CAPÍTULO XXXVI
En el capítulo XXXVI, La condesa Trifaldi se presenta ante DQ con un grotesco cortejo de damas barbudas para pedirle que vaya a la lejana isla de Candaya a desencantar a la infanta Antonomasia y don Clavijo -nombres burlescos- convertidos por el gigante Malambruno, ella en una simia de bronce, y él en un espantoso cocodrilo. Sólo a DQ estaba reservada la hazaña de hacerles recobrar su primitiva forma. El gigante también las ha encantado a ellas haciéndoles crecer barba.
Los criados del Duque realizan toda esta farsa con notable propiedad y remendando con acierto las situaciones, el estilo y el lenguaje de los libros de caballerías. Para ir a Candaya es preciso montar en un caballo de madera, Clavileño, que lleva rápidamente por los aires a las regiones más apartadas. Sancho se niega, pero las dueñas barbudas -por el encantamiento- le suplican encarecidamente y los duques le amenazan con dejarle sin ínsula que gobernar.
DQ y Sancho montan en el caballo de madera, que acaban de traer cuatro “salvajes”; les cubren los ojos con un pañuelo y con argucias, les transmiten la sensación de estar volando para luego -con la ayuda de cuatro petardos- devolverlos al suelo del jardín inicial. Allí hallan una nota de Malambruno que finaliza con la aventura.
Aquí no es precisamente el escritor quien parodia los libros de caballlerías, sino los criados del Duque; y lo hacen tan bien que, no tan sólo DQ cae en el engaño, lo que es muy natural, sino también Sancho, que cada vez va creyendo más y más en las fantasías caballerescas y se va “quijotizando”.
El tema del caballo volador hacía más de tres siglos que figuraba en las novelas caballerescas. En la novela Cléomadès de Adenet li Rois (s. XIII), el héroe, Marcadigás se lanza en plena aventura montado en un caballo de madera que vuela por los aires, fabricado por el rey moro Comprars de Bujía. El tema parece derivar de un relato de las Mil y una noches (“El caballo de ébano”) y se divulgó por la Europa cristiana a través de España y aquí muere humorísticlamente a manos de Cervantes después de haber pasado por versiones como la de la novela de caballerías Historia de Clamades y Clarmonda (1562). C. concoció seguramente este libro y es el que confundió con aquel otro sobre Pierres y la linda Magalona, amantes que se fugaron igualmente a caballo, pero montados en dos que no eran mágicos.
Al final del episodio, Sancho relata a los duques el embuste de cómo desde la altura vio el diminuto tamaño de la tierra y cómo visitó a las siete cabrillas (la constelación de las Pléyades). La fantástica ascensión se Sancho al cielo hace juego con el descenso de DQ a la cueva de Montesinos. Sancho actúa como un fanfarrón y un pícaro embustero triunfando ante los señores burladores que no pueden revelar la verdad.
(DQ Y ALTISIDORA
DQ ha permanecido mientras tanto en el palacio de los Duques y ha sido objeto de varias burlas. Una de las doncellas de la Duquesa, Altisidora, moza desenvuelta y decidida (Placerdemivida) ha fingido enamorarse perdidamente de DQ (cap 44) quien a pesar de todas las insinuaciones se mantiene fiel a Dulcinea. La burla acaba con una serenata con cencerrada y suelta de gatos que acaban arañando a DQ y llenándolo de “gatescas heridas”).
CAPÍTULO XLVIII: DQ Y DOÑA RODRÍGUEZ
Trama: Al inicio del capítulo hay una escena divertida ya que doña Rodríguez abre la puerta del dormitorio de DQ y este cree que es Altisidora una joven que dentro de la farsa montada por los duques hace ver que quiere seducir a DQ, en este fragmento se pone de manifiesto la castidad de DQ y su fidelidad a Dulcinea.
Aclaradas las cosas doña Rodríguez explica que acude a él porque es un caballero andante y desea que vengue el honor de su hija, que ha sido burlada por el hijo de un rico campesino.
Este capítulo está construido como un paso de entremés; no falta ninguno de los ingredientes propios del género: figuras estrafalarias y tipificadas, parodia con recuerdos clásicos de las relaciones amorosas caballerescas y refinadas, crítica a las dueñas y final a palos y a oscuras. Pero, sobre ese esquema, C. borda algunos de los elementos esenciales que carcterizan toda la obra. Tal es el contraste entre imaginación y realidad: el caballero, que espera a Altisidora, se encuentra con una dueña a la que confunde con una aparición diabólica, aunque a estas alturas el procedimiento se haya atenuado.
(DQ batallará en el cap 56 para salvar el honor de la hija de la dueña)