Raros

Lu Cong

Pintura: My name is Tabitha, Lu Cong, 2010

Soraya era la niña más rara de la clase, en quinto be. Yo me partía por dentro con ella, pues no tenía ningún pudor en mostrarse como ella quería ser: la mejor entre las mejores. Alta, fuerte, con unos brazos que daban miedo de largos, y unos andares… madre mía, qué risa. Nunca acababa ningún ejercicio, esperaba con ansia esos minutos finales de cada clase en los que ya todos habían bajado la guardia. “Venga, Soraya, ¡pasarela!”, gritaba alguien y Soraya se plantaba en mitad del pasillo, tiraba la cabeza hacia atrás y comenzaba a caminar con pasos de gigante hacia la mesa de los profes y a mirar a un lado y a otro, como si de un partido de tenis se tratara, desafiante. Que los niños y niñas ya la teníamos muy vista, ella se levantaba la falda… Que nadie la miraba, ella cantaba bien fuerte. No era nada curricular, nada congénito, nada enfermizo, nada. Ella había nacido para ser Soraya, por encima de nuestras burlas, por encima de los castigos, por encima de lo convencional. Ahora que la recuerdo, me doy cuenta de que la admiraba pero me mantenía lejos: eso de sentarse a su lado era de niñas sufridoras. Y yo no era de esas.

Chicos y chicas raros. Recuerda, tienes alguno en tu vida… Extensión: unas 150 palabras