Carta de Luis XVI a su cuñado Leopoldo II de Austria. Julio de 1791

En Europa,nadie ignora el amor que tiene el rey por sus ueblos y la generosidad con la que se portó al decidir la convocatora de los Estados Generales y, tras la apertura de Esta Asamblea, en todas la ocasiones. Las bondades y la generosidad del rey han sido pagadas co innumerables ultrajes a él y a su familia, y con la cautividad en que le retienen desde hace casi dos años. Elrey se resignaba a todos los sacrificios personales que se le exigieran, y a soportar a todas las penalidades del estado en que se encuentra, esperando que todos los trabajos emaados de los representantes de la nación condujesen al bien del reino. Ahora, que la Asamblea toca a su fin, que se ha destruido todo tipo de Gobierno, que os Clubs se han apoderado de toda autoridad, incluso por encima de la Asamblea, que ya no se puede esperar que pueda corregir las faltas que ha cometido, ni siquiera la nuevalegislatura, si el espíritu de los Clubs la dominase, y que el resto de simulacro de autoridad que le queda al rey es inútil para hacer el bien y evitar el mal; tras estas consideraciones, el rey decidió hacer un último esfuerzo para recuperar su libertad y unirse a los franceses que desean, de verdad, el bien de su patria, pero los enemigos, los facciosos, han logrado hacer fracasar su proyecto: se encuentra arrestado aún y retenido prisionero en París. El rey ha decidido haer saber a Europa, el estado en que se encuentra, y confiando sus penas al emperador, su cuñado, no dda que tomará todas las medidas que su generoso corazón le dicte, para acudir en auxilio del rey y del reino de Francia.

Luis.

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