5ª sesión (15/12/2022)

Capítulo XXII

Amo y escudero se cruzan con una comitiva formada por hombres encadenados condenados a galeras, acompañados de guardias. DQ los detiene y pide que le cuenten sus fechorías, lo cual hacen los malhechores de forma irónica haciendo uso de la jerga propia de la germanía. Entre éstos se encuentra Ginés de Pasamonte que es el más peligroso del grupo y que actúa como cabecilla. DQ decide liberarlos basándose en que uno de los deberes de los caballeros andantes es hacer justicia, aunque para ello contravenga la jurisdicción vigente.

Ya libres,  Ginés anima a sus compañeros a apedrear y a robar a sus liberadores.

COMENTARIO

Esta aventura sitúa a nuestro hidalgo manchego en el polo opuesto al de sus sueños épicos. «Ensartados como cuentas en una gran cadena de hierro» vienen por el mismo camino de nuestros personajes unos doce criminales condenados a remar en las galeras del rey. Don Quijote entabla con ellos un diálogo que da lugar a varios relatos autobiográficos marcados por la ambigüedad y la comicidad.
Desde unos registros verbales muy cercanos a la germanía, cada condenado –sin tener que mentir– refiere los hechos que motivaron su condena con un discurso plagado de dobles sentidos. Así, uno explica que va a galeras por amor; otro afirma que ha sido condenado por músico y cantor; el delito de un tercero es haber sido corredor de oreja. Don Quijote no entiende nada y así, ante el primero, no puede sino exclamar: «Pues, si por enamorados echan a galeras, días ha que pudiera yo estar bogando en ellas». Solo más tarde se le explica que el enamorado lo estaba de una «canasta de ropa blanca»; que el «cantor» lo había sido de sus delitos cuando fue sometido al potro por la justicia; y que el «corredor de oreja» ejercía de alcahuete. Entre los galeotes se encuentra Ginés de Pasamonte.

Pero para la crítica las razones mayores de inquietud del capítulo proceden del tratamiento que Cervantes da en este mismo capítulo al tema de la justicia. Desde el inicio de la misma, cuando Sancho informa que «esta es cadena de galeotes, gente forzada del rey, que va a las galeras», don Quijote se niega a entender y con indignación pregunta: «¿Cómo gente forzada? ¿Es posible que el rey haga fuerza a ninguna gente?». Sancho matiza sus palabras: «es gente que, por sus delitos, va condenada a servir al rey en las galeras de por fuerza». Pero don Quijote insiste en sus convicciones y sentencia: «comoquiera que ello sea, esta gente, aunque los llevan, van de por fuerza, y no de su voluntad». Don Quijote está en contra de cualquier manifestación de fuerza contra la libertad esencial del individuo. A través de don Quijote, Cervantes, en los albores mismos de la modernidad, es capaz de percibir que, en los tiempos que se anunciaban, las relaciones individuo-Estado vendrían a ser fuente inagotable de conflictos.
En coherencia con su decidido individualismo, don Quijote, da la libertad a los galeotes a pesar de tener la necesaria información sobre sus delitos, lo que no ha dejado de inquietar a los lectores de todos los tiempos. Bien es verdad que don Quijote está loco y que de sus acciones no puede esperarse una lógica coherente. Pero también es verdad que, desde el punto de vista ético, la actuación de don Quijote en este episodio está en consonancia con la poética de la libertad a que responde la totalidad de la obra cervantina.

El personaje más importante es el archicriminal literato Ginés de Pasamonte que tiene el mismo apellido que el real e histórico Jerónimo de Pasamonte, soldado aragonés en Italia, que luchó en Lepanto, compartió experiencias con Cervantes, acabó cautivo en Túnez y escribió su vida. Estos paralelismos y otros más han sido esgrimidos por Martín de Riquer para identificar al soldado Pasamonte con Alonso Fernández de Avellaneda (seudónimo del autor del Quijote apócrifo). Pasamonte es el más cargado de delitos y de cadenas y DQ, interpretando elementalmente uno de los fines de la caballería medieval (dar libertad al forzado), da libertad a los galeotes, aunque ello suponga el olvido de los principios de justicia y de castigo de los malhechores, que constituían una de las misiones esenciales del caballero.

Literariamente este episodio es propio de una novela picaresca porque los personajes que en él intervienen pertenecen al mundo de la delincuencia y del hampa. El mismo Ginés ha escrito su autobiografía, que considera superior al Lazarillo.

Capítulo xxv

Tras la liberación de los galeotes, don Quijote ha de huir a Sierra Morena en donde lleva una vida en soledad, entregado a la penitencia y al desatino. Reproduce un tópico de las nov. de caballerías en las que los héroes desesperados por desdenes amorosos se retiran en soledad y allí se entregan al ayuno, la oración y la penitencia, siendo frecuente que llevados por una furia demencial cometieran desatinos. Amadís de Gaula despreciado por Oriana se retira a una isla y toma el nombre de Beltenebros y allí hace penitencia y escribe versos. DQ combina la penitencia de Amadís con la furia de otro personaje de las nov. de caballerías, Orlando.

Envía a Sancho con una carta para Dulcinea, revela a Sancho que Dulcinea es Aldonza, lo cual sorprende a Sancho que conoce a la joven y sabe que es de una condición social similar a la suya. DQ con palabras perfectamente razonadas le explica que igual que las protagonistas de las nov. pastoriles son la sublimación de mujeres de carne y hueso, así Aldonza ha sido sublimada por su imaginación poética(Leer Pág. 164, 166, La Galera)

Por el camino Sancho encuentra al cura y al barbero que están buscando a dQ. Los tres juntos vuelven en busca de DQ., por el camino se encuentran a Cardenio y a Dorotea y deciden que Dorotea se hará pasar por la princesa Micomicona,  que va a pedir ayuda a DQ

De esta manera consiguen que vaya con ellos.

Quant a ROSA MARIA POY RODA

Profesora de Literatura castellana (INS Priorat)
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