6ª sesión (19/12/2022)

PROPUESTA DE COMENTARIO (Entrega: 11/01/2022)

—De todo cuanto me habéis dicho, hermanos carísimos, he sacado en limpio que, aunque os han castigado por vuestras culpas, las penas que vais a padecer no os dan mucho gusto y que vais a ellas muy de mala gana y muy contra vuestra voluntad, y que podría ser que el poco ánimo que aquel tuvo en el tormento, la falta de dineros deste, el poco favor del otro y, finalmente, el torcido juicio del juez, hubiese sido causa de vuestra perdición y de no haber salido con la justicia que de vuestra parte teníades.1 Todo lo cual se me representa a mí ahora en la memoria, de manera que me está diciendo, persuadiendo y aun forzando que muestre con vosotros el efeto para que el cielo me arrojó al mundo y me hizo profesar en él la orden de caballería que profeso, y el voto que en ella hice de favorecer a los menesterosos y opresos de los mayores. Pero, porque sé que una de las partes2 de la prudencia es que lo que se puede hacer por bien no se haga por mal,3 quiero rogar a estos señores guardianes y comisario sean servidos de desataros y dejaros ir en paz, que no faltarán otros que sirvan al rey en mejores ocasiones,4 porque me parece duro caso hacer esclavos a los que Dios y naturaleza hizo libres. Cuanto más, señores guardas —añadió don Quijote—, que estos pobres no han cometido nada contra vosotros. Allá se lo haya cada uno con su pecado; Dios hay en el cielo, que no se descuida de castigar al malo ni de premiar al bueno, y no es bien que los hombres honrados sean verdugos de los otros hombres, no yéndoles nada en ello. Pido esto con esta mansedumbre y sosiego, porque tenga, si lo cumplís, algo que agradeceros; y cuando de grado no lo hagáis, esta lanza y esta espada, con el valor de mi brazo, harán que lo hagáis por fuerza.

—¡Donosa majadería! —respondió el comisario—. ¡Bueno está el donaire5 con que ha salido a cabo de rato!6 ¡Los forzados del rey quiere que le dejemos, como si tuviéramos autoridad para soltarlos, o él la tuviera para mandárnoslo! Váyase vuestra merced, señor, norabuena su camino adelante y enderécese ese bacín que trae en la cabeza y no ande buscando tres pies al gato.

—¡Vois sois el gato y el rato7 y el bellaco! —respondió don Quijote.

Y, diciendo y haciendo, arremetió con él tan presto, que, sin que tuviese lugar de ponerse en defensa, dio con él en el suelo malherido de una lanzada; y avínole bien, que este era el de la escopeta.

1. teníades: ‘teníais’.

2. partes: ‘cualidades’.

3. lo que se puede hacer por bien no se haga por mal: ‘lo que se puede lograr mediante la persuasión, no debe buscarse con la violencia’.

4. ocasiones: ‘batallas, riesgos’.

5. donaire: ‘chiste, ocurrencia’.

6. a cabo de rato: ‘al final de tanto tiempo’.

7. rato: ‘ratón’.

 

CAPÍTULO XXXI

(Antes de leer el capítulo XXXI conviene saber lo ocurrido en los capítulos XVI-XXX y que, resumido, es esto:

Sancho emprende camino hacia el Toboso para entregar la carta a Dulcinea. Al llegar a la venta, se encuentra con el cura y el barbero que habían salido en busca de DQ. Sancho les explica sus aventuras y se da cuenta del olvido de la carta. Intentará repetirla de memoria con constantes disparates, resultando una desfiguración rústica de los que a su vez era una parodia del epistolario caballeresco.

El cura y el barbero idean una simulación para atraer a DQ: vestirse de doncella menesterosa que reclame ayuda. Al internarse en la sierra encuentran a Cardenio (el enamorado de Luscinda) y a Dorotea, la muchacha burlada por don Fernando. Ambos explican la historia de sus amores y Dorotea se ofrece a desempeñar el papel de princesa menesterosa que pedirá ayuda a DQ con el fin de llevarlo a su aldea. Dorotea, con el grotesco nombre de princesa Micomicona, se postra ante DQ y le suplica que empeñe su palabra en no entremeterse en aventura alguna hasta haber matado a un temible gigante que le había usurpado su reino. Por primera vez, DQ (y Sancho) son engañados con una ficción caballeresca, fantástica e inverosímil. Este hecho representa una nueva fase de la acción y una innovación importante del argumento. A partir de ahora, las aventuras le vendrán a DQ preparadas por los demás.

 

ARGUMENTO

DQ le pide a Sancho que le describa lo que sucedió cuando entregó la carta a Dulcinea, y Sancho responde que esta estaba limpiando granos de trigo en el corral, y que le dijo que depositara la carta sobre un costal, porque estaba muy ocupada. Luego él le explicó que su amo estaba haciendo una penitencia en la sierra y viviendo como un salvaje.

Don Quijote le pregunta si Dulcinea olía a incienso o a alguna otra fragancia, a lo que su escudero responde que despedía un olor “hombruno”, porque había sudado mucho. El hidalgo lo desmiente y compara el aroma de Dulcinea con el de las rosas y los lirios. A continuación, Sancho le dice que Dulcinea rompió la carta, por no querer que nadie la leyera y descubriera sus secretos, y le pidió que su amo saliera de los matorrales, deje de hacer “disparates” y vaya a verla pronto. También le cuenta que se rió del nombre “Caballero de la Triste Figura”, y que el vizcaíno se había presentado ante ella, pero no los galeotes. Don Quijote le pregunta si Dulcinea le envió alguna joya, puesto que eso era una costumbre entre los caballeros y sus damas, pero él responde que solo le dio pan con queso.

Don Quijote está sorprendido de la velocidad con la que su escudero fue y volvió del Toboso, puesto que distaba de donde estaban más de treinta leguas. Sin embargo cree que un sabio lo favoreció, tal como ocurre muchas veces en los libros de caballerías, en donde los caballeros son transportados de un lugar a otro sin que ni siquiera lo noten. Sancho lo confirma y luego trata de convencerlo de que se case con la princesa Micomicona. El hidalgo le dice que si su intención es conseguir las tierras que le ha prometido, no tiene que preocuparse, puesto que después de vencer al gigante, aunque no se case con la princesa, igual obtendrá como recompensa una parte del reino, y entonces se la entregará a él. También le pide que guarde en secreto todo lo concerniente a su relación con Dulcinea, ya que su dama es muy discreta. Sancho cuestiona cómo pretende guardar en secreto su amor con Dulcinea, cuando, al mismo tiempo, le ha pedido a varias personas que se presenten ante ella en su nombre. Don Quijote le explica entonces que el “estilo de caballería” es honrar a la dama, y que no tiene otro propósito más que servirla. Sancho le dice que ha oído que esa es la forma de amar Dios, es decir, amarlo sin esperar nada a cambio. Don Quijote se sorprende de la agudeza de su comentario.

Entonces todos se detienen a comer y se acerca un muchacho a don Quijote llorando. Le dice que es Andrés, el joven a quien había desatado de la encina. El hidalgo les cuenta su historia a todos los que lo acompañan, para dar cuenta de la necesidad de la caballería andante. Andrés confirma los hechos pero dice que las consecuencias fueron totalmente contrarias a lo que esperaba don Quijote, ya que su amo continúo castigándolo y con más saña aun que antes de que el hidalgo interviniera. Don Quijote quiere vengarse del amo de Andrés, pero Dorotea lo detiene recordándole su promesa. Andrés les pide algo para comer, y dice que se va a Sevilla. Antes de irse, le ruega al hidalgo que nunca más vuelva a socorrerlo, maldice a los caballeros andantes y se escapa corriendo.

COMENTARIO

DQ, en cuanto tiene ocasión de estar a solas con Sancho, le pregunta por su mensaje a Dulcinea. El escudero, que incumpliendo las órdenes de su amo, no ha ido al Toboso, se ve obligado a inventar un viaje a este pueblo y una entrevista con aquella. El diálogo que sostienen ambos es una maravilla de matices e intenciones. DQ permanece fiel a su locura caballeresca y le pregunta a su escudero por la reacción de la dama Dulcinea– que para él ya no es moza labradora-: ¿estaba bordando? ¿besó la carta? ¿le entregó alguna joya?. Sancho le responderá inventando una entrevista con la auténtica Aldonzaestaba ahechando dos hanegas de trigo, despedía un olorcillo hombruno de tan sudada que estaba y no se enteró de la carta porque no sabe leer ni escribir. El uno pregunta por Dulcinea y el otro responde por Aldonza, pero los dos se las han inventado.

El contraste es cómico y surge de las dos ficciones que se han contrapuesto en torno a Aldonza-Dulcinea: la idealizadora de DQ y la realista de Sancho. Aquel se ha mantenido en su locura caballeresca y éste, que ha comprendido la demencia de su amo, se ha esforzado en inventar una escena y unos detalles que corresponden exactamente a lo que hubiera sido lógico que ocurriera si hubiese cumplido su misión. Se oponen diametralmente las invenciones de Sancho -tan ficiticias como las de su amo, pero atenidas a la verosimilitud de su existencia y lo que sabe de Aldonza- y los valientes e ingeniosos intentos de DQ de dignificar la baja materia que le proporciona Sancho. El empeño de Sancho de rebajar en lo posible la figura de Dulcinea, solo se explica por su interés en que su amo acepte el matrimonio con Micomicona, requisito para conseguir “una parte del reino”, según cree, hasta que DQ le asegura que esto no impedirá que se logren sus esperanzas.

Esta es la primera invención de Sancho respecto a Dulcinea, en la 2ª parte, irá más lejos.

DQ enuncia claramente la lógica de las transformaciones e invenciones que hace, al advertirle a Sancho de la existencia de “aquel sabio nigromante que tiene cuenta con mis cosas y es mi amigo, porque por fuerza le hay y le ha de haber, so pena que yo no sería buen caballero andante”.

El encuentro con Andrés: Cuando Don Quijote encuentra al mozo que creyó haber salvado de la injusticia de su amo, Cervantes utiliza de nuevo aquí el procedimiento de la falsa modestia de DQ ; el no empezar Andrés a quejarse enseguida de las consecuencias de la “ayuda” anterior de DQ, da lugar a que el caballero se jacte de su propia importancia, terminando su recuento del incidente con decir: ¿No es verdad todo esto, hijo Andrés? ¿No notaste con cuánto imperio se lo mandé, y con cuánta humildad prometió de hacer todo cuanto yo le impuse, y notifiqué y quise?”. La risa del lector al ver la humillación del “libertador” corresponde al orgullo infundado que expresa DQ.

CAPÍTULO XLIV

Para entender el capítulo 44, es preciso leer también el 43 porque, como es habitual a estas alturas, el final de las historias no coincide con el de los capítulos.

Las historias marginales y los relatos intercalados distancian en esta sección de la novela las aventuras de DQ, quien, como ya sabemos, ha abandonado su penitencia de Sierra Morena requerido por la princesa Micomicona (Dorotea), a la que ha prometido reconquistar su reino, del que fue desposeída por el gigante Pandafilando de la Fosca Vista (cap 30). Lo único que ha hecho DQ en la venta, aparte de dormir, ha sido acuchillar los cueros de vino para cabreo del ventero y pronunciar el discurso de las armas y las letras.

Cuando todos se retiran a dormir, DQ se dispone a hacer la guardia de aquel castillo (así seguía considerando a la venta) y para ello se apostó en el exterior montado sobre Rocinante. La hija del ventero y la criada asturiana Maritornes (las dos “semidoncellas”) le juegan la mala pasada de atarle un cordel a la muñeca y dejarlo colgado de una ventana, incómoda y ridícula situación en que lo hallan al amanecer los criados de don Luis, el enamorado de la hija del oidor. La farsa amorosa que inventan las dos semidoncellas contrasta con la historia seria de amor irreprimible de Luis y Clara.

Aquella mañana acertó a llegar a la venta el barbero a quien DQ había quitado la bacía y Sancho la albarda, el cual ante todos los asistentes reclamó ambos objetos y trató de ladrones a caballero y escudero. DQ sostiene, naturalmente que aquello no es una bacía sino el yelmo de Mambrino, que ganó en buena guerra. Los amigos de DQ intervienen en el pleito y afirman todos que se trata de un yelmo. El barbero robado queda estupefacto cuando ve que tanta gente tan honrada sostienen tal disparate. Luego se llegará a la conclusión de que la albarda del asno no es tal sino un rico jaez de caballo. En esta ocasión, Sancho inventará una palabra que resume ese mundo de locura y realidad: baciyelmo.

De hecho, los sucesos de la venta se prosiguen, acumulan y precipitan. Las peripecias se alternan rápidamente: la llegada de los criados de don Luis, la resistencia de este a la autoridad paterna y al conformismo social, la pendencia que se arma por culpa de dos viajeros que intentan salir de la venta sin pagar, el puntilloso código caballeresco que prohíbe a DQ tomar cartas en el asunto a costa de su reputación de valiente, la reaparición inesperada del barbero de cuya bacía se había apoderado el hidalgo metamorfoseándola en yelmo de Mambrino, la disputa tanto física como verbal que sigue, forman el tejido apretado de una narración que no tiene cabo suelto.

 

Quant a ROSA MARIA POY RODA

Profesora de Literatura castellana (INS Priorat)
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