Decreto de la Asamblea Nacional sobre la huida del Rey. 21 de junio de 1791

La Asamblea Nacional ordena que el ministro del Interior expida, al instate, correos a todos los departamentos con orden, para todos los funcionarios públicos y Guardias Nacionales o tropas de línea del Imperio, de arrestar o hacer arrestr a cualquier persona que intente salir del reino y, asimismo, impedir que se saquen efectos, armas u objetos de oro o plata, caballos, carruajes, municiones, y, en el caso de que los correos se encontaran con la familia real o con aquellos que hubieran podido intervenir en su secuestro, los funcionarios públicos o guardias Nacionales y tropas de línea estarán obligados a tomar todas la medidas necesarias para poner fin al mencionado secuestro, impidiendo que continúen su camino y comunicando seguidamete tal acto al Cuerpo Legislativo.

Cotejado con el orginal por el presidente y secretario de la asamblea Nacional, en París, el 21 de junio de 1791.

Visto el presente decreto y comprendida l urgencia por las circunstancias.

(Firmado por el presidente Alejdro de Beauharnais y por Régnier, diputado de la Meurthe.)

Publicat dins de Assemblea Nacional Constituent | Deixa un comentari

Petición de los Cordeliers a la Asamblea Nacional. 21 de junio de 1791

Henos aquí en la misma situación en la estábamos tras la toma de la Bastilla: libres y sin rey. Queda por saber si es beneficioso nombrar otro. […]

La Sociedad de los Amigos de los Derechos del Hombre y del Ciudadano no querría, quizás, pedir tan temprano la supresión de la realeza, si fiel a sus juramentos, el rey hubiese cumplido su deber, si los pueblos, siempre juguetes de esta situación funesta del génro humano, no hubiesen abierto, al fin, sus ojos a la luz. Pero hoy que el rey, dueño de conservar la corona, la ha rechazado voluntariamente; hoy, en que la voz pública se expresa, hoy en que todos los ciudadanos ya se han liberado, cumplimos un debar de servir de órgano a su deseo, pidiendo, instantáneamente y para siempre, la destrucción de este azote para la libertad.

Legisladoes, tenéis una gran lección ante los ojos; reflexionan que, tras lo que acaba de pasar, es imposible que vayáis a inspirar al pueblo algún grao de confianza en el funcionario al que llamamos rey; y según esto, os conjuramos, en nombre de la patria, a declarar sobre la marcha que Francia no será más que una monarquía, sinó una república, o al menos, a esperar a que todos los departaments, todas las Asambleas primarias hayan emitido su opinión sobre esta importante cuestión, antes de pensar en atar por segunda vez a las cadenas y a los grillos de la monarquía al más hermoso imperio del mundo.

Publicat dins de Assemblea Nacional Constituent | Deixa un comentari

Declaración del rey a todos los franceses, a su salida de París, 20 de junio de 1791

París, 20 de junio de 1791.

El rey no a regateado ningún sacrificio personal, en la esperanza de ver renacer el orden y la felicidad del reino, con los medios empleados por la Asamblea Nacional y por el traslado de su residencia al lado de esta Asamblea, en la capital del reino. Ni siquiera hubiera alegado la nulidad de todas las gestiones que ha efectuado desde el mes de octubre de 1789, manchadas po la ausencia total de liberad, si se hubiera alcanzado ese espíritu. Pero hoy la única recompensa que se ha logrado ha sido contemplar la destrucción de la realieza, […] el rey, después de protestar solemnemente contra todos los actos emanados de él durante su cautividad, cree que debe mostrar a los francesas, y a todo el universo, el panorama de su conducta y el del gobierno establecido en el reino. […]

¿ Qué le queda al rey sino el vano simulacro de la realeza? […] Vamos a examinar seguidamente kas dversas partes del gobierno.

La Justicia. El rey no tiene ninguna participación en la confección de las leyes; sólo posee el derecho de vetar, hasta la tercera legislatura, las cuestiones que no sean consideradas constituciones. […]

La administración interior: está enteramente en manos de los departamentos, de los distritos y de las municipalidades […]

La distribución de las fuerzas armadas está, por decreto, en manos del rey, al que se declara jefe supremo del ejército y de la marina. Pero todo el trabajo de formación de las dos armas lo han hecho los comités de la Asamblea sin participación del rey. […]

Asuntos exteriores. el nombramiento para ministros en las Cortes extranjeras se ha reservado al rey, así como el desarrollo de sus negociaciones. Pero la libertad del rey para su elección es igualmente nula como en el caso de los oficiales del ejército […] La revisión y ratificación de los Tratados, reservadas a la Asamblea Nacional y el nombramiento de un Comité Diplomático, anulan totalmente la segunda disposición. […] Con respecto al derecho de Paz […] todos los poderes se concentran en la Asamblea, además, por mucha franqueza que se pongaen las negociaciones, ¿ se puede confiar el sigilo a una Asamblea, cuyas deliberaciones son necesariamente públicas?

Finanzas […] Todavía no se ha creado un presupuesto exacto de ingresos y gastos, y recursos que pueden satisfacer el déficit. Se han dejado llevar por cálculos hipotéticos. La asamblea se ha apresurado a destruir los impuestos, cuyo peso, en verdad, recaía demasiado sobre los pueblos. Peroéstos aseguraban los recursos y los ha sustituido por un impuesto prácticamente único, cuyo monto exacto será difícil de establecer. […]

Por último, por decreto, se declara al rey, jefe supremo de la administración del reino. […] El sistema de los jefes del partido dominante de sembrar desconfianza sobre todos los agentes del gobierno, ha estado tan bien dirigido que es prácticamente imposible ocupar las plzas de la administración. […]

Esta forma de gobierno, viciosa por sí misma, lo llega a ser aún más por las siguientes causas: 1.ª La Asamblea, por medio de sus Comités, excede continuamente los límites que se había fijado a sí misma. Se ocupa de asuntos que atañen únicamente a la administración interior del reino. Ejerce, incluso, por medio de su comité de investigación un auténtico despotismo, el más bárbaro e insoportable de cuantos la historia ha conocido. 2. ª Se han creado en casi todas las ciudades […], asociaciones conocidas como amigos de la constitución y, contra el contenido de los decretos, no toleran a ninguna que no se afilie a ellas, por lo que se ha formado una inmensa corporación, mucho más peligrosa que las que existían antes. Sin estar autorizadas, e incluso despreciando todos los decretos, deliberan sobre todas lascuestiones de gobierno, se ponen de acuerdo en todos los asuntos, hacen y aprueban denuncias, pegan carteles con órdenes y han tomado una preponderancia tal, que todos los órganos administrativos y judiciales, incluida la Asamblea Nacional, obedecen précticamente siempre a sus órdenes. […]

Su Majestad, sancionando indistintamente todos los decretos, sanción que por otra parte no podía denegar, se ha dejado llevar por el deseo de evitar toda discusión, que la experiencia revela inútil. Temía, además, que se dedujera que quería retrasar o hacer fracasar los trabajos de la Asamblea Nacional […]

El espíritu de los Clubs todo lo domina y lo invade todo. Los miles de periódicos y panfletos calumniadores e incendiarios que se distribuyen diariamente, no son más su eco […] Se ve por el espíritu que reina en los Clubs y la forma en que se adueñan de las Asambleas primarias, lo que se puede esperar de ellos. Y si parece que tienen disposiciones a rectificar algún asunto, es para destruir lo que queda de la realeza y crear un gobierno metafísico y filosófico, imposible de llevar a la práctica.

Franceses, ¿ es esto lo que pretendíais al enviar a vuestros representantes a la Asamblea  Nacional? ¿ deseabais que la anarquía y el despotismo de los Clubs sustituyeran al gobierno monárquico, bajo el que ha prosperado la nación durante 1.400? ¿ Queríais ver a vuestro rey colmado de ultrajes, privado de su libertad, en tanto que él no se ocupaba más que de fundamentar la vuestra? […]

Después de todos estos motivos y de la imposibilidad que tiene el rey para hacr el bien e impedir el mal que se hace, ¿ es extraño que el rey haya intentando recobrar su libertad y ponerse a resguardo con su familia?

Franceses, y sobre todo vosotros parisinos, habitantes de una ciudad que los antecesores de Su Majestad gustaban llamar la buena ciudad de París, desconfiad de las sugerencias y de las mentiras de vuestros falsos amigos. Volved a vuestro rey, que será siempre vuestro padre y vuestro mejor amigo. Qué fácil le será olvidar todas estas injurias personales y volver a encontrarse en medio de vosotros, cuando una Constitución, que haya aceptado libremente, haga que nuestra santa religión sea respetada, establezca el gobierno sobre una base estable y útil para actuar, que los bienes de estado de cada cual no serán amenazados, que las leyes no sean transgredidas impunemente y que,por último, la libertad se fundamente sobre bases firmes e inconmovibles.

París a 20 de junio de 1791                        Firmado: Luis.

El rey prohíbe a sus miembros firmar cualquier orden en su nombre hasta tanto no reciba futuras órdenes. Ordena al ministro de Justicia del reino a reexpedírsela en cuanto se pida.

París a 20 de junio de 1791                        Firmado: Luis.

Citado por Reinhard, M.: 10 Aoùt 1792. La Chute de la Royauté,  Trente journeés qui on fait la France, nrf., París, Gallimard, 1969, pp. 460-469.

 

 

Publicat dins de Assemblea Nacional Constituent | Deixa un comentari

La Constitución Civil del Clero, aprobada por la Asamblea Nacional, 12 julio de 1790

Título I. De los oficios eclesiásticos.

Art. 1. Cada departamento formará una sola diócesis y cada diócesis tendrá la misma extensión y los mismos límites que el departamento.

Art. 2. Se determinarán las sedes de los Obispados de los ochenta y tres departamentos del reino […]

Quedan suprimidos aquellos obispados existentes […] que no estén comprendidos expresamente en el presente artículo.

Art. 3. El reino se dividirá en diez circunscripciones metropolitanas.

Art. 4. Se prohíbe a cualquier iglesia o parroquia de Francia, y a cualquier ciudadano francés, en todos los casos y bajo cualquier pretexto, reconocer la autoridad de un obispo ordinario o metropolitano, cuya sede sea establecida por una potencia extranjera o por sus delegados residentes en Francia; todo ello, sin afectar a la unidad de fe y de comunicación que se mantendrá con la Cabeza Visible de la Iglesia Universal.

Art. 6. Se procederá inmediatamente, y según la opinión del obispo de la diócessis y de la administración de los dstritos, a una nueva formación y circunscripción de todas las parroquias del reino. […]

Art. 10. Cada diócesis conservará o establecerá un único Seminario para la preparación al sacerdocio […]

Art. 14. Los vicarios de las iglesias catedralicias, los vicarios superiores y los vicarios directores del Seminario, formarán el Consejo Ordinario y permanente del obispo, que no podrá ejercer su jursdicción en relación al gobierno de la diócesis y del Seminario, sino tras consultar con ellos. No obstante, el obispo, durante sus visitas, podrá dictar las órdenes provisionales que juzgue convenientes.

Art. 15. en todas las ciudades y localidades de menos de 6.000 almas sólo habrá parroquia. Se suprimen las estantes, quedando incorporadas a la iglesia principal […]

Art. 20. Quedan suprimidos, desde el día de la publicación del presente decreto y sin que nunca más se puedan crear oros semejantes, todos los títulos y cargos distintos a los mencionados en a presente Constitución, como dignidades, canonjías, prebendas, medias prebendas, capillas, capellanías, de iglesias-catedrales y colegiales, capítulos regulares y seculares de ambos sexos, abadías y prioratos regulares o en usufructo, de ambos sexos y, en general, los demás beneficios y prebendas eclesiásticas, de caulquier naturaleza y denominación […]

Art. 23. El contenido de los artículos precedentes será efectivo, incluidas las cláusulas de reversión contenidas en las actas de fundación.

TÍTULO II. NOMBRAMIENTO DE LOS BENEFICIOS

Art. 1. A contar desde el día de la emisión dels presente decreto, sólo se procederá mediante elecciones a la provisión de obispos y párrocos.

Art. 2. Todas las elecciones se harán por votación y con absoluta pluralidad de sufragios.

Art. 3. La elección de obispo se hará en la forma prescrita y por el mismo cuerpo electoral indicado para el nombramiento de la asamblea departamental, en el decreto del 22 de diciembre de 1789. […]

Art. 7. Para optar a un Obispado es necesario haber cumplido las funciones ministeriales de párroco, ayudante o vicario, vicario superior o vicario director del Seminario, al menos durante quince años en la diócesis. […]

Art. 14. El presidente de la Asamblea Electoral proclamará al elegido en la iglesia en la que se produzca la elección, en presencia del pueblo y del clero, y antes de comenzar la misa solemne que se celebre con este motivo.

Art. 15. el presidente de la Asamblea Electoral enviará al rey el acta de elección y de proclamación, para ponerlo en conocimiento de Su Majestad.

Art. 16. A lo más tardar en el mes siguiente a la elección, aquel que haya sido elegido para un Obispado se presentará, en persona, a su obispo metropolitano; y si es elegido en la sede metropolitana, al obispo decano de la circunscripción […] y le rogará que el conceda l institución canónica.

Art. 17. El metropolitano, o el obispo más antiguo, tendrá facultad para examinar al electo, en presencia de su Consejo, sobre su doctrina y costumbres. Si le juzga capacitado, le dará la institución canónica; si cree que debe denegársela, explicará por escrito las causas del rechazo, firmadas por el metropolitano y su Consejo.

Art. 18. El obispo que concede la institución canónica sólo podrá exigr el juramento de profesar la religión católica, apóstolica y romana.

Art. 19. El nuevo obispo no podrá dirigirse al Papa para obtener confirmación alguna, pero le escribirá como jefe visible de la Iglesia Universal, en testimonio de la unidad de la fe y de la comunión que debe mantener con él.

Art. 20. La consagración del obispo no podrá hacerse más que en su iglesia catedral y por su metropolitano, o, en su defecto, por el obispo más antiguo de la circunscripción de la metropoli, asistido por dos obispos de la diócesis más cercanas, en domingo, durante la misa parroquial y en presencia del pueblo y clero.

Art. 21. Antes del comienzo de la ceremonia de consagración y en presencia de los funcionarios municipales, el elegido prestará el juramento solemne de velar con esmerosobre los fieles de la diócesis que le ha sido confiada, de ser fiel a la nación, a la ley y al rey y de apoyar con todas sus fuerzas la Constitución decretada por la Asamblea Nacional y aceptada por el Rey.

Art. 22. El obispo puede elegir a los vicarios de su iglesia catedral entre todo el clero de su diócesis.

Art. 24. Los vicarios superiores y los vicarios directores del Seminario serán nombrados por el obispo y su Consejo […]

Art. 25. La elección de párrocos se hará en la forma prescrita y por los electores indicados en el decreto de 22 de diciembre de 1789, para nombramiento de los miembros de la Asamblea administrativa del distrito. […].

Art. 28. La elección de los párrocos se hará por votación independiente para cada parroquia vacante.

Art. 29. Cada elector, antes de introducir su voto en la urna de escrutinio, hará juramento de nombrar al que haya escogido, en consecuencia, como el más digno, sin estar mediatizado por regalos, promesas, peticiones o amenazas. Este juramento será prestado tanto para la elección de obispo como para la de párraco. […]

Art. 31. El Cuerpo electoral proclamará a los elegidos en la iglesia principal, antes de la misa solemne que se celebrará, con este motivo, en presencia del pueblo y del clero. […].

Art. 34. Podrán ser candidatos a párroco, todos aquellos que eran aptos para los Obispados, siempre que hayan cumplido cinco años de ejerccio.

Art. 35. Quien haya sido elegido párraco se presentará, en persona, ante el obispo con el acta de su elección y proclamación, al efecto de obtener de él la institución canónica.

Art. 36. El obispo tendrá la facultad de examinar al elegido […]; si se la deniega, manifestará por escrito los motivos de su rechazo, con las firmas del obispo y de su Consejo.

Art. 37. En el examen del elegido que solicite la institución canónica, el obispado sólo podrá exigirle el juramento de profesar la religión católica, apostólica y romana.

Art. 38. Los párrocos, elegidos e instituidos prestarán el mismo juramento que los obispos, en su iglesia, un domingo, antes de la misa parriquial, en presencia de los funcionarios municipales del lugar, del pueblo y del clero. Hasta entonces no podrán realizar ninguna función eclesiástica.

Art. 39. Tanto en la iglesia catedral, como en cualquier iglesia parroqual, existirá un libro e registro particular, en el que el secretario del Ayuntamiento certificará, sin gastos, el Acta de haber prestado juramento del obsipo o del párroco, siendo ésta la única Acta de toma de posesión.

Art. 40. LosObispados y la Parroquias se considerarán vacantes hasta que los elegidos no hayan prestado el citado juramento. […]

Art. 43. Cada párroco puede elegir a sus vicarios, pero sólo entre sacerdotes ordenados o aceptados por el obispo de la diócesis. […]

Citado por Viguerie, J. de : Cristianismo y Revolución. Madrid, Rialp, 1991, pp. 303-315.

Publicat dins de Assemblea Nacional Constituent | Deixa un comentari

Decreto de la Asamblea Nacional sobre el derecho a la guerra. 22 de mayo de 1790

La Asamblea Nacional decreta los siguientes artículos constitucionales:

1.º El derecho de paz y guerra pertenece a la nación. No podrá declararse la guerra sin un decreto de la Asamblea Nacional. Ésta actuará a través de una propuestaformal y necesaria del ey, quien deberá después sancionr el referido decreto.

2.º La tarea de velar por la seguridad exterior del eino, por el mantenimiento de sus derechos y de sus posesiones queda delagada en el rey por la Constitución. Únicamente él podrá mantener relaciones de política exterior, entablar negociaciones y nombrar a sus negociadores, iniciar los prparativos de guerra, que estarán en proposición a sus estados vecinos, distribuir la fuerzas de tierra y mar como considere oportuno y dirigir las operaciones en caso de guerra.

3.º En el caso de que las hostilidades sean inminentes o ya hayan comenzado, de que se deba apoyar a un aliado o de que sea necesario el uso de armas para conservar un derecho, el rey deberá notificarlo sin dilación al Cuerpo Legislativo así como explicar razones y los motivos de esta situación. El cuerpo legislativo se reunirá inmediatamente en caso de encontarsede vacaciones.

4.º A la vista de esta notificación, el Cuerpo Legislativo deciderá si las hostilidades ya iniciadas representan una agresión culpable por parte de los ministros o de cualquier otro miembro del Poder Ejecutivo, y en su caso, el autor de esta agresión será perseguido por crimen contra la nación.

En este sentido, la Asamblea Nacional declara que la nación francesa renuncia a iniciar cualquier guerra que tenga como objetivo la conquista de territorios y que nunca usará la fuerza contra la libertad de ningún pueblo.  

5.º A la vista de la referida notificación, si el Cuerpo Legislativo decide la no conveniencia de la guerra, el Poder Ejecutivo tomará inmediatamente las medidas necesarias para el cese de las hostilidades o para evitar las mismas, siendo los ministros responsables de los retrasos que se produzcan.

6.º Cualquier declaración de guerra deberá hacerse en estos términos POR EL REY Y EN NOMBRE DE LA NACIÓN.

7.º En cualquier momento de la guerra, el Cuerpo Legislativo podrá solicitar del Poder Ejecutivo la negociación de la Paz. El Poder Ejecutivo deberá aceptar dicho requerimiento. […]

9.º Se le atribuye al rey la potetad de acordar y de formar con las potencias extranjeras todos los convenios necesarios para el bien del Estado. Los trataados de Paz, de alianza y de comercio no podrán llevarse a ejecucón sin la previa retificación del Cuerpo Legislativo.

Publicat dins de Assemblea Nacional Constituent | Deixa un comentari

Gran Miedo en el campo por Arthur Young, del 26 al 30 de julio de 1789

26 de julio. Toda la región está muy agitada. En uno de los pueblecitos por los que pasé, me preguntaron por qué no llevaba la divisa del Tercer Estado. Me dijeron que el Tercer Estado lo había ordenado y que si no era un señor, debía obedecer. Pero supongamos que soy un señor, ¿ Entonces qué, amigos? ¿ Entonces qué?, me replicaron con dureza, la horca, porque es lo que os merecéis.

Es verdad que no era el momento de bromear, los muchachos y muchachas comenzaron a reunirse, señal inequívoca de los preliminares de una fechoría. No hubiese salido bien libredo si no hubiera declarado que era inglés y que desconocía la orden. Inmediatamente compré una divisa, pero la bribona que la sujetó lo hizo tan flojo que la perdí en el río, antes de llegar a la isla, y volví a correr el mismo peligro. Mi afirmación de que era inglés no tuvo ningún efecto. Quizá ere un señor disfrazado y, sin duda, un granuja enorme. en ese momento, vino un cura por la calle con una carta en la mano. el pueblo se arremolinó a su alrededor, inmediatamente. Leyó, entonces, en voz alta las noticias de Belfort, contando el paso del señor Necker, con algunos trazos generales de los sucesos de París y la seguridad de que la condinción del pueblo mejoraría. Cuando acabó, exhortó a los oyentes a abstenerse de toda violencia y afirmó que no deberían confiar en la idea de que los impuestos iban a ser abolidos. Hablaba del asunto como si supiera que ellos se habían creido lo de la abolición. Cuando se retiró, de nuevo me rodearon a mí, que al igual que los demás, había escuchado la carta. Sus formas eran muy amenazadoras y expresaban sus muchas sospechas. No me sentía totalmente seguro de mi situación, sobre todo cuando oí a uno de ellos que se me debía detener, hasta que alguien viniera a responder por mí […]

27 de julio. Besançon. Más arriba del río, la región es montañosa, roquedos, bosques, bellos paisajes. No hacía una hora que había llegado cuando vi pasar, junto al albergue, a un campesino a caballo, seguido de un oficial de la guardia burguesa, con un destamento, con divisa tricolor. Le seguía la infantería y la caballería. Pregunté por qué la milicia iba delante de las tropas del rey. Por una buena razón: las tropas serían atacadas y masacradas, sin embargo el populacho respeta a la milicia, me respondieron. Este campesino, que es un rico propietario, ha recurrido a la guardia para proteger su casa, en un pueblo donde el pillaje  y los incendios son numerosos. Las fechorías que se han cometido en la región, por las montañas y hacia Vesoul, son horrendas y numerosas. Muchos castillos han sido incendiados, otros, saqueados. Los señores, perseguidos como fieras salvajes; sus mujeres e hijos, secuestrados; sus papeles y títulos, quemados; todas sus propiedades, destruidas. Y estas abominaciones no han sido infligidas a personas que por su conducta o principios se hayan vuelto odiosas; no. Es una rabia ciega que no distingue personas: es el amor del saqueo.

Ladrones, galeotes, bribones de todas clases han reunido a los campesinos y les han empujado a cometer toda suerte de ultrajes. Unos caballeros, en la mesadel hostal, me han contado que se han recibido castas del Maconnais, del Lionesado, de Auvernia, del Delfinado, etc., y que por todas partes se perpetraban desórdenes y delitos análogos. Se esperaba que ese movimiento ganase toda Francia…

30 de julio. Dijon. En este hotel, Ciudad de Lyón, hay un caballero, desgraciadamente noble, su mujer, su familia, tres criados y un niño de algunos meses, que se han escapado a medio vestir, de noche, de su castillo en llamas. Todas sus propidades se han perdido, excepto la propia tierra, no obstante ser una familia estimada y considerada por los vecinos. Por sus muchas virtudes, capaces de granjearse el amor de los pobres, y no habiendo realizado ningún acto de opresión susceptible de provocarles enemistades. Actos tan abominables deben hacer odiosa una causa que no necesitaba de ellos. Se puede dar al reino un sistema real de libertad, sin esta regeneración a base de fuego spada, de pillaje y de derramamiento de sangre. 300 burgueses montan guardia, todos los días, en Dijon, sin ser pagados a expensas de la ciudad. Tienen también seis piezas de artillería. La nobleza del lugar se ha unido a ellos como único medio de salvarse. También se ven cruces de San Luis en sus filas

Publicat dins de Gran Por | Deixa un comentari

Mensaje del rey en la Asamblea Nacional tras la toma de la Bastilla. 15 de julio de 1789.

Señores, os he reunido para consultaros sbre los asuntos más importantes del Estado. No hay ninguno más apremiante y que aecte más a mis sentimientos que estos desórdenes espantosos que tienen lugar en la capital. El jefe de la nación viene, con cofianza, a reunirse con sus representantes para testimonares su pesar, y para invitarles  que encuentren los medios para restablecer el orden y la tranquilidad. Sé que se han vertido injustos prejuicios; sé que se han atrevido a publicar que vuestras personas no se encontraban seguras. Quizá sea necesario ofreceros seguridad ante unos rumores tan culpables, desmentidos, por adelantado, por mi conocido carácter. Pues bien: yo no soy más que una sola cosa con mi nación, soy yo el que me entrego a vosotros. Ayudame, en estas circunstancias, a asegurar la salvación del Estado. Eso es lo que espero de la Asamblea Nacional. El celo de los representantes de mi pueblo, reunidos para la salvación común, me ofrece una seguridad garantizada, y apoyándome en el amor y fidelidad de mis súbditos, he dado orden a las tropas de alejarse de París y Versalles. Os autorizo, incluso invito, a que deis a conocer mis disposiciones en la capital.

Citado por Godechot, J., O. C., La Presa …, p. 252.

Publicat dins de Toma de la Bastilla | Deixa un comentari

Relato de la toma de la Bastilla según el relojero Humbert. 14 de julio de 1789

Me llamo J. B. Humbert, nativo de Langres, trabajo y vivo en París con M. Belliard, relojero del rey, […]

Me enteré de mañana que se entregaban armas para los distritos en los Inválidos; volví inmediatamente a decírselo a las milicias ciudadanas dl distrito de San Andrés […]

Llegamos a los Inválidos hacia las dos y nos encontramos un gran gentío […]

Me enteré por el camino de que se entregaba pólvora en el ayuntamento […]

Seguidamente partí para la Bastilla […] por el patio del Arsenal, eran alrededor de las tres y media. El primer puente estaba bajado, las cadenas rotas; pero el rastrillo cortaba el paso. Se ocupaban en hacer entrar un cañon a brazo, […]

Se apuntaron los cañones: el de bronce frente al gran puente levadizo, y otro pequeño de hierro, damasquinado en plata, frente al puente pequeño […]

Se decidió que comenzara el ataque […] disparamos, aproximadamente, seis tiros cada uno. Entonces aparició un mensaje por unagujero oval, de la anchura de una pulgada; dejamos de tirar: […] una personaavanzó sobre una plancha, pero en el momento en que iba a recoger el mensaje, le pegaron un tiro y cayó al foso.

En ese momento otra persona que llevaba una bandera, tirándola fue a recoger el mensaje que se leyó en voz alta e inteligible.

Como el contenido del mensaje no accedía a la petición de capitulación que se hacía, se pensó en disparar con el cañón y cada uno se colocó para dejar pasar el proyectil.

Cuando se iba a disparar bajaron el pequeño puente levadizo. En cuanto se bajó, se abarrotó de gente. Pasé en décimo lugar. Nos encontramos cerrada la puerta que estaba ante el puente levadizo: a los dos minutos, aproximadamente, un soldado de los inválidos vino a abrirla y nos preguntó lo que queríamos. Que se rinda la Bastilla, le respondí, al igual que todo el mundo. Entonces nos dejó entrar. Lo primero que hice después fue gritar que se bajara el puente y así se hizo. […] entré en el patio grande […] Los soldados de los inválidos estaban formados a la derecha y los suizos a la izquierda. Gritamos abajo las armas. Todos obedecieron, excepto un oficial suizo […] subí rápidamente hasta el torreón […]. En el torreón me encontré con un soldado suizo en cuclillas, dándome la espalda: le apunté, gritándole que tirara sus armas. Se giró y dejó sus armas diciéndome: Camarada, no me matéis, soy del Tercer Estamento y os defenderé hasta mi última gota de sangre. Sabéis que debo cumplir mi servicio, pero yo no he disparado. […] Al llegar al patio, no quisieron dejar al suizo; me tuve que ir solo […] Allá por donde pasaba recibía elogios: pero al llegar al Quai des Augustins la multitud nos sigúió, pensando que era un malhechor. Por dos veces propusieron matarme. como no me podía de todos y cuando ya iban a cogerm, un librero del muelle me reconoció y me refugió en su casa, salvándome del gentío. Allí dormí, y me atendió, cuidando de todo lo que necesitaba. Descansé hasta la medianoche en que me despertaron unos insistentes gritos de ¡ a las armas!, ¡ a las armas! Entonces no pude resistir las gans de seguir siendo útil. Me levanté, cogí mis armas y fui hasta el cuerpo de guardia donde encontré al señor Poirier, comandante, a cuyas órdenes me puse hasta la mañana siguiente.

Nosotros, los abajo firmantes, certificamos que los hechos relatados en estas páginas sobre la toma de la Bastilla son verdaderos.   

En París, a 12 de agosto de 1789.

Ducastel, cañonero, Maillard, Richard, Dupin, Georget.

Citado por Godechot, J., O. C., La Prise …., pp. 371-376.

Publicat dins de Toma de la Bastilla | Deixa un comentari

Ambiente de París previo a la toma de la Bastilla.

Martes, 14 de Julio.

Esta mañana, una Asamblea de los electores reunidos en la ciudad fijaba el número de la milicia ciudadana. Ayer se llevaba la divisa verde y blanca. Hoy se pisotea y se lleva la divisa azul y roja, colores conformes con el escudo de la ciudad.

[…] Un ciudadano ha declarado que los soldados acampados cerca de París nos habían quitado un convoy de pólvora y de plomo, por orden del pérfido jefe de abastecimintos.

[…] El jefe de abastecimientos prometía constantemente que nos iba a dar armas pero no lo cumplía. Por fin se decidió marchar sobre los inválidos; el batallón de los señores oficiales del Parlamento de París se trasladó allí con una gran multitud. Cuando los cañoneros y los soldados de los inválidos vieron que la gente ya estaba escalando las fosas y los muros, pensaron que la resistencia era inútil,y abrieron las puertas. La gente se dirigió a la armería en donde encontraron innumerables armas. Los ciudadanos que acudieron en masa cogieron cañones y los fusiles, desde las 10 de la mañana hasta la noche. Es imposible concretar el inmenso número de armas que se llevaron: algunos hablas de veintiséis mil, sin contar las pistolas, sables y bayonetas.

Para evitar cualquier sorpresa, se decidió inspeccionar con detenimineto todos los coches y todos los correos que entraban y salían de París. Estas medidas de precaución permitieron descubrir a más de un traidor.

[…] Con estas confiscaciones se acabó de comprobar la traición del jefe de abastecimientos.

[…] Por último se le declaró culpable. Se le obligó a abandonar su distinguido cargo y a bajar a la plaza de la Grève, en donde se le presentó ante una masa dominada por el odio, o tal vez, por la equidad. Los murmullos se transformaron en tranquilo pavor: alguien coge un puñal, otro toma una pistola y un tercero un machete; los golpes se suceden y se acaba con su vida. su cabeza se arrastra, a lo lejos, por el barro y el fango, mientras que su cuerpo es pasto de la furia de un pueblo guiado por la rabia y la venganza.

Además, la toma de la Bastilla, que dró más omenos cuatro horas, ha sido una victoria brillante y señalada […]

Citado por Godechot, J., O. C.., La Prise…, pp. 409-410.

Publicat dins de Toma de la Bastilla | Deixa un comentari

Carta de convocatoria de los Estados Generales (1789)

“El Rey:
Nos tenemos la necesidad del concurso de nuestros fieles súbditos para ayudarnos a superar todas las dificultades en que Nos encontramos, relativas al estado de nuestras finanzas y, para establecer, siguiendo nuestros deseos, un orden constante e invariable en todos los aspectos del gobierno que afectan a la felicidad de nuestros súbditos y a la prosperidad de nuestro reino. Estos importantes motivos Nos han determinado a convocar la asamblea de los Estados de todas las provincias de nuestra soberanía, tanto para aconsejarnos y para asistirnos en todos los asuntos que serán expuestos ante ellos, como para hacernos conocer los deseos y las peticiones de nuestros pueblos.
Por estas causas, Nos os advertimos y significamos que nuestra voluntad es la de comenzar a celebrar los Estados libres y generales de nuestro reino (…); y serán los dichos diputados provistos de instrucciones y poderes generales y suficientes para proponer, representar, advertir y consentir todo lo que puede concernir a las necesidades del Estado.”

Publicat dins de Estats Generals | Deixa un comentari