Las conspiraciones de los emigrados en Coblenza diciembre de 1791

Hay en Coblenza, en estos momentos, un buen número de antiguos diputados. A pesar de que su función ya terminó y de que, seguramente, pocos intentan reunir los Estados Generales por segunda vez, varios de entre ellos se creen todavía que son diputados. La costumbre de formar parte de un órgano de deliberación y la manía de representar todavía un papel hacen que aparezcan proyectos, planes de financiación. La cuestión es coaligar a las provincias, hacer un empréstito de 40 millones, respondiendo con los bienes de la nobleza. Se intriga, se forman asambleas provinciales. Calonne examina esos proyectos y hace que los príncipes los aprueben. Se nombran comisarios.

Se delibera; se forman partidos a favor o en contra; y cuando lo que quieren es crear una unión general, se acaloran las partes y a punto están de desunirse. Felizmente, todos estos extravagantes proyectos, tan insensatos como irrealizables en la práctica, se abandonan y se desvanecen. Hemos colaborado un poco a ello, declarando seriamente, en respuesta al plan que nos han comunicado por orden de los príncipes, que no nos hemos trasladado y reunido en Coblenza para deliberar y ocuparnos en realizar proyectos políticos y de financiación, sino para actuar militarmente a las órdenes de los príncipes, para servir en una misión ilimitada, junto co ellos, a nuestro desventurado soberano, y restablecer la religión y la monarquía en toda su integridad […]

Citado por Chaulanges, M. VV.AA., O. C., pp. 54-55.

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