Discurso de Isnard En la Asamblea Legislativa sobre la guerra. 29 de noviembre de 1791.

El pueblo francés va a convertirse en el pueblo más destacado del universo. Siendo esclavo, fue intrépido y valiente; siendo libre ¿ Será tímido y débil? Hay que tratar a todos los pueblos como hermanos, no insultar a nadie, pero no soportar que nos insulten, no declarar la guerra más que por justicia, no envainar la espada más que después de la victoria. En resumen, todos tenemos que estar dispuestos siempre a morir por ella y a desaparecer de la superficie del globo, antes que dejarse encadenar de nuevo: éste es el espíritu francés.

En estado de revolución un pueblo es invencible. El estandarte de la libertad es la de la victoria […]

La vía de las armas es la única que nos queda contra los rebeldes que no quieren cumplir con su deber […]

Nuestros adversarios son los enemigos de la Consttución. Quieren devolvernos, por medio del acero y de la hambruna, los parlamentos y la nobleza, a la vez que quieren aumentar la prerrogativas del rey, un hombre cuyos deseos pueden paralzar la voluntad de toda una nación, un hombre que dilapida 30 millones, cuando millones de ciudadanos viven desesperados […]

Quieren resucitar la nobleza, que en su orgullo, su insolencia y su barbarie, cree que los ciudadanos no son hombres: ¡ quieren resucitar la nobleza! […]

Todos, con el oro en una mano y con la espada en la otra, lucharemos contra esta orgullosa raza y la obligaremos a soportar el suplicio de la igualdad.

Elevémonos, en estas circunstancias, a la altura de nuestra misión, hablemos a los ministros, al rey y a Europa con la convincente firmeza.

[…] Digámosle al rey que su interés reside en defender la Constitución y que su corona depende de este palladium sagrado; que no reina más que ara el pueblo y por el pueblo; que la nación es su soberano y que él es un súbdito de la ley. digámosle a Europa que si los gabinetes deciden conducir a los reyes a una guerra contra los pueblos, nosotos empujaremos a los pueblos a una guerra contra los reyes […].

Digámosle, igualmente, que todas las luchas que mantienen los pueblos por orden de los déspotas se parecen a los golpes que se dan dos amigos que actúan en la oscuridad, a instancias de un pérfido instigador. Pero al llegar la claridad del día, tirarán sus armas, se abrazarán y castigarán al que les había engañado. Asimismo, si en el momento en que los ejércitos enemigos lucharen contra nosotros, sus ojos sevieran alcanzados por el día de la filosofía, los pueblos se abrazarán ante los tiranos que serán destronados y ante lamirada satisfecha de la tierra y el cielo.

Digámosle, por último, que 10 millones de franceses atizados por el fuego de la libertad, y armados con la espada, la pluma y la razón de la elocuencia, odrán, ellos solos, en caso de provocación, cambiar la faz del mundo y hacer temblar a todos los tiranos sentados sobre tronos de arcilla.

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