El vídeo de la semana.

El video es sacado de la pelicula: Niccoló Paganini “El violinista del diablo”, y nos presenta la cancion “Carnaval de Venecia” compuesta en 1816 por Paganini, he interpertada por David Garrett.

Paganini en sus conciertos corría, brincaba, retorcía su cuerpo hasta límites insospechados y todo mientras tocaba su instrumento al que, a pesar de quedarle solamente una cuerda, lograba arrancarle unos sonidos absolutamente fantásticos.Los hombres lo vitoreaban y aplaudían, las mujeres se desmayaban y todos parecían quedar extasiados ante su magistral música y su capacidad artística. Posiblemente pueden pensar que estoy describiendo algún concierto de rock moderno, pero no, estoy hablando de un violinista, quizas, el mejor violinista de la historia: Niccoló Paganini, italiano que destacó por un virtuosismo nunca antes visto.

El mito de Paganini se comenzó cuando tenía 5 años (1787). Su madre aseguró haber tenido un sueño en el que se le apareció el demonio y le dijo que su hijo Niccoló sería un violinista famoso. A partir de entonces su padre le obligó a estudiar música durante 10 horas al día. Rápidamente comenzó a dar muestras de su enorme talento musical y con 6 años dio su primer concierto, a los 9 hizo su primera gira y a los 16 ya era mundialmente famoso.

Pero lo más sorprendente de Paganini era, sin duda, su genio musical. Y no sólo por crear más de 200 composiciones musicales sino, sobre todo, por su increíble y peculiar técnica a la hora de tocar el violín, su cuerpo alto y desgarbado poseía un flexibilidad especial que le permitía realizar movimientos imposibles para cualquier otro, como cruzar los codos uno por encima de otro mientras tocaba o flexionar lateralmente las articulaciones de sus dedos consiguiendo llegar a notas inalcanzables.

Una de sus habilidades más aplaudidas era cuando retiraba tres de las cuatro cuerdas del violín y con esa única cuerda hacía sonar el violín como si fueran varios los que se tocaran. También era capaz de hacer increíbles Pizzicatos (pellizcar las cuerdas) con la mano izquierda, la mano de los trastes.

Paganini era capaz de tocar a la espectacular velocidad de doce notas por segundo. Ese es el tiempo que la mayoría de los músicos tardan en leer doce notas. También innovó con sus técnicas de memorización, todo el programa que tocaba estaba en su memoria; antes de él, todos los violinistas iban acompañados del programa que debía ser tocado.

Con todo ese talento extraordinario, el virtuoso violinista se convirtió en leyenda. Asociada a la increíble velocidad que alcanzaba cuando tocaba, estaba su apariencia cadavérica, que causaba cierto terror en las personas que tenían miedo de asistir a sus presentaciones. En la época, sin embargo, muchos creían que Paganini había vendido su alma al diablo a cambio de su perfección musical.

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