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FÁBULAS

Los alumnos de 4º ESO hemos trabajado en clase de literatura castellana las fábulas de Samaniego y de Iriarte.  Y hemos elaborado nuestras propias fábulas. Aquí os dejamos un par.

EL DESCUIDADO Y LA MARIPOSA por Sandra Freitas, Inka Guarnido y Jorge Leypin

Un hombre descuidado

que por el camino andaba,

se quedó embobado

cuando una mariposa pasaba.

 

Tan bella era la mariposa

que al hombre encantiló,

y al ser tan hermosa

el hombre la siguió.

 

El hombre tan descuidado

siguió embobado

por la tal mariposa

y acabó cayendo por el acantilado.

 

Hay que andar con mil ojos,

no todo es tan bello como la mariposa

vigilar con los pozos

y en el mal que en tu vida se posa.

 

EL RINOCERONTE Y LA JIRAFA por Marc zambrano, Pol Mateos y Júlia Estela.

Había una vez en la llanura,

un rinoceronte cara dura,

que se reía de la jirafa por su altura,

mientras pastaba en la llanura.

 

Un día el verano llegó

y la llanura se secó.

El rinoceronte sin comida se quedó

y la jirafa gracias a su cuello sobrevivió

Moraleja: No te rias de los defectos de los demás ya que pueden llegar a ser virtudes para ellos.

EL CONDE LUCANOR

Los alumnos de 3º ESO están trabajando en clase de literatura castellana la obra de Don Juan Manuel: El Conde Lucanor.

Como actividad final, los alumnos han escrito por parejas una historia original al estilo de la obra. Hoy os ofrecemos algunas de ellas.

EL CABALLERO Y LA CAMPESINA

por ANDREA TORRES e IVÁN BUSQUETS

Un día hablaba el conde Lucanor con Patronio así:
-Patronio, mi primo ha perdido a su esposa recientemente, pues ella ya no está interesada en él. Como está muy triste, pensaba sobornarla a cambio de que ella volviera con él, pero no estoy seguro de que eso sea lo correcto. ¿qué me aconsejáis que haga?

-Señor conde -dijo Patronio- para que hagáis lo correcto, quiero contaros la historia del caballero y la campesina.

El conde preguntó qué les había ocurrido al caballero y a la campesina, a lo que Patronio respondió:

“Señor conde Lucanor, hubo una vez un caballero muy rico que se enamoró de una adorable campesina, la cual no estaba nada interesada en el caballero. Por mucho que él insistiese en quererla como esposa, ella se negaba rotundamente.
Entonces pensó en todas sus riquezas y llegó a la conclusión de que, si la sobornaba con dinero para que accediera a ser su esposa, lograrían ser felices para siempre.
Fue a casa de la campesina con el dinero, se lo dio y le propuso ser su esposa a cambio del dinero. Ella aceptó, pero le pidió un día para coger todo lo que necesitara y despedirse de los suyos. El caballero aceptó muy feliz de haberlo logrado y se fue.
Al día siguiente, fue a la casa de la campesina y se la encontró vacía, dándose cuenta de que la campesina se fue con el dinero y no pensaba volver.”

-Mi consejo pues –dijo Patronio- es que si no vuelve por amor, no volverá por el dinero, sino que se irá con él.

Así pues, el conde Lucanor siguió este consejo y le fue bien.

Y como a Don Juan Manuel le gustó mucho este consejo, hizo unos versos que dicen:

“Si a una mujer quieres enamorar,
con dinero no la debes sobornar.”

lucanor

DON PEDRO Y EL LOBO

por MARTA QUELLOS y ARNAU AGUILAR

Un día el conde Lucanor le dijo a Patronio:
-Querido consejero Patronio, tengo un problema que me lleva bastantes días rondando por la cabeza. Hace poco tiempo vino un viejo amigo y me dijo que próximamente mis tierras serían invadidas. El problema con eso es que esa persona ha dicho lo mismo anteriormente y todo resultó ser una broma. ¿Qué debo hacer?
– Señor conde Lucanor, primero escuche lo que le sucedió a don Pedro:
<<Don Pedro era residente en un pequeño pueblo de pastores y amaba sembrar el caos entre sus vecinos. Un día se le ocurrió que podría gastar una broma a todo el pueblo diciendo que había un lobo acechando las montañas cercanas, y así lo hizo. Todos corrieron para salvar el ganado de ser comido, pero horas después lo único que se oía eran las risas de don Pedro.
Él estaba satisfecho de su broma así que decidió repetirla dos veces más hasta que el pueblo entendió que aquellos avisos no eran ciertos. Don Pedro, mientras pastoreaba las ovejas tres días más tarde, vio a un lobo dirigiéndose al pueblo y corrió para avisar a sus vecinos, quienes creyeron que se trataba de otra broma. De esta manera el lobo se acabó comiendo a todos los animales.>>
-Así que aunque los antiguos avisos de su amigo fueron falsos, es mejor asegurarse pues hay mucho en juego.
Al conde le pareció que Patronio le había dado un buen consejo así que lo siguió y le fue bien.
Y como don Juan entendió que aquel ejemplo era muy bueno, ordenó copiarlo en este libro e hizo estos versos que dicen:

“Cree siempre a un amigo,
Porque sino tendrás tu castigo”

LOS TRES HERMANOS

por MARC ZAMBRANO, ÀLEX BLÁZQUEZ y ALÈXIA RAMOS

Otro día,el conde Lucanor le dijo a Patronio,su consejero:
-Patronio,tengo una duda que me está dejando sin sueño.Mis hermanos se han enojado conmigo y no sé qué hacer.
-Señor Lucanor,sé que hay otros que podrían aconsejar mejor que yo,pero para resolver vuestra duda,os contaré la historia de tres hermanos que vivían en pueblos cercanos.
El conde le rogó que le contara la historia a lo que Patronio respondió:
-Erase una vez tres hermanos que vivían muy cerca entre si.Un día se aproximaba una gran tormenta a la provincia.Cada uno de los hermanos decidieron construir un refugio para resguardarse.Los tres hermanos recientemente habían discutido y estaban enfadados.Al llegar la tormenta,el menor había construido un refugio de paja,el mediano de madera y el mayor de ladrillo.La tormenta arrojó con las refugias del menor y del mediano.Fueron al refugio de su hermano mayor a suplicar clemencia y este les perdono.
En cuanto a vos señor conde,mi consejo es perdonéis y hagáis las paces con vuestros hermanos porque son los únicos que tenéis.
Al conde le gustó mucho el consejo,así que lo siguió y le fue bien.Y como a Don Juan Manuel le pareció adecuado,escribió estos versos que dicen:

“Familia solo tienes una, no seas rencorosa con ella “

LOS TRES CERDITOS

por ELA UNGUREANO y XAVI RODRÍGUEZ

Otro día, el conde Lucanor le dijo a Patronio, su consejero:

-Patronio, necesito tu ayuda, ya que el otro día encontré a un pobre y sabiendo el tiempo que va a venir con vientos y lluvias quisiera hacerle una casa, pero no quiero gastar mucho de mi tiempo.

El conde Lucanor le explicó a Patronio lo que se proponía y le pidió consejo. Y entonces Patronio le dijo:

– Señor conde, sé que hay otros mejores que os podrían aconsejar. Pero, puesto que así lo queréis, os diré lo que pienso. Y, para aconsejaros mejor, me gustaría que prestaseis atención a lo que sucedió una vez a tres animalitos. El conde le rogó que se lo contara, y Patronio dijo:

“ Había una vez tres cerditos y un lobo que se los quería comer. Entonces decidieron construirse una casa cada uno. El hermano mayor comenzó a construirse una casa perfecta, con ladrillos y piedras. Los dos otros hermanos de tan perezosos que eran no comenzaron al mismo tiempo que su hermano mayor. Entonces cuando se dieron cuenta de que el hermano mayor ya había acabado y que de verdad necesitaban una casa una casa. Entonces el cerdito mediano comenzó su casa de madera, pasaba el tiempo y él también acabó. Pero… el cerdito pequeño no tenía y el lobo volvió a aparecer. Se dio prisa y construyó una casa de paja ya que no era difícil y se hacia rápidamente. Justo en acabar la casa, el lobo ‘ sopló y sopló’ y derribó la casa, el cerdito pequeño fue a la casa del mediano y el lobo ‘sopló y sopló’ y derribó la casa. Entonces los dos fueron hacía la casa del hermano mayor y el lobo ‘sopló y sopló’ pero no consiguió derribar la casa. “

– En cuanto a vos, señor conde – dijo Patronio, os aconsejo en que hagáis lo mejor para las personas y que por más que cueste, mejor será.

El conde pensó que el consejo de Patronio era bueno, así que lo siguió y le fue bien.

Y cuando don Juan encontró este ejemplo, mandó a copiarlo a este libro e hizo estos versos, que resumen la moraleja de la historia:

“ Siempre haced lo mejor para alguien,
no importa el tiempo que se tarde y los inconvenientes que haya”

EL CONDE LUCANOR

por DAVID CAÑAMERO y SARA MAYNOU

Otro día, hablaba Patronio con el conde Lucanor. Tengo una duda. Llevo un tiempo invirtiendo en un negocio que ya me ha dado mucho dinero. Temo que si sigo invirtiendo podría acabar en la ruina, así que ruego por favor que me aconsejéis qué debo hacer. De acuerdo, voy a contaros una historia…
Había una vez un barco de mercancías, que había encontrado muchas riquezas abandonadas. Recogieron suficientes riquezas para vivir el resto de su vida, pero como el capitán tenía mucha avaricia decidió llevarse todas las riquezas, tantas que el barco al salir a mar abierto se acabó hundiendo.
En cuanto a vos señor conde, si usted cree que el negocio ya le ha dado suficiente dinero para vivir toda su vida no se arriesgue demasiado, pues podría acabar en la ruina.
El conde Lucanor siguió este consejo y le fue bien y como don Juan Manuel pensó que era un buen ejemplo lo mandó a copiar en este libro e hizo estos versos que dicen:

“No seas avaricioso,
O acabarás en un pozo”

EL PLAN DE NEGOCIO DEL CONDE LUCANOR

por JÚLIA ESTELA y PAULA BENITO

El otro día, el Conde Lucanor fue donde Patronio y le preguntó si le parecía bien que comprase acciones, y así volverse el hombre más rico del mundo, y qué opinaba él al respecto.
Patronio le contestó explicándole un cuento: Había una vez un campesino que acababa de sembrar en su nuevo campo de cultivo. Pensó que con los beneficios que recaría de esa cosecha, las vendería y ganaría mucho dinero, y con ese dinero, compraría más tierras en las que cultivar más cosechas que le dieran más beneficios, repitiéndolo seguidamente, apliando sus beneficios y su negocio, con lo que apliaría su riqueza, volviéndose el hombre más rico del mundo.
Pero resultó ser un año de malas cosechas, el frío mató todos los cultivos, y los pájaros se comieron el resto de manera que el plan del campesino se desmoronó en un momento, y perdió todo el dinero invertido en su magnifíco plan, y al gastarse todo el dinero en eso, no pudo plantar de nuevo, arruinado su plan al completo.
Y así, Patronio le explicó al Conde Lucanor que no debía apoyar todo su plan en un pilar tan inestable como lo eran las acciones que quería comprar.

“Conságrate a las cosas razonables
Y rechazada los sueños inconsistentes”

EL CONDE LUCANOR

por MARINA LAYRÓN y MARIA SANCHA

Otro día, el conde Lucanor le dijo a Patronio, su consejero:
-Patronio, un desconocido me dijo una forma más fácil de conseguir lo que me propongo, pero es un poco arriesgado y no sé qué hacer, ¿qué me aconsejas?
Patronio le dijo: “Había una vez una niña llamada Caperucita Roja, era una niña muy obediente, y un día su madre le dijo que le llevara una cesta con medicinas y pasteles a su abuelita que estaba enferma y que vivía en una casita en medio del bosque. Ella iba por el camino y de pronto un lobo se le topó por el camino y le dijo que fuera por un atajo y harían una carrera, pero en realidad, el atajo era un camino más largo, por lo cual, el lobo llegó antes y se comió a la abuela. Cuando Caperucita llegó vio a su abuelita en la cama pero en realidad era el lobo disfrazado. Ella le preguntó:
-Abuelita, ¿Por qué tienes las orejas tan grandes?
-Para oírte mejor, querida.
– ¿Y esos ojos tan grandes?
-Son para verte mejor.
-¿Y esa boca y esos dientes tan grandes y afilados?
-¡¡Son para comerte mejor!!
Entonces caperucita huyó y un cazador, que iba cerca, consiguió ir y salvarlas.”
-En cuanto a vos, señor conde – concluyó Patronio -, os aconsejo que si no conocéis a la persona que os da el atajo, no os fiéis, ya que podría ser una estafa.
El conde pensó que el consejo de Patronio era bueno, así que lo siguió y le fue bien. Y, cuando María y Marina encontraron este ejemplo, mandaron copiarlo en este libro e hizo estos versos, que resumen la moraleja de la historia:

“Si el que os da el atajo desconocéis,
de él jamás os fiéis.”

LA HORMIGA Y EL SALTAMONTES

por MIQUEL ALVENTOSA y VÍCTOR GUERRA

Otro día el conde Lucanor le dijo a Patronio, su consejero:
-Patronio, ha llegado a mis oídos que uno de mis súbditos trabaja mucho durante el verano mientras que otro de mis súbditos que en verano no trabaja, tiene que trabajar en invierno. Yo estaba pensando en ofrecerle al más ingenioso de los dos un ascenso. ¿Pero quién es el que lo merece más?
El conde Lucanor le pidió consejo a Patronio, a lo que Patronio respondió:
-Señor conde Lucanor, sé que hay otros que os podrían aconsejar mejor que yo. Pero, puesto que así lo queréis, os diré lo que pienso.
Y para aconsejaros mejor, me gustaría que prestaseis atención a lo que le sucedió a la hormiga el saltamontes.
-La hormiga era muy trabajadora y se pasaba el verano recogiendo provisiones. El saltamontes era muy perezoso y no hacía ningún esfuerzo durante esa época para prepararse para el invierno.
Un día el saltamontes le dijo a la hormiga:
Buenas,  vecina, ¿por qué tanto trabajo? Yo prefiero descansar.
A lo que la hormiga respondió:
Lo que trabajo ahora es para que cuando llegue el invierno pueda estar tranquila y no pasar ni hambre ni frío.
Los dos se fueron por si camino, y al llegar el invierno el saltamontes ya estaba llamando a la hormiga para pedir comida y cobijo.
-En cuanto a vos conde Lucanor -concluyó Patronio-, os aconsejo que le deis el ascenso al más astuto, pues él es el que lo aprovechara bien.
El conde pensó que el consejo de Patronio era bueno, así que lo siguió y le fue bien.
Y, cuando don Juan Manuel encontró este ejemplo, mandó copiarlo en este libro e hizo estos versos, que dicen:

“Si en invierno quieres descansar
en verano has de trabajar.”

EL LOBO

por CARMEN LUCIO y GERARD SERRET

El otro día el conde Lucanor le dijo a Patronio, su consejero:
-Patronio, necesito hablar con un amigo muy lejano que hace tiempo que no veo. Él no vendrá a no ser que sea una emergencia. ¿Qué debo hacer?¿Le cuento una mentira para mi capricho complacer?
Entonces Patronio dijo:
-Sé que hay otros que os podrían aconsejar mejor que yo. Pero puesto que así lo queréis, os diré lo que pienso:
Había una vez un pastor con sus ovejas en el monte y pensó: Voy a mentir al pueblo para ver si en algún problema estarían dispuestos a ayudarme. Así que gritó: ¡Qué viene el lobo! ¡Qué viene el lobo a por mis ovejas! ¡Ayuda!
Todos los pueblerinos fueron a ayudarle. Pero al ver que no pasaba nada, se enfadaron con el pastor. Al día siguiente el pastor volvió a hacerlo ¡Qué viene el lobo! ¡Ayuda! Ese día solo se presentaron la mitad de los pueblerinos y al ver que no sucedía nada se volvieron a enfadar. Al día siguiente, por la noche, un lobo se presentó en el monte donde dormían las ovejas del pastor. ¡Ayuda! ¡Ayuda! Gritó el pastor, pero nadie fue a socorrerlo y el pastor se quedó sin ovejas.

-En cuanto a vos, señor conde – dijo Patronio – os aconsejo que pidáis ayuda solo cuando de verdad la necesitéis.
El conde pensó que era buen consejo y le fue bien.
A don Juan le gustó esta moraleja:

“No mintáis a quien no os falla
o un día os podrá fallar”

LA CAPERUCITA

por INKA GUARNIDO y DIMITRI  LLORENS

Otro día, el Conde Lucanor le dijo a Patronio, su consejero:
-Patronio, hay algo que me incomoda desde hace un tiempo. Y es que hay una reina en el pueblo lejano, muy inteligente y atractiva, pero no sé si fiarme muy bien de sus negocios.
Al escuchar las palabras del conde Lucanor, Patronio le dijo:
-Señor conde, sé que hay otros que pueden aconsejarle mejor que yo. Pero, puesto que así lo queréis, os diré lo que pienso. Y para, aconsejarle, quiero que preste atención a la historia que le voy a contar:

“Había una vez una niña llamada Caperucita. Ella tenía que ir a casa de su abuela que estaba enferma. Cuando emprendió el viaje se encontró con un terrorífico lobo, este le dijo:
-Pequeña niña, para ir a casa de tu abuela puedes escoger entre dos caminos: el de la derecha, que es más largo pero más tranquilo o el corto, pero es más peligroso.
Yo te sugiero que vayas por el largo, porque aunque tardes más tiempo, llegarás sana y salva.
Caperucita al ver las pintas del lobo, se creyó que sus intenciones eran malas y falsas, por eso escogió el camino más corto. Al llegar a casa de la abuela Caperucita llegó mucho más tarde y malherida, tal como le había dicho el lobo.”

Señor conde Lucanor, con este relato le quiero mostrar que las apariencias engañan y que tiene que creer en lo que usted piense. Pero no debéis juzgar a las personas por su ejemplo, lo mandó copiar en este libro e hizo estos versos:

“Por las apariencias no te dejes engañar,
Así que por el aspecto no debéis juzgar.