Textos Plató

4.1 Plató: En una realitat canviant no és possible el coneixement

“Sòcrates: ¿Com podrà, per tant, ésser res allò que mai no roman igual? Perquè si roman igual un moment, durant aquest temps és ben clar que no es desplaça, i si roman igual i es el mateix, com podria canviar o moure’s sense sortir gens de la seva forma?.
Cràtil: De cap manera.
Sòcrates: Ni tampoc no fóra conegut de ningú. Car tot just se li acostés algú per conèixer-lo, ja fóra un altre i d’una altra mena, talment que no es podria ja conèixer què és ni com és. Cap coneixement, en efecte, no coneix si allò que coneix no té cap manera d’ésser.
Cràtil: És com tu dius.
Sòcrates: Ni escau d’afirmar que hi ha coneixement, Cràtil, si totes les coses es transformen i res no roman.”

Plató. Cràtil, 439e-440a

 

4.2 Plató: La relació entre les coses sensibles i les idees

“Sòcrates: Fixa’t bé en el que seguirà, i veu si no estàs d’acord amb mi. Em sembla que si hi ha alguna cosa bella, a més d’allò bell en si, només pot ser bella perquè participa en aquesta mateixa bellesa; i així totes les altres coses. Em concedeixes aquesta causa?

Cebes: Sí, te la concedeixo.

Sòcrates: Llavors, no comprenc totes aquestes altres causes sàvies. Si algú em diu que el que fa que una cosa sigui bella, és la vivacitat dels seus colors o la proporció de les seves parts, o qualsevol altra cosa semblant, deix de costat totes aquestes raons que no fan més que ofuscar-me, i responc sense cerimònia i sense art, i potser massa simplement, que res la fa bella sinó la presència o la comunicació d’aquesta bellesa en si, sigui quin sigui el mode com aquesta comunicació es produeixi. Perquè jo no afirmo res després d’això. Afirmo només que és per la bellesa que són belles totes les coses belles. Mentre em mantingui en aquest principi, no crec que pugui equivocar-me, i estic persuadit que puc respondre amb tota seguretat que les coses belles són belles per la presència de la bellesa. No et sembla així també?

Cebes: Perfectament.

Sòcrates: De la mateixa manera, no són grans les coses grans per la grandesa, i les petites no ho són per la petitesa?

Cebes: Sí.”

Plató. Fedó, l00a-c.

 

4.3 Plató: La raó ens condueix cap a les essències

“- Primer és necessari, vaig dir, que ens posem d’acord i us recordo
el que ja s’ha dit tantes vegades.
– I què és? , va preguntar.
– Hi ha moltes coses belles, i moltes de bones, i igualment altres
l’existència de les quals afirmem i que diferenciem a través del llenguatge.
– Si, en efecte.
– Afirmem també l’existència d’allò bell en si, i igualment, per a totes les
coses que diem múltiples afirmem que a cadascuna li correspon una idea
que és única i que anomenem la seva essència.
– És veritat.
– I diem de les coses múltiples que són l’objecte dels sentits, i no de l’esperit,
mentre que les idees són l’objecte de l’esperit, i no pas dels sentits.
– Perfectament.”
Plató. La República, llibre VI, 507 a-c

 

4.4 Plató: Símil de la línia

“-No, no lo hagas-dijo.

-Pues bien -dije-, observa que, como decíamos, son dos, y que reinan, el uno en el género y región inteligibles (el Bien), y el otro, en cambio, en la visible (el sol); y no digo que en el cielo para que no creas que juego con el vocablo. Sea como sea, ¿tienes ante tí esas dos especies, la visible y la inteligible?

-Las tengo.

-Toma, pues, una línea que esté cortada en dos segmentos desiguales y vuelve a cortar cada uno de los segmentos, el del género visible y el del inteligible, siguiendo la misma proporción. Entonces tendrás, clasificados según la mayor claridad u oscuridad de cada uno: en el mundo visible, un primer segmento, el de las imágenes. Llamo imágenes ante todo a las sombras, y en segundo lugar, a las figuras que se forman en el agua y en todo lo que es compacto, pulido y brillante, y a otras cosas semejantes, si es que me entiendes.

-Sí que te entiendo.

-En el segundo pon aquello de lo cual esto es imagen: los animales que nos rodean, todas las plantas y el género entero de las cosas fabricadas.

-Lo pongo-dijo.

-¿Accederías acaso -dije yo- a reconocer que lo visible se divide, en proporción a la verdad o a la carencia de ella, de modo que la imagen se halle, con respecto a aquello que imita, en la misma relación en que lo opinado con respecto a lo conocido?

-Desde luego que accedo- dijo,

-Considera, pues, ahora, de qué modo hay que dividir el segmento de lo Inteligible.

-¿Cómo?

linia

– De modo que el alma se vea obligada a buscar la una de las partes sirviéndose, como de imágenes, de aquellas cosas que antes eran imitadas, partiendo de hipótesis y encaminándose así, no hacia el principio, sino hacia la conclusión; y la segunda, partiendo también de una hipótesis, pero para llegar a un principio no hipotético y llevando a cabo su investigación con la sola ayuda de las ideas tomadas en sí mismas y sin valerse de las imágenes a que en la búsqueda de aquello recurría.

-No he comprendido de modo, suficiente -dijo-eso, de que hablas.

-Pues lo diré otra vez – contesté-. Y lo entenderás mejor después del siguiente preámbulo. Creo que sabes que quienes se ocupan de geometría, aritmética y otros estudios similares, dan por supuestos los números impares y pares, las figuras, tres clases de ángulos y otras cosas emparentadas con éstas y distintas en cada caso; las adoptan como hipótesis, procediendo igual que si las conocieran, y no se creen ya en el deber de dar ninguna explicación ni a sí mismos ni a los demás con respecto a lo que consideran como evidente para todos, y de ahí es de donde parten las sucesivas y consecuentes deducciones que les llevan finalmente a aquello cuya investigación se proponían.

-Sé perfectamente todo eso- dijo.

-¿Y no sabes también que se sirven de figuras visibles acerca de las cuales discurren, pero no pensando en ellas mismas, sino en aquello a que ellas se parecen, discurriendo, por ejemplo, acerca del cuadrado en sí y de su diagonal, pero no acerca del que ellos dibujan, e igualmente en los demás casos; y que así, las cosas modeladas y trazadas por ellos, de que son imágenes las sombras y reflejos producidos en el agua, las emplean, de modo que sean a su vez imágenes, en su deseo de ver aquellas cosas en sí que no pueden ser vistas de otra manera sino por medio del pensamiento?

-Tienes razón-dijo.

XXI. -Y así, de esta clase de objetos decía yo que era inteligible, pero que en su investigación se ve el alma obligada a servirse de hipótesis y, como no puede remontarse por encima de éstas, no se encamina al principio, sino que usa como imágenes aquellos mismos objetos, imitados a su vez por los de abajo, que, por comparación con éstos, son también ellos estimados y honrados como cosas palpables.

-Ya comprendo -dijo-; te refieres a lo que se hace en geometría y en las ciencias afines a ella.

-Pues bien, aprende ahora que sitúo en el segundo segmento de la región inteligible aquello a que alcanza por sí misma la razón valiéndose del poder dialéctico y considerando las hipótesis no como principios, sino como verdaderas hipótesis, es decir, peldaños y trampolines que la eleven hasta lo no hipotético, hasta el principio de todo; y una vez haya llegado a éste, irá pasando de una a otra de las deducciones que de él dependen hasta que, de ese modo, descienda a la conclusión sin recurrir en absoluto a nada sensible, antes bien, usando solamente de las ideas tomadas en sí mismas, pasando de una a otra y terminando en las ideas.

-Ya me doy cuenta -dijo-, aunque no perfectamente pues me parece muy grande la empresa a que te refieres, de que lo que intentas es dejar sentado que es más clara la visión del ser y de lo inteligible que proporciona la ciencia dialéctica que la que proporcionan las llamadas artes, a las cuales sirven de principios las hipótesis; pues aunque quienes las estudian se ven obligados a contemplar los objetos por medio del pensamiento y no de los sentidos, sin embargo, como no investigan remontándose al principio, sino partiendo de hipótesis, por eso te parece a ti que no adquieren conocimiento de esos objetos que son, empero, inteligibles cuando están en relación con un principio. Y creo también que a la operación de los geómetras y demás la llamas pensamiento, pero no conocimiento, porque el pensamiento es algo que está entre la simple creencia y el conocimiento.

– Lo has entendido -dije- con toda perfección. Ahora aplícame a los cuatro segmentos estas cuatro operaciones que realiza el alma: la inteligencia (nóesis), al más elevado; el pensamiento (diánoia), al segundo; al tercero dale la creencia (pístis) y al último la imaginación (eikasía); y ponlos en orden, considerando que cada uno de ellos participa tanto más de la claridad cuanto más participen de la verdad los objetos a que se aplica.

-Ya lo comprendo-dijo-; estoy de acuerdo y los ordeno como dices.”

Plató. La República, Libro VI [Según la versión de J.M. Pabón y M. Fernández Galiano, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1981 (3ª edición) ]

 

4.5 Plató: De la creença al coneixement

“-Entonces -dije yo- el método dialéctico es el único que, echando abajo las hipótesis, se encamina hacia el principio mismo para pisar allí terreno firme; y al ojo del alma, que está verdaderamente sumido en un bárbaro lodazal lo atrae con suavidad y lo eleva a las alturas, utilizando como auxiliares en esta labor de atracción a las artes hace poco enumeradas, que, aunque por rutina las hemos llamado muchas veces conocimientos, necesitan otro nombre que se pueda aplicar a algo más claro que la opinión, pero más oscuro que el conocimiento. En algún momento anterior empleamos la palabra “pensamiento”; pero no me parece a mí que deban discutir por los nombres quienes tienen ante sí una investigación sobre cosas tan importantes como ahora nosotros.
-No, en efecto -dijo.
-Pero ¿bastará con que el alma emplee solamente aquel nombre que en algún modo haga ver con claridad la condición de la cosa?
-Bastará.
-Bastará, pues -dije yo-, con llamar, lo mismo que antes, a la primera parte, conocimiento; a la segunda, pensamiento; a la tercera, creencia, e imaginación a la cuarta. Y a estas dos últimas juntas, opinión; y a aquellas dos primeras juntas, inteligencia. La opinión se refiere a la generación, y la inteligencia, a la esencia; y lo que es la esencia con relación a la generación, lo es la inteligencia con relación a la opinión, y lo que la inteligencia con respecto a la opinión, el conocimiento con respecto a la creencia y el pensamiento con respecto a la imaginación.
Plató. La República 533 d a 534a.

 

4.6 Javier Gomá: Plató menysprea l’art

“Por último, el pintor copia, no la Idea de cama única y permanente, sino las camas cambiantes y múltiples que fabrica los artesanos. La Idea de cama es el modelo perfecto e inmutable y la cama del artesano su imitación, participación de la cosa en su forma; en consecuencia, la cama que el pintor representa en su lienzo es una imitación de una imitación, imitación segunda o reduplicada. […]

La razón alcanza sobriamente la verdad y el ser; la poesía, con su dulzura y su encanto, que tanto seducen a las multitudes y a los niños, encienden la parte irracional del alma con imágenes falsas: ‘el poeta imitativo implanta privadamente un régimen perverso en el alma de cada uno, condescendiendo con el elemento irracional que hay en ella'” J. Gomá Lanzon. Imitación y experiencia. Crítica. Barcelona. 2005. Pag: 115 i 116.

4.7 Plató: Menó

MEN.- ¿Y de qué manera vas a investigar, Sócrates, lo que no sabes en absoluto qué es? Porque ¿qué es lo que, de entre cosas que no sabes, vas a proponerte como tema de investigación? 0, aun en el caso favorable de que lo descubras, ¿cómo vas a saber que es precisamente lo que tú no sabías?
Sóc.- Ya entiendo lo que quieres decir, Menón. ¿Te das cuenta del argumento polémico que nos traes, a saber, que no es posible para el hombre investigar ni lo que sabe ni lo que no sabe? Pues ni sería capaz de investigar lo que sabe, puesto que lo sabe, y ninguna necesidad tiene un hombre así de investigación, ni lo que no sabe, puesto que ni siquiera sabe qué es lo que va a investigar.
MEN.- ¿No te parece que es un espléndido argumento, Sócrates?
Sóc.- No.
MEN. -¿Podrías decir por qué?
Sóc.- Sí; porque se lo he oído a hombres y mujeres sabios en las cosas divinas.
MEN.- ¿Y qué es lo que dicen?
Sóc.- La verdad, a mi parecer, y bien dicha.
MEN.- ¿Qué es, y quiénes la dicen?
Sóc.- Los que la dicen son cuantos sacerdotes y sacerdotisas se preocupan de ser capaces de dar explicación del objeto de su ministerio. Pero también lo dice Píndaro y otros muchos de entre los poetas, cuantos son divinos. En cuanto a lo que dicen, es lo siguiente: y fíjate en si te parece que dicen la verdad. Pues afirman que el alma del hombre es inmortal, y que unas veces termina de vivir (a lo que llaman morir), y otras vuelve a existir, pero que jamás perece; y que por eso es necesario vivir con la máxima santidad toda la vida;
“porque aquellos que a Prosérpina hayan pagado el precio
de su antiguo pecado, al sol de arriba a los nueve años
devuelve de nuevo las almas de ellos, de las que reyes ilustres
y desbordantes de fuerza y en sabiduría los más grandes
hombres saldrán; y para el tiempo restante héroes santos
los llaman los hombres”.
Y ocurre así que, siendo el alma inmortal, y habiendo nacido muchas veces y habiendo visto tanto lo de aquí como lo del Hades y todas las cosas, no hay nada que no tenga aprendido; con lo que no es de extrañar que también sobre la virtud y sobre las demás cosas sea capaz ella de recordar lo que desde luego ya antes sabía. Pues siendo, en efecto, la naturaleza entera homogénea, y habiéndolo aprendido todo el alma, nada impide que quien recuerda una sola cosa (y a esto llaman aprendizaje los hombres), descubra él mismo todas las demás, si es hombre valeroso y no se cansa de investigar. Porque el investigar y el aprender, por consiguiente, no son en absoluto otra cosa que reminiscencia. De ningún modo, por tanto, hay que aceptar el argumento polémico ese; porque mientras ése nos haría pasivos y es para los hombres blandos para quien es agradable de escuchar, este otro en cambio nos hace activos y amantes de la investigación; y es porque confío en que es verdadero por lo que deseo investigar contigo qué es la virtud.”

Platón. Menón 79 a 7 – 82 b 2

 

4.8 Plató: Les preguntes podem estimular el record

“—Es tracta d’un únic argument magnífic —digué Cebes—: quan preguntes a la gent si es fan bé les preguntes, per ells mateixos ho responen tot tal com és, cosa que no serien capaços de fer si no tinguessin ells mateixos una ciència i una recta apreciació d’allò de què es tracta. I a més, si un els posa davant les figures geomètriques o coses semblants, es pot mostrar ben clarament que això és així.” Fedó

 

4.9 Plató: La reminiscència prova la immortalitat de l’ànima

“Cebes: Sovint, Sòcrates -va dir Cebes, prenen la paraula-, dius que aprendre no és, en el fons, altra cosa que recordar. Segons això, sens dubte és forçós que en temps anterior hàgim après allò que ara recordem. Això seria possible si la nostra ànima no existís en cap altre lloc abans d’arribar a existir en aquesta forma humana. De manera que també per això sembla que l’ànima és immortal.

Símmies: Però Cebes, quines proves hi ha? Recorda-m’ho, perquè en aquest moment no me’n recordo.

Cebes: Es demostra per un bonic argument: interrogats els individus, si es fa bé, ho diuen tot com realment és. No obstant això, si en ells no hi hagués ciència i conceptes correctes, no serien capaços de fer això […].

Sòcrates: Però si amb això no quedes convençut, Símmies, mira si et sembla bé considerar les coses d’aquesta manera. […] També podem estar d’acord en el fet que hi ha reminiscència quan el saber arriba d’una manera determinada. Em refereixo a aquesta: quan algú, després d’haver vist o sentit o d’haver tingut qualsevol altra percepció sensible, no tan sols coneix allò que [ha vist, etc.], sinó que també pensa en un altra cosa de la qual no informa aquest coneixement, ¿no direm amb justícia [la que ara percebem] que ens ha fet recordar allò que ens ha vingut al pensament? […] Per consegüent, ¿no és forçós que nosaltres hàgim conegut l’Igual abans que, en veure per primera vegada coses iguals, pesem que totes aspiren a ser com l’Igual, sense arribar a ser-ho prou […].”
Plató. Fedó 72e-76a

 

4.10 Plató: El mite de la caverna

− Sòcrates: Ara imagina’t la nostra natura, pel que es refereix a la ciència, i a la ignorància, mitjançant la següent escena. Imagina uns homes en una habitació subterrània en forma de caverna amb una gran obertura del costat de la llum. Es troben en ella des de la seva infància, subjectes per cadenes que els immobilitzen les cames i el coll, de tal manera que no poden ni canviar de lloc ni tornar el cap, i no veuen més que el que està davant ells. La llum els ve d’un foc encesa a una certa distància darrere ells sobre una eminència del terreny. Entre aquest foc i els presoners, hi ha un camí elevat, al llarg del qual has d’imaginar un petit mur semblant a les barreres que els il·lusionistes aixequen entre ells i els espectadors i per sobre de les quals mostren els seus prodigis.
− Glaucó: Ja ho veig
− Pensa ara que al llarg d’aquest mur uns homes porten objectes de totes classes, figures d’homes i d’animals de fusta o de pedra, i de mil formes diferents, de manera que apareixen per sobre del mur. I naturalment entre els homes que passen, uns parlen i altres no diuen res.
− És aquesta una estranya escena i uns estranys presoners, va dir.
− S’assemblen a nosaltres, vaig respondre. I primer que res, creus que en aquesta situació veuran una altra cosa de si mateixos i dels que estan al seu costat que unes ombres projectades per la llum del foc sobre el fons de la caverna que està enfront d’ells.
− No, ja que es veuen forçats a mantenir tota la seva vida el cap immòbil.
– I no ocorre el mateix amb els objectes que passen per darrere ells?
− Sens dubte.
− I si aquests homes poguessin conversar entre si, no creus que creurien anomenar a les coses en si anomenant les ombres que veuen passar?
− Necessàriament.
− I si hi hagués un ressò que tornés els sons des del fons de la presó, cada cop que parlés un de què passen, no creurien que senten parlar a l’ombra mateixa que pansa davant els seus ulls?
− Sí, per Zeus, va exclamar.
− En resum, aquests presoners no atribuiran realitat més que a aquestes ombres?
− És inevitable.
− Suposem ara que se’ls alliberi de les seves cadenes i se’ls curi del seu error; mira el que resultaria naturalment de la nova situació en què anem a col·locar-los. Alliberem a un d’aquests presoners. L’obliguem a aixecar-se, a girar el cap, a caminar i a mirar cap al costat de la llum: no podrà fer res d’això sense patir, i l’enlluernament li impedirà distingir els objectes les ombres dels quals abans veia. Et pregunto què podrà respondre si algú li diu que fins llavors només havia contemplat ombres vanes, però que ara, més prop de la realitat i tornat cap a objectes més reals, veu amb més perfecció; i si a l’últim, mostrant-li cada objecte a mesura que pansa, se li obligués a força de preguntes a dir què és, no creus que es trobarà en un compromís, i que li semblarà més vertader el que veia abans que el que ara li mostren?
− Sens dubte, va dir.
− I si se li obliga a mirar la mateixa llum, no se li danyarien els ulls? No apartarà la seva mirada d’ella per dirigir-la a aquestes ombres que mira sense esforç? No creurà que aquestes ombres són realment més visibles que els objectes que li ensenyen?
− Segurament.
− I si ara l’arrenquem de la seva caverna a viva força i el portem pel camí aspre i escarpat fins a la claredat del sol, aquesta violència no provocarà les seves queixes i la seva còlera? I quan estigui ja a ple sol, enlluernat per la seva resplendor, podrà veure algun dels objectes que anomenem vertaders?
− No podrà, almenys els primers instants.
− Els seus ulls hauran d’acostumar-se a poc a poc a aquesta regió superior. El que més fàcilment veurà al principi seran les ombres, després les imatges dels homes i dels altres objectes reflectides en les aigües, i finalment els objectes mateixos. D’aquí dirigirà les seves mirades al cel, i suportarà més fàcilment la vista del cel durant la nit, quan contempli la lluna i les estrelles, que durant el dia el sol i la seva resplendor.
− Així ho crec.
− I crec que al fi podrà no sols veure el sol reflectit en les aigües o en qualsevol altra part, sinó contemplar-ho a ell mateix en el seu vertader seient.
− Indubtablement.
− Després d’això, posant-se a pensar, arribarà a la conclusió que el sol produeix les estacions i els anys, ho governa tot en el món visible i és d’alguna manera la causa del que ells veien a la caverna.
− És evident que arribarà a aquesta conclusió seguint aquests passos.
− I en recordar-se llavors de la seva primera habitació i dels seus coneixements allí i dels seus companys de captivitat, no se sentirà feliç pel seu canvi i no compadirà als altres?
—Certament.
− I si en la seva vida anterior hi hagués hagut honors, alabances, recompenses públiques establertes entre ells per a aquell que observés millor les ombres al seu pas, que recordés millor en quina ordre acostumen a precedir-se, a seguir-se o a aparèixer juntes i que per això fos el més hàbil a pronosticar la seva aparició, creus que l’home de què parlem sentiria nostàlgia d’aquestes distincions, i envejaria als més assenyalats pels seus honors o autoritat entre els seus companys de captivitat? No creus més aviat que serà com l’heroi d’Homer i preferirà mil vegades no ser més «que un mosso de cultiu al servei d’un pobre camperol» i patir tots els mals possibles abans que tornar a la seva primera il·lusió i viure com vivia?
− No dubto que estaria disposat a patir-ho tot abans que viure com anteriorment.
− Imagina ara que aquest home torni a la caverna i se sent en el seu antic lloc. No se li quedarien els ulls com cegats per aquest pas sobtat a la foscor?
− Sí, no hi ha dubte.
− I si, mentre la seva vista encara està confusa, abans que els seus ulls s’hagin instal·lat novament a la foscor, hagués de donar la seva opinió sobre aquestes ombres i discutir sobre elles amb els seus companys que no han abandonat la captivitat, no els donaria que riure? No diran que per haver pujat a l’exterior ha perdut la vista, i no val la pena intentar l’ascensió? I si algú intentés deslligar-los i portar-los allí, no ho matarien, si poguessin agafar-ho i matar-ho?
− És molt probable.
− Aquesta és precisament, el meu volgut Glaucó, la imatge de la nostra condició. La caverna subterrània és el món visible. El foc que la il·lumina, és la llum del sol. Aquest presoner que puja a la regió superior i contempla les seves meravelles, és l’ànima que s’eleva al món intel·ligible. Això és el que jo penso, ja que vols conèixer-ho; només Déu sap si és veritat. En tot cas, jo crec que en els últims límits del món intel·ligible està la idea del bé, que percebem amb dificultat, però que no podem contemplar sense concloure que ella és la causa de tot allò bell i bo que existeix. Que en el món visible és ella la que produeix la llum i l’astre de què correspon. Que en el món intel·ligible és ella també la que produeix la veritat i la intel·ligència. I a l’últim que és necessari mantenir els ulls fixos en aquesta idea per conduir-se amb saviesa, tant en la vida privada com en la pública.
—Jo també ho veig d’aquesta manera, va dir, fins al punt que puc seguir-te. [. . .]
− Per tant, si tot això és vertader, vaig dir jo, hem d’arribar a la conclusió que la ciència no s’aprèn del mode que alguns pretenen. Afirmen que poden fer-la entrar en l’ànima gairebé el mateix que si donessin la vista a uns ulls cecs.
− Així diuen, en efecte, va dir Glaucó.
− Ara bé, el que hem dit suposa, al contrari, que tota ànima posseeix la facultat d’aprendre, un òrgan de la ciència; i que, com uns ulls que no poguessin tornar-se cap a la llum si no girés també el cos sencer, l’òrgan de la intel·ligència ha de tornar-se amb l’ànima sencera des de la visió del que neix fins a la contemplació del que és i el que hi ha més lluminós en l’ésser; i a això hem anomenat el bé, no és així?
− Sí.
− Tot l’art, vaig continuar, consisteix doncs en buscar la manera més fàcil i eficaç que l’ànima pugui realitzar la conversió que ha de fer. No es tracta de donar-li la facultat de veure, doncs ja la té. Però el seu òrgan no està dirigit en la bona direcció, no mira cap a on hauria d’adreçar-se: això és el que s’ha de corregir.
− Així sembla, va dir Glaucó.

Plató. La República, VII, 514a-517c

 

4.11 Plató: Banquet

“Diotima – Potser, Sòcrates, he aconseguit iniciar-te fins aquí en els misteris de l’amor. Però en el que es refereix a l’últim grau d’iniciació i a les revelacions més secretes per a les que no és més que una preparació tot el que acabo de dir-te, no sé si, encara que estigui ben dirigit, el teu esperit podrà elevar-se fins a elles. Però continuaré, sense minvar en res la meva gelosia. Tracta de seguir-me el millor que puguis. El que vol aconseguir aquest coneixement pel camí recte, ha de començar des de jove per buscar els cossos bells. Al principi. si està ben dirigit, no ha d’estimar més que un només, i amb aquest motiu pronunciar belles raons. Però després, ha d’arribar a comprendre que la bellesa que es troba en un cos és germana de què es troba en tots els altres. En efecte, si cal buscar la bellesa que resideix en l’idea, seria una gran bogeria no creure que la bellesa que resideix en tots els cossos és una i idèntica. I un cop penetrat d’aquest pensament, el nostre home ha de mostrar-se amant de tots els cossos bells i desposseir-se de tota passió que tingui per objecte a un sol com d’una mesquinesa menyspreable. Ha de considerar després que la bellesa de l’ànima és més preciosa que la del cos, fins al punt que un ànima bella, encara en un cos desproveït d’atractius, basta per atreure el seu amor i les seves cures, i per fer-li pronunciar els discursos més apropiats per fer millor a la joventut. Així necessàriament es veurà obligat a contemplar la bellesa que es troba en les accions dels homes i en les lleis, i a veure que aquesta bellesa és en tot lloc idèntica a si mateixa, i com a conseqüència arribarà a tenir en poca estimació la bellesa corpòria. De les accions humanes, haurà de passar a les ciències per contemplar la seva bellesa, i llavors, en contemplar allò bell en tota la seva extensió, ja no romandrà mai més encadenat com un esclau en el limitat amor de la bellesa d’un jove, d’un home o d’una acció, sinó que es tornarà cap a l’oceà de la bellesa i sadollant els seus ulls amb aquest espectacle, produirà amb inesgotable fecunditat els discursos i els pensaments més magnífics de la filosofia, fins que, vigoritzat i engrandit el seu esperit per aquesta sublim contemplació, ja no percebi més que una ciència: La d’allò bell. Ara, Sòcrates. presta’m tota l’atenció que siguis capaç. Aquell que en els misteris de l’amor s’hagi elevat fins al punt en què ens trobem. després d’haver recorregut tots els graus d’allò bell, en arribar al terme de la seva iniciació. veurà de sobte davant els seus ulls una bellesa meravellosa, aquella precisament, oh Sòcrates, que constituïa el fi de tots els seus esforços anteriors: bellesa eterna, increada i imperible, que no és susceptible d’augment ni de disminució, una bellesa que no és bella d’una banda i lletja per un altre, bella per a uns i lletja per a altres; una bellesa que no és sensible com un rostre o una mans, ni corporal. Que no és tampoc ni unes paraules ni uns coneixements, que no resideix en un subjecte diferent d’ella mateixa, per exemple, en un animal, o a la terra, o al cel, o en qualsevol altra cosa; sinó que existeix eternament i absolutament per si mateixa i en si mateixa; de la que participen totes les altres belleses, sense que el seu naixement o la seva destrucció li aportin la menor disminució o el menor creixement, ni la modifiquin en res. Quan, des de les belleses inferiors, l’iniciat s’ha elevat per un amor ben dirigit dels joves fins aquesta bellesa perfecta i comença a entreveure-la, gairebé està a punt d’aconseguir el fi. Perquè el camí recte cap a l’amor, tant si se segueix espontàniament com si un altre et guia, consisteix a començar per les belleses d’aquest món i elevar-se fins a la bellesa suprema passant, per així dir-ho, per tots els esglaons, d’un cos bell a dos, de dos a tots els altres, dels cossos bells a les ocupacions belles, de les ocupacions belles a les ciències belles, fins que, de ciència en ciència, s’arribi a la ciència per excel·lència que no és una altra que la ciència d’allò bell en si, i s’acabi per conèixer-ho tal com és en si. El meu volgut Sòcrates, va prosseguir l’estrangera de Mantinea, si hi ha quelcom que li doni valor a aquesta vida, és la contemplació de la bellesa en si. I si ho aconsegueixes algun dia, no et semblaran comparables l’or ni les vestidures, ni els nois i joves bells, la contemplació dels quals ara t’arrabassa fins a tal punt, a tu i a molts altres, que per contemplar constantment als que estimeu, per estar sense parar amb ells, si fos possible, estaríeu disposats a privar-vos de menjar i de beure per passar la vostra vida en la seva companyia i contemplació. Què pensaríem d’un home a qui li fora donat mirar la bellesa en si, pura, sense barreja, sense estar revestida de les carns ni dels colors humans ni de totes les vanitats peribles, sinó la bellesa divina en si? Creus que seria una vida miserable tenir la mirada fixa en ella i gaudir de la contemplació i la companyia d’un cert objecte? No creus, al contrari, que aquest home, sent l’únic en aquest món que percep allò bell per l’òrgan mitjançant el qual és perceptible allò bell, només ell podrà produir, no imatges de les virtuts, perquè no s’aplica a les imatges, sinó virtuts vertaderes, perquè en la veritat s’aplica? Així a aquell que engendra i nodreix la vertadera virtut li correspon ser volgut de Déu. I si algun home ha de ser immortal, aquest ha de ser-ho.

Sòcrates. – Aquestes van ser, el meu volgut Fedre i tots els que m’escolteu, les paraules de Diotima. Elles em van persuadir i a la meva vegada jo tracto de persuadir als altres que, per aconseguir un bé tan gran, la natura humana difícilment trobaria un auxiliar més poderós que l’amor. Per això dic que tot home ha d’honrar l’amor. Quant a mi, honro tot el que amb ell es relaciona, i el faig objecte d’un culte particular i ho recomano als altres. I en aquest moment mateix, com sempre faig, acabo de lloar tot el que sóc capaç el poder i la força de l’amor. I ara, Fedre, considera si aquest discurs pot anomenar-se un elogi de l’amor; però si no, dóna-li el nom que vulguis.”

Plató. Banquet 209e-212c.

 

4.12 El paral·lelisme entre l’individu i la ciutat

“-I, possiblement, ens hem posat d’acord que les mateixes classes que hi ha a la ciutat estan també en l’ànima de cadascun, i en nombre igual.
-Així és.
-No és també necessari, doncs, que de la mateixa manera que era sàvia (justa) la ciutat, i pel mateix principi que ho era, així mateix, i pel mateix principi, sigui savi (just) també l´individu?
-Per què no? (…)
-I, per tant, Glaucó, direm que un home és just de la mateixa manera que dèiem que era justa la ciutat.
-També això és totalment necessari.”

Plató. La República. llibre IV

4.13 Plató: El mite del carro alat

Describir cómo es, exigiría una exposición que en todos sus aspectos únicamente un dios podría hacer totalmente, y que además sería larga. En cambio, decir a lo que se parece implica una exposición al alcance de cualquier hombre y de menor extensión. Hablemos, pues, así. Sea su símil el de la conjunción de fuerzas que hay entre un tronco de alados corceles y un auriga. Pues bien, en el caso de los dioses los caballos y los aurigas todos son buenos y de buena raza, mientras que en el de los demás seres hay una mezcla. En el nuestro, está en primer lugar el conductor que lleva las riendas de un tiro de dos caballos, y luego los caballos, entre los que tiene uno bello, bueno y de una raza tal, y otro que de naturaleza y raza es lo contrario de éste. De ahí que por necesidad sea difícil y adversa la conducción de nuestro carro. Pero ahora hemos de intentar decir la razón por la que un ser viviente es llamado mortal e inmortal. Toda alma se cuida de un ser inanimado y recorre todo el cielo, aunque tomando cada vez una apariencia distinta. Mientras es perfecta y alada camina por las alturas y rige al universo entero; pero aquélla que ha perdido las alas es arrastrada hasta alcanzar algo sólido en donde se instala, tomando un cuerpo terrenal que da la impresión de moverse a sí mismo, gracias a su virtud. Llámase ser viviente al conjunto de este ajuste entre alma y cuerpo, que recibe además la denominación de mortal. (…) La causa, empero, de la pérdida de las alas, que determina el que éstas se le caigan al alma, considerémosla. Es más o menos la siguiente.
La propiedad natural del ala es la de levantar lo pesado a lo alto, elevándolo a la región donde habita el linaje de los dioses, y de un modo o de otro es dentro de las partes del cuerpo lo que más ha participado de la naturaleza divina. Pero lo divino es bello, sabio, bueno y reúne cuantas propiedades hay semejantes. Con ellas precisamente se crían y crecen en grado sumo las alas del alma, mientras que con lo feo, lo malo y los vicios contrarios a aquéllas se consumen y perecen.

Platón, Fedro, 246a-e

4.14 La filosofia ens prepara per a la mort

“Segurament la gent no s’adona que tots els qui es dediquen com cal a la filosofi a no fan altra cosa que preparar-se a morir i a estar morts. Ara bé, si això és veritat, seria cosa ben estranya que un s’esforcés durant tota la vida només en això i que, arribat el moment de morir, es rebel·lés contra allò que de tant de temps desitjava i preparava. […]

I no és veritat que quan millor raona (l’ànima) és quan no la destorba res d’això, ni l’oïda, ni la vista, ni cap dolor o plaer, sinó que ella es concentra tant com pot en si mateixa, deixant estar el cos, sense comunicar-se amb ell ni agafar-se d’ell, tendint així vers el que és real?” Plató. Fedó 64a- 65a

4.15 El dirigent ha de ser el filòsof

“Sòcrates: Llevat que els filòsofs regnin en els Estats, o els qui ara són anomenats reis i governants filosofin de manera genuïna i adequada, i que coincideixin en una mateixa persona el poder polític i la filosofia, i que es prohibeixi rigorosament que marxin separadament per cada un d’aquests camins les múltiples natures que actualment ho fan així, no hi haurà, estimat Glaucó, fi dels mals per als Estats ni tampoc, em sembla, per al gènere humà; tampoc abans d’això no es produirà, en la mesura del possible, ni veurà la llum del sol, l’organització política que ara acabem de descriure. Això és el que des de fa una estona vacil·lo a dir, perquè veia que era una manera de parlar controvertida; i és difícil d’advertir que no hi ha cap més manera d’ésser feliç tant en la vida privada com en la pública.”

Plató. La República, 473d-e

4.16 Plató: Les qualitats que ha de tenir un filòsof

“-Es, pues, menester que el verdadero amante del saber tienda, desde su juventud, a la verdad sobre toda otra cosa.
-Bien de cierto.
-Por otra parte, sabemos que, cuando más fuertemente arrastran los deseos a una cosa, tanto más débiles son para las demás, como si toda la corriente se escapase hacia aquel lado.
-¿Cómo no?
-Y aquel para quien corren hacia el saber y todo lo semejante, ése creo que se entregará enteramente al placer del alma en sí misma y dará de lado a los del cuerpo, si es filósofo verdadero y no fingido.
-Sin ninguna duda.
-Así, pues, será temperante y en ningún modo avaro de riquezas, pues menos que a nadie se acomodan a él los motivos por los que se buscan esas riquezas con su cortejo de dispendios.
-Cierto.
-También hay que examinar otra cosa cuando hayas de distinguir la índole filosófica de la que no lo es.
-¿Cuál?
-Que no se te pase por alto en ella ninguna vileza, porque la mezquindad de pensamiento es lo más opuesto al alma que ha de tender constantemente a la totalidad y universalidad de lo divino y de lo humano.
-Muy de cierto -dijo.
-Y a aquel entendimiento que en su alteza alcanza la contemplación de todo tiempo y de toda esencia, ¿crees tú que le puede parecer gran cosa la vida humana?
-No es posible -dijo.
-¿Así, pues, tampoco el tal tendrá a la muerte por cosa temible?
-En ningún modo.
-Por lo tanto, la naturaleza cobarde y vil no podrá, según parece, tener parte en la filosofía.
-No creo.
-¿Y qué? El hombre ordenado que no es avaro, ni vil, ni vanidoso, ni cobarde, ¿puede llegar a ser en algún modo intratable o injusto?
-No es posible.
-De modo que, al tratar de ver el alma que es filosófica y la que no, examinarás desde la juventud del sujeto si esa alma es justa y mansa o insociable y agreste.
-Bien de cierto.
-Pero hay otra cosa que tampoco creo que pasarás por alto.
-¿Cuál es ella?
-Si es expedita o torpe para aprender: ¿podrás confiar en que alguien tome afición a aquello que practica con pesadumbre y en que adelanta poco y a duras penas?
-No puede ser.
-¿Y si, siendo en todo olvidadizo, no pudiera retener nada de lo aprendido? ¿Sería capaz de salir de su inanidad de conocimientos?
-¿Cómo?
-Y trabajando sin fruto, ¿no te parece que acabaría forzosamente por odiarse a sí mismo y al ejercicio que practica?
-¿Cómo no?
-Por lo tanto, al alma olvidadiza no la incluyamos entre las propiamente filosóficas, sino procuremos que tenga buena memoria.
-En un todo.
-Pues por lo que toca a la naturaleza inarmónica e informe, no diremos, creo yo, que conduzca a otro lugar sino a la desmesura.
-¿Qué otra cosa cabe?
-¿Y crees que la verdad es connatural con la desmesura o con la moderación?
-Con la moderación.
-Busquemos, pues, una mente que, a más de las otras cualidades, sea por naturaleza mesurada y bien dispuesta y que por sí misma se deje llevar fácilmente a la contemplación del ser en cada cosa.
-¿Cómo no?
-¿Y qué? ¿No creerás acaso que estas cualidades, que hemos expuesto como propias del alma que ha de alcanzar recta y totalmente el conocimiento del ser, no son necesarias ni vienen traídas las unas por las otras?
-Absolutamente necesarias -dijo.
-¿Podrás, pues, censurar un tenor de vida que nadie sería capaz de practicar sino siendo por naturaleza memorioso, expedito en el estudio, elevado de mente, bien dispuesto, amigo y allegado de la verdad, de la justicia, del valor y de la templanza?
-Ni el propio Momo -dijo- podría censurar a una tal persona.
-Y cuando estos hombres -dije yo- llegasen a madurez por su educación y sus años, ¿no sería a ellos a quienes únicamente confiarías la ciudad? ”
Platón. La República, libro VI.

4.17 Plató: La naturalesa de cada ésser humà ha de determinar el seu paper en la societat (Mite dels metalls)

«Sois, pues, hermanos todos cuantos habitáis en la ciudad -les diremos siguiendo con la fábula-; pero, al formaros los dioses, hicieron entrar oro en la composición de cuantos de vosotros están capacitados para mandar, por lo cual valen más que ninguno; plata, en la de los auxiliares, y bronce y hierro, en la de los labradores y demás artesanos. Como todos procedéis del mismo origen, aunque generalmente ocurra que cada clase de ciudadanos engendre hijos semejantes a ellos, puede darse el caso de que nazca un hijo de plata de un padre de oro o un hijo de oro de un padre de plata o que se produzca cualquier otra combinación semejante entre las demás clases. Pues bien, el primero y principal mandato que tiene impuesto la divinidad sobre los magistrados ordena que, de todas las cosas en que deben comportarse como buenos guardianes, no haya ninguna a que dediquen mayor atención que a las combinaciones de metales de que están compuestas las almas de los niños. Y si uno de éstos, aunque sea su propio hijo, tiene en la suya parte de bronce o hierro, el gobernante debe estimar su naturaleza en lo que realmente vale y relegarle, sin la más mínima conmiseración, a la clase de los artesanos y labradores. O al contrario, si nace de éstos un vástago que contenga oro o plata, debe apreciar también su valor y educarlo como guardián en el primer caso o como auxiliar en el segundo, pues, según un oráculo, la ciudad perecerá cuando la guarde el guardián de hierro o el de bronce.»

Platón. La República 415 a-c.

4.18 Plató: Crítica a la democràcia

” – Sócrates: Oirás decir por doquier, en una ciudad gobernada democráticamente, que la libertad es lo más hermoso y que sólo en un régimen así merecerá la pena vivir el hombre libre por naturaleza. Desde luego, eso es lo que se dice repetidamente. Pero y a esto venía yo, ¿no es el deseo insaciable de libertad y el abandono de todo lo demás, lo que prepara el cambio de este régimen hasta hacer necesaria la tiranía? […]

– Sócrates: Pues que el padre -dije- se acostumbra a hacerse igual al hijo y a temer a los hijos, y el hijo a hacerse igual al padre y a no respetar ni temer a sus progenitores a fin de ser enteramente libre; y el meteco se iguala al ciudadano y el ciudadano al meteco y el forastero ni más ni menos.

– Glaucón: Sí, eso ocurre -dijo.

– Sócrates: Eso y otras pequeñeces por el estilo -dije-: allí el maestro teme a sus discípulos y les adula; los alumnos menosprecian a sus maestros y del mismo modo a sus ayos; y, en general, los jóvenes se equiparan a los mayores y rivalizan con ellos de palabra y de obra, y los ancianos, condescendiendo con los jóvenes, se hinchen de buen humor y de jocosidad, imitando a los muchachos, para no parecerles agrios ni despóticos.

-Glaucón: Así es en un todo -dijo. […]

Sócrates: ¿Y conoces -dije- el resultado de todas estas cosas juntas, por causa de las cuales se hace tan delicada el alma de los ciudadanos que, cuando alguien trata de imponerles la más mínima sujeción, se enojan y no la resisten? Y ya sabes, creo yo, que terminan no preocupándose siquiera de las leyes, sean escritas o no, para no tener en modo alguno ningún señor.”

Platón. La República, 562a-563e

«…en el alma del mismo hombre hay algo que es mejor y algo que es peor; y cuando lo que por naturaleza es mejor domina a lo peor, se dice que «aquél es dueño de sí mismo», lo cual es una alabanza, pero cuando, por mala crianza o compañía, lo mejor queda en desventaja y resulta dominado por la multitud de lo peor, esto se censura como oprobio, y del que así se halla se dice que está dominado por sí mismo y que es un intemperante».

Platón. La República, 430e-431a

“- Tu pensa que el que et diré ha succeït a una o a moltes naus: hi ha un patró que guanya tots els de la nau en corpulència i en força, però sordeja i no s’hi veu gaire, i els seus coneixements de nàutica són a nivell dels sentits que hem dit; altrament, els mariners es barallen entre ells per pilotar, i cadascun es creu que ho ha de fer ell, tot i que mai no n’ha après l’art, i no pot dir qui ha estat el seu mestre ni el temps en què féu l’aprenentatge. Però és que damunt encara afirmen que no és cosa ensenyable, i estan disposats a esquarterar el qui digui que ho és; ells s’escampen sempre al voltant del patró i li demanen, i li fan tots els papers de l’auca perquè els confiï el timó; quan no el poder convèncer, sinó que més aviat ho fan d’altres, aquests, els maten o foragiten del vaixell; després subjuguen el noble patró amb mandràgores, o begudes o amb qualsevol altra cosa, i governen la nau i malgasten el que hi ha, i naveguen així, bevent i banquetejant, que és el que es pot esperar d’aquests tals, i , per acabar-ho d’adobar, lloen, qualificant-lo d’expert en nàutica i en l’art de pilotar i d’entès en les coses d’un vaixell, el que sigui hàbil a col·laborar perquè ells governin el bastiment convencent o violentant el patró; el qui no es presta a fer-ho, me’l menyspreen per inútil, tot això quan ells, de l’ofici en si del pilot no en saben res de res, de com li cal necessàriament tenir en compte les estacions de l’any , i el cel, i els astres, i els vents, i tots els aspectes que corresponen a aquests art, això si el pilot ha de ser realment el capità de la nau, per governar-la, tot prescindint del fet que alguns ho acceptin o no perquè pensin que un tal ofici i la seva pràctica no es poden assimilar només exercint el pilotatge. Doncs bé, si a les naus succeeix això que hem dit, no creus que del veritable pilot d’ofici els mariners de les naus tripulades així en diran que viu a la lluna, que té molta xerrameca, i que no els serveix per a res?
– Sí, i molt – afirmà Adimant.
I vaig fer jo: – No penso pas que et calgui veure la comparació interpretada en el sentit que aquesta actitud és equiparable a la de les ciutats pel que fa als filòsofs veritables; ja comprens el que vull dir.

República, 488a-489a
4.18 Plató: Els dirigents poden mentir

“Si hay, pues, alguien a quien le sea lícito faltar a la verdad, serán los gobernantes de la ciudad, que podrán mentir con respecto a sus enemigos o conciudadanos en beneficio de la comunidad, sin que ninguna otra persona esté autorizada a hacerlo.” La República, Llibre III, 339b