A fish called Wanda (1988) Miserere Dominus, canis mortuus est

Los miembros de una banda que han robado una joyeria con éxito deciden traicionar a George, el organizador del golpe. Sin embargo más tarde descubren que el botín no se encuentra en el lugar que habían establecido previamente, ya que George se les había anticipado en la traición.

Así pues se ven obligados a recurrir  al abogado de su líder, a quien intentan sonsacar la información sobre el escondrijo de diferentes maneras. Esto provocará una serie de situaciones divertidas, una de las cuales es la que os presento aquí: Ken, el menos espabilado de la banda, tiene que asesinar a uno de los testigos del juicio, una señora mayor que tiene tres perros. Como podéis ver, el chapucero Ken repite error tras error y los que se mueren son los perros, no la señora. Esto explica la letra de la canción que escuchamos en los funerales de los desgraciados animales: “Miserere, Dominus, canis mortuus est” (“Señor, ten piedad, un perro se ha muerto”). Evidentmente, el texto es una parodia de los cantos fúnebres para humanos, pero no me extrañaria que en un futuro no muy lejano se fuese incorporando a la litúrgia católica…

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