Historias de la historia, por Carolina Gallés

Siempre nos han contado a todos la misma versión del inicio, sucesos y final de la guerra civil española, dejando a los de derechas, flangistas o más fácil, partidarios del golpe de estado, ejército y franquistas como los “malos” y a los republicanos como los “buenos”.
Pero como ya se sabe, los buenos no son siempre tan buenos, ni los malos tan malos. Con esto no quiero decir que el régimen franquista instaurado en 1939 fuera una cosa beneficiosa; al contrario. Solo quiero sacar a la luz, a través de testigos de esa época muy cercanos a mi, los puntas de todo.
Rosa Torres, a la que yo llamo abuela, aunque sea la de mi padre, nació el año 1921 en una familia que, al cabo de unos años de mucho trabajo, aconseguiría ser burguesa. Tenian un taller, que mas tarde se convertiría en empresa aún activa. Todo les iba bien, habían conseguido tener una vida acomodada, hasta que estalló la guerra. Y como todos sabemos, ser rico en Barcelona, ciudad republicana hasta el final, estaba mal visto. Les expropiaron de todas las posesiones. Les quitaron los terrenos, el taller, el dinero del banco. El coche, que el padre de mi abuela cuidaba y mimaba como nadie. A todos estos sucesos, Rosa tenia 15 años. Y lo peor de todo, es que su familia era neutra, no se posicionó de ningún bando.
Tuvieron que exiliarse a Francia hasta el final del conflicto, con poco el poco dinero que tenian, y allí, los contactos de mi tatarabuelo los quisieron mantener a todos, sin éxito, porque mi bisabuela y su madre se pusieron a trabajar en un huerto para conseguir ellas por si mismas el dinero para poder vivir.
Cuando voliveron a Barcelona, recuperaron el taller, recuperaron la casa y parte del dinero. El coche lo encontraron en los Pirineos, frontera con Andorra, destrozado y con la palabra “CNT” bien grande en ambos lados.
Hasta aquí puedo contar, ya que es todo cuanto Rosa me deja.
Esta es una historia de la guerra de la parte burguesa. Ahora pasaré a contar una de la parte republicana.
Josep Saborit, al que yo llamaba avi, aunque fuera el de mi madre, nació el año 1915. De él no he podido recoger tanta información, pero sí que sé que formó parte de la llamada “Quinta del biberón”. Los republicanos, desesperados y sin hombres para su ejército, decidieron mandar a los muchachos más jóvenes que les quedaban, y mi bisabuelo fue parte de esta cuadrilla.
A él lo mandaron a primera línea de fuego, y no le gustaba demasiado hablar de ello. Perdió amigos delante de sus ojos, aunque pudiera salvar su vida.
Poco más ha contado sobre esto; solo que, cuando volvió, estubo encarcelado una temporada, y una vez libre, encontró a la mujer de su vida, se casó, y volvió a recuperar la felicidad de una vida normal, aunque sometida al régimen franquista.
Y ahora, muy resumido, hablaré también del Ramón Rogelio Cabré, de nacionalidades mejicana y española, con pasaporte británico a causa de su formación allí. Él sí que nació en una familia acomodada del País Vasco pero, a causa de la guerra, perdieron mucho poder, y él mismo se encargó de salvar la vida a mucha gente partidaria de la república.
Por otra parte del país, estaba su futura mujer, Mª Pilar Grasset, que tambíen nació en el seno de una familia burguesa, que lo perdió todo durante la guerra por salvar la vida; el hecho de ser rico en zona republicana, al igual que en Barcelona, estaba muy mal visto, y si no querian ser fusilados, tenian que dar cada mes un lingote de oro al ejército revolucionario. Aún conservamos el último lingote que les quedaba, el último que iban a poder dar. En el momento en que los militares lo iban a buscar, dieron el aviso de final de la guerra, y eso fue todo cuanto les quedó a esta familia.

He intentado ser lo más neutra posible; he contado historias de los dos bandos, experiencias variadas de mis bisabuelos, y creo que hayais podido comprender mi introducción de “Ni los buenos son tan buenos, ni los malos tan malos”.

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Una resposta a Historias de la historia, por Carolina Gallés

  1. jnavar29 jnavar29 diu:

    Me ha sorprendido mucho lo que cuentas; Carolina, pues en tu familia hay gente que estuvo (con v y no con b, corrígelo, por favor) en las dos Españas, las llamadas “nacional” y la “roja” o “republicana”.

    Lo que pasó en Barcelona es que en un primer momento se quebró el poder civil de la Generalitat y del Gobierno Central y la CNT-FAI se hizo con el control de la calle y de muchas fábricas y que recuperar ese poder por parte de las autoridades republicanas costó muchísimo (recuerda los llamados “Fets de maig” de 1937). Que había un odio hacia lo burgués, un odio de clase, es evidente por lo que muchos optaron por cruzar la frontera y pasar al bando nacional. Son lo que se llamarían después “los catalanes de Franco”.

    ¿Y qué decir de los que formaron parte de la “Quinta del Biberón”, chicos que fueron a defender la República sin preparación y casi sin armamento? Los que pudieron salvar su vida dejaron muchos amigos en la batalla del Ebro y también su juventud.

    Me ha gustado mucho tu artículo, Carolina. ¿Se nota?

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