41ª sesión (30/11/2022)

FUNCIÓN DE CIDE HAMETE BENENGELI

Destaca en el Quijote el original punto de vista narrativo: Cervantes, en un moderno ejercicio de distanciamiento, finge haber hallado casualmente unos manuscritos del historiador árabe Cide Hamete Benengeli que relatan la historia de don Quijote y Sancho, limitándose él a traducirlos. Pretende de esta manera, mediante el recurso del “manuscrito encontrado”- típico de los libros de caballerías-, dar la impresión de que los hechos que narra no han diso inventados por él, sino que ocurrieron realmente.

Estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero; y, como yo soy aficionado a leer, aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado desta mi natural inclinación, tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía, y vile con caracteres que conocí ser arábigos. Y, puesto que, aunque los conocía, no los sabía leer, anduve mirando si parecía por allí algún morisco aljamiado que los leyese; y no fue muy dificultoso hallar intérprete semejante, pues, aunque le buscara de otra mejor y más antigua lengua, le hallara. En fin, la suerte me deparó uno, que, diciéndole mi deseo y poniéndole el libro en las manos, le abrió por medio, y, leyendo un poco en él, se comenzó a reír.

Preguntéle yo que de qué se reía, y respondióme que de una cosa que tenía aquel libro escrita en el margen por anotación. Díjele que me la dijese; y él, sin dejar la risa, dijo:

–Está, como he dicho, aquí en el margen escrito esto: “Esta Dulcinea del Toboso, tantas veces en esta historia referida, dicen que tuvo la mejor mano para salar puercos que otra mujer de toda la Mancha”.

Cuando yo oí decir “Dulcinea del Toboso”, quedé atónito y suspenso, porque luego se me representó que aquellos cartapacios contenían la historia de don Quijote. Con esta imaginación, le di priesa que leyese el principio, y, haciéndolo ansí, volviendo de improviso el arábigo en castellano, dijo que decía: Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo. Mucha discreción fue menester para disimular el contento que recebí cuando llegó a mis oídos el título del libro; y, salteándosele al sedero, compré al muchacho todos los papeles y cartapacios por medio real; que, si él tuviera discreción y supiera lo que yo los deseaba, bien se pudiera prometer y llevar más de seis reales de la compra. Apartéme luego con el morisco por el claustro de la iglesia mayor, y roguéle me volviese aquellos cartapacios, todos los que trataban de don Quijote, en lengua castellana, sin quitarles ni añadirles nada, ofreciéndole la paga que él quisiese.

Ya de entrada, Cervantes juega continuamente con la figura del narrador. Éste no sabe cuál es el nombre real del personaje ¿Quijada, Quijana, Quesada, Quijano…? A partir del capítulo IX se nos dice repetidamente que el autor del Quijote es un historiador arábigo, Cide Hamete Benengeli, autor ficticio que ha escrito la historia en árabe, por lo que debe ser traducida al español por un morisco que, además, se permite el lujo de intervenir o de retocar el texto. Este juego de narradores permite a Cervantes distanciarse de lo que está escribiendo, lo que facilita los juegos de humor, la parodia y la ironía.

Por otra parte Cervantes introduce también “la literatura dentro de la literatura”. Así, aparecen en el Quijote valoraciones y comentarios sobre la propia obra de Cervantes, además de referencias despectivas, en la segunda parte, al Quijote de Avellaneda.

EL QUIJOTE DE AVELLANEDA

 

Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, mejor conocido simplemente como Quijote de Avellaneda, es una novela publicada en 1614 y firmada por «el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de la villa de Tordesillas». Fue escrita como una secuela a la primera parte de Don Quijote de la Mancha, novela satírica publicada en enero de 1605 por Miguel de Cervantes Saavedra, quien durante la aparición del Quijote de Avellaneda se encontraba escribiendo una continuación al libro original. Ya en el prólogo, Avellaneda declara abiertamente su odio hacia  Cervantes, y no se molesta en esconderlo: se declara personalmente ofendido por él, se burla de su pobre condición social, y hasta se mofa de que le faltase una mano.

Según un estudio de Luis Gómez Canseco, tras el impostor podría esconderse Lope de Vega, el gran dramaturgo que dio al mundo Fuenteovejuna. Sospechosamente, Avellaneda multiplicaba sus elogios y citas de ese autor. Además, en el citado prólogo, sostenía que él mismo había “entretenido honestísima y fecundamente tantos años los teatros de España con estupendas e innumerables comedias”, y se confesaba ministro del Santo Oficio.

Este evento aceleró la redacción e impresión en 1615 de una segunda parte canónica y oficial del Quijote con numerosas alusiones y críticas a la versión de Avellaneda. Desde sus primeras líneas, la verdadera segunda parte de El Quijote se presenta como una revancha contra Avellaneda. Ya en la dedicatoria, Cervantes subraya que una de las razones para su nueva entrega es “quitar el mal sabor y la náusea que me ha causado otro Don Quijote que con el título de Segunda Parte se ha disfrazado y corrido por el orbe”.

Más adelante, en el prólogo, Cervantes informa al lector de que, aunque le molesta que Avellaneda lo haya llamado viejo y manco, él no se rebajará a insultarlo: “Tú querrías que lo tratara de asno, de mentecato y de atrevido, pero no se me pasa por el pensamiento: castíguele su pecado, con su pan se lo coma y allá él”.

Luego sí lo insulta, pero usando la voz ficticia del Quijote, que en la trama siguiente se revuelve furioso contra el libro apócrifo. En el capítulo LIX, el Caballero de la Triste Figura se queja del insultante prólogo de Avellaneda, y le corrige una errata. Sancho Panza protesta porque el plagiario lo ha retratado como un gordito simplón. Como castigo al impostor, a quien cree aragonés, el Quijote desiste de viajar a Zaragoza, y sigue de largo hasta Barcelona.

Asimismo Cervantes cambia el itinerario de sus protagonistas y dirige sus pasos hacia Cataluña. La propia muerte final del protagonista es la puntilla definitiva para reivindicar abiertamente la paternidad de don Quijote y evitar otro nuevo plagio o continuación.

LA LENGUA Y EL ESTILO DEL QUIJOTE

El ideal estilístico de Cervantes es expuesto en la propia obra: «Llaneza, muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala» (Capítulo 26, 2ª parte). Para conseguir naturalidad, los rasgos lingüísticos que emplea Cervantes son los siguientes:

  • El diálogo.Estilísticamente, la novela se basa en el diálogo de unos personajes que muestran de esa manera su modo de ser y de pensar. Cervantes hace hablar a los personajes de acuerdo con su condición: don Quijote utiliza el lenguaje de los caballeros andantes. Sancho, que no sabe leer ni escribir, utiliza el lenguaje del pueblo, lleno de refranes y con abundantes incorrecciones. La gran novelad de Cervantes es haber logrado crear personajes autónomos, humanos a los que va construyendo la lengua, el habla, el diálogo. El diálogo es el sustento del perspectivismo múltiple y un recurso dialéctico empleado como medio de conocimiento del alma humana y fundamento del dinamismo narrativo y de no pocas manifestaciones de comicidad y humor.
  • La ironía.El humor de Cervantes es amable, comprensivo con los defectos y fracasos humanos. No es un humor mordaz, sino que aparece como respuesta a la desesperanza. Los neologismos. Cervantes tiene conciencia de que la lengua es algo vivo y que son los hablantes y el uso quienes de verdad tienen poder sobre el lenguaje. Esto le lleva a aceptar palabras nuevas, con la convicción de que su adopción depende solo del uso.

La novela, además, es un ejercicio de estilo en el que Cervantes demuestra su capacidad artística al combinar rasgos de los géneros narrativos de la época, esencialmente la parodia, el fragmentarismo y el dinamisme narrativo.

En cuanto a los recursos estilísticos, los más frecuentes son:

  • Diferentes estilos y niveles de habla.Se combinan mediante el remedo del estilo solemne de los libros de caballerías, de su lenguaje arcaizante, el estilo de la literatura pastoril, el lenguaje elevado, la retórica de los textos jurídicos y mercantiles, los giros y modismos populares, el habla rústica de los cabreros y la vulgar de las aldeanas del Toboso, la germanía de los galeotes y aun las peculiaridades lingüísticas del vizcaíno, además de los refranes de Sancho, una enciclopedia paremiológica y fuente inextinguible del habla popular.
  • Voces de diferentes lenguas.Desde las frases latinas empleadas por personajes cultos (don Quijote, el cura, Sansón Carrasco…) hasta algunas expresiones italianas (o la jerga italianizada de los peregrinos que acompañan a Ricote) y muchas palabras árabes (relato del cautivo), pasando por la deformación del alemán Geld (dinero) en guelte (en boca de los compañeros de Ricote).
  • La sinonimia.Su empleo es muy abundante, y con frecuencia se llega a lo que Rosenblat llamó la sinonimia glosada, en la cual un término o frase (habitual) explica el significado del otro (problemático o ambiguo).
  • La antítesis.Son muy frecuentes en el Quijote, en el que abundan ejemplos de acumulaciones de antítesis y también ejemplos de lo que Hitzfeld llamó antítesis armonizada.
  • Los juegos de palabras.Hay un auténtico derroche verbal en esta obra. A veces se trata de un simple juego de palabras, paradoja, dilogía, paronomasia. Pero lo más interesante es su empleo combinado con la antítesis, el oxímoron, la anáfora, la intencionalidad irónica y el juego con la misma forma gramatical de las palabras.
  • La expresión elíptica.El juego de la elipsis y con el zeugma —variante de la elipsis— se mantiene desde el principio hasta el final de la novela. Su uso sistemático contribuye al logro del ritmo rápido y a la fluidez y agilidad del diálogo, en el que abundan los casos de encadenamiento entre palabra y réplica por medio del zeugma.
  • La comparación y la metáfora.También son recursos básicos en la retórica del Quijote. Como vemos, la lengua del Quijote es, en suma, una magistral síntesis de diferentes estilos y de distintos niveles de habla. Y Cervantes logró dar cima a su genial creación permaneciendo fiel a su ideal lingüístico —practicándolo o parodiando cuanto se apartaba de él— enunciado en boca del mismo don Quijote que aconseja a Sancho: «habla con reposo; pero no de manera que parezca que te escuchas a ti mismo; que toda afectación es mala.»

[Textos extraídos de la edición digital de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, realizada por la Biblioteca Nacional de España y el Ministerio de Cultura; la edición digital de Don Quijote de la Mancha, realizada por el Instituto Cervantes y dirigida por Francisco Rico; la edición de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, dirigida por Andrés Amorós para la editorial SM; la edición de Don Quijote de la Mancha, realizada por Ángel Basanta, para la editoria Anaya; Lengua castellana y literatura 1º Bachillerato de la editorial Edelvives.]

PLANIFICACIÓN LECTURA PRIMERA PARTE QUIJOTE

PRÓLOGO- De la 21 a la 26- 01/12/2022- Rosa

CAPÍTULO 1. Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo don Quijote de la Mancha.- De la 39 a la 43. 01/12/2022- Rosa

CAPÍTULO 7. De la segunda salida de nuestro buen caballero don Quijote de la Mancha.- De la 73 a la 77.- 05/12/2022- Judit

CAPÍTULO 8. Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación.- De la 78 a la 85- 05/12/2022- Laia

CAPÍTULO 9. Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla que el gallardo vizcaíno y el valiente manchego tuvieron.- De la 86 a la 90- 05/12/2022- Paula

CAPÍTULO 20. De la jamás vista ni oída aventura que con más poco peligro fue acabada de famoso caballero en el mundo como la que acabó el valeroso don Quijote de la Mancha.- De la 166 a la 177- 07/12/2022- Gemma

CAPÍTULO 21. Que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de Mambrino, con otras cosas sucedidas a nuestro invencible caballero.- De la 178 a la 188- 07/11/2022- Martina

CAPÍTULO 22. De la libertad que dio don Quijote a muchos desdichados que mal de su grado los llevaban donde no quisieran ir.- De la 189 a la 198.

CAPÍTULO 25. Que trata de las estrañas cosas que en Sierra Morena sucedieron al valiente caballero de la Mancha, y de la imitación que hizo a la penitencia de Beltenebros. De la 219 a la 233.

CAPÍTULO 31. De los sabrosos razonamientos que pasaron entre don Quijote y Sancho Panza, su escudero, con otros sucesos.- De la 293 a la 301.

CAPÍTULO 44. Donde se prosiguen los inauditos sucesos de la venta.- De la 431 a la 438.

 

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40ª sesión (24/11/2022)

  • 2º parcial 1er Trimestre.
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39ª sesión (23/11/2022)

  • Visionamos algunas escenas del 1er capítulo de la serie de RTVE sobre el Quijote.
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38ª sesión (22/11/2022)

IDEALES QUIJOTESCOS: LA LIBERTAD, LA JUSTICIA Y EL IDEAL CABALLERESCO

Don Quijote es, junto con don Juan y la Celestina, uno de los grandes mitos aportados por España a la literatura universal. Héroe de enorme hondura, presenta una personalidad compleja, en la que destaca su impulso de vida, la coherencia de su proyecto vital. Sale a los anchos campos de Castilla a forjar su destino personal, a hacer realidad sus sueños de amor, justicia y libertad: una triada de sentimientos por los que Alonso Quijano el bueno se transforma en don Quijote de la Mancha, por los que el hidalgo manchego sueña ser y es verdadero y real caballero andante. Por todos esos sueños que atesora en su corazón no le dolerán las derrotas y los molimientos, los golpes y las magulladuras, las burlas y las incomprensiones de las gentes. Porque él se guía tan solo por la luz deslumbradora del ideal.

La libertad es uno de los grandes valores que guían la actitud y actividad del protagonista. La decisión personal de convertirse en caballero andante  puede interpretarse como un acto de locura pero también es la expresión de la búsqueda de la propia identidad, un verdadero ejercicio de libertad personal. Atendamos a las hermosas palabras del protagonista en defensa de este valor incuestionable:

La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres(…). (II, 58)

El ideal de libertad no puede separase del de la justicia. No es otro su objetivo cuando decide embarcarse en empresas caballerescas. Don Quijote se considera un caballero andante. La misión fundamental de todo caballero es defender al débil:

“…andando más los tiempos y creciendo más la malicia, se instituyó la orden de los caballeros andantes, para defender las doncellas, amparar las viuda y socorrer a los huérfanos y menesterosos.” (I,11)

En su lucha contra la injusticia , don Quijote se sitúa en ocasiones al margen de las leyes de los hombres: impone muchas veces por la fuerza de las armas (como en el episodio de los Galeotes, en donde libera a peligrosos delincuentes) la justicia divina. No es de extrañar que el protagonista actúe de ese modo ya que para él la libertad está por encima de la justicia humana.

Aunque en el lecho de muerte Alonso Quijano se arrepiente de su vida pasada, sus palabras aluden a las insensatas hazañas de ficción pero no se cuestionan los valores de libertad y justicia que habían alimentado su código de conducta. Por eso, para el lector moderno, Don Quijote simboliza  la persecución del ideal, de la utopía, de la justicia social. La realidad que le rodea dista enormemente de estos valores tan nobles: por lo tanto, está condenado de antemano al fracaso. 


 

EL AMOR CORTÉS Y LA CREACIÓN DE LA AMADA IDEAL

En Don Quijote de la Mancha adquieren un marcado protagonismo los personajes femeninos. Pero el más importante de todos ellos es, sin duda alguna, Dulcinea, motor de la acción principal: don Quijote es un caballero andante que lucha por y para su amada, la sin par Dulcinea del Toboso, modelo de dama tomado de las novelas de caballerías (según la idea del amor cortés, mezclada con las teorías amorosas neoplátonicas y petrarquistas), y en especial, de Oriana, la enamorada de Amadís. La necesidad que don Quijote tiene de una dama de sus pensamientos para llegar a ser caballero andante se pone de manifiesto ya en el primer capítulo del Quijote:

Limpias, pues, sus armas, hecho del morrión celada, puesto nombre a su rocín y confirmádose a sí mismo, se dio a entender que no le faltaba otra cosa sino buscar una dama de quien enamorarse, porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma.

En realidad, Dulcinea es una idealización de la rústica Aldonza Lorenzo, una labradora del Toboso, como se nos explicita en este otro pasaje:

Y fue, a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque, según se entiende, ella jamás lo supo ni le dio cata de ello. Llamábase Aldonza Lorenzo, y a esta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos; y, buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla «Dulcinea del Toboso» porque era natural del Toboso: nombre, a su parecer, músico y peregrino y significativo, como todos los demás que a él y a sus cosas había puesto (I, 1, p. 44).

El de Aldonza Lorenzo es un nombre que connota rusticidad, baja condición social e incluso actitudes groseras, como parece apuntar el refrán «A falta de moza, buena es Aldonza». El hidalgo, de la misma forma que ha bautizado a su caballo y a sí mismo, renombra a Aldonza y la convierte en virtud del poder mágico de la palabra en Dulcinea, nombre creado a partir de modelos prestigiosos (Melib-ea, Claricl-ea, Galat-ea) y que connota ‘dulzura’. A partir de ese instante, don Quijote se encomendará a su amada Dulcinea al emprender sus diversas aventuras. Por ejemplo, en I, 3 se dirige a ella con estas palabras en el momento de la vela de armas:

—¡Oh señora de la hermosura, esfuerzo y vigor del debilitado corazón mío! Ahora es tiempo que vuelvas los ojos de tu grandeza a este tu cautivo caballero, que tamaña aventura está atendiendo (p. 59). 

 

En Sierra Morena tiene lugar uno de los momentos de máximo acercamiento de don Quijote al ideal de su amada (capítulo I, 25). Será allí donde don Quijote realice su famosa penitencia de amor (a imitación de la de Amadís en la Peña Pobre) y le escriba una hermosísima carta. En primer lugar, don Quijote confiesa a Sancho que su dama es una creación de su espíritu, como las de tantos otros poetas que las presentan idealmente en sus obras:

—Sí, que no todos los poetas que alaban damas debajo de un nombre que ellos a su albedrío les ponen, es verdad que las tienen. ¿Piensas tú que las Amarilis, las Filis, las Silvias, las Dianas, las Galateas, las Fílidas y otras tales de que los libros, los romances, las tiendas de los barberos, los teatros de las comedias están llenos, fueron verdaderamente damas de carne y hueso, y de aquellos que las celebran y celebraron? No, por cierto, sino que las más se las fingen por dar subjeto a sus versos y porque los tengan por enamorados y por hombres que tienen valor para serlo (p. 285).

Después, el caballero expresa una de sus confesiones amorosas más notables:

—Y así, bástame a mí pensar y creer que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta, y en lo del linaje, importa poco, que no han de ir a hacer la información dél para darle algún hábito, y yo me hago cuenta que es la más alta princesa del mundo. Porque has de saber, Sancho, si no lo sabes, que dos cosas solas incitan a amar, más que otras, que son la mucha hermosura y la buena fama, y estas dos cosas se hallan consumadamente en Dulcinea, porque en ser hermosa, ninguna le iguala, y en la buena fama, pocas le llegan. Y para concluir con todo, yo imagino que todo lo que digo es así, sin que sobre ni falte nada, y píntola en mi imaginación como la deseo, así en la belleza como en la principalidad (p. 285).

Así, don Quijote, el Caballero de la Voluntad, concibe idealmente a Dulcinea y cambia la realidad con la fuerza de su imaginación (destaquemos especialmente ese «píntola en mi imaginación como la deseo»);  Sancho —que se ha enterado de que Dulcinea es en realidad la rústica Aldonza Lorenzo— no quiere seguir discutiendo: le da la razón para evitarse problemas y le pide que le entregue la carta.

Después de ese episodio, nuestro voluntarioso caballero confiesa con más vehemencia que nunca que es Dulcinea quien infunde valor a su brazo y da por hecho que ha ganado ya el reino de Micomicón gracias a «el valor de Dulcinea, tomando a mi brazo por instrumento de mis hazañas» (I, 30, p. 353). Y añade entonces una de las más bellas frases del Quijote referidas a su ideal amoroso:

—Ella pelea en mí y vence en mí, y yo vivo y respiro en ella, y tengo vida y ser (p. 353).

Así pues, en la Primera Parte del Quijote, Dulcinea permanece en el plano de lo ideal, aunque también encontramos algunas leves incursiones en el territorio de lo realista:  el traductor nos transmite una de las notas marginales del manuscrito de Cide Hamete, al afirmar que Dulcinea tuvo la mejor mano para salar puercos de toda la Mancha (I, 9, p. 108); la segunda es cuando don Quijote reconoce ante Sancho que su Dulcinea es la hija de los rústicos Lorenzo Corchuelo y Aldonza Nogales y que, por lo tanto, no es una dama principal (I, 25); y la tercera, cuando Sancho, al inventar el resultado de su supuesta embajada al Toboso, nos ofrece una imagen degradada de la igualmente supuesta princesa, que él describe como una mujer bastante poco atractiva, a la que ha encontrado ahechando trigo, que despedía «un olorcillo algo hombruno, y debía de ser que ella, con el mucho ejercicio, estaba sudada y algo correosa» (I, 31, p. 359).

En cambio, en la Segunda Parte la relación de don Quijote con Dulcinea se da plenamente en el ámbito de lo real, que tiende a la degradación del personaje femenino a través de lo grotesco. Así, cuando se dirigen al Toboso, Sancho convence a don Quijote de que una labradora que se acerca por el camino es Dulcinea. Don Quijote, una vez más, habrá de apelar al habitual recurso de los encantadores enemigos para explicarse por qué él la ve como una vulgar labradora, que despide un aliento «a ajos crudos, que me encalabrinó y atosigó el alma» (p. 709).

El amor hacia Dulcinea acompañará al protagonista hasta el final del relato. En II, 64, don Quijote queda vencido por el Caballero de la Blanca Luna, pero pese a la derrota no renuncia a su ideal amoroso, y mantiene que «Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo, y yo el más desdichado caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad» (p. 1160).

Tal es, en esencia, el tratamiento que recibe en la novela de Cervantes la figura de Dulcinea del Toboso: la mujer que encarna el ideal amoroso del caballero andante, héroe de la voluntad que irá cayendo en una progresiva degradación en la Segunda Parte, hasta su total acabamiento. Una figura, la de Dulcinea, que llena con sus presencias —y también con sus ausencias— las páginas de la inmortal obra. De ahí que bien podamos terminar afirmando que el Quijote es también —entre otras muchas cosas— una maravillosa y romántica historia de amor.

 

 

 

 

 

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37ª sesión (21/11/2022)

CARACTERÍSTICAS DE LA LOCURA DE DON QUIJOTE

La locura del protagonista está perfectamente descrita desde el comienzo, en el primer capítulo de la Primera parte:
“Del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro, de manera que vino a perder el  juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros […]” (I, 1).
Don Quijote enloquece, por tanto, después de haber leído demasiadas novelas de caballería. Adopta un nuevo nombre, decide enamorarse de Dulcinea del Toboso (dama que en realidad es imaginada, totalmente idealizada). Se considera un caballero andante, siguiendo el modelo del rey Arturo de Inglaterra, de Amadís de Gaula y de muchos otros. Su obsesión por la caballería hace que dispute batallas que no son necesarias, sale molido de ellas, y ve la realidad de forma diferente, como si estuviera bajo un encantamiento.
La locura lleva al hidalgo manchego a dos conclusiones falsas:
-1ª- Que todo cuanto ha leído en aquellos fabulosos y disparatados libros de caballerías era verdad histórica y fiel narración de hechos que en realidad ocurrieron.
-2ª Que en su época (principios del S. XVII) era posible resucitar la vida caballeresca de antaño y la fabulosa de los libros de caballerías en defensa de los ideales medievales de justicia y equidad.
(Nótese que la locura del personaje no es consecuencia de ningún desengaño amoroso, ni tiene su origen en ningún lance de armas. Lo esencial de la locura de don Quijote es que nace en los libros. Se trata de una enfermedad mental producida por “una intoxicación literaria”.)
La locura de Don Quijote presenta distintas características a lo largo de la novela:
– En su primera salida, el protagonista sufre un desdoblamiento de personalidad que no volverá a producirse en el resto de la novela. Así, tras la paliza recibida en la aventura de los mercaderes, Don Quijote cree ser Valdovinos (héroe del romance), y más tarde el moro Abindarráez (personaje de la historia del abencerraje y la hermosa Jarifa).
– Durante su segunda salida, Don Quijote adecua sistemáticamente la realidad a su mundo ilusorio.  Así, ve las ventas como castillo, los rebaños como ejércitos y los molinos como gigantes.
En la tercera salida, Don Quijote deja de engañarse a sí mismo; son ahora los demás quienes transmutan la realidad para burlarse de él.

SANCHO PANZA

La posteridad, y la decisión última del autor, han hecho que conozcamos el Quijote con el nombre exclusivo del caballero andante; pero no es menos verdad que la figura de Sancho Panza es compañía imprescindible del Caballero de la Triste Figura en cualquier tipo de representación gráfica o escultórica que se precie. Nunca, al referirse a la inmortal obra cervantina, aparecerá don Quijote solo; y podría decirse más, no entenderíamos la figura del ingenioso hidalgo sin la compañía del gracioso escudero.

El personaje de Sancho se incorporará a la novela en el capítulo VII de la primera parte, pero ya en el capítulo IV don Quijote aparece la primera referencia del escudero:

La del alba sería, y saliendo de la venta contento, gallardo y alborozado por verse y creerse armado caballero por el ventero en la larga noche de su primera salida, cuando cae en el pensamiento de los consejos que el susodicho ventero le diera en orden a viajar abastecido de las cosas necesarias, como dineros y camisas, y determinó volver a su casa y acomodarse de todo, y de un escudero, haciendo cuenta de recibir a un labrador vecino suyo, que era pobre y con hijos, pero muy a propósito para el oficio escuderil de la caballería.

Si la imagen de don Quijote se acomoda a la del loco ingenioso, la apariencia de Sancho responde al prototipo del hombre campesino sin formación ni otra pretensión que la de subsistir en medio de la pobreza ancestral en la que se encontraban los labriegos de la España del siglo XVII. Cervantes puso la misma atención en la apariencia física del escudero que en la del caballero de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, alto de cuerpo, estirado y avellanado de miembros, entrecano, nariz aguileña y algo corva y los bigotes grandes, negros y caidos. Recordemos que en el Quijote nada es arbitrario y, efectivamente, es más que probable que Cervantes conociera y siguiera las pautas marcadas por Huarte de San Juan en su obra Examen de ingenios (1575) para describir al hombre de temperamento rico en inteligencia y en imaginación, de carácter colérico y melancólico y propenso a manías, como cabalmente cuadra a la catadura de don Quijote . Del mismo modo, el aspecto de Sancho Panza, robusto, rollizo, de corta estatura y de temperamento sanguíneo, tranquilo, observador y socarrón, se corresponde exactamente con el tipo de personaje que Cervantes quería desarrollar, el rústico que le diera la réplica a don Quijote en los abundantes diálogos que aprovechará para contraponer las fantasías caballerescas de don Quijote con la realidad abrupta que representa Sancho. Dos visiones –como subraya Martín de Riquer- sobre el mismo mundo que pisan ambos personajes, llenas de contrastes: locura y sensatez, cultura y rusticidad, ingenuidad y picardía, que toman asiento en dos figuras también contrapuestas: el recio y enjuto caballero y el escudero gordo y chaparro; el uno a lomos de un escuálido rocín, y el otro subido a su borrico.

Los primeros rasgos de la personalidad de Sancho Panza los encontramos dibujados con nitidez en el encuentro de ambos (I-VII), en el cual don Quijote le propone el oficio de escudero, cosa que medianamente entiende Sancho en qué consiste, siendo como es, tal y como textualmente se dice,  un labrador, hombre de bien –si es que este título se puede decir del que es pobre-, pero de muy poca sal en la mollera. El caso es que, con promesas tan peregrinas como la de poder llegar a ser gobernador de una “ínsula”-arcaísmo que ya no se usaba en el siglo XVII y del que Sancho desconocía su significado, pero comprendiendo perfectamente el privilegio y la ventaja de de lo que significaba ser gobernador-, Sancho le da a entender a don Quijote que acepta el trato y, pese a no gustarle a éste la idea de acompañarse de un asno, le pone en aviso del día y la hora de la partida, encareciéndole que no olvidara llevar alforjas, cosa que no olvidará Sancho, además de la bota de vino que agrega por cuenta propia. De este modo, puestos en camino y yendo Sancho sobre su jumento como un patriarca, con sus alforjas y su bota, lo primero que éste le recuerda a don Quijote es su promesa de una ínsula, asegurándole que por más grande que ésta fuera, él sabría gobernarla.

El optimismo desbordante de don Quijote contrasta con la suspicacia de Sancho; así, ante las dudas que le asaltan de que su mujer Teresa Panza pudiera llegar a ser reina, rebaja las expectativas a llegar a ser, como mucho, condesa, mientras que don Quijote le dice que lo que haya de ser lo encomiende a Dios, pero –agrega- no apoques tu ánimo tanto, que te vengas a contentar con menos de ser adelantado.

A lo largo de la novela, los personaje de don Quijote y de Sancho irán evolucionando, tanto en su actitud, como en la interpretación que en cada momento hacen de la realidad, observándose una quijotización paulatina de Sancho Panza que corre pareja con una visión de la realidad menos deformada por parte de don Quijote. Durante toda la primera parte de la novela el caballero enfrentará la realidad desde la locura, adaptándola al mundo de los libros de caballería.  Sancho Panza,  en medio de este cambio, aun no entendiendo las razones últimas de su amo, sí cree que puede resultarle de alguna utilidad confiando, en último caso, en que la acción liberadora ejercida por don Quijote daría sus frutos. . Pero la quijotización de Sancho ha comenzado ya y avanzará de forma imparable: su propio discurso se vuelve mucho más culto  y asume su papel de gobernador de la supuesta ínsula Barataria. Este proceso inverso culminará al final del relato, cuando al pie del lecho de muerte del caballero andante, éste le pide perdón por haberlo entregado a lo descabellado de su aventura y ponerle en la ocasión de parecer también loco. Entonces, Sancho, le replicará pidiéndole que no se muera, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin nadie que le mate. Ante la solicitud de Sancho de volver al campo, esta vez para hacerse pastores y encontrar desencantada a Dulcinea, se impondrá el alter ego de don Quijote:
-Señores –dijo don Quijote- vámonos poco a poco, pues ya en nidos de antaño no hay pájaros hogaño. Yo estuve loco, y ya estoy cuerdo: fui don Quijote de la Mancha y soy ahora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno.

En síntesis, las funciones de este personaje son:

a.      Delimita el mundo de don Quijote, señalando el mundo real.

b.      Aporta el elemento cómico a la obra.

El rasgo más chocante de su habla es el continuado empleo de refranes. El refranero representa el bagaje cultural popular acumulado a través de los siglos. Tradicionalmente, el campesino ha recurrido a los refranes como manera de solventar las limitaciones culturales y lingüísticas, típicas de épocas pasadas. Los dichos populares le permitían manifestar su parecer y justificar su modo de obrar de forma rápida y sencilla; pues conseguía resumir todo su pensamiento en una frase que sabiamente lo expresaba mejor y más eficazmente. Sancho es reflejo literario de esa costumbre, y a lo largo de la obra presentará multitud de dichos populares que la ejemplificarán.

Otro rasgo del habla de Sancho son las incorrecciones que comete al hablar (vulgarismos) debido a su poca formación cultural, aunque este rasgo, que tiene una finalidad cómica, se va suavizando a lo largo de la obra.

 

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36ª sesión (17/11/2022)

  • Actividad: Diferencias entre las dos partes del Quijote a partir de fuentes bibliográficas.

DIFERENCIAS ENTRE LA PRIMERA PARTE Y LA SEGUNDA PARTE

  1. Título (El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha/ El ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha) +. Poemas iniciales y finales que no aparecen en la 2ª parte.
  2. Autoría: en la primera parte, Cervantes atribuye la autoría de la novela a un autor arábigo llamado Cide Hamete Benengeli mediante el recursos del “manuscrito encontrado” tan característico de los libros de caballerías. En la segunda parte, y como consecuencia de la publicación del Quijote apócrifo de Avellaneda, el autor reivindica la autoría de la narración.
  3. 1ª Parte: estructura compleja y relatos intercalados// 2ª parte: mayor sencillez estructural+ No aparecen historias intercaladas. (La primera parte del Quijote ofrece una notable diferencia con la segunda. En aquella la acción principal y fundamental, o sea las aventuras de don Quijote, se ve cortada y suspendida por otros relatos intercalados en el texto, totalmente desvinculados del protagonista y su historia. Todo esto responde a una costumbre literaria de la época, pues se consideraba que estas digresiones entretenían al lector.  Estos cuentos intercalados fueron criticados como un desacierto de Cervantes, y así lo manifestaron sus contemporáneos. Por este motivo, en la segunda parte de El Quijote, Cervantes no deja nunca el hilo de la narración, ya no hay ninguna historia ni cuento intercalado.)A continuación se reproduce la estructura de la primera parte del Quijote:Primera parte (capítulos del I al VIII) → Primera salida (D. Quijote solo) a partir del capítulo II// La segunda salida se inicia en el capítulo VII (junto a Sancho)Segunda parte (cap. IX al XIV)→ Se inserta la Hª de Marcela y Grisóstomo (n. pastoril)Tercera parte (c. XV al XXVII)→ Se inserta la Hª de Cardenio y Luscinda (n. sentimental)Cuarta parte (cap. XXVIII al LII)→ Se insertan la Hª del curioso impertinente (n. psicológica) y la Hª del cautivo (n. morisca)En la segunda parte, en cambio, las intercalaciones desaparecen, y amo y escudero van siempre juntos, y cuando llega un momento en que deben separarse, Cervantes dedica alternativamente un capítulo al uno y al otro, con frases de enlace al final de cada uno de ellos).
  4.  1ª parte: dominio de la aventura// 2ª parte: mayor importancia de lo psicológico
  5. 1ª parte: visión grotesca, ridícula del protagonista- D. Quijote confunde realidad y ficción// 2ª parte: Visión más humanizada y comprensiva del protagonista + D. Quijote distingue la realidad: son los demás los que le confunden.La locura de Don Quijote sufrirá una evolución en la segunda parte del libro. Mientras que en la primera parte Don Quijote padece innumerables alucinaciones, relacionadas con el mundo de la caballería; en la segunda parte, los personajes conocedores del comportamiento de don Quijote le quieren hacer creer  situaciones inexistentes, basándose en la experiencia de la primera parte del libro.
  6. 1ª parte: D. Quijote y Sancho apenas se influyen// 2ª parte: “Quijotización” de Sancho y “Sanchificación” de don Quijote.1ª parte: dominio del humorismo// 2ª parte: mayor peso del pesimismo y la melancolía.
  7.  En la 2ª parte de la novela, aparecen unos aspectos nuevos con relación a la primera parte. Uno de estos elementos nuevos es que aparecen otros caballeros andantes, por tanto, personajes tan anacrónicos como don Quijote. Hasta ahora no había salido ningún otro caballero en la novela ya que no había caballeros en los siglos XVI y XVII. En esta segunda parte nos encontramos con el caballero de los Espejos o del Bosque, y el caballero de la Blanca Luna, tipos reales, que retan a don Quijote a la lucha y se comportan con todo el rigor de las leyes de caballería. En cambos casos, se trata del bachiller Sansón Carrasco, vecino de don Quijote, que utiliza esta treta para devolver al hidalgo a su casa.
  8. En esta segunda parte aparece el curioso fenómeno de la literatura dentro de la literatura. Cuando don Quijote y Sancho salen por tercera vez son personajes conocidos por otros protagonistas de esta segunda parte que han leído la primera parte del libro y tienen noticia de sus locuras y aventuras. La acción de la segunda parte está condicionada por este hecho.
  9. Otro elemento nuevo que aparece en la tercera salida es la entrada de la historia contemporánea de Cervantes en la novela. Lo hace con personajes y situaciones reales. Es el caso del bandolero catalán Perot Rocaquinarda (en la obra se llama Roque Guinart). También, en Barcelona, se narran hechos históricos reales, como la escaramuza naval en la que participa el propio don Quijote.
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35ª sesión (16/11/2022)

Argumento (Las tres salidas de Don Quijote)

La obra aparece publicada en Madrid en dos partes, la primera en 1605 y la segunda en 1615. Las múltiples ediciones en los primeros años demuestran el éxito rotundo de la obra, que no se ha dejado de publicar desde entonces. Ha sido traducida a todos los idiomas de cultura.

El libro está encabezado por unos textos preliminares, la Tasa, el Testimonio de erratas y los Permisos reales que son evidencia de una censura encubierta.

A continuación aparece la dedicatoria al Duque de Béjar, bajo cuya protección y patrocinio se publicó la obra.

En el prólogo, Cervantes desarrolla, bajo la apariencia de una conversación con un amigo, diversas interpretaciones y comentarios sobre su obra. En él, tras una aparente extrema humildad (tópico de la “captatio benevolentiae”), podemos detectar la satisfacción y seguridad del autor ante su obra, especialmente por su originalidad creativa. Afirma allí el propósito con el que compone su novela.

Unos poemas, marcadamente críticos, humorísticos e irónicos con las novelas de caballerías enmarcan el comienzo y el final de la Primera parte.

– Primer parte (1605) EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA (dos primeras salidas)

Asunto: El hidalgo manchego don Alonso Quijano, llamado el Bueno, enloquece leyendo libros de caballerías y, con el nombre de don Quijote de la Mancha, y su viejo caballo Rocinante, se lanza por la Mancha guiado por nobles ideales: deshacer entuertos, proteger a los débiles, y merecer a Dulcinea (que es una labradora, Aldonza Lorenzo, idealizada por él). En una venta que imagina ser castillo, se hace armar caballero entre las burlas del ventero y de las mozas del mesón. Libera a un muchacho a quien su amo está azotando por perderle las ovejas (pero apenas se marcha prosigue la paliza). Apaleado por unos mercaderes, un conocido lo devuelve a su aldea. Mientras guarda cama, el cura y el barbero le queman la mayor parte de sus libros. Ya repuesto, convence con promesas a Sancho Panza para que lo acompañe como escudero en sus aventuras: para ello, le promete el gobierno de una ínsula. Juntos lucharán contra unos gigantes, que son son otra cosa que molinos de viento; arremeterán contra unos rebaños de ovejas que, en la imaginación de don Quijote son ejércitos; el caballero da libertad a unos criminales, que luego le apedrean, etc… Sus amigos, el cura y el barbero, salen en su busca y lo traen engañado a su pueblo, metido en una jaula.

– Segunda parte (1615) EL INGENIOSO CABALLERO DON QUIJOTE DE LA MANCHA (una única salida)

La aparición del Quijote de Avellaneda en 1614 aceleró la publicación de esta segunda parte. En los 74 capítulos de que consta se narra la tercera salida de don Quijote, con un recorrido más amplio (desde La Mancha hasta Barcelona, y regreso a casa). Esta segunda parte está centrada en las andanzas de los dos protagonistas, sin narraciones independientes.

Asunto: Don Quijote sale otra vez acompañado de Sancho, quien, en una ocasión, intenta hacerle creer que una rústica que viene montada en un asno es Dulcinea encantada. Atravesando Aragón, llegan a los dominios de unos duques, que se divierten a su costa. Mandan como gobernador de una “ínsula” (que no es sino una aldea) a Sancho, quien da pruebas de un excelente sentido común; pero cansado de los sinsabores del poder (o de pesadas bromas organizadas por los duques) se vuelve con don Quijote. Tras otras peripecias, van a Barcelona y allí el caballero es vencido por el Caballero de la Blanca Luna (su amigo el bachiller Sansón Carrasco), quien le impone como castigo regresar a su pueblo. El caballero, física y moralmente derrotado, vuelve a su casa y, al poco tiempo, muere consciente de su anterior locura. Mientras, el bueno de Sancho procura animarlo proponiéndole una cuarta salida pero esta vez como pastores, como personajes de una novela pastoril.

NOTA 1: Podéis completar esta información con el resumen argumental que os propuse durante la primera sesión de este tema.

NOTA 2: He encontrado otra fuente para cubrir este apartado. Es otra opción en el momento de estudiar:

Actividad: Elaborar las diferencias entre las dos partes del Quijote. Búsqueda en internet de fuentes que hablen de este apartado (anotar referencias). Elaboración de un cuadro en el que se relacionen de forma clara esas diferencias.

TEMPORIZACIÓN LECTURA 1ª parte

  • Pactamos la temporización de la lectura:
  •  Prólogo (6), I (5) , VII (5), VIII (8),  IX (5), XX (12), XXI (11), XXII (10),  XXV (15), XXXI (9),  XLIV (8)
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34ª sesión (15/11/2022)

  • Don Quijote como sátira.
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33ª sesión (10/11/2022)

  • Preparamos el viaje a Madrid.
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32ª sesión (09/11/2022)

No ha sido otro mi propósito…LLETRADICTES: Fragmentos de novelas de caballerías

Pocas obras literarias expresan tan claramente y con tanta insistencia el propósito con que han sido escritas como el Quijote. En esto Cervantes es reiterativo y machacón. En el prólogo de la primera parte afirma que “todo él es una invectiva contra los libros de caballerías”, y las últimas palabras de la novela son: “no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías”.

Los libros de caballerías, narraciones en prosa, por lo común de gran extensión, relatan las aventuras de un hombre extraordinario, el caballero andante, quien vaga por el mundo luchando contra toda suerte de personas o monstruos, por unas tierras normalmente exóticas y fabulosas, o que al mando de poderosos ejércitos y escuadras derrota a innúmeras fuerzas de paganos o de naciones extrañas. La constante actividad del caballero supone una serie ininterrumpida de sacrificios, trabajos y esfuerzos que son ofrecidos a una dama, con la finalidad de conseguir, conservar o acrecentar su amor.

Nacido este tipo de literatura en Francia -gracias a Chrétien de Troyes y sus imitadores y seguidores en el perenne tema del Santo Grial y de los caballeros del rey Artús, y a los diversos autores de la leyenda de Tristán-, a partir del siglo XIII comienza a divulgarse por tierras hispanas, donde alcanzará un gran éxito.

Muy divulgados merced a la invención de la imprenta, los libros de caballerías se multiplicaron durante el siglo XVI gracias, principalmente, al éxito del Amadís de Gaula, que movió a escritores y a impresores a ofrecer a un extenso público ávido de lecturas de este tipo toda suerte de continuaciones y de imitaciones de aquella novela, en las que el estilo degenera cada vez más y se hace pomposo, campanudo, amanerado e intrincado; la acción se pierde en episodios marginales mal hilvanados y las aventuras son cada vez más inverosímiles.

Estos libros son objeto de una serie de ataques y de censuras por parte de las mentes más preclaras. Las razones que aducen los autores graves, y con las que coincide Cervantes, son:

I. En cuanto a los autores de los libros de caballerías

– los autores son personas ociosas y despreocupadas, que pierden el tiempo escribiendo necedades.

– los autores son incultos, han leído pocos libros y escriben mal. (los libros de caballerías “son en el estilo duros…, largos en las batallas, necios en las razones, disparatados en los viajes, y, finalmente, ajenos de todo discreto artificio” Quijote, I, 47).

– los autores son enemigos de la verdad, pues relatan casos mentirosos o imposibles, lo que puede ocasionar que la gente ignorante los tome por relatos ciertos en detrimento de la auténtica historia. De hecho, la locura del protagonista del Quijote se basa, en gran parte, en este error, o sea, en creer que son históricos Lanzarote, Tristán y Amadís.

II. En cuanto a los lectores de tales libros

– esta lectura los incita a la sensualidad y al vicio

– su lectura les hace perder el tiempo ya que es propia de personas ociosas.

El empeño de atacar, por la vía de la parodia, este tipo de literatura es evidente, confesado y repetido por el propio autor.

(Es importante señalar que el Quijote satiriza los libros de caballerías, no la caballería; el inverosímil heroísmo de las novelas fabulosas, no el heroísmo real.)

Por lo tanto, la conclusión era que había que prohibir la publicación de este tipo de lecturas.

Cervantes, seguramente, opinaba lo mismo y así lo va exponiendo en diferentes fragmentos de los capítulos del Quijote.

Cervantes consigue, utilizando la ironía y la parodia un estilo burlesco que resulta una crítica mucho más inteligente y eficaz que la que los intelectuales erasmistas iniciaron contra los libros de caballerías.

Actividad

A continuación te proponemos que leas los fragmentos seleccionados y los asocies con las siguientes afirmaciones.

1. Los libros de caballerías están escritos por autores ociosos.
2. Están mal escritos.
3. Son incitadores de la sensualidad.
4. Son lecturas propias de personas ociosas.
5. Deberían ser prohibidos y echados al fuego.

“Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los días que estaba ocioso, que eran los más del año, se daba en leer novelas de caballerías” (C.I, I)

“Así es como vuestra merced dice, señor canónigo- dijo el cura-, y por esta causa son más dignos de reprehensión los que hasta aquí han compuesto semejantes libros sin tener advertencia a ningún buen discurso, ni al arte y reglas por donde pudieran guiarse y hacerse famosos en prosa, como lo son en verso, los dos príncipes de la poesía griega y latina.” (C.48, I)

“Qué haremos de la facilidad con que una reina o emperatriz heredera se conduce en los brazos de su amante y no conocido caballero” (C.47, I)

“No- dijo la sobrina-, no hay para qué perdonar a ninguno, porque todos han sido dañadores; mejor será arrojarlos por las ventanal patio, y hacer un rimero dellos y pegarles fuego, y si no, llevarlos al corral, y allí se hará la hoguera, y no ofenderá el humo.” (C.6, I)

“-Mirad, hermano- tornó a decir el cura-, que no hubo en el mundo Felixmarte de Hircania, ni don Cirongilio de Tracia, ni otros caballeros semejantes, que lso libros de caballerías cuentan, porque todo es compostura y ficción de ingenios ociosos, que lo compusieron para el efeto que vos decís de entretener el tiempo, como lo entretienen leyéndolos vuestros segadores; porque realmente os juro que nunca tales caballeros fueron en el mundo, ni tales hazañas ni disparates acontecieron en él. “ (C.32, I)

Parodia de las novelas de caballerías en el aspecto, nombre, escenario, origen y objetivos del héroe cervantino.

Nota: Lectura previa del capítulo I

Miguel de Cervantes creó a su personaje con la intención de burlarse de los libros de caballería que hacían furor en su época, y donde los personajes fantásticos realizaban y vivían hazañas y aventuras increíbles.

Tanto en el Prólogo de la I Parte como en el de la II, Cervantes muestra la idea de que su creación obedece a la necesidad de criticar los libros de caballería, cuya popularidad resultaba ya perniciosa para el buen gusto y el buen seso del público:

“(…) es una invectiva contra los libros de caballerías (…) la obra no mira a más que a deshacer la autoridad y cabida que en el mundo y en el vulgo tienen los libros de caballerías (…) aborrecidos de muchos más” (I Parte)

“(…) no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que por las de mi verdadero D.Quijote van ya tropezando, y han de caer del todo, sin duda alguna” (II Parte)

Para ello utiliza la parodia del género. (Una parodia es una imitación burlesca de una obra o de un género literario grave o serio” Se basa en los temas, situaciones y formas característicos del género parodiado, para violentarlas y reducirlas al absurdo mediante procedimientos diversos -la exageración, el extrañamiento, la degradación…-, con la intención de poner de relieve lo que de artificioso, irreal e inverosímil incorpora el género en cuestión. Por eso, el autor tenderá a acumular temas y procedimientos de raíz humorística.)

La parodia del mundo caballeresco se desarrolla ya desde la primera página. Frente a los habituales príncipes, caballeros y alta nobleza- personajes jóvenes y apuestos- que protagonizan los libros caballerescos, Cervantes presenta a un noble cincuentón que pertenece a la capa más baja de la sociedad nobiliaria: un hidalgo de un pueblo perdido de la Mancha.

Frente a los lugares fabulosos (reales o imaginados) de los sobrenombres caballerescos (Gaula, Grecia, Hircania, Tracia…), don Quijote es señor de La Mancha, acaso la zona más árida y desértica de la Península Ibérica.

Además Alonso enloquece por leer tantas novelas de caballerías. Su locura produce dos consecuencias inmediatas: cree que todo lo que ha leído en los libros de caballerías es cierto y piensa en la posibilidad de resucitar la orden caballeresca.

Una vez convertido, en su mente, por causa de la locura, en caballero andante, necesita hacerse con los elementos indispensables para poderse considerar como tal: armadura, caballo, nombre y amada; todos ellos contribuyen a crear una figura ridícula: la armadura es de sus bisabuelos, por lo que irá vestido anacrónicamente, siguiendo un estilo que estaría de moda un siglo antes; Rocinante es todo piel y huesos; el nombre elegido incluye un sufijo despectivo y sirve para designar una parte de la armadura, su amada no es una bella princesa, sino una aldeana (Aldonza Lorenzo) a la que ve por primera vez persiguiendo un cerdo, su discurso, a imitación del de los libros de caballerías, resulta anacrónico…

Asimismo, aunque comparte los objetivos de un perfecto caballero andante-  luchar contra la injusticia,  defender a los débiles y a los menesterosos, lograr fama y el amor de su amada- acaba perjudicando a aquellos a los que pretendía atender o bien sus acciones fracasan estrepitosamente.

Cuando termina el primer capítulo Cervantes ha delineado un personaje absolutamente ridículo.

A partir de la segunda salida, se incorpora su fiel escudero Sancho Panza, un campesino analfabeto que es también una parodia de los escuderos caballerescos.

También es caricaturesco el recurso del manuscrito encontrado. En los libros de caballerías encontramos el recurso del autor que dice haber encontrado un manuscrito y que él es simple transmisor. Cervantes en su novela dice haber encontrado un manuscrito de un tal Cide Hamete Benengeli que se limita a transcribir.

“Las locuras de Don Quijote”

 ¿Se puede perder el juicio por leer novelas?

Don Quijote está tan obsesionado por las novelas de caballerías que incluso llega a perder el juicio. ¿Es eso posible?

Puede que Cervantes tuviera noticia de que personas reales de su época se hubiesen vuelto locos a causa de esta afición. Te contamos algunas anécdotas.

Lope de Vega, en su novela Guzmán el Bravo, cuenta que un señor italiano, leyendo el Amadís de Gaula, comenzó a llorar.

Don Gaspar Galcerán de Pinós, conde de Guimerá, en 1600, cuenta que un estudiante de Salamanca …

“en lugar de leer sus liciones, leía en un libro de caballerías, y como hallase en él que uno de aquellos famosos caballeros estaba en aprieto por unos villanos, levantóse de donde estaba, y empuñando un montante, comenzó a jugarlo por el aposento y esgrimir en el aire, y como lo sintiesen sus compañeros, acudieron a saber lo que era, y él respondió: – Déjenme vuestras mercedes, que leía esto y esto, y defendiendo a este caballero: ¡qué lástima! ¡cuál le traían estos villanos!” (citado en p.34. Para leer Cervantes. Martín de Riquer)

Se considera este fragmento como un precedente de lo que sería la locura de Don Quijote por leer libros de caballerías.

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