Carta del marqués de Ferrières sobre las Masacres del Champ-de-Mars. 17-18 de julio de 1791

A la señora de Ferrières:

Hemos tenido algunos disturbios […]. Todo ha terminado felizmente. Los movimientos de los facciosos, afortunadamente, han sido desbaratados. El decreto emanado el viernes, sobre la importante cuestión de la inviolabilidad del rey y sobre el pesunto delito de evasión, había neutralizado los proyectos de los orleanists, de los republicanos, y de los hombres que no desean más que los disturbios y la anarquía. Además, se soltó a los encizañadores de la capital la misma noche en los Clubs, en los cafés, y gritaron los horrores contra Luis XVI y contra la Asamblea. Una tropa de bribones corrió a cerrar los espectáculos […]. Una numerosa diputación del Palais-Royal, de las Halles, de la sociedad fraternal, de los Cordeliers, se dieron cita en los Jacobinos, y allí, se pusierona gritar que no querían más rey, que había que invalidar el Decreto de la Asamblea. El honrado Robespierre, Pétion, Laclos, apoyaron decididamente esta moción. Se propuso redactar una petición, y llevarla al Champ-de-Mars, al altar de la patria para que la firmasen todos los ciudadanos, y enviarla a los departamentos. […]

El sábadoun grupo de obreros, de bandidos, d extranjeros, de vagabundos, se dirigieron al Champ-de-Mars. El ilustre Dantón y un inglés leyeron, en voz alta, la petición, y exhortaron a firmarla a los que llamaron ciudadanos. La Asamblea, avisada de esta reunión y de las instrucciones culpables de los facciosos, mandó y encargó al directorio, al Ayuntamiento, a los fiscales, a los ministros, bajo su responsabilidad, velar por la seguridad pública y disolver las reuniones. El señor La Fayette marchó a la cabeza de un destacamento de la Guardia Nacional, con un cañón, Los que llevaban la petición, viendo a la fuerza pública dispuesta a desplegarse, se retiraron. El sábado se empleó en levantar al pueblo.

No obstant, los diputados de la Asamblea Nacional miembros de los jacobinos, que últimamente y por más tiempo, no podían seguir perteneciendo a una sociedad compuesta por hombres cuya probada intención era derribar la Constitución, se reunieron en la iglesia de los Feuillants y decidieron no integrarse, en el futuro, en los jacobinos. […]

Domingo 18, un número mayor de bandidos y facciosos se reunieron en el Champ-de-Mars, con la petición. Comenzaron por colgar a un probre inválido y a un muchacho que era peluquero, con el pretexto de que habían socavado el altar de la patria, y seguidamente, les cortaron la cabeza y se aprestaron a llevar este estandarte sanguinolnto por las calles. Llega el señor La Fayette. Un hombre le dispara con su fusil a quemarropa, pero el fusil no tira. Se detiene al hombre y se logra disolver la segunda reunión. Por la noche, esta masa de energúmenos, con algunos bandidos más, se reúne nuevamente en el Champ-de-Mars y reanudan sus gritos y sus firmas. Informado el Ayuntamiento, vio que finalmente tenía que recurrir a la fuerza. Se proclama la ley Marcial. Se despliega la bandera roja. Los agentes municipales se encaminan lentamente al Champ-de.Mars, apoyados por destacamentos de la Guardia Nacional y por un grupo de caballería. El señor La Fayette manda avanzar algunos cañones. Una vez que llegan al Champ-de- Mars, los agentes municipales proclaman la ley Marcial. Los facciosos gritan ¡ Abajo la bayoneta y la bandera roja! Se apostan seguidamente sobrelos declives que bordean el Champ-de-Mars, y provocan una lluvia y granizada de piedras sobre la Guardia Nacional y los oficiales municipales. La guaria Nacional recibe la orden de abrir fuego. Tiro al aire. Los facciosos, no muy intimidaos por esta descarga, subiendo hasta el altar de la Patria, se arman con piedras y atacan a la Guardia Nacional.

Los oficiales municipales ordenan a todos los buenos cidadanos que se retiren. La GuardiaNacional avanza para disolver la reunión. Los facciosos continúan lanzando piedras y disparando tiros de fusil y pistola. Un ayudante de campo del señor La Fayette es alcanzado en la cabeza por una piedra. Entonces la Guardia Nacional abre fuego. Matan a quince o veinte personas y hieren a otras tantas. Asustados, los facciosos emprenden la huida. La caballeria se pone en movimiento y termina de disolverles. Se ilumina la noche y la noche fue tranquila.

Ayer, lunes, ya no hubo más reuniones.

Espero que este ejemplo necesario produzca su efecto. De entre el gran número de hombres reunidos en el Champ-de-Mars, había muy pocos ciudadanos de París. La mayor parte eran vagabundos, extranjeros, pagados por Prusia, por Inglaterra, por el duque de Orleans, y gente malintencionada. […] nos desembarazaremos pronto de esta horda de bandidos que no piden más que anarquía y pillaje. Creo, no obstante,ue existen en el departamento y en el Ayuntamiento varios miembros que quieren la República […] Además la Guaria Nacional está muy decidida a no actuar con miramientos. Se ha detenido a mucha gente; será fácil remontarse al origen del mal. […]

La Asamblea reconce que ya s hora de determinar todo lo que respeta a la huida del rey. Cuanto más se retrase, más se agitarán los espíritus.

Citado por REINHARD, M., O. C., pp. 489-491.

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