Tenían un puchero lleno de papeletas falsas. Si necesitaban votos, los sacaban del puchero. Así se aseguraban la victoria. (…). Antes podía pasar eso.

¡Ahora aquí no!. En España la gestión del proceso electoral no depende del Gobierno, sino de una arquitectura institucional neutral e independiente, al frente de la cual está la JEC. El recuento no lo hace el gobierno. Lo hacen las Juntas Electorales. (integradas por jueces y magistrados independientes), contando una a una las actas de papel firmadas. Las actas de las mesas electorales. ¡Ah!. Y el voto por correo, se ha diseñado, incluso la custodia, para que el fraude masivo sea materialmente imposible. Si falla una identificación, esto puede ocurrir a favor de la derecha o, a favor de la izquierda.

A pesar de eso. Ayuso y Abascal agitan el fantasma del pucherazo electoral. Lo dicen ahora, sin gritar. Si pierden, dirán cosas incendiarias. Ya lo hizo Trump, cuando perdió las elecciones frente Biden. Y Bolsonaro, cuando las perdió frente a Lula. En los casos mencionados, el “incendio” fue notable. Los congresos de EEUU y Brasil fueron asaltados.

De estos políticos se suelen decir cosas feas: Son dañinos, pues al debilitar la confianza en las instituciones, dañan la democracia. ¡Tramposos, golpistas, antidemócratas!.