- Comentario del prólogo de la 2ª parte.
SEGUNDA PARTE DEL QUIJOTE
Prólogo a a la segunda parte del Quijote
Comentario
(Para entender el prólogo es necesario conocer los siguientes antecedentes)
El año 1614, nueve años después de la aparición de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, se publicó con pie de imprenta de Tarragona el Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Contiene su tercera salida y es la quinta parte de sus aventuras. Está compuesta por el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de la villa de Tordesillas.
Ya desde el inicio, en el mismo prólogo, utiliza el autor una serie de expresiones viles contra Cervantes. Su abyección llega a tal, que pretende denigrar tanto la inmortal obra, como a su autor, Cervantes: a) Trata la historia de don Quijote “Como casi una comedia”; b) Lo trata de manco “…y digo mano, pues confiesa de sí que tiene solo una”; c) Viejo “Y pues Miguel de Cervantes es ya de viejo como el castillo de San Cervantes”; d) Deslenguado: “tiene más lengua que manos”.
Dicho lo anterior, lo acusa de ofender a dos personas: a quien escribe el prólogo y “particularmente a quien tan justamente celebran las naciones más extranjeras”, en clara alusión a Lope de Vega.
Por último lo acusa de envidioso, pero lo exculpa en lo yerros dado que “el haberse escrito entre los de una cárcel; y así no pudo dejar de salir tiznada de ellos, ni salir menos que quejosa, murmuradora, impaciente y colérica, cual lo están los encarcelados”.
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Como vemos, el anónimo autor, desea iniciar una guerra con Cervantes. En el prólogo de la Segunda parte, este contesta desde la serenidad, pero con humor y fina ironía a los insultos e injurias que contra él había dirigido Avellaneda.
En este texto podemos establecer las siguientes partes:
- Autodefensa de las acusaciones vertidas contra Cervantes plena de mesura que, a la vez se convierte en acusación de sus enemigos literarios.
Comienza y termina este prólogo de la segunda parte con una alusión al Quijote de Avellaneda, anticipando las supuestas ganas del lector de encontrarse con la verdadera segunda parte del Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha una vez sufrida la segunda parte apócrifa para la que no escatima adjetivos y reproches, entre los que se cuenta el que en ella se le tachara a Cervantes de viejo y manco, “como si hubiera sido en mi mano haber detenido el tiempo, que no pasara por mí, o si mi manquedad hubiera nacido en alguna taberna, sino en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni espera ver los venideros”, en alusión a la batalla de Lepanto (1571). También lamenta que se le tache de envidioso (alusión clara a la posible envidia que sentía por Lope de Vega).
También recrimina el anonimato del autor apócrifo. Después sirviéndose de dos cuentecitos de perros le dice a Avellaneda, con el primero, que ha malgastado su tiempo ocupándose de un asunto que ya había sido tratado por el autor de la primera parte del Quijote y que no hacía falta «inflar más el perro».
COMENTARIO DEL PRIMER CUENTO:
A Avellneda(el loco) se le ocurrió un gran disparate: agarró la pluma(el cañuto) para escribir y tomó cualquier material, que se sobreentiende que era de Cervantes. Hecho esto, llenó el material de palabras (hinchar el perro), es decir, añadió capítulo al Quijote Cervantino. Lo infló por el trasero, lo que significa que fueron escritos burdamente, que son ridículos (el perro).
Pero si acaso el ejemplo de un cuentecito le pareciera poco, le coloca la moraleja de otro en el cual otro loco, esta vez en Córdoba, se dedicaba a descargar con fuerza grandes piedras sobre los perros que se encontraba. Cuando se topó con el perro de un bonetero que oyó de qué manera lamentable se quejaba el animal después de recibir la descarga de la piedra, el buen bonetero molió a palos al loco mientras le gritaba una y mil veces que su perro era podenco. Tanto se lo gritó y tantos palos recibió el infortunado loco que, de allí en adelante, cuando se acercaba con la enorme piedra a un perro lo miraba muy detenidamente sin atreverse a descargarla sobre las costillas del animal por si acaso resultaba ser un podenco.
COMENTARIO: Como el loco que golpeó al podenco, el autor del Quijote apócrifo maltartó con su obra el fino material de la primera parte.
- El agradecimiento a quienes le apoyan en su tarea como escritor, el Conde de Lemos y el Cardenal Artzobispo de Toledo, tío del Duque de Lerma.
- Termina cerrando la posibilidad de una tercera parte del Quijote:
«ni yo quiero decirte más a ti, sino advertirte que consideres que esta segunda parte de Don Quixote, que te ofrezco es cortada del mismo artífice y del mesmo paño que la primera, y que en ella te doy á Don Quixote dilatado, y finalmente muerto y sepultado, porque ninguno se atreva á levantarle nuevos testimonios».
RESUMEN DE LOS CAPÍTULOS I Y II
La 2ª parte del Quijote reanuda la trama de la narración un mes después del final de la primera. DQ daba muestras de estar en su entero juicio, y a fin de asegurarse de ello el cura y el barbero van a visitarle y conversan amigablemente con él. El diálogo transcurre dentro de la más elegante discreción hasta que se toca el tema caballeresco, que hace disparatar al hidalgo quien así pone de manifiesto que su enfermedad mental está muy lejos de haberse curado. Aquí se establecen ciertas características de la 2ª parte: aumento del diálogo, el ritmo de la acción más pausado y el encontrar a DQ en un estado “normal” más a menudo.
Mientras habla con el cura y el barbero entra en casa Sancho Panza; la conversación que inicia con su amo constituye una especie de sutil resumen escalonado en varias fases: primero mediante su evocación global aderezada con recuerdos ingratos (“si a ti te mantearon una vez, a mí me han molido un ciento”) y, a petición de DQ, Sancho enumera las opiniones que a los lugareños merecen las aventuras del caballero, lo que introduce variadas perspectivas de las acciones evocadas. Por último, Sancho cuenta a su amo que acaba de regresar al lugar el bachiller Sansón Carrasco, que viene de estudiar de Salamanca, y que le ha dicho que ha aparecido un libro titulado El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.
CAPÍTULO III
A ruegos de DQ, el bachiller Sansón Carrasco lo visita y le da noticia del libro, sobre el que expresa las opiniones de diferentes lectores, lo que permite recapitular hábilmente, a modo de índice encubierto, los sucesos más notables narrados en la 1ª parte.
Es aquí donde reside una de las más extraordinarias innovaciones de la narrativa cervantina: el Quijote de 1605 se integra en esta 2ª parte como un elemento más del relato; los protagonistas de la historia se ven a sí mismos convertidos en personajes, y matizan o corrigen ciertas inexactitudes de la narración, crecientemente independizados, en cierto modo, de su creador.
Esta es una novedad absoluta, que Cervantes aprovecha para jugar con los espejos del narrador arábigo, para remediar con gracia ciertos descuidos compositivos de la primera parte -como la omisión del robo del rucio de Sancho- o para plantear si fue oportuna la inclusión de la novela del Curioso Impertinente. Se habla también de la recepción del primer Quijote y hasta del nº de ejemplares impreso:
“es tan clara, que no hay cosa que dificultar en ella: los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran; y, finalmente, es tan trillada y tan leída y tan sabida de todo género de gentes, que apenas han visto algún rocín flaco, cuando dicen: «Allí va Rocinante». Y los que más se han dado a su lectura son los pajes: no hay antecámara de señor donde no se halle un Don Quijote, unos le toman si otros le dejan, estos le embisten y aquellos le piden.”
Estos capítulos contienen cuestiones de crítica y de sociología literaria, e incluso el planteamiento teórico de la diferencia entre historia y ficción. Pero lo decisivo, es la introducción del relato dentro del relato, la conversión narrativa de la 1ª parte en estímulos que determinan las reacciones de los personajes y su comportamiento. El Quijote de 1605 condicionará a partir de ahora la conducta de las gentes en sus encuentros con el caballero, inevitablemente precedido por la imagen que de él ha ofrecido la historia impresa.
La audacia de introducir la ficción en el desarrollo de la propia ficción es una de las grandes contribuciones cervantinas a la constitución del género novelístico. El haz de posibilidades de la literatura narrativa se ensancha con esta genial invención que abre uno de los caminos de la novela moderna.
RESUMEN DE LOS CAPÍTULOS V, VI y VII: DQ Y SANCHO SALEN DE LA ALDEA
DQ decide salir por tercera vez de la aldea, acompañado de su escudero Sancho. Este último va aguzando su ingenio de tal suerte que el propio C. se ha dado cuenta de que ha hecho evolucionar demasiado a esta criatura suya.
En el capítulo 5, cuando inserta la discusión entre Sancho y su mujer sobre la salida con el caballero y el futuro de sus hijos, la voz narrativa del Cervantes/traductor nos confiesa que este capítulo lo “tiene por apócrifo, porque en él habla Sancho Panza con otro estilo del que se podía prometer de su corto ingenio, y dice cosas tan sutiles, que no tiene por posible que él las supiese”. Sancho ha aprendido a combinar las paradojas, la sintaxis y todas las galas del lenguaje cortesano hasta tal punto que su mujer no le entiende.
Mientras tanto (capítulo 6), la sobrina y el ama advierten que DQ quiere salir por 3ª vez en busca de aventuras y tratan en vano de impedirlo. Recurren al bachiller que, tras concebir un plan que no se nos desvela, anima y acompaña a la pareja en el inicio de su salida.
RESUMEN DE LOS CAPÍTULOS VIII y IX
Antes de emprender sus aventuras DQ quiere solicitar licencia y bendición de Dulcinea, y para ello se encaminan al Toboso, adonde llegan a medianoche, después de una larga conversación entre amo y criado, en la que éste ha mantenido y adornado con más detalles y hábil mentira del mensaje a Dulcinea. A oscuras por el pueblo, DQ quiere buscar el alcázar de Dulcinea, con gran indignación de Sancho que sostiene que no hay tal en el Toboso. Al final, determinan que DQ se aparte en el bosque, mientras Sancho busca en el pueblo a esa “dama” de la que el uno se “ha enamorado de oídas” y el otro ha entrevistado, también de oídas.
CAPÍTULO X
El capítulo comienza con la mención de otro exordio (Introducción o explicación con que se introduce un discurso hablado o escrito para llamar la atención o preparar el ánimo del oyente o lector) de Cide Hamete. DQ imagina las posibles reacciones de su amada en la firme creencia de que posee una dama a tono con su nueva personalidad de “caballero” que existe en un “libro”.
El monólogo de Sancho: Sancho se va camino del Toboso con el encargo de solicitar de Dulcinea licencia para que el caballero la vea y reciba su bendición. Sentado al pie de un árbol, hace unas largas reflexiones sobre su comprometida situación. La figura que compone en su monólogo “hablando consigo mesmo” es frecuente entre los pastores del romancero y de algunas églogas teatrales. El soliloquio del escudero es uno de los fundamentos de la nueva imagen de Sancho en la 2ª parte, mucho más consciente de sus facultades y de su capacidad para manejar a DQ. El escudero presume que lo más probable es que su amo reaccione de acuerdo con el esquema de las aventuras que recuerda. La solución que halla es sencilla e ingeniosa a la vez. Ve que por el camino se acercan tres labradoras montadas en tres borricos, y corre hacia don Quijote y le anuncia que se aproxima Dulcinea, ricamente ataviada y acompañada de dos de sus doncellas. DQ no lo pone en duda, sale al camino y manifiesta a Sancho que sólo ve tres labradoras montadas en tres borricos. DQ ha cambiado también entre la 1ª y la 2ª parte. Mientras que antes transformaba lo que veía para adecuarlo a su ilusión, ahora ve la realidad tal cual es. Si parece sobrenatural es porque se presenta con esas características o porque es manipulada para que así lo parezca. Esta disminución de los poderes imaginativos de DQ manifiesta el agotamiento del recurso más característico de la obra (ver gigantes donde hay molinos).
En su descripción de Dulcinea y el discurso que le dirige, Sancho emplea un lenguaje que no sabíamos que manejase. DQ le habla primero a Sancho y se lamenta de su mala fortuna, antes de dirigirle a la aldeana un hermoso y tristísimo discurso que indica que la ve como tal. Ninguna de las posibilidades imaginadas por el escudero tiene lugar, pues el hidalgo no cree que es Dulcinea la encantada por un mago enemigo, sino sus ojos de modo que no pueda verla. La treta de Sancho provoca risa (el aliento a ajo de la campesina que molestó a DQ, y el lunar que le notó Sancho) y afirma el poder sobre su amo del “socarrón” escudero.
Este capítulo es esencial para la evolución de la novela y para la visión de la figura de Dulcinea. También señala una nueva evolución en la locura de DQ. La situación es exactamente contraria a las que se nos han ofrecido en la 1ª parte, donde DQ, ante la realidad vulgar, se imaginaba un mundo ideal y caballeresco. Hasta ahora, DQ sublimaba en valores de belleza y heroísmo lo corriente y anodino, y cuantos le rodeaban, Sancho el primero, hacían todo lo posible para desengañarle de su error y para hacerle ver que los gigantes eran molinos. Ante la disparidad, DQ respondía con malignos encantadores que transformaban lo noble en vulgar. A partir de ahora, este aspecto se invertirá. Sancho le pone ante tres feas aldeanas y sostiene que está viendo a tres damas bellas. DQ afirma: “Yo no veo sino a tres labradoras sobre tres borricos”. Los papeles se han invertido.
CAPÍTULOS XXI Y XXIII: LA CUEVA DE MONTESINOS
Tras el feliz desenlace, DQ y Sancho se encaminan hacia la cueva de Montesinos, próxima a una de las lagunas de Ruidera, donde nace el Guadiana, una meta que ya venía perfilándose hace unos capítulos. Les acompaña el primo de un licenciado que han encontrado en el cap. 19. Este personaje sin nombre es una burla de la erudición vana y hueca, lector de l. de caballerías e impresor y autor de obras disparatadas: está escribiendo un libro, Metamorfoseos, en el que explica quiénes fueron la Giralda, la Sierra Morena…; este loco de la erudición alimentará la imaginación de DQ. A las dos de la tarde y con una cuerda de cien brazadas, DQ se adentra por la boca del oscuro abismo, cegado de malezas y aves agoreras, tras encomendarse a su amada. Sancho y el primo lo bajan y, al recogerlo al cabo de media hora, solo notan peso cuando apenas les quedan veinte brazadas.
DQ aparece dormido y al desperezarse, confiesa con dolor que vuelve de una visión extraordinaria. Antes de explicarla, meriendan.
LA CAVERNA Y LA VISIÓN– Cervantes, con esta caverna o mazmorra, paraíso e infierno, espacio ultramundano de lo mágico y oculto, lugar del sueño y del desengaño, desmitifica uno de los lugares (tópicos) más ricos de la tradición literaria para plantear cuestiones de moral y de poética. Él mismo había utilizado la alegoría de la cueva en otras obras. Todos los géneros literarios, desde la lírica a la épica, la mística o la hagiografía, habían hecho uso de las cuevas como espacio mágico u visionario, sin olvidar el teatro, la novela sentimental y pastoril o el folclore. Cervantes hace aquí un uso particular del tópico proveniente de las novelas de caballerías. La perspectiva épica se combina con la burlesca. Y a la burla suma el significado platónico de la caverna como lugar que explica el proceso de conocimiento y, a la vez, el de la misma creación literaria, pues es en la mente de DQ -constructor del relato- donde la cueva y sus habitantes tienen su verdadera residencia. La de Montesinos está poblada de seres extraordinarios con remates vulgares que desmitifican la tradición alegórica de las visiones de submundo.
DQ empieza a las cuatro de la tarde el recuento detalladísimo de su viaje y de la topografía de la cueva, tratando de probar la veracidad de su testimonio ante el escepticismo de Sancho y la credulidad del primo. El descenso iniciático, como los de Eneas y otros héroes de fama, está cargado de las dobleces propias del género de los sueños: aunque asegura haberse dormido, luego trata de probar lo contrario. Todo lo que ve se ajusta al esquema de las visiones de ultratumba: desde el locus amoenus cristalino, hasta el desfile de personajes míticos o extraordinarios. Sin embargo, la fusión de lo sublime y lo cotidiano y grotesco, surge desde el principio sin que el DQ narrador se aperciba. El melancólico héroe fabrica su historia mezclando materiales literarios y legendarios (Merlín, Montesinos) con los de su propia experiencia (Dulcinea labradora saltando y bricando como cabra) y los de su fantasía (Ruidera y familia). Muertos vivientes de cinco siglos y encantadas que piden prestado sobre una prenda íntima se pasean ante DQ a lo largo de tres días que sólo han durado media hora.
DQ, por primera y última vez en la obra, es personaje y narrador de una aventura de la que solo tenemos su testimonio. Ello derivará en la recepción distinta que su discurso produce en Sancho y el primo, y en la desconfianza de Cide Hamete quien, en el capítulo siguiente, dará el episodio por apócrifo. C. aprovecha el género visionario y el tópico de la cueva para hacer sátira y parodia caballeresca, pero sobre todo para situar lo admirable y maravilloso en el ámbito de la fabulación, dando al traste con la máquina de las alegorías y abriendo paso a la novela moderna.
CAPÍTULO XXIX: EL BARCO ENCANTADO
Este capítulo representa el final de la primera fase de la segunda parte del Q.; en el siguiente DQ y Sancho se encuentran con la duquesa y así empieza la larga visita al castillo de los duques, comparable en esta parte a la estancia en la venta en la primera.
DQ y Sancho llegan al Ebro y se ofrece a su vista “un pequeño barco sin remos ni otras jarcias” y llevado por su fantasía caballeresca ordena a Sancho embarcar. El tema del capítulo es uno de los más tipicos de los libros de caballerías: el barco encantado que se encuentra por casualidad al lado del río o del mar y que lleva por magia -sin que nadie lo gobierne- a un sitio exótico donde el caballero acaba una gran aventura. Como modelos de este episodio se han sugerido el Palmerín de Inglaterra y el Espejo de príncipes y caballeros.
DQ se exalta y se cree que siguiendo el curso del río han llegado al mar y han pasado la línea equinoccial. Pero el pequeño barco está alcanzando la otra orilla con peligro de dar contra las ruedas de una aceña (molino harinero), y al reparar en ello acuden los molineros, blancos de harina, con varas apropiadas para detener la embarcación. Dq se sobresalta y los increpa y amenaza. Los Molineros consiguen detener el barco, no sin que DQ y su escudero se zambullan en el río y el bajel resulte destrozado.
La “aventura” que tiene lugar en este capítulo se parece más a las de la Primera poarte que a cualquier otra de la Segunda; es decir, DQ transforma la realidad, emprende la aventura, fracasa, y se disculpa citando la intervención de los encantadores. Pero hay diferencias importantes, sobre todo cuando DQ reconoce la realidad (“aunque parecen aceñas, no lo son”) y cuando les paga a los pescadores, cosas que nunca ocurren en la Primera parte. Las palabras de DQ en este capítulo (“Dios lo remedie; que todo este mundo es máquina y trazas, contrarias unas de otras. Yo no puedo más”) ilustran bien su impotencia y su pesimismo y preparan la escena para la gran farsa que será la visita al castillo ducal.
RESUMEN DE LOS CAPÍTULOS XXX AL LVII: EN EL PALACIO DE LOS DUQUES
Desde el 30 al 57 de esta segunda parte , DQ y Sancho son acogidos por unos Duques que tenían su residencia en aquellas tierras aragonesas. Aunque Cervantes no indica nunca su nombre, ni el lugar donde está el palacio, se suele afirmar que parecen estar inspirados en don Carlos de Borja y doña Maria Luisa de Aragón, duques de Luna y Villahermosa, que vivían en Pedrola.
Los duques han leído la primera parte del Quijote, y por lo tanto cuando conocen al hidalgo y a su escudero saben perfectamente de qué pie cojean ambos: la locura caballeresca y el ingenio de DQ y la ambición y donaires de Sancho. Ricos aristócratas, con una verdadera corte de servidores, los Duques deciden aprovechar el paso de DQ y Sancho por sus propiedades para divertirse a costa de ellos, como si hubieran encontrado a dos bufones. El Duque ordena sus criados que sigan el humor de DQ y que se comporten al estilo de las cortes de los libros de caballerías. A ello se opone el capellán del palacio, que lo abandona mientras DQ reside en él.
Delicados y despiadados a la vez, los duques harán revivir artificialmente a DQ y a Sancho las aventuras caballerescas sin que estos tengan que desfigurar la realidad.
Sólo dos personas del palacio se excluyen de las consignas del duque: el eclesiástico y una dama de honor de la Duquesa llamada doña Rodríguez, retrato de la mujer tonta que creerá a pies juntillas que DQ es un caballero andante e incluso acudirá a él para que defienda el honor de siha, que ha sido burlada por el hijo de un labrador rico (48 y 56).
RESUMEN DE LOS CAPÍTULOS XXXIV Y XXXV: LA PROFECÍA DE MERLÍN:
CAPÍTULOS XXXVI y XLI
En el capítulo 36, La condesa Trifaldi se presenta ante DQ con un grotesco cortejo de damas barbudas para pedirle que vaya a la lejana isla de Candaya a desencantar a la infanta Antonomasia y don Clavijo -nombres burlescos- convertidos por el gigante Malambruno, ella en una simia de bronce, y él en un espantoso cocodrilo. Sólo a DQ estaba reservada la hazaña de hacerles recobrar su primitiva forma. El gigante también las ha encantado a ellas haciéndoles crecer barba.
Los criados del Duque realizan toda esta farsa con notable propiedad y remendando con acierto las situaciones, el estilo y el lenguaje de los libros de caballerías. Para ir a Candaya es preciso montar en un caballo de madera, Clavileño, que lleva rápidamente por los aires a las regiones más apartadas. Sancho se niega, pero las dueñas barbudas -por el encantamiento- le suplican encarecidamente y los duques le amenazan con dejarle sin ínsula que gobernar.
DQ y Sancho montan en el caballo de madera, que acaban de traer cuatro “salvajes”; les cubren los ojos con un pañuelo y con argucias, les transmiten la sensación de estar volando para luego -con la ayuda de cuatro petardos- devolverlos al suelo del jardín inicial. Allí hallan una nota de Malambruno que finaliza con la aventura.
Aquí no es precisamente el escritor quien parodia los libros de caballlerías, sino los criados del Duque; y lo hacen tan bien que, no tan sólo DQ cae en el engaño, lo que es muy natural, sino también Sancho, que cada vez va creyendo más y más en las fantasías caballerescas y se va “quijotizando”.
El tema del caballo volador hacía más de tres siglos que figuraba en las novelas caballerescas. En la novela Cléomadès de Adenet li Rois (s. XIII), el héroe, Marcadigás se lanza en plena aventura montado en un caballo de madera que vuela por los aires, fabricado por el rey moro Comprars de Bujía. El tema parece derivar de un relato de las Mil y una noches (“El caballo de ébano”) y se divulgó por la Europa cristiana a través de España y aquí muere humorísticlamente a manos de Cervantes después de haber pasado por versiones como la de la novela de caballerías Historia de Clamades y Clarmonda (1562). C. concoció seguramente este libro y es el que confundió con aquel otro sobre Pierres y la linda Magalona, amantes que se fugaron igualmente a caballo, pero montados en dos que no eran mágicos.
Al final del episodio, Sancho relata a los duques el embuste de cómo desde la altura vio el diminuto tamaño de la tierra y cómo visitó a las siete cabrillas (la constelación de las Pléyades). La fantástica ascensión se Sancho al cielo hace juego con el descenso de DQ a la cueva de Montesinos. Sancho actúa como un fanfarrón y un pícaro embustero triunfando ante los señores burladores que no pueden revelar la verdad.
(DQ Y ALTISIDORA
DQ ha permanecido mientras tanto en el palacio de los Duques y ha sido objeto de varias burlas. Una de las doncellas de la Duquesa, Altisidora, moza desenvuelta y decidida (Placerdemivida) ha fingido enamorarse perdidamente de DQ (cap 44) quien a pesar de todas las insinuaciones se mantiene fiel a Dulcinea. La burla acaba con una serenata con cencerrada y suelta de gatos que acaban arañando a DQ y llenándolo de “gatescas heridas”).
CAPÍTULO XLVIII: DQ Y DOÑA RODRÍGUEZ
Trama: Al inicio del capítulo hay una escena divertida ya que doña Rodríguez abre la puerta del dormitorio de DQ y este cree que es Altisidora una joven que dentro de la farsa montada por los duques hace ver que quiere seducir a DQ, en este fragmento se pone de manifiesto la castidad de DQ y su fidelidad a Dulcinea.
Aclaradas las cosas doña Rodríguez explica que acude a él porque es un caballero andante y desea que vengue el honor de su hija, que ha sido burlada por el hijo de un rico campesino.
El capítulo comienza con un enlace oracional con el anterior: “Además…”. Sin embargo, y a pesar de anunciar continuidad, C. introduce una nueva aventura que irá desarrrollando en alternancia con las protagonizadas por Sancho. Esto refleja la autonomía que Sancho ha ido adquiriendo a lo largo de esta segunda parte, hasta llegar a la independencia en la ínsula.
Este capítulo está construido como un paso de entremés; no falta ninguno de los ingredientes propios del género: figuras estrafalarias y tipificadas, parodia con recuerdos clásicos de las relaciones amorosas caballerescas y refinadas, crítica a las dueñas y final a palos y a oscuras. Pero, sobre ese esquema, C. borda algunos de los elementos esenciales que carcterizan toda la obra. Tal es el contraste entre imaginación y realidad: el caballero, que espera a Altisidora, se encuentra con una dueña a la que confunde con una aparición diabólica, aunque a estas alturas el procedimiento se haya atenuado.
La historia de la dueña incluye otra; la de su marido y el algunacil, anécdota que parece un suceso real que plantea el problema de las relaciones entre las clases sociales. Lo que C. expone es la alianza entre el grupo social del campesinado rico y la nobleza: el duque no ha intervenido en la demanda de doña Rodríguez porque el padre del seductor “le presta dineros y le sale por fiador de sus trampas…” A esta complicidad responde la rencorosa crítica de la dueña contra la duquesa. Será esa revelación de sus fuentes y la alusión a Altisidora, las que incitará a estas, que estaban escuchando detrás de la puerta, a terminar a palos la aventura. (C. lo revela en el cap 50)
(DQ batallará en el cap 56 para salvar el honor de la hija de la dueña)
CAPÍTULO LXII: LA CABEZA ENCANTADA.
Asunto: Don Antonio- un noble menor barcelonés- acoge a DQ y a Sancho con gran cariño, pero no pierde ocasión para burlarse de ellos. Pasea a dQ por la ciudad en pleno mes de junio vestido con ropa de abrigo y con un letrero cosido en la espalda que dice que es dQ. DQ se admira de que tantos le conozcan y sepan su nombre. Un personaje anónimo reconoce el buen ingenio de dQ y se lamenta de que lo desagüe por el canal de la andante caballería y señala que está loco él y los que le acompañan Lo saca al balcón de su casa lo cual convoca a muchas personas que conociendo al personaje acuden a burlarse de él.
Montan una fiesta y las amigas de la señora se burlan de dQ diciéndole piropos y sacándolo a bailar. De nuevo sale a relucir su castidad y amor platónico por Dulcinea..
Don Antonio monta una nueva estrategia para burlarse de dQ y Sancho, aunque no sólo de ellos pues mucha gente cae en el engaño. Enseña una cabeza de bronce que según él ha sido fabricada por un encantador y posee la capacidad de responder atinadamente a todo lo que se le pregunte. Estamos ante una nueva situación de distorsión de la realidad por parte de los personajes que rodean a dQ y Sancho.
Después de que pregunten otras personas, muchas de las cuales caen en el engaño, pregunta dQ si fue verdad lo de la cueva de Montesinos, aquí vemos que el propio dQ duda de que fuera real lo que ocurrió y pregunta sobre los azotes de Sancho y el desencantamiento de Dulcinea-labradora. La cabeza da respuestas ambiguas. También Sancho pregunta si volverá a ser gobernador, si regresará con su familia y si mejorará su situación. La cabeza le responde que gobernará en su casa y dejará de ser escudero. La respuesta es según Sancho de Perogrullo por lo evidente que es.
Cervantes citando de nuevo a Cide Hamede explica el mecanismo de la cabeza y cómo desde un tubo que comunicaba el aposento del piso inferior un sobrino de don Antonio contestaba a las preguntas. Esta cabeza admiró a mucha gente durante diez o doce días hasta que la Inquisición intervino, aunque para Sancho y dQ quedó como algo mágico.
Acaba el capítulo con la visita que hace dQ a una imprenta de BCN donde tras comentar cosas diversas ve una edición del Quijote de Avellaneda y aprovecha para criticarlo.
Comentario: El interés de este capítulo es muy distinto al de los demás que narran las andanzas de DQ y Sancho por Cataluña, pues sus episodios acaban pareciendo prescindibles para el sentido último de la novela; con todo, merecen atención por lo que tiene de reveladores de ciertas ideas de Cervantes.
El curioso episodio de la cabeza encantada va más allá de la burla que parece ser. El ardid se ofrece como algo mágico a cada uno de los convidados a la fiesta, que ignoran el artificio; pero C. se apresura a dejar claro que dicha cabeza es un truco con unas razones en que se acaban borrando las fornteras entre literatura y realidad.
Junto a la broma de que son víctimas DQ y Sancho, el asunto de la cabeza parlante entraba de lleno en la polémica sobre la adivinación. Autoridades de la época lo calificaban como pecado que llevaba implícito un pacto con el demonio. Sólo se toleraba si era declarado explícitamente un juego inocente.
A otro nivel, todos estos juegos le sirven a C. para ridiculizar la creencia en la astrología y supersticiones afines.
Tras este incidente, DQ visita una imprenta, lo que propicia comentarios literarios sobre los libros que allí se están componiendo y estampando, y que C. opine sobre el arte de traducir y, sobre todo, lance un nuevo ataque a Avellaneda, lo que vuelve a revelarnos hasta qué punto le indignó y le condicionó el recuerdo de la novela apócrifa en la redacción de la segunda parte.
CAPÍTULO LXIV: EL CABALLERO DE LA BLANCA LUNA
Asunto y comentario: Dos días después del combate naval llega a Barcelona un caballero armado de punta en blanco y en cuyo escudo estaba pintada una resplandeciente luna. Tras esta figura que ha venido a retar a DQ, se esconde el “perseguidor “del héroe, Sansón Carrasco. Es más temible que el cura y el barbero puesto que parodia el estilo de DQ. Ahora lo reta a combate si no quiere confesar que su dama es mucho más hermosa que Dulcinea. Después de vencerlo, le anuncia la muerte si no confiesa las condiciones del desafío. Dq, con voz débil y en una escena patética pronuncia estas palabras: “Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo, y yo el más desdichado caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad. Aprieta, caballero, la lanza, y quítamen la vida, pues me has quitado la honra”
Un detalle da autenticidad a estas palabras: la ausencia de los arcaísmos propios de su lenguaje caballeresco. No ha dicho fermosa, cautivo, aquesta, sino hermosa, desdichado, esta. En este doloroso trance, el más lastimoso y triste de su vida, DQ se ha quitado la máscara del lenguaje libresco y ha hablado con verdad.
CAPÍTULO LXXIII
Asunto: Llegan a su aldea y dQ interpreta como un mal agüero un trivial comentario de dos niños. Sancho intenta quitarle importancia al asunto e incluso le compra una jaula de grillos para convencerle de que volverá a ver a Dulcinea. DQ es recibido con mucho cariño por sus familiares y amigos. Sancho es recibido por su mujer Teresa y su hija que se extraña de no verle con aspecto más adinerado
DQ cuenta a sus amigos su nueva situación y les propone irse a hacer de pastores. En fondo está buscando otra forma de literaturizar su vida de una forma menos arriesgada posiblemente. Sus amigos le siguen la corriente. La sobrina y el ama se escandalizan de la nueva locura de dQ. Al final del capítulo lo llevan a la cama.
Comentario: Por tercera y última vez, DQ vuelve a su pueblo, ahora físicamente libre y no encantado, pero profuindamente melancólico. Por esto interpreta como agüeros tristes las primeras cosas que oye y ve a la entrada: la disputa sobre una jaula de grillos y una liebre huyendo de galgos y cazadores. Tanto la jaula como la liebre -Dulcinea- le avisan que no verá más a la señora de sus pensamientos.
En la primera parte casi no hay agüeros, pero en la segunda, con frecuencia., se oyen o se ven cosas que se sienten como tales. Unos cap. antes, DQ los había rechazado como una superstición del vulgo. En vista de ese repudio tan reciente, el comienzo de este capítulo revela la reciente desesperación del caballero.
Ahora le toca a Sancho consolar a su amo. Al final de la segunda parte, Sancho, el exgobernador, desencantador de Dulcinea y resucitador de Altisidora, se muestra más discreto y capaz de dirigir a DQ, cada vez más débil.
Sancho se reencuentra con su familia y , en su casa, DQ revela al cura y a Sansón las noticias de su derrota y su intención de pasar el año como pastor enamorado; les invita a acompañarle en este ejercicio pastoril. Es natural que DQ decida vivir otra ficción, pero, habiendo oído la ama y la sobrina esta conversación, protestan enérgicamente. No les lleva la contraria DQ. Le faltan fuerzas y pide ser llevado al lecho. Le falla, por fin, tanto la ilusión caballeresca, como la pastoril.
CAPÍTULO LXXIV
Asunto: DQ cae enfermo. El médico dice que la melancolía acabará con él.
Todos miran de animarle con la idea de ir a hacer de pastores. Pero dQ a recobrado el juicio decide que debe confesarse y hacer testamento. En él favorece económicamente a Sancho y dice que si estando loco le dio el gobierno de una isla ahora que está cuerdo si pudiera lo haría gobernador de un reino ya que su sencillez y fidelidad lo merecen.
Sancho se emociona, le dice que posiblemente perdió contra el caballero de la Blanca Luna porque él cinchó mal al caballo. Incide en la idea que Dulcinea ya está desencantada y que deben irse a hacer de pastores.
DQ repite que está curado de su locura y abomina de los libros de caballerías, les pide que no intenten animarlo con historias de pastores o caballeros.
Concluye su testamento dejando su hacienda a su sobrina, a condición de que no se case con alguien que conozca los libros de caballerías.
Vuelve a criticar al Quijote de Avellaneda. Y subraya que muere y que nadie podrá resucitarle y seguir con sus aventuras, parece Cervantes querer asegurarse de que no habrá nuevas continuaciones.
Acaba Cervantes con una nueva crítica a Avellaneda y expresando que su deseo fue poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías.
Comentario: La historia de DQ es la de un loco; es preciso, pues, que termine con la recuperación del juicio y de la identidad subsumida en el nombre Alonso Quijano el Bueno.
¿Muere DQ a causa de la melancolía -desajuste de los humores corporales, según la medicina de la época- o a causa de la pesadumbre resultante de su derrota por el caballero de la Blanca Luna? El texto no aclara el problema.
Sansón Carrasco cumple un papel importante en el último capítulo. Igual que Sancho, no acepta el hecho de que DQ está moribundo. Trata de animarle a volver a vivir fantasías. La ironía es considerable. Fue él quien ideó la tercera salida pensando vencerlo y obligarle a volver a la aldea donde se hiciese curar. Cuando lo consigue, es incapaz de enfrentarse con las consecuencias de su intervención en la vida de su vecino.
Rodeado de sus amigos y parientes, DQ muere cuerdo y conforme a las prácticas cristianas, como los caballeros del Tirante el Blanco. En tiempos de su locura, el héroe no frecuentaba las iglesias, ni le veíamos practicar devociones serias fuera de ellas, aunque sabía hablar inteligente y ortodoxamente de los artículos de la fe cristiana. Si de cuerdo hubiera tenido más vida, no habría leído libros de caballerías, sino otros que fueran “luz del alma”. Cuando despierta del sueño de la conversión, DQ se declara libre de “las sombras caliginosas de la ignorancia”, producto de la lectura excesiva de los libros de caballerías. El hidalgo cuerdo admite su “desengaño”, voz que en el barroco español tenía el sentido positivo de esclarecimiento.
En el resto de su vida, DQ y, despué de su muerte, Cide Hamete, abominan de los libros de caballerías, causa de la ignorancia y del engaño humanos. Se confirma así el propósito de la novela, tal como ha sido declarado en el Prólogo de la primera parte y repetido tantas veces en la ficción.
El Q. de Avellaneda sigue atormentando el espíritu cuerdo de DQ. Ruega a sus albaceas que, si logran identificar y encontrar al autor seudónimo, le pidan perdón de su parte por la ocasión que le ha dado de escribir obra tan detestable. Él mismo toma precauciones para evitar toda imitación de su Segunda parte. La muerte conmovedora de DQ estorba posibles continuaciones; y la pluma de Cide Hamete proclama que DQ nació para ella sola.