

“Sócrates: […] El tono aflautado de la palabra y la voz del orador penetran en mis oídos con tal resonancia, que a duras penas al tercer dia o cuarto día vuelvo en mí y me doy cuenta del lugar de la tierra donde estoy; hasta entonces poco falta para creerme que habito en las islas de los bienaventurados; hasta tal punto son diestros nuestros oradores.

Menéxemo: Tú siempre te estás riendo de los oradores, Sócrates. […]

Sócrates: En efecto, Menéxemo, nada de extraño tiene que yo también sea capaz de hablar, pues casualmente tengo por maestra a una mujer muy experta en la retórica, que precisamente ha formado a muchos otros excelentes oradores y a uno en particular, que sobresale entre los de Grecia, Pericles, hijo de Jantipo.

Menéxemo: ¿Quién es ella? Es evidente que te refieres a Aspasia, ¿no? […]” (235 c-235e)

[Sócrates reprodueix la oració fúnebre d’Aspàsia a Menéxemo]

“Menéxemo: Por Zeus, Sócrates, dichosa es, según dices, Aspasia si es capaz, siendo mujer, de componer semejantes discursos.

Sócrates: Bien, si no me crees, acompáñame y la oirás hablar en persona.

Menéxemo: Muchas veces, Sócrates, me he encuentrado con Aspasia y sé lo que vale.” Platón. Menéxemo. (248 d)

3.3 Anònim: Qualsevol cosa pot ser considerada bella o lletja

“Sobre lo bello y lo feo también podemos formular un doble discurso. Pues unos dicen que una cosa es lo bello y otra lo feo, que la diferencia, como en el nombre, también existe en la realidad; otros en cambio, mantienen que es lo mismo lo bello y lo feo. Pienso que si alguien, en un momento, diera la orden de que todo el mundo reuniera en un solo lugar aquello que cada uno considera feo, y después mandara tomar de este montón aquello que cada uno considera bello, no quedaría ni una sola cosa, sino que entre todos habrían recogido todo. Esto es así porque ninguno piensa lo mismo.”
Anónimo, Dobles razonamientos

3.4 Aristòtil: Comentari de la frase de Protàgores: “L’home és la mesura de totes les coses”

“Protàgores sostenia que “l’home és la mesura de totes les coses”, i no deia altrament que allò que sembla a cadascú, allò és sens dubte. Essent així, resulta que la mateixa cosa és i no és, que és bona i dolenta, i així igualment en relació al que pot ser dit amb proposicions contradictòries, ja que una cosa apareix a uns bella, a d’altres el contrari: mesura és allò que apareix a cadascú.” Aristòtil, Metafísica 11,6, 1062 b13.

3.5 Plató: Si la ciència té el seu fonament en els sentits llavors el coneixement és relatiu.

“Sócrates:- ¿La ciencia es la sensación, según dices?
Teeteto:-Sí.
Sócrates: – Esta definición que das de la ciencia, no es de despreciar; es la misma que ha dado Protágoras, aunque se haya expresado de otra manera. El hombre, dice, es la medida de todas las cosas, de la existencia de las que existen, y de la no existencia de las que no existen. Tú has leído sin duda su obra.
Teeteto: – Sí, y más de una vez.
Sócrates: – ¿No es su opinión que las cosas son, con relación a mí, tales como a mí me parecen, y con relación a ti, tales como a ti te parecen? Porque somos hombres tu y yo.
Teeteto: – Eso es lo que dice, efectivamente.
Sócrates: – Es natural pensar que un hombre tan sabio no hablase al aire. Sigamos, pues, el hilo de tus razonamientos. ¿No es cierto que algunas veces, cuando corre un mismo viento, uno de nosotros siente frío y otro no lo siente, éste poco y aquél mucho?
Teeteto: – Seguramente.
Sócrates: – ¿Diremos entonces que el viento, tomado en sí mismo, es frío o no es frío? O bien, ¿tendremos fe en Protágoras, que quiere que sea frío para aquel que lo siente, y que no lo sea para el otro?
Teeteto: – Es probable.
Sócrates: – El viento, ¿no parece tal al uno y al otro?
Teeteto: – Sí.
Sócrates: – Parecer, ¿no es, respecto a nosotros mismos, la misma cosa que sentir?
Teeteto: – Sin duda.
Sócrates: – La apariencia y la sensación son lo mismo con relación al calor y a las demás cualidades sensibles, puesto que parecen ser para cada uno tales como las siente. ” Platón, Teeteto, 151-152

3.6 Ps-Aristòtil: Filosofia del llenguatge de Gòrgies

“Per consegüent, res no és; però fins i tot si és, res no és cognoscible; però fins i tot si és cognoscible, ningú no podrà fer-ho manifest a un altre, donat que les coses no són paraules i que ningú no pensa les coses de la mateixa manera que un altre.” […] “Però, malgrat que fossin cognoscibles, ¿com algú -diu- podrà revelar-les a un altre? Allò que hom veu -diu-, ¿com podrà dir-ho de paraula (lógos)? ¿O com podrà fer-ho manifest a qui ho escolta sense haver-ho vist? Car, talment com la vista no reconeix els sons, així tampoc l’oïda no sent els colors, sinó els sons; i diu el qui diu, però no uns colors ni una cosa. Per tant, allò que un no pensa, ¿com es podrà pensar amb la paraula d’un altre o amb algun altre signe distint de la cosa, ans en el cas d’un color per haver-lo vist i en el cas d’un soroll per haver-lo sentit? Car qui diu, no diu de cap manera un soroll ni un color, sinó una paraula. És per això que no és possible de pensar un color, sinó de veure’l, ni un soroll, sinó de sentir-lo.” Ps-Aristòtl. Sobre Melissos, Xenòfanes i Gòrgies 5, 979 a ss.

3.7 Crities: L’origen de la religió com a força repressiva de les conductes antisocials.

“Hubo un tiempo en que la vida de los hombres era desordenada y bestial y esclava de la fuerza, cuando no havia ni recompensa para los buenos ni tampoco castigo para los malos. […]

Entonces un hombre diestro y sabio
les inventó a los hombres el temor a los dioses, para que
los malos tuvieran miedo a algo si a escondidas
hacían o decían o pensaban algo.
Convencido de esto, pues, introdujo lo divino,
que es un demon con vida inagotable,
que con la mente oye, y ve, y comprende mucho,
atendiendo a esto, y con divina naturaleza;
capaz de oír cuanto los mortales dicen
y de ver todo lo que hacen.
Y si tú en silencio intentas algo malo,
no les quedará ello oculto a los dioses, pues inteligencia
grande tienen. Diciendo estas razones,
introdujo la más agradable de las doctrinas
envolviendo en la mentira la verdad.
Dijo que los dioses habitaban allá donde
más pudo sorprender con ello a los humanos,
de donde vio que les venían los terrores a los mortales
y los bienes para su miserable vida;
de allá, de la giratoria bóveda donde lo rayos
vio que estaban,los horrendos estampidos
del trueno, y el edificio estrellado del cielo,
hermosa construcción del sabio artista el tiempo;
donde camina el incandescente pedrusco del astro solar
y de donde llega a la tierra la húmeda lluvia.
Puso alrededor de los hombres tales pavores,
mediante los cuales instaló con sus razones
a la divinidad en hermoso lugar,
y extinguió con las leyes la falta de ley.” Crities. Sisifo

3.8 Antifont el sofista: La llei de la polis i la llei de la physis

“La justícia consisteix a no transgredir les disposicions legals de la ciutat en la qual hom viu com a ciutadà . Així doncs, un home practicarà la justícia en gran benefici propi si davant testimonis observa les lleis com a sobiranes; però sense testimonis, els dictàmens de la natura. Car els preceptes legals són imposats, els de la natura, obligatoris: els preceptes legals són producte d’un pacte, no innats; els de la natura són innats, no producte de cap pacte.
Així doncs, si hom, en transgredir les disposicions legals passa desapercebut als qui han establert el pacte, es veu lliure d’ignomínia i de càstig; si no passa desapercebut, no. Si hom fa violència, més enllà del que és possible, a les lleis que la natura ha establert, encara que passi desapercebut a tots els homes, el mal no és pas inferior, ni superior si tothom el veu. Car hom no és danyat en relació a l’opinió, sinó a la veritat. La nostra indagació és principalment en raó dels següents motius: moltes de les disposicions legals (nomos) es troben en conflicte amb la natura (physis). Antifont el sofista, fragments A 1,2, 4

3.9 Plató: Intervenció del sofista Trasímac en diàleg amb Sòcrates

“-Transimaco: Bien. De este modo, pues, cada gobierno implanta las leyes en vista de lo que es conveniente para él: la democracia, leyes democráticas; la tiranía, leyes tiránicas, y así las demás. Una vez implantadas, manifiestan que lo que conviene a los gobernantes es justo para los gobernados, y al que se aparta de esto lo castigan por infringir las leyes y obrar injustamente. Esto, mi buen amigo, es lo que quiero decir; que en todos los Estados es justo lo mismo: lo que conviene al gobierno establecido, que es sin duda el que tiene la fuerza, de modo tal que, para quien razone correctamente, es justo lo mismo en todos lados, lo que conviene al más fuerte.”
Platón. República, 338d-339a.

3.9 Plató: el mite de Giges

“-Glaucón: Tienes mucha razón -convino-. Escucha ante todo aquello con lo que dije que comenzaría: qué es y de dónde procede la justicia. Dicen que el cometer injusticia es por naturaleza un bien, y el sufriría, un mal. Pero como es mayor el mal que recibe el que la padece que el bien que recibe quien la comete, una vez que los hombres comenzaron a cometer y sufrir injusticias y a probar las consecuencias de estos actos, decidieron los que no tenían poder para evitar los perjuicios ni para lograr las ventajas que lo mejor era establecer mutuos convenios con el fin de no cometer ni padecer injusticias. Y de ahí en adelante empezaron a dictar leyes y concertar tratados recíprocos, y llamaron legal y justo a lo que la ley rescribe. He aquí expuesta la génesis y esencia de la justicia, término medio entre el mayor bien, que es el no sufrir su castigo quien comete injusticia, y el mayor mal, el de quien no puede defenderse de la injusticia que sufre. La justicia, situada entre estos dos extremos, es aceptada no como un bien, sino como algo que se respeta por impotencia para cometer la injusticia; pues el que puede cometerla, el que es verdaderamente hombre, jamás entrará en tratos con nadie para evitar que se cometan o sufran injusticias. ¡Loco estaría si tal hiciera! Ahí tienes, Sócrates, la naturaleza de la justicia y las circunstancias con motivo de las cuales cuenta la gente que apareció en el mundo.

Para darnos mejor cuenta de cómo los buenos lo son contra su voluntad, porque no pueden ser malos, bastará con imaginar que hacemos lo siguiente; demos a todos, justos e injustos, licencia para hacer lo que se les antoje y después sigámosles para ver adónde llevan a cada cual sus apetitos. Entonces sorprenderemos en flagrante al justo recorriendo los mismos caminos que el ínjusto, impulsado -por el interés propio, finalidad que todo ser está dispuesto por naturaleza a perseguir como un bien, aunque la ley desvíe por fuerza esta tendencia y la encamine al respeto de la igualdad. Esta licencia de que yo hablo podrían llegar a gozarla, mejor que de ningún otro modo, si se les dotase de un poder como el que cuentan tuvo en tiempos el antepasado del lidio Giges. Dicen que era un pastor que estaba al servicio del entonces rey de Lidia. Sobrevino una vez un gran temporal y terremoto; abrióse la tierra y apareció una grieta en el mismo lugar en que él apacentaba. Asombrado ante el espectáculo descendió por la hendidura y vio allí, entre otras muchas maravillas que la fábula relata, un caballo de bronce, hueco, con portañuelas, por una de las cuales se agachó a mirar y vio que dentro había un cadáver, de talla al parecer más que humana, que no llevaba sobre sí más que una sortija de oro en la mano; quitósela el pastor y salióse. Cuando, según costumbre, se reunieron los pastores con el fin de informar al rey, como todos los meses, acerca de los ganados, acudió también él con su sortija en el dedo. Estando, pues, sentado entre los demás, dio la casualidad de que volviera la sortija, dejando el engaste de cara a la palma de la mano; e inmediatamente cesaron de verle quienes le rodeaban y con gran sorpresa suya, comenzaron a hablar de él como de una persona ausente. Tocó nuevamente el anillo, volvió hacia fuera el engaste y una vez vuelto tornó a ser visible. Al darse cuenta de ello, repitió el intento para comprobar si efectivamente tenía la joya aquel poder, y otra vez ocurrió lo mismo: al volver hacia dentro el engaste, desaparecía su dueño, y cuando lo volvía hacia fuera, le veían de nuevo. Hecha ya esta observación, procuró al punto formar parte de los enviados que habían de informar al rey; llegó a Palacio, sedujo a su esposa, atacó y mató con su ayuda al soberano y se apoderó del reino. Pues bien, si hubiera dos sortijas como aquélla de las cuales llevase una puesta el justo y otro el injusto, es opinión común que no habría persona de convicciones tan firmes como para perseverar en la justicia y abstenerse en absoluto de tocar lo de los demás, cuando nada le impedía dirigirse al mercado y tomar de allí sin miedo alguno cuanto quisiera, entrar en las casas ajenas y fornícar con quien se le antojara, matar o libertar personas a su arbitrio, obrar, en fin, como un dios rodeado de mortales. En nada diferirían, pues, los comportamientos del uno y del otro, que seguirían exactamente el mismo camino. Pues bien, he ahí lo que podría considerarse una buena demostración de que nadie es justo de grado, sino por fuerza y hallándose persuadido de que la justicia no es buena para él personalmente; puesto que, en cuanto uno cree que va a poder cometer una injusticia, la comete. Y esto porque todo hombre cree que resulta mucho más ventajosa personalmente la injusticia que la justicia. «Y tiene razón al creerlo así», dirá el defensor de la teoría que expongo. Es más: si hubiese quien, estando dotado de semejante talismán, se negara a cometer jamás injusticia y a poner mano en los bienes ajenos, le tendrían, observando su conducta, por el ser más miserable y estúpido del mundo; aunque no por ello dejarían de ensalzarle en sus conversaciones, ocultándose así mutuamente sus sentimientos por temor de ser cada cual objeto de alguna injusticia. Esto es lo que yo tenía que decir.” Platón. La República. 358e-360e  (intervenció de Glaucó en diàleg amb Sòcrates)