9ª sesión (10/01/2023)

CAPÍTULOS XXI Y XXIII: LA CUEVA DE MONTESINOS

( Uno de los episodios más destacados de la segunda parte es el de la Cueva de Montesinos. En el capítulo XXII, después de las bodas de Basilio y Quiteria, Don Quijote se propone descender a esa célebre cueva, atraído tanto por el nombre-Montesinos era un héroe famoso de los romances viejos- como por las maravillas que de ella se cuentan. Un licenciado con el que había coincidido antes de las bodas les proporciona como guía a un primo suyo, que resulta ser un erudito chiflado. El primo les conduce a la entrada de la cueva; allí atan a Don Quijote con una soga y lo descuelgan por la abertura. Don Quijote desciende un buen trecho hasta que, cansado, se introduce en un entrante y da voces a Sancho y al primo para que no suelten más cuerda. Pero Don Quijote se halla a tal profundidad que ya no le oyen, y siguen soltándola. No le queda más remedio que esperar a que vuelvan a izarle; de modo que se sienta y, fatigado, se duerme. Al cabo de media hora, Sancho y el primo tiran de la soga y lo sacan al exterior. )

El capítulo XXIII se ocupa, como nos indica el título, “De las admirables cosas que el extremado Don Quijote contó que había visto en la profunda cueva de Montesinos”. Don Quijote ejerce aquí de narrador, y obviamente su personalidad condiciona el relato. Sancho y el primo, que le interrumpen varias veces con sus comentarios, son los destinatarios internos de esa narración. La aventura está construida, argumentalmente, como parodia del motivo del descenso a los infiernos o cuevas mágicas, habitual en la literatura y también en la narrativa caballeresca, una prueba que el héroe se impone o debe asumir como parte de su proceso de sublimación como personaje mítico.

Una vez fuera don Quijote relata lo que ha soñado como si realmente lo hubiera vivido dentro de la cueva. El Primo cree todo lo que cuenta, Sancho no y el propio don Quijote dudará de si lo que le ha ocurrido es real o no.

Relata don Quijote que despertó en un hermoso prado y que vio un palacio de cristal, del que salió para recibirle el anciano Montesinos personaje de las leyendas carolingias, de las que pasó al romancero viejo. Este le confirma que es verdad lo que en el Romancero se cuenta de él: cumpliendo la voluntad del propio Durandarte, una vez éste había muerto, le arrancó el corazón y lo llevó a su amada Belerma.

Ejerciendo como guía en su viaje subterráneo, Montesinos le muestra a Durandarte, que yace sobre un sepulcro, recitando maquinalmente su propio romance. Después le cuenta que en la cueva viven encantados, por culpa de Merlín, muchos personajes de la tradición carolingia y artúrica, entre ellos Lancerot y Ginebra. También ve en la cueva a Dulcinea y dos de sus damas, pero bajo la apariencia de labradoras. Montesinos afirma que don Quijote es el encargado de liberarlos, pero que ya le avisará cuándo deba hacerlo

 

 

LA CAVERNA Y LA VISIÓN– Cervantes, con esta caverna o mazmorra, paraíso e infierno, espacio ultramundano de lo mágico y oculto, desmitifica uno de los lugares (tópicos) más ricos de la tradición literaria para plantear cuestiones de moral y de poética.  Cervantes hace aquí un uso particular del tópico proveniente de las novelas de caballerías. Sin embargo, la perspectiva épica se combina con la burlesca: vemos como la cueva está poblada de seres extraordinarios con remates vulgares que desmitifican la tradición alegórica de las visiones de submundo. De nuevo, vemos la presencia del humorismo con una clara intención paródica. Lo más curioso es la actitud de DQ, que va explicando su visión sin darse cuenta de los elementos grotescos que hay en ella. Pónganse como ejemplos de elemntos paródicos: el corazón amojamado de Durandarte, la descripción física de Belerma (668), las tres labradoras saltando como cabras, el préstamo que pide una de las damas de Dulcinea…

 

CAPÍTULO XXIX: EL BARCO ENCANTADO

 DQ y Sancho llegan al Ebro y se ofrece a su vista “un pequeño barco sin remos ni otras jarcias” y llevado por su fantasía caballeresca- supuestamnete el barco es señal inequívoca de que algún caballero esté en apuros-  ordena a Sancho embarcar. El tema del capítulo es uno de los más típicos de los libros de caballerías: el barco encantado que se encuentra por casualidad al lado del río o del mar y que lleva por magia -sin que nadie lo gobierne- a un sitio exótico donde el caballero acaba una gran aventura. Como modelos de este episodio se han sugerido el Palmerín de Inglaterra y el Espejo de príncipes y caballeros.

DQ se exalta y se cree que siguiendo el curso del río han llegado al mar y han pasado la línea equinoccial. Pero el pequeño barco está alcanzando la otra orilla con peligro de dar contra las ruedas de una aceña (molino harinero), y al reparar en ello acuden los molineros, blancos de harina, con varas apropiadas para detener la embarcación. DQ se sobresalta y los increpa y amenaza ya que los confunde con malvados secuestradores. Los molineros consiguen detener el barco, no sin que DQ y su escudero se zambullan en el río y el bajel resulte destrozado.

La “aventura” que tiene lugar en este capítulo se parece más a las de la Primera parte que a cualquier otra de la Segunda; es decir, DQ transforma la realidad, emprende la aventura, fracasa, y se disculpa citando la intervención de los encantadores. Pero hay diferencias importantes, sobre todo cuando DQ reconoce la realidad (“aunque parecen aceñas, no lo son”) y cuando les paga a los pescadores, cosas que nunca ocurren en la Primera parte. Las palabras de DQ en este capítulo (“Dios lo remedie; que todo este mundo es máquina y trazas, contrarias unas de otras. Yo no puedo más”) ilustran bien su impotencia y su pesimismo y preparan la escena para la gran farsa que será la visita al castillo ducal.

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8ª sesión (09/01/2023)

  • 2ª evaluación- (05/12/2022- 22/02/2033)+ 1 y 2/03/2023 + Día 2º control= 36 sesiones// 1er parcial: 1 de febrero

09/01/2023

3- Rosa

10- Laia

10/01/2023

23- Rosa

29- Martina

11/01/2023

41- Judit

48- Rosa

12/01/2023

62- Rosa

64- Gemma

16/01/2023

73- Rosa

74- Paula

 

RESUMEN DE LOS CAPÍTULOS I Y II

La 2ª parte del Quijote reanuda la trama de la narración un mes después del final de la primera. DQ daba muestras de estar en su entero juicio, y a fin de asegurarse de ello el cura y el barbero van a visitarle y conversan amigablemente con él. El diálogo transcurre dentro de la más elegante discreción hasta que se toca el tema caballeresco, que hace disparatar al hidalgo quien así pone de manifiesto que su enfermedad mental está muy lejos de haberse curado. Aquí se establecen ciertas características de la 2ª parte: aumento del diálogo, el ritmo de la acción más pausado y el encontrar a DQ en un estado “normal” más a menudo.

Mientras habla con el cura y el barbero entra en casa Sancho Panza; la conversación que inicia con su amo constituye una especie de sutil resumen escalonado en varias fases: primero mediante su evocación global aderezada con recuerdos ingratos (“si a ti te mantearon una vez, a mí me han molido un ciento”) y, a petición de DQ, Sancho enumera las opiniones que a los lugareños merecen las aventuras del caballero, lo que introduce variadas perspectivas de las acciones evocadas. Por último, Sancho cuenta a su amo que acaba de regresar al lugar el bachiller Sansón Carrasco, que viene de estudiar de Salamanca, y que le ha dicho que ha aparecido un libro titulado El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

CAPÍTULO III

Sancho había ido a por Sansón Carrasco para que le contara personalmente a don Quijote lo que de él se decía en la historia del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha. Mientras, don Quijote cavilaba sobre lo que el libro podría decir y la condición de su autor.

La naturaleza burlesca del bachiller se percibió  de inmediato. Cuando llegó a donde estaba don Quijote, se arrodilló y pidiéndole la mano le dijo que era el caballero andante más importante que ha habido en el mundo. Enalteció las figuras del moro autor Cide Hamete por haber dejado escrita las aventuras de don Quijote y del que las tradujo del árabe al castellano. Sorprendido don Quijote, siguió diciéndole el bachiller que pasaban de doce mil los libros impresos, pudiéndose afirmar que si sigue de esta manera, no habrá nación que no lo conozca. Don Quijote se enorgullece de este hecho.

Deseó don Quijote saber qué hazañas eran las más comentadas en la obra y Sansón se las refirió. Sancho le preguntó que si  también se referían episodios en los que habían resultado perjudicados. A propósito de ello, le dice el bachiller que muchos se alegraron de los palos que recibió don Quijote; éste le contestó que el autor debería haber omitido estas historias, pues “las acciones que ni mudan ni alteran la verdad de la historia no hay para qué escribirlas, si han de redundar en menosprecio del señor de la historia.”  

El bachiller retomó la idea y le respondió estableciendo la diferencia entre la función del poeta y el historiador.

Insiste Sancho en que quiere saber lo que se dice él. Le responde Sansón que son muchos los que piensan que es un crédulo ingenuo al pensar que podría ser verdad la ínsula ofrecida por don Quijote. Este, para no desanimar a Sancho contestó que “Aún hay sol en las bardas” (aún tenemos  tiempo). y con los años se adquiere experiencia. 

A continuación, Sansón expone los defectos que se han encontrado en el libro: a) Se ha intercalado la novela El curioso impertinente, sin que tenga nada que ver con la historia; b) No se cuenta quién le hurtó el rucio a Sancho; c) Tampoco se dice lo que hizo Sancho con los cien escudos que encontró en la maleta de Sierra Morena.

Intervinieron Sancho y don Quijote. El primero para quejarse de que el autor había mezclado “berzas con capachos” (lo había mezclado todo); el segundo, para sostener que la historia se habría contado mal y la gente no la entendería. Sansón lo tranquilizó diciéndole que “es tan clara, que no hay cosa que dificultar en ella: los niños la manosean, los hombres la entienden y los viejos la celebran…no hay antecámara de señor donde no se halle un Don Quijote”.

  Critica don Quijote que se hayan intercalado en la obra novelas y cuentos, pues sólo con sus pensamientos se hubiera hecho una gran obra filosófica. Sobre los otros defectos apuntados, en los que se hace referencia a Sancho, éste no quiere entrar en la conversación porque tiene hambre y se marcha a su casa a comer. Don Quijote invita a su mesa a Sansón Carrasco.

COMENTARIO

A ruegos de DQ, el bachiller Sansón Carrasco lo visita y le da noticia del libro, sobre el que expresa las opiniones de diferentes lectores, lo que permite recapitular hábilmente, a modo de índice encubierto, los sucesos más notables narrados en la 1ª parte.

Es aquí donde reside una de las más extraordinarias innovaciones de la narrativa cervantina: el Quijote de 1605 se integra en esta 2ª parte como un elemento más del relato; los protagonistas de la historia se ven a sí mismos convertidos en personajes, y matizan o corrigen ciertas inexactitudes de la narración, crecientemente independizados, en cierto modo, de su creador.

Esta es una novedad absoluta, que Cervantes aprovecha para jugar con los espejos del narrador arábigo, para remediar con gracia ciertos descuidos compositivos de la primera parte -como la omisión del robo del rucio de Sancho- o para plantear si fue oportuna la inclusión de la novela del Curioso Impertinente. Se habla también de la recepción del primer Quijote y hasta del nº de ejemplares impreso:

“es tan clara, que no hay cosa que dificultar en ella: los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran; y, finalmente, es tan trillada y tan leída y tan sabida de todo género de gentes, que apenas han visto algún rocín flaco, cuando dicen: «Allí va Rocinante». Y los que más se han dado a su lectura son los pajes: no hay antecámara de señor donde no se halle un Don Quijote, unos le toman si otros le dejan, estos le embisten y aquellos le piden.”

Estos capítulos contienen cuestiones de crítica y de sociología literaria, e incluso el planteamiento teórico de la diferencia entre historia y ficción. Pero lo decisivo, es la introducción del relato dentro del relato, la conversión narrativa de la 1ª parte en estímulos que determinan las reacciones de los personajes y su comportamiento. El Quijote de 1605 condicionará a partir de ahora la conducta de las gentes en sus encuentros con el caballero, inevitablemente precedido por la imagen que de él ha ofrecido la historia impresa.

La audacia de introducir la ficción en el desarrollo de la propia ficción es una de las grandes contribuciones cervantinas a la constitución del género novelístico. El haz de posibilidades de la literatura narrativa se ensancha con esta genial invención que abre uno de los caminos de la novela moderna.

RESUMEN CAPÍTULOS INTERMEDIOS

DQ decide salir por tercera vez de la aldea, acompañado de su escudero Sancho. Este último va aguzando su ingenio de tal suerte que el propio C. se ha dado cuenta de que ha hecho evolucionar demasiado a esta criatura suya.

Mientras tanto, la sobrina y el ama advierten que DQ quiere salir por 3ª vez en busca de aventuras y tratan en vano de impedirlo. Recurren al bachiller que, tras concebir un plan que no se nos desvela, anima y acompaña a la pareja en el inicio de su salida.

 Antes de emprender sus aventuras DQ quiere solicitar licencia y bendición de Dulcinea, y para ello se encaminan al Toboso.

CAPÍTULO X

El capítulo comienza con la mención de otro exordio (Introducción o explicación con que se introduce un discurso hablado o escrito para llamar la atención o preparar el ánimo del oyente o lector) de Cide Hamete. DQ imagina las posibles reacciones de su amada en la firme creencia de que posee una dama a tono con su nueva personalidad de “caballero” que existe en un “libro”.

El monólogo de Sancho: Sancho se va camino del Toboso con el encargo de solicitar de Dulcinea licencia para que el caballero la vea y reciba su bendición. Sentado al pie de un árbol, hace unas largas reflexiones sobre su comprometida situación. La figura que compone en su monólogo “hablando consigo mesmo” es frecuente entre los pastores del romancero y de algunas églogas teatrales. El soliloquio del escudero es uno de los fundamentos de la nueva imagen de Sancho en la 2ª parte, mucho más consciente de sus facultades y de su capacidad para manejar a DQ. El escudero presume que lo más probable es que su amo reaccione de acuerdo con el esquema de las aventuras que recuerda. La solución que halla es sencilla e ingeniosa a la vez. Ve que por el camino se acercan tres labradoras montadas en tres borricos, y corre hacia don Quijote y le anuncia que se aproxima Dulcinea, ricamente ataviada y acompañada de dos de sus doncellas. DQ no lo pone en duda, sale al camino y manifiesta a Sancho que sólo ve tres labradoras montadas en tres borricos. DQ ha cambiado también entre la 1ª y la 2ª parte. Mientras que antes transformaba lo que veía para adecuarlo a su ilusión, ahora ve la realidad tal cual es. Si parece sobrenatural es porque se presenta con esas características o porque es manipulada para que así lo parezca. Esta disminución de los poderes imaginativos de DQ manifiesta el agotamiento del recurso más característico de la obra (ver gigantes donde hay molinos).

En su descripción de Dulcinea y el discurso que le dirige, Sancho emplea un lenguaje que no sabíamos que manejase. DQ le habla primero a Sancho y se lamenta de su mala fortuna, antes de dirigirle a la aldeana un hermoso y tristísimo discurso que indica que la ve como tal. Ninguna de las posibilidades imaginadas por el escudero tiene lugar, pues el hidalgo no cree que es Dulcinea la encantada por un mago enemigo, sino sus ojos de modo que no pueda verla. La treta de Sancho provoca risa (el aliento a ajo de la campesina que molestó a DQ, y el lunar que le notó Sancho) y afirma el poder sobre su amo del “socarrón” escudero.

Este capítulo es esencial para la evolución de la novela y para la visión de la figura de Dulcinea. También señala una nueva evolución en la locura de DQ. La situación es exactamente contraria a las que se nos han ofrecido en la 1ª parte, donde DQ, ante la realidad vulgar, se imaginaba un mundo ideal y caballeresco. Hasta ahora, DQ sublimaba en valores de belleza y heroísmo lo corriente y anodino, y cuantos le rodeaban, Sancho el primero, hacían todo lo posible para desengañarle de su error y para hacerle ver que los gigantes eran molinos. Ante la disparidad, DQ respondía con malignos encantadores que transformaban lo noble en vulgar. A partir de ahora, este aspecto se invertirá. Sancho le pone ante tres feas aldeanas y sostiene que está viendo a tres damas bellas. DQ afirma: “Yo no veo sino a tres labradoras sobre tres borricos”. Los papeles se han invertido.

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7ª sesión (20/12/2022)

  • Comentario del prólogo de la 2ª parte.

SEGUNDA PARTE DEL QUIJOTE

Prólogo a a la segunda parte del Quijote

Comentario

(Para entender el prólogo es necesario conocer los siguientes antecedentes)

El año 1614, nueve años después de la aparición de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, se publicó con pie de imprenta de Tarragona el Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Contiene su tercera salida y es la quinta parte de sus aventuras. Está compuesta por el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de la villa de Tordesillas.

Ya desde el inicio, en el mismo prólogo, utiliza el autor una serie de expresiones viles contra Cervantes. Su abyección llega a tal, que pretende denigrar tanto la inmortal obra, como a su autor, Cervantes: a) Trata la historia de don Quijote “Como casi una comedia”; b) Lo trata de manco “…y digo mano, pues confiesa de sí que tiene solo una”;  c) Viejo “Y pues Miguel de Cervantes es ya de viejo como el castillo de San Cervantes”; d) Deslenguado: “tiene más lengua que manos”.

Dicho lo anterior, lo acusa de ofender a dos personas: a quien escribe el prólogo y “particularmente a quien tan justamente celebran las naciones más extranjeras”, en clara alusión a Lope de Vega.

Por último lo acusa de envidioso, pero lo exculpa en lo yerros dado que “el haberse escrito entre los de una cárcel; y así no pudo dejar de salir tiznada de ellos, ni salir menos que quejosa, murmuradora, impaciente y colérica, cual lo están los encarcelados”.

…………………………………………………………………………………………

Como vemos, el anónimo autor, desea iniciar una guerra con Cervantes. En el prólogo de la Segunda parte, este  contesta desde la serenidad, pero con humor y fina ironía a los insultos e injurias  que contra él había dirigido Avellaneda.

En este texto podemos establecer las siguientes partes:

  1. Autodefensa de las acusaciones vertidas contra Cervantes plena de mesura que, a la vez se convierte en acusación de sus enemigos literarios.

Comienza y termina este prólogo de la segunda parte con una alusión al Quijote de Avellaneda, anticipando las supuestas ganas del lector de encontrarse con la verdadera segunda parte del Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha una vez sufrida la segunda parte apócrifa para la que no escatima adjetivos y reproches, entre los que se cuenta el que en ella se le tachara a Cervantes de viejo y manco, “como si hubiera sido en mi mano haber detenido el tiempo, que no pasara por mí, o si mi manquedad hubiera nacido en alguna taberna, sino en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni espera ver los venideros”, en alusión a la batalla de Lepanto (1571). También lamenta que se le tache de envidioso (alusión clara a la posible envidia que sentía por Lope de Vega).

También recrimina el anonimato del autor apócrifo. Después sirviéndose de dos cuentecitos de perros le dice a Avellaneda, con el primero, que ha malgastado su tiempo ocupándose de un asunto que ya había sido tratado por el autor de la primera parte del Quijote y que no hacía falta «inflar más el perro». 

COMENTARIO DEL PRIMER CUENTO:

A Avellneda(el loco) se le ocurrió un gran disparate: agarró la pluma(el cañuto) para escribir y tomó cualquier material, que se sobreentiende que era de Cervantes. Hecho esto, llenó el material de palabras (hinchar el perro), es decir, añadió capítulo al Quijote Cervantino. Lo infló por el trasero, lo que significa que fueron escritos burdamente, que son ridículos (el perro).

Pero si acaso el ejemplo de un cuentecito le pareciera poco, le coloca la moraleja de otro en el cual otro loco, esta vez en Córdoba, se dedicaba a descargar con fuerza grandes piedras sobre los perros que se encontraba. Cuando se topó con el perro de un bonetero que oyó de qué manera lamentable se quejaba el animal después de recibir la descarga de la piedra, el buen bonetero molió a palos al loco mientras le gritaba una y mil veces que su perro era podenco. Tanto se lo gritó y tantos palos recibió el infortunado loco que, de allí en adelante, cuando se acercaba con la enorme piedra a un perro lo miraba muy detenidamente sin atreverse a descargarla sobre las costillas del animal por si acaso resultaba ser un podenco.

COMENTARIO: Como el loco que golpeó al podenco, el autor del Quijote apócrifo maltartó con su obra el fino material de la primera parte.

  1. El agradecimiento a quienes le apoyan en su tarea como escritor, el Conde de Lemos y el Cardenal Artzobispo de Toledo, tío del Duque de Lerma.
  2. Termina cerrando la posibilidad de una tercera parte del Quijote:

       «ni yo quiero decirte más a ti, sino advertirte que consideres que esta segunda parte de Don Quixote, que te ofrezco es cortada del mismo artífice y del mesmo paño que la primera, y que en ella te doy á Don Quixote dilatado, y finalmente muerto y sepultado, porque ninguno se atreva á levantarle nuevos testimonios».

RESUMEN DE LOS CAPÍTULOS I Y II

La 2ª parte del Quijote reanuda la trama de la narración un mes después del final de la primera. DQ daba muestras de estar en su entero juicio, y a fin de asegurarse de ello el cura y el barbero van a visitarle y conversan amigablemente con él. El diálogo transcurre dentro de la más elegante discreción hasta que se toca el tema caballeresco, que hace disparatar al hidalgo quien así pone de manifiesto que su enfermedad mental está muy lejos de haberse curado. Aquí se establecen ciertas características de la 2ª parte: aumento del diálogo, el ritmo de la acción más pausado y el encontrar a DQ en un estado “normal” más a menudo.

Mientras habla con el cura y el barbero entra en casa Sancho Panza; la conversación que inicia con su amo constituye una especie de sutil resumen escalonado en varias fases: primero mediante su evocación global aderezada con recuerdos ingratos (“si a ti te mantearon una vez, a mí me han molido un ciento”) y, a petición de DQ, Sancho enumera las opiniones que a los lugareños merecen las aventuras del caballero, lo que introduce variadas perspectivas de las acciones evocadas. Por último, Sancho cuenta a su amo que acaba de regresar al lugar el bachiller Sansón Carrasco, que viene de estudiar de Salamanca, y que le ha dicho que ha aparecido un libro titulado El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

CAPÍTULO III

A ruegos de DQ, el bachiller Sansón Carrasco lo visita y le da noticia del libro, sobre el que expresa las opiniones de diferentes lectores, lo que permite recapitular hábilmente, a modo de índice encubierto, los sucesos más notables narrados en la 1ª parte.

Es aquí donde reside una de las más extraordinarias innovaciones de la narrativa cervantina: el Quijote de 1605 se integra en esta 2ª parte como un elemento más del relato; los protagonistas de la historia se ven a sí mismos convertidos en personajes, y matizan o corrigen ciertas inexactitudes de la narración, crecientemente independizados, en cierto modo, de su creador.

Esta es una novedad absoluta, que Cervantes aprovecha para jugar con los espejos del narrador arábigo, para remediar con gracia ciertos descuidos compositivos de la primera parte -como la omisión del robo del rucio de Sancho- o para plantear si fue oportuna la inclusión de la novela del Curioso Impertinente. Se habla también de la recepción del primer Quijote y hasta del nº de ejemplares impreso:

“es tan clara, que no hay cosa que dificultar en ella: los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran; y, finalmente, es tan trillada y tan leída y tan sabida de todo género de gentes, que apenas han visto algún rocín flaco, cuando dicen: «Allí va Rocinante». Y los que más se han dado a su lectura son los pajes: no hay antecámara de señor donde no se halle un Don Quijote, unos le toman si otros le dejan, estos le embisten y aquellos le piden.”

Estos capítulos contienen cuestiones de crítica y de sociología literaria, e incluso el planteamiento teórico de la diferencia entre historia y ficción. Pero lo decisivo, es la introducción del relato dentro del relato, la conversión narrativa de la 1ª parte en estímulos que determinan las reacciones de los personajes y su comportamiento. El Quijote de 1605 condicionará a partir de ahora la conducta de las gentes en sus encuentros con el caballero, inevitablemente precedido por la imagen que de él ha ofrecido la historia impresa.

La audacia de introducir la ficción en el desarrollo de la propia ficción es una de las grandes contribuciones cervantinas a la constitución del género novelístico. El haz de posibilidades de la literatura narrativa se ensancha con esta genial invención que abre uno de los caminos de la novela moderna.

RESUMEN DE LOS CAPÍTULOS V, VI y VII: DQ Y SANCHO SALEN DE LA ALDEA

DQ decide salir por tercera vez de la aldea, acompañado de su escudero Sancho. Este último va aguzando su ingenio de tal suerte que el propio C. se ha dado cuenta de que ha hecho evolucionar demasiado a esta criatura suya.

En el capítulo 5, cuando inserta la discusión entre Sancho y su mujer sobre la salida con el caballero y el futuro de sus hijos, la voz narrativa del Cervantes/traductor nos confiesa que este capítulo lo “tiene por apócrifo, porque en él habla Sancho Panza con otro estilo del que se podía prometer de su corto ingenio, y dice cosas tan sutiles, que no tiene por posible que él las supiese”. Sancho ha aprendido a combinar las paradojas, la sintaxis y todas las galas del lenguaje cortesano hasta tal punto que su mujer no le entiende.

Mientras tanto (capítulo 6), la sobrina y el ama advierten que DQ quiere salir por 3ª vez en busca de aventuras y tratan en vano de impedirlo. Recurren al bachiller que, tras concebir un plan que no se nos desvela, anima y acompaña a la pareja en el inicio de su salida.

RESUMEN DE LOS CAPÍTULOS VIII y IX

 Antes de emprender sus aventuras DQ quiere solicitar licencia y bendición de Dulcinea, y para ello se encaminan al Toboso, adonde llegan a medianoche, después de una larga conversación entre amo y criado, en la que éste ha mantenido y adornado con más detalles y hábil mentira del mensaje a Dulcinea. A oscuras por el pueblo, DQ quiere buscar el alcázar de Dulcinea, con gran indignación de Sancho que sostiene que no hay tal en el Toboso. Al final, determinan que DQ se aparte en el bosque, mientras Sancho busca en el pueblo a esa “dama” de la que el uno se “ha enamorado de oídas” y el otro ha entrevistado, también de oídas.

CAPÍTULO X

El capítulo comienza con la mención de otro exordio (Introducción o explicación con que se introduce un discurso hablado o escrito para llamar la atención o preparar el ánimo del oyente o lector) de Cide Hamete. DQ imagina las posibles reacciones de su amada en la firme creencia de que posee una dama a tono con su nueva personalidad de “caballero” que existe en un “libro”.

El monólogo de Sancho: Sancho se va camino del Toboso con el encargo de solicitar de Dulcinea licencia para que el caballero la vea y reciba su bendición. Sentado al pie de un árbol, hace unas largas reflexiones sobre su comprometida situación. La figura que compone en su monólogo “hablando consigo mesmo” es frecuente entre los pastores del romancero y de algunas églogas teatrales. El soliloquio del escudero es uno de los fundamentos de la nueva imagen de Sancho en la 2ª parte, mucho más consciente de sus facultades y de su capacidad para manejar a DQ. El escudero presume que lo más probable es que su amo reaccione de acuerdo con el esquema de las aventuras que recuerda. La solución que halla es sencilla e ingeniosa a la vez. Ve que por el camino se acercan tres labradoras montadas en tres borricos, y corre hacia don Quijote y le anuncia que se aproxima Dulcinea, ricamente ataviada y acompañada de dos de sus doncellas. DQ no lo pone en duda, sale al camino y manifiesta a Sancho que sólo ve tres labradoras montadas en tres borricos. DQ ha cambiado también entre la 1ª y la 2ª parte. Mientras que antes transformaba lo que veía para adecuarlo a su ilusión, ahora ve la realidad tal cual es. Si parece sobrenatural es porque se presenta con esas características o porque es manipulada para que así lo parezca. Esta disminución de los poderes imaginativos de DQ manifiesta el agotamiento del recurso más característico de la obra (ver gigantes donde hay molinos).

En su descripción de Dulcinea y el discurso que le dirige, Sancho emplea un lenguaje que no sabíamos que manejase. DQ le habla primero a Sancho y se lamenta de su mala fortuna, antes de dirigirle a la aldeana un hermoso y tristísimo discurso que indica que la ve como tal. Ninguna de las posibilidades imaginadas por el escudero tiene lugar, pues el hidalgo no cree que es Dulcinea la encantada por un mago enemigo, sino sus ojos de modo que no pueda verla. La treta de Sancho provoca risa (el aliento a ajo de la campesina que molestó a DQ, y el lunar que le notó Sancho) y afirma el poder sobre su amo del “socarrón” escudero.

Este capítulo es esencial para la evolución de la novela y para la visión de la figura de Dulcinea. También señala una nueva evolución en la locura de DQ. La situación es exactamente contraria a las que se nos han ofrecido en la 1ª parte, donde DQ, ante la realidad vulgar, se imaginaba un mundo ideal y caballeresco. Hasta ahora, DQ sublimaba en valores de belleza y heroísmo lo corriente y anodino, y cuantos le rodeaban, Sancho el primero, hacían todo lo posible para desengañarle de su error y para hacerle ver que los gigantes eran molinos. Ante la disparidad, DQ respondía con malignos encantadores que transformaban lo noble en vulgar. A partir de ahora, este aspecto se invertirá. Sancho le pone ante tres feas aldeanas y sostiene que está viendo a tres damas bellas. DQ afirma: “Yo no veo sino a tres labradoras sobre tres borricos”. Los papeles se han invertido.

CAPÍTULOS XXI Y XXIII: LA CUEVA DE MONTESINOS

 Tras el feliz desenlace, DQ y Sancho se encaminan hacia la cueva de Montesinos, próxima a una de las lagunas de Ruidera, donde nace el Guadiana, una meta que ya venía perfilándose hace unos capítulos. Les acompaña el primo de un licenciado que han encontrado en el cap. 19. Este personaje sin nombre es una burla de la erudición vana y hueca, lector de l. de caballerías e impresor y autor de obras disparatadas: está escribiendo un libro, Metamorfoseos, en el que explica quiénes fueron la Giralda, la Sierra Morena…; este loco de la erudición alimentará la imaginación de DQ. A las dos de la tarde y con una cuerda de cien brazadas, DQ se adentra por la boca del oscuro abismo, cegado de malezas y aves agoreras, tras encomendarse a su amada. Sancho y el primo lo bajan y, al recogerlo al cabo de media hora, solo notan peso cuando apenas les quedan veinte brazadas.

DQ aparece dormido y al desperezarse, confiesa con dolor que vuelve de una visión extraordinaria. Antes de explicarla, meriendan.

LA CAVERNA Y LA VISIÓN– Cervantes, con esta caverna o mazmorra, paraíso e infierno, espacio ultramundano de lo mágico y oculto, lugar del sueño y del desengaño, desmitifica uno de los lugares (tópicos) más ricos de la tradición literaria para plantear cuestiones de moral y de poética. Él mismo había utilizado la alegoría de la cueva en otras obras. Todos los géneros literarios, desde la lírica a la épica, la mística o la hagiografía, habían hecho uso de las cuevas como espacio mágico u visionario, sin olvidar el teatro, la novela sentimental y pastoril o el folclore. Cervantes hace aquí un uso particular del tópico proveniente de las novelas de caballerías. La perspectiva épica se combina con la burlesca. Y a la burla suma el significado platónico de la caverna como lugar que explica el proceso de conocimiento y, a la vez, el de la misma creación literaria, pues es en la mente de DQ -constructor del relato- donde la cueva y sus habitantes tienen su verdadera residencia. La de Montesinos está poblada de seres extraordinarios con remates vulgares que desmitifican la tradición alegórica de las visiones de submundo.

DQ empieza a las cuatro de la tarde el recuento detalladísimo de su viaje y de la topografía de la cueva, tratando de probar la veracidad de su testimonio ante el escepticismo de Sancho y la credulidad del primo. El descenso iniciático, como los de Eneas y otros héroes de fama, está cargado de las dobleces propias del género de los sueños: aunque asegura haberse dormido, luego trata de probar lo contrario. Todo lo que ve se ajusta al esquema de las visiones de ultratumba: desde el locus amoenus cristalino, hasta el desfile de personajes míticos o extraordinarios. Sin embargo, la fusión de lo sublime y lo cotidiano y grotesco, surge desde el principio sin que el DQ narrador se aperciba. El melancólico héroe fabrica su historia mezclando materiales literarios y legendarios (Merlín, Montesinos) con los de su propia experiencia (Dulcinea labradora saltando y bricando como cabra) y los de su fantasía (Ruidera y familia). Muertos vivientes de cinco siglos y encantadas que piden prestado sobre una prenda íntima se pasean ante DQ a lo largo de tres días que sólo han durado media hora.

DQ, por primera y última vez en la obra, es personaje y narrador de una aventura de la que solo tenemos su testimonio. Ello derivará en la recepción distinta que su discurso produce en Sancho y el primo, y en la desconfianza de Cide Hamete quien, en el capítulo siguiente, dará el episodio por apócrifo. C. aprovecha el género visionario y el tópico de la cueva para hacer sátira y parodia caballeresca, pero sobre todo para situar lo admirable y maravilloso en el ámbito de la fabulación, dando al traste con la máquina de las alegorías y abriendo paso a la novela moderna.

CAPÍTULO XXIX: EL BARCO ENCANTADO

 Este capítulo representa el final de la primera fase de la segunda parte del Q.; en el siguiente DQ y Sancho se encuentran con la duquesa y así empieza la larga visita al castillo de los duques, comparable en esta parte a la estancia en la venta en la primera.

DQ y Sancho llegan al Ebro y se ofrece a su vista “un pequeño barco sin remos ni otras jarcias” y llevado por su fantasía caballeresca ordena a Sancho embarcar. El tema del capítulo es uno de los más tipicos de los libros de caballerías: el barco encantado que se encuentra por casualidad al lado del río o del mar y que lleva por magia -sin que nadie lo gobierne- a un sitio exótico donde el caballero acaba una gran aventura. Como modelos de este episodio se han sugerido el Palmerín de Inglaterra y el Espejo de príncipes y caballeros.

DQ se exalta y se cree que siguiendo el curso del río han llegado al mar y han pasado la línea equinoccial. Pero el pequeño barco está alcanzando la otra orilla con peligro de dar contra las ruedas de una aceña (molino harinero), y al reparar en ello acuden los molineros, blancos de harina, con varas apropiadas para detener la embarcación. Dq se sobresalta y los increpa y amenaza. Los Molineros consiguen detener el barco, no sin que DQ y su escudero se zambullan en el río y el bajel resulte destrozado.

La “aventura” que tiene lugar en este capítulo se parece más a las de la Primera poarte que a cualquier otra de la Segunda; es decir, DQ transforma la realidad, emprende la aventura, fracasa, y se disculpa citando la intervención de los encantadores. Pero hay diferencias importantes, sobre todo cuando DQ reconoce la realidad (“aunque parecen aceñas, no lo son”) y cuando les paga a los pescadores, cosas que nunca ocurren en la Primera parte. Las palabras de DQ en este capítulo (“Dios lo remedie; que todo este mundo es máquina y trazas, contrarias unas de otras. Yo no puedo más”) ilustran bien su impotencia y su pesimismo y preparan la escena para la gran farsa que será la visita al castillo ducal.

 

RESUMEN DE LOS CAPÍTULOS XXX AL LVII: EN EL PALACIO DE LOS DUQUES

Desde el 30 al 57 de esta segunda parte , DQ y Sancho son acogidos por unos Duques que tenían su residencia en aquellas tierras aragonesas. Aunque Cervantes no indica nunca su nombre, ni el lugar donde está el palacio, se suele afirmar que parecen estar inspirados en don Carlos de Borja y doña Maria Luisa de Aragón, duques de Luna y Villahermosa, que vivían en Pedrola.

Los duques han leído la primera parte del Quijote, y por lo tanto cuando conocen al hidalgo y a su escudero saben perfectamente de qué pie cojean ambos: la locura caballeresca y el ingenio de DQ y la ambición y donaires de Sancho. Ricos aristócratas, con una verdadera corte de servidores, los Duques deciden aprovechar el paso de DQ y Sancho por sus propiedades para divertirse a costa de ellos, como si hubieran encontrado a dos bufones. El Duque ordena sus criados que sigan el humor de DQ y que se comporten al estilo de las cortes de los libros de caballerías. A ello se opone el capellán del palacio, que lo abandona mientras DQ reside en él.

Delicados y despiadados a la vez, los duques harán revivir artificialmente a DQ y a Sancho las aventuras caballerescas sin que estos tengan que desfigurar la realidad.

Sólo dos personas del palacio se excluyen de las consignas del duque: el eclesiástico y una dama de honor de la Duquesa llamada doña Rodríguez, retrato de la mujer tonta que creerá a pies juntillas que DQ es un caballero andante e incluso acudirá a él para que defienda el honor de siha, que ha sido burlada por el hijo de un labrador rico (48 y 56).

RESUMEN DE LOS CAPÍTULOS XXXIV Y XXXV: LA PROFECÍA DE MERLÍN:

CAPÍTULOS XXXVI y XLI 

En el capítulo 36, La condesa Trifaldi se presenta ante DQ con un grotesco cortejo de damas barbudas para pedirle que vaya a la lejana isla de Candaya a desencantar a la infanta Antonomasia y don Clavijo -nombres burlescos- convertidos por el gigante Malambruno, ella en una simia de bronce, y él en un espantoso cocodrilo. Sólo a DQ estaba reservada la hazaña de hacerles recobrar su primitiva forma. El gigante también las ha encantado a ellas haciéndoles crecer barba.

Los criados del Duque realizan toda esta farsa con notable propiedad y remendando con acierto las situaciones, el estilo y el lenguaje de los libros de caballerías. Para ir a Candaya es preciso montar en un caballo de madera, Clavileño, que lleva rápidamente por los aires a las regiones más apartadas. Sancho se niega, pero las dueñas barbudas -por el encantamiento- le suplican encarecidamente y los duques le amenazan con dejarle sin ínsula que gobernar.

DQ y Sancho montan en el caballo de madera, que acaban de traer cuatro “salvajes”; les cubren los ojos con un pañuelo y con argucias, les transmiten la sensación de estar volando para luego -con la ayuda de cuatro petardos- devolverlos al suelo del jardín inicial. Allí hallan una nota de Malambruno que finaliza con la aventura.

Aquí no es precisamente el escritor quien parodia los libros de caballlerías, sino los criados del Duque; y lo hacen tan bien que, no tan sólo DQ cae en el engaño, lo que es muy natural, sino también Sancho, que cada vez va creyendo más y más en las fantasías caballerescas y se va “quijotizando”.

El tema del caballo volador hacía más de tres siglos que figuraba en las novelas caballerescas. En la novela Cléomadès de Adenet li Rois (s. XIII), el héroe, Marcadigás se lanza en plena aventura montado en un caballo de madera que vuela por los aires, fabricado por el rey moro Comprars de Bujía. El tema parece derivar de un relato de las Mil y una noches (“El caballo de ébano”) y se divulgó por la Europa cristiana a través de España y aquí muere humorísticlamente a manos de Cervantes después de haber pasado por versiones como la de la novela de caballerías Historia de Clamades y Clarmonda (1562). C. concoció seguramente este libro y es el que confundió con aquel otro sobre Pierres y la linda Magalona, amantes que se fugaron igualmente a caballo, pero montados en dos que no eran mágicos.

Al final del episodio, Sancho relata a los duques el embuste de cómo desde la altura vio el diminuto tamaño de la tierra y cómo visitó a las siete cabrillas (la constelación de las Pléyades). La fantástica ascensión se Sancho al cielo hace juego con el descenso de DQ a la cueva de Montesinos. Sancho actúa como un fanfarrón y un pícaro embustero triunfando ante los señores burladores que no pueden revelar la verdad.

 

(DQ Y ALTISIDORA

DQ ha permanecido mientras tanto en el palacio de los Duques y ha sido objeto de varias burlas. Una de las doncellas de la Duquesa, Altisidora, moza desenvuelta y decidida (Placerdemivida) ha fingido enamorarse perdidamente de DQ (cap 44) quien a pesar de todas las insinuaciones se mantiene fiel a Dulcinea. La burla acaba con una serenata con cencerrada y suelta de gatos que acaban arañando a DQ y llenándolo de “gatescas heridas”).

CAPÍTULO XLVIII: DQ Y DOÑA RODRÍGUEZ

Trama: Al inicio del capítulo hay una escena divertida ya que doña Rodríguez abre la puerta del dormitorio de DQ y este cree que es Altisidora una joven que dentro de la farsa montada por los duques hace ver que quiere seducir a DQ, en este fragmento se pone de manifiesto la castidad de DQ y su fidelidad a Dulcinea.

Aclaradas las cosas doña Rodríguez explica que acude a él porque es un caballero andante y desea que vengue el honor de su hija, que ha sido burlada por el hijo de un rico campesino.

 

El capítulo comienza con un enlace oracional con el anterior: “Además…”. Sin embargo, y a pesar de anunciar continuidad, C. introduce una nueva aventura que irá desarrrollando en alternancia con las protagonizadas por Sancho. Esto refleja la autonomía que Sancho ha ido adquiriendo a lo largo de esta segunda parte, hasta llegar a la independencia en la ínsula.

Este capítulo está construido como un paso de entremés; no falta ninguno de los ingredientes propios del género: figuras estrafalarias y tipificadas, parodia con recuerdos clásicos de las relaciones amorosas caballerescas y refinadas, crítica a las dueñas y final a palos y a oscuras. Pero, sobre ese esquema, C. borda algunos de los elementos esenciales que carcterizan toda la obra. Tal es el contraste entre imaginación y realidad: el caballero, que espera a Altisidora, se encuentra con una dueña a la que confunde con una aparición diabólica, aunque a estas alturas el procedimiento se haya atenuado.

La historia de la dueña incluye otra; la de su marido y el algunacil, anécdota que parece un suceso real que plantea el problema de las relaciones entre las clases sociales. Lo que C. expone es la alianza entre el grupo social del campesinado rico y la nobleza: el duque no ha intervenido en la demanda de doña Rodríguez porque el padre del seductor “le presta dineros y le sale por fiador de sus trampas…” A esta complicidad responde la rencorosa crítica de la dueña contra la duquesa. Será esa revelación de sus fuentes y la alusión a Altisidora, las que incitará a estas, que estaban escuchando detrás de la puerta, a terminar a palos la aventura. (C. lo revela en el cap 50)

(DQ batallará en el cap 56 para salvar el honor de la hija de la dueña)

CAPÍTULO LXII: LA CABEZA ENCANTADA.

Asunto: Don Antonio- un noble menor barcelonés- acoge a DQ y a Sancho con gran cariño, pero no pierde ocasión para burlarse de ellos. Pasea a dQ por la ciudad en pleno mes de junio vestido con ropa de abrigo y con un letrero cosido en la espalda que dice que es dQ. DQ se admira de que tantos le conozcan y sepan su nombre. Un personaje anónimo reconoce el buen ingenio de dQ y se lamenta de que lo desagüe por el canal de la andante caballería y señala que está loco él y los que le acompañan Lo saca al balcón de su casa lo cual convoca a muchas personas que conociendo al personaje acuden a burlarse de él.

Montan una fiesta y las amigas de la señora se burlan de dQ diciéndole piropos y sacándolo a bailar. De nuevo sale a relucir su castidad y amor platónico por Dulcinea..

Don Antonio monta una nueva estrategia para burlarse de dQ y Sancho, aunque no sólo de ellos pues mucha gente cae en el engaño. Enseña una cabeza de bronce que según él ha sido fabricada por un encantador y posee la capacidad de responder atinadamente a todo lo que se le pregunte. Estamos ante una nueva situación de distorsión de la realidad por parte de los personajes que rodean a dQ y Sancho.

Después de que pregunten otras personas, muchas de las cuales caen en el engaño, pregunta dQ si fue verdad lo de la cueva de Montesinos, aquí vemos que el propio dQ duda de que fuera real lo que ocurrió y pregunta sobre los azotes de Sancho y el desencantamiento de Dulcinea-labradora. La cabeza da respuestas ambiguas. También Sancho pregunta si volverá a ser gobernador, si regresará con su familia y si mejorará su situación. La cabeza le responde que gobernará en su casa y dejará de ser escudero. La respuesta es según Sancho de Perogrullo por lo evidente que es.

Cervantes citando de nuevo a Cide Hamede explica el mecanismo de la cabeza y cómo desde un tubo que comunicaba el aposento del piso inferior un sobrino de don Antonio contestaba a las preguntas. Esta cabeza admiró a mucha gente durante diez o doce días hasta que la Inquisición intervino, aunque para Sancho y dQ quedó como algo mágico.

Acaba el capítulo con la visita que hace dQ a una imprenta de BCN donde tras comentar cosas diversas ve una edición del Quijote de Avellaneda y aprovecha para criticarlo.

Comentario: El interés de este capítulo es muy distinto al de los demás que narran las andanzas de DQ y Sancho por Cataluña, pues sus episodios acaban pareciendo prescindibles para el sentido último de la novela; con todo, merecen atención por lo que tiene de reveladores de ciertas ideas de Cervantes.

El curioso episodio de la cabeza encantada  va más allá de la burla que parece ser. El ardid se ofrece como algo mágico a cada uno de los convidados a la fiesta, que ignoran el artificio; pero C. se apresura a dejar claro que dicha cabeza es un truco con unas razones en que se acaban borrando las fornteras entre literatura y realidad.

Junto a la broma de que son víctimas DQ y Sancho, el asunto de la cabeza parlante entraba de lleno en la polémica sobre la adivinación. Autoridades de la época lo calificaban como pecado que llevaba implícito un pacto con el demonio. Sólo se toleraba si era declarado explícitamente un juego inocente.

A otro nivel, todos estos juegos le sirven a C. para ridiculizar la creencia en la astrología y supersticiones afines.

Tras este incidente, DQ visita una imprenta, lo que propicia comentarios literarios sobre los libros que allí se están componiendo y estampando, y que C. opine sobre el arte de traducir y, sobre todo, lance un nuevo ataque a Avellaneda, lo que vuelve a revelarnos hasta qué punto le indignó y le condicionó el recuerdo de la novela apócrifa en la redacción de la segunda parte.

CAPÍTULO LXIV: EL CABALLERO DE LA BLANCA LUNA

Asunto y comentario: Dos días después del combate naval llega a Barcelona un caballero armado de punta en blanco y en cuyo escudo estaba pintada una resplandeciente luna. Tras esta figura que ha venido a retar a DQ, se esconde el “perseguidor “del héroe, Sansón Carrasco. Es más temible que el cura y el barbero puesto que parodia el estilo de DQ. Ahora lo reta a combate si no quiere confesar que su dama es mucho más hermosa que Dulcinea. Después de vencerlo, le anuncia la muerte si no confiesa las condiciones del desafío. Dq, con voz débil y en una escena patética pronuncia estas palabras: “Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo, y yo el más desdichado caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad. Aprieta, caballero, la lanza, y quítamen la vida, pues me has quitado la honra”

Un detalle da autenticidad a estas palabras: la ausencia de los arcaísmos propios de su lenguaje caballeresco. No ha dicho fermosa, cautivo, aquesta, sino hermosa, desdichado, esta. En este doloroso trance, el más lastimoso y triste de su vida, DQ se ha quitado la máscara del lenguaje libresco y ha hablado con verdad.

CAPÍTULO LXXIII

Asunto: Llegan a su aldea y dQ interpreta como un mal agüero un trivial comentario de dos niños. Sancho intenta quitarle importancia al asunto e incluso le compra una jaula de grillos para convencerle de que volverá a ver a Dulcinea.  DQ es recibido con mucho cariño por sus familiares y amigos. Sancho es recibido por su mujer Teresa y su hija que se extraña de no verle con aspecto más adinerado

DQ cuenta a sus amigos su nueva situación y les propone irse a hacer de pastores. En fondo está buscando otra forma de literaturizar su vida de una forma menos arriesgada posiblemente. Sus amigos le siguen la corriente. La sobrina y el ama se escandalizan de la nueva locura de dQ. Al final del capítulo lo llevan a la cama.

Comentario: Por tercera y última vez, DQ vuelve a su pueblo, ahora físicamente libre y no encantado, pero profuindamente melancólico. Por esto interpreta como agüeros tristes las primeras cosas que oye y ve a la entrada: la disputa sobre una jaula de grillos y una liebre huyendo de galgos y cazadores. Tanto la jaula como la liebre -Dulcinea- le avisan que no verá más a la señora de sus pensamientos.

En la primera parte casi no hay agüeros, pero en la segunda, con frecuencia., se oyen o se ven cosas que se sienten como tales. Unos cap. antes, DQ los había rechazado como una superstición del vulgo. En vista de ese repudio tan reciente, el comienzo de este capítulo revela la reciente desesperación del caballero.

Ahora le toca a Sancho consolar a su amo. Al final de la segunda parte, Sancho, el exgobernador, desencantador de Dulcinea y resucitador de Altisidora, se muestra más discreto y capaz de dirigir a DQ, cada vez más débil.

Sancho se reencuentra con su familia y , en su casa, DQ revela al cura y a Sansón las noticias de su derrota y su intención de pasar el año como pastor enamorado; les invita a acompañarle en este ejercicio pastoril. Es natural que DQ decida vivir otra ficción, pero, habiendo oído la ama y la sobrina esta conversación, protestan enérgicamente. No les lleva la contraria DQ. Le faltan fuerzas y pide ser llevado al lecho. Le falla, por fin, tanto la ilusión caballeresca, como la pastoril.

CAPÍTULO LXXIV

Asunto: DQ cae enfermo. El médico dice que la melancolía acabará con él.

Todos miran de animarle con la idea de ir a hacer de pastores. Pero dQ a recobrado el juicio decide que debe confesarse y hacer testamento. En él favorece económicamente a Sancho y dice que si estando loco le dio el gobierno de una isla ahora que está cuerdo si pudiera lo haría gobernador de un reino ya que su sencillez y fidelidad lo merecen.

Sancho se emociona, le dice que posiblemente perdió contra el caballero de la Blanca Luna porque él cinchó mal al caballo. Incide en la idea que Dulcinea ya está desencantada y que deben irse a hacer de pastores.

DQ repite que está curado de su locura y abomina de los libros de caballerías, les pide que no intenten animarlo con historias de pastores o caballeros.

Concluye su testamento dejando su hacienda a su sobrina, a condición de que no se case con alguien que conozca los libros de caballerías.

Vuelve a criticar al Quijote de Avellaneda. Y subraya que muere y que nadie podrá resucitarle y seguir con sus aventuras, parece Cervantes querer asegurarse de que no habrá nuevas continuaciones.

Acaba Cervantes con una nueva crítica a Avellaneda y expresando que su deseo fue poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías.

Comentario: La historia de DQ es la de un loco; es preciso, pues, que termine con la recuperación del juicio y de la identidad subsumida en el nombre Alonso Quijano el Bueno.

¿Muere DQ a causa de la melancolía -desajuste de los humores corporales, según la medicina de la época- o a causa de la pesadumbre resultante de su derrota por el caballero de la Blanca Luna? El texto no aclara el problema.

Sansón Carrasco cumple un papel importante en el último capítulo. Igual que Sancho, no acepta el hecho de que DQ está moribundo. Trata de animarle a volver a vivir fantasías. La ironía es considerable. Fue él quien ideó la tercera salida pensando vencerlo y obligarle a volver a la aldea donde se hiciese curar. Cuando lo consigue, es incapaz de enfrentarse con las consecuencias de su intervención en la vida de su vecino.

Rodeado de sus amigos y parientes, DQ muere cuerdo y conforme a las prácticas cristianas, como los caballeros del Tirante el Blanco. En tiempos de su locura, el héroe no frecuentaba las iglesias, ni le veíamos practicar devociones serias fuera de ellas, aunque sabía hablar inteligente y ortodoxamente de los artículos de la fe cristiana. Si de cuerdo hubiera tenido más vida, no habría leído libros de caballerías, sino otros que fueran “luz del alma”. Cuando despierta del sueño de la conversión, DQ se declara libre de “las sombras caliginosas de la ignorancia”, producto de la lectura excesiva de los libros de caballerías. El hidalgo cuerdo admite su “desengaño”, voz que en el barroco español tenía el sentido positivo de esclarecimiento.

En el resto de su vida, DQ y, despué de su muerte, Cide Hamete, abominan de los libros de caballerías, causa de la ignorancia y del engaño humanos. Se confirma así el propósito de la novela, tal como ha sido declarado en el Prólogo de la primera parte y repetido tantas veces en la ficción.

El Q. de Avellaneda sigue atormentando el espíritu cuerdo de DQ. Ruega a sus albaceas que, si logran identificar y encontrar al autor seudónimo, le pidan perdón de su parte por la ocasión que le ha dado de escribir obra tan detestable. Él mismo toma precauciones para evitar toda imitación de su Segunda parte. La muerte conmovedora de DQ estorba posibles continuaciones; y la pluma de Cide Hamete proclama que DQ nació para ella sola.

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6ª sesión (19/12/2022)

PROPUESTA DE COMENTARIO (Entrega: 11/01/2022)

—De todo cuanto me habéis dicho, hermanos carísimos, he sacado en limpio que, aunque os han castigado por vuestras culpas, las penas que vais a padecer no os dan mucho gusto y que vais a ellas muy de mala gana y muy contra vuestra voluntad, y que podría ser que el poco ánimo que aquel tuvo en el tormento, la falta de dineros deste, el poco favor del otro y, finalmente, el torcido juicio del juez, hubiese sido causa de vuestra perdición y de no haber salido con la justicia que de vuestra parte teníades.1 Todo lo cual se me representa a mí ahora en la memoria, de manera que me está diciendo, persuadiendo y aun forzando que muestre con vosotros el efeto para que el cielo me arrojó al mundo y me hizo profesar en él la orden de caballería que profeso, y el voto que en ella hice de favorecer a los menesterosos y opresos de los mayores. Pero, porque sé que una de las partes2 de la prudencia es que lo que se puede hacer por bien no se haga por mal,3 quiero rogar a estos señores guardianes y comisario sean servidos de desataros y dejaros ir en paz, que no faltarán otros que sirvan al rey en mejores ocasiones,4 porque me parece duro caso hacer esclavos a los que Dios y naturaleza hizo libres. Cuanto más, señores guardas —añadió don Quijote—, que estos pobres no han cometido nada contra vosotros. Allá se lo haya cada uno con su pecado; Dios hay en el cielo, que no se descuida de castigar al malo ni de premiar al bueno, y no es bien que los hombres honrados sean verdugos de los otros hombres, no yéndoles nada en ello. Pido esto con esta mansedumbre y sosiego, porque tenga, si lo cumplís, algo que agradeceros; y cuando de grado no lo hagáis, esta lanza y esta espada, con el valor de mi brazo, harán que lo hagáis por fuerza.

—¡Donosa majadería! —respondió el comisario—. ¡Bueno está el donaire5 con que ha salido a cabo de rato!6 ¡Los forzados del rey quiere que le dejemos, como si tuviéramos autoridad para soltarlos, o él la tuviera para mandárnoslo! Váyase vuestra merced, señor, norabuena su camino adelante y enderécese ese bacín que trae en la cabeza y no ande buscando tres pies al gato.

—¡Vois sois el gato y el rato7 y el bellaco! —respondió don Quijote.

Y, diciendo y haciendo, arremetió con él tan presto, que, sin que tuviese lugar de ponerse en defensa, dio con él en el suelo malherido de una lanzada; y avínole bien, que este era el de la escopeta.

1. teníades: ‘teníais’.

2. partes: ‘cualidades’.

3. lo que se puede hacer por bien no se haga por mal: ‘lo que se puede lograr mediante la persuasión, no debe buscarse con la violencia’.

4. ocasiones: ‘batallas, riesgos’.

5. donaire: ‘chiste, ocurrencia’.

6. a cabo de rato: ‘al final de tanto tiempo’.

7. rato: ‘ratón’.

 

CAPÍTULO XXXI

(Antes de leer el capítulo XXXI conviene saber lo ocurrido en los capítulos XVI-XXX y que, resumido, es esto:

Sancho emprende camino hacia el Toboso para entregar la carta a Dulcinea. Al llegar a la venta, se encuentra con el cura y el barbero que habían salido en busca de DQ. Sancho les explica sus aventuras y se da cuenta del olvido de la carta. Intentará repetirla de memoria con constantes disparates, resultando una desfiguración rústica de los que a su vez era una parodia del epistolario caballeresco.

El cura y el barbero idean una simulación para atraer a DQ: vestirse de doncella menesterosa que reclame ayuda. Al internarse en la sierra encuentran a Cardenio (el enamorado de Luscinda) y a Dorotea, la muchacha burlada por don Fernando. Ambos explican la historia de sus amores y Dorotea se ofrece a desempeñar el papel de princesa menesterosa que pedirá ayuda a DQ con el fin de llevarlo a su aldea. Dorotea, con el grotesco nombre de princesa Micomicona, se postra ante DQ y le suplica que empeñe su palabra en no entremeterse en aventura alguna hasta haber matado a un temible gigante que le había usurpado su reino. Por primera vez, DQ (y Sancho) son engañados con una ficción caballeresca, fantástica e inverosímil. Este hecho representa una nueva fase de la acción y una innovación importante del argumento. A partir de ahora, las aventuras le vendrán a DQ preparadas por los demás.

 

ARGUMENTO

DQ le pide a Sancho que le describa lo que sucedió cuando entregó la carta a Dulcinea, y Sancho responde que esta estaba limpiando granos de trigo en el corral, y que le dijo que depositara la carta sobre un costal, porque estaba muy ocupada. Luego él le explicó que su amo estaba haciendo una penitencia en la sierra y viviendo como un salvaje.

Don Quijote le pregunta si Dulcinea olía a incienso o a alguna otra fragancia, a lo que su escudero responde que despedía un olor “hombruno”, porque había sudado mucho. El hidalgo lo desmiente y compara el aroma de Dulcinea con el de las rosas y los lirios. A continuación, Sancho le dice que Dulcinea rompió la carta, por no querer que nadie la leyera y descubriera sus secretos, y le pidió que su amo saliera de los matorrales, deje de hacer “disparates” y vaya a verla pronto. También le cuenta que se rió del nombre “Caballero de la Triste Figura”, y que el vizcaíno se había presentado ante ella, pero no los galeotes. Don Quijote le pregunta si Dulcinea le envió alguna joya, puesto que eso era una costumbre entre los caballeros y sus damas, pero él responde que solo le dio pan con queso.

Don Quijote está sorprendido de la velocidad con la que su escudero fue y volvió del Toboso, puesto que distaba de donde estaban más de treinta leguas. Sin embargo cree que un sabio lo favoreció, tal como ocurre muchas veces en los libros de caballerías, en donde los caballeros son transportados de un lugar a otro sin que ni siquiera lo noten. Sancho lo confirma y luego trata de convencerlo de que se case con la princesa Micomicona. El hidalgo le dice que si su intención es conseguir las tierras que le ha prometido, no tiene que preocuparse, puesto que después de vencer al gigante, aunque no se case con la princesa, igual obtendrá como recompensa una parte del reino, y entonces se la entregará a él. También le pide que guarde en secreto todo lo concerniente a su relación con Dulcinea, ya que su dama es muy discreta. Sancho cuestiona cómo pretende guardar en secreto su amor con Dulcinea, cuando, al mismo tiempo, le ha pedido a varias personas que se presenten ante ella en su nombre. Don Quijote le explica entonces que el “estilo de caballería” es honrar a la dama, y que no tiene otro propósito más que servirla. Sancho le dice que ha oído que esa es la forma de amar Dios, es decir, amarlo sin esperar nada a cambio. Don Quijote se sorprende de la agudeza de su comentario.

Entonces todos se detienen a comer y se acerca un muchacho a don Quijote llorando. Le dice que es Andrés, el joven a quien había desatado de la encina. El hidalgo les cuenta su historia a todos los que lo acompañan, para dar cuenta de la necesidad de la caballería andante. Andrés confirma los hechos pero dice que las consecuencias fueron totalmente contrarias a lo que esperaba don Quijote, ya que su amo continúo castigándolo y con más saña aun que antes de que el hidalgo interviniera. Don Quijote quiere vengarse del amo de Andrés, pero Dorotea lo detiene recordándole su promesa. Andrés les pide algo para comer, y dice que se va a Sevilla. Antes de irse, le ruega al hidalgo que nunca más vuelva a socorrerlo, maldice a los caballeros andantes y se escapa corriendo.

COMENTARIO

DQ, en cuanto tiene ocasión de estar a solas con Sancho, le pregunta por su mensaje a Dulcinea. El escudero, que incumpliendo las órdenes de su amo, no ha ido al Toboso, se ve obligado a inventar un viaje a este pueblo y una entrevista con aquella. El diálogo que sostienen ambos es una maravilla de matices e intenciones. DQ permanece fiel a su locura caballeresca y le pregunta a su escudero por la reacción de la dama Dulcinea– que para él ya no es moza labradora-: ¿estaba bordando? ¿besó la carta? ¿le entregó alguna joya?. Sancho le responderá inventando una entrevista con la auténtica Aldonzaestaba ahechando dos hanegas de trigo, despedía un olorcillo hombruno de tan sudada que estaba y no se enteró de la carta porque no sabe leer ni escribir. El uno pregunta por Dulcinea y el otro responde por Aldonza, pero los dos se las han inventado.

El contraste es cómico y surge de las dos ficciones que se han contrapuesto en torno a Aldonza-Dulcinea: la idealizadora de DQ y la realista de Sancho. Aquel se ha mantenido en su locura caballeresca y éste, que ha comprendido la demencia de su amo, se ha esforzado en inventar una escena y unos detalles que corresponden exactamente a lo que hubiera sido lógico que ocurriera si hubiese cumplido su misión. Se oponen diametralmente las invenciones de Sancho -tan ficiticias como las de su amo, pero atenidas a la verosimilitud de su existencia y lo que sabe de Aldonza- y los valientes e ingeniosos intentos de DQ de dignificar la baja materia que le proporciona Sancho. El empeño de Sancho de rebajar en lo posible la figura de Dulcinea, solo se explica por su interés en que su amo acepte el matrimonio con Micomicona, requisito para conseguir “una parte del reino”, según cree, hasta que DQ le asegura que esto no impedirá que se logren sus esperanzas.

Esta es la primera invención de Sancho respecto a Dulcinea, en la 2ª parte, irá más lejos.

DQ enuncia claramente la lógica de las transformaciones e invenciones que hace, al advertirle a Sancho de la existencia de “aquel sabio nigromante que tiene cuenta con mis cosas y es mi amigo, porque por fuerza le hay y le ha de haber, so pena que yo no sería buen caballero andante”.

El encuentro con Andrés: Cuando Don Quijote encuentra al mozo que creyó haber salvado de la injusticia de su amo, Cervantes utiliza de nuevo aquí el procedimiento de la falsa modestia de DQ ; el no empezar Andrés a quejarse enseguida de las consecuencias de la “ayuda” anterior de DQ, da lugar a que el caballero se jacte de su propia importancia, terminando su recuento del incidente con decir: ¿No es verdad todo esto, hijo Andrés? ¿No notaste con cuánto imperio se lo mandé, y con cuánta humildad prometió de hacer todo cuanto yo le impuse, y notifiqué y quise?”. La risa del lector al ver la humillación del “libertador” corresponde al orgullo infundado que expresa DQ.

CAPÍTULO XLIV

Para entender el capítulo 44, es preciso leer también el 43 porque, como es habitual a estas alturas, el final de las historias no coincide con el de los capítulos.

Las historias marginales y los relatos intercalados distancian en esta sección de la novela las aventuras de DQ, quien, como ya sabemos, ha abandonado su penitencia de Sierra Morena requerido por la princesa Micomicona (Dorotea), a la que ha prometido reconquistar su reino, del que fue desposeída por el gigante Pandafilando de la Fosca Vista (cap 30). Lo único que ha hecho DQ en la venta, aparte de dormir, ha sido acuchillar los cueros de vino para cabreo del ventero y pronunciar el discurso de las armas y las letras.

Cuando todos se retiran a dormir, DQ se dispone a hacer la guardia de aquel castillo (así seguía considerando a la venta) y para ello se apostó en el exterior montado sobre Rocinante. La hija del ventero y la criada asturiana Maritornes (las dos “semidoncellas”) le juegan la mala pasada de atarle un cordel a la muñeca y dejarlo colgado de una ventana, incómoda y ridícula situación en que lo hallan al amanecer los criados de don Luis, el enamorado de la hija del oidor. La farsa amorosa que inventan las dos semidoncellas contrasta con la historia seria de amor irreprimible de Luis y Clara.

Aquella mañana acertó a llegar a la venta el barbero a quien DQ había quitado la bacía y Sancho la albarda, el cual ante todos los asistentes reclamó ambos objetos y trató de ladrones a caballero y escudero. DQ sostiene, naturalmente que aquello no es una bacía sino el yelmo de Mambrino, que ganó en buena guerra. Los amigos de DQ intervienen en el pleito y afirman todos que se trata de un yelmo. El barbero robado queda estupefacto cuando ve que tanta gente tan honrada sostienen tal disparate. Luego se llegará a la conclusión de que la albarda del asno no es tal sino un rico jaez de caballo. En esta ocasión, Sancho inventará una palabra que resume ese mundo de locura y realidad: baciyelmo.

De hecho, los sucesos de la venta se prosiguen, acumulan y precipitan. Las peripecias se alternan rápidamente: la llegada de los criados de don Luis, la resistencia de este a la autoridad paterna y al conformismo social, la pendencia que se arma por culpa de dos viajeros que intentan salir de la venta sin pagar, el puntilloso código caballeresco que prohíbe a DQ tomar cartas en el asunto a costa de su reputación de valiente, la reaparición inesperada del barbero de cuya bacía se había apoderado el hidalgo metamorfoseándola en yelmo de Mambrino, la disputa tanto física como verbal que sigue, forman el tejido apretado de una narración que no tiene cabo suelto.

 

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5ª sesión (15/12/2022)

Capítulo XXII

Amo y escudero se cruzan con una comitiva formada por hombres encadenados condenados a galeras, acompañados de guardias. DQ los detiene y pide que le cuenten sus fechorías, lo cual hacen los malhechores de forma irónica haciendo uso de la jerga propia de la germanía. Entre éstos se encuentra Ginés de Pasamonte que es el más peligroso del grupo y que actúa como cabecilla. DQ decide liberarlos basándose en que uno de los deberes de los caballeros andantes es hacer justicia, aunque para ello contravenga la jurisdicción vigente.

Ya libres,  Ginés anima a sus compañeros a apedrear y a robar a sus liberadores.

COMENTARIO

Esta aventura sitúa a nuestro hidalgo manchego en el polo opuesto al de sus sueños épicos. «Ensartados como cuentas en una gran cadena de hierro» vienen por el mismo camino de nuestros personajes unos doce criminales condenados a remar en las galeras del rey. Don Quijote entabla con ellos un diálogo que da lugar a varios relatos autobiográficos marcados por la ambigüedad y la comicidad.
Desde unos registros verbales muy cercanos a la germanía, cada condenado –sin tener que mentir– refiere los hechos que motivaron su condena con un discurso plagado de dobles sentidos. Así, uno explica que va a galeras por amor; otro afirma que ha sido condenado por músico y cantor; el delito de un tercero es haber sido corredor de oreja. Don Quijote no entiende nada y así, ante el primero, no puede sino exclamar: «Pues, si por enamorados echan a galeras, días ha que pudiera yo estar bogando en ellas». Solo más tarde se le explica que el enamorado lo estaba de una «canasta de ropa blanca»; que el «cantor» lo había sido de sus delitos cuando fue sometido al potro por la justicia; y que el «corredor de oreja» ejercía de alcahuete. Entre los galeotes se encuentra Ginés de Pasamonte.

Pero para la crítica las razones mayores de inquietud del capítulo proceden del tratamiento que Cervantes da en este mismo capítulo al tema de la justicia. Desde el inicio de la misma, cuando Sancho informa que «esta es cadena de galeotes, gente forzada del rey, que va a las galeras», don Quijote se niega a entender y con indignación pregunta: «¿Cómo gente forzada? ¿Es posible que el rey haga fuerza a ninguna gente?». Sancho matiza sus palabras: «es gente que, por sus delitos, va condenada a servir al rey en las galeras de por fuerza». Pero don Quijote insiste en sus convicciones y sentencia: «comoquiera que ello sea, esta gente, aunque los llevan, van de por fuerza, y no de su voluntad». Don Quijote está en contra de cualquier manifestación de fuerza contra la libertad esencial del individuo. A través de don Quijote, Cervantes, en los albores mismos de la modernidad, es capaz de percibir que, en los tiempos que se anunciaban, las relaciones individuo-Estado vendrían a ser fuente inagotable de conflictos.
En coherencia con su decidido individualismo, don Quijote, da la libertad a los galeotes a pesar de tener la necesaria información sobre sus delitos, lo que no ha dejado de inquietar a los lectores de todos los tiempos. Bien es verdad que don Quijote está loco y que de sus acciones no puede esperarse una lógica coherente. Pero también es verdad que, desde el punto de vista ético, la actuación de don Quijote en este episodio está en consonancia con la poética de la libertad a que responde la totalidad de la obra cervantina.

El personaje más importante es el archicriminal literato Ginés de Pasamonte que tiene el mismo apellido que el real e histórico Jerónimo de Pasamonte, soldado aragonés en Italia, que luchó en Lepanto, compartió experiencias con Cervantes, acabó cautivo en Túnez y escribió su vida. Estos paralelismos y otros más han sido esgrimidos por Martín de Riquer para identificar al soldado Pasamonte con Alonso Fernández de Avellaneda (seudónimo del autor del Quijote apócrifo). Pasamonte es el más cargado de delitos y de cadenas y DQ, interpretando elementalmente uno de los fines de la caballería medieval (dar libertad al forzado), da libertad a los galeotes, aunque ello suponga el olvido de los principios de justicia y de castigo de los malhechores, que constituían una de las misiones esenciales del caballero.

Literariamente este episodio es propio de una novela picaresca porque los personajes que en él intervienen pertenecen al mundo de la delincuencia y del hampa. El mismo Ginés ha escrito su autobiografía, que considera superior al Lazarillo.

Capítulo xxv

Tras la liberación de los galeotes, don Quijote ha de huir a Sierra Morena en donde lleva una vida en soledad, entregado a la penitencia y al desatino. Reproduce un tópico de las nov. de caballerías en las que los héroes desesperados por desdenes amorosos se retiran en soledad y allí se entregan al ayuno, la oración y la penitencia, siendo frecuente que llevados por una furia demencial cometieran desatinos. Amadís de Gaula despreciado por Oriana se retira a una isla y toma el nombre de Beltenebros y allí hace penitencia y escribe versos. DQ combina la penitencia de Amadís con la furia de otro personaje de las nov. de caballerías, Orlando.

Envía a Sancho con una carta para Dulcinea, revela a Sancho que Dulcinea es Aldonza, lo cual sorprende a Sancho que conoce a la joven y sabe que es de una condición social similar a la suya. DQ con palabras perfectamente razonadas le explica que igual que las protagonistas de las nov. pastoriles son la sublimación de mujeres de carne y hueso, así Aldonza ha sido sublimada por su imaginación poética(Leer Pág. 164, 166, La Galera)

Por el camino Sancho encuentra al cura y al barbero que están buscando a dQ. Los tres juntos vuelven en busca de DQ., por el camino se encuentran a Cardenio y a Dorotea y deciden que Dorotea se hará pasar por la princesa Micomicona,  que va a pedir ayuda a DQ

De esta manera consiguen que vaya con ellos.

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4ª sesión (13/12/2022)

COMENTARIO DE TEXTO (Capítulo VIII/ 1ª parte)

El fragmento que vamos a comentar pertenece a El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, novela publicada en 1605 por Miguel de Cervantes. Esta obra parodia el género de los libros de caballerías de gran éxito en esa época y que,  según Cervantes,  era altamente perniciosa para el público lector. El relato narra las aventuras de un hidalgo que, debido a su obsesión por la lectura de tales libros, pierde el juicio y decide convertirse en caballero andante, primero en solitario y después junto a su fiel escudero Sancho Panza.

El capítulo VIII narra la famosa aventura de los molinos que Don Quijote confunde, a causa de su intoxicación literaria,  con desaforados gigantes. Por ello, y a pesar de las juiciosas advertencias de su escudero, arremete contra ellos, saliendo bastante malparado.

El autor con esta aventura, la primera que comparten Don Quijote y Sancho en la primera parte de la historia, quiere mostrar al lector el espíritu idealista del hidalgo, que confunde realidad y ficción literaria,  en contraposición con el espíritu realista de Sancho Panza. Esta estructura antitética se aplica reiteradamente en episodios posteriores como en la aventura de los batanes o en el capítulo en el que nuestro caballero confunde una bacía de barbero con el mítico yelmo de Mambrino.

Desde el punto de vista del contenido, podemos dividir el texto en tres partes:

Planteamiento (línea 1-16): Es la presentación del espacio – el campo de la Mancha con sus típicos molinos de viento-, de los personajes que intervienen – Don Quijote y Sancho-  y del conflicto- confusión entre molinos y gigantes-. Vemos ya, desde el inicio de este pasaje,  cómo el autor alterna de forma equilibrada el uso del discurso narrativo en boca de un narrador omnisciente que conoce todos los entresijos de la historia y los sentimientos de sus personajes y el diálogo o estilo directo mediante el cual el autor caracteriza a sus protagonistas.

Asistimos a cómo DQ se siente afortunado (“la ventura va guiando nuestras cosas”) por encontrarse en  una situacion donde demostrar su heroísmo. Está convencido de que hace el bien y de que su batalla “es gran servicio ” a Dios.  Cabe destacar el registro literario y ampuloso utilizado por el caballero que remeda el propio de los libros de caballerías: DQ utiliza en su discurso un sintaxis compleja, términos altisonantes (“desaforados”, “faz”), términos arcaizantes y  figuras retóricas como metáforas (“mala simiente de la tierra”) e hipérboles (“fiera y desigual batalal” o “leguas” para referirse a los brazos largos) que dotan de expresividad a sus intervenciones.

Frente a esta visión idealizada y exaltada de la acción que va a emprender, Sancho expresa su extrañeza de manera simple a través de un registro coloquial (“¿Qué gigantes?”). Esta reacción es interpretada por DQ como cobardía y falta de experiencia en las lides caballerescas.

Nudo (línea 17- 32): En esta segunda parte se narra el nudo del conflicto, la “batalla” entre el caballero y los “gigantes” y la consecuente derrota de DQ. Vemos cómo este increpa a los molinos-gigantes y antes de arremeter contra ellos se encomienda a su amada Dulcinea. La derrota no se hace esperar: DQ acaba maltrecho por el golpe de un aspa. La situación provoca humor y cierta compasión a la vez en el lector. De nuevo, en esta parte, el protagonista hace uso de un discurso propio de otra época (“Non fullades, cobardes y viles criaturas…”).

Desenlace (resto del texto): Esta se inicia con la recriminación de Sancho (“¿No le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía…?”). y acaba con la justificación de la derrota por parte del caballero por la vía de la locura y la imaginación. En primer lugar aduce que “las cosas de la guerra” están sometidas a cambios y , a continuación, afirma que el sabio Frestón, su archienemigo, ha transformado los gigantes en molinos para humillarlo (“por quitarme la gloria de su vencimiento”).

En conclusión, este episodio, uno de los más populares de la novela, parodia diversos aspectos de las novelas de caballerías, tanto desde el punto de vista del contenido como del registro propio de este género. Por otra parte, y por vez primera, asistimos a la distinta percepción que de la realidad muestran ambos protagonistas: idealismo y realismo, actitudes tan represetativas de la dicotomía propia de la naturaleza humana.

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3ª sesión (12/12/2022)

GUÍA PARA UN COMENTARIO LITERARIO NARRATIVO

  1. LECTURA COMPRENSIVA

Consiste en la lectura detenida y comprensiva del texto. Conviene tomar notas en un borrador o sobre el propio texto. Hay que leer varias veces hasta estar seguros de haber comprendido el sentido literal y el connotativo.

  1. CONTEXTUALIZACIÓN, LOCALIZACIÓN O ADECUACIÓN
  • Relaciona la obra con el autor, su vida y su obra.
  • Sitúala dentro del contexto histórico e ideológico de su tiempo.
  • Relaciona la obra con el contexto literario (época o movimiento literario) y con las características del género al que pertenece. Debes mencionar sólo aquellas que influyen directamente en el texto u obra que vas a comentar.
  • Si lo que analizas es un fragmento, ubícalo dentro de la obrA (CAPÍTULO/ PARTE).
  • Síntesis argumental de la novela.

 

  1. TEMA
  • Resume brevemente el argumento. Concreta el tema de forma genérica. (Resulta indistinto el orden en la exposición).
  • Menciona los brevemente los elementos constituyentes de este tipo de texto: punto de vista (narrador), personajes, espacio y tiempo. (Después los ampliarás en el comentario)
  1. ESTRUCTURA

4.1 ESTRUCTURA EXTERNA

  • Si es un texto narrativo, indica cuántos párrafos o capítulos lo forman.

4.2. ESTRUCTURA INTERNA(partes en las que se articula o desarrolla el contenido)

  • Divide el texto en partes teniendo en cuenta el desarrollo lógico del contenido, la evolución del los temas. Para hacer la división puedes tener en cuenta diversos factores:
  • Las estructuras propias de los géneros y de los modos de elocución: por ejemplo, narración (planteamiento, nudo y desenlace, estructura circular, final abierto, etc.) texto teatral (monólogo, diálogo rápido, aparte…) exposición (exordio, narración, argumentación, epílogo)…
  • La división en párrafos o estrofas
  • Los conectores textuales
  • Los cambios de tema
  • El uso de los tiempos verbales…


 

 

  1. ANÁLISIS DE LA FORMA PARTIENDO DEL CONTENIDO

Siguiendo el los apartados que has propuesto en la estructura interna, comenta el desarrollo de los temas que se da en las diferentes partes explicando no sólo qué se dice, sino también cómo se dice. Es la parte más extensa del comentario. Describe la relación entre el contenido  los recursos estilísticos presentes en el texto. Tienes que analizar la lengua del texto, los recursos fónicos, morfosintácticos, semánticos y estilísticos y relacionarlos con el desarrollo del tema y con la intención del autor.

  • Para que no olvides nada, aquí tienes algunas de las cuestiones lingüísticas y estilísticas que siempre debes tener presentes y que te ayudarán a determinar la estructura y el desarrollo temático de un texto:
    • Aspectos morfosintácticos: personas y tiempos verbales, estructuración sintáctica (conectores), abundancia de adjetivos, sustantivos o verbos:
      • Análisis de los sustantivos (concreto, comunes, abstractos…)
      • Análisis de los adjetivos (especificativos, epítetos, sensoriales, evocativos, ponderativos…)
      • Análisis de los pronombres (personas gramaticales, uso enfático, afectivo…)
      • Análisis de los determinantes y verbos
      • Estudio de la sintaxis (por ej., en una descripción impresionista predominan las oraciones breves, simples o yuxtapuestas; en un argumentación retórica, los periodos son largos y subordinados.)
    • Aspectos léxico-semánticos: campos semánticos predominantes, tecnicismos, neologismos, cultismos, presencia de mitos o tópicos, connotación o denotación. Estudio del registro lingüístico…
    • Aspectos estilísticos: Debes señalar las figuras retóricas o estilísticas que aparecen en el texto y relacionarlas con el contenido: aliteraciones, comparaciones, metáforas, repeticiones…
    • Aspectos textuales: los modos de elocución (narración, descripción, diálogo, argumentación…)
    • Tipo de lenguaje: culto, común, coloquial…
  1. CONCLUSIÓN Y SÍNTESIS

Valora el texto teniendo en cuenta los aspectos más relevantes que habrás comentado arriba. Debes resumir con un breve texto las cuestiones que más te hayan llamado la atención por su fuerza expresiva, por su originalidad y representatividad.

 

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2ª sesión (07/12/2022)

  • Comentario XX y XXI (Martina y Gemma).
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1ª sesión (05/12/2022)

2ª Evaluación

  • Comentario capítulos VII, VIII y IX (Judit, Laia y Paula).

 

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42ª sesión (01/12/2022)

GUÍA DE LECTURA DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA

PRIMERA PARTE

PRÓLOGO

Cervantes usa el prólogo para puntualizar su intención al escribir la obra. El prólogo era una modalidad literaria establecida llena de códigos y tópicos repetidos que persiguen captar la benevolencia del lector (captatio benevolentiae) mediante la humilitas, el recurso a la novedad, el aval de autores de renombre…. Ahora, al Quijote, que es un nuevo género narrativo, le corresponderá también un nuevo tipo de prólogo.

  • La primera originalidad estriba en que en el prólogo se habla del prólogo mismo, contiene el relato de cómo se ha hecho, de su conversión en prólogo bajo los mismos ojos del lector (texto metalingüístico).
  • Así, en lugar del ritual “Curioso lector”, Cervantes se dirige a un “Desocupado lector”, un lector distinto.
  • Después describe las condiciones adversas en que se engendró la novela (cárcel de Sevilla de 1597), un lugar opuesto al locus amoenus reservado a otros aclamados autores.
  • Cervantes juega con otros dos tópicos prologales: el del libro como hijo del autor y el del autor ficticio de las novelas de caballerías, y sorprende al lector declarándose “padrastro” de DQ.
  • Los prólogos contenían habitualmente una sarta de erudiciones y doctrinas que los “avalaban”. Cervantes renuncia a ellas (Solo quisiera dártela monda y desnuda) y alude a esos preliminares, versos y listas de autores con ironía.
  • A continuación llega otro tópico prologal, el amigo alentador “gracioso y bien entendido” que ayuda al escritor. Su consejo de que si carece de versos y elogios ajenos, los invente y les adjudique autor o que falsee las citas eruditas es una sátira contra la práctica de esta costumbre que afecta directamente a Lope de Vega y a su Arcadia (1598).
  • Ahora puede volver al coloquio con el “lector suave” ofreciéndole la historia del famoso Don Quijote y su escudero y el propósito con que la escribe:
    • “todo él es una invectiva contra los libros de caballerías”
    • “esta vuestra escritura no mira a más que a deshacer la autoridad y cabida que en el mundo y en el vulgo tienen los libros de caballerías”
    • “llevad la mira puesta a derribar la máquina mal fundada destos caballerescos libros [93], aborrecidos de tantos y alabados de muchos más”
  • Con el objetivo de la novela bien aclarado, también nos ilustra sobre su propuesta de estilo:

“Solo tiene que aprovecharse de la imitación en lo que fuere escribiendo, que, cuanto ella fuere más perfecta, tanto mejor será lo que se escribiere( …)a la llana, con palabras significantes, honestas y bien colocadas, salga vuestra oración y período sonoro y festivo, pintando en todo lo que alcanzáredes y fuere posible vuestra intención, dando a entender vuestros conceptos sin intricarlos y escurecerlos [89]. Procurad también que, leyendo vuestra historia, el melancólico [*] se mueva a risa, el [*] risueño la acreciente [90], el simple no se enfade, el discreto se admire de la invención [91], el grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla.”

El prólogo fue redactado en 1604, después de acabar el libro y las últimas líneas de despedida ofrecen una última ocasión para remachar el asunto elemental del libro, la invectiva contra “los libros vanos de caballerías”.

Era costumbre que los autores de libros pidieran a escritores de fama o a personas encumbradas poesías laudatorias para poner al principio de la obra. Cervantes, que al parecer no consiguió que ningún escritor de prestigio le favoreciera con poesías en elogio del Quijote, con gran alborozo de Lope de Vega, satiriza cómicamente tal costumbre, insertando a continuación una serie de poesías burlescas firmadas por fabulosos personajes de los mismos libros de caballerías que se propone desacreditar. Con ellas, el lector de principios del XVII advertía inmediatamente que tenía entre manos una obra de declarada intención satírica y paródica.

CAPÍTULO I

La novela se inicia con la descripción de las costumbres y estado del protagonista, un hidalgo de unos 50 años que consumía su renta en la compra de libros de caballerías cuya lectura lo llevó a la locura.

El autor tiene un especial empeño en rodear de imprecisión los orígenes y el nombre del hidalgo. Utiliza el recurso de la fuentes ficticias (“Autores hay…”, “los anales de la Mancha”) que le permiten satirizar un recurso frecuente en las n. de caballerías. Todos los personajes y lugares que figuran en el Quijote, aparecen siempre denominados inequívocamente, con excepción del nombre de DQ y del lugar de su nacimiento.

“En un lugar de la Mancha / de cuyo nombre…) era el octosílabo famoso de un romance; una fórmula de la cuentística popular en la que “querer” es un verbo auxiliar.

La vaguedad en la determinación del lugar es también un palmetazo a los libros de caballerías que solían iniciarse con pompa y solemnidad en tierras lejanas y extrañas y en imperios fabulosos. DQ no empieza en Persia, ni en Constantinopla sino sencillamente, “en un lugar de la Mancha”.

LA LOCURA

El hidalgo que habita esta anónima y monótona aldea ha caído en una doble locura: la de creer que todo lo que cuentan los libros de c. es cierto y la de creer que en su época (principios del XVI) era posible resucitar la vida caballeresca de antaño y la fabulosa de los libros de C. en defensa de unos ideales medievales y ya trasnochados.

Como consecuencia de estas dos conclusiones falsas, DQ decide convertirse en caballero andante y salir en busca de aventuras. Lo esencial de su locura es que no nace de ningún desengaño ni de ningún agravio, nace en los libros.

Un humilde hidalgo como él no tenía más horizonte que el mantenimiento de su rango y la pervivencia del pasado. Los relatos caballerescos le ofrecían la visión quimérica, idealizada hasta el desatino, de un mundo en que un pequeño noble podía realizar las más estupendas hazañas y alcanzar las cimas más altas, conformando siempre la realidad de acuerdo con sus virtudes y valores: la justicia, el heroísmo, el amor, la belleza…

ASPECTO SOCIAL

Don Quijote es un exponente típico de los hidalgos de aldea, con pocos medios de fortuna, por debajo de los caballeros (hidalgos ricos y con derecho a usar el “don”), No tiene otra ocupación que permanecer ocioso para no perder los pocos privilegios que aún conservaba.

ASPECTO FÍSICO

Coincide con las características que Huarte de San Juan, en Examen de Ingenios (1575) da al hombre de temperamento caliente y seco. Tales hombres son inteligentes, imaginativos, coléricos, melancólicos y propensos a manías.

ARMADURA

Don Quijote acabará vagando por los caminos de España a principios de XVII con una armadura de finales del XV, lo que hará de él un arcaísmo viviente que provocará la estupefacción y risa de sus contemporáneos. Su aspecto grotesco se completará cuando cubra su cabeza con una celada casera hecha de cartón y tome como montura un viejo y escuálido rocín.

EL NOMBRE

Tardó 8 días en ponerse un nombre: don Quijote de la Mancha. Y se antepone el don honorífico que entonces sólo podían usar gentes de categoría y que era motivo de burla cuando alguien lo usaba irregularmente. El nombre Quijote también es cómico puesto que mantiene la raíz y la desfigura con el sufijo –ote que en castellano siempre ha tenido un matiz ridículo. Además Quijote es el nombre de la pieza de la armadura que cubre el muslo (cat. Cuixot).Sólo el nombre de Lanzarote lo legitima como caballeresco.

DULCINEA

Puesto que todo caballero andante estaba enamorado de una dama, decidió hacer la suya a una moza labradora, Aldonza Lorenzo cuyo nombre es de una vulgaridad intolerable.

Así acaba el primer capítulo, con los datos suficientes como para comprender el propósito del autor: la sátira y parodia de un género literario en boga: las n. de caballerías. El hidalgo manchego se ha vuelto loco debido a una auténtica intoxicación literaria y su demencia le ha llevado a una desacomodación con su ambiente y con su tiempo. Creyendo que la aventura caballeresca es algo factible, a ella ha acomodado su nombre, el de su caballo y el de la moza labradora que ha transfigurado en una encumbrada dama.

CAPÍTULO VII (SEGUNDA SALIDA DE Don Quijote)

DQ no podía vagar solo por los caminos, necesitaba compañía para evitar los soliloquios y desarrollar el diálogo que se convertirá en el principio estructural de la novela: los continuos contrastes dialécticos entre ambos se resolverán en la mente abierta del lector. Gracias a este diálogo entraremos a fondo en la mente de DQ y su departir será un contraste eficaz entre el sueño caballeresco y la realidad tangible, entre la locura idealizadora y la sensatez elemental.

El capítulo comienza con un nuevo desdoblamiento de personalidad. Se cree Reinaldos Montalbán y terminada la escena, se queman todos sus libros de la mano inquisitorial del ama. DQ no volverá a leer un libro, ni siquiera el que contará sus hazañas. Ya no le hacen falta. Puede soñarlos, los lleva consigo, los vive, convirtiendo el mundo en una ficción dentro de la ficción que le contiene a él, se sitúa en una novela de caballerías; le rodea un entorno literario que para él es verdad histórica.

La 2ª salida y la presentación de Sancho son mucho más relajadas y anunciadas. El personaje de Sancho procede del refranero, del folclore y de los rústicos y bobos del teatro prelopista. En el personaje se aúnan simpleza y sagacidad, como en DQ locura y cordura. Con el tiempo, Sancho revelará toda su complejidad contradictoria, propia de una persona y no de un personaje tópico. En el diálogo final, apunta ya su agudeza y aptitud burlesca. Sancho decide acompañar a DQ acuciado por la promesa de ganancias y botines y por el gobierno de una ínsula (aunque no sepa exactamente qué es).

*Cabe añadir que en la EM el oficio de escudero era ejercido por los jóvenes de la nobleza que aprendían así las técnicas de la guerra antes de conquistar el título de caballeros. Po eso, la elección de un campesino para tal cargo tiene, claramente, connotaciones paródicas.

CAPÍTULO VIII: LOS MOLINOS DE VIENTO. EL VIZCAÍNO.

La aventura de los molinos surge del cruce de DQ con uno de los componentes propios del género literario en el que vive: los gigantes, personificación del mal y del poder de la fuerza bruta en los libros de caballerías. Con sus nombres imposibles proliferan desde los inicios del género (Anfeón, Carmadón, Bruciferno, Dragontino, Arrastronio, Grindalafo, Luciferno de la Boca Negra…).

La estructura de la aventura es modélica respecto a muchas otras que arrancan de la transformación de lo visible y real:

  1. Un diálogo explicita lo que cada uno de los personajes ve o entiende por real: Don Quijote desfigura/ distorsiona la realidad, acomodándola a las fantasías de los libros de caballerías y Sancho reproduce lo que ve de forma objetiva.
  2. El protagonista pasa a la acción.
  3. En un diálogo final cada uno comenta lo acaecido, confirma su actitud o acomoda los hechos a su postura individual.

DQ se sobrepone perfectamente al descalabro pues no reconoce su error.

Más adelante, el enfrentamiento con el vizcaíno en Puerto Lápice tiene como causa la impugnación de su hidalguía. En 1588, el letrado García de Saavedra había suscitado una gran polémica al negar que la totalidad de los vascos eran hidalgos.

La suspensión final del relato en plena lucha, con el pretexto de que aquí lo dejó el autor, tiene intención paródica. Cervantes finge que va tomando la narración de varios autores. Ahora añade que está convencido de que en los archivos de la Mancha debe estar el resto. Y así da fin a la primera parte, división que también es paródica.

Hasta ese momento, la historia ha sido contada en primera persona por un narrador innominado y neutro, pero ahora se crea una ambigüedad sobre la identidad de los narradores, traductores y revisores de esta “verdadera historia” que modifican la perspectiva y focalización del relato.

CAPÍTULO IX: FIN DE LA AVENTURA DEL VIZCAÍNO

En este capítulo se abre un paréntesis metanarrativo que convierte al autor en personaje que llegará a pasearse por Toledo. Se aprovecha para reflexionar sobre lo leído y  explica luego cómo halló la continuación en una tienda toledana, parodia del recurso del manuscrito encontrado en extraña lengua, tan frecuente en las NC. El manuscrito en árabe tiene un autor: Cide Hamete Benengeli. Con este señor Hamid Aberenjenado, C. desacredita, no sólo las ingenuas ficciones del origen de las NC, sino que da al Q, una estructura externa que es una auténtica parodia de un L. de Caballerías.

Tenemos pues un texto inicial en árabe, traducido por un morisco y transmitido por el 2º autor, que se supone que asume el papel de editor y a veces introduce breves comentarios. Tras un apunte humorístico sobre la condición mentirosa de los árabes y la fiabilidad de lo narrado, se reanuda el hilo de la aventura del vizcaíno que es vencido insólitamente por DQ.

La función que cumple este recurso es la de la posibilidad que Cervantes pueda hacer observaciones a la historia y añadir inverosimilitud a una hipotética crónica fiel y detallista.

Esta técnica es una innovadora invención que a Cervantes le permite, como segundo narrador, distanciarse y presentar al lector alternativas más razonables, lógicas o verosímiles.

CAPÍTULO XX:

En este capítulo se introduce un elemento decisivo: por primera vez, el escudero, se burla de Don Quijote abiertamente y abre la puesta a engaños más graves sobre todo relacionados con Dulcinea que tendrán importantes consecuencias en el desarrollo de la novela. También prefigura la promoción de Sancho como personaje literario en la segunda parte.

Una vez más, Don Quijote intenta que la realidad se adecúe al mundo de la caballería. La noche presenta un misterio: un tremendo ruido que los llena de pavor. DQ invoca a los grandes héroes de la literatura caballeresca en un lenguaje épico y, como luego se verá, totalmente desproporcionado a la situación:

—Sancho amigo, has de saber que yo nací por querer del cielo en esta nuestra edad de hierro para resucitar en ella la de oro, o la dorada, como suele llamarse [8]. Yo soy aquel para quien están guardados los peligros, las grandes hazañas, los valerosos hechos. Yo soy, digo otra vez, quien ha de resucitar los de la Tabla Redonda.

Sancho, muerto de miedo (que naturalmente era medroso y de poco ánimo), no se atreve a acompañar a su amo, pero no quiere quedarse sólo y de aquí nacerá el engaño.

Para convencerlo de que huyan juntos de que, al menos, no lo deje solo, Sancho hilvana argumentaciones imitando los conceptos y formas que ha observado en DQ; hasta consigue remedar el lenguaje arcaizante de los libros de caballerías: “Por un solo Dios, señor mío, que non se me faga tal desaguisado”. Pero, en vista de que no bastan las palabras, acude a las mañas (determinó de aprovecharse de su industria): le ata las piernas a Rocinante, inmovilizando a su señor. Ahora ha dado con la clave para filtrarse en la imaginación del loco: declara que la inmovilidad del caballo se debe a la voluntad del cielo y Don Quijote lo cree.

Tras el engaño, viene la manipulación: Sancho intenta dormir a su amo con el cuento de la pastora Torralba, historia folclórica que aquí funciona también como una parodia de las “cuestiones de amor” que sustentan la tradición culta de la novela pastoril.

Todo lo que toca Sancho, se deshace: cuando “a él le vino en voluntad y deseo de hacer lo que otro no pudiera hacer por él” nace el escatológico cuadro donde Sancho “se caga” mientras abraza de miedo el muslo de su amo, cuadro que representa gráficamente el efecto subversivo del campesino sobre los ideales del caballero. Cervantes lo cuenta con un cruce de eufemismos e indirectas que van desde el narrador hasta el amo y el escudero:

“ahora más que nunca hueles, y no a ámbar”

“—Apostaré —replicó Sancho— que piensa vuestra merced que yo he hecho de mi persona alguna cosa que no deba”

“—Peor es meneallo, amigo Sancho”

Al descubrirse la causa del estruendo (seis mazos de batán, que con sus alternativos golpes aquel estruendo formaban), Sancho está a punto de reventar de risa, se propasa y declama de burlas las mismas palabras que su amo usó la noche anterior y Don Quijote lo reprime con violencia. Sancho acata, pero aprenderá poco a poco a ejercer su voluntad bajo mano; el criado sólo goza del poder corrosivo de la ironía; a partir de aquí el juego irónico entre los dos protagonistas se irá complicando progresivamente.

CAPÍTULO XXI: EL YELMO DE MAMBRINO

En la aventura anterior han quedado chasqueados amo y criado. En este capítulo, Don Quijote asciende a alturas incomensurables ya que la ganancia del yelmo de Mambrino es una victoria muy particular. Esta ganancia arranca ya del capítulo 10 cuando lo introduce DQ al aludir al “yelmo de Mambrino” mentado como “Malandrino” y “Malino” por Sancho. En el 18, Sancho reprochaba a DQ “Jamás hemos vencido batalla alguna, si no fue la del vizcaíno y aun de aquella salió vuestra merced con media oreja y media celada menos”.

El yelmo de Mambrino es consustancial a la literatura orlandiana (Orlando Furioso, Ariosto)en la que lo gana Reinaldos de Montalbán. Es una armadura con credenciales caballerescas irreprochables, lo que hace tanto más disparatada la identificación de una bacía de barbero con tan mentado yelmo.

En el horizonte en que Don Quijote (que todas las cosas que veía con mucha facilidad las acomodaba a sus desvariadas caballerías y malandantes pensamientos) ve caballero sobre rubio rucio dorado, Sancho ve asno pardo y un hombre con algo que relumbra en la cabeza, pero, escarmentado por la bronca anterior, se aguanta la risa y finge. El mismo efecto, estupor y burla, provocará en los que vean a DQ con una palangana de barbero en la cabeza.

A continuación, el ritmo narrativo aminora y se detiene en un largo diálogo entre amo y escudero, en el que por boca de Sancho se alude a un historiador que escribe las hazañas de DQ. Este último, en un largo parlamento en presente actualizador traza un perfecto esquema de la trama más común de los libros de caballerías.

CAPÍTULO XXII: Aventura de los galeotes

Esta aventura sitúa a nuestro hidalgo manchego en el polo opuesto al de sus sueños épicos. «Ensartados como cuentas en una gran cadena de hierro» vienen por el mismo camino de nuestros personajes unos doce criminales condenados a remar en las galeras del rey. Don Quijote entabla con ellos un diálogo que da lugar a varios relatos autobiográficos marcados por la ambigüedad y la comicidad.
Desde unos registros verbales muy cercanos a la germanía, cada condenado –sin tener que mentir– refiere los hechos que motivaron su condena con un discurso plagado de dobles sentidos. Así, uno explica que va a galeras por amor; otro afirma que ha sido condenado por músico y cantor; el delito de un tercero es haber sido corredor de oreja. Don Quijote no entiende nada y así, ante el primero, no puede sino exclamar: «Pues, si por enamorados echan a galeras, días ha que pudiera yo estar bogando en ellas». Solo más tarde se le explica que el enamorado lo estaba de una «canasta de ropa blanca»; que el «cantor» lo había sido de sus delitos cuando fue sometido al potro por la justicia; y que el «corredor de oreja» ejercía de alcahuete. Entre los galeotes se encuentra Ginés de Pasamonte.

Pero para la crítica las razones mayores de inquietud del capítulo proceden del tratamiento que Cervantes da en este mismo capítulo al tema de la justicia. Desde el inicio de la misma, cuando Sancho informa que «esta es cadena de galeotes, gente forzada del rey, que va a las galeras», don Quijote se niega a entender y con indignación pregunta: «¿Cómo gente forzada? ¿Es posible que el rey haga fuerza a ninguna gente?». Sancho matiza sus palabras: «es gente que, por sus delitos, va condenada a servir al rey en las galeras de por fuerza». Pero don Quijote insiste en sus convicciones y sentencia: «comoquiera que ello sea, esta gente, aunque los llevan, van de por fuerza, y no de su voluntad». Don Quijote está en contra de cualquier manifestación de fuerza contra la libertad esencial del individuo. A través de don Quijote, Cervantes, en los albores mismos de la modernidad, es capaz de percibir que, en los tiempos que se anunciaban, las relaciones individuo-Estado vendrían a ser fuente inagotable de conflictos.
En coherencia con su decidido individualismo, don Quijote, da la libertad a los galeotes a pesar de tener la necesaria información sobre sus delitos, lo que no ha dejado de inquietar a los lectores de todos los tiempos. Bien es verdad que don Quijote está loco y que de sus acciones no puede esperarse una lógica coherente. Pero también es verdad que, desde el punto de vista ético, la actuación de don Quijote en este episodio está en consonancia con la poética de la libertad a que responde la totalidad de la obra cervantina.

El personaje más importante es el archicriminal literato Ginés de Pasamonte que tiene el mismo apellido que el real e histórico Jerónimo de Pasamonte, soldado aragonés en Italia, que luchó en Lepanto, compartió experiencias con Cervantes, acabó cautivo en Túnez y escribió su vida. Estos paralelismos y otros más han sido esgrimidos por Martín de Riquer para identificar al soldado Pasamonte con Alonso Fernández de Avellaneda (seudónimo del autor del Quijote apócrifo). Pasamonte es el más cargado de delitos y de cadenas y DQ, interpretando elementalmente uno de los fines de la caballería medieval (dar libertad al forzado), da libertad a los galeotes, aunque ello suponga el olvido de los principios de justicia y de castigo de los malhechores, que constituían una de las misiones esenciales del caballero.

Literariamente este episodio es propio de una novela picaresca porque los personajes que en él intervienen pertenecen al mundo de la delincuencia y del hampa. El mismo Ginés ha escrito su autobiografía, que considera superior al Lazarillo.

CAPÍTULO XXV

El capítulo 25 se inicia con el tema del retorno a casaleitmotiv asociado con las dudas y frustraciones de Sancho a lo largo del libro; su amo le alza la prohibición de hablar impuesta desde la riña con que terminó la aventura de los batanes. Aquí empieza el amontonamiento de refranes quecaracterizará el idiolecto de Sancho de ahora en adelante.

LA PENITENCIA DE AMOR

La penitencia de amor: DQ decide suspender transitoriamente su vagabundeo en busca de aventuras y permanecer un tiempo solo en Sierra Morena entregado a la penitencia y al desatino. Se trata de un constante tópico de la novela caballeresca, en la que era frecuente que el caballero,desesperado por desdenes amorosos o por cualquier otro motivo, se retirara a la soledad de los bosques, donde no tan sólo se entregaba a la oración, ayuno y disciplina, sino también a cierta furia demencial que le llevaba a cometer toda suerte de desatinos. Este motivo se remonta hastaLi chevalieraulion de Chrétien de Troyes (fin del siglo XII), donde Yvain pasa largo tiempo en el bosque, junto a un ermitaño, en estado semisalvaje. Pero los modelos que más presentes tiene don Quijote son los de Amadís de Gaula y de Orlando Furioso. El primero, desesperado porque su amada Oriana le ha ordenado que no vuelva a su presencia, por creerle desleal, se retira a una especie de isla llamada la Peña Pobre y toma el nombre de Beltenebrós y allí se entrega a la oración y compone tristes versos. Imitando esta actitud de Amadís, hicieron penitencias amorosas muy similares Lisuarte de Grecia, el Caballero del Febo y otros protagonistas de libros de caballerías castellanos. Orlando, en el poema de Ariosto, al enterarse de los amores de la bella Angélica con Medoro, enloqueció y, medio desnudo, arrancó furiosamente árboles, enturbió las aguas de los arroyos, mató pastores y animales y realizó otros excesos

Se trata pues de una penitencia literaria y gratuita, sin motivos que la inciten, promovida quizá por el ejemplo de Cardenio, que sí los tiene. Cervantes juega aquí con el laberinto de los espejos, las dos penitencias son tan ficticias como la locura de amor que las promueve; pero en el caso de Cardenio se presenta clara la motivación y en el de DQ, no.

Aunque la inspiración inmediata para la penitencia de DQ es el encuentro con Cardenio (leer los dos cap. anteriores), combinará los dos modelos literariosla penitencia de Amadís con la furia demencial de Orlando. No tan sólo reza, suspira y hace versos, sino que da volteretas en camisa. En este trance DQ da muestras de cordura, ya que desde el momento que quiere hacer “locuras” revela que procede desde la razón, distinguiendo perfectamente entre la ficción y la realidad. Es un acto gratuito hecho en serio y un episodio primordial en los esfuerzos que hace el caballero por vivir según unas normas artísticas. En el episodio encontramos resonancias de Garcilaso en la evocación de las ninfas de ríos y bosques con que DQ inicia la penitencia en un lugar ameno.

LA CARTA

DQ decide enviar a Sancho con una carta Dulcinea del Toboso, y a fin de orientar al escudero, con un estudiado circunloquiole da a entender que la dama de sus pensamientos es la hija de Lorenzo Corchuelo y Aldonza Nogales, Sancho se queda estupefacto, pues conoce perfectamente a esta moza de condición similar a la suya y jamás hubiera podido imaginar que se trataba de aquella Dulcinea que tanto pondera su amo. La conversación que sobre este punto mantienen DQ y Sancho es muy importante, ya que aquél leexplica que igual que las Dianas y Galateas y Filis de las novelas pastoriles son la sublimación de damas de carne y hueso, así Aldonza Lorenzo ha sido idealizada por su imaginación poética. Este paréntesis de cordura nos revela hasta qué punto es literaria la locura de DQ y también convierte su ilusión en vulnerable. La alabanza rústica de Aldonza que hace Sancho, al saber de quien se trata, implica su inadecuación para el papel de dama de alta alcurnia.

Las epístolas amatorias: La carta de DQ es una acertada parodia del estilo de las epístolas amatorias que aparecen en los libros de caballerías, llena de arcaísmos caballerescos, se yuxtapone al documento de libranza de los tres pollinos de Sancho, todo a base de fórmulas comerciales.

CAPÍTULO XXXI

Antes de leer el capítulo XXXI conviene saber lo ocurrido en los capítulos XVI-XXX y que, resumido, es esto:

Sancho emprende camino hacia el Toboso para entregar la carta a Dulcinea. Al llegar a la venta, se encuentra con el cura y el barbero que habían salido en busca de DQ. Sancho les explica sus aventuras y se da cuenta del olvido de la carta. Intentará repetirla de memoria con constantes disparates, resultando una desfiguración rústica de los que a su vez era una parodia del epistolario caballeresco.

El cura y el barbero idean una simulación para atraer a DQ: vestirse de doncella menesterosa que reclame ayuda. Al internarse en la sierra encuentran a Cardenio (el enamorado de Luscinda) y a Dorotea, la muchacha burlada por don Fernando. Ambos explican la historia de sus amores y Dorotea se ofrece a desempeñar el papel de princesa menesterosa que pedirá ayuda a DQ con el fin de llevarlo a su aldea. Dorotea, con el grotesco nombre de princesa Micomicona, se postra ante DQ y le suplica que empeñe su palabra en no entremeterse en aventura alguna hasta haber matado a un temible gigante que le había usurpado su reino. Por primera vez, DQ (y Sancho) son engañados con una ficción caballeresca, fantástica e inverosímil. Este hecho representa una nueva fase de la acción y una innovación importante del argumento. A partir de ahora, las aventuras le vendrán a DQ preparadas por los demás.

El interés de Sancho en las posibilidades comerciales del gobierno que piensa recibir en el reino de Micomicón -la venta de esclavos- dejan claro que lo que atrae a Sancho no es el poder y el mando, sino “vivir descansado”.

Se ha identificado al gigante Pandafilando con don Fernando y esta asociación encaja dentro de la resolución providencial de todos los amantes de la sierra.

El comentario del cura sobre el “entendimiento claro y apacible” de DQ “como no le toquen sus caballerías” prepara el camino para el desarrollo posterior del personaje.

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DQ, en cuanto tiene ocasión de estar a solas con Sancho, le pregunta por su mensaje a Dulcinea. El escudero, que incumpliendo las órdenes de su amo, no ha ido al Toboso, se ve precisado a inventar un viaje a este pueblo y una entrevista con aquella. El diálogo que sostienen ambos es una maravilla de matices e intenciones. DQ permanece fiel a su locura caballeresca y le pregunta a su escudero por la reacción de la dama Dulcinea– que para él ya no es moza labradora-: ¿estaba bordando? ¿besó la carta? ¿le entregó alguna joya?. Sancho le responderá inventando una entrevista con la auténtica Aldonzaestaba ahechando dos hanegas de trigo, despedía un olorcillo hombruno de tan sudada que estaba y no se enteró de la carta porque no sabe leer ni escribir. El uno pregunta por Dulcinea y el otro responde por Aldonza, pero los dos se las han inventado.

El contraste es cómico y surge de las dos ficciones que se han contrapuesto en torno a Aldonza-Dulcinea: la idealizadora de DQ y la realista de Sancho. Aquel se ha mantenido en su locura caballeresca y éste, que ha comprendido la demencia de su amo, se ha esforzado en inventar una escena y unos detalles que corresponden exactamente a lo que hubiera sido lógico que ocurriera si hubiese cumplido su misión. Se oponen diametralmente las invenciones de Sancho -tan ficiticias como las de su amo, pero atenidas a la verosimilitud de su existencia y lo que sabe de Aldonza- y los valientes e ingeniosos intentos de DQ de dignificar la baja materia que le proporciona Sancho. El empeño de Sancho de rebajar en lo posible la figura de Dulcinea, solo se explica por su interés en que su amo acepte el matrimonio con Micomicona, requisito para conseguir “una parte del reino”, según cree, hasta que DQ le asegura que esto no impedirá que se logren sus esperanzas.

Esta es la primera invención de Sancho respecto a Dulcinea, en la 2ª parte, irá más lejos.

DQ enuncia claramente la lógica de las transformaciones e invenciones que hace, al advertirle a Sancho de la existencia de “aquel sabio nigromante que tiene cuenta con mis cosas y es mi amigo, porque por fuerza le hay y le ha de haber, so pena que yo no sería buen caballero andante”.

El encuentro con Andrés: Cuando Don Quijote encuentra al mozo que creyó haber salvado de la injusticia de su amo, Cervantes utiliza de nuevo aquí el procedimiento de la falsa modestia de DQ ; el no empezar Andrés a quejarse enseguida de las consecuencias de la “ayuda” anterior de DQ, da lugar a que el caballero se jacte de su propia importancia, terminando su recuento del incidente con decir: ¿No es verdad todo esto, hijo Andrés? ¿No notaste con cuánto imperio se lo mandé, y con cuánta humildad prometió de hacer todo cuanto yo le impuse, y notifiqué y quise?”. La risa del lector al ver la humillación del “libertador” corresponde al orgullo infundado que expresa DQ.

CAPÍTULO XLIV

Para entender el capítulo 44, es preciso leer también el 43 porque, como es habitual a estas alturas, el final de las historias no coincide con el de los capítulos.

Las historias marginales y los relatos intercalados distancian en esta sección de la novela las aventuras de DQ, quien, como ya sabemos, ha abandonado su penitencia de Sierra Morena requerido por la princesa Micomicona (Dorotea), a la que ha prometido reconquistar su reino, del que fue desposeída por el gigante Pandafilando de la Fosca Vista (cap 30). Lo único que ha hecho DQ en la venta, aparte de dormir, ha sido acuchillar los cueros de vino para cabreo del ventero y pronunciar el discurso de las armas y las letras.

Cuando todos se retiran a dormir, DQ se dispone a hacer la guardia de aquel castillo (así seguía considerando a la venta) y para ello se apostó en el exterior montado sobre Rocinante. La hija del ventero y la criada asturiana Maritornes (las dos “semidoncellas”) le juegan la mala pasada de atarle un cordel a la muñeca y dejarlo colgado de una ventana, incómoda y ridícula situación en que lo hallan al amanecer los criados de don Luis, el enamorado de la hija del oidor. La farsa amorosa que inventan las dos semidoncellas contrasta con la historia seria de amor irreprimible de Luis y Clara.

Aquella mañana acertó a llegar a la venta el barbero a quien DQ había quitado la bacía y Sancho la albarda, el cual ante todos los asistentes reclamó ambos objetos y trató de ladrones a caballero y escudero. DQ sostiene, naturalmente que aquello no es una bacía sino el yelmo de Mambrino, que ganó en buena guerra. Los amigos de DQ intervienen en el pleito y afirman todos que se trata de un yelmo. El barbero robado queda estupefacto cuando ve que tanta gente tan honrada sostienen tal disparate. Luego se llegará a la conclusión de que la albarda del asno no es tal sino un rico jaez de caballo. En esta ocasión, Sancho inventará una palabra que resume ese mundo de locura y realidad: baciyelmo.

De hecho, los sucesos de la venta se prosiguen, acumulan y precipitan. Las peripecias se alternan rápidamente: la llegada de los criados de don Luis, la resistencia de este a la autoridad paterna y al conformismo social, la pendencia que se arma por culpa de dos viajeros que intentan salir de la venta sin pagar, el puntilloso código caballeresco que prohíbe a DQ tomar cartas en el asunto a costa de su reputación de valiente, la reaparición inesperada del barbero de cuya bacía se había apoderado el hidalgo metamorfoseándola en yelmo de Mambrino, la disputa tanto física como verbal que sigue, forman el tejido apretado de una narración que no tiene cabo suelto.

A la vez que se acelera el ritmo narrativo, en este capítulo se condensan unos núcleos estructurantes de toda la novela y rasgos fundamentales de la caracterización de los personajes. Así por ejemplo, el hecho de que los criados de don Luis no le hacen caso a DQ, además de ser la mayor afrenta para un caballero andante, es una astucia narrativa muy lograda: el relato puede concentrarse en el caso de los amores juveniles y abandonar al protagonista expulsado provisionalmente de la historia. La intención de DQ de armar caballero a Sancho, al verlo pelear con el barbero, da cuenta del proceso -aquí todavía irónico- de quijotización del escudero, en marcha desde la primera parte. La rotunda afirmación de don Luis, “Yo soy libre”, reitera con fuerza la inconfundible e innovadora voluntad cervantina de libertad: libertad de los personajes de llevar su vida según sus deseos hasta en contra de las imposiciones sociales; libertad de los narradores textualizada en un “Pero dejémosle aquí” que, a la vez que marca la transición entre una peripecia agitada y una vuelta apacible al tema amoroso, plasma la voz de quien conduce el relato y quiere que su impronta sea reconocida. Y, más allá, libertad del autor, último dueño de la materia narrativa, y libertad del lector, último dueño de la interpretación de la misma.

Unida con esta irrupción de la libertad en la literatura de ficción viene la famosísima creación del “baciyelmo” que remata el capítulo. Espejo de una actitud liberada ante las tiranías lingüísticas, esta palabra híbrida es también espejo del perspectivismo cervantino. Todo es relativo: lo que para uno es bacía, para otro es yelmo, y en caso de vacilación de la razón o de oportunismo, “baciyelmo”. Sancho sabe lo que es una bacía pero las circunstancias le aconsejan sacar partido de la locura de su amo: su albarda-jaez está en juego.

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