El decreto del 20 de abril de 1792 por el que Francia declara la guerra al rey de Hungría y Bohemia.

La Asamblea Nacional deliberando sobre la propuesta formal del rey; considerando que la corte de Viena, en menosprecio de los tratados, no ha cesado de conceder una clara protección a los franceses rebeldes; que ha provocado y formado un concierto con varias potencias de Europa contra la independencia y seguridad de la nación francesa.

  • Que Francisco I, rey de Hungría y de Bohemia, según se desprende de sus notas del 18 de marzo y de 7 de abril últimos, rechaza el renunciar a ese concierto.
  • Que, a pesar de la propuesta que se le hizo por la nota del 11 de marzo de 1792, de que redujera a las tropas al estado de paz, a ambos lados de la frontera, ha continuado y aumentado los preparativos hostiles.
  • Que ha atentado formalmente a la soberanía de la nación francesa, al declarar querer sostener las pretensiones de los príncipes alemanes que tienen posesiones en Francia, a los que la nación francesa no ha cesdo de ofrecer indemnizaciones.
  • Que ha buscado el dividir a los ciudadanos franceses y a armarlos unos contra otros, al ofrecer a los descontentos un apoyo en el concierto de las potencias.

Considerando, en fin, el rechazo a responder a los últimos despachos del rey de los franceses, ya no deja esperanza alguna de obtener, por la vía de una negociación amistosa, el arreglo de estos diversos agravios, y equivale a una declaración de guerra, decreta la urgencia.

  • Que la Asamblea Nacional declara que la nación francesa, fiel a los principios consagrados por la Constitución, no emprenderá ninguna guerra con el objeto de hacer conquistas, y que no empleará jamás sus fuerzas contra la libertad de ningún pueblo, ni tomaá las armas más que por el mantenimineto de su libertad e independencia; que la guerra a la que se ve obligada no es una guerra de nación a nación, sino la justa defensa de un pueblo libre contra la injusta agresión de un rey.
  • Que los franceses no confudirán nunca a sus hermanos con sus verdaderos enemigos, y que tratarán por todos los medios de suavizar el azote de la guerra, paraconservar y mantener las propiedades y para hacer recaer sólo sobre aquellos que se coaliguen contra su libertad, todas las desgracias inseparables de la guerra.
  • Que adopta de antemano a todos los extranjeros que, abrumando de la causa de sus enemigos, vengan a alinearse bajo sus banderas y consagren sus esfuerzos a la defensa de su libertad; que favorecerá incluso, por todos los medios que tenga, su establecimiento en Francia.

Deliberando sobre la propuesta formal del rey, y tras haber decretado la urgencia, decreta la guerra contra el rey de Hungría y bohemia.

F. Attar, La Révolution française déclare la guerre à l’Europe, pp. 165-166.

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Proclamación de la Asamblea Nacional sobre La patrie en danger 11 de julio de 1792

Ciudadanos: la Patria está en peligro. Que aquellos que van a tener el honor de ser los primeros en luchar por lo que más quieren, recuerden siempre que son franceses y libres. Que sus con ciudadanos velen en sus casas por la seguridad de la personas y de los bienes, que los responsables públicos se mantengan alerta. Que todos, con un valor sosegado, atributo de la verdadera fuerza, esperen el aviso de la ley, y la patria se salvará.

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Las conspiraciones de los emigrados en Coblenza diciembre de 1791

Hay en Coblenza, en estos momentos, un buen número de antiguos diputados. A pesar de que su función ya terminó y de que, seguramente, pocos intentan reunir los Estados Generales por segunda vez, varios de entre ellos se creen todavía que son diputados. La costumbre de formar parte de un órgano de deliberación y la manía de representar todavía un papel hacen que aparezcan proyectos, planes de financiación. La cuestión es coaligar a las provincias, hacer un empréstito de 40 millones, respondiendo con los bienes de la nobleza. Se intriga, se forman asambleas provinciales. Calonne examina esos proyectos y hace que los príncipes los aprueben. Se nombran comisarios.

Se delibera; se forman partidos a favor o en contra; y cuando lo que quieren es crear una unión general, se acaloran las partes y a punto están de desunirse. Felizmente, todos estos extravagantes proyectos, tan insensatos como irrealizables en la práctica, se abandonan y se desvanecen. Hemos colaborado un poco a ello, declarando seriamente, en respuesta al plan que nos han comunicado por orden de los príncipes, que no nos hemos trasladado y reunido en Coblenza para deliberar y ocuparnos en realizar proyectos políticos y de financiación, sino para actuar militarmente a las órdenes de los príncipes, para servir en una misión ilimitada, junto co ellos, a nuestro desventurado soberano, y restablecer la religión y la monarquía en toda su integridad […]

Citado por Chaulanges, M. VV.AA., O. C., pp. 54-55.

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Primer discurso de Robespierre contra la guerra. 18 de diciembre de 1791

Señores: ¡ La guerra!, gritan la Corte, los ministros y sus innumerables partidiarios. ¡ La guerra!, repite un gran número de buenos ciudadanos, movidos por la generosidad.

[…] ¿ Quién se atreverá a contradecir este imponente griterío? Nadie; a no ser los que están convencidos de que hay que deliberar con madurez, antes de toar una reslución decisiva para la salud del Estao y para el destino de la Constitución; los que han observado que a la precipitación y al entusiasmo del momento se deben las medidas más funestas que han comprometido nuestra libertad, favoreciendo los proyectos y aumentando el poder de sus enemigos […]

Yo no voy a favorecer la opinión del momento ni a adularal poder dominante; tampoco voy a predicar una doctrina pusilánime ni a aconsejar un sistema débil y de inercia; sino que voy a desarrollar una trama profunda que creo conocer bastante bien. Yo también quiero la guerra pero como la requiere el interés de la nación. Desconfiemos de nuestros enemigos internos y marchemos inmediatamente contra los enemigos extranjeros si es que existen para entonces. […]

La nación no rechaza la guerra, si es necesaria para adquirir la libertad; pero quiere la libertad y la paz si es posible, y rechaza todo proyecto de guerra que se proponga anular la libertad y la Constitución, incluso so pretexto de defenderlas. […]

 ¿ Cúal es la guerra que podemos prever? […] Es la guerra de los enemigos de la Revolución francesa contra la Revolución francesa. ¿ Los más numerosos y peligrosos están en Coblenza? No, están entre nosotros. ¿ Podemos temer, razonablemente, la posibilidad de encontrarlos tanto en la Corte, como en el gobierno? […]

La guerra es siempre el primer deseo de un gobierno poderoso que quiere serlo aún más. […] Es durante la guerra cuando el poder ejecutivo despliega la más terrible energía y ejerce una especie de dictadura que no puede por más que ahuyentar la naciente liberad; es durante la guerra cuando el pueblo olvida las deliberaciones que atañen esencialmente a sus derechos civiles y políticos para no ocuparse más que de los asuntos exteriores […]

Es durante la guerra cuando la misma Ley les reviste del poder para castigar arbitrariamente a los soldados. Es durante la guerra cuando la actitud de una obediencia pasiva y el estusiasmo natural por los jefes afortunados hace de lossoldados de la patria los soldados del monarca o de sus generales. En época de problemas y de facciones, los jefes de ñps ejércitos se convierten en árbitros del destino de su país y hacen inclinar la balnza en favor del partido que ellos han elegido. Si son Césares o Cromwell ellos mismos se adueñan del poder.

No es así como razonan aquellos que, impacientes de emprender la guerra, paece que la miran como si fuera la fuente de todos los bienes; puesto que es más fácil abandonarse al estusiasmo que consultar a la razón. De esta forma creen ver, ya, la bandera tricolor izada en los palacios de los emperadores, de los sultanes, de los papas y de los reyes. […]

Otros aseguran que, en cuanto declarems la gerra, veremos derrumbarse todos los tronos a la vez. […] cuando observo las circunstancias reales en las que nos encontramos: cuando en lugar del pueblo, contemplo a la corte y a los servidores de la corte, […] cuando oigo propalar, con énfasis, todas esas declamaciones sobre la libertad universal, a hombres podridos en el fango de las cortes, que no cesan de calumniarla, de perseguirla en su propio país; entonces pido por lo menos que se quiera pensar seriamente sobre una cuastión de tal importancia […]

¿ Cúal es el primer deber del poder ejecutivo? ¿ No es el de comenzar haciendo todo lo que esté en su mano para prevenirla? […] Ha favorecido durante dos años las emigraciones y la insolencia de los rebeldes. […]

[…] Resumiendo: no hay que declarar la guerra en la actualidad. Antes que nada, hay que fabricar, por todas partes, armas sin descanso; hay que armar alos guardias nacionales; hay que armar al pueblo aunque no sea más que con picas; hay que tomar medidas rigurosas y diferentes de las que se han tomado hasta ahora, para que los ministros no puedan descuidar impunente lo que exige la seguridad del Estado; hay que apoyar la dignidad del pueblo y defender sus derechos, que han estado muy descuidados. Hay que vigilar el gasto fiel de finanzas, cubieras aún de tinieblas, en lugar de acabar de arruinarlas con una guerra imprudente […] ; hay que castigar a los ministros culpables y continuar la resolución de reprimir a los curas sediciosos.

En el caso de que, despreciando la razón y el interés público, se hubiese decidido la guerra, habría que ahorrarse, por lo menos, la vergüenza de hacerla según la dirección y el plan de la corte. Habría que coenzar por acusar al último ministro de la Guerra, para que su sucesor entienda que la mirada de pueblo esta fija en él; habría que empezar por abrir un proceso a los rebeldes y secuestrar sus bienes, para que nuestros soldados no parezcan adversarios que van a luchar a favor de la causa del rey contra una facción opuesta, sino ministros de la Justicia Nacional que van a castigar a los culpables. […]

Citado por Godechot, J., O. C., La Penseé…, pp. 178-189.

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Discurso de Isnard En la Asamblea Legislativa sobre la guerra. 29 de noviembre de 1791.

El pueblo francés va a convertirse en el pueblo más destacado del universo. Siendo esclavo, fue intrépido y valiente; siendo libre ¿ Será tímido y débil? Hay que tratar a todos los pueblos como hermanos, no insultar a nadie, pero no soportar que nos insulten, no declarar la guerra más que por justicia, no envainar la espada más que después de la victoria. En resumen, todos tenemos que estar dispuestos siempre a morir por ella y a desaparecer de la superficie del globo, antes que dejarse encadenar de nuevo: éste es el espíritu francés.

En estado de revolución un pueblo es invencible. El estandarte de la libertad es la de la victoria […]

La vía de las armas es la única que nos queda contra los rebeldes que no quieren cumplir con su deber […]

Nuestros adversarios son los enemigos de la Consttución. Quieren devolvernos, por medio del acero y de la hambruna, los parlamentos y la nobleza, a la vez que quieren aumentar la prerrogativas del rey, un hombre cuyos deseos pueden paralzar la voluntad de toda una nación, un hombre que dilapida 30 millones, cuando millones de ciudadanos viven desesperados […]

Quieren resucitar la nobleza, que en su orgullo, su insolencia y su barbarie, cree que los ciudadanos no son hombres: ¡ quieren resucitar la nobleza! […]

Todos, con el oro en una mano y con la espada en la otra, lucharemos contra esta orgullosa raza y la obligaremos a soportar el suplicio de la igualdad.

Elevémonos, en estas circunstancias, a la altura de nuestra misión, hablemos a los ministros, al rey y a Europa con la convincente firmeza.

[…] Digámosle al rey que su interés reside en defender la Constitución y que su corona depende de este palladium sagrado; que no reina más que ara el pueblo y por el pueblo; que la nación es su soberano y que él es un súbdito de la ley. digámosle a Europa que si los gabinetes deciden conducir a los reyes a una guerra contra los pueblos, nosotos empujaremos a los pueblos a una guerra contra los reyes […].

Digámosle, igualmente, que todas las luchas que mantienen los pueblos por orden de los déspotas se parecen a los golpes que se dan dos amigos que actúan en la oscuridad, a instancias de un pérfido instigador. Pero al llegar la claridad del día, tirarán sus armas, se abrazarán y castigarán al que les había engañado. Asimismo, si en el momento en que los ejércitos enemigos lucharen contra nosotros, sus ojos sevieran alcanzados por el día de la filosofía, los pueblos se abrazarán ante los tiranos que serán destronados y ante lamirada satisfecha de la tierra y el cielo.

Digámosle, por último, que 10 millones de franceses atizados por el fuego de la libertad, y armados con la espada, la pluma y la razón de la elocuencia, odrán, ellos solos, en caso de provocación, cambiar la faz del mundo y hacer temblar a todos los tiranos sentados sobre tronos de arcilla.

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Carta del marqués de Ferrières sobre las Masacres del Champ-de-Mars. 17-18 de julio de 1791

A la señora de Ferrières:

Hemos tenido algunos disturbios […]. Todo ha terminado felizmente. Los movimientos de los facciosos, afortunadamente, han sido desbaratados. El decreto emanado el viernes, sobre la importante cuestión de la inviolabilidad del rey y sobre el pesunto delito de evasión, había neutralizado los proyectos de los orleanists, de los republicanos, y de los hombres que no desean más que los disturbios y la anarquía. Además, se soltó a los encizañadores de la capital la misma noche en los Clubs, en los cafés, y gritaron los horrores contra Luis XVI y contra la Asamblea. Una tropa de bribones corrió a cerrar los espectáculos […]. Una numerosa diputación del Palais-Royal, de las Halles, de la sociedad fraternal, de los Cordeliers, se dieron cita en los Jacobinos, y allí, se pusierona gritar que no querían más rey, que había que invalidar el Decreto de la Asamblea. El honrado Robespierre, Pétion, Laclos, apoyaron decididamente esta moción. Se propuso redactar una petición, y llevarla al Champ-de-Mars, al altar de la patria para que la firmasen todos los ciudadanos, y enviarla a los departamentos. […]

El sábadoun grupo de obreros, de bandidos, d extranjeros, de vagabundos, se dirigieron al Champ-de-Mars. El ilustre Dantón y un inglés leyeron, en voz alta, la petición, y exhortaron a firmarla a los que llamaron ciudadanos. La Asamblea, avisada de esta reunión y de las instrucciones culpables de los facciosos, mandó y encargó al directorio, al Ayuntamiento, a los fiscales, a los ministros, bajo su responsabilidad, velar por la seguridad pública y disolver las reuniones. El señor La Fayette marchó a la cabeza de un destacamento de la Guardia Nacional, con un cañón, Los que llevaban la petición, viendo a la fuerza pública dispuesta a desplegarse, se retiraron. El sábado se empleó en levantar al pueblo.

No obstant, los diputados de la Asamblea Nacional miembros de los jacobinos, que últimamente y por más tiempo, no podían seguir perteneciendo a una sociedad compuesta por hombres cuya probada intención era derribar la Constitución, se reunieron en la iglesia de los Feuillants y decidieron no integrarse, en el futuro, en los jacobinos. […]

Domingo 18, un número mayor de bandidos y facciosos se reunieron en el Champ-de-Mars, con la petición. Comenzaron por colgar a un probre inválido y a un muchacho que era peluquero, con el pretexto de que habían socavado el altar de la patria, y seguidamente, les cortaron la cabeza y se aprestaron a llevar este estandarte sanguinolnto por las calles. Llega el señor La Fayette. Un hombre le dispara con su fusil a quemarropa, pero el fusil no tira. Se detiene al hombre y se logra disolver la segunda reunión. Por la noche, esta masa de energúmenos, con algunos bandidos más, se reúne nuevamente en el Champ-de-Mars y reanudan sus gritos y sus firmas. Informado el Ayuntamiento, vio que finalmente tenía que recurrir a la fuerza. Se proclama la ley Marcial. Se despliega la bandera roja. Los agentes municipales se encaminan lentamente al Champ-de.Mars, apoyados por destacamentos de la Guardia Nacional y por un grupo de caballería. El señor La Fayette manda avanzar algunos cañones. Una vez que llegan al Champ-de- Mars, los agentes municipales proclaman la ley Marcial. Los facciosos gritan ¡ Abajo la bayoneta y la bandera roja! Se apostan seguidamente sobrelos declives que bordean el Champ-de-Mars, y provocan una lluvia y granizada de piedras sobre la Guardia Nacional y los oficiales municipales. La guaria Nacional recibe la orden de abrir fuego. Tiro al aire. Los facciosos, no muy intimidaos por esta descarga, subiendo hasta el altar de la Patria, se arman con piedras y atacan a la Guardia Nacional.

Los oficiales municipales ordenan a todos los buenos cidadanos que se retiren. La GuardiaNacional avanza para disolver la reunión. Los facciosos continúan lanzando piedras y disparando tiros de fusil y pistola. Un ayudante de campo del señor La Fayette es alcanzado en la cabeza por una piedra. Entonces la Guardia Nacional abre fuego. Matan a quince o veinte personas y hieren a otras tantas. Asustados, los facciosos emprenden la huida. La caballeria se pone en movimiento y termina de disolverles. Se ilumina la noche y la noche fue tranquila.

Ayer, lunes, ya no hubo más reuniones.

Espero que este ejemplo necesario produzca su efecto. De entre el gran número de hombres reunidos en el Champ-de-Mars, había muy pocos ciudadanos de París. La mayor parte eran vagabundos, extranjeros, pagados por Prusia, por Inglaterra, por el duque de Orleans, y gente malintencionada. […] nos desembarazaremos pronto de esta horda de bandidos que no piden más que anarquía y pillaje. Creo, no obstante,ue existen en el departamento y en el Ayuntamiento varios miembros que quieren la República […] Además la Guaria Nacional está muy decidida a no actuar con miramientos. Se ha detenido a mucha gente; será fácil remontarse al origen del mal. […]

La Asamblea reconce que ya s hora de determinar todo lo que respeta a la huida del rey. Cuanto más se retrase, más se agitarán los espíritus.

Citado por REINHARD, M., O. C., pp. 489-491.

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Memorial de los Cordeliers. 15 de julio de 1791

A LA NACIÓN

Ciudadanos y hermanos:

Los Amigos de los Derechos del Hombre y del Ciudadano os comunican que, informados de que la Asamblea Nacional se disponía a pronunciarse sobre Luis Capeto, el mayor, sin esperar a que se manifestase la opinión de los 83 departamentos, presentó la siguiente petición […] cuyo objeto era pedir que los representantes no decidieran nada con respecto al porvenir del anteriormente llamado rey, sin consultar a la nación soberana.

Una conducta semejante califica, de por sí, a un jefe que os ignora y a unos representantes que se dejan manipular.

Por lo tanto, ya no os convienen en adelante, y sus propias faltas, al igual que la prolongación abusiva y arbitraria del tiempo de su madato, os advierten de que debéis retirarles vuestros poderes y transferirlos a manos más puras.

Por consiguiente, osadvertimos con confianza y fraternidad, os aconsejamos, que os comprometáis a ordenar a vuestros mandatarios que retiren y anulen el decreto de suspensión de convocatoria de los Cuerpo electorales […]

Y, como cualesquiera que sean los mandatarios actuales o futuros, la experiencia del pasado nos enseña que podrían transgredir, o eludir, el objeto y el fin de vuestros mandatos, sobre todo en lo que respecta a las grandes cuestiones relativas al Poder Ejecutivo, os ofrecemos la posibilidad de hacernos depositarios de una copia de vuestros deseos e instrucciones, y os prometemos nuestra vigilancia y la más diligente información sobre el uso que podríais realizar […]

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Discurso de Barnave en la Asamblea nacional. 15 de juio de 1791

Lo que me da miedo es nuestra fuerza, nuestras agitaciones, la indefinida prolongación de nuestra fiebre revolucionaria… ¿ Vamos a termnar la Revolución o la vamos a reiniar? […]

Si la Revolución da un paso más, no puede hacerlo sin correr peligro, y es que, en la línea de la libertad, el siguiente hecho sería la aniquilación de la realeza; en la línea de la igualdad, el siguiente acto sería el atentar contra la propiedad […] ¿ Existe aún otra aristocracia que no sea la de la propiedad? Para los que querrían ir más lejos, ¿ qué otra Noche de 4 de Agosto queda por hacer, si no es una contra las leyes de propiedad? […]

Yaes hora de terminar la Revolución […]. tiene que parar desde el omento en que la nación es libre y todos los franceses son iguales […] todo el mundo debe darse cuenta que el interés común es que la Revolución se pare; está llegando al final; la felicidad de la patria exige que no prosiga más tiempo. […]

La abolición de la realeza, destruyéndose la última de las antiguas instituciones, terminaría de aniquilar el respeto por todo lo que se funda en la posesión y el tiempo, y empujaría a la gente a la idea del reparto de las propiedades.

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Intervención de Pétion en el club de los jacobinos. 8 de julio de 1791

Esta importante cuestión sobre la huida del rey se plantearía de la siguiente forma ¿ Se colocará al rey fuera de encausarle? Si se decide que no se puede encausar al rey, se confirma la inviolabilidad en todos los casos, y , por lo tanto, el rey jamás podrá ser culpable de ningún delito.

[…] ¿ Puede el rey, debe de ser, encausado?  A la primera pregunta, ¿ Puede el rey ser encausado? Lo afirmo, y no creo que este punto se pudiera cuestionar. Sin embargo en los Comités se ha dicho: es importante que no se pueda en ningún caso perseguir al rey. Si pudiera serlo, se quebrantaría la inviolabilidad; y añaden, si llega a pasar, que en particulares circunstancias, el rey pareciera culpable, hay que apresurarse a correr un velo entre él y la Ley, y buscar en otra parte a los culpables.

No comparto esa opinión, insisto, es la de los Comités. […] Es verdad que el rey es inviolable por la Constitución, lo es en los actos de la admistración porque en esos actos es necesario la firma de un ministro, ya que ese ministro es responsable […] En este sentido la inviolabilidad no choca con a razón. Pero hay que distinguir lo que depende de la persona real, de lo que pertenece a los actos de la administración pura y simplemente; en los actos personales, no hay nadie que responda, y si hay delito hay que buscar al culpable. […] Pero además, la Constitución ha reconocido casos en los que el rey no es nviolable: en el decreto sobre la regencia, hay un artículo que dice que si el rey sale del reino, recibiendo advertencia, si no vuelve, se le depone de la corona. He aquí un caso en el que e rey no es inviolable […] Hay otro artículo en la Constitución que dice que un rey que se niega a prestar juramento a la Constitución no podrá subir al trono. Con más razón un rey que ha prestado juramento y que lo ha violado no puede quedarse en él. Está claro que el rey ha perdido su inviolabilidad, que está en caso de ser juzgado y finalmente que se le puede juzgar.

Ahora, vayamos al segundo punto: ¿se pude juzgar al rey? ¿Es eso lo que exige el interés general? […] Nos dicen: si hacéis juzgar al ey, todos ls potentados de Europa abrazarán su causa; será la de todos, y desde entoces estarán interesados en hacernos la guerra. […] Confieso que no temo demasiado estos hostiles ataques. Y no entiendo cómo todas las potencias se decidirían a atacar desconsideradaente a un pueblo que lo qu quiere, a toda costa, es su libertad. […] este jefe el rey que querría destruir vuestra leyes, puede emplear esta mismas fuerzas, para crear disturbios en el interior del Imperio, y ¡ éste es el peligro real !

[…] Un poder hereditario que actúa sucesiva y gradualmente en la mismadircción, destruye insensiblemente a todos los poderes constituidos. Además en un país libre, el pueblo no se gobirna sino con la razón, por la convicción, por la persuasión. Entonces, es necesaria la confianza, y si no hay ninguna confianza en un funconario público, es imposible que continúe en su puesto, nadie querría obedecerle. […] Pero, reinstalando a Luis XVI en el trono, os atreveríais a decir a las gentes, ha ahí al hombre que ha conspirado contra vuestra Constitución, he ahí al hombre perjuro que quería destruiresta Constitución, que vosotros, y él, habéis jurado.

[…] y lo reinstalamos en el rono; ponemos otra vez en sus manos vuestro Poder Ejecutivo, ¡ el más peligroso de todos! ¡ Queréis, por lo tanto, que subvierta vuestra constitución! dirían las gentes. Por las formas jurídicas mucha gente pensará que el rey no puede ser juzgado como los demás ciudadanos, pero eso no es ás que una sutileza, pues esta opinión se basaría sobre una inviolabilidad sin límites: para despejar sta opinión basta con preguntar lo que se entiende por inviolabilidad.

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Carta de Luis XVI a su cuñado Leopoldo II de Austria. Julio de 1791

En Europa,nadie ignora el amor que tiene el rey por sus ueblos y la generosidad con la que se portó al decidir la convocatora de los Estados Generales y, tras la apertura de Esta Asamblea, en todas la ocasiones. Las bondades y la generosidad del rey han sido pagadas co innumerables ultrajes a él y a su familia, y con la cautividad en que le retienen desde hace casi dos años. Elrey se resignaba a todos los sacrificios personales que se le exigieran, y a soportar a todas las penalidades del estado en que se encuentra, esperando que todos los trabajos emaados de los representantes de la nación condujesen al bien del reino. Ahora, que la Asamblea toca a su fin, que se ha destruido todo tipo de Gobierno, que os Clubs se han apoderado de toda autoridad, incluso por encima de la Asamblea, que ya no se puede esperar que pueda corregir las faltas que ha cometido, ni siquiera la nuevalegislatura, si el espíritu de los Clubs la dominase, y que el resto de simulacro de autoridad que le queda al rey es inútil para hacer el bien y evitar el mal; tras estas consideraciones, el rey decidió hacer un último esfuerzo para recuperar su libertad y unirse a los franceses que desean, de verdad, el bien de su patria, pero los enemigos, los facciosos, han logrado hacer fracasar su proyecto: se encuentra arrestado aún y retenido prisionero en París. El rey ha decidido haer saber a Europa, el estado en que se encuentra, y confiando sus penas al emperador, su cuñado, no dda que tomará todas las medidas que su generoso corazón le dicte, para acudir en auxilio del rey y del reino de Francia.

Luis.

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