Análisis últimos romances de Lorca.
CONTENIDOS PAU
Ana María Matute, Luciérnagas.
Las respectivas familias de los protagonistas: semejanzas y diferencias, su significado
Social. Carácter de Sol y Cristián, su evolución ideológica y su condición trágica. El
contexto histórico de la novela. El tremendista reflejo de la Guerra Civil. El escenario
urbano. Sentido del término “luciérnagas” aplicado a los protagonistas. Posición
ideológica y moral de la autora.
ANA Mª MATUTE
Ana María Matute Ausejo (26 de julio de 1925, Barcelona – 25 de junio de 2014, Barcelona). Novelista y académica de la lengua desde 1996, ocupa un lugar preferente en la literatura infantil y juvenil española. Premio de Literatura Miguel de Cervantes 2010.
Formó parte de la generación de los 50 o generación “de los niños de la guerra” (ella la califica de “niños asombrados”), de la que también forman parte Rafael Sánchez Ferlosio, Ignacio Aldecoa, Carmen Martín Gaite o, entre otros, los hermanos Goytisolo. Esta denominación hace referencia a la perplejidad con que tuvieron que asumir la guerra civil y sus consecuencias justo en un momento crucial de su vida, el tránsito de la infancia a la adolescencia.
Escribió cuentos desde que era una niña. Tras cursar bachillerato, estudio Música y Pintura, decantándose finalmente por la Literatura. En 1943 escribió su primera novela Pequeño teatro, que sería publicada 11 años más tarde y con la que lograría el Premio Planeta en 1954. Con Los Abel sería finalista del Premio Nadal en 1947.
Muchas de sus novelas consiguieron los galardones más importantes de la literatura española. En 1952 gana el Premio Gijón, por Fiesta al Noroeste. En 1953 publica Fiesta del noroeste y en 1956 En esta tierra, novela que apareció censurada y que muchos años después, en 1994, volvió a publicar corregida con el título de Luciérnagas.
En 1958 publica la novela Los hijos muertos, con la que gana el premio de la Crítica y el Nacional de Literatura. Durante la siguiente decada publica su trilogía Los Mercaderes, con Primera memoria sería Premio Nadal de 1959, Los soldados lloran de noche (1964), Premio Fastenrath en 1969, y La trampa (1969).
Durante la segunda mitad de la década de los 60 trabaja como lectora en varias universidades de EE.UU. y Europa, como Bloomington (Indiana) y Norman (Oklahoma).
Participó en 1988 en la exposición bibliográfica “Libros de España: 10 años de creación y de pensamiento”, celebrada en París.
Fue miembro de varias asociaciones de hispanistas como la Hispanic Society of America, Sigma Delta Pi y Honorary Fellow de la American Association Teachers of Spanish and Portuguese. En 1996 es elegida miembro de la Real Academia Española, ocupando el sillón K de Carmen Conde por lo que fue la tercera mujer en ingresar en 300 años. El 18 enero de 1998 ingresó en la RAE con el discurso “En el bosque”.
En 2005, la 64ª Feria del Libro de Madrid, homenajea a la escritora con motivo de su octogésimo cumpleaños. La Universidad de Boston tiene en su biblioteca un fondo llamado Ana María Matute Collection guardado en Howard Gotlieb Archival Research Center Archives con manuscritos y documentos originales de la autora. Además desde hace más de 20 años, Ediciones Torremozas convoca el concurso literario “Ana María Matute” de Narrativa de Mujeres.
Algunas de sus obras han sido traducidas al inglés, lituano, polaco, francés, japonés, noruego, etc.
Ana María Matute muere el 25 de junio de 2014 en Barcelona.
En septiembre de 2014 se publica su obra póstuma Demonios familiares, publicada por la editorial Destino.
La escritora Ana María Matute, premio Cervantes 2010, depositó en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes un legado que permanecerá guardado hasta el 26 de julio de 2029. Es una de las personalidades que deja un objeto personal en la antigua cámara acorazada de la sede central del Instituto.
ANA Mª MATUTE VERSUS EL REALISMO DE LA GENERACIÓN DE LOS 50
En aquellos años, la literatura de Ana María Matute iba por libre en el panorama literario español. Sorprende su capacidad fabuladora, inusual entonces, aunque la materia prima de sus narraciones es una realidad que intenta abordar con crudeza y, a la vez, con tonos idealistas. La dura experiencia de la Guerra Civil y de la posguerra, algunos dramas familiares, el contexto sociopolítico agudizan su visión pesimista de la naturaleza humana, presente en toda su narrativa.
Así lo ha reconocido incluso en la rueda de prensa celebrada tras conocerse el fallo del Premio Cervantes: “Desde mi primer cuento, siempre he tratado de comunicar la misma sensación de desánimo y de pérdida, porque vivir siempre es perder cosas. Soy una mujer pesimista”.
Luciérnagas, la obra que nos ocupa, se puede considerar un documento histórico porque, aunque la historia de los personajes es ficticia, el contexto de la Guerra Civil española es real y plasma las vivencias de la autora, que la sufrió en primera persona.
Pero a diferencia de otras obras de la época, que, en general, se caracterizaban por la objetividad, Luciérnagas es profundamente subjetiva porque desea mostrar el mundo interior de los personajes a través de una prosa sensiblemente poética. El único rasgo que comparte con la literatura de los años 50 es la crítica social y, aún así, el enfoque es distinto ya que no adopta ningún posicionamiento político.
EL TREMENDISMO
El tremendismo es una técnica literaria narrativa que se desarrolló, fundamentalmente, en la novela española de los años 1940. Se caracteriza por una especial crudeza en la presentación de la trama (recurrencia a situaciones violentas), el tratamiento de los personajes (habitualmente, seres propios de la marginalidad de la época: criminales, personajes con patologías físicas o mentales, habitantes del hampa…). En el lenguaje, se manifiesta en el uso de un léxico desgarrado y duro, aséptico.
La relación entre esta tendencia y el contexto social de la inmediata posguerra es clara, pues parece responder a las complicadas experiencias vividas por los autores durante la guerra, contienda que habría condicionado su manera de ver y presentar la realidad en el mundo artístico.
El término tremendismo fue definido como “realismo que acentuaba las tintas negras, la violencia y el crimen truculento, episodios crudos y a veces repulsivos, zonas sombrías de la existencia”. El tremendismo es el resultado de la aplicación de la técnica realista en la novela para reflejar las inquietudes, los sufrimientos, las frustraciones y la angustia de; es decir, el lado mal período posterior a la Guerra civil en su aspecto materialista, en la época en que la censura impedía cualquier crítica a la situación de España.
La novela más paradigmática de la moda tremendista fue La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela (1942) y Los santos inocentes, de Miguel Delibes (1981). Luciérnagas de Ana María Matute contiene fragmentos tremendistas, pero que no dominan el tono de la novela.
Las características del tremendismo son:
– Reflejo de lo más sórdido y crudo de la vida, con tono descriptivo más que crítico.
– Se detiene en los aspectos antiestéticos y escatológicos del cuerpo humano (malformaciones, falta de higiene, suciedad…).
– Incorporación de la lengua de la calle, del hampa, de los suburbios o del mundo rural.
– Sencillez en el desarrollo del relato, prescindiendo de escenas simultáneas, de largas descripciones, hay
-Rechazo del análisis psicológico.
– Cierto existencialismo.
LUCIÉRNAGAS
“Luego vino una Barcelona tremenda, la Barcelona de la guerra. Pero, durante aquel tiempo los niños que habíamos sido privilegiados y vivíamos en un mundo burgués, abrigado, confortable, descubrimos que la vida no era como nos la habían contado. Entonces Barcelona fue diferente y fue terrible. Pero yo aprendí mucho. Aprendí lo que eran las colas y que el pan se pagaba. Quiero decir que aprendí que el pan no se regalaba y que había que aguardar para obtenerlo. Aprendimos que había gente cruel y bombardeos y que el mundo no era hermoso”. (Discurso de entrega del premio Nadal)
Luciérnagas, en palabras de Dámaso Santos, “quizá la novela más emocionalmente intensa que se ha escrito de nuestra guerra civil”, se centra en uno de los temas preferidos de Matute: la pérdida de la inocencia y la irrupción de los adolescentes en un mundo de adultos amenazado por circunstancias extremas, como es el caso de la Guerra Civil. Los temas secundarios (el amor, la soledad, la desilusión, el horror de la guerra…) se desprenden, dolorosa e inevitablemente, de este principal.
Luciérnagas fue publicada en 1993, tras una profunda revisión de la autora de la versión primitiva anterior, que había titulado Las Luciérnagas (finalista del premio Nadal de 1949) y después En esta tierra (1955). La obra había sido prohibida por la censura, que consideraba que resultaba “destructora de los valores humanos y religiosos esenciales”.
Es una novela de formación, que muestra la evolución psicológica de Soledad Roda, una adolescente de familia acomodada, que ve cómo su entorno familiar y social se descompone y destruye bruscamente con el estallido de la guerra civil.
Las palabras de Marisa Sotelo Vázquez sintetizan el contenido de la novela:
Luciérnagas, ambientada en Barcelona y con una cronología muy precisa, comienzos del verano de 1935 al 26 de enero de 1939, refleja la transformación personal y existencial de la adolescente Sol y los demás protagonistas de la historia, su hermano Eduardo y los amigos de este, Chano y los hermanos Daniel, Pablo y Cristián, a la vez que describe con exactitud la metamorfosis del espacio urbano que habitan. Sol pertenece a una familia burguesa del ensanche Barcelonés que, tras el asesinato de su padre al comienzo de la contienda bélica, ve como todo su mundo –hasta entonces perfecto y feliz- se fractura y se descompone ante esa sensación nueva de inseguridad y miedo que se adhiere a su vida como, tras los bombardeos, el polvo de los escombros se pegaba a la piel.
Como novela de formación o de aprendizaje, Luciérnagas está estructurada en tres partes que marcan la evolución de la protagonista: partida, iniciación y regreso:
- PARTIDA (6 primeros capítulos)
- Presentación de la protagonista y espacio que habita.
- Estallido de la guerra y asesinato del padre.
La familia de Sol se verá obligada a ir deshaciéndose de su patrimonio y a aceptar en su casa a unas milicianas, pero la sensación más dolorosa es la del hambre, cada vez más acuciante y móvil de la transformación de los personajes y del espacio urbano:
El encuentro de Sol con su hermano inicia un largo peregrinaje por zonas de la ciudad desconocidas hasta entonces. Dos son las experiencias fundamentales de esta parte de la novela:
En este paisaje urbano, surgen nuevos espacios de supervivencia:
- INICIACIÓN (9 capítulos)
- Transformación psicológica de la protagonista en un largo viaje por la ciudad bajo la amenaza de las bombas – descubrimiento de los barrios bajos, muerte del hermano y los amigos, trágico bombardeo, lucha por la supervivencia, paso por la cárcel).
La muerte de Daniel, enfermo de tuberculosis, y el bombardeo que destruye la casa y la zona en la que vive la familia del viejo profesor favorecen una visión apocalíptica de la ciudad, ahora en plana guerra civil. Solo el calor del humilde brasero transporta a Sol a la Barcelona idílica del comienzo de la novela.
Sol huye con Cristián hacia la torre de Pablo, que se ha suicidado al quedar gravemente herido.
- REGRESO (3 últimos capítulos)
- Regreso de Sol a su casa tras vivir un sinfín de experiencias límite, transformada por el conocimiento del amor y la ilusión del hijo que espera.
El regreso de Sol a su casa se produce después de convivir con Cristián durante algún tiempo en la torre de Sarriá, donde serán detenidos y llevados a la cárcel. Cristián muere violentamente.
En enero de 1939, cuando las tropas del general Yagüe entran en la ciudad, Sol recupera la libertad. Vuelve a buscar el escenario de su infancia en su deambular por las calles hacia el mar. Después asciende hacia su barrio y observa una ciudad extenuada, sometida, silenciosa, vencida y casi desierta.
CARÁCTER DE SOL Y CRISTIAN, SU EVOLUCIÓN IDEOLÓGICA Y SU CONDICIÓN TRÁGICA
Los protagonistas de la historia son adolescentes, niños arrojados a la vida adulta por el estallido de la guerra civil. De ahí su desazón y su desorientación vital.
El personaje central y narrador de la historia es una niña, no banalmente llamada Soledad, de familia acomodada cuyo padre es perseguido por el gobierno republicano; también intervienen su hermano Eduardo y una serie de niños, ladronzuelos y buscavidas, con su vida desbaratada por la guerra, que hacen lo posible para sobrevivir en una Barcelona acosada y bombardeada.
Inicialmente, Sol es una niña de la burguesía barcelonesa que ignora el mundo más allá de los privilegios de su clase (vive en la zona alta de la ciudad, estudia interna en un colegio femenino y su curiosidad solo atisba desde lejos algunas situaciones de las clases bajas, como la existencia de niños pobres y la forma de alimentarse de unos obreros). Su debilidad es caracterizada en su etopeya (es comparada a menudo con el cristal, incluso en la transparencia de su mirada y sus ojos claros). Parece predestinada a repetir el modelo familiar cuando la GC (que había sido anunciada en los miedos de su abuela) corta su destino. El asesinato de su padre por parte de milicianos de la República rompe el cordón umbilical con sus privilegios y a partir de entonces no podrá disponer ni de su espacio doméstico y privacidad (pues su casa será usada para ubicar a milicianos como a la joven Cloti y a su familia). La nueva situación le lleva a mezclarse con gente y la geografía urbana desconocida para ella, pues el hambre le obliga a buscar racionamiento y a plantearse trabajar. En este trayecto vital, Sol debe enfrentarse a la miseria, a sus limitaciones de carácter y a que los demás quieran aprovecharse de ella, como es el caso de Ramón Boloix, antiguo profesor que quiere convertir una relación de trabajo en un abuso. Toda esta ruptura le hace modificar su concepción de la vida a un pesimismo existencial del que tan solo parece salir mediante el conocimiento del amor hacia Cristián. Su breve relación, basada en sentirse mutuamente como correfugio ante las consecuencias de la tragedia bélica, cristaliza en el embarazo de Sol, ya en su nuevo rol de mujer evolucionada, lo cual le impide, al final de la novela, el retorno al hogar familiar a representar un papel que ya no tiene.
En el caso de Cristián, la Guerra civil también es la culpable de la ruptura de sus aspiraciones vitales. Es el menos rebelde de sus hermanos, hasta el punto de esconderse de sus obligaciones de alistarse para la GC. Aunque había conocido previamente las penurias de pertenecer a una familia proletaria (no había podido estudiar Medicina a pesar de que su sacrificado padre le consiguiera una beca, y había conocido la cárcel como consecuencia de buscarse la vida). La muerte de toda su familia la noche de un bombardeo fascista se produce casi al unísono que su conocimiento con Sol. Su relación se desarrolla en un refugio aislado, la casa de su hermano Pablo, pero su brevedad le hace que vuelva a conocer la cárcel y aunque escapa de ser fusilado a muerte, un trágico destino parece perseguirle haciendo honor al origen simbólico de su nombre (Cristo-Cristián, curiosamente el primer amor infantil de Sol), pues sacrifica su vida en pro de la de Sol y la de su futuro hijo.
Si bien el final de Luciérnagas puede calificarse como trágico debido a la muerte de uno de los protagonistas (Cristián), esto no es así en el caso de Sol, que ha confirmado su supervivencia y su evolución de niña a próxima madre con un tono más esperanzado.
En consecuencia, Sol y Cristián representan el atisbo de esperanza (su luz, la de las luciérnagas en la noche) ante el presente destruido por la Guerra, aunque los traumas vitales derivados de esta no les dejan lugar para un futuro juntos. Su unión contra natura, pues ambos provenían de dos orígenes sociales antagónicos, les había igualado ante su destino, pero ni siquiera ellos pueden huir de las consecuencias del desastre y por eso su futuro se rompe al no poder entrar juntos en la Tierra prometida.
LAS RESPECTIVAS FAMILIAS DE LOS PROTAGONISTAS: SEMJANZAS Y DIFERENCIAS
La familia Borrero le proporciona al lector un excelente contrapunto con respecto a los Roda, puesto que, aun residiendo en la misma ciudad, ambas familias proceden de ambientes completamente distintos: la comodidad económica de los Roda se opone a las miserias de los Borrero. La estructura tradicional de la familia de Sol contrasta sobremanera con el hogar roto en que han crecido Daniel y sus dos hermanos, y las relaciones entre los miembros de uno y otro clan son bastante diferentes entre sí. Las principales semejanzas son: la desorientación existencial y la orfandad, por pertenecer a familias desestructuradas (Cristián) o por la muerte del padre (Sol).
LOS RODA: clase media-alta, arruinada por la revolución. La familia de Sol experimenta grandes cambios, el más importante de todos ellos, sin lugar a dudas, es el de la muerte de Luis Roda, su padre, a manos de unos «hombres» (p. 40) que se presentan a buscarlo en su casa en mitad de la noche. Para Sol, la muerte de su padre supone un punto de inflexión en su vida, toma conciencia de que «algo irremediable había sucedido que trastornaba el curso de su vida. Un mundo había concluido» (p. 42). A pesar de ello, continúa paralizada, «quieta, como golpeada» (p. 42).
En cambio, su hermano parece vivir la muerte de Luis Roda como una liberación que le permite centrarse en lo que realmente le interesa («Algo había en su mirada que denotaba cierta satisfacción por el rumbo que su existencia iba tomando. Por alguna razón, había momentos en que Eduardo casi parecía feliz. Hasta entonces su vida fue como a rastras de algo, forzada. Ahora, por vez primera, parecía hacer lo que más le agradaba» Son años difíciles para la familia de Sol, aunque le parece que su soledad se puede compartir; por más que la guerra destruya su mundo, es posible resistir si se cuenta con el apoyo o la complicidad de otras personas, solas como ella. De alguna manera, es un canto a la amistad, al amor, a la fraternidad, ideales de la adolescencia, en contraposición a la familia, que simboliza la infancia.
Aportemos algunos datos más concretos sobre sus componentes:
Padre de Sol (Luis): es un adinerado dueño de una fábrica barcelonesa. No mantiene una relación demasiado estrecha con sus hijos, de aquí el futuro enfado de su hijo Eduardo por no haber sido un padre cercano y no haberle contado cómo funcionaba de verdad esto de vivir. Muere asesinado por revolucionarios anarquistas o comunistas, un día que van a buscarle a su casa, se lo llevan y lo matan en una cuneta.
Madre de Sol: No está acostumbrada a vivir en medio de las dificultades. Tampoco es una madre cercana a sus hijos debido a que éstos pasan la mayor parte del año en un internado para gente de clase alta. Después de la muerte de su marido, cae en una profunda depresión que le impide lidiar con las dificultades que conlleva la muerte del cabeza de familia. Es reconfortada con frecuencia por Sol.
Eduardo (hermano de Sol): la guerra interrumpe su proceso natural de crecimiento en una etapa de la vida complicada como su adolescencia. Inicialmente, Eduardo es un chico muy callado y reservado. De hecho Sol creía que iba para jesuita. Con la explosión de la guerra y la muerte de su padre se abre un nuevo horizonte para él. En seguida él decide salir a la calle para ver que puede hacer. Finalmente acaba por convertirse en un pequeño golfillo urbano que roba víveres a los soldados y que hace de la calle su nuevo hogar. Y es un hogar propiamente dicho, ya que en ella encuentra una nueva familia: Daniel y Chano.
LOS BORRERO-BARRAL: clase media-baja desestructurada, al borde de la marginación.
Pablo Borrero: Es el hermano mayor de los Borrero y posee una situación económica asentada. Se ha sentido siempre muy unido a su padre, un humilde profesor al que su mujer abandonó al considerar que la vida que le ofrecía no era suficiente para ella. Pero el joven no siente lo mismo por sus dos hermanos menores, más bien les guarda cierto resentimiento y los desprecia. Y allí se revela la verdadera personalidad de este sombrío personaje. En el pasado fue un maestro rural de varios pueblos. En ellos vivía con un incontenible rencor hacia todo el mundo y con un profundo odio hacia la monotonía de su vida. Finalmente termina matando a un sacerdote y se convierte en un extraño líder de formación anarquista.
Daniel Borrero: es un golfillo nato. Es el más joven de los tres hermanos y está algo más apegado a Cristian que a Pablo, pero tan solo debido a que cree que el desprecio que ambos sienten hacia el mayor de los hermanos los une de alguna manera.
Cuando Eduardo le conoce, éste le recibe en sus brazos y le muestra todos los trucos para convertirse en su sucesor. Como a Eduardo, la falta de atención de su padre le obligó a buscarse la vida en la calle. Es alguien que da mucho valor a la amistad y a la fidelidad. Su enfermedad, lenta y brutal, termina con su muerte. Este hecho afecta mucho a Eduardo y Cristián.
Padre de Cristián: es un personaje del que conocemos bastante pocas cosas. Es un anciano profesor de latín. Sabemos que es alguien que a causa de su obsesión por los libros pierde el mundo de vista y se olvida de sus hijos. Parece que el único que le comprende, y le mantiene es su hijo Pablo.
EL ESCENARIO URBANO
Luciérnagas está ambientada en Barcelona y transcurre entre el verano de 1935 y el 26 de enero de 1939. En ella se describe con gran exactitud la metamorfosis del espacio urbano en el que habitan sus personajes.
La evolución psicológica que experimenta Sol se solapa con la honda transformación que sufre la ciudad. Ana María Matute se vale de imágenes y vivencias propias para trazar una visión alucinante de Barcelona, la cual se encuentra sumida en el caos, en el hambre, la miseria, y teñida de sangre y venganzas. Los sucesos bélicos irrumpen en los escenarios urbanos más característicos de la ciudad tales como Pedralbes, el Ensanche, la calle Muntaner, la plaza de la Universidad, el barrio gótico, la Vía Layetana, la Barceloneta, las laderas del Tibidabo, etc., los cuales forman parte de la memoria de la autora. A su vez, también truncan la infancia feliz de la protagonista.
En la primera parte de la novela, la Barcelona roja se despliega ante la mirada inocente y atónita de Sol, que no llega a entender el significado de la palabra revolución y sus graves consecuencias. Durante su formación académica en el internado de Saint-Paul, Sol vive aislada del mundo, imaginando una ciudad muy distinta de la real:
“Dentro del pupitre había formado, con cuadernos y libros una ciudad maravillosamente complicada. Pero ella nada sabía de las ciudades, ni siquiera conocía aquella en que había nacido. Qué difícil de imaginar, entonces, que era posible reducir a escombros parte de una ciudad, en unas horas”.
La fuerza que emanan algunos espacios es muy potente, e incluso en algunos momentos estos acaban acaparando la importancia del personaje. La personificación y la metonimia son dos recursos muy empleados por la autora para calificar ese espacio urbano que se va transformando irremediablemente ante los ojos de la protagonista. La ciudad se encuentra despojada, herida y apagada, tal y como se encuentran sus habitantes:
“Pasó el tiempo. Día tras día, la ciudad fue apagándose. Un nuevo aspecto, sucio y miserable, se descubría ante los ojos de Eduardo. Una ciudad despojada, herida. Las tiendas pequeñas, vacías, los almacenes cerrados, los hombres en el frente. Ya no se veían desfilar puño en alto a las mujeres vestidas de soldado…Una sombra triste, húmeda, iba cubriendo la ciudad”.
Durante el tiempo en el que los dos hermanos, Eduardo y Sol, se encuentran deambulando por la ciudad, ambos viven dos experiencias críticas que marcan un antes y un después en la visión inocente de la joven. En primer lugar, la visita a la buhardilla de Daniel, situada en una calle oscura que desemboca en el Paseo de Colón. Este suceso supone para Sol el descubrimiento de otra ciudad hasta entonces desconocida y con otras formas de vida. También puede palpar de forma más directa la miseria, la enfermedad y la muerte. Las descripciones casi cinematográficas que lleva a cabo la autora, avanzan desde la panorámica exterior a la del mísero cuartucho donde yace Daniel:
“La calle era angosta, sin luz, y desembocaba en el Paseo de Colón. Eduardo reconoció el salobre del mar frío y mohoso, y lo aspiró con incierta melancolía. Los muros de las casas, altos y sombríos, deslizaban el cielo sobre sus cabezas, como un río negro”.
La segunda experiencia es la visita a las barracas-refugio situadas en las afueras de la ciudad, lugar donde se reúne Eduardo con sus amigos:
“La llevó ciudad arriba, hacia el Tibidabo. A medida que se acercaban a la montaña, la ciudad, tras ellos, parecía huir rosadamente, dulcemente, como si no existiera la guerra”.
En esta escena, se refleja la absoluta simbiosis entre el espacio y Eduardo. Este vive en condiciones infrahumanas en un espacio miserable totalmente al margen de la ciudad. La descripción de este espacio marginal como un paisaje polvoriento y calcinado es muy gráfica:
“Nunca antes pisó aquellos parajes. La hierba aparecía rapada y seca, y la tierra polvorienta, muy pisoteada. La silueta de las montañas despedía una extraña luminosidad lechosa. Muchos de los árboles fueron talados para hacer leña […] La barraca era pequeña y frágil, construida con ladrillos viejos, latas oxidadas y cañas”.
Al pie de dichas barracas se encuentra la ciudad, que al igual que sus habitantes se va degradando por la guerra:
“La ciudad era ahora una ciudad distinta. Por las calles, antes limpias, se amontonaba la basura. Las gentes iban mal vestidas […] Los edificios que creyó seguros, inconmovibles, parecían llenarse de un temblor irreal, fantástico. En los balcones, grandes carteles y banderas, hombres con fusiles y ametralladoras. Por las calles, hombres vestidos con mono azul o con el torso desnudo, con rojos pañuelos al cuello desfilaban puño en alto. Camiones y coches, abarrotados de hombres y mujeres, huían vertiginosamente. Los bares, los teatros, los restaurantes, tampoco eran los mismos. Turbas de gentes desarrapadas los invadían…”
En todas las descripciones el juego metonímico es constante. La ciudad vive al compás de los protagonistas:
“En la calle, la ciudad ya estaba despierta. Gente desconocida iba a sus quehaceres…Veía sus rostros ateridos de frío, sus ojos preocupados. Sol recordó el tiempo en que creía en un mundo peligroso, pero no temido, como ahora, con las ciudades rotas, sucias, hambrientas, con innumerables seres inclinados al suelo para recoger desperdicios”.
Y en este desdoblado paisaje urbano surgen nuevos espacios, como el comedor del auxilio social al que acude Sol. Este nuevo espacio de supervivencia es un símbolo de la imparable transformación urbana. Ya no queda nada de aquella ciudad soñada y construida por Sol durante su estancia en el internado.
En la segunda parte de la novela, la visión de la ciudad de Barcelona, ya sumida en plena guerra, se presenta de forma apocalíptica. Las descripciones se vuelven totalmente sensoriales y reproducen con gran veracidad las sensaciones que experimentan los personajes:
“Cerca de las doce llegaron a la calle en que vivía Daniel, en una parte de la ciudad desconocida para Sol. Los altos muros de las casas se alzaban opacos y llenos de silencio. El olor del mar se adhería a ellos con un regusto de podredumbre. Le pareció que en el cielo, en el estrecho y largo cielo aprisionado, había un timbre lúgubre, como un presagio. Subieron la escalera en silencio. En lo alto había una claridad lechosa, más intensa cuanto más se acercaban a ella”.
Como único elemento confortable en medio de tanta miseria, se encuentra el calor humilde que produce el brasero de la casa de los Borrero, cuyas cenizas avivan en la imaginación de Sol el recuerdo de una ciudad ideal como las de antes de la guerra:
“-Es una ciudad, como las de antes […] Sí, era una ciudad grande, de noche, iluminada […] Sol acercó una mano abierta al resplandor de aquella imaginaria ciudad, que se encendía y se apagaba continuamente […] Si ese lugar no existía, era necesario crearlo, ser de los que amasan una época que no tuviese nada que ver con las ciudades encendidas ni con las ciudades que se esconden en la noche”.
Con el regreso de Sol a su casa, tras convivir un tiempo con Cristián en la torre de Sarriá, se ve de nuevo la ciudad como un escenario de la vida presente, y a su vez, de la memoria pasada. La protagonista se siente inevitablemente ligada a aquellos espacios ya que siempre yacerán en su recuerdo:
“La Plaza de Cataluña, barrida por un viento que levantaba nubes de polvo, aparecía solitaria, como desnuda. Tiempo atrás, recordaba, en el centro había un monumento al soldado desconocido, en cartón piedra…. Mientras caminaba hacia su casa, se notaba tremendamente ajena a todo y, al propio tiempo, condenada a cuanto la rodeaba”.
En el mes de enero de 1939, se produce la toma de la ciudad por parte de las tropas del general Yagüe. Una ciudad extenuada y moribunda cedía finalmente ante el cerco de los continuos bombardeos. En el ambiente urbano late la confrontación entre las diferentes expectativas de los dos bandos contendientes:
“La ciudad se revolvía como en un último estertor, las gentes huían presurosas ante el avance del ejército de Franco, y en las calles se palpaba la pena y la angustia, mal veladas […]. Franco avanzaba, avanzaba, y Sol lo supo por el clima miedoso, por un lado, y lleno de esperanzas por el otro, que se advertía en el corazón de la ciudad”.
Por último, sólo queda la visión final de la ciudad sometida, silenciosa y vencida. Sol en una última imagen contempla una ciudad totalmente desierta y destruida por los bombardeos sistemáticos e insistentes:
“Los aviones volaban cada vez más bajos […] En las calles grises, abandonadas bajo el débil sol de invierno, los golpes tenían un eco blando y la brutalidad parecía atenuada por el silencio”.
POSICIÓN IDEOLÓGICA Y MORAL DE LA AUTORA
A.M. Matute: “Los protagonistas son varios adolescentes que no saben por qué se están matando sus hermanos mayores y que no comprenden por qué tienen ellos que recibir las consecuencias. No es una novela política, sino que es humana (El País, 27.10.2012)
Cuando la novela se publicó, se habían escrito muchas obres de crítica a la GC, pero todas se posicionaban a favor del bando nacional o del republicano. Matute, en cambio, hace un retrato de las dos realidades enfrentadas, condena la brutalidad de ambos bandos y enfoca la critica social a la guerra en sí: el objetivo de la obra es evidenciar la miseria y las terribles consecuencias del conflicto en la población civil, en la gente corriente a través de la visión y experiencia de una “niña de la guerra”:
“A pesar del celo franquista a la hora de censurar la novela, lo cierto es que la obra no cae en la condena a ningún bando concreto de la guerra. No carga las tintas contra republicanos o nacionales. Ni siquiera los menciona directamente ni se hacen disquisiciones políticas acerca de lo sucedido. A Ana María Matute, como a Sol, no le interesa entrar en debates estériles sobre las supuestas razones que llevaron a los ciudadanos de un país a asesinar a sus vecinos. En lo que indaga la autora es en el dolor y alienación que la violencia brutal provoca en quienes la viven, directa o indirectamente.”.
Matute gracias a una prosa sutil, lejos de cargar las tintas contra republicanos o nacionales, describe el dolor y la locura que la guerra provoca en quienes vivieron aquellos años tan cruentos, de hambre, de dura pobreza, de violencia y de miedos, ya fuese directa o indirectamente.
No se trata, pues, de una novela sobre la Guerra Civil española, podría ser cualquier guerra. Las razones que han llevado a los dos bandos a enfrentarse no le interesan a la autora; le importan el dolor y el sufrimiento de esos jóvenes y sus amigos, que intentan sobrevivir a pesar que su vida ha sido destruida por la guerra y el salvajismo de una sociedad enferma de odio.
Pero, a pesar de la barbarie, aún queda la esperanza: Luciérnagas es, sobre todo, una novela de amor. La protagonista, Sol (Soledad) se ve obligada a madurar; descubre que con el apoyo de otras personas, solas como ella, es más fácil resistir. Y es entonces cuando conoce el amor, intenso y desbordante de vida en medio de la muerte y la destrucción.
SENTIDO DEL TÉRMINO “LUCIÉRNAGAS” APLICADO A LOS PROTAGONISTAS
Ana María Matute juega con un lector al que le costará entender e interpretar el título. Por esa razón, el término “luciérnagas” aparece solamente cuatro veces, y en fragmentos muy próximos al final de la obra. Estos son los párrafos donde aparece el término luciérnagas y que nos ayudará a interpretar el significado global de la palabra:
“Dos animales anónimos, sin méritos ni heroicidad alguna, dos criaturas, esas que ella vio en el campo al borde de los caminos. Unos, arrastrándose sobre la tierra, otros intentando volar, golpeándose contra las paredes, con la cabeza encendida. Luciérnagas, barcos errantes en la noche. Apenas le conozco, pero cuánto sé ya de nosotros dos, no de él, de nosotros dos. Las copas de cristal, entre sus dedos, retenían aún el temblor brillante. Parecía —pensó— contener entre las manos una galaxia distinta.”
“Apenas hacía un momento, le dijo que eran dos astros perdidos en el espacio, pero ahora, de nuevo él era sólo un hombre un hombre oscuro, agobiado. Criaturas errantes, dando tumbos, chocando contra los muros, la cabeza encendida y murmuró: luciérnagas.”
“Cayendo, cayendo siempre sin chocar, siquiera, sin estrellarse, en un final. Cayendo en el vértigo, tras una parpadeante esperanza. Luciérnagas —recordaba—, pobres luciérnagas.”
Vemos pues, que el primero y el segundo párrafo se utiliza para igualar a Cristián y a Sol con las luciérnagas; y el tercero se utiliza para definir a los hijos de la compañera de prisión de Sol que son asesinados brutalmente.
En primer lugar hay que comprender el mundo que muestra Matute en su novela. Un mundo que no tiene solución, y en él, no se siente orgullosa de pertenecer a la especie humana. Entre las miserias de los adultos, aparecen los niños, que no las entienden, y son para Matute breves luciérnagas que brillan en la noche, son la única esperanza que queda, porque se tienen a sí mismos. Están unidos por el sutil hilo plateado de la adolescencia, por la incomprensión compartida, por el mismo apesadumbrado sentir, embutidos en los trajes adultos del mundo cruel y asesino que sus padres les han creado.
Partiendo de esta comparación e igualación de los niños con las luciérnagas se puede continuar analizando las características que estos insectos tienen en los personajes de la obra. Primero deberíamos destacar que las luciérnagas, cuando son larvas, sufren unas ansias terribles de comer y crecer. Estas ansias son visibles también en prácticamente todos los personajes de la novela, y sobre todo lo vemos en la figura de Sol que sufre durante mucho tiempo haciendo colas en busca de un trozo de pan con el que poder alimentarse y alimentar a su familia.
Otra característica de las luciérnagas son sus enormes ojos, y su increíble capacidad de observación. Rasgo que aparece en el personaje de Sol, que también tiene una gran destreza a la hora de observar y analizar todo lo que le rodea.
Cristián y Sol son dos personajes que vagan desorientados, que se buscan (la luciérnaga hembra espera a que el macho la encuentre), que se completan pero que sobreviven en un mundo inmenso lleno de dificultades e impedimentos.
Finalmente hay un elemento muy importante y por el cual las luciérnagas destacan en el mundo de los insectos: la luz que producen. Curiosamente el nombre de la protagonista también destaca por su luz, Sol. Esta importancia de la luminosidad hace referencia al elemento esperanzador entre toda la oscuridad, a que, pese a vivir en un ambiente pésimo, desolado, a causa de la guerra, siempre existe un elemento esperanzador, un elemento que contrasta y en el que se vuelca toda la ilusión de los protagonistas.
INFORMACIÓN PAU Y GUÍA DE LECTURA
ANEXOS
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1)Matute recupera “Luciérnagas’, una novela de niños marcados por la guerra (El País, 27 Oct 1993)
Ana María Matute (Barcelona, 1926), autora de Primera memoria (Premio Nadal 1959) y de otras novelas de éxito, acaba de someterse a una experiencia singular. A sus 67 años ha decidido recuperar en Ediciones Destino una de sus primeras novelas, Luciérnagas, más de 40 años después de haberla publicado por primera vez, con otro título y destrozada por la censura. “La novela” dice, “trata de unos niños marcados por la guerra”.
“No es que haya vuelto a escribir la novela”, aclara Ana María Matute con una sonrisa. ‘Lo que pasa es que esta misma novela chocó hasta tres veces con la censura y quedó destrozada, hasta el punto que ni aparece en mis obras completas. Hace unos años les conté de qué iba a mis sobrinos, que tienen entre 28 y 30 años, y les interesó mucho. Decidí volver a publicarla, pero recuperando el manuscrito original”.Al publicar de nuevo la novela, Matute ha viajado en el tiempo para recordar los años terribles de la guerra y los cielos grises de la posguerra. “Volver a este libro”, señala, “me ha hecho recuperar la mentalidad y los sentimientos de entonces, de una época marcada por la brutalidad de la guerra, porque el libro es de la guerra. Los protagonistas son varios adolescentes que no saben por qué se están matando sus hermanos mayores y que no comprenden por qué tienen ellos que recibir las consecuencias. No es una novela política, sino que es humana, de jóvenes que no comprenden que han hecho ellos para merecer esto”.
“Nunca he escrito una novela de la guerra”, reflexiona Matute con una sonrisa amarga, “pero la guerra se ha metido en todos mis libros”. Insiste, a continuación, que, además de los muchachos destrozados, Luciérnagas tiene un protagonista destacado, la ciudad de Barcelona.
‘La ciudad es otro personaje”, explica. “Esa Barcelona hundida, machacada y hambrienta, esa ciudad de color de aluminio mojado un poco fosforescente. Esa ciudad de cielos grises, de gente que hacía cola para comprar el pan, de tu hermano que te llamaba para mostrarte unos cuerpos tirados en un solar. Eran muertos, claro… Y eso viniendo de un mundo que no era el nuestro, de una educación burguesa. Aprendimos mucho durante la guerra, demasiado”.
“Algunos me han dicho que es un libro desesperado”, comenta. “Sí, hay una desesperación, hay un clima de juventud desesperada y cabreada”.
Ana María Matute, que estuvo durante un largo período sin escribir “a causa de una depresión”, trabaja ahora en una nueva novela, Paraísos inhabitados, de la que prefiere no dar detalles. “Nunca cuento nada”, dice, “porque se estropea. Si ya se estropea cuando lo escribes, imagínate si encima lo cuento”.
2) Luciérnagas (“Los ojos de Hipatia”)
La historia de esta obra, Luciérnagas, es una vida de censura, de reliquia y, para algunos, de olvido. De censura, porque a pesar de ser escrita en 1949, no se publicó, hasta 1955 bajo el título En esta tierra tras ser revisada y mutilada por la censura franquista; de reliquia porque no siempre ha sido fácil encontrarla en las librerías, y de olvido, porque tras agotarse la edición de 1993 era casi una quimera encontrar esta obra, como ocurre con las primeras obras de Matute.
Tras el franquismo, En esta tierra se publicó por la editorial Destino en 1993 bajo el título Luciérnagas, contando con la revisión de la misma Matute para devolver a la obra aquellos fragmentos robados por la censura. Tras esta edición de 1993, la novela no volvió a ver la luz hasta una posterior edición en 2011 gracias a Austral, y BackList, convirtiéndose ésta en la única que podrán encontrar en las librerías.
Matute gracias a una prosa sutil, lejos de cargar las tintas contra republicanos o nacionales, describe el dolor y la locura que la guerra provoca en quienes vivieron aquellos años tan cruentos, de hambre, de dura pobreza, de violencia y de miedos, ya fuese directa o indirectamente. La obra narra, a través de un grupo de jóvenes, de una forma realista aquellos sentimientos que vivieron durante la Guerra Civil en la Barcelona de 1936. Gracias a los ojos de la protagonista, Soledad, quien pierde a sus seres más queridos durante la guerra, transmite al lector su forma de entender y vivir los acontecimientos que truncaron toda la vida de un país. Sol, de Soledad, en los primeros años de guerra pierde a su padre, vive la decadencia de su familia, tanto económica como sentimental, la “huida” de su hermano Eduardo, quien decide irse de casa, y la depresión de su madre. Ante todas estas circunstancias y a aquellas más que deberá enfrentarse, Sol, una muchacha de 15 años, frágil y delicada, deberá madurar durante la guerra y despojarse de la niña que es. Será en este contexto cuando entre tanta oscuridad brillen unas pequeñas lucecitas, gracias a un amor, intenso y denso, que devolverán a nuestra protagonista a la vida. A través de ese amor, en un mundo donde aparentemente ya no existe, Soledad comprenderá qué es la vida y que a pesar del dolor por qué merece la pena vivirla y saborearla.
Luciérnagas, al igual que muchas otras obras de Matute, es un retrato, una perfecta radiografía, de los sentimientos que vivieron miles y miles de españoles durante la guerra civil. Bajo un sello indiscutible, con un estilo propio que caracteriza su obra, Luciérnagas nos habla de la inocencia interrumpida, del dolor y la derrota, para tornarse a pesar de todos los sufrimientos en una oda a la vida. De ahí, y porque es una de las mejores novelas que tratan el tema de la guerra civil, desde la curiosa mirada de Hipatia les recomendamos que no dejen escapar tan magnífica lectura, que sencillamente, se resumimos como brillante e impresionante.
Además, indicarles que el prólogo está escrito por Esther Tusquets, quien como muy bien indica, a través de esta obra, de la misma protagonista, Sol, podemos encontrar a la propia Ana María Matute, quien al igual que Soledad también vivió la guerra, y con once años pasó de una realidad llena de cuentos y fabulas a otra más cruenta donde descubrió que los hombres también pueden matar.42
3) Luciérnagas (“El Blog de la Biblioteca del IES El Brocense”)
Luciérnagas es una de las primeras novelas de Ana Mª Matute y resume los avatares de la narrativa española de posguerra: ambientada en Barcelona durante la Guerra Civil, fue finalista del premio Nadal en 1949, pero no se publicó hasta 1955, muy censurada, bajo el título Ésta es mi tierra. La versión completa, ya titulada Luciérnagas, la publica Destino en 1993, revisada por la autora. Descatalogada, se volvió a editar en 2010 (BackList) con prólogo de Esther Tusquets .
Los protagonistas de la historia son, como en otras novelas de la autora, adolescentes que pierden la inocencia porque deben enfrentarse de forma brusca y dolorosa a la vida adulta. Son “los niños asombrados” de Ana Mª Matute, obligados a entender los sinsentidos que los rodean.
En esta ocasión, son dos hermanos, Sol y Eduardo, quienes ven cómo su mundo de comodidades se viene abajo con el estallido de la Guerra Givil. La novela, que se desarrolla en una Barcelona acosada y bombardeada, relata cómo una familia de la burguesía sufre la violencia, primero de unos y luego de otros. No se trata, sin embargo, de una novela sobre la Guerra Civil española, podría ser cualquier guerra. Las razones que han llevado a los dos bandos a enfrentarse no le interesan a la autora; le importan el dolor y el sufrimiento de esos jóvenes y sus amigos, que intentan sobrevivir a pesar que su vida ha sido destruida por la guerra y el salvajismo de una sociedad enferma de odio.
Pero, a pesar de la barbarie, aún queda la esperanza: Luciérnagas es, sobre todo, una novela de amor. La protagonista, Sol (Soledad) se ve obligada a madurar; descubre que con el apoyo de otras personas, solas como ella, es más fácil resistir. Y es entonces cuando conoce el amor, intenso y desbordante de vida en medio de la muerte y la destrucción.
Dice Esther Tusquets sobre Ana Mª Matute y la novela que recomendamos: «En Luciérnagas, se confirma todo su talento narrativo, aparecen todos los elementos básicos de su universo literario y de su posición ante el mundo.»
4) Luciérnagas (www.autorasenlasombra.com)
En las miserias de los adultos, los niños que no las entienden son breves luciérnagas que brillan quedamente en la noche, son la única esperanza que queda, porque se tienen a sí mismos.
«La lectura de Luciérnagas no nos aporta información sobre nuestra guerra civil ni emite argumentos a favor de una opción política determinada —tal vez no exista la literatura de género, pero esta novela, además de figurar entre las buenas, sólo pudo escribirla una mujer—, nos cuenta como mucho las vivencias de una muchachita retraída y extraña, silenciosa y apasionada, una hija de familia (imposible no ver en ella semejanzas con la autora), en la turbamulta desenfrenada y delirante de una guerra fratricida, donde aprenderá entre otras cosas el amor (Luciérnagas es una peculiar y hermosa historia de amor total, capaz de transportar a personas de origen social radicalmente distinto e irreconciliable a un mundo en que los dos pasan a ser uno).»
—Del prólogo de Esther Tusquets
5) Luciérnagas (www.llegirencasdincendi.es)
No porque Ana María Matute haya ganado el premio Cervantes voy a decir lo que sigue, aunque probablemente haya quien me tache de exagerado: Luciérnagas es, para mí, una de las mejores novelas sobre la Guerra Civil que se han publicado en España hasta la fecha (y eso que ha llovido mucho). Aparecida originalmente en 1955, ahora la editorial BackList la recupera para el bien de los lectores y de la literatura española (ya que andaba descatalogada desde 1993).
Luciérnagas se centra en uno de los temas preferidos de Matute: la pérdida de la inocencia y la irrupción de los adolescentes en un mundo de adultos amenazado por circunstancias extremas, como es el caso de la Guerra Civil. En esta ocasión, los protagonistas son dos hermanos jóvenes, Sol y Eduardo, que justo al acabar la escuela, ven cómo su mundo de comodidades se viene abajo. La novela, que se desarrolla en Barcelona, es absolutamente coherente con la cronología de sucesos que tuvieron lugar entre 1936 y 1939 (y queda alejada de cualquier adoctrinamiento), ya que relata cómo una familia de clase media-alta sufre el salvajismo, primero de unos y luego de otros.
Luciérnagas, título que hace referencia a pequeños seres vivos que parece que vagan desorientados, gira sobre todo en torno a Sol, una muchacha tímida, sin demasiadas amistades, que de repente tiene que comportarse como una mujer fuerte. Esta Sol nos recuerda, inevitablemente (y como apunta Esther Tusquets en el prólogo), a la propia Ana María Matute: a la autora, la guerra la llevó, con once años, a enfrentarse a una realidad que desconocía: pasó de los juegos de niños a saber que el hombre podía asesinar. “La simulación de la vida confortable -que decía ella en una entrevista-, la de los reyes magos, cambió, la vida era otra cosa”. Esa transición no se nos presenta en la novela de una forma claramente explícita, sino más bien alusiva.
A medida que vamos avanzando en la lectura, el dolor y la derrota están más presentes en la novela, aunque eso no quiere decir que la autora vaya a lo fácil, sino que es gracias a una prosa desbordante, que el lector se deja llevar al mundo complejo de cada uno de estos personajes. Ana María Matute no se limita a la descripción de escenas, sino que las construye gracias también al simbolismo que dota a cada una de las situaciones que leemos. No ha sido el Cervantes lo que me ha hecho reencontrarme con la mejor Matute, sino estas Luciérnagas, que vuelven a la palestra para recordarnos el valor que siempre ha tenido la literatura. Impresionante.