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| De www.parasaber.com |
La setmana passada La Vanguàrdia va publicar un article sobre l’ús que en fan de les tecnologies els nostres alumnes, i com aquestes són cada cop més presents en tots els seus àmbits.
Ús o abús? En tenen ells consciència? Provem-ho. Una proposta de treball a partir de l’article “El niño centauro” d’Imma Monsó, que aquí reprodueixo (font: http://www.sindicat.net/n.php?n=12330)
El niño centauro
Imma Monsó
El niño centauro escapa fácilmente a la vigilancia del profesor, que es mucho más cibertorpe que sus alumnos centauro
Un certero artículo de Margarita Rivière sobre el mito del ciberprogreso me dejó pensando que no sólo nosotros nos hemos convertido con entusiasmo en hombres centauro (según Paolo Fabbri, mitad máquina mitad persona), sino que nos hemos mostrado asombrosamente acríticos a la hora de entregar nuestros propios hijos al poder creciente de la máquina. Veloz y precipitadamente, sin apenas hacernos preguntas sobre el significado de ese gran cambio, hemos poblado el mundo de niños centauro condenados a depender toda su vida de prótesis electrónicas. Sin ellas, no pueden entretenerse, ni informarse, ni hablar con amigos. Tampoco podrán hacer deberes ni ir al cole: la digitalización de las aulas (rápida y precipitada también) convierte a nuestros hijos en niños centauro homologados, cuya parte robótica crece exponencialmente cada día que pasa con el beneplácito de los adultos centauro.
El niño centauro invierte en lo virtual afectos, esfuerzos, proyectos. Si algo se le escapa en la vida real, ahí está la vida digital para compensarlo. ¿Que no se gusta cuando se mira al espejo? Donde no llegue su cuerpo, llegará su avatar. ¿Que no le gusta tener que hacer concesiones para tener amigos? Donde no lleguen los amigos en la vida, llegarán los del chat. ¿Que no se atreve ni a cruzar la calle? Donde no llegue su coraje, llegará su habilidad con el ratón para superar peligros virtuales. El niño centauro tiene alegrías nuevas: como su fecha de aniversario está en Facebook, recibe un montón de felicitaciones que acaso no recibiría si los que felicitan tuvieran que molestarse en descolgar un teléfono. Es fácil cibercontentar a un niño centauro el día de su cumpleaños. Y también disgustarlo. De vez en cuando prorrumpe en sollozos inconsolables porque alguien ha subido a Google sus fotos y todo el mundo puede verlas. Su desconsuelo está fundado: lo que a la red sube no vuelve a bajar. Cuando la legislación todavía no ha conseguido el modo de regular semejante atropello, nosotros ya hemos expuesto a nuestros hijos a la vorágine virtual. En carne viva.
El niño centauro genera nuevos sonidos, habla solo con sus mascotas virtuales, emite órdenes breves a la máquina, se cabrea con ella. Aunque más aterradores son sus silencios: puede pasar horas en su habitación tan absorto que se diría que se ha esfumado. Ahora, también en el aula vive horas atrapado en su burbuja individual de luz y color. Si tiene un rato libre, no necesita a sus compañeros del mismo modo que antes: enciende su ordenador portátil (pues ahí está su libro digital), y se envuelve en una nube de gas hipnótico. Los padres centauro también tienen nuevos disgustos, nuevas sorpresas: se da el caso del típico padre centauro que navega desde la oficina (donde debería estar trabajando) y de pronto se encuentra con su hijo, que navega desde el cole (donde debería estar estudiando). Y es que el niño centauro es ágil cambiando de pantalla y escapa fácilmente a la vigilancia del profesor, que no sólo no es omnisciente, sino que es mucho más cibertorpe que sus alumnos centauro.
Para la vida real, eso sí, el niño centauro será cada vez más analfabeto. Lo suyo es la vida virtual. También será más obeso, más obsesivo, más migrañoso, más susceptible a las llamadas “adicciones sin droga”. Pero nada de eso parece importarnos. Qué raro resulta, con lo muy mirados que somos con nuestros hijos (que hasta nos indigna que el zumo de piña lleve conservantes artificiales), haberlos sacrificado al altar del ciberprogreso cuando aún no disponemos de herramientas para contrarrestar los problemas que causa.
RECEPTA Arguments Tecnologies
argumentació noves tecnologies